martes, abril 14, 2009

El espantapajaros

Estaba alli clavado, sobre aquel campo de trigo y girasoles.

Estirado.
Inerte.
Con las brazos extendidos en perpendicular a su cuerpo.

La mirada... al infinito.

Echaba de menos en esa vision del "infinito" al "otro", un día amaneció y ya no estaba, asi sin más, y ese silencio le cubría del todo.

Un día, como otro cualquiera, mientras veía aquellos girasoles, una pequeña hada apareció ante sus ojos.

- Hola,hola

La miró fijamente y como no podia hablar, movió ligeramente la cabeza.

- Ya sé que no puedes hablar, que permaneces ahi todo el dia clavado, sin moverte, pero esta vez será distinto, voy a darte.... vida.

Y soplando insufló vida a aquel espantapajaros.

- Gracias.- contestó el espantapajaros.
- Ahora, podras hacer con ella lo que mas desees.

El espantapajaros sonrió, se sentia extraño, notaba que algo dentro de su pecho de paja hacia boom boom.
Sintio en sus brazos el posar ligero de unos gorriones, giró la cabeza y por primera vez en su vida sonrió.

Los gorriones, al ver que el espantapajaros se movia, salieron volando

Ahora ya no sólo miraba hacia el frente, pudo ver a los lados, pudo sentir que el mundo era mas grande.

A mediodia, unos niños se acercaron a él, y empezaron a dar vueltas, él escuchaba sus risas, miraba el brillo de sus ojos,y se sentia feliz, temía moverse no fuera a ser como los gorriones, que los niños se asustasen y salieran corriendo.
Y también, por primera vez, le dolió estar vivo.

Cuando los niños se marcharon, se quedo pensando, era un gran invento sentirse vivo, podia sentir el calor del sol en su cuerpo de paja, ver a los niños correr, y disfrutar del momento, pero también estaba aprendiendo lo que era la soledad, la nostalgia, el añorar, y en el fondo se preguntaba si todo aquello merecia la pena.

Un mañana, como otra cualquiera, cuando el creía que los niños se habian marchado, se movio un poco, se estiró y giró la cabeza para verlos desaparecer por el camino, y entonces alli abajo una pequeña niña de pequeños ojos,y pelo negro como el azabache, sonreia.

- Hola, señor espantapajaros
- Hola, vaya no te asustaste
- ¿Por que me iba a asustar?

Y ella sólo con su mirada, alejó un poco sus miedos.

Transcurrió la tarde, la niñita le contaba cosas de su cole, de su casa, de sus amigos, y él le hablaba del campo, de las clases de pájaros, de los dias de cosecha.

Y cuando se iba, sentía su ausencia, pero su corazon aún era de paja, y le costaba latir.

Fueron pasando los dias, él disfrutaba de cada pequeña cosa, y esperaba cada mediodia a que llegaran los niños y esperaba que estos se marcharan para quedarse con la niña un poco mas.

- ¿Por que no bajas un dia y juegas con nosotros?. Le preguntó
- No puedo, soy un espantapajaros, debo estar aqui, asi soy, y esta es mi labor.
- Pues no lo entiendo, por que si te apetece y quieres, deberias.

Y así, con esa duda, le dejó toda la noche pensando. ¿Sería su miedo, sería que había sido demasiado tiempo un espantapajaros inerte, sería que le faltaba valor para lanzarse y saltar del palo?

A veces pensaba en ello, en saltar de su palo, y correr con los niños, en sentarse al lado del rio y hablar con la niña, en visitar otros campos, pero y si lo hiciera, ¿como podría volver a ser espantapajaros?, si tuviera que volver a su palo, quizás ya no podría...
Y aquello le clavaba mas en la tierra.

Pasaron los días, él cada vez tenía más la necesidad de bajar, las risas de los niños, los ojos de la niña le invadian y ganaban terreno en la lucha contra su miedo.

Hasta que un amanecer, desprendió primero un brazo y luego el otro, agarró el palo y lo desenterró de suelo, lanzándolo muy lejos, corrió y corrío sintiendo el aire en su cara, el suelo en sus pies.

Cuando llegó al borde del camino, se encontró con el hada, esta batia las alas cerca de su cara.

- Enhorabuena, al final has sabido lo que tenias que hacer con el regalo que te hice, ahora mi misión ya esta cumplida.

Y desapareció.

Al final del camino los niños, como cada mañana venían saltando, pero esta vez él no les espero entre el trigal y los girasoles, sino que bajó al encuentro de ellos, donde una niña le esperaba con los brazos abiertos.

6 comentarios:

ShAdOw dijo...

Miedos, temores... últimamente he leído mucho sobre ellos, incluso yo he escrito sobre ellos, ¿Somos más concientes de ellos ahora?

-- Muchas veces como el espantapájaros me han paralizado los temores, y es enfrentandolos como he podido moverme poco a poco, paso a paso, agradeciendo el don tan hermoso de vivir sin temor.

Un beso enorme y un fraternal abrazo desde el otro lado del charco.

NuNú dijo...

¡Qué difícil volver a ser espantapájaros cuando uno ha vivido! Eso sí que es difícil...

Besos y gracias por tu maravilloso cuento de valor y alegría

Mary dijo...

No sabemos de todo lo que somos capaces de hacer hasta que nos hemos despojado del todo de los miedos, nos quitamos los frenos y nos permitimos vivir... entonces nos sorprendemos tanto que nos preguntamos por qué no había ocurrido antes....
un besito

Adrià dijo...

Tu cara de cuentista mola mucho nico.

Joder ahora que me fijo tengo 1000 que contarte.

En una de estas?

Cuídate!

Bohemia dijo...

A veces cuando nos quitamos los miedos que nos frenan...nos nacen alas!

Bss

Nicolas dijo...

la verdad es que a veces los miedos nos amordazan nos atenazan nos cubren de tal manera que se podría decir que estamos enterrados en vida...

gracias por seguir leyéndome y escribiendo