domingo, marzo 08, 2015

Un cuento ya escrito

A veces hay cuentos que se releen y a pesar del tiempo merence ser re posteados.

LA BODA

Los años habían caído sobre mi como una pesada losa. Perdida en aquella ciudad, un mundo conocido pero distante. Había decidido dar una vuelta de tuerca más a mi vida, la tentadora oferta de cambio de trabajo era irrenunciable, por más que ello significase, cambiar de ciudad, dejar amigos y familia atrás… y a él.

Le había conocido de la manera más extraña, y para mi, cuando ahora lo pienso, imposible, pero ahí estaba, después de mi azarosa vida sentimental, había llegado de improviso, cuando menos lo esperaba. Y ahora que comenzaba a conocerlo un poco, la distancia se ponía entre los dos.

Dos meses daban para poco, pero aún así me reconfortaba la idea de saber que le había conocido. Su imagen distaba mucho de lo que en mente podría ser mi “hombre” ideal, de hecho era el polo opuesto a mi ex. En nuestros pocos encuentros había conseguido sacar de mi, mi parte mas dulce pero también sabía como sacar mi genio. Era, en definitiva, una persona dual. Su imagen podría dar a engaño pues tras una aparente dulzura, se refugiaba una rabia contenida, como si en el fondo estuviera peleado con el mundo.

Y sin embargo, había sabido conquistarme, añoraba su sonrisa, como me ruborizaba ante él, cuando sentía que iba a intentar besarme, y muchas veces me llamaba a mi misma tonta, a mis años no podía demostrarme tan frágil.

Cuando llegó la propuesta, lo primero que hice fue llamarle, mi decisión estaba tomada, pero aún así necesitaba…. Bueno en realidad necesitaba oírle decir que no me fuera, que me iba a extrañar, que aún siendo tan poco tiempo y conociéndonos tan poco. Pero su reacción fue todo lo contrario a lo que yo quería y deseaba. Lejos de intentar que no me fuera, parecía que ardía en deseos de verme lejos, y lo peor fue su silencio a mis preguntas, no dijo nada sobre lo que sentía o deseaba, era una decisión mía y por tanto el no tenía ningún derecho en inmiscuirse en la decisión, eligiese lo que eligiese el lo aceptaría, aunque su opinión era que no debía dejar pasar aquella ocasión.

Y no lo hice.

Fue doloroso, ahora que sentía que mi vida podría de nuevo estabilizarse, era como si el destino jugase de nuevo conmigo. Y ahora, me hallaba lejos de todo y de todos.

Lo peor era la sensación de soledad que nuevamente me embargaba, y para colmo la compañera de piso, con su feliz maridito, a la espera de que le destinaran también a él a la ciudad para reintegrarse a la vida marital, y aquellas miradas, esas que tantas otras veces había sentido como se clavaban en mi como agujas, “mírala, otra vez viene sin pareja” “pues no se a que espera…”.

Lo había intentado, pero él pareció reacio a conocer a mis amigos, y las dos o tres veces que salió el tema terminamos discutiendo, no quería forzarlo, pero no entendía que le costara tanto entrar en mi mundo.

En el fondo suponía que sería cuestión de tiempo, pero aquella forma de actuar, provocaba en mi serias dudas, su reticencia parecía ocultar algo que yo no llegaba a comprender.

Y de nuevo el destino jugó sus cartas, una boda, de una de mis mas antiguas amigas, y con ello otra vez el torrente de si iría sola o acompañada.
No pude aguantar la presión, esta vez no, demasiado dolía la soledad que me había impuesto con el cambio de ciudad, como para aparecer allí, de nuevo sola y aguantar el chaparrón de preguntas, miradas y risitas.
Pero esta vez no iba a ser así, estaba dispuesta a apretar hasta donde hiciera falta para que me acompañara, al menos eso me decía a mi misma, aunque a la hora de oír su voz pudiera derrumbarme y flaquear.

Cogí el móvil y le llamé.

- Hola peque
- Hola bebe, ¿que tal va todo?
- Bien, oye que no tengo mucho tiempo, ya sabes yo y mis prisas, dentro de dos semanas tengo una boda y me gustaría que vinieras.
- Ummmm, ya sabes como pienso al respecto, no sé si sería una buena idea, tendrías que estar pendiente de mi y….
- Déjate de excusas, creo que al menos por mi, deberías hacerlo.
- Ok, estará bien, ya me dirás la fecha exacta, espero que no te arrepientas.

Me dejó perpleja, que aceptara tan rápidamente y ese: “espero que no te arrepientas”

- Pero ya me conoces tendrás que dejarme ser tal cual soy, y entrar en mi juego.
- ¿Juego? Bueno vale, si vienes lo acepto, pero no te pases ¿vale?, ahora tengo que dejarte una nueva reunión, besitos peque
- Besitos y no te preocupes ya me conoces.

Seguí toda la tarde dándole vueltas a no arrepentirme, pero ya empezaba a hacerlo, sabía que podía ser capaz de cualquier cosa, y además se vanagloriaba de ello, acciones que mas de una vez me habían provocado más de una jaqueca.
Intenté no pensar en ello, además la sensación dulce de ir acompañada borró cualquier atisbo de duda, ahora sólo tenía que concentrarme en el vestido para la ocasión, y que no supusiese una nueva discrepancia entre los dos.

Me sentí como una niña y no dejé pasar mucho tiempo sin coger el móvil y llamar a mis amigas para confirmar que ese fin de semana iría a la boda y acompañada. La perplejidad que mostraron algunas de ellas me resultó insultante, acaso, ¿no tenía derecho a ir acompañada? No dejaría que me estropeasen ese momento, puse mi CD y empecé a bailar solo con la imagen de los dos juntos en la boda en mi mente.

Aquellas dos semanas fueron una lenta agonía, no podía concentrarme en mi trabajo y las reuniones me parecían largas y tediosas. La elección del vestido fue otra tortura, estuve a punto de ir con el último que había llevado, pero sabía que alguien me lo recordaría y además quería darle una sorpresa a él. Pero la elección no fue fácil, sin nadie que me aconsejara buscar un punto intermedio entre mi gusto y el suyo, se tornó en un acto que me dejó exhausta.

El día de la boda llegó y él estaba en su línea me pareció encantador que se hubiera
comedido en su vestimenta, pero aún así no dejó de dar su estilo personal, sin duda no era el estilo de la boda. Le sonreí y el disimuladamente me miró de arriba abajo, esos segundos fueron eternos, pero la sonrisa que me regaló lo justificó todo.
Me tomó por la cintura y me besó suavemente en los labios.

- Estas realmente encantadora, solo por verte merece la pena venir a la boda.

Mis palpitaciones subieron aceleradamente y me separé de él para que no las notara. No tardaron mucho tiempo en ir apareciendo mis amigas y haciendo las inevitables presentaciones.

Con un gesto tierno rehusó entrar en la iglesia, era demasiado forzar la situación y le dejé a la puerta.
En cuanto me vieron sola, dos de mis amigas se acercaron para sentarse a mi lado en uno de los últimos bancos de la iglesia.

- Por fin, podemos charlar.
- Pero que estamos en misa, luego si quieres.
- No puedo esperar, es él ¿no? El chico del que nos has estado hablando. La verdad es que no está nada mal.
- Si es él, pero por favor no le acoséis a preguntas, no le gustan los eventos sociales.

En ese momento di las gracias al cura, cuando hizo sonar la campanilla, y mis amigas dejaron el interrogatorio.

Sentí algo de envidia cuando pasaron los dos a mi lado, no salí de la iglesia hasta después del lanzamiento de los pétalos y el arroz, aún me daba la cabeza vueltas al verle allí, al fin y al cabo era como una presentación en sociedad, pero para mi suponía un paso más en nuestra relación, era como si él se acercase mas a mí, a mi mundo y lo aceptase.

Le sonreí, y él me devolvió la sonrisa, estaba allí apoyado contra la pared del edificio de enfrente de la iglesia ajeno a todo, le pedí con un gesto que se acercara, teníamos que acercarnos a los novios a felicitarles y esperaba hacerlo juntos.
No vi un atisbo de negación en sus ojos, y eso me alegró aún mas, me tomó de nuevo ligeramente por la cintura y nos acercamos a los novios. Le miraron inquisitivamente intentando disimular, pero yo sabía que mi amiga no había dejado pasar ni un detalle sobre él. Me miró disimuladamente y me sonrió como si me diera su aprobación.

