viernes, noviembre 14, 2014

Quizás

Hacía ya varios meses desde que el sonido de la puerta de su casa al cerrarse habia llenado todo de un vacío que él nunca pudo llegar a imaginar.

El silencio se acomodó en su sillón, cubrió como si fuera un mantel blanco , el mismo que utilizaba para aquella cena con velas, la mesa de madera, y por último se hizo un hueco en su cama.
Intentó resistir, adaptarse a la idea de que ella ya no estaba, que se había ido, que la había perdido, sin embargo cada dia que pasaba sus fuerzas flaqueaban, empezaba a ser consciente de la realidad, de que había jugado con fuego y se había quemado, de que de alguna extraña manera él había sido el artifice de su marcha.

Aquel día de noviembre amaneció  lluvioso, las gotas se estrellaban en el cristal de su dormitorio con un repiqueteo constante que  solo conseguian aumentar el sentimiento de nostalgia que le ahogaba.
Cogió su móvil, y navegó entre los números de sus contáctos grabados en la tarjeta SD, no estaba, recordó entonces que una tarde en un ataque de furia borró las fotos y los teléfonos que le uníana ella, como si aquello fuera romper el amarre que une el barco al puerto y pudiera otra vez echarse a la mar.

Abrió el whatsapp, y deslizó la yema de sus dedos por las teclas... " quizás te lo hubiera tenido que decir antes, quizás te lo tendría que haber escrito antes, quizás te lo tendría que haber hecho sentir antes, no soy nada sin ti... vuelve"  intentó recordar su número de móvil, era cinco u ocho se decía, ocho era un ocho, tembló un poco antes de dar a enviar, la pantalla brillo y apareció la marca de mensaje enviado.

Esperó, un día, "es demasiado pronto", dos días "quizás esté pensando que decirme", tres días "ya deberia haber escrito", una semana "no va a hacerlo", un mes "¿cómo es posible que me ignore, después de todo lo que hemos vivido..?", tres meses "un amargo recuerdo que aún duele".

Había pasado un año desde que escribió el mensaje, la vida continuaba y auqnue a veces aquello dolía como una dentellada en el alma, había aprendido a convivir con ello.
Era otra tarde gris de noviembre cuando volvió al bar de siempre, ya los recuerdos se habian vuelto más difusos, dicen que el paso del tiempo va creando un velo en la memoria por el cual las imágenes van perdiendo nitidez y se vuelven más y más borrosas aunque nunca lleguen a desaparecer. Se sentó en una mesa apartada, pidió un café con leche, sacó su pequeña libreta un lápiz y se quedó mirando fijamente aquella página en blanco que hacia tiempo le retaba y siempre ganaba.
No se percató que la puerta del bar se abrió, ni que, no muy lejos pero tampoco muy cerca una pareja se sentaba, una cerveza y una coca light, una concersación y unas risas.

Él seguía mirando la página en blanco, el lápiz trazaba círculos en sus dedos, pero sin atreverse a cruzar el espacio que le separaba de aquella libreta, se deslizo entre el índice y su pulgar dió un ligero brinco y como un polluelo que salta del nido, se lanzó a volar, giró y cayó al suelo.

Fué entonces cuando al levantarse se percató de su presencia,  era ella, parecía más cansada, sus ojos no brillaban tanto, pero su sonrisa... aquella sonrisa.  Intentó pasar desapercibido pero ya era tarde, sus miradas se cruzaron, un instante fugaz pero suficiente para delatar que ella estaba allí y que él estaba mirándola.

Fue ella la que se levantó y se acercó a su mesa, él cerró torpemente la libreta, apreto el lápiz en su mano, y sintió como su boca se secaba.

- Hola... ¿no pensabas saludarme?
- Yo... bueno... no queria interrumpirte.. esta con tu chico.. y yo...
- No es mi chico, es un compañero de trabajo,  ¿puedo sentarme o te molesto?
- Para nada.. por favor sientate - dijo él levantándose y apartando la silla para que ella pudiera acomdarse.
- Me quedo aqui un rato, luego te veo en la oficina - dijo ella a su compañero mientras este pagaba la cuenta y salía del bar.- Bueno y qué es de tu vida.
- Ahi voy, ya sabes, un poco de allí un poco de alla...
- jajaja sigues siento tan explícito como siempre.
- ¿Y tú?
- No me puedo quejar, cabié dos veces de trabajo y ahora estoy muy agusto, tengo buenos compañeros y trabajo en lo que siempre estuve buscando.
- ¡ Cuánto me alegro!

La conversación fluyó por temas intranscendentes, como si ninguno de ellos quisiera ahondar más alla de la superficie por temor a ahogarse.

- He de irme - le dijo ella - aún me quedan cosas por terminar en la oficina.
- Siempre tan liada como ....
- ¿cómo...?
- Como antes, como cuando... estábamos juntos.
- Si, y si te digo la verdad aún más liada, pero bueno ya me conoces...
- Pensaba que te conocía.. me ha alegrado mucho volver a verte.
- A mi también- dijo ella levántadose, echado la silla hacia atrás.

Él temblaba, le costó ponerse en pie para despedirse, las palabras escalaban sus labios intentando llegar a la cima y desprenderse.

- ¿Lo recibiste? - le prenguntó.
- Si recibí... ¿ el qué?
- Mi mensaje hará un año más o menos.
- No he tenido noticias tuyas desde.. bueno ya sabes...
- ¿De verdad no te llego nada? te lo mandé a tu móvil 825 38 45  72
- Aysss pero qué cabeza tienes, ni siquera recuerdas mi número  no es 38 es 35

"¡¡ Dios!! no era un ocho era un cinco " pensó él.

- ¿Algo importante?
- Bueno quizás en aquel momento.. ahora  ya no creo.
- Ya... tengo que irme ¿vale?. Ya nos veremos.

Volvió a cerrar la puerta del bar, él cogió el móvil, buscó aquel mensaje, esta vez puso un cinco un vez de un ocho y dió a reenviar.

Salió un check gris, luego otro y acto seguido uno doble azul. Lo había leido.
Cerró la mano tapando el móvil, y segundos después este vibró. 

Era su respuesta:

"Quizas si, quizás tendrías que haberlo hecho... quizás... si ... quizás aún estemos a tiempo de borrar los quizás"

1 comentario:

Mónica Segovia dijo...

Dicen que nunca es tarde para volver atrás, pero el pasado, pasado está y las cosas y los sentimientos hay que decirlas y demostrarlos cuando estás con esa persona, porque "quizás"luego sea tarde.