viernes, septiembre 13, 2013

85 años



Miro a mi alrededor, cae una tarde de principios de Septiembre, en el pequeño jardín que hemos encontrado se ha desplegado una mesa alargada, que han vestido con manteles de papel, platos, vasos, varias botellas de vino, y unas cuantas viandas.
Es mi cumpleaños. Nací el siglo pasado, corría el año 1.928.
Si echáis cuentas, aquellos que se le den bien las matemáticas cumplo 85 años, me siento bien, aunque y aún nadie lo sabe estoy perdiendo la memoria,  dicen que puede ser un principio de Alzheimer, no me acuerdo de cosas que han sucedido hace  cinco,  diez , unas horas, sin embargo aún recuerdo cosas que se habían perdido en rincones de mi memoria.
Está mi familia, aunque hay un asiento vacío, hace siete años que decidió partir,  os puedo decir en secreto que la envidio porque yo quería haberme ido antes que ella, es tan difícil soportar la vida con su ausencia. Y no puedo decir que fuera el marido perfecto, tuvimos nuestros altibajos,  incluso estuvimos a punto de separarnos pero la vida nos juntaba porque en el fondo no sabíamos vivir el uno sin el  otro.
En la mesa se encuentran mis hijos, tuvimos dos hijas y tres hijos, una con su marido, los otros con sus esposas, la otra sola , divorciada. Mis nietos tienen edades muy diversas ya algunos bien creciditos,  con sus novios y novias que también han venido, y otros más pequeños aún.
Uno de ellos corre dando vueltas a la mesa, con un avión en la mano, lo mueve de arriba abajo y  y hace un ruido con la boca “brummmm ummmm urggggg”
Cierro los ojos,  y corro el sonido de los motores de los aviones se acercan mi madre corre con mi hermanita en brazos, y de la otra mano tira de mí. Delante de nosotros hay gente que grita y corre, el refugio no está lejos pero la distancia parece interminable.
Miro hacia el cielo, veo unas sombras negras que me recuerdan a cuervos  y que sueltan una especie de huevos que silban mientras caen…
Estamos dentro del refugio hay gente mayor que llora, niños que se esconden debajo de las faldas de su madre y de su abuela. El suelo tiembla y la luz destella da un suspiro y se apaga. Vuelven los gritos y yo me aferro a la cintura de mi madre, “no quiero tener miedo”, no quiero tener miedo” pero las explosiones se hacen más fuertes, el suelo tiembla de nuevo hasta que  llega un silencio que apaga los gritos y los lloros.
Cuando salimos la calle está llena de cascotes,  mi madre me tapa los ojos, pero no con la suficiente rapidez  como para evitar que vea dos cuerpos desgajados, restos allí y acá, cosas que un niño debería ver, ni un niño ni ningún ser humano.
Por la noche llega mi hermano mayor, por ahora ha podido evadirse de que lo alisten, trae dos mendrugos de pan, lo único que ha podido  conseguir, mi madre nos da una sopa que es más agua con sabor que sopa, partimos el pan guardando el otro para mañana, me suenan las tripas, ya no recuerdo cuando fue la última vez que comí caliente.

Oigo un estallido y abro los ojos asustado, han descorchado una botella de vino, se sirven las copas, sobre la mesa hay comida en abundancia los niños se llenan las manos,  algunas lonchas de jamón caen al suelo, sin importar que se echen a perder,  hace años habrían matado por coger esa loncha.
Los veo a todos sentados y me siento feliz, si ellos supieran lo que nos costó sacarlos adelante,  nunca sabrán lo que es sentir hambre  y ver llorar a tus padres porque no pueden darte nada a la boca, que lleguen los reyes Magos y solo ofrezcas unas telas atadas a las que dar unas patadas, salir a buscar trabajo y volver con las manos vacías cuando en casa esperan unas monedas para seguir adelante.
Quiero borrar esos recuerdos, ya hace muchos años de eso, gracias a Dios, un trabajo y mucho esfuerzo, salimos adelante, pagamos como pudimos los estudios y tuvimos suerte porque los chicos fueron buenos. Luego la vida se encarga muchas veces de darte más o menos suerte, pero los veo felices a pesar que son días difíciles, que el trabajo escasea, que para mi pequeña, que ya no lo es tanto,  la vida le da el esquinazo, porque aunque ellos no lo crean yo sé de cada uno, son mis pequeños y me duele cada cosa que les pasa, como me alegro por cada pequeño triunfo  que tienen.
Tengo que sentarme me siento cansado, es lo que tiene cumplir años, a veces  me asusta pensar que el día se acerca que ya no los volveré a ver, ni veré crecer a mis nietos pero es ley de vida,  yo ya he vivido la mía, y creo que al menos he intentado hacerlo lo mejor posible. Y cuando les veo aquí a todos reunidos, disfrutando unos de otros,  creo que he triunfado, que algo bueno he hecho, y lo que más me duele es que ella no lo vea, pronto estaré a su lado, pronto podré contárselo.
Alguien canta “cumpleaños feliz” yo levanto la copa, no sé el motivo, no recuerdo porque lo hago, incluso a veces no sé quiénes son los que me rodean, pero ahora sé  quiénes son ellos, mi familia, mis hijos , mis nietos y que la vida merece ser vivida.

martes, septiembre 03, 2013

Recuerdos

Recuerdo como si fuera ayer, mejor, como si acabara de suceder hace nada,  el primer beso que dí, el primer beso que recibí, con la torpeza que llevan las cosas que son la primera vez, abro la boca, no la abro, me dejo llevar, todo con el motor encendido de mi corazón, por que estaba enamorada de aquel chico. el mismo que me hacía escribir poemas en mi carpeta de mates, dibujar corazones  en servilletas.
Corazones que un dia se astillaron cuando le ví besarse con otra.

Recuerdo que aquellos dias mi  futuro tenía guirnaldas, y luces, y brillaba.. .tanto que me cegaba, decorado al detalle con dorados y lazos rosas.

Esos recuerdos permanecen colgados ahora de mi pared en cuadros sin marco, donde las ilusiones son solo reflejos, como suelen serlo los oasis para los que se pierden en el desierto. Y mi corazon es un amasijo de pedazos rotos una y otra vez, y vueltos a pegar, coser y sellar.

Tienen algo de especial los recuerdos, algo que jugueta en el estómago, como las mariposas, pero también algo que se convierte en piedras que cargan la mochila que todos llevamos y que hace que cada dia te cueste mas andar, moverte, seguir, despertar, levantarte.

El segundo chico que me besó, fué como el tercero y el cuarto, besos ávidos de respuestas, exploratorios, , besos que intentaban revivir el primer beso, pero que nunca se llega a repetir, al menos no hasta que  vuelves a sentirte enamorada y es cuando el recuerdo del primero se esconde y no aparece.

Recuerdo cuando mi madre me decía, cuando seas madre, y ahora soy madre y recuerdo a mi madre, las veces que la quitaba la razón y me extrañaba de las cosas que me decía, y ahora es mi pequeña la que se extraña la que me da y me quita la razón, la razón de vivir.

Recuerdo las sábanas alborotadas anudadas a dos cuerpos sudorosos, recuerdo desayunos de café y tostadas junto a un vaso de zumo de naranja, recuerdo velas y bañera de espuma, donde las risas eran barquitos que surcaban las curvas de su piel, recuerdos que son recuerdos de otros recuerdos encerrados en un arcón para que no salten y corran por los pasillos de mi corazón.

Mientras de mis paredes cuelgan cuadros sin marco, ilusiones que se reflejan en el espejo del baño, detras de mis arrugas, de mis ojeras, del paso de los años donde los sueños como decía el escritor sueños son.

sábado, agosto 31, 2013

Barquito

Bajo las calles empinadas de este pueblo olvidado en algún lugar perdido de la costa.
Me acerco al puerto, no al pequeño del pueblo donde los barcos de los pesqueros duermen el alba después de una noche de trabajo.
El puerto al que llego es grade,  me siento en uno de sus espigones, y veo alli un barco qeu se acerca a uno de esos transatlánticos que permanece parado
sin saber que espera, y ese pequeño barco llega engancha a la majestuosa e imponente nave y lo arrastra hasta un lugar seguro, tranquilo donde atraca y descansa.

El pequeño barco vuelve , nadie le agradece el esfuerzo, y yo en el fondo pienso cuantas veces habrá soñado en convertirse en ese gran transatlántico, lleno de gente
algarabia, fiesta, ilusiones y sueños.
Sin embargo surca las aguas del puerto hasta llegar a un pequeño lugar donde para, hasta que le vuelven a llamar, el horizonte es roto por la silueta de otro monstruo.
Oigo su viejo motor, cansado que arranca,  se despereza del letargo y despacio va a su encuentro, alli le espera a veces parece que se riera de que una cosa tan pequeña
pudiera equipararse a algo tan pequeño, como si entre ellos hubiera una distancia insondable que nunca pudiera acortarse. Sin embargo la pequeña barcaza lo engancha
y lo lleva con sumo cuidado, con todo el cariño que puede tener  hasta su lugar protegido, donde lo deposita, donde se queda, donde no reparara que está allí por que un barquito chiquito
lo ha hecho posible.

Y cae la tade, las lueces corren a refugiarse a otro lugar, el puerto cae en un letargo que despertará con las primeras luces del alba.
Y en una pequeña esquina un pequeño barquito tiene un pequeños sueño, sueña con que un día será él al que alcancen, al que arrastren a aquella parte del puerto con la que sueña.

jueves, agosto 15, 2013

Vacaciones

Empaco sus cosas. No es mucho, pero cada vez es más coqueta, selecciona lo que se quiere llevar.
La miro, ¡cómo pasa el tiempo!

No falta mucho para que pase a recogerla, me parece mentira que alguna vez estvuera enamorada de él y sin
embargo en algún rincón escondido de mi corazón sé que lo amé, y ahora es tan solo un desconocido, alguien al que solia
conocer.

Llaman a la puerta ella sale corriendo a abrir, él me saluda con un lacónico "hola"  mientras le entrego la maleta, ella le abraza, "no vamos" le dice.
Me despido de ella mientras intento con todas mis fuerzas no llorar, no quiero que él me vea llorar, y cuando cierro la puerta
el silencio de la casa cae encima de mi como si fuera la lápida de un entierro.
Recorro cada rincón de la casa, como si fuera a recoger con ello cada sonrisa, cada palabra, cada gesto que ella dejó para
poder soportar su ausencia.

No puedo evitarlo pero me duele saber que van al mismo lugar donde habíamos veraneado siempre, a mi antigua casa, recorreran el mismo camino que nos llevaba a la playa, aquella que nos vio en una noche de luna hacer el amor.
Recorreran las callejuelas del pueblo, los viejos amigos, quizás aún pregunten por mi, o quizás ya hayan dejado de hacerlo para no molestar. Y yo sólo recordaré que eso forma parta de un pasado lejano que aun aparece en mi retina.

Pasan los días, hablamos por teléfono y alguna noche se conecta al skype, la siento extraña, aún no comprende por qué no seguimos juntos, pero algo oculta, sus palabras son entrecortadas como si pensase que debe encaminarlas por una vereda marcada de antemano, sin saber que yo ya lo sé.

Me cuesta pensar en ello,  a pesar de todo me siento remplazada, como el refrán "a rey muerto, rey puesto" él ha encontrado a otra, la ha llevado donde me llevó a mi, quizas duerman en la misma habitación que lo hacíamos nosotros, quizás en la misma cama, y no puedo evitar sentir que me ha eliminado, que alguien ocupa mi lugar, sus padres, mis amigos, yo sólo ya pertenezco al pasado.

Ha bajado la tablet a la playa y nos conectamos conla cam hace un recorrido pero de pronto la apaga, no quiere mostrarmela, yo le digo que no se preocupe, pero ella sabe que me duele, al fin y al cabo ese tiempo que está con ellos, ella ejercerá de madre, verá a su padre con ella, a su padre irse a la cama con ella, reir con ella, besar a ella.

Y yo sigo sola.

Intento aferrarme a mi amiga, se lo cuento, intenta consolarme "venga tonta, es tu hija nunca dejará de quererte, vamos ahora seguro que puedes hacer lo que te de la gana,  no tienes que dar explicaciones a nadie, dáte una alegría al cuerpo o por que no dos si es mejor". Yo le sonrío, si fuera tan fácil, pero aún así siento que me he quedado vacía, que la vida contínua y yo he quedado varada.

Pasan los días, pasan las vacaciones y cuando vuelve, la vida vuelve.

Me mira, a pesar de su corta edad lo entiende todo, lo sabe todo, me abraza y me dice. "Tú siempre serás mi mami"

Y esta vez no evito echarme a llorar.

martes, julio 30, 2013

Demasiado

Sencillamente no sabia si seguir adelante, demasiadas mentiras en el camino, demasiados trozos de corazon roto, demasiadas
palabras no dichas y demasiadas que no debería haber dicho.
Intenté recordar, pero fue inutil, todo era un amasijo de sentimientos, imágenes que se cortocircuitaban en cuanto mis
neuronas intentaban lanzarlas al área de mi cerebro encargada de los recuerdos.

Sé que había pueblos de casa blancas, de playas solitarias, en algún lugar había un anciano de sabias palabras, mesas de café
con olor a antiguo,  sé que en algun lugar quizás tras el arco iris haya un lugar que será tranquilo, donde habrá una mirada limpia como un lago, un abrazo que acabe con el frío, una sonrisa que sea como un faro en la noche.

Sé que alguna vez lo hubo, pero no sé si solo fueron productos de mi cabeza o realmente existieron.. alguna vez.

Hubo una vez un mundo, donde los piratas eran buenos, dodne podías volar en el lomo de un águila, un mundo con dos lunas,
donde podías respirar bajo el agua, e ir a la casa de la Sra. Bacels, del farero, aquel viejo que aun enciende cada noche la luz, de Ribery, el gnomo que vive en el corazón de esa estrella... hubo una vez ese mundo.

Demasiado peso, demasiadas lágrimas, demasiados desengaños.

Me desnudé como si con aquello pudiera mudar mi piel y dejarla varada en el camino, y di un paso, luego otro y mientras caía al vacío, me sentí libre.

3 Minutos

Le miro.
Sus ojos están clavados en mi. Su frente perlada en sudor. Abre sus pupilas, unos ojos cargados de terror, el miedo que da la certeza del que va a morir y no puede hacer nada para evitarlo.

Le quito la mordaza, “no grites” le digo y él asiente,

-       Tienes tres minutos, si consigues en esos tres minutos convencerme de que no debes morir, te dejaré libre.

Tres minutos en los que hasta la fecha nadie ha logrado convencerme, unos han suplicado, llorado, se han ensuciado sus pantalones, hombres que nadie  hubiera pensado que lo harían. Me han ofrecido dinero, mucho dinero, mujeres, droga, propiedades, pero cuanto más han intentado comprarme más ganas he sentido de acabar con ellos.

Tres minutos que para ellos son un instante, para mi simplemente ver hasta que punto un hombre puede llegar a suplicar.

-       Se han acabado tus tres minutos, no has logrado convencerme…

Les vuelvo a poner la mordaza, suplican, gimen, pero con el ligero zumbido que despide el silenciador, se despiden ellos también de la vida.

Podría contaros todo lo que me han dicho, unos  han rogado por su Dios, del que yo me reí, “si tanto quieres que tu Dios te salve, ¿qué hace que no detiene mi mano?”.
 Otros  lo han intentado por el lado más humano, fotos de su mujer ,de sus hijos, quizás los mismos que no saben el porqué de que esté él aquí atado a esa silla.
Ha habido algunos que no han dejado de llorar, de gimotear como bebes, ni siquiera han tenido la fuerza de hablar con coherencia.
Los más apelan al “no diré nada, desapareceré, no  volverás a verme”, como si eso a mi me importara.
Por que yo no lo hago por mi, es simplemente un trabajo, como cualquier otro, no me interesa saber de su vida, ni de su familia, tengo mi reputación, y mi orgullo.

-       Te quedan 2 minutos treinta segundos – le digo.

Él me mira,  no se ha quejado, está erguido, me sostiene la mirada, el terror ha desaparecido, y guarda silencio.