Fuimos a los coches, y aprovechó el momento que íbamos solos para hablarme.

- Te sientes feliz, al final lo has conseguido, aquí estoy, pero ya sabes que hicimos un trato.
- ¿Trato?

Un escalofrío me recorrió la espalda, de que se trataría.

- No te preocupes, solo seré yo mismo, tu me conoces…

Miedo me estaba dando la conversación, pero nada podía hacer. Llegamos al coche, y este nos llevó hasta donde cenaríamos, no volvió a hablar de ello, ni yo quise sacarle más el tema, quizás solo era un juego para devolverme el mal trago que debía estar pasando, aunque no lo creía, justo era lo que le había prometido.

Llegamos al lugar elegido, una amplia zona verde con una carpa rodeada de mesas circulares, un pequeño grupo musical y un catering. Le miré, sentí su nerviosismo, sabía que estas cosas le ponían nervioso, y que cuando ello ocurría tendía a crear un pantalla de protección. Sin embargo me sonrió, se acercó y me susurró al oído un te quiero dulce y suave, que dejó temblando mis piernas, levanté la vista y me crucé con su mirada, pícara y traviesa con un brillo especial, que nunca antes había visto.

La cena estuvo muy bien, el grupo donde nos sentamos fue muy agradable, y aunque en un principio le costó integrarse, en cuanto cogió confianza se hizo con las riendas de la conversación.

Empezaron a servir las copas, y la gente se animó a bailar mientras el alcohol hacia el resto, yo estaba con mi Bombay saphire, él no se había apartado mucho de mi, como si temiera juntarse al resto de la gente, no me desagradaba, al contrario sentía un poder de posesión raro en mi, pero que dejé que me invadiera lentamente, como si disfrutara por la pírrica victoria de estar con alguien rodeada de mis amigos.

Llegó una prima de la novia, y mirándome de soslayo me preguntó:

- No te importa que te lo robe un ratito, a ver si baila tan bien como parece.

Noté en su mirada un atisbo de que corriera en su ayuda, pero a pesar de que no me hacía gracia, quise ver su reacción.
Al poco de estar bailando le vi que hablaba con ella con soltura, y reían, sentí un leve ataque de celos, cuando me vi rodeada por el resto de mis amigas. La verdad es que no las había hecho mucho caso y ahora ellas no me dejaban respirar.

- Bueno, nos tienes que contar muchas cosas, como le has conocido, cuanto tiempo llevas con él, a que se dedica
- Si, si cuenta nos tienes a todas en ascuas, la verdad es que su forma de vestir ha llamado mucho la atención.
-
Imaginé por un instante la cara que él pondría cuando le contara el éxito de su vestimenta.
Por mucho que había pensado que llegaría el momento de decir cómo le conocí, solo pude balbucear que era un amigo de un amigo de Carlos. Parecí convincente, cuando dejaron esa pregunta por otras más inquisitivas e intimas, intenté zafarme de ellas pero me era imposible. Alcé la vista buscándole, y le vi entre otro grupo de amigos y amigas mías, charlando amistosamente. Temblé, no sabía si diría en que forma nos conocimos, y eso aún me aterraba. Me buscó con su mirada y rápidamente interpreto que esperaba me sacara del compromiso de mis amigas, se giró saco algo de su bolsillo y sonriendo vino hacia mí.

Detrás de él, alguien recogía algo del suelo, me fijé en su gesto extrañado miro lo que había recogido, luego a él y fue a hablar con una de mis compañeras de facultad. No quise darle importancia, él se estaba acercando con su grácil y rápido andar, cuando vi que se arremolinaban alrededor de mi compañera y esta mostraba una especie de tarjeta.

- Hola ya estoy aquí, ¿No me presentas al resto de tus amigos?

Había perdido la noción del lugar donde estaba, ignorando que aún mis amigas y algunos de sus chicos estaban a mi lado.

- Sí claro.- Le sonreí.

Fui haciendo el resto de presentaciones sin perder de vista al grupo que parecía mirarme con extrañeza. Una sensación de desasosiego subía por mi pecho, que era lo que habían recogido del suelo que tanto alboroto había creado, sin duda era algo de él.

- Una cosa, - le dije- ¿se te ha caído algo del pantalón?

Él se metió las manos en los bolsillos, comprobó su cartera y su móvil.

- No nada, ¿porqué me lo preguntas?
- No, por nada tenía la sensación de que al sacar la cartera se te había caído algo.
- Pues no, aquí tengo las tarjetas del banco el dni, no nada.

Y sonrió, en otro momento esa sonrisa hubiera bastado, pero yo miraba al grupo que seguían cuchicheando y levantando la vista disimuladamente como si quisiera evitar que yo les viera mirarme.


Del grupo salió Ángel dirigiéndose hasta nosotros, hablo con Silvia su novia, y esta me miró y me dijo:

- Ahora vuelvo no te me vayas.

Me estaba sintiendo mal, no entendía lo que estaba pasando y una punzada en mi cabeza presagiaba otra de mis jaquecas, él se dio cuenta, y se acercó a mi hasta abrazarme.

- No pasa nada bebe, no te preocupes por ellos, déjales y veremos como reaccionan.


-“¿Reaccionan?”- pensé a qué, busqué en su mirada una respuesta pero solo obtuve un cálido beso, que me reconfortó, dejé que esa sensación me inundara y que la seguridad se instalara de nuevo en mi.

No sé si fue su intención por bailar conmigo, o por tranquilizarme, pero me abandoné en sus brazos, y dejé llevarme por él, mi mente voló y por un momento solo eramos él y yo bailando.

La canción terminó antes de lo que yo hubiera deseado.

- ¿Te traigo otra copa?
- Está bien, ya sabes lo que me gusta.

Le ví alejarse, mientras se giraba y me ofrecía otra de sus cálidas sonrisas.
Busqué con la mirada al grupo de mis amigos, ahora era menos numeroso pero con elementos distintos, aunque seguían mirándome disimuladamente, volví a sentir ese desasosiego cuando noté un leve roce en el hombro.

Me volví y me encontré con la mirada de mi mejor amiga, era una mirada llena de ternura pero a la vez inquisitoria.

- Hola, bueno la verdad es que me gustaría hablar contigo,¿ tienes un momento?


Un nudo se estaba haciendo en mi garganta, recordaba sus palabras “… no pasa nada bebe…”, intenté serenarme pero me era imposible. Nos partamos del resto de la gente.

- Bien, dime ¿pasa algo?
- Bueno como pasar, la verdad no sé como decírtelo, hemos…
- ¿Hemos?
- Si, no lo hemos podido evitar, nos importas y…

Ahora si que temblaba….
- Mira esto se le ha caído a tu chico.

Me tendió una tarjeta, Albatros Consulting, una web y un móvil, sin embargo en la letra pequeña se podía leer, “chicos de compañía”.

- Lo siento, quizás no lo sabías…

Sonreí un poco, ¿sería eso?... porque aunque no lo conocía del todo, no me lo imaginaba como un chico de compañía. Me miró y al ver mi leve sonrisa me dijo:

- Vaya, sí que lo sabías, eso habíamos comentado algunas pero no te creíamos capaz de ello, no tenías por qué, sabes que nunca te diríamos nada si vinieras sola, pero recurrir a esto, imagina que tu madre se enterase.
- Bueno… yo…. es que……
- No se en que estarías pensando, no somos así, además besarte con él… ya se que eres mayor pero no crees….

En ese momento llegó él.

- Hola, estabais aquí.
- Si, aquí me estaba contando que se te había caído esto.

Le dí la tarjeta, la miro y sin mover un músculo de su cara, nos dijo

- Bueno, con que era esto, por lo que os he visto cotillear todo rato, que deciros, parece que vosotros lo habéis hablado todo.
- Quizás debería dejaros solos
- No espera, -le dije a mi amiga- quizás deberíamos decirte …
- No hace falta, no vine para pedirte explicaciones, sólo quería q supieras que somos tus amigos y que no necesitas de estas argucias, si vienes sola nadie te iba a decir nada…

Yo la miraba, no me podía creer lo que había sido capaz de hacer, y él me miraba a mi con su sonrisa pícara, no podía estar enfadada con él, sabía que era capaz de eso y de mucho más, y bueno era un juego, esperaba que mis amigos lo comprendieran

- La verdad, - dije- es que no quería sentirme sola, y busque en internet y lo encontré. Quedamos hace dos días para conocernos y me he enamorado de él.

Me miraron los dos con incredulidad, pero él sonrió ligeramente, entendió que yo había entrado en su juego.

- Ahora quizás él que se deba ir soy yo.
- No, no te vayas solo entiende que es una situación rara –dijo mi amiga- nos extrañamos que ella llegara al extremo de llamar a un chico como tu, bueno quiero decir… ya sabes.
- La verdad es que no te imaginas que tipo de chicas suelen contratarme.
- Pero, espero y deseo que no se haya enamorado nadie más de ti… - le dije-
- ¿De verdad estás diciendo que te has enamorado de él?
- Si – fue mi respuesta tajante-.
- Entonces os dejo, quizás deberíais hablar entre vosotros.
-
La ví alejarse y no dudé que no tardaría mucho en comentar nuestra conversación, nos miramos y no pudimos evitar reir, aunque me sentía un poco arrepentida por la mentira, estaba disfrutando de ello como una niña.

Me acerqué a él y tome su cara entre mis manos, le besé, al separarme le dije:

- Sabes que eres malo, muy malo.

Sin duda mis amigos nos estaban mirando, y ya no pude más, los veía con cara de asombro, yo que siempre había dado una imagen de chica seria y más o menos formal y ahora estaba rompiéndoles los esquemas, la seria se volvía la mas loca enrollándose con un loco chico de compañía. Me reí, nunca pensé que llegaría a hacer una cosa así y sin embargo me sentía bien como si aquello me diera un aire de libertad.

- Creo que es hora de hablar con ellos, ¿no crees?
- Si, - me contestó- espero que no se hayan molestado, al menos se han preocupado por ti, pero antes me dejaras terminar el juego ¿no?
- Si claro.

Nos acercamos a mis amigos y justo unos metros antes de llegar a ellos, se giró, me apretó contra su cuerpo y me beso largamente en un beso apasionado.

Cuando terminó, todos tenían la boca abierta mirándome sorprendidos.

- Bueno chicos, no es lo que pensáis, era simplemente una broma, le seguí el juego, estaba harta de que siempre me miraseis con cara de compasión pensando que nunca traería a nadie, y bueno esto le dio pie a él…


Sus caras se tornaron del asombro a las risas, algunas a la incredulidad, pero al final se acercaron y entre soplidos me dijeron que menudo susto les había dado, su amiga con un chico de compañía… ja ja ja ja….. aunque yo me preguntaba y ¿Por qué no podría ser verdad?


- Bueno esta ronda es mía, -dijo él- pero que conste que es Albatros Consulting quien paga………

Y todos rieron.

Aunque yo vi un brillo especial en su mirada cuando lo dijo, ya me lo explicaría mas tarde… ¿estaría con un chico de compañía? Por si acaso guarde bien la tarjeta, mientras me abrazaba a él.

viernes, marzo 06, 2015

Dicen

Dicen que tenía un don para las palabras, que las engarzaba como un joyero hace con sus joyas.
Dicen que las cosía con sentimientos y lograba tejer historias que te envolvían como lo hace un jersey de lana en invierno.
Dicen que escribía por que guardaba nubes de verano en frascas, sentimientos olvidados en frascas, besos no entregados, cartas no mandadas, susurros nunca dichos.

Dicen que un día llegó a un pueblo de paredes blancas y mar azul de un azul tan intenso que diríase era turquesa.
Que llegó cargado con una sola maleta, con una sola frasca.

Un sola.. vacía.

Y dicen que contó que todo lo que contaban de él era solo fantasías, supersticiones, leyendas, que él sólo escribía cuando su corazón latía, porque a diferencia del resto de los mortales, su corazón no producía latidos, sino palabras.

Dicen que un día su corazón dejó de latir, dejó de lanzar palabras, y desde aquel día se le ve por el pueblo deambulando en las sombras, perdido en la playa de ese mar azul de un azul tan intenso que se diría que es turquesa.

Dicen.. pero yo no me creo lo que dicen, simplemente sé que espera, espera a que su corazón lata de nuevo palabras.

miércoles, marzo 04, 2015

Jaula

Paseaba con mi peque, bueno ya no lo era tanto, acaba de cumplir 16 años, y aunque para mi siempre sería "mi peque" ya no podía tratarle como tal.

Aquella tarde nos perdimos por el parque del Retiro, intentando alejarnos de la algarabía que se forma en las cercanías del estanque, mientras el silencio solo roto por el vuelo del viento entre las hojas nos envolvía, comencé a contarle una historia:

"¿Sabes? cuando yo era más pequeño que tú ahora, mis padres tuvieron un jilguero, este todas las mañanas cuando lucia el sol, cantaba. Yo le miraba en su jaula y me preguntaba por qué si estaba encerrado cantaba tan feliz. Nunca por aquel tiempo pude responder a esa pregunta, simplemente una tarde llegué del colegio abrí la jaula y le dejé volar.

No veas la que me cayó, "que si moriría de hambre, que si esos pájaros están acostumbrados a estar en la jaula, que si...."  yo sólo recordaba como miró la puerta abierta, primero con miedo luego se acercó asomó la cabeza, desplegó las alas y se fue.

Siempre he pensado que se marchó en busca de sus sueños, por aquella época yo también tenía los míos, luego los fui guardando con el peor de los candados "ya lo haré, ahora no es el momento, ahora no puedo" y así uno a uno esos sueños están enterrados en algún lugar dentro de mi.

Por eso te digo nunca cierres la puerta por mucho que la jaula pueda parecer de oro, no dejes de volar, de perseguir tus sueños, ya sean que quieras ser el próximo astronauta que llegue a Marte, como irte a recorrer el mundo con una mochila.

¿Sabes? ahora que ya soy demasiado viejo para muchas cosas, pero demasiado joven para morir, he encontrado la respuesta a por qué cantaba el jilguero en su jaula,  y creo que era por que sabia que podía volar, sabía que aun a pesar de estar encerrado tenía sus alas, y que en cualquier momento podría desplegarlas, por que no eres un prisionero en una jaula si no te sientes prisionero, si sabes que en tu mano, y solamente en tu mano está poder echarte a volar."

Yo sabía que más tarde o más temprano él echaría a volar, y por mucha tristeza que me diera, ¿quien soy yo para no abrirle su jaula?

viernes, febrero 20, 2015

Olvidar

Estábamos sentados alrededor de la mesa,  quizás no tuviéramos otra cosa de que hablar, quizás fuera el azar, o por que surgió así, el caso es que empezamos a charlar sobre el olvido.

- Sencillamente olvidamos por que nuestro cerebro, las neuronas almacenan los recuerdos en áreas del cerebro y allí se va necesitando más espacio por lo que  se eliminan recuerdos innecesarios.

- No estoy de acuerdo, yo creo que nuestro instinto de supervivencia hace que se eliminen los recuerdos dolorosos, los que han hecho sufrir a nuestras células y por ende a nuestro cuerpo y espíritu, los demás están almacenados, simplemente no ejercitamos la mente lo suficiente, no la adiestramos para recordar hechos antiguos.

- Pues difiero de los dos - dije yo - recordamos todo, lo bueno y lo malo, y somos nosotros mismos los que conscientemente olvidamos, olvidamos cuando matamos los recuerdos, que es como matar parte de nosotros mismos, como matar aquello que hemos vivido, ya nos duela o ya nos proporcione placer o alegría. Olvidar es como el anuncio del perro abandonado en la carretera, es dejar varado a un lado parte de tu vida, y lo más triste es que la mayoría de las  veces es por que uno vive tan deprisa que no tiene tiempo para  ello, simplemente es más fácil dejarlo oculto en un rincón en alguna especie de alacena de nuestra mente que se va llenando de polvo.

Dicho esto me levante y si queréis que os diga la verdad, a los cinco minutos ya había olvidado aquella conversación.

miércoles, enero 21, 2015

Ayuda

Trabaja de interno en un famoso hospital de la ciudad, tras una larga noche de guardia, fui a la cafetería a tomar un café y despejarme un poco, en una mesa estaban reunidos varios médicos contando sus anécdotas de años.

Uno de ellos, el más joven carraspeó, puso un semblante serio y se dispuso a contar sus anécdotas. Yo me senté lo más cerca posible con la intención de oírle lo mejor posible.

- Tengo pocas anécdotas ya que llevo poco tiempo ejerciendo...
- Venga ya... ¿un ginecólogo y trabajando en urgencias..? no te creemos... lo que habrás tenido que ver
- Bueno, está bien he visto de todo un poco, ya sabéis la típica botella que ha hecho el vacío, otro caso de un homosexual con una pierna de una Nancy grande que no podía sacársela del culo... Pero lo que quiero contaros no me pasó a mi sino a un colega mío que supuso una lección para lo que yo pensaba.
- Pues venga, lánzate y cuenta - le espetó un cardiólogo.
- Él ejercía en una clínica, es ginecólogo como yo, un día le llegó una paciente, joven, no llegaría a los treinta en sus brazos llevaba un pequeño de dos añitos y su incipiente barriguita delataba que estaba embarazada. El médico la hizo sentarse, mientras la enfermera preparaba todo para la revisión de rigor.
"Verá doctor no vengo para la revisión, vengo para pedir su ayuda". 
Mi amigo la mira con estupor, hace salir a la enfermera y se sienta a su lado 
"Bien , aquí me tienes, todo lo que esté en mi mano..." 
"Me ha sido difícil tomar esta decisión, pero no puedo más, necesito descansar, no puedo cuidar del pequeño y ahora en puertas otro bebé, no podría, no me veo con las fuerzas suficientes... ¿lo comprende?"
"No, la verdad es que no se donde quieres ir a parar,¿ necesitas algunas vitaminas, algún complemento alimenticio...?"
"Doctor lo que le pido es que me ayude, quiero abortar, no puedo ni pensar en como sería cuidar a los dos a la vez, necesito su ayuda, tengo que abortar..."
"Bien, déjeme pensar, por lo que me dices no te ves con fuerzas para cuidar a los dos a la vez, y quieres desprenderte del que llevas en tu interior. "
"Sí, así es"
" Vamos a ver, y si en vez de acabar con él, no matamos al pequeño, sería más sencillo, además tendrías todos los meses del embarazo para descansar, y no correría tu vida peligro al abortar, creo que es la solución más favorable para ti..."
"Pero doctor ¿se ha vuelto loco? matar la niño, eso no puede ser, no puede matarlo, ¿cómo se le ocurre decirme eso, esa es la ayuda que me propone?"
"Piénsalo bien, has venido a que te ayude, me pides que acabe con la vida del ser que tienes en tu interior, ¿por que quitarle a él la oportunidad de ser?, piensa en el descanso que tendrías todos estos meses hasta que nazca y la falta de riesgo para tu vida..."
"Realmente está usted loco, si esta es la ayuda que me ofrece, puede metérsela...."

Y cerró la puerta de golpe.

- ¿Y esa es la anécdota...?
- Aún no he terminado, meses después llegó a su consulta la misma chica, con el pequeño y un bebé en sus brazos.
"Gracias doctor, gracias por no haberme ayudado, gracias por haberme abierto los ojos, ¿cansada? si por su puesto pero el cansancio lo borra una sonrisa." Le dio dos besos y se marchó.

Se hizo un silencio en la mesa, yo acabé mi café y pensé que fácilmente yo podría ser ese bebé.

jueves, enero 08, 2015

Mensajes de voz

La luz azul del móvil parpadeo como si fuera un ojo guiñando. Lo encendí y en la pantalla apareció un mensaje de voz de un numero desconocido.
En un principio pensé borrarlo, pero me pudo mi curiosidad y le di al play , "Hola,  como te va? que tal han ido las vacaciones" era una voz de mujer, fuerte con personalidad. Imaginé que se habría equivocado pero no pude remediarlo y contesté  suponiendo que ahí acabaria todo "hola, pues bien ya te puedes imaginar, las vacaciones son siempre buenas aunque hubieran podido ser mejores".

Dejé el móvil en la mesa, suponiendo que allí se había acabado todo,  cuando la luz azul volvió a parpadear.
" bueno a lo mejor no han sido mejores por que no has querido, o no te lo has propuesto". Sonreí cuando terminé de leer el mensaje... "vaya le gusta el juego" me dije, pues sigamos.

- Querer, quiero, y proponerlo me propongo y estoy abierto a cualquier propuesta - le contesté.
- Vaya eres como las farmacias de guardia abierto las 24 horas? jajaja.
- Bueno, tanto como las 24 horas, tengo puesto el cartel de reservado el derecho de admisión
- Ummm ¿exigente, o simplemente cauto?" - su voz habia perdido su dureza del principio y había tomado un tono suave y seductor.
- Las dos cosas, pero como lema tengo carpe diem, la vida es breve, demasiado breve
- No es un mal lema... yo tengo otro "no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy"

Pensé la respuesta un instante, era aquello una proposición o simplemente seguía el juego.

- Tampoco está mal ese lema, y visto que ni tú ni yo nos conocemos ni siquiera sabemos nuestros nombres y no tenemos imagen en el whatsapp... te propongo... - lo dejé caer para ver por donde salia.
- ¿Qué propones?

¿Eso es que aceptaba? moví la siguiente pieza en aquel juego  de voces.

- Te propongo ir a la tienda de apple en el centro, coges un ordenador y yo otro y nos escribimos e intentamos adivinar quienes somos... ¿atrevido?
- Acepto, me tienes intrigada y tu voz es de lo mas sugerente. A las 7.30, mi skype es mmadrid. 
- Hecho

La luz dejó de parpadear, y por un momento dudé si aquello era real y si efectivamente sería capaz... ¿ella.. yo?
Sin embargo a las 7.30 estaba enfrente del ordenador tecleando mmadrid, aparecía como desconectada, cinco, diez minutos,  suponía que se habría rajado cuando  apareció un "hola, perdona el retraso"
Levanté la mirada, pero con las fiestas el centro estaba lleno de gente, imposible reconocerla.

- Va a ser más difícil de lo que pensaba, ¿me das una pista? - le dije
- No corras, esto tiene mucho morbo y me gusta...
- Está bien, - seguia escrutando cada ordenador esperando encontrar una mirada que también buscara,  vi dos mujeres pero inmediatamente pensé que no sea ella por Dios, a una de ellas se le pegó un niño, por lo que deduje que no era... había una tercera distraída  tecleando, no podía verla del todo pero para nada me importaría que fuera ella.
- Bien has pensado que  hacer si nos reconocemos... - le dije
- Esas cosas no se piensan, lo que tenga que ocurrir ocurrirá, no estas abierto a cualquier propuesta?
- Si claro no me echo atrás tan fácilmente - le contesté mirando otra vez hacia donde estaba la chica que me había llamado la atención, mas el ordenador ahora estaba ocupado por un grupo de chavalines.

- No era tan dífícil, y lo que veo... me gusta - oí su voz a mis espaldas, me giré y era ella.
-  Hola - me tembló algo la voz - "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy"... - le solté sonriendo.
- No lo dudes carpe diem, no voy a dejar nada por hacer hoy... nada.... 

lunes, enero 05, 2015

NUEVO AÑO

Me había prometido que sería la última nochevieja que la pasaba en casa... solo, bueno solo no, estaba algún familiar, de eso que a las 11 abren la boca bostezan y se van a la cama.

Este año no se podia repetir lo mismo, así que en cuanto enfiló la cama, me vestí y salí a la calle.
Había poco ambiente, sin embargo las luces en las ventanas recortadas por siluetas ataviadas con gorros y sus mejores vestidos decían que la vida se desarrollaba dentro de las casas no fuera.

Caminé hasta el centro cerca ya de las 12 de la noche, logré entrar en un bar y sentarme en una mesa, obviamente el camarero ni se inmutó, con la mirada puesta en la televisión, maldiciendo tener que trabajar esa noche y pendiente de que en un vaso hubiera las 12 uvas.

Me acerqué a la barra y de mala gana me sirvió una cerveza, volvía la mesa mientras en la tele la pareja de todos los años explicaba por enésima vez como eran los cuartos  antes de las campanadas de verdad.

Fue en ese momento cuando mi vista se cruzó con los ojos de ella, me miró levanto un botellin de cerveza e imaginariamente brindo conmigo.

Estaba sola como yo, en aquel océano de gente que ya puesta en pie celebraba el año nuevo que aún no había llegado.

Seguí un extraño impulso, me levanté y me acerqué a ella, le pregunté si iba a entrar el nuevo año allí y sola, me miró se pensó unos instantes la respuesta y con una voz dulce me dijo "creo que como la ibas a pasar tú". 

"No tiene por que ser así", le dije "¿te parece que tomemos las uvas fuera de aquí?. Ella asintió, tomó su abrigo, y salimos a la calle. Una marea de gente nos empujó hacia la Puerta del Sol,  tras pasar el cacheo de dos guardias municipales, estábamos alli, frente al famoso reloj a punto de dar los cuartos. Debíamos ser los únicos que no llevábamos gorros ni uvas, una pareja de ancianos, que decían venir todos los años desde Albacete, nos ofreció un cucurucho con 12 uvas, " compártanlas,  a nosotros con uno también nos basta".

Empezaron a sonar los cuartos, la gente se arremolinó para ver más de cerca como caía la bola, nos pegamos más mientras yo sujetaba aquel cucurucho, "una tú y una yo" me dijo.

"Dong, dong, dong..." fuimos comiendo una uva ella y otra yo, hasta completar las doce. Cuando empezaron a estallar los fuegos artificiales, la gente se abrazaba, se besaban,  otros soplaban sus trompetas de cartón,  ella se acercó me miró y pegó sus labios a los míos, "feliz año" susurró.
 Sentí un empujón, la gente tiraba petardos y unos se apartaban empujando a los demás, cuando levanté la vista ella ya no estaba, miré a mi alrededor, pero fue imposible, intenté encontrarla pensando que  los empujones la habrían separado, fue inútil.

Volví al bar, con la esperanza de volverla a encontrar, pero no estaba, quizás, pensé, ella fue como la última campanada breve pero que aún así sigue sonando en los oidos.

Y con el sabor de sus labios dejé la plaza y empecé el nuevo año.

miércoles, diciembre 31, 2014

Habitación 2015

Marca el calendario un 31 de Diciembre, miro a través de mi ventan y veo las luces de colores parpadear, enfrente una chica luce sus mejores galas, la fiesta espera, hoy se cierra un año, otro espera llegar.

Hace tiempo escribí que los años son como habitaciones de hotel donde uno reside, este año mis maletas son más ligeras, ligeras de equipaje, un equipaje que se queda en la otra habitacion esa que me dieron hace 365 dias con el número 2014.

Echo de menos la vieja mesa de madera con olor a antiguo, echo de menos vestirla de blanco con sus dos copas, sus velas, una botella de lambrusco y maxwell sonando. Echo de menos unos ojos brillantes, una sonrisa, una orilla al otro lado de la cama.

Cuando dejas una habitacion ya sea la 2014 la 2013 o la 2006 se acumulan los echo de menos, quizas se queden pegados a la puerta que se cierra, mientrás se abre otra.

Espero que ahora que las luces se apagan, que dentro de nada se oirán los petardos y la algarabia lejana, que cuando abra los ojos, si Dios quiere, estaré en otra habitación una habitación blanca a la que decorar dia a dia , a la que pintar sus paredes, a la que asomarme de nuevo, desde la que, sin duda, echáre de menos mi vieja mesa de madera, mi cajita de cerillas que con ella tantas cosas viví.

Feliz Habitación 2015

miércoles, diciembre 17, 2014

Cuida a tu tía

Hacía una tarde de perros, de esas que lo que más apetece es estar en casa y ver como llueve. Sin embargo todo iba a truncarse cuando sonó el móvil.

- Dime ¿pasa algo?
- Lo siento pero la que cuida a la tía no puede ir y a mi me es imposible, ¿puedes quedarte tú con ella esta noche?
- No me jodas... ¿esta noche?
- Si... venga ya sabes que...
- Sí ya se... pero es que es inaguantable...
- Lo sé... pero no puede estar sola.
- Está bien, vale voy para allá.

La tía era una anciana de 90 años, con demencia senil pero forrada de dinero, algo que aunque costara reconocerlo era un buen motivo para aguantar una noche. Vivía en una casa grande y desde hacía tres años no había vuelto a pisar la calle, las visitas que le había hecho su sobrino siempre terminaban en discusión, era una mujer con un terrible carácter que siempre había hecho en su vida lo que le había dado la gana y le habían consentido.

Cuando llegó al portal ya era noche cerrada pese a ser las 6:30 de la tarde, la lluvia arreciaba y maldijo cuando apretó el botón del portero automático. Como era habitual tardó en abrir lo cual solo logró enfadarlo aún más.

- Ya te vale casi me quedo helado abajo - le soltó nada más abrir la puerta
- Es que no he oido nada
- Claro tienes la tele a todo volumen no me extraña.
- Anda que nada mas entrar y ya me estas regañando, ¿no me traes tabaco?
- ¡¡Ya estamos!! no acabo de entrar y siempre con el tabaco, ¿a que te has fumado lo que te dejan?
- No lo sé voy a ver.

Le hace la cena, ella sentada no se mueve para ayudarle simplemente le mira hacer, y se queja de la ciática. "Te ayudaria, pero es que no puedo moverme" - le dice. Él masculla un " ya, cuando quieres bien que te mueves no te jode" y se sienta a verla cenar.

- ¿Te vas a quedar? dame un pitillo anda - le dice mientras sigue masticando la tortilla francesa que asoma por su boca
- Si me quedo, sola no puedes estar, y tabaco no hay así que cena y tómate las pastillas.
- Pero ¿porque? dame un pitillo si tu fumaras yo te lo daría...
- ¡¡Que no!! No puedes fumar y por favor no me lo digas más,  siempre igual que si un pitillo...

Termina de cenar se toma las pastillas y cuando él está llevando los platos a la cocina se pone un vaso de vino con gaseosa que se lo bebe de un trago.

- Venga dame un pitillo aaaanda -le dice arrastrando las palabras en su boca
- ¿Pero que has hecho? ya te has tomado el vino si sabes que con las pastillas de dormir no puedes que te afecta ....
- Si... bueno.... y ese pitillo ¡¡damelo!!

Su cara se descompone mueve las manos como si quisiera atrapar algo en el aire, las pastillas para dormir ya empiezan a hacerle efecto y él se asusta un poco.

- Vamos que te llevo a la cama.
. Y mi pitillo ... anda... no seas malo...
- ¡Qué no! basta ya, a la cama

La mete en la cama ella coge el mando de la tv y la enciende, "no me cierres la puerta del todo" - le dice. El vuelve al salón y busca algún canal de televisión donde haya algo interesante que ver.

Desde la cama ella grita.

- ¿Me vas a traer el pitillo?   me voy a comprar cuatro cajetillas y voy a fumar cuando yo quiera...

Él hace oídos sordos, mientras ellas sigue de vez en cuando preguntando por el tabaco. Hasta que pasado un rato se hace el silencio.

Cansado él se va a su dormitorio, apaga la luz y cierra la puerta. Las paredes de aquella casa como papel de fumar dejan oír cualquier ruido. En su habitación brillan unas estrellas fosforescentes, no puede dormir, le parece que su tia se ha levantado y oye como arrastra los pies, sin embargo no ve ninguna luz encendida por debajo de la puerta de su habitación.

- No te obsesiones, no se ha levantado - se dice, e imagina que ella en un ataque psicótico entra en la habitación a reclamar su tabaco. No suele ser miedoso pero esa imagen de su tía abriendo lentamente la puerta le hiela la sangre.

Vuelve a oír ruidos en el pasillo, - ¿tia? - grita, pero nadie contesta, mira el hueco de la puerta no hay luz pero juraría que la puerta se está abriendo, justo en ese momento se oye un tremendo relámpago y la luz del despertador parpadea antes de apagarse.

- Mierda, no me jodas que se ha ido la luz.  

Intenda ver en la oscuridad algún reflejo que pueda indicarle si la puerta se está abriendo, su mente le traiciona y cree ver la silueta de la vieja en el quicio de la puerta  "vengo a por mi tabaco... dame mi pitillo..." 

Se pone nervioso, su imaginación se dispara, y si su tía alterada por la mezcla del vino y las pastillas para dormir fuera capaz de... " no digas tonterias, es una vieja..." se dice intentando tranquilizarse. A tientas toca el pomo de la puerta del dormitorio e intentado no hacer ruido abre la puerta,  se asoma al pasillo y  casi susurrando - "¿tía, estas despierta?" - No hay respuesta. 

La casa es grande y no sabe donde puede haber alguna vela, duda si acercarse hasta la habitación de su tía, pero paso a paso avanza hacia ella, intentando oír si duerme. Con la mano pegada a la pared avanza recuerda que el pasillo gira a la izquierda antes de llegar al dormitorio, se para e intenta escuchar, silencio. De repente un crujido a sus espaldas, lanza un grito, su corazón parece salirse  de su pecho, se agarra a la pared esperando ver si ella está detrás,  - "Tia, por Dios, ¿estas ahí? " -  pero nadie contesta, ahora el ruido parece amortiguado. Se detiene y vuelve a escuchar, otra vez el crujido, pero no viene de atrás sino de arriba, "malditas paredes, !!joder!! es el vecino".

Por fin llega al dormitorio de su tia, empuja la puerta, todo está a oscuras y no se oye nada. Duda si acercarse a la cama y tocar por si está allí, - "y si se ha muerto.."- piensa  mientras se concentra en si puede oir su respiración, cuando ya está casi pegado a la cama  la luz de la mesilla se enciende y se apaga repentinamente. lo justo para ver que  ¡¡¡ la cama está vacía!!!

El amago de volver la luz, se ha quedado en eso, y todo sigue a oscuras. 

- Tiaaaaa - grita - ¿pero donde estas?

- continuará -

domingo, diciembre 14, 2014

Círculo rojo

Miraba el calendario absorto como si nada de lo que ocurría a su alrededor tuviera importancia, solo la sucesión de números y días, y realmente nada sucedía a su alrededor.

Tachó los numeros hasta llegar al último que rodeó con un círculo rojo, dejó el rotulador en la mesa y se quedó mirando el trazo que había hecho, entonces bajó a la calle, se acercó a la papelería y compró otro calendario.

lunes, noviembre 24, 2014

Yo te diria

Te encuentro en ese viejo café, sentada en un rincón, con la mirada perdida en el humo que asciende de tu taza de té.
Y yo te diria, no sé,  que las cosas van a ir bien.
No levantas la mirada, quizas por  que tus ojos estén nadando en  un lago que nunca quieres mostrar.
Y yo te diria, no sé,  que las cosas van a ir bien.
Pareces cansada, como el boxeador que se sienta en su esquina después de haber estado al borde del K.O.
Y yo te diria, no sé,  que las cosas van a ir bien.
Siento que  ahora solo escribes palabras que empiezan con des, desilusionada, depechada, destrozada, desencantada, desengañada...
Y yo te diria, no sé,  que las cosas van a ir bien.

Yo te diria, no sé,  que las cosas van a ir bien, aunque sólo sean palabras, aunque a veces las escuches como la brisa que llega y se va.
Las cosas van a ir bien.

Y aunque no me escuches, y no me creas, yo te diria no una, sino mil veces, no sé, que las cosas van a ir bien, que las cosas te van a ir bien.

domingo, noviembre 23, 2014

Qué te gustaría ser...

Pasaron una lista en el instituto, un cuestionario para ser más  exactos, en el se hacía hincapié en los gustos y las preferencias del que lo rellenaba, y como colofón del test una última pregunta. ¿Qué te gustaría ser, si pudieras ser lo que más sueñas?

A pesar de haber cerca de cincuenta hojas, las respuestas a esta ultima pregunta se podian agrupar en pocas tipologias, las mas usuales futbolista, modelo, actor, actriz, algunos iban a los mas sencillo tertuliano de televisión, otros se decantaban por profesiones lucrativas médicos de cirugia plástica,  astronautas y políticos.

Sin embargo hubo una que por su extensión llamó la atención.

"Tras mucho pensarlo, me decanté por dos. La primera sería actor, lo cual lejos de la fama y el dinero que podría darme, me llenaría más que en una vida podría vivir cientos, unas veces espía, otras un super héroe, otras un simple mortal viviendo situaciones inversimiles, otras viviria a cientos de años de mi epoca ya sea en el futuro o en el pasado. ¿qué mejor profesión hay que pueda darte la oportunidad de ser César, o Cristobal Colón, o cruizas el espacio interestelar, vivir un romancce en desayuno con diamentes o un amor imposible en Memorias de África?, pero despues de pensarlo mejor creo que hay una profesión mucho mejor que la de actor, una que puedes vivir todas esas vidas sólo que está en tu mano como hacerlo, como iniciarlas, como cambiarlas y como terminarlas.
Poder rehacer aquello en lo que te equivocaste, volver a enamorarte  y que se enamoren de ti, curar un corazon roto, cruzar el desierto o el océano, ser no sólo un personajo por qué no ser dos tres o casi todos, creo que la mejor profesión que me gustaria tener, mas que profesió lo que más que me gustaria ser es.... poder hacer sentir,llorar, reir, tocar el corazón, lo que me gustría ser es... lo que ahora estoy haciendo... ser simplemente alguien que con palabras entreteja una historia o mil historias, donde yo las viva las sienta las termine,, donde pueda sentir que lo que una vez se ha perdido puedes recuperarlo, que lo que sueñas que llegue llega de verdad, que al poner fin y cerrar la última página sientas que algo ha queddao guardado en el corazón.

Querria ser escritor."

viernes, noviembre 14, 2014

Quizás

Hacía ya varios meses desde que el sonido de la puerta de su casa al cerrarse habia llenado todo de un vacío que él nunca pudo llegar a imaginar.

El silencio se acomodó en su sillón, cubrió como si fuera un mantel blanco , el mismo que utilizaba para aquella cena con velas, la mesa de madera, y por último se hizo un hueco en su cama.
Intentó resistir, adaptarse a la idea de que ella ya no estaba, que se había ido, que la había perdido, sin embargo cada dia que pasaba sus fuerzas flaqueaban, empezaba a ser consciente de la realidad, de que había jugado con fuego y se había quemado, de que de alguna extraña manera él había sido el artifice de su marcha.

Aquel día de noviembre amaneció  lluvioso, las gotas se estrellaban en el cristal de su dormitorio con un repiqueteo constante que  solo conseguian aumentar el sentimiento de nostalgia que le ahogaba.
Cogió su móvil, y navegó entre los números de sus contáctos grabados en la tarjeta SD, no estaba, recordó entonces que una tarde en un ataque de furia borró las fotos y los teléfonos que le uníana ella, como si aquello fuera romper el amarre que une el barco al puerto y pudiera otra vez echarse a la mar.

Abrió el whatsapp, y deslizó la yema de sus dedos por las teclas... " quizás te lo hubiera tenido que decir antes, quizás te lo tendría que haber escrito antes, quizás te lo tendría que haber hecho sentir antes, no soy nada sin ti... vuelve"  intentó recordar su número de móvil, era cinco u ocho se decía, ocho era un ocho, tembló un poco antes de dar a enviar, la pantalla brillo y apareció la marca de mensaje enviado.

Esperó, un día, "es demasiado pronto", dos días "quizás esté pensando que decirme", tres días "ya deberia haber escrito", una semana "no va a hacerlo", un mes "¿cómo es posible que me ignore, después de todo lo que hemos vivido..?", tres meses "un amargo recuerdo que aún duele".

Había pasado un año desde que escribió el mensaje, la vida continuaba y auqnue a veces aquello dolía como una dentellada en el alma, había aprendido a convivir con ello.
Era otra tarde gris de noviembre cuando volvió al bar de siempre, ya los recuerdos se habian vuelto más difusos, dicen que el paso del tiempo va creando un velo en la memoria por el cual las imágenes van perdiendo nitidez y se vuelven más y más borrosas aunque nunca lleguen a desaparecer. Se sentó en una mesa apartada, pidió un café con leche, sacó su pequeña libreta un lápiz y se quedó mirando fijamente aquella página en blanco que hacia tiempo le retaba y siempre ganaba.
No se percató que la puerta del bar se abrió, ni que, no muy lejos pero tampoco muy cerca una pareja se sentaba, una cerveza y una coca light, una concersación y unas risas.

Él seguía mirando la página en blanco, el lápiz trazaba círculos en sus dedos, pero sin atreverse a cruzar el espacio que le separaba de aquella libreta, se deslizo entre el índice y su pulgar dió un ligero brinco y como un polluelo que salta del nido, se lanzó a volar, giró y cayó al suelo.

Fué entonces cuando al levantarse se percató de su presencia,  era ella, parecía más cansada, sus ojos no brillaban tanto, pero su sonrisa... aquella sonrisa.  Intentó pasar desapercibido pero ya era tarde, sus miradas se cruzaron, un instante fugaz pero suficiente para delatar que ella estaba allí y que él estaba mirándola.

Fue ella la que se levantó y se acercó a su mesa, él cerró torpemente la libreta, apreto el lápiz en su mano, y sintió como su boca se secaba.

- Hola... ¿no pensabas saludarme?
- Yo... bueno... no queria interrumpirte.. esta con tu chico.. y yo...
- No es mi chico, es un compañero de trabajo,  ¿puedo sentarme o te molesto?
- Para nada.. por favor sientate - dijo él levantándose y apartando la silla para que ella pudiera acomdarse.
- Me quedo aqui un rato, luego te veo en la oficina - dijo ella a su compañero mientras este pagaba la cuenta y salía del bar.- Bueno y qué es de tu vida.
- Ahi voy, ya sabes, un poco de allí un poco de alla...
- jajaja sigues siento tan explícito como siempre.
- ¿Y tú?
- No me puedo quejar, cabié dos veces de trabajo y ahora estoy muy agusto, tengo buenos compañeros y trabajo en lo que siempre estuve buscando.
- ¡ Cuánto me alegro!

La conversación fluyó por temas intranscendentes, como si ninguno de ellos quisiera ahondar más alla de la superficie por temor a ahogarse.

- He de irme - le dijo ella - aún me quedan cosas por terminar en la oficina.
- Siempre tan liada como ....
- ¿cómo...?
- Como antes, como cuando... estábamos juntos.
- Si, y si te digo la verdad aún más liada, pero bueno ya me conoces...
- Pensaba que te conocía.. me ha alegrado mucho volver a verte.
- A mi también- dijo ella levántadose, echado la silla hacia atrás.

Él temblaba, le costó ponerse en pie para despedirse, las palabras escalaban sus labios intentando llegar a la cima y desprenderse.

- ¿Lo recibiste? - le prenguntó.
- Si recibí... ¿ el qué?
- Mi mensaje hará un año más o menos.
- No he tenido noticias tuyas desde.. bueno ya sabes...
- ¿De verdad no te llego nada? te lo mandé a tu móvil 825 38 45  72
- Aysss pero qué cabeza tienes, ni siquera recuerdas mi número  no es 38 es 35

"¡¡ Dios!! no era un ocho era un cinco " pensó él.

- ¿Algo importante?
- Bueno quizás en aquel momento.. ahora  ya no creo.
- Ya... tengo que irme ¿vale?. Ya nos veremos.

Volvió a cerrar la puerta del bar, él cogió el móvil, buscó aquel mensaje, esta vez puso un cinco un vez de un ocho y dió a reenviar.

Salió un check gris, luego otro y acto seguido uno doble azul. Lo había leido.
Cerró la mano tapando el móvil, y segundos después este vibró. 

Era su respuesta:

"Quizas si, quizás tendrías que haberlo hecho... quizás... si ... quizás aún estemos a tiempo de borrar los quizás"

lunes, noviembre 03, 2014

Todo se detiene

Hay momentos en que todo se detiene.
Siempre he pensado que uno escribe cuando siente que surfea en sus sentimientos, en mi caso mas que surfear ha sido nadar e incluso ahogarse en ellos.
Pero hay momentos en que todo se detiene.
Se detienen incluso los latidos. Sinlatidos.

Hace tiempo que las frascas de letras están vacías.
Que ya no encuentro hilo con que coser letras y palabras.

Que una página en blanco no es una invitación a llenarla de garabatos, sino un monte imposible de escalar.

Incluso mi viejito ya no regresó más.

Hay momentos en que todo se detiene, los latidos, las sonrisas, las lágrimas y la tinta de mis letras.

Quien sabe cuanto durará, pero por ahora sólo tengo frascas vacias, agujas sin hilos de palabras que coser.

Por que hay momentos en que todo se detiene, incluso la vida.


martes, septiembre 30, 2014

Pedacito de mar

El silencio habia trepado por las paredes hasta rodear mi cama, cubriéndolo todo, arropándome.
Hacía días que se habían apagado las risas, los gritos de mi madre  llamándoe a cenar, como se apagan las luces al llegar el alba.

Me había acostumbrado a sus llamadas,  en voz alta, pero con toda la ternura del mundo.
 Por las mañanas, como si fuera un despertador    "¡¡ a desayunar!!",  cuando hacía la comida. "¡¡deja eso!! y pon la mesa",  y por la noche: "¡¡vamos a cenar!!, cena, límpiate los dientes y a la cama", luego se acercaba  se cercionaba que estaba bien tapado y me besaba con un "dulces sueños".

Esa era mi rutina diaria, marcada por las llamadas de mi madre, ahora el silencio lo llena todo.
Ella recostada en la cama, blanca como las sábanas que mi padre pone cada día.
Yo me acerco tembloroso, como si ella fuera de cristal y con un leve roce mio se hiciera mil pedazos.

- No dejes de ver el mar - me dice - cuando puedas viaja a conocerlo es lo mas grande que he visto en mi vida, ¡cómo me gustaria volver a verlo!

Y cierra los ojos, y yo pienso que ella soñará de nuevo con volver a pisar la arena y ver el azul que se convierte en verde turquesa del mar que la vió nacer.
Y cada vez que la dejo, pienso cómo puedo traerla el mar, como hacer que una vez más vea su mar.

Cojo a mi hermano pequeño de la mano y corremos a la cocina a por un bote de cristal.

- Ve a por arena - le ordeno. Mientras yo saco la sal del armario.

Lleno el frasco de agua y la mezclo con la sal y cuando mi hermanito llega echamos la arena. esperamos a que se pose en el fondo.
Entonces vamos a por el pequeño pez que nada distraido en su bola de cristal, lo cojo y lo echo en el frasco.
El pez da una bocanada, como si con ello pudiera respirar en aquel pequeño trocito de mar, pero es un pez de agua dulce y lentamente empieza a flotar boca arriba.

Me echo a llorar, mientras mi hermano pequeño mete el dedo empujando al pez como si con ello pudiera insuflarle un poco de vida.

- Abuelo, el pez, el pez se ha muerto y no puedo llevarle a mama mi pedacito de mar.
- No te preoupes, traeme un poco de hilo.

Y el abuelo ata al pescadito.

- Ahora tira despacio, ¿ves? parece que nada, súbelo y enséñaselo a mamá.

Subimos a la habitación y allí mi hermanito y yo le eseñamos a mama, el frasquito llenos de agua y arena de sal y de un pequeño pececito que se mueve... se mueve a tirones de hilo.

- Mira mama un pedacito de mar para ti.

Y ella sonrie, no dice nada, pero sonrie.

Ahora soy yo quien le grita a mi hermanito, por las mañanas como si fuera un despertador "¡¡a desayunar!!" y  cuando  la comida está hecha "¡¡vamos deja eso!! y pon la mesa",  y por la noche: "¡¡vamos a cenar!!, cena, límpiate los dientes y a la cama", luego me acerco,  me  cerciono que está bien tapado y le doy un beso con un "dulces sueños".

En algún lugar donde hay un mar azul que se torna en verde turquesa, allí estará mi mamá.

miércoles, septiembre 24, 2014

Encender la Luna


Vivía en un pueblo de casas blancas, verdes, rojas, a la orilla del mar.
Algunos decían que parecía un pueblo de la costa Irlandesa, pero tan sólo era un pequeño pueblo de Almeria.

Mi padre había trabajado en el faro desde siempre, pero cuando llegó la tecnología él solo recibió una carta, un cheque y un adios.
Los barcos con su gps, sus radares ya no necesitaban de los viejos faros.
Y allí estaba en casa todos los días todas las noches... excepto una.

Cada 29 días más o menos, sin decir nada y antes de anochecer desaparecía.
Mi madre no decía nada y yo por más que preguntaba sólo obtenia un "ya lo sabrás, aún eres pequeño".

Y aquel misterio nacía una y otra vez cada 29 días más o menos.

Hasta que una tarde justo antes de anochecer, mi padre me miró y cuando se levantó me dijo "ya es hora que vengas conmigo".

Seguí sus pasos hasta el viejo faro, él abrio la puerta de madera que crujió como si fuera a deshacerse. Subimos los peldaños hasta el lugar donde mi padre había pasado gran parte de su vida.
Metió una llave, giro la luz y la dirigió hacia el pueblo.
Justo cuando el sol se ocultó, él encendió la luz que iluminó la noche.

- ¿Qué haces papá? - le pregunté.
- Enciendo el faro...
- ¿Es esto lo que haces cada 29 días?
- Si hijo, enciendo la luna cuando es luna nueva, para que la noche no sea oscura, para que la luna siga con nosotros.
- ¿Y que hago yo aquí?
- Aprender, aprender a encender la luna.

martes, septiembre 02, 2014

Ella





Hoy,  cuando el calor del verano aún no quiere despedirse, en una pequeña plaza frente a un banco de madera, la parca vino a sentarse junto a un anciano. Le miró, como suele hacerlo antes de llevarse a alguien, quizás dandole la oportunidad de que pudiera revisar su vida, pero sin tiempo para despedirse.
Imagino que sintió el frio brazo de ella rodearle hombros, imagino que en ese instante supo que todo acababa, o quizás no.

Ella lo abrazó, y se elevó con él. abajo quedó su cuerpo que pese al calor de Madrid, se quedó frío.
Ahora sólo queda un a especia de papel metálico amarillo cubriendole, y una extraña sensación en el aire. La gente pasa se detiene un momento y sigue su camino,  como si  ella, la parca,  nunca fuera a venir, como si esa visita solo fuera para los demás, y mientras seguimos viviendo con prisas, estresados, pensando en qué nos falta sin saber lo que tenemos.

Ella, sin duda volverá, vendrá a por todos un día.. y en ese momento lo mejor sería esbozar una sonrisa por que haya merecido la pena vivir.

lunes, agosto 18, 2014

La búsqueda

Había llegado.
 Trás tres años.
 Tres largos años de búsqueda.

Ahora estaba cerca, lo presentía, muy cerca.
Subí los peldaños de dos en dos, dejé todo lo metálico en una bandeja de plástico y accedí a las oficinas del registro.
Como no, tuve que esperar,  pero me deleité observando a la chica que dispensaba los certificados, de pelo castaño claro , ojos oscuros, vivarachos todo lo contario al estereotipo de funcionario que todos llevamos en la cabeza.
Cuando llegué al mostrador sentí que en aquella chica había algo especial que me atraía, no era su hermosura ni la dulzura de su voz, era algo interior que no sabía interpretar, una fuerza de atracción que sólo podía comparar con la gravedad.
Me entregó los certificados, y hubo un leve instante en el que ella se detuvo, como si lo que yo estaba sintiendo lo hubiera podido leer con claridad

Aún me quedaban días para poder dar con lo que me había llevado a aquel pueblo, los certificados eran un paso más en aquel largo camino que había emprendido desde una triste cama de hospital, hacia tres años, donde una anciana al borde de la muerte me desveló su oscuro secreto.
El pueblo era pequeño, y no me fue difícil volver a cruzarme con la chica del registro, esta vez, reuní las fuerzas suficientes para invitarla a cenar.

Ella aceptó.

Tras la cena, me enseñó el mirador del pueblo, desde donde podía verse toda la llanura y las ruinas de lo que antaño debió ser el castillo del señor feudal. Paseamos, ella se paró delante de una gran portón de madera envejecida. "Vivo aquí" me dijo, no pudo decir más, la atraje hacia mi y la besé, lejos de mostrarse sorprendida ella abrió su boca y jugó con mis labios. Lo que ocurrió después fue fugaz, el portón se abrió  ella me empujó hacia dentro,y  cerró con un movimiento de cadera. Me llevó contra la pared mientras no dejaba de besarme, sus manos se apresuraban en quitarme la ropa mientras yo torpemente intentaba hacer lo mismo con el cierre de su sujetador. 

Desnudos, sobre la tarima, hicimos el amor.
Ya entre las sábanas blancas, nos contamos un poco nuestras vidas, ella desde pequeña en aquel pueblo deseando salir de allí, pero presa por no querer dejar a sus padres, yo le hable un poco de mi vida, de esa terrible atracción que sentí por ella desde que la ví. Cuando  me preguntó el motivo por el que había recalado en aquel publo perdido, no le dije la verdad.

 Me deslicé entre sus piernas y ella empezó a gemir...

Pasaron los días,  nos seguimos viendo.
 Mientras iba avanzando en mi búsqueda, una sospecha se cernía en mi mente " y si fuera...".

Aquella tarde cuando ella regresaba a las oficinas del registro y aún su aroma impregnaba mi habitación, tenía sobre mi mesa la solución a lo que vine buscando.
Sabía que no debía abrirlo, pero...

Lo que aquella anciana me desveló antes de morir, era cierto, no era hijo único, aquel bebe que nació años después que yo, no estaba muerto, se lo habían arrebatado a mi madre, ese bebé seguía vivo y era.... ¡¡¡ ella!!!, ¡¡¡ era mi hermana!!! la chica del registro, esa atracción extraña... ¡¡¡ mi hermana!!!

 Cientos de pensamientos se cruzaron por mi mente, lo que sentía por ella, desvelar la verdad, el daño que eso le causaría, a los que ella pensaba que eran sus padres...

Mi movil vibró, era un mensaje  "¿vienes a buscarme y cenamos juntos?"...
Cuando salí de la ducha y terminé de vestirme, ya sabía lo que tenía que hacer.

Al cerrar la puerta de la habitación, aún humeaban las cenizas del informe sobre mi hermana.

viernes, agosto 15, 2014

Cine de verano

Estaba sentado en una esquina de aquel viejo y rancio bar, como si, de alguna manera, pudiera ser invisible y pasar desapercibido al resto de la gente.
Algo casi imposible puesto que no quedaba ni una mesa libre, el calor de Agosto vaciaba las calles y llenaba los locales que tenian el aire acondicionado funcionando todo el día.

Apareció ante mí, sin apenás percibirlo, con  voz queda me pidió permiso para sentarse.
Yo, casi sin levantar la vista asentí, no sé porque lo hice, porque lo último que quería en ese momento era tener compañía.
Le miré de reojo, abrazaba su jarra de cerveza como quien abraza una almohada en una cama vacía.

- ¿Sabes si hay algún cine de verano por aquí cerca?

Su pregunta me sorprendió, no esperaba que él entablara conversación.

- Creo que hay varios por Madrid, uno por Principe Pío y otro en Conde Duque... - le contesté mientrasél  apuraba un trago de su jarra.
- Recuerdo aquel cine de verano, corría una brisa fresca, de aquellas que te obligan a ponerte un jersey. El cielo estaba cuajado de estrellas, ella me arrastraba de la mano, no es que yo opusiera resistencia, pero me encantaba dejarme llevar. La sentía feliz, aunque ahora aparezcan en mi mente esas imágenes borrosas y no logre ver su cara. Bajamos las escaleras, al fondo había una barra de bar, y en el centro estaban dispuestas las filas de sillas  como en un tablero de ajedrez, solo que todas eran blancas.
 Fuimos hacía el fondo.
 Cuando ella levantó la mano  sentí un nudo en el estómago, y un calor en las mejillas, saludaba a su hermano,  él levantó su brazo y le devolvió el saludo, en su mirada leí una pregunta muda "¿es él?", imagino que ella le contestó con un ligero asentimiento de cabeza, pero yo no lo percibí.
A mitad de camino de ese encuentro las luces empezaron a apagarse, ella me soltó y con un movimiento de sus manos le indicó que después nos veríamos.  Recuