viernes, marzo 02, 2012

Te dije



Tu pelo largo, sedoso y rizado. Esos ojos dicharacheros llenos de vida, y tu boca, insinuante, pecaminosa.
A pesar de todo, a pesar de mi, me habías cautivado.

Te dije que no quería que te enamoraras de mi, te dije que apenas me conocías, te dije que había cosas de mi que era mejor que no conocieras.
Pero..
Me dijiste que te hacía sentir cosas que tenías olvidadas, me dijiste que habría tiempo para conocernos, me dijiste que mi pasado era pasado
que no te importaba lo que hubiera hecho.

Y no me hiciste caso.

Te dije que me olvidaras, que estarías mejor sin mi, te dije que continuaras con tu vida, que no podrías vivir en la mía.
Pero...
Me dijiste que ya era posible pensar en vivir sin mi, que mi vida sería la tuya, y que estarías dispuesta a todo para no dejarme ir.

Ahora me llevas de tu mano a tu casa, yo he intentado resistirme, pero el fuego de mi interior no me deja, me besas mientras me desnudas
intento contenerme mientras te desnudo, y cuando inclinas tu cabeza ofreciendote....

Te dije que no podías confiar en mi, te dije que guardaba un secreto.
Pero...
no me creiste, hasta que ahora muerdo tu cuello y siento correr tu sangre caliente entre mis colmillos.

No te dije que un día podrías ser como yo... para toda la eternidad.

lunes, febrero 27, 2012

Cajas de cartón




Voy apilando las cajas de cartón como si fueran un rompeolas...

No hace mucho donde ahora coloco estas cajas, cruzaba las puertas y me sonreían tratándome de usted.
Pero todo vino rodado, primero fueron los recortes en la empresa, luego en casa la tensión en aumento, la humillación
de ir dejando todo atrás, de ir vendiendo y pidiendo, hasta que nos pudo y tuvo el valor para marcharse.

Todo fue convirtiéndose en un desfile, un camino sin regreso, familia, amigos y conocidos.
Y de la noche a la mañana ya no sabes quien eres, cual es tu vida.

Ahora en este hueco de la sucursal del banco en la que antes me abrían la puerta y que con mi dinero se repartían bonos y beneficios,
apilo las cajas de cartón, una bolsa con pan y un brick de leche que me han dado por compasión.
despliego la manta y suspiro...

Sobre el cielo suspendidas las estrellas... me miran, sólo ellas.

martes, febrero 21, 2012

Dos minutos veinte segundos


Sólo dos minutos veinte segundos.

¿Mucho o poco? quien puderia saberlo.

Dos minutos veinte segundos que separan de la gloria o del infierno.
Sólo un problema, como rellenar esos dos minutos veinte segundos, si con la primera frase da pie a que haya una segunda y ya sólo me queden
dos minutos para no dejarte ir, no dejarte ir .. una vez más.

Tengo que encontrar las palabras adecuadas, para que solo me mires y no digas nada, solo me escuches y no me contestes.
Cuales pueden ser aquellas palabras que te hagan sonreir, que hagan que me mires y no me ignores, que se posen en tus labios y te besen.

Si lo consigo sólo me quedaran  menos de  dos minutos, para seguir a ti lado, esperando que ... esperando que sigas escuchando...

Sólo encontrar en mis palabras la llave que provoque que te quedes, ya solo me queda un minuto para poder ver que mi voz llega a tu puerto
Sólo susurrar sin que te rías de mi, en los 20 segundos que me quedan, las palabras que abran tu mano.

Dos minutos  veinte segundos, ya sólo me quedan 10 segundos, para que deje mi esperanza entre tus dedos. 
Cinco segundos y me quedaré mirándote como te vas, sonriendo...

dos minutos veinte segundos y ahora toda una vida, una vida entera esperándote

lunes, febrero 13, 2012

Nunca más

Estaba sentada en el café, no me había quitado las gafas de sol aunque dentro la luz no me molestaba. 
Simplemente era una manía de hacía tiempo, la forma que tenía de evitar miradas y preguntas.

Cogi la cucharilla, di varias vueltas al café, un cortado con unas gotitas de leche desnatada, y me lo lleve a los labios.
Fue entonces cuando le vi.

Hice fuerzas para que la taza no se me escapara de las manos, recordé el sonido sordo de los golpes,  y como el dolor llegaba en oleadas.
Volví a oir los sollozos, las súplicas, los perdones, los no lo volveré a hacer... hasta la siguiente vez.  

Cuando se giró para pedir al camarero, puede ver que estaba con otra chica. Llevaba unas gafas de sol, como yo solía llevar, temblaba como yo solía temblar, y él le apretaba la mano, como solía hacerme a mi.

Todo ocurrió muy rápido, me puse en pie, me acerqué a la mesa y cuando él levantó la mirada...

No le dió tiempo a decir nada, mi mano se estrelló contra su cara, mientras con la otra agarraba a la chica y la sacaba de allí.

Unas pocas palabras bastaron.
Nunca más volví a aquel café.
Ella nunca más volvió con él.

viernes, enero 20, 2012

La sanadora de pájaros

La sanadora de pájaros



Estaba siendo un invierno muy duro, según los mas viejos del lugar no se recordaba que hiciera tanto frío y lloviera tan crudamente en los últimos treinta años.
La calle con sus adoquines antiguos parecía un espejo tras la intensa lluvia de la noche.
Sobre aquellos adoquines unos botines saltan, izquierda ,derecha, otra vez derecha y ahora izquierda, esquivando los charcos.
En una esquina un pequeño gorrión pía mientras unas manos lo cogen suavemente sus ojos lo miran con dulzura, no muy lejos alguien observa la escena.

La chica saca las llaves de su bolsillo y llega a su casa, en una caja pone algodón y deposita con mucho cuidado al gorrión, saluda a su cotorra mientras coge algo de alpiste.
No es la primera vez que lo hace, desde que encontró aquella cotorra casi muerta en el parque, adopta a todos los pajarillos que encuentra,
alguna vez ha sido una paloma, otras gorriones, incluso hubo una vez que encontró una cría de gavilán que terminó en manos de la sociedad
protectora de animales.

Su sentimiento era nuevo, quizás desde aquella vez que se sintió un pajarillo en manos de aquel chico, al principio la mimó, y ella sintió que  lo que le estaba entregando era amor. Sin embargo con el paso del tiempo comprendió que estaba encerrada en una jaula, una jaula de oro, si pero al fin y al cabo una jaula.

Cuando, por fin, decidió salir de ella, sus alas se quebraron y de alguna manera se olvidó de volar.
Fue cuando encontró a su cotorra, como ella malherida, temblando de frío, y así empezó a cuidar de los pájaros.

Así es como la empezaron a conocer, así es como la llamaban, la sanadora de pájaros.

Una vez curados, cogía su coche y los soltaba lejos de la ciudad, al verlos volar, lloraba, alguna vez le dijeron que no lloraba por los pájaros, sino por que la tristeza que sentía al no poder extender sus alas de nuevo y volar. Ella sabía que era verdad, pero nunca lo reconoció.

Semanas después volvía a su casa con una paloma, esta había chocado contra un coche y tenia una pata rota. Desde el soportal alguien mira, y tras su mirada hay sentimiento y temor.

Quiere acercarse, ver los ojos de la sanadora de pájaros, oír su voz, pero no reúne el valor suficiente para hacerlo, pero tiene una idea.

A la mañana siguiente cuando la chica llega a su portal se encuentra una paloma atada a la puerta, mira a los lados, la toma en sus manos extrañada, y se la lleva a casa.
Cuando la deja en la jaula ve que tiene en su pata una anilla con un papel.
- Vaya una paloma mensajera - se dice.

Abre el papel.
Lee.

Escribe, enrolla el papel, lo mete en la anilla de la paloma, va a la terraza y la suelta.
Es así como aquella mirada se siente mas cerca, es así como ella siente que empieza a volar.

Un día ella regresa pronto con la intención de cazar a quien deja a la paloma en la puerta.
Y allí está él con la paloma en sus manos, asustado al verla llegar, la paloma vuela.

Vuela alto, ya no regresará más.

Pero no hace falta, por que desde aquel momento son ellos los que emprenden un nuevo vuelo...

¿a dónde? ¿quien sabe, quien lo puede saber?

lunes, diciembre 19, 2011

Feliz Navidad

Se metió en su cama solo, una noche más dejó el móvil al lado aún a sabiendas que nadie llamaría, intentó alejar los problemas que le agobiaban, trabajo, relaciones, familia, y cuando el agotamiento le abatió, se quedó dormido.

Una luz blanca, inmensa llenaba la habitación cuando abrió los ojos, su móvil no dejaba de zumbar, 4 llamadas perdidas y 8 mensajes, buscó en su interior y encontró una paz como nunca antes había sentido, una gran sonrisa se dibujó en su cara, cuando miró el calendario había una fecha marcada en rojo era el dÍa de NAVIDAD.

feliz navidad y el deseo que el 2012 sea mucho mejor que este maldito año de crisis se va.


viernes, noviembre 18, 2011

Corazón de cristal




Aquella chica era única.
Aunque nadie lo supiera, aunque si la vieras pasar pensases que no tenía nada de especial.
Y sin embargo era única, por que único era su corazón.
Tenía el corazón de cristal.
Cuando sus padres se enteraron de tal suceso, temieron que aquel corazón fuera tan frágil
que se rompiera, y entre comida y comida le daban cristal.
El corazón se fortaleció tanto que ni una punta de diamante sería capaz de arañarlo.
Sólo pequeñas muescas aparecieron en el cuando la vida le golpeó  como sólo la vida sabe hacerlo.

Un día alguien robó aquel corazón, y ella se dejó.
Se dejó cuando noto el calor de sus caricias en el frío cristal, cuando vio el reflejo en el  de su mirada,
cuando sintió por primera vez como aquel corazón se empañaba de felicidad.

Pero no se dio cuenta de que poco a poco fue resbalando, hasta que se deslizó en el vacío y se estrelló contra el.
El corazón se hizo mil añicos.
Y sólo estaba ella para recoger sus pedazos.

Aquel corazón ya no volvió a ser el mismo, ella  lo pegó como pudo, quedaron huecos allí donde no encontró los trozos,
las aristas que antes era suaves ahora cortaban,  y el reflejo se convirtió en  una amalgama de imágenes inconexas.

Escondió su corazón de las miradas ajenas, y se dedicó a ver la vida pasar.

Una tarde mientras tomaba un té, un chico se sentó a su lado, sacó una pequeña agenda un lápiz y se puso a escribir.
Ella lo veía con curiosidad, cuando sus miradas se encontraron sintió que un dedo rozaba el borde de su corazón de cristal
produciendo un música silenciosa. Pensó que era sólo una ilusión, aunque estaba segura que aquella cara la había visto antes.

Días después volvió a encontrárselo en el bar. Él le sonrió cuando ella se sentó a su lado, ella volvió sentir una caricia en el borde 
de su corazón, un roce que producía música.
Así fue como dejó que aquel chico acariciara los bordes de su corazón produciendo una música que nunca antes había escuchado.

Nunca supo que aquel chico era el mismo que había visto un día en los soportales de una plaza, sentado, acariciando los bordes
de unos vasos de cristal de los cuales se desprendía una bella melodía.