miércoles, junio 27, 2007

Vida

Hoy voy a proponer un juego... os dejo un cuento, sin final... y cuando lo leais podeis escribir un comentario pidiendo el FINAL 1 o el FINAL 2.... y en unos dias subiré el final con el numero elegido....

VIDA

Se dejó caer en la silla, vieja y gastada, el eskay no mentía sobre los años que llevaba allí. Levantó la mirada, y se cruzó con la de él.

- ¿Ha venido solo?
- Si, creo que es mejor, y por favor sin rodeos.
- Como Ud. quiera.

Se agarró a la silla, y resistió el envite lo mejor que pudo, solo dos palabras y su vida había cambiado.
Pero no tenía tiempo de dejarse abatir, ahora debía sacar todas sus fuerzas, no podría mentir, por mucho tiempo, al menos.
Fue directamente a casa y allí como un plan largamente meditado, sacó sus notas, lo primero sería un cambio de destino por unos meses, un nuevo proyecto, al menos así pensarían que estarías fuera, quizás al menos por un tiempo.
Era sencillo, tu siempre habías dicho que nunca querrías hacer daño a las personas que quieres y menos a las que están a tu lado, y aunque en el fondo sentías el enorme peso de la soledad venirte encima, lo tenias decidió y no habría vuelta atrás.

Fue mas complicado explicar que dejarías la ciudad unos meses, los motivos, el nuevo proyecto, donde cuanto tiempo, como te acoplarías, la casa... pero seguiste tu guión y todos te fueron creyendo, todos menos yo. Me bastó con mirarte a los ojos para saber que estabas mintiendo. Pero no lo entendía, ¿por que si fuera por mí, si acaso quisieras abandonarme o dejarme, no tendrías que involucrar a los demás?

Y así estaba yo, con la duda del motivo de tu supuesta marcha, con esa duda que genera tener que respetar tu decisión a pesar de saber que era mentira, de no montar un numerito, de no pedir explicaciones como un día me dijiste, y sobre todo porque en tu mano obraba un contrato de cambio de destino, y si dudaba de aquello tu salida hubiera sido tan fácil como ponerme el papel en la cara.

Así que solo tuve que seguirte la corriente e intentar comprender por donde iban tus pensamientos, y ver que iba a hacer yo, dejarte sin más, no podía, tenía que saber la razón de eso que para mi suponía una huida.

Quedamos esa noche para cenar, tu sonrisa parecía más fría y lejana o era yo que me había dejado invadir por mis dudas, sin embargo no me dijiste nada, no advertía en tus ojos ni un solo atisbo de que en algún momento me dirías la verdad.

Y ya en tu casa me amaste como si fuera la última vez, con tal pasión y ternura como nunca lo habías hecho antes, y juraría que cuando te estabas quedando dormido, te oí llorar.

Pasaron dos semanas sin ti, llamabas desde tu móvil y me contabas cómo te iba en el trabajo, que el proyecto quizás se alargase más de lo debido, pero que cuando estuvieras instalado podría ir a visitarte… y a mí tus palabras me sonaban huecas y vacías.

Recuerdo que era miércoles, cuando recibí un e-mail de mi amigo Miguel, me pedía que lo llamara sin falta…

- Hola Miguel, acabo de leer tu correo, dime ¿te pasa algo?
- La verdad es que no sé como decírtelo
- Venga por favor me estas poniendo muy nerviosa.
- Bien el caso es que tuve que ir ayer al hospital y cuando salía, creo que vi a Héctor,
- Pero eso es imposible está trabaj….
- Lo siento pero era él, hable con un colega y le pedí el favor que mirara las fichas, y tenía cita en el hospital
- Cita en el hospital, pero no, en serio que no es posible…
- Mira no quiero decirte más, quizás no debería habértelo dicho, pero ya puestos, la próxima es mañana a las 4, sala 24
- Pero que le pasa por favor dímelo ¡¡¡¡
- No, no puedo, deberías entenderlo, si él ha querido que sea así, sus motivos tendrá, es mucho más de lo que tendría que haberte dicho yo.
- Gracias, Miguel, sé que es un compromiso para ti, en serio muchas gracias.

Bueno, al menos era la confirmación de que había mentido, pero en un hospital, ¿por qué? ¿Qué hacía él en un hospital? No tenía ninguna duda a las 4 estaría allí.

Temblaba, siempre he odiado los hospitales, su olor, esas miradas tristes, los médicos y las enfermeras con sus prisas ajenos a todo, sí, sé que es su trabajo pero a mi aquello me descolocaba totalmente.

Allí estaba a la entrada del hospital mordiéndome las uñas, no resistía la espera, cuando a lo lejos te vi, estabas pálido y demacrado, y lo que más me llamó la atención fue la tristeza de tu rostro.

-Hola – le dije.
Él me miró, se quedó quieto mirándome, en unos segundos que me parecieron eternos, su mirada era fría, lejana, perdida… como si le faltara vida.

- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo es posible? Vete, déjame, no deberías estar aquí.

Su voz tenía fuerza y rabia, toda la que le faltaba a su rostro.

- Necesito una explicación, un porqué de tanta mentira, de ese engaño…
- Está claro no lo ves, mírame, no creo que deba decirte nada mas.
- Pues creo que si, a la vista está que tienes algo ¿pero que es? Tan grave, ¿como para abandonarnos a todos?
- Mira es mejor que lo dejemos aquí, en su día tendrás la respuesta ahora no puedo quedarme, tengo una cita esperándome.
- No te vas a ir sin mi, me da igual entrar contigo o después de ti, así que decide.
- No tengo fuerzas para discutir contigo, sé que al final harás lo que te plazca.

Y se puso a caminar hacia la entrada del hospital, corrí un poco para ponerme a su altura, el silencio entre los dos se me antojaba como un muro insondable.
Le miré, en sus manos se marcaban sus huesos, y la ropa le colgaba, había adelgazado mucho.
Entramos en el ascensor, el olor del hospital volvió a marearme, pero no quise mostrar mi debilidad, ahora no era el momento, necesitaba saber que era lo que le sucedía.

Ahora has de quedarte aquí, espérame si quieres, pero no puedes pasar, y no te esfuerces esta vez mi negativa no tiene vueltas.

Asentí con mi cabeza, en sus ojos había tristeza, tanta que se me fueron las ganas de llevarle la contraria, me senté donde él me indicó y le vi alejarse despacio.

Ya no tenia dudas, estaba entrando en la sala para recibir quimioterapia, ahora encajaban todas la piezas, todas excepto esa forma de huir de mi, de su familia y de todo. Sentí que el alma se me caía a los pies, que el mundo se me derrumbaba sin poder sujetarme a nada, cuando dijo que se marchaba estaba hecha a la idea de que sería algo temporal, pero ahora y si su marcha fuera para… no quería pensar en ello, no debía, por él y por mi, y mientras me tragaba mis lágrimas, me juraba que no le dejaría pasase lo que pasase.

Pasó más de media hora hasta que la puerta se abrió de nuevo y te ví salir, la media hora más larga de mi vida.

Te acercaste.

- ¿Aún sigues aquí? Creo que te dije que no deberías estar aquí.
- No vas a lograr que me marche, esta vez no.
- Bueno eso está por ver, ahora estoy muy cansando, si no te importa…
- Si, si me importa, he traído el coche, dime donde vives ahora y te llevo.
- Bueno por esta vez y porque es justo. Te debo una explicación.

Estaba viviendo en la casa vacía de un amigo, medio destartalada. Se dejó caer en el sofá, mientras yo iba a la cocina a por un par de vasos de agua, esperando sus palabras.

- Imagino que estas esperando que empiece…. No voy a retrasarlo más, pero promete que te irás después y no volverás.
- Sabes que no voy a hacerlo.
- Pero es mi deseo, es lo que te estoy pidiendo.
- Y yo no voy a cumplir.

Su mirada cansada dejó entrever que se daba por vencido, yo no iba a renunciar a abandonarle pero no habría podido enfrentarme por más tiempo a él.

- Fue en una revisión rutinaria de esas que te hacen en el trabajo, todo empezó ahí, luego una biopsia, recuerdo lo que me decías sobre ellas, notas la inyección y el punza miento como va entrando luego ese quemazón insoportable. La espera a los resultados, y ahora el largo proceso de la quimioterapia.
- Entonces es cáncer.
- Si así es,
- Pero, dime porque has decidido pasar por todo esto tu solo.
- Mira, sé lo que es, sé el sufrimiento que pasa la gente que está al lado, el ir viendo como la quimio se cobra su peaje, y yo no quiero eso, no quiero que me miren como un apestado, que nadie se compadezca de mi, y si tiene que ser lo peor, mejor que se guarde un recuerdo de cómo era, no dé en que me estoy convirtiendo.
- Eso es un acto egoísta y cobarde por tu parte, no te importa el dolor de los que te queremos, ni siquiera tu hijo….
- No, al contrario, lo hago por qué os quiero en exceso y no deseo que sufráis por mi, que paséis esta agonía, esas horas de espera, el dejar de hacer cosas…
- Sigo pensando que para ti puede ser un acto de rebeldía y considerarte un valiente afrontándolo tú solo, pero eres en el fondo un cobarde que no rechazas.
- En serio que no es así, para mi es duro no veros no sentiros no poder estar a vuestro lado, pero sé lo que es esto y decidí que con mi sufrimiento era suficiente.
- Pues ya no lo será, ahora no volverás a estar solo.
- Te he dicho que no, y es que no, no me lo hagas más difícil, quedan solo unas semanas para que me operen, hoy era el último día de la quimio, en cuanto tenga suficientes fuerzas para afrontar la operación, la harán.

Me quedé callada, en el fondo quizás yo hubiera hecho lo mismo, pero iba a afrontarlo junto a él, quisiera o no.

- Está claro que no me harás caso pero si quiero que me jures por Dios que no se lo dirás a mi hijo, no quiero que me vea así, que no sea este su ultimo recuerdo de mi.

Volví a apretar los dientes, no quería llorar delante de él pero no aguantaba más.

- Bien es tu decisión y en esa no me voy a meter, no me parece justo pero si es así. Ahora voy a casa haré una maleta y me vendré aquí, Tengo las vacaciones pendientes, las reservaba para ir a verte, aunque nunca pensé que fuera aquí.
- Ok, tu ganas.

Fueron unas semanas duras, la incertidumbre, el estar cogiendo fuerzas de cualquier parte para no venirme abajo, luchar junto a él, verle llorar por las noches sin poder abrazarle ni decirle nada para que no supiera que yo sabía las veces que lloraba. Sentir por momentos que se iba… Pero se me ocurrió una idea, hacer algo para que no se dejara vencer, para que él iniciase también su lucha.

- Hoy te vas a dejar llevar, ¿vale?
- Estoy muy cansado, no salgamos por favor, veamos algo de tele.
- No, venga vístete, que hoy tenemos cosas que hacer.
- Pero el qué, anda por favor déjame aquí si quieres sal tu, lo necesitas.

Al final lo convencí, tomamos el coche, y fuimos a una gran tienda de juguetes.

- Vaya que piensas regalarme un scalextric, algún juego de mesa..
- Calla tonto no son para ti, egocéntrico…. – Le dije, era la primera vez en días que le veía sonreír sin forzarlo.

Llenamos el maletero de juguetes, él se quejaba del dinero que me estaba dejando, pero en el fondo le veía como disfrutaba con las compras.

- Bien y ahora donde vamos a ir con todos estos regalos, no es Navidad, por si no lo sabes…
- Espera y veras.

Lo supo en cuanto vio la entrada del hospital Niño Jesús.

- Así que ahora traemos juguetes para los niños, ¿y eso?
- Si, para unos niños especiales, tanto como tú.

Fue maravilloso, la sonrisa y la felicidad que despedían todos aquellos renacuajos, ajenos a su enfermedad, con sus cabezas llenas de gorros unos, otros calvos, abrazándonos , y él contándoles cuentos poniéndose el disfraz de payaso, riendo… riendo a carcajada

Cuando nos fuimos, le costó dejarlos allí.

- Volvamos, volvamos otro día.
- No podemos, es un favor especial que le han hecho a Miguel para que podamos venir.

Me miro con lágrimas en los ojos.

- Gracias, de verdad, es lo mejor que has podido hacer por mí.

Desde ese día su actitud cambió radicalmente, estaba con fuerzas, deseando que llegara la operación, con la fe en que todo saldría bien. A lo único que se había negado es a decírselo a su familia, a ver a su peque. Me dolía, esa irracionalidad, pero no podía hacer nada, a lo sumo un día me pidió llevarle hasta la puerta del colegio, fue el día más duro. Allí dentro del coche verle a lo lejos gritar a sus amigos…, fue triste. Volvimos a casa en silencio, no sabía que decirle, y dejé que se sumiera en sus pensamientos.

Pasó unos días meditabundo, más silencioso, como si hubiera olvidado el día del hospital. Hasta que llegó el momento del ingreso, entonces cambió, volvió a él la energía, su humor acido y negro que tanto odia… “ cuando vaya al infierno quieres que le de algún te pasa mensaje al diablo, seguro que no se está tan caliente como a tu lado”.
Le ingresaron.

Volví a los días de hospital, a los uniformes verdes, la comida insípida, a la incomodidad de un sillón, a las esperas mientras las enfermeras le cambiaban a verle como cada día que pasaba era un día más que perdía su esencia. Sin embargo él intentaba sonreir siempre que podía, hacer sus chistes, burlarse de aquella situación aunque a veces rayase lo soez.
Él que siempre había temido a los hospitales, ahora se presentaba voluntario para alguna prueba, no se quejaba en absoluto de las veces que vinieron a pincharle, gastaba bromas a las enfermeras…

Una noche, le oí moverse en sueños, sudaba, y se despertó agitado, me miró dulcemente.

- Tengo miedo, no miedo a la muerte, sino a saber que aquí dejo lo que más quiero, a esa sensación extraña de no haber apurado la vida al máximo, el no ver crecer al enano, el no estar contigo, tantas y tantas cosas que se te pasan, que cuando las vives están ahí y no las valoras. Tengo miedo al dolor, a ir al quirófano y no volver a abrir los ojos.
Tengo miedo a que no haya nada más, a que esto sea el punto final.

Lo abracé, sin decir nada, sentía como tiritaba, intente calmarlo, acunarlo como a un niño, hasta que se volvió a quedar dormido.

Salí a la fría noche de Madrid, era madrugada, las calles mojadas por los barrenderos reflejaban la luz amarillenta de las farolas, encendí un cigarrillo, y maldije la vida, maldije a Dios por llevarse a las personas que menos se lo merecen sin hacer nada, como si de un juego macabro se tratase, y en mi furia le hubiera dado de ostias en ese momento.

Y lloré, lloré por todos los malditos días que me había tragado mis lagrimas, llore con esa rabia contenida que da la impotencia, lloré hasta que me dolieron los ojos y me quedé sin lágrimas.

Subí a la habitación, intenté quedarme dormida, al fin y al cabo mañana era el día de la operación y habría que recuperar fuerzas.

Me despertó el ruido de la persiana cuando la enfermera sin cuidado alguno pegó el tirón para abrirla.

- Llegó el día, ya veras que pronto vuelves y te recuperas.

No la contesto, sólo la miraba en la lejanía.
Cuando se fue me agarro de las manos.

- Sabes que te quiero, quizás no te lo haya dicho tantas veces como debería, pero es así, no te ofendas, pero este camino he de recorrerle solo, vete a casa dúchate, no te quedes aquí esperando, no sirve de nada, será un día largo.

Y se lo llevaron. Lo ví desde lejos escondida para que él no supiera que aún seguía allí. Cuando ya iba a salir, se me acercó una enfermera.

- Me dio esta caja para Ud., menos mal que la he encontrado, creía que ya se había marchado.
- Gracias.

La abrí.

En ella había un papel mal doblado y un dvd.


“ Hola.

Bueno quizás sea hora de decir hasta pronto, porque por ahí andaré dando la murga, como un fantasma rondando en el armario, espero que no te asusten los ruidos extraños, imagínate podré entrar por fin en el lavabo de chicas y oír que cosas os decís cada vez que vais juntas…
He dejado dicho que si hay algo que sea aprovechable que lo utilicen, por favor si hiciera falta firma los papeles que sean, en cuanto a mi familia, en este dvd esta todo, hay también un mensaje para ti, no llores, no merece la pena, no merezco la pena, quiero que montes una fiesta en casa, bueno sobrara espacio no creo que vaya mucha gente, pon mucho de beber, y mucho springsteen y mis discos de música negra jajaja esos que no falten, nada de tristezas, mucho ron y alcohol, ahora me esperan, si si… que ya voy hacia luz, joer con san Pedro a veces le entran unas prisas…

Nos vemos. “

Volví a llorar, y a reir, maldito humor el suyo hasta el último momento, tomé el móvil, ahora no estaba él para impedírmelo y llamé a su familia, me costó explicarles todo, entre sollozos y voz entrecortada.

No tardaron mucho en llegar, fuimos a la cafetería y allí les expliqué como había sido todo, la forma de encontrarle, las semanas con la quimio, los preparativos… No me reprocharon nada, el no haberles llamado, sabían cómo era él, y en el fondo lo agradecían.

La espera fue eterna, a veces el silencio llenaba la habitación, las miradas bajas, sin saber que decir, otras las banalidades rompían el vacío, intentando llenar algo que era imposible…

En esto se abrió la puerta, el médico entraba se dirigió a nosotros y…

(sin final…. Aún)

2 comentarios:

Bohemia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Bohemia dijo...

Me decanto por el final 2 porque me gustan los números pares...

BSS