viernes, octubre 09, 2009

El coleccionista de rarezas

Había oido hablar de él, pero nunca lo había visto.
Pensaba que era como esas leyendas urbanas, donde alguien dice que le han dicho que un amigo de otro amigo ha visto o vivido algo, pero nunca es el protagonista el que cuenta el suceso.

Y yo escuchaba con atención cuando me contaban cosas de él, pero siempre con incredulidad.

Pero un día...

Iba caminando de vuelta a casa, bajaba por la calle envuelto en mis pensamientos, con los cascos puestos, cuando siento que me agarran del brazo, asustado me giro y ante mi veo a un hombre de unos cuarenta y tantos, con una camisa blanca y unos vaqueros envejecidos. Me sonrie. Me quito los cascos y le saludo.

- Hola, dime..
- Hola. - Me contesta, y acerca a mi cara un botella de cristal vacía, la abre.
- Podrías susurrar algo bonito dentro de la botella, estoy coleccionando frases bonitas.

En ese instante me doy cuenta de que todo lo que había escuchado era real, que aquel personaje al que todos tildaban de loco, existía de verdad, "el coleccionista de rarezas" le llamaban alguno. Su sonrisa me pudo, e inclinandome sobre la botella susurre unas pocas palabras. Él cerró la botella rápidamente, se la puso a la altura de los ojos, la zarandeó un poco, y volvió a sonreir.

- Gracias, ya tengo todo.
- Espera un momento, - le dije - ¿que tienes?
- ¿No lo ves?, susurros, bellos susurros de sueños y nostalgias, te ví y sabía que tú me darías uno, Y aquí esta junto a los que me dieron en la puerta del instituto una chica de bellos rizos morenos, dos chicos, y una mujer con un bebe.

Me quedé mirándole, por un momento quise decirle que la botella estaba vacía, que no había nada dentro de ella, pero ¿quién era yo para romperle sus sueños?, quizás me vendría bien que me diera uno de ellos.

- Y dime, ¿que más cosas coleccionas?, es cierto ¿que tienes cosas que nadie guarda ya?
- Si, siiii, tengo un montón de cosas en mi casa,- parecía un chiquillo excitado - tengo un tarro lleno de besos, una jarrón cerrado para que no rebose de espuma de mar, si acercas el oido puedo oir las olas. Una caja de madera repleta de sueños, en otra botella de cristal tengo un montón de miradas enamoradas, por la noche cuando apago la luz se encienden e iluminan toda mi habitación...
- Pero, ¿ de donde coges esas cosas?
- Uysss, si te fijas hay un monton de sitios de donde cogerlas, las miradas enamoradas las tomo del metro, cuando se miran algunos viajeros que ni se conocen pero coinciden día a día, mes a mes, las tomo del parque del Retiro cuando el sol de otoño aún calienta y deja atrás el verano, del parque donde van los niños a jugar con sus padres y estos los miran para que no se hagan daño... de la estación de Atocha cuando el tren parte y se despiden, de allí cojo muchas cosas. Tengo una jarrita llena de lágrimas de despedida y otra cajita llena de sonrisas de felicidad, tengo una bolsita llena de ritmos de latidos, esa la llené cuando vi a una pareja que fugazmente quedaba en la esquina de una tienda en la estacion de tren, ella llegaba corriendo, él llevaba esperandola un rato, sólo tenían un instante para verse, y yo abría mi bolsa y recogia los latidos de sus corazones, al principio los de él eran rápidos, latidos de espera, y los de ella llegaban cargado de prisas, luego como si existiera un hechizo entre los dos, mientras se besaban, los latidos se acompasaban en uno, mi bolsa se iba llenando de ellos, hasta que ella tenía que salir corriendo de nuevo, él se quedaba mirandola con una sonrisa de felicidad, a él tambien le he cogido para mi colección unas cuantas, y creo que guardé una o dos lágrimas suyas.
Pero no sólo colecciono esas cosas, tengo más, tengo un cajón lleno de hojas de otoño, rojas y doradas, que cuando llega la primavera se visten de verde, guardo gotas de lluvia de los días que hay arco iris, por que cuando las pongo al sol reflejan en mi pared todos los colores.
También tengo guardado bajo llave en un armario, en cajas de zapatos recuerdos, hay recuerdos inolvidables que cuando me siento triste los veo una y otra vez, en otra cajita guardo aquellos recuerdos dolorosos, pero esa caja no la abro, sólo la tengo pra acordarme que también existen.
Y luego una de las cosas que más me gusta es el último cajon de mi cómoda, lo tengo lleno de arena de playa. saco el cajón y esparzo la arena en el suelo suelto un poco de espuma de mar de la jarrita y suelo hacer algún castillo de arena como cuando era niño, luego cojo una pala y vuelvo a guardar la arena en el cajón.
Tengo entre mis libros fotos amarillas de un viaje precioso, a veces cuelgo las fotos de la pared, le pongo su banda sonora y si cierro los ojos estoy allí otra vez.

Estaba mirándole perplejo, no sabia que pensar, si en realidad era un loco, o era la persona más cuerda que había visto en mi vida, me dejé llevar y le dije:

- Si me esperas aqui un momento tengo algo para tu colección.
- ¿Para mi colección? ¿Estas seguro?
- Si, si, espérame un momento.

Corrí hasta casa, solté la mochila, y metí en una bolsa lo que quería darle.
Volví.
Desde lejos le ví, estaba hablando con un viejito, cuando me acerqué me enseñó su bolsillo.

- Mira, mira lo que tengo del ancianito.
-A ver...
- ¿Lo ves? Son gramos de dulzura y de ternura, de paciencia y de experiencia. pero dime ¿que me traes?
- Bueno, no sé si esto llegará a la altura de todo lo que tu coleccionas, pero te traigo una frasca, es mi "frasca de palabras", está llena a rebosar, y puedes abrirla y desparramarlas por el suelo, con ellas puedes viajar, puedes sentirte un guerrero en busca dde tu princesa, o ser un astronauta en una postal de navidad, puedes ... puedes soñar, ¡¡¡ sí, eso soñar !!!

Se quedó un momento mirándome, por un instante pensé que me iba a llamar loco, pero se abalanzó sobre mi, y me abrazó,

- Gracias, gracias, es de los mejores regalos que me han hecho en mi vida, no se como agradecertelo...
- Ya lo has hecho, contándome las cosas que coleccionas, me has hecho sentir

Le dí la frasca, él la tomo y la guardó en la bolsa con todo lo que llevaba, de nuevo me dió las gracias y sonrió.

- Me voy, tengo que ir a casa a dejar todo esto, y colocarlo.
- Si, llévalo con cuidado ¿vale? y espero volver a verte.
- Seguro que sí, muchas gracias de nuevo. Adios, hasta pronto.

No le volvía ver más, cuando conté lo que me había pasado, mis amigos me tomaron por loco, pero yo estaba seguro de que era real.
Unos meses más tarde me encontré con aquel viejito que había estado charlando con él, le pregunté por el chico, su cara se entristeció.

- Dicen que una mañana le encontraron muerto en su habitación, sobre el suelo había un enorme castillo de arena, todo ello decorado con palabras, de la pared colgaban fotos viejas, y un gran arco iris cruzaba la habitación, me dijerón que había un monton de cajas, botellas y jarras abiertas, pero lo más extraño de todo, era que sus ropas estaban empapadas de agua de mar, y que sonreía, sonreía como un niño. quizás es que siempre fué un niño, pero yo no creo que haya muerto, seguro que sigue escondido en alguna esquina del parque, o de la estación del tren con sus bolsas y sus botellas a la espera de guardar algo más para su colección. ¿Y usted que cree?

Por mi rostro una lágrima caía, la atrapé entre mis dedos.

- ¿Yo? yo ceo como usted, que en algún lugar sigue vivo, recogiendo todas esas cosas que nosotros soñamos.

Y saqué del bolsillo una botellita de cristal, metí aquella lágrima y volví a casa.

Sobre las aceras de Madrid, el sonido del mar rompía contra el asfalto.

5 comentarios:

suspiro dijo...

¿Es raro coleccionar lágrimas, sonrisas, frases que salen del corazón, sueños...? quizá no sea tan raro, quizá lo raro es ir pidiéndolo por ahí con una botella para guardarlos. Creo que todos guardamos esas cosas, no en una botella, pero lo hacemos. Quizá nos hemos acostumbrado al ritmo de las ciudades, donde la gente no se conoce, no se saluda, eso probablemente sea lo raro, o quizá más que raro inusual.
Un besito.

Verónica (peke) dijo...

Todos poseemos miles de rarezas, pero si las observas bien estan hasta pueden ser atractivas para otros... ainsss mi Bello Madrid.

besotes de esta peke.

pd. te espero por mi rincon con tu taza de cafe siempre que quieras...

Anónimo dijo...

"Es curiosa tu manía
de coleccionar palabras,
reacciones, libros rojos,
y en otoño, hojas secas,
blancos miedos, intuiciones,
coleccionas esperanza,
viejas fotos, nuevas nanas,
y en invierno, como no, lluvia blanca.

Coleccionas madrugadas,
coleccionamé, no dormirás
ni un poquito de tu tiempo
sin coleccionar mis emociones..."

Besitos, ciao.

Silencios dijo...

Tengo una cajita de marfil, con besos, abrazos y sonrisas que nunca di, quizás sea la hora de abrirla despacio, y reunir unas cuantas más.

Abre la botella te envió las lagrimas tiernas que acabo de derramar por mis mejillas al leerte. Son tuyas son pequeñas, saladas y al mismo tiempo dulces como tú.

Mis besos, coleccionista de sueños.

...solo una mujer. dijo...

He imaginado todos esos recipientes, cajones, armarios.. dentro de mi.
Creo que existen ahí dentro, donde nadie los ve. Y que también se van llenando de todo eso visto, observado, vivido, sentido... Pero nunca dicho.
Cuantos besos robados, cuantas emociones sentidas, cuantas risas, caracajadas y sonrisas almacenadas según intensidad.
Lágrimas, saladas todas ellas, de dicha, de felicidad.. y de tristezas, amarguras, soledades y despedidas.
¿Por qué me ha resultado tan duro viaje observar todos esos recipientes??
Ahhh, si.. ya sé... Pertenecen al pasado. A lo que ya no existé, aunque existió. En el presente... todo se esfumó.
Un abrazo, en el presente.