lunes, octubre 24, 2005

Permanecia sentado en su porche...

Permanecía sentado en su porche, observaba. La gente cuando pasaba a su lado se le quedaba mirando preguntándose que es lo que estaría alli haciendo todo el día, sentado, impasible, con la mirada perdida en el azul del cielo.
Sólo se levantaba para comer un momento, incluso a veces sacaba la comida y volvía a sentarse, parecía que llevase toda la vida allí, pero no era así.

Hacía unos meses que había llegado al pueblo, demacrado y con aspecto de cansado, como si hubiese recorrido miles de millas hasta encontrar aquel pueblo perdido en un bello paraje.
No dijo nada, apareció sin mas, cruzó el pueblo y se instaló.
A los pocos días, empezó a bajar al pueblo y la incertidumbre que habia causado entre los habitantes fue cambiando en amistad y confianza, a pesar de que mantenia su distancia, ese aspecto extraño y enigmatico le hacia para la gente aún mas atrayente. Y empezaron a correr los rumores, algunos decian que venia mas alla del mar, de tierras lejanas donde habia hechó una gran fortuna y ahora sólo quería disfrutar del dinero conseguido, los mas atrevidos comentaban que había sido soldado y luchado en mil batallas y ahora se habia refugiado en el pueblo esperando algun correo secreto para empezar otra misión. Y por ultimo los viejos del pueblo decían que era una persona que habia llegado alli recorriendo su camino, y ese camino le habia llevado hasta ese lugar sin mas, sin un por que ni un motivo especial.

El era ajeno a todos los cometarios, ni los aprovechaba ni los alimentaba, sólo intentaba seguir tranquilo, seguir su existencia que en esos momentos estaba alli, algo dentro de él le decia que debia estar alli y alli se quedó.
Solia despertarse temprano y tomando unas cuantas hojas de papel se acercaba hasta la playa y alli pasaba gran parte de la mañana escribiendo notas y notas sobre hojas y hojas, no hablaba mucho, a pesar de que de vez en cuando por el camino se le cruzaba alguna persona solo un hola o un como esta, salia de su boca. Y aún así despertaba entre todos un halo de misterio de cariño de comprensión, y fue entrando en sus vidas, y fue parte de sus vidas, de una callada manera como si no existiera, como si siempre hubiera estado alli con ellos.

Los días pasaron, y él seguía con su rutina, por la mañanas se le podía ver escribiendo en la playa y de vez en cuando perdiéndose dentro de el mar, alguna vez habia causado miedo en los niños por que desaparecía en las profundidades y hasta bien entrada la tarde no volvia a salir del mar, nunca dijo nada, nunca nadie preguntó nada, llegaron a acostumbrarse a verle desaparecer entre las olas y con la caida del sol volver a aparecer entre ellas. Y el resto del dia alli sentado en su porche mirando el azul del cielo sin decir nada sin hacer nada solo permanecer, solo estar mirando, menos cuando alguien le llamaba del pueblo y bajaba y compartia con ellos su existencia.
Una noche de verano, cuando el cielo estrellado quema y crepita alla arriba, algo empezó, al principio un ligero brillo, luego un fulgor, después un estallido y por ultimo un impacto.
Reposadamente se levantó y con un paso firme se dirigió al lugar de la caida, nunca se preguntó por que lo hizo o por que ni siquiera sintió miedo, sólo sabia que tenia que ir que tenia que acercarse y ver y tomar y aprender, y fue y vió y tomó, tomó un pequello trozo de estrella que aun brillaba, el resto estaba esparcido por el campo inerte sin vida, sin brillo, pero aquel pequeño trocito brillaba y daba la sensación de que ese brillo era un palpitar y lo llevó a su casa guardado en el bolsillo cerca de su pecho. Y lo sentia y lo vivia.

Dede aquel día ya no estaba en su porche sentado mirando a la nada, bajaba al pueblo y enseñaba su trozo de estrella, quería compartirlo con todo el mundo quería que fuese de todos pero a la vez tenerla el sólo. Y lo llevaba a la playa y se perdía con ella en las profundiades, donde nadie nunca preguntó donde nunca el dijo donde iba....
Y la estrella se fue apagando, y a cada perdida de brillo él perdía una sonrisa, y fue entonces cuando se dio cuenta que aquel pedacito de estrella no pertenecía a nadie, no podía ser de nadie y una noche se alejó de su casa hasta el mismo lugar donde un dia impacto aquella piedra, donde un día la vió, la tomó y aprendió.

Tomó todas sus fuerzas de su interior, dio un paso atrás y lanzó el pedazo de estrella lo más alto que pudo, y este como impulsado por una fuerza interior se fue alejando, alejando hasta hacerse invisible. Y él se quedó mirando, mientras por sus mejillas caian unas lagrimas formadas por recuerdos, llenas de ilusiones, y dio media vuelta para volver a su casa cuando un gran resplandor iluminó la oscuridad de la noche, y él volviéndose vió en el cielo una nueva estrella que brillaba apagando a las otras, palpitaba... y él lo sentía.

Dicen que a la mañana siguiente lo encontraron sentado en su hamaca alli en el porche, muerto, con una sonrisa en su cara y con las ropas empapadas de agua de mar.... mirando al cielo, mirando a las estrellas.

Cuando cogieron sus escritos, solo había una hoja con unas cuantas lineas en las que decia que si algun dia moria queria que lo devolvieran a la mar, de noche con la cara hacia las estrellas, el resto de las infinitas hojas no pidan leerse estaban esritas con agua, con agua salada, con agua de mar.

Y esa noche brillo el cielo mas que nunca, la luna no quiso salir, el mar estaba tranquilo como esperándole.. una vez mas... y la gente nunca supo como llegó al pueblo ni nunca preguntaron donde iba cuando desaparecia en la mar, solo le recordarian como el hombre del mar y de la estrella.


Y cuentan los viejos del lugar que en las noches sin luna, una estrella brilla tanto como si fuera la misma luna y entonces el mar refleja su brillo y desde el horizonte desde las profundidades aparece unos rayitos que danzan con la luz de la estrella sobre las olas hasta el amanecer... y todos en su interior saben que es el baile de aquel hombre y su estrella.

3 comentarios:

inma dijo...

Me ha recordado un cuento que adoraba de pequeña..se llama "El rayo verde" , es de Verne, y ese rayo otorgaba a quien lo veía en el horizonte la capacidad de enamorarse de la persona adecuada, de no errar en el intento.
Quizá en este caso la fusión del hombre y la estrella sea un romance en sí..Quien pudiera verlos..

coral dijo...

No bajes la mirada... y habrá siempre una estrella... un muakss

Bohemia dijo...

Preciosa danza de palabras, preciosa historia...olé!