viernes, octubre 02, 2026

Antes de decir... te quiero ( Capt. 5)


 

CAPÍTULO 5

Bajo andando a casa. En los cascos suena A Thousand Years.

No sé por qué esta canción siempre consigue hacerme sentir un poco más frágil.

Quizá sea eso. La fragilidad.

La incertidumbre de no saber si alguna vez aciertas. De intentarlo una y otra vez.

Me pasó con las ilustraciones. Hice una exposición, casi no vino nadie.
No vendí nada.

Después hice unos diseños para camisetas, no vendí ni una.

También fracasé en el negocio familiar.

Quizá porque nunca creí demasiado en mí.
Quizá porque tampoco nadie parecía hacerlo.

Y entonces recuerdo otro piso.

Uno mucho más pequeño. semioscuro.

La radio suena de fondo. Mi madre está planchando.

Tengo dos hermanas.
Una ya se ha marchado de casa.

En mi mochila llevo las notas del instituto. Las he mirado varias veces y estoy deseando enseñarlas.

Son casi las nueve de la noche cuando llega mí padre. Está cansado.
Como casi siempre.

Mi padre y mi madre se miran. No dicen nada. Solo se miran.

A veces pienso que en aquellas miradas todavía quedaba algo de lo que habían sido.
Quizá amor. Quizá solo costumbre.

Se pone el pijama.

— ¿Hay algo para cenar?

Mi madre casi no contesta. Le pone el plato sobre la mesa.

Ella ya ha cenado.
Mi padre empieza a comer.

La televisión está encendida. Nadie habla. Solo se escucha el sonido de la televisión y los cubiertos contra el plato.

Espero.

Tengo las notas en la mochila.
Quiero enseñárselas.

Cuando termina de cenar, cojo aire.

— Tengo que enseñaros una cosa.

Saco el boletín. Se lo doy a mí padre.

Lo mira.

Después me mira a mí.

—Muy bien.

Y se lo pasa a mí madre.

Ella lo mira.

— Están bien, pero seguro que podrían ser mejores.

Hace una pausa. Y me mira fijamente.

— Ayer hablé con mi hermana y tu primo va a empezar Ingeniería. Ha sacado casi todo sobresalientes. Ya podrías aprender un poco de él.

No digo nada. Recojo el boletín y lo guardo otra vez en la mochila.

Mi padre apura su gintonic de todas las noches.

Mi madre mira la televisión como si estuviera mirando una pared en blanco.

— Me voy a la cama.

— Vale. Descansa. — Les oigo decir

Cierro la puerta de mí habitación, mi hermana pequeña ya está dormida.

Y siento que algo dentro de mí se agrieta un poco más.

*******

No sé por qué recuerdo esto ahora.

Quizá porque durante mucho tiempo he pensado que mi problema era no saber acertar.

Sigo caminando. Ya estoy llegando a casa. El ruido de la calle hace tiempo que se amortiguó en mis oídos,

Abro la puerta. La bola de pelo naranja asoma por el pasillo.

Me mira. Maúlla.

Después se da la vuelta y empieza a caminar hacia la cocina.

— ¿Qué pasa, Odin?

Me sigue esperando.

— Venga.

Abro la nevera.

— ¿Qué tal si te doy uno de los tuyos?

Odin se sienta delante de su recipiente. Empieza a ronronear.

Cojo un snack y se lo pongo.

Sus ojos parecen decirme gracias. Incluso podría jurar que me ha sonreído.

Empieza a comer y lo miro unos segundos.

Con él todo parece más sencillo. Le das algo, y está contento.

No te pregunta si podrías haberlo hecho mejor. No te compara con nadie. No espera nada más.

No enciendo la luz. Me desnudo a oscuras.

Cojo el móvil y abro nuestro chat, tecleo:

“Espero que lo hayas pasado bien con tu amiga. Felices sueños. Un beso.”

Lo miro y no añado nada más.

Simplemente lo envío.

Dejo el móvil sobre la mesa y me dejo caer en el sofá.

Enciendo la televisión, hasta que me quedo dormido.

No hay comentarios: