lunes, noviembre 14, 2005

Un cuento...

Basado en un cuento de Papini.


Hubo una vez un hombre que cansado de oir la palabra felicidad se decidió a buscarla. Salió una mañana de su casa y empezó su camino....
Cruzó pueblos.
Cruzó ciudades.
Subió montañas.
Bajó los valles.
Pero no encontró la felicidad.
Navegó por mares.
Atravesó ríos.
Se perdió en grandes lagos.
Pero no encontró la felicidad.
Surcó los aires
Y seguía sin encontrar la felicidad.
Al final en un pueblo lejano, se cruzó con un anciano, cansado, se sentó a su lado y le contó el motivo de su viaje por si había oído donde estaba la felicidad y por que había abandonado su hogar.
El anciano rió y rió....
Te voy a contar una historia, le dijo
- en casa de un hombre, había un hermoso reloj, pero con el paso del tiempo se había estropeado y sus agujas marcaban las 7 en punto. Cuando le preguntaban por que mantenía un reloj estropeado colgado de la pared, él les contestaba : “Es cierto, este reloj parece inservible, allí en la pared estropeado, pero hay dos momentos en el día, cuando todos los relojes de la ciudad dan las 7 de la mañana o de la tarde, el reloj recobra la vida, si lo vierais en ese mismo instante no pensaríais que está estropeado, sino que funciona perfectamente, en armonía con el resto del mundo, y un instante después es el mismo reloj inservible.
Así soy yo, como ese reloj, estancado, quizás inservible con mi vida monótona, pero hay momentos, que siento la conjunción, siento esa armonía, y entonces soy capaz de hacer todo, de crear, de volar, de cantar de soñar, de sentir más cosas que en el resto de todo el tiempo.
La primera vez que me sentí así, intenté atraparlo, como quien intenta atrapar burbujas de espuma, creyendo que podría durar para siempre, pero es como mi amigo el reloj, ese instante pasa y vuelvo a mi vida, con mis historias, mis rutinas... mi vida. Pero sé que la vida es otra cosa, es la suma de aquellos instantes, que aunque fugaces, somos realmente nosotros mismos, un “yo” con el universo, somos esa burbuja de espuma anidando en nosotros.
La felicidad como un tiempo intemporal no existe, sólo esos instantes de plenitud total.”

El hombre le dio las gracias al anciano y regresó a su hogar, la búsqueda había terminado.

Nota:” La vida es breve y única, aunque todos creamos que somos inmortales, es tan breve como la caída de una hoja en el otoño, leve, suave y rápida”

5 comentarios:

May dijo...

Nos hemos puesto a pensar alguna vez...¿Cuanto ponemos de nuestra parte para ser felices?y..¿Cuantas veces nos conformamos con lo que tenemos sin arriesgar nada? pues si la respuesta es ninguna y la conformidad es positiva, dudo mucho que se encuentre la felicidad, quizá solo se asome un par de horas como en el reloj de nuestro protagonista; pero verdaderamente es una pena y más cuando es sabido por todos y como dice el cuento que, la vida es leve, suave y rápida.
Yo por el momento puedo decir que soy feliz mas de dos horas aunque no las 24 que me gustaria y eso que pongo mucho de mi parte y arriesgo bastante aun a sabiendas que algunas veces se que voy a perder.

May dijo...

Ah se me olvidaba un detalle.

Los papini de queso me vuelven loca!! o son paninis? ajajajaja.

inma dijo...

Que lindo cuento..no lo conocía.Y estoy de acuerdo..la felicidad no es un estado prolongado, sino el cúmulo de pequeños detalles que nos subliman.Por eso hay que vivirlos con intensidad cuando aparecen, e intentar que a lo largo del tiempo surjan con frecuencia...
Está bien dos al día...
Besitos

Bohemia dijo...

Justamente hoy escuché en la radio que la felicidad está en el proceso, en la busqueda de ese algo que para nosotros es la FELICIDAD...

Besos bohemios...

Perplejo dijo...

Me recordaste arbitrariamente un poema de Gonzalo Rojas donde habla de "lo velocísimo de su circunstancia" cuando describe la existencia de las moscas y por qué prefiere a estas en vez de la Biblia de Jerusalem. Búscalo en la red; se llama Daimon del Domingo.