sábado, abril 19, 2014

Una historia

Estaba sentado frente a él.
Él mira por la ventana, su mirada perdida en algún punto que yo no soy capaz de reconocer.

Recordé aquel lejano día, cuando aún la vida estaba creciendo y yo tenía el hambre suficiente para devorar el mundo y aún quedarme con hambre.

Llegué del instituto con el miedo metido en la mochila abrazando el cuaderno de notas.  Intenté pasar la tarde sin pensar en ello, en el momento en el que él llegara y tuviera que hacer frente a la entrega de aquel cuaderno de notas.

Mi mano temblaba cuando se deslizo sobre la mesa como lo haría un esquiador sobre una fina capa de hielo a punto de romperse, él me miró a los ojos, como si supiera lo que se encerraba en aquel cuadernito, y sin ni siquiera abrirlo lo desplazó a la esquina de la mesa, acercó su mano a la mia y la acarició suavemente, mientras de su boca empezaron a flotar las palabras.

- Imagino como son tus notas, pero ahora eso no tiene importancia, ya tienes la edad suficiente para saber lo que es importarte para ti y lo que no. Cómo es la vida, y lo dura que se está poniendo para saber que lo que ahora hagas va a repercurtir en el resto de tus días, pero además de eso, hay algo que nadie sabe porqué no se enseña en la escuela, quizás por que es la vida la que te va enseñando día a día, aunque el aprendizaje es duro, muy duro ya que nadie nos prepara para ello, no hay libros, ni fórmulas, que nos ayuden a resolverlo.  Tienes que aprender que tus instintos son parte de ti, óyelos porque muchas veces son ellos los que nos llevan por el camino que hay que recorrer. No te dejes llevar por las opiniones de los demás, ni por lo que ellos piensen de ti, sólo tú te conoces, sólo tú sabes como eres, cuales son tus debilidades y cuales son puntos fuertes. Ante todo cree en ti, nunca dejes de creer en que eres capaz de todo lo que te propongas, por mucho que los que te rodeen te digan que no seras capaz, que no lo lograras, lucha por ello, aunque caigas vuelve a levantarte, porque por cada caida habrá una enseñanza que te hará más fuerte. Quierete como nadie te querrá nunca, porque de ese amor por ti mismo nacerá el amor por los demás, ama cada instante como si fuera el último instante de tu vida. Nunca te creas mejor que nadie, pero tampoco te creas menos que nadie, no valores a las personas por lo que tienen sino por lo que son. Besa con la pasión del primer beso, y hazlo con la sinceridad de tu corazón.  Y aunque esto lo lleves a la práctica todos los días, no puedo prometerte que seas feliz, pero te hará sentirte mejor, aunque haya días que quieras mandarlo todo a la mierda, que te sientas solo y perdido, no olvides estas palabras, busca dentro de ti, alli encontrarás la solución.

Calló por un momento, abrió el cuaderno de notas y lo firmó sin fijarse en mis aprobados y suspensos.

- ¿Me has comprendido?

Asentí con la cabeza, aunque había cosas que ni siquiera sabía de lo que estaba hablando.  Fue el tiempo el que me demostró el valor de aquella conversación, y aunque intenté llevarlas a la práctica hubo momentos que las  dejé guardadas en un cajón olvidadas, hasta que lo volvía a abrir.

Se gira y me mira, como si por un momento supiera lo que estoy pensando, en sus ojos hay un poso de extrañeza, la misma que he visto en los últimos meses, cuando ya no es capaz de reconocerme.

Me levanto de la silla, una que el enfermero me ha dejado, quisiera decirle tantas cosas que al final solo articulo palabras mudas. En el jardín mi mujer y mis dos hijos me esperan, al llegar a la puerta de su habitación me giro y le veo con la mirada perdida a través del cristal. Sus labios se mueven...

- Me alegro que seas feliz, Javier, porque me hace sentir que algo hice bueno en la vida, cuidate y cuida a tu familia...

Cuando me acerco, vuelve a silenciarse, su mirada se pierde de nuevo y sé que de alguna manera está y no está.

Ya en el coche, miro a mi mujer y la beso, ella sorprendida me dice "¿y eso ...?" y yo le respondo "¿y por qué no?", me doy la vuelta y mirando a mis hijos les digo:

- Hoy quiero contaros una historia...

1 comentario:

Gema Aguilar dijo...

Sencillamente preciosa.