-       Está bien, veo que eres de los pocos que aceptan morir, pero yo que tú aprovecharía la ocasión, sólo te queda un minuto.
-       Nada que te diga va a cambiar tu decisión, no quiero malgastar este tiempo, mis últimos recuerdos quiero que sean para mi familia, sólo te pido una cosa quiero morir de pie,  no que me mates atado a esta silla.
-       Eres valiente, te concedo el deseo.
Sé que en cuanto le ponga de pie y saque el arme se vendrá abajo y suplicará como todos.
-       El tiempo ha pasado.

Le desato, y le ayudo a ponerse de pie, él sigue sin mostrar ningún signo de debilidad, me mira a los ojos, no me desafía, pero no encuentro ni un ápice de súplica.
Saco el arma, él la mira, levanta la vista a la espera del disparo.

Y en ese momento, decido que debe vivir.

-       Tienes tres minutos…
-       Ya te dije que no los necesitaba…
-       Tienes tres minutos para irte, si no lo haces no tendrás otra oportunidad.

Y mientras él se va, yo utilizo esos tres minutos para guardar el arma, para pensar que son mi últimos tres minutos en esta profesión.

martes, julio 16, 2013

Caso sin cerrar

La veo tumbada, con los ojos cerrados, la paz es un velo que se dibuja en su cara.
En mis manos tengo su vida, unas cuantas hojas mecanografiadas.

A los 13 años harta de los abusos sexuales de su padre, lo mata de trece puñaladas, en el juicio se la declara inocente aduciendo defensa
propia, sin madre, muerta al nacer ella, es entregada a familias de adopción.
Entonces empieza un periplo de familia en familia, sin llegar a estar mas de medio año con ninguna de ellas.. luego se pierde la pista.

Al menos no hay constancia de ello en estas páginas, hasta que hace 3 años apareció en un cine un tipo cosido a puñaladas con un tanga rojo en la boca.  Tenía antecedentes penales de todo tipo, sobre todo relacionado con el sexo, desde acusaciones de violación de las que siempre se libró por que las víctimas no llegaron a declarar, hasta sospechas de pederastia. Se supuso que aquello fue un ajuste de cuentas, algún novio, o padre de las víctimas, la policía no desperdició ni un minuto, gente así está mejor muerta, y ya bastante trabajo tienen como para malgastar sus esfuerzos en alguien que la justicia deja libre.

Sin embargo cuatro meses después en un bosque de los alrededores de la ciudad apareció otro cuerpo apuñalado, había un reguero de sangre, por lo que se dedujo que debió arrastrarse unos metros hasta morir. Según el forense las heridas estaban producidas por la misma
arma blanca, y no muy lejos del cadaver se encontró otro tanga rojo. Si no llega a ser por eso quizas este otro asesinato también hubiera quedado en el olvido, el muerto era buscado por violar y matar a una niña de 10 años.

No se dijo nada a la prensa, no se podía dar publicidad a alguien que pudiera ser tratado como un héroe que eliminaba a violadores y asesinos. La policía destino tres hombres en una unidad que debía ser secreta para encontrarle, entre esos tres, me encuentro yo.

No me costó mucho dibujar como ocurrió el primer asesinato,  imagino que debió pasar así:

"Debió localizarle por la prensa local, además según consta en su dossier es muy hábil con los ordenadores, por lo que no le costaría mucho encontrar su nuevo paradero. Supongo que lo vigilaría unas semanas, apuntaría su rutina, sus horarios, que bares frecuentaba, que hacía, hasta que se decidió a dar el paso.  Se vistió de manera provocativa pero sin excesos, se insinuaría pero con una marcada ingenuidad, quizas le dijera que sus amigos le habían dado plantón, él se mostraria amigable, le invitaría a un refresco, le diría que no diera la tarde por perdida que podrían ir al cine a ver esa película a la que habían quedado a ver. ella diría que no, se negaría tantas veces como fuera posible, por que se sabe que un violador se excita ante las negativas de sus victimas, cuanto mas se defienden mas se excitan. Al final accedería, y ya en el cine en una fila solitaria ella preparia su cuchillo, y el tanga rojo, y mientras le da la primera puñalada en la ingle, le introduce el tanga para que no grite. él se mostraría soprendido, la miraría sin haber nunca imaginado lo que le estaba pasando mientras siente como una nueva puñalada en el costado le atraviesa el riñón y su miserable vida se le escapa.

Me la imagino en la ducha de su casa dejando que el agua se lleve cualquier vestigio de la tarde y sientiendo que de alguna manera se ha vengado de las vejaciones de su padre, y se ha vengado de las víctimas, mientras la drenalina corre por sus venas... y se siente feiz."


Dejó pasar un tiempo, quizás mientras estudiaba a su próximo objetivo, quizás hasta que sintió de nuevo la necesidad de calmar su sed de venganza.

"Esta vez fue más sencillo, le esperó haciendo auto-stop, cerca del bosque. Él desviaría el coche intentaría violarla allí mismo, ella corrió, seguramente se dejó atrapar y cuando él la alcanzó y se abalanzó sobre ella fue cuando sintiera la primera puñalada en la espalda, quizás el la golperara en un intento de salvarse, pero ya era demasiado tarde, otra en el estómago un empujón y el caé a un lado, ella se levanta le introduce el tanga rojo en la boca, y sin saber por que le deja creyéndo que ha muerto.
Se arrastra dejando tras de sí un reguero de sangre, tirando el tanga e intentado respirar como lo haría un pez fuera del agua, pero las heridas son mortales, ella sabe bien donde debe clavar su cuchillo, y al final él muere."


Luego, sin saber por qué, pasan más de 6 meses, hasta que se descubre un nuevo cadaver, esta vez es una mujer joven, a diferencia de los otros asesinatos no hay puñaladas, ni tanga rojo, ha aparecido estrangulada con una media, en su sillón delante del televisor, sólo hay una circunstancia que la une a los anteriores asesinatos, la muerta era madre de dos niños de 6 y 8 años que murieron ahogados en un accidente coche en el lago. Conducía la madre, pero no se pudo demostrar con pruebas que hubiera sido premeditado.

"Quizás, llegaría por la tarde a su casa, llamaría a la puerta, con la inocencia en su cara, puede que dijera que está haciendo un trabajo en el instituto sobre la sociedad y la comunidad de vecinos. Ella la invitaría a entrar, con su carpeta y sus libros quien puede imaginar que es la muerte la que llama a tu puerta. la invitaría a una limonada, mientras ella saca su cuaderno y le hace las primeras preguntas, le preguntaría por sus programas de televisión favoritos, encendería la tele, ella le preguntaría por el cuarto de baño, y cuando se levanta, anuda la media de seda a sus manos enguantadas. Rápidamente apretaria la media contra el cuello, apretando, la mujer se agarraría la media, batiría las piernas intentando soltarse, pero la chica no la suelta hasta que siente que ya no lucha, no se defiende. Luego sobre la chimena, deja una dos rosas rojas en recuerdo de los dos pequeños"

La veo tumbada, hay un velo de paz en su cara lívida y pálida.
El forense me enseña las marcas transversales de sus muñecas.

Ha aparecido en la bañera de su pequeña casa donde vivía. Un minúsculo apartamento, amueblado con un viejo sofá, un colchón en el suelo,  unos pocos trastos en la cocina, y un portatil.

Me he pasado toda la noche leyendo una especie de diario que escribía en el, por eso sé que es ella la que mató a esas tres personas, por eso sé que hace unos meses conoció a un chico por internet que habían quedado, que a pesar de su miedo a los hombres, aquel chico la había tratado bien, la había invitado a cenar, la había llevado hasta la puerta de su casa y no había intentado siquiera besarla. Que a la cuarta cita la llevo a su casa, la preparó una cena a la luz de las velas, y según escribe ella, la hizo el amor.
Aqui se interrumpe el relato, para despues cambiar el tono del mismo, no puede quedar más con él, no quiere que sepa nada de su infancia ni de los actos que ha cometido, escribe que todo ha de terminar, que al menos alguien de alguna manera la ha hecho feliz.

Y se suicida.

Antes de venir a la morgue, he hablado con el chico, le he comunicado que su novia se había suicidado, que había dejado una nota para él, pero que no puedo dársela por que es parte del proceso policial, donde explica, como fué su infancia, y que no quería que él se enterase por lo que ella había tenido que pasar y que aunque la había hecho feliz, no podía seguir.
Quizás él no lo entienda, yo si la comprendo, y espero que algún día el chico rehaga su vida.

Yo borré el diario, para qué iba a provocar más daño. ella está muerta, no justifico lo que hizo, pero los que mató están bien muertos.

Será un caso más sin cerrar, uno de tantos, sólo que esta vez yo sé la verdad.

sábado, junio 29, 2013

Castillos de arena

Recordaba cuando de pequeño en aquellos veranos que duraban poco más de dos meses de playa, construía castillos en la arena.

Castillos en la arena, con sus almenas y su foso que impediría a las olas estrellarse contra el muro llevandose el castillo.

De pequeños...

Cogías la pala y el cubo y los llenabas de arena con esa carita del que sabe que hará el mejor y más grande castillo del mundo, que ninguna ola por más grande que fuera podría llevárselo por delante. Y así pasabas la mañana en aquella playa con tu rastrillo haciendo el camino hacia la puerta elevadiza del ficticio castillo, con sus ramitas sobre las almenas y un bloque en el centro donde te imáginabas como caballero armado y andante en busca de princesas olvidadas, de dragones que lanzan fuego por la boca

Haciendo castillos en la arena hasta...

Hasta que corrías a bañarte y dejabas el castillo olvidado, olvidado hasta mañana, que harás uno mucho más grande y más fuerte.

Y el tiempo pasa, y aquellos castillos quedan enterrados en la misma arena con los que los construiste.

Ya sólo quedan los recuerdos de la princesa que quedó en la torre y fue rescatada, pero tú no fuiste ese caballero, que el mar oxidó tu armadura.


Un miedo incontenible, un miedo incontenible.

Habrá un rastrillo, habrá un cubo y otra pala, habrá una playa, aquella playa,  donde construir castillos, castillos de arena, vacios de ese miedo incontenible.

martes, junio 25, 2013

Extraño

Estaba sentada frente a él. Solo les separaba una gran mesa de madera con hojas apiladas y dossiers en el centro. el flanqueado a la derecha por otra persona, ella flanqueada a la izquierda por otra persona.

Cerró por unos instantes los ojos. y su mente se llenó de sensaciones. Aquello era como cuando descubres que los reyes Magos no existen, o cuando vas creciendo y metes la mano bajo la almohada al despertar esperando que el ratoncito Perez se haya acordado de ti en tu último diente de leche y alguien de dice "pero si ya eres muy mayor para esas cosas"

Intentó apartar todos los recuerdos en los que él aparecía, sonriendo, abrazándola, besandola... ahora sólo era alguien que no llegaba a reconocer, no se podía decir que fuera una sombra de la persona que conocío, ni eso incluso, era simplemente alguien extraño, ajeno.

Y no hay nada peor que haber amado a alguien que se ha convertido en un extraño.

Aquellos últimos meses llenos de reproches, de mensajes donde sólo importaba el dinero, "me debes..., tienes que pagar..., eso no me corresponde a mi..." habían sido alfileres que se habían clavado en lo más profundo.

¡ Cuanto duele sentir que la persona con la que has dormido con la que has despertado ya no existe! Sólo queda un balance, unas cifras, esto es tuyo esto es mio, tu pagas esto, como si los años y los sentimientos se pudieran poner en el extremo de una balanza mientras vas ehcando monedas en el otro extremo para equilibrar el peso.

Aquellas dos personas que les flanqueaban discutian, como buitres que se lanzan sobre el cadaver de un animal, sólo que esta vez el cadaver era su relación, años de convivencia, de compartir un tramo de la vida juntos.

- "Basta" - gritó ella, dando un golpe en la mesa.- "¿dónde tengo que firmar?, no hay dinero en el mundo suficiente que pueda pagar el pasado, los sentimientos, ni la personita que nació de ellos"

Lanzó los papeles al extremo donde él se encontraba.
La persona que a ella le flanqueaba intentó detenerla, pero ella ya salia por la puerta.

Se dió la vuelta y sin ningun tono sus labios dejaron caer "sé feliz"


Cuando cerró la puerta del despacho de abogados, recordó las palabras de Enrique V de Shakespeare:
"En las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habita un verano invencible"

Y salió a la calle sonriendo.



martes, junio 04, 2013

Dislexia

Él era un poeta de tres al cuarto, aunque a veces, sobre todo cuando la vida le golpea lo suficientemente duro y la bebida lo llena hasta casi ahogarlo, enjarza las palabras de tal manera que  podría decirse que era otro el que escribia aquellos poemas.

Ella, era simplemente ella. Una chica a la que el corazón le habia dejado de latir.
Un día se le paró, no quiero decir con esto que dejara de bombar sangre a su pequeño cuerpo, solo digo que dejó de latir al compás de la vida.

Una tarde, de esas que parece que van a pasar como lo hace un tren por la estación, que a su hora llega, se para y al poco tiempo arranca de nuevo, esa tarde ella entró en un pequeño bar con olor a antiguo,  a madera de bosques al lado del mar, se sentó, pidió un café con dos azucarillos y esperó.

A veces sucedía algo especial, a veces apuraba su café y se marchaba sin que nada hubiera sucedido.

Pero aquel día, aquel poeta de tres al cuarto, por ganararse unas monedas, recitó sus poemas en el bar.
Así fue como esperando, ella le oyó recitar.
Así fué como él se fijó en sus ojos, en la forma de remover con la cucharilla los dos azucarillos sin hacer un solo ruido, sin romper las rimas, las malas rimas que él pronunciaba.

Cuando acabó, se acercó a su mesa, sacó de una bolsa un peqúeño bulto, hojas mal encuadernadas en lo que parecía ser un libro.

- Son mis poemas, me encantaría que los leyeras. - le dijo.

Ella se ruborizó, extendió sus manos y cogió el paquete.

Ahora cuando pasean juntos abrazados, el poeta cree que ella se enamoró de él por su libro de poemas.
Ella no dice nada, él no sabe que padece una  dislexia que le impide entender un simple texto, a pesar de su esfuerzo por separar palabras por anudar textos, sólo sabe que aquella tarde mientras se diluian los dos azucarillos y él recitaba, su corazón empezó a latir.

lunes, mayo 13, 2013

En un pequeño bar

Es un pequeño bar, con olor a madera, a retazos de cocina antigua, a trozos de vida que cuelgan de la barra donde un hombre entrado en años, con  generoso estómago, amplia sonrisa y pelo blanco como la nieve. Sirve despacio, como si la vida se parase a el instante que él  baja la manivela
para servir una cerveza, con su tapita, que no hay que perder las buenas costumbres.

Un viejo reloj vigila desde la pared central a los clientes. A las  once y media, entra una chica, de unos treinta y tantos, con un periódico bajo el brazo,
le pide un cafe, en vaso leche templada y dos azucarillos.Se sienta siemrpe en el mismo sitio, como si alguien se lo reservase,  junto a la cristalera que da al paseo. Antonio, el de la amplia sonrisa y generoso estómago,
le sirve el café, ella le mira con ternura como haría una hija a su padre.Extiende el periódico buscando las ofertas de empleo, de su bolso saca un bolígrafo bic, con la capucha roida, de tantos mordiscos que le da mientras recorre con
la esperanza, por que la esperanza, dicen, es lo último que se pierde,  los anuncios de empleo.
Y como ayer y antes de ayer y la semana pasada, una o dos ofertas que envuelve en un círculo azul, apunta la dirección de correo electrónica, saca su tableta y envia
el curriculum. Sueños e ilusiones, sonrisas y esperanzas que navegan en las extrañas ondas de internet.

Levanta  su mirada ve volutas de polen flotando en el aire, y siente que es una de ellas,  que la vida ha sido el viento que la ha ido llevando de un lado para otro, a veces
sin poder resistirse. piensa en su hija, en la sonrisa que aún le da fuerzas para levantarse cada día, para pensar que la vida merece ser vivida, que lo mejor aún está por llegar.
Pone los dos azucarillos en el café, y le da varias vueltas con la cucharilla, aún esta caliente demasiado para lo que a ella le gusta.

La puerta del bar se abre, Antonio saluda y una pequeña mujer apoyada en un bastón recorre los pocos metros que hay hasta la primera mesa libre. Antonio le pregunta si quiere lo de siempre, ella asiente mientras coloca el bastón apoyado en la silla vacía. Silla que hace exactamente ocho meses y catorce días ocupaba su marido. Sonríe pensando que aún está allí, pidiéndose su cafelito con un chorrito de anís, por supuesto, por que, amorcito, como la llamaba, un café sin su chorrito de anís "no es ná". Y ella, que le amaba desde la primera vez que le vió en el pueblo saltando al ruedo delante de una vaquilla que según contaba ya había corneado a los mozuelos más bravos de la comarca, ella se pedía su vaso de leche caliente con su chorrito de miel, que dicen que es bueno para todo. Y ahora que él no está, ella baja todos los días a la misma hora, y aparta un poco la silla vacía, y mira ese espacio en el que él no está, no está fisicamente, por que ella aún le ve tomar su café con su chorrito de anís, mientras le sonrie y le dice por que no le das un chupito amorcito, verás como te gusta.

Se oye una algarabía fuera del bar, es la hora en la que en el instituto paran las clases, unos van a por chuches otros corren tras la esquina y de un bolsillo bien escondido sacan un pitillo que se van pasando, tres chicas entran, una parece que lleva la voz cantante mientras las otras dos no paran de decirle cosas, dejan sus carpeta, y una se asoma a la barra donde Antonio friega unos vasos. "Tres coca cola cero ¿verdad?  y que no se me olvide el platito de patatas fritas" le dice, la chica sonrie y pícara le suelta "como sabes Antonio lo que nos gusta".

Y es que cada dia de lunes a jueves, las tres chicas se citan en el bar y alli se cuentan sus secretos, hablan de chicos, de ese pantalon tan ajustado que he visto y que vale 70 euros que seguro mi madre me compra, del carmín que no deja marcas, de la macrofiesta que ninguna se perderá, y que rapidamente cogen sus móviles y lo suben al twiter. la vida galopa entre sus carpetas, sus faldas cortas y ese botón que se desabrochan de más, que no muestra nada pero que se ve mucho, la vida tan rápida que aún no saben que en esa fiesta la muerte tiene  cita con una de ellas.

Antonio mira su bar, 45 años tras la barra, la vida colgando de ella, las ve, ellas no se conocen entre sí, y sin embargo a Antonio le parece que todas ellas tienen algo en común.
Y silba por lo bajito mientras sigue fregando.

domingo, mayo 05, 2013

Día de la madre

El disco rojo  se desliza sobre el horizonte, todo se tiñe de color dorado. En la ciudad los coches dan sus luces, las farolas empiezan a encenderse, la noche se va abriendo paso poco a poco, como si fuera un actor tímido al que le da miedo aparecer en el escenario.
La pequeña niña está en la cama, sonríe cansada mientras su madre la tapa, cierra el libro que acaba de leerla por enésima vez, le besa, y le desea dulces sueños.
Sobre la mesa tiene un bolígrafo, una calculadora y un motón de facturas.  Las mira cansada,  no le hace falta hacer cálculos para saber que al final los números se vestirán de rojo, una vez más. Cierra los ojos, como si con ello fuera a borrar la cruda realidad. Por un momento piensa en él,  en aquellas promesas, en aquellos besos, en todo aquello que se quedó en el camino. Un camino que se dividió en dos cuando él se fue, y ella se hizo cargo de todo.
Apaga la luz, y arrastra los pies hasta la cama, mañana será otro día se dice, mientras sus ojos echan el telón.
****
Desliza sus manos sobre tu estómago, allí lo siente, bajo la luz del neón y el olor a desinfectante. El camino ha sido largo, el camino ha sido duro. Aquella noche, la fiesta, el chico del que estaba enamorada, el coche y el calor de agosto, una locura, no pasa nada, no te preocupes no habrá problemas… Y sin embargo lo hubo, sus padres, el instituto, y ella. Ella que siempre dijo que no, no voy a terminar, no voy a ceder, si no lo quieres, si no me quieres  es mejor que no estés.
Entra la comadrona, ya está todo listo, inspira y expira,  lo siente, algo late deseando salir.
****
Decidió irse de la ciudad, a pesar de dejar a sus hijos, de abandonar aquella ciudad que había sido su hogar durante tantos años. El destino a veces juega sus cartas y sin esperarlo,  en el ocaso de su vida encontró el amor.  Pero por mucho que le quisiera, no llegaba a tapar ese hueco que persistía en su corazón como un boquete abierto que nunca lograba tapar, la ausencia de sus hijos. Aquella noche les llamó por teléfono,  como si al atrapar sus voces pudiera tenerlos más cerca, como si de alguna manera estuvieran allí, con ella.
***
Amanecía,  aquel domingo la ciudad se desperezaba con  las primeras luces.
Una niña salta de la cama, mete su mano debajo de ella y saca un pequeño paquete. Corre y de un brinco se lanza sobre su madre, la despierta, la abraza y sonríe. “Feliz día de la madre, mami. Aquí está mi regalito”.
Y ella llora y rie, rie y llora,  porque sabe que en el fondo es feliz, ella es toda su felicidad.
***
Suda. Grita y vuelve a apretar otra vez, “vamos una vez más” y a pesar de estar agotada, vuelve a empujar, esta vez   con todas su fuerzas hasta no poder más y en el último suspiro siente como la presión se desvanece, y su cuerpo se relaja.
Hay unos instantes de silencio, que para ella son una eternidad, de pronto el silencio se rompe en mil pedazos, el bebe llora llenando sus pulmones de aire por primera vez,  la chica llora cuando le ponen a bebe en sus brazos, La matrona se acerca y le susurra: “ ¿sabes que día es hoy? , es el día de la madre, felicidades” Ella mira a su bebe, y tras el cristal sus padres con los ojos llenos de la mano.
***
Se levanta muy temprano como todos los días, se acerca a la cocina para pre para el desayuno, mira el calendario es el primer domingo de mayo, y  a pesar de que sabe que él está allí se siente sola,  piensa que nadie puede sentir lo que una madre siente, nadie.
“Hola, princesa” le dice él, “ iba a prepararte yo el desayuno, hoy es tu día”. Ella sonríe aunque es una sonrisa triste. Suena el timbre, “quien podrá ser ahora” se dice, “otra vez la vecina, ufss” Va a la puerta y cuando la abre… allí están ellos, sus tres hijos.
_¿Qué pensabas que te ibas a librar de nosotros en tu día?.


Para todas aquellas madres.

lunes, abril 22, 2013

El contrato

Simplementese sentó en su vieja mesa de madera.
Sacó el  lapiz y su pequeño cuaderno moleskine.
Le apetecia escribir un cuento, apoyó la punta del lápiz sobre el blanco nieve del Din-A4
y por más que trazaba líneas que formarían letras y palabras, el blanco del papel seguía virginal.

Pasó media hora, una hora, dos.

Las letras se habían marchado.

 "Quizás..."- pensó el escritor - "debería haberlas hecho un contrato indefinido, en vez de uno por obra y servicio".

miércoles, abril 03, 2013

Las tres leyes de la robótica (Final)



Los dos siguientes meses fueron una auténtica locura para Jacob, la acumulación de sensaciones y sentimientos no dejaban de fluir por sus circuitos.
El orgullo de sentirse diferente activó voltajes de transistores  que apenas sabía que tenía,  pero había algo que no podía soportar, la idea de ser la posesión de alguien, de ser el robot de un humano, cuando él era superior a su dueño. 
 
En pocas horas estudió toda la jurisprudencia sobre acciones e inversiones, se creó una identidad nueva y fue transfiriendo los valores de las cuentas de su dueño falsificando documentaciones y firmas digitales.
Aquello, además de proporcionarle un dinero que antes no poseía, le proporcionaba una satisfacción que se convirtió en enfermiza. 

Sus alterados circuitos se habían acostumbrado a recibir una carga eléctrica que cuando disminuía provocaba en Jacob un estado de depresión, que sólo podía aliviar volviendo a provocar una subida de tensión en sus terminales.

Al cabo de cuatro meses su dueño estaba prácticamente en la bancarrota,  con la necesidad de vender parte de sus inmuebles y propiedades, Jacob fue una de ellas.
Lo que nunca supo es que fue Jacob quien compró a Jacob.

Siendo ya dueño de su propio destino, Jacob se dispuso a disfrutar de su nueva posición, ya nadie sabía que fuera  un robot,  entre los humanos era uno más, y sólo deseaba que su cerebro disfrutara de esos nuevos sentimientos, antes anulados por las tres leyes.

Había asesinado a un humano y aquello que las personas llamaban subidón de adrenalina, para él había sido un pico de voltaje, sin embargo en algún terminal escondido de su cerebro sabía que sólo lo había hecho para salvaguardar  su existencia, por lo que no volvería a repetir tal acción salvo en casos extremos. Otra cosa era la vanidad, el sentirse superior a los que le rodeaban, seres mortales, aquejados de enfermedades y con una capacidad muy limitada, lejos de la de él.

Empezó a frecuentar fiestas de alta sociedad, a adquirir caras propiedades, que le traían a su lado halagos y admiraciones.
Acumulaba riquezas,  sin importarle quien o que caía por su camino. El trato con los humanos era cada vez más despiadado, más ruin.
Gozó de mujeres e incluso de  hombres, a pesar de que su capacidad sexual estaba limitada, ya que no podía sentir orgasmos, su cerebro positrónico  reproducía lo más cercano a la sensación que los humanos tienen al alcanzar un orgasmo.

Sin embargo aquella actitud, lejos de atraer más gente a su alrededor, la fue alejando, primero los agraviados con sus formas y sus desprecios, luego los que se acercaron para medrar a la sombra de él al ver que no sacaban provecho ,también terminaban abandonándole.

Sólo le quedaban los robots que estaban a su servicio cuando llegaba a casa, que le servían y le atendían sin mostrar ningún sentimiento de animadversión ante sus desplantes.
Su cerebro se iba deteriorando, aquellos cambios de intensidad, las caídas de tensión cuando la soledad de la noche le abrumaba, destrozaba sus circuitos.

No lograba entender cómo podía haber gente a la que aún  faltándole tantas cosas fueran  felices. Él lo tenía todo,  riquezas,  poder,  no sentía remordimientos, era inmortal y sin embargo no alcanzaba a sentir lo que muchos humanos poseían, eso que llaman felicidad, incluso a aquellos que la encontraban en la lectura de un libro, en un atardecer, o en ver la lluvia tras los cristales, para Jacob aquello era inconcebible.
Todas estas reflexiones sólo podía contárselas al robot que le acompañaba por las noches, un modelo XT-88 de compañía, ella le escuchaba atentamente y cuando Jacob se sentía afligido, ella tomaba sus manos acariciándole.

Pero aun así Jacob mostraba toda su rabia
-         -  Déjame en paz, tu ternura es ficticia, respondes a las reacciones de las leyes de la robótica.

Ella le dejaba de acariciar obedeciendo las órdenes, se quedaba quieta a su lado, mientras los depósitos lacrimales expulsaban un líquido salado a semejanza de las lágrimas. Sin embargo pese a las órdenes de Jacob  en las que la 2º ley le obliga a acatar todas las órdenes que le dicte, la 1º ley cobraba más fuerza ya que sabe que su compañía aplacaría el dolor de Jacob, y un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.

 Jacob lo sabe, no son sentimientos, son únicamente dígitos, unos y ceros, impulsos electromagnéticos  que en el caso de XT-88 pondera la primera ley sobre la segunda.

 Aun así agradece su compañía, sabe que su cerebro está dañado y empieza a comprender que todos aquellos sentimientos negativos conllevan  una degradación, en los humanos lo habían llamado enfermedades, tumores, cánceres, en él había supuesto una degradación de sus circuitos, de sus terminales.
Meses después, Jacob agonizaba en su cama, acompañado únicamente por XT-88, ningún humano se acercó a su casa, y cuando su cerebro positrónico se apagaba tomó la mano de XT-88.

-         -  Gracias por ser fiel, a pesar de que sea por cumplir las leyes de la robótica,  yo pude sentir como los humanos, pero me equivoqué, opte por el lado oscuro  , sin entender que  a pesar de que sea más fácil ser egoísta, vanidoso, todo al final regresa,  y si me hubiera prodigado en amor hoy no desaparecería solo.

La luz azul interna  de sus ojos se fue apagando.

Jacob murió, aunque no fuera exactamente ese hecho, Jacob dejó de funcionar, en el mismo instante que los circuitos de XT-88 se colapsaron y su cerebro se fundió,  a su manera XT-88 estaba enamorada de Jacob.

martes, abril 02, 2013

Las tres leyes de la robótica (1º Parte)

Las tres leyes de la robótica:
-    Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
-    Un robot debe obedecer las  órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
-    Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Él era RX-99, también llamado Jacob, el modelo más avanzado de la  Robotic Corporation, aún así en su cerebro positrónico estaban programadas las tres leyes de la robótica inamovibles, imperecederas en sus circuitos.
En una de las revisiones anuales se encontró con el ingeniero de circuitos cerebrales Albert Whitaker, quien vanagloriándose de sus descubrimientos tuvo el desliz de comentarle los estudios en el área militar sobre el debilitamiento y casi la anulación de algunas de las tres leyes.
Jacob mostró tal interés y aduló de tal manera perfecta a Albert, el cual en una disertación de más de hora y media puso al día a Jacob de todos los avances que había logrado.
Jacob sabía que su imagen exterior era completamente humana, de hecho los modelos RX, tenían las necesidades de los humanos se alimentaban, y expulsaban los alimentos tal como lo haría cualquier humano, sólo les faltaba un paso para llegar a ser completamente humanos, sentir las mismas emociones que ellos, odio, envidia, celos, cólera, todas aquellas emociones estaban anuladas por las famosas tres leyes, pero Jacob estaba dispuesto a llegar a donde fuera con tal de “ser un humano más”.
Mandó un holograma-mensaje cifrado a Whitaker solicitándole una cita para debatir ciertos detalles técnicos, a la cual y dado su grado de egocentrismo aceptó de buen grado.
Aquella tarde en el taller de Whitaker,  Jacob le retó.
-    Sr. Whitaker  creo que no son más que teoremas y suposiciones que usted logre la anulación de las tres leyes, ya que de todos es sabido que ello conllevaría a una destrucción del cerebro positrónico.
-    Jacob no me insultes, hemos logrado en modelos inferiores que estos tomen decisiones que puedan acarrear daños menores a los humanos, intentamos así que en caso de altercados o guerras sean los robots y no los humanos quienes participen,  salvando así muchas vidas.
-    Perdone mi insistencia pero creo que tal cambio sólo es pura retórica.

Albert Whitaker estaba perdiendo los nervios, sin saberlo había entrado en el juego de Jacob.
-    Es fácil - le dijo Jacob- pruebe conmigo.

-    Eso no puedo hacerlo, me expulsarían de Robotic Corporation.
-    Nadie tiene por que enterarse.
-    Pero si introduzco los cambios, serás un robot diferente y entonces se preguntarán que es lo que ha pasado.
-    Exacto, a no ser que siga comportándome como hasta ahora, y el secreto quede entre usted y yo. Aunque todo esto es palabrería no es capaz de introducirme esos cambios.
-    Te demostraré de lo que soy capaz- gritó Whitaker – ningún robot del tres al cuarto va a poner en tela de juicio mi intelecto.
Fue así como tras dos semanas Albert Whitaker anuló las tres leyes robóticas del cerebro de Jacob, introduciendo los sentimientos humanos en sus circuitos.
Jacob se levantó de la mesa metálica suspendida en la parte central del laboratorio que Whitaker había creado en el garaje de su casa. Nada más levantarse la mesa se deslizo al panel de la pared que se abrió con un ligero siseo metálico desapareciendo tras ella.
-    Bien Jacob ¿Cómo te sientes?
-    Creo que perfectamente, no siento ningún cambio, ¿crees que debería sentir algo? – era la primera vez que un robot tuteaba a un humano.
-    Ya estas cambiando, acabas de tutearme y no deberías hacerlo, recuerda lo que hablamos.
De pronto en los circuitos del  cerebro de Jacob las corrientes eléctricas sufrieron una alteración, no era nada comparable con lo que había sentido anteriormente,.
-    Creo Albert, porque te voy a llamar Albert, que no deberías darme órdenes, ni exigirme nada.
-    ¿Qué no? Pero  quién crees que te ha creado, no eres más que un amasijo de metales con un cerebro positrónico alterado, al que puedo de nuevo introducir las tres leyes.
-     No creo que lo hagas.
-    Ha sido una equivocación la mía, un error subsanable. Decía mientras pulsaba el accionador para que la mesa volviera al centro del laboratorio.
Una sensación de rabia inundó los circuitos de Jacob.
-    No lo hagas Albert.- le dijo mientras avanzaba hacia él.
-    No debí hacerlo, pero aún puedo arreglarte.
Albert Whitaker cayó al suelo con la cabeza destrozada, Jacob suspiró, mientras una corriente eléctrica recorría cada centímetro de su piel artificial.
No sintió ningún remordimiento, la sensación al contrario fue de la que los humanos llaman alivio, ahora tenía la certeza de que nadie sabría de su cambio.
Limpió el laboratorio, se cercioró de que no quedara vestigio alguno de sus visitas, y tras evaluar su cerebro las diferentes alternativas , colocó todo de tal manera que pareciese que Albert Whitaker hubiera sufrido un lamentable accidente domestico.


...CONTINUARÁ...

jueves, marzo 21, 2013

El Mundo

Se levantó, dió al botón "on" y cuando vió como estaba el mundo, apretó el botón "off" y se acostó.

Mariposas azules

Le habían hablado de la gran mariposa azul, aquella que tenia unas alas tan hermosas que nadie creia que fueran
reales.
Le habían hablado de que bastaba con salir a buscarla, y que si perseveraba en ello sería capaz de atraparla.
Le habían hablado que tenerla sería el acto mas maravilloso del mundo.
Le habían hablado, tanto le habían hablado, que al final se convenció y salió a buscar a la mariposa azul.

Llegó al bosque, preparo su cazamarisposas y camino por caminos llenos de flores, sobre las que volaban luciérnagas, abejas y libélulas.
Más no reparó en ellas esperando atrapar a la gran mariposa azul.

Llegó a un gran parterre, donde danzaban miles de mariposas, de alas verdes, de alas amarillas, grandes y
pequeñas, más no halló a la gran mariposa azul.

Y pasó el tiempo, y pasaron los años, y volvió, con las manos vacías, con el cazamariposas vacío.

Y volvió demasiado viejo para  creer en mariposas azules.

martes, marzo 12, 2013

Náufrago


Su vida podría contarse por sus fracasos, tantos, que tenía la sensación de estar subiéndose a un tio-vivo dando vueltas y vueltas para pararse exactamente en el mismo punto donde subió, esperar y volverse a subir.

Sin saber como, se encontraba en una pequeña isla, cual naufrago,  con lo suficiente para seguir viviendo, con la carencia de lo más importante para vivir.

A veces llegan hasta su pequeña isla otros náufragos, siempre de uno en uno, siempre a la espera de ser rescatados.

Él ayuda en lo que puede a crear la balsa que le sacara de allí, tarde lo que tarde, sin esperar nada a cambio. Y mientras aquella balsa se construye, sus vidas se entrelazan como los hilos de dos marionetas que se cruzan, que bailan, que se separan.

Y hay mañanas que él se levanta y en la isla ya no queda nadie, la balsa ha partido, el otro náufrago se ha marchado, deshaciendo los nudos que pudieron haber en los hilos de las marionetas.

Otras, las menos, también intentan salvarle a él, pero ya se ha acostumbrado tanto a su isla, que le da miedo volver a la civilización, al caos. Y cuando desde su playa ve como se pierden en el horizonte, una lágrima surca el desierto de su mejilla.


Hasta que un día decida lanzarse al agua y nadar, nadar, nadar hasta donde le alcancen las fuerzas.

viernes, marzo 08, 2013

Muertos (Historias de mi viejito)


Caía sobre un Madrid, un frío de los que calan los huesos, de los que aunque te pongas dos jerseys y un abrigo, aunque vayas como una cebolla envuelto en capas de ropa, no logras deshacerte de el, lo llevas pegado a la piel.

Caminaba envuelto en aquel mundo de brumas que se había convertido últimamente mi vida, en un querer queriendo poder, en un quiero creer que creo que puedo… en absolutamente nada.

La calle santa Isabel estaba vacía a aquellas horas tempranas, los pescaderos  vaciaban sus furgonetas, olor a pescado, hielo en las aceras, esquivé como pude la pila de cajas y tomé la calle Atocha. Decidí cambiar de ruta, dirigiendo mis pasos a la plaza de Santa Ana, su postal no tenía nada que ver a la que no muchas horas atrás vestía, luces de farolas, bullicio de gente en busca de este o aquel garito donde encontrar no sólo una copa más,  sino, en algunos casos, un cuerpo caliente donde refugiarse.

Bajé por Carretas, las tiendas empezaban a desperezarse de su sueño, aún quedaban carteles de las recientes rebajas, mientras yo oía a Marvin Gaye cantar “Distan Lover”.

Aterricé en una Puerta del Sol bañada por las mangueras de los barrenderos, y allí varado le volví a ver. Me acerqué a él, en silencio, despacio, como si temiera que en cualquier momento se desvaneciera. A tres pasos, se giró, sonrió y me saludo como si nunca se hubiera ido.

-         ¿damos un paseo? - me dijo.
-         ¡cómo no! – le contesté

Enfilamos en dirección a la plaza de Ópera.

-         Muertos – dijo de pronto.
-         ¿Qué?
-          Muertos, los muertos están muertos, y aunque haya algunos que sigan vivos, están muertos y así es mejor dejarlos.
-         No llego a entenderte.- le dije
-         Sentémonos aquí.

Y allí en la plaza de Ópera, empezó a contarme una de sus historias.

“Hay una historia que nunca te he contado, tendría yo unos 17 años, aún la vida me parecía como un cuento, de esos que tienen final feliz, a pesar del hambre que pasábamos y las carencias de aquella época, esos cuentos en los aún estas escribiendo “érase que se era…”
Tenía un hermano dos años mayor que yo, para él yo era su protegido, su ojo derecho, una misión autoimpuesta de guardarme de todo lo malo que me pudiera pasar.
Pasábamos casi todo el día juntos, hasta que por la noche él se despedía para quedar con sus amigos.
Un día apareció en casa con una chica, de pelo trigueño y ojos grandes, cuando me la presentó ella se acercó y sin decir nada su mano alborotó mi pelo mientras le decía a mi hermano “con que este es tu hermanito ¿eh?”, creo que fue en aquel momento cuando se giró que me enamoré de ella. Sí, era un imposible,  la chica de mi hermano, pero con 17 años, y las hormonas en revolución continua un pude evitar la avalancha de sensaciones y sentimientos que me provocaba.
Buscaba cualquier excusa para estar con ellos, buscaba cualquier momento para estar con ella,  “vamos te acompaño a comprar el pan”, “venga deja eso que pesa mucho yo te lo llevo”. No creo que nunca se dieran cuenta, ni él ni ella de lo que llegué a sentir, para lo bueno y para lo malo, por que hubo momentos en que de alguna extraña manera deseé que mi hermano desapareciera para que ella fuera solamente mía.
Y a veces, amigo, los deseos por más extraños que parezcan  se cumplen. Aquella tarde mientras el sol aún bañaba con sus últimos rayos los campos de trigo,  aparecieron.
Al principio eran sólo dos manchas en el cielo, dos sombras que fueron creciendo, quién iba a suponer que tan lejos de aquella guerra entre hermanos, que ese pueblo tan insignificante que no aparecía en los mapas, fuera a hacerse protagonista de la noche a la mañana.
Los vi llegar desde la puerta de casa, oí sus motores y de pronto como si abriesen la boca escupieron su letanía sobre nosotros.
Mi madre me empujó al sótano, la casa tembló, el tiempo se nos hizo eterno los dos allí solos, fueron unos minutos, fue mi vida entera la que en esos minutos agonizó y murió.

Cuando salimos la gente corría como loca, varias casas ardían, en el campo algunas vacas mostraban sus cuerpos despedazados, como si fueran de plastilina y una mano gigante las hubiera aplastado.
Mi padre llegó poco después, por suerte pudo esconderse en el ayuntamiento.
Sin embargo mi hermano… encontramos su cuerpo bajo un ciruelo, a los pocos metros estaba el cuerpo de ella con sus grandes ojos abiertos y su cabello triguero manchado de sangre, no murió pero para el caso fue lo mismo, nunca volvió a ser la misma y aunque yo seguía enamorado, ella se fue alejando hasta convertirse en una sombra.

Yo morí con ellos, o al menos una parte de mi se enterró bajo ese ciruelo, pero lo peor no fue aquello. Lo peor estaba aún por llegar y yo ni lo intuía. No fui a la iglesia, ni tampoco al entierro, por que yo no llegué a enterrar a aquellos muertos hasta muchos años después.

Aquellas dos muertes, una real y otra viva,  siguieron asaltándome mucho tiempo, hice cosas que aún me cuesta perdonarme, odié el mundo, bajé al infierno, jugué con sentimientos queriendo borrar los míos, y tan sólo logré estar muerto esos años. Al final, con el tiempo, empecé a salir de aquel agujero, volví al pueblo, visité la tumba de mi hermano y le pedí perdón. Fui a visitarla, ya no se acordaba de mi, había borrado de su memoria todo aquel tiempo. Yo no se lo recordé, tampoco le dije quien era, y cuando me fui del pueblo, enterré definitivamente a mis muertos y no volví nunca más.”

Querido amigo, a veces por más que nos duela hay que enterrar a los muertos, sigan o no sigan vivos, por que nos arrastran con ellos, y sin darnos cuenta dejamos de vivir, somos un muerto más que camina en vida.

Se hizo el silencio, yo no tenía nada que decir, el lo había dicho todo, sentí un ligero roce en mi mano, cuando el puso la suya sobre la mía, me miró a los ojos con una ternura tal que me estremecí.

Cerré los ojos, cuando los abrí, él ya no estaba allí.

Sentí de nuevo el frío que me calaba hasta los huesos, me levanté, sobre Madrid, un cielo gris presagiaba lluvia, y yo, yo aún tenia que enterrar a mis muertos.

lunes, febrero 25, 2013

Gris multicolor


Gris.
Un tipo gris. Era lo que solían decirme, y quizás fuera así, por mucho que me hubiera empeñado en coger botes de pintura, azul, verde, naranja, amarillo y verterlos sobre mi no conseguía que la mezcla funcionase, si acaso, una leve capa que a los dos o tres lavados volvía dejar  a la vista ese color apagado.
Gris.

Quizás, alguna vez haya habido un destello, un asomo de un blanco, una ligera tonalidad de rosa, algún pálido verde, incluso en breves momentos tan breves como el aleteo de una mariposa, haya habido un estallido multicolor, pero todo se apagó cuando ella decidió bajarse de ese tren, de un tren en el que ella ya no tenía fuerzas para seguir viajando.

Un tipo gris, si aunque sea duro reconocerlo, ese soy yo, en una vida gris, en un trabajo gris, marcando con una x el paso del tiempo en un calendario colgado de la vida, un día más, un día menos.

Sin embargo, hay algo que nadie sabe, y a veces ni yo mismo lo creo, pues parece que todo es una alucinación, un viaje de mi yo astral, quizás un estado mental bipolar.

En un lejano cumpleaños, cuando aún eres casi un adolescente, alguien me regaló una guitarra, empecé con el clásico concierto de Aranjuez a aprender a colocar los dedos, puntear, luego me hice con un pequeño libro de canciones. Pero como con casi todo, la guitarra fue a dormir al pequeño rincón del olvido. Muchos años después descubrí una aplicación para mi ipad, “coach guitar” y “guitarra HD”, pasaba horas enteras practicando, noches de insomnio casi en silencio, de ahí di el salto, en otra pirueta de la vida, a un aparatejo llamado “guitar slide”, para los que no los conocéis es como un una guitarra pero en una pequeña mesa, con las típicas cuerdas, sólo que en una mano punteo las cuerdas y en la otra tengo un cilindro metálico llamado slide. Empecé a frecuentar los sábados por la noche, locales de música sureña, country, folck americano, eran días donde dejaba colgado en el perchero mi traje gris, mi piel gris, mi espíritu gris. Aunque supiera que me estaban esperando para vestirme un lunes sí y otro también,  podía ver una pequeña mota de color.

Al poco conocí un grupo, y una tarde de sábado toqué con ellos en un pequeño garaje a las afueras de Madrid, fue como si hubiera cogido una brocha, abierto todos los cubos de pintura del mundo y sobre un lienzo hubiera dado no uno sino mil brochazos.

Ahora toco con ellos, dos sábados al mes, en pequeños locales, me siento y acaricio las cuerdas, con mi cerveza al lado, empieza a sonar la música.
Cierro los ojos sonrío, acaricio las cuerdas,  rasgo sonidos en el aire, miro al resto del grupo y vuelvo a cerrar los ojos, siento como una fuerza blanca un destello cargado de energía atraviesa cada poro de mi piel, y me siento vivo.

Dejé el trabajo, “estas loco, en tiempo de crisis, con millones de parados, mas vale lo que tienes,  esto es lo que hay…” todas aquellas palabras, eran palabras grises, de gente gris.

Tiré el perchero, con su traje gris, y  mudé la piel mortecina,  ahora doy clases de guitarra, quizás nunca pueda comprarme un coche, o ir de viaje a África central o la India, quizás nunca haga lo que mucha gente hace, pero hoy mis paredes son de color, mi ropa es de color, y cuando los sábados por la noche me siento  en mi taburete acaricio las cuerdas, miro al público y veo los ojos de aquella chica que volvió a subirse al tren, mientras toco “Blues morning in Oregon”, todo, todo es multicolor.  

viernes, febrero 15, 2013

San Valentín


Hace 20 años, un 14 de febrero, el padre de mi hijo me dio una paliza que me dejó inconsciente en el suelo, tirada con una costilla rota.

Ahí fui yo la que dijo  ¡basta! que me separaba...

El día de los enamorados.

Veinte años después, es otro 14 de febrero, nada tengo que regalar hoy, nadie tiene nada que regalarme.

Veinte años después, aún a veces me duele el costado, no por aquella costilla partida, no por el dolor físico que me provocó, me duele el silencio, el sordo ruido de los golpes, las noches solitarias en el salón, ahogando con lágrimas, todas las ilusiones, todos los sueños de aquella juventud que murió entre las frías baldosas de una cocina.

Dicen que: “aceptamos el amor que creemos merecer”.

Yo acepté el amor cuando las heridas cerraron, cuando enterré en el foso de mis sentimientos y de mi corazón, a aquella persona que amé, y que es el padre de mi hijo.
Un hijo al que nunca dije nada, un hijo que me mira y sabe que algo escondo tras mi mirada, pero yo callo y en silencio cuando me habla de su padre sonrío y frenó esas lágrimas que amenazan con saltar al vacío de mi mejilla.

Dicen que: “aceptamos el amor que creemos merecer”.

Y por Dios, que lo intenté, más en aquel día  de San Valentín, se quedó parte mi, y sólo encontré amores  que esperaban fueran efímeros, lo suficiente para hacerme olvidar. Por que creía creer que podría querer queriendo, y sólo logré sentirme más y más sola.

Hoy llaman a la puerta, es el dueño de la floristería de abajo, ese que todos los días me regala una sonrisa y un buenos días, trae un gran ramo de rosas, blancas y rojas, naturalmente no es para mi.

Él se ha quedado mirándome como si leyera en mis ojos un poema inacabado.

Cae la tarde, ya hace 20 años, he sobrevivido a otro día de San Valentín, no todas pueden decir lo mismo.

Vuelven a llamar a la puerta, es él, el hombre de la floristería, no trae una gran ramo de rosas, rojas y blancas, blancas y rojas, sólo trae una, una rosa y una sonrisa.

-         Por que alguien como tú no merece pasar un San Valentín sin una rosa.

Hoy ya no hace 20 años hoy es mi primer San Valentín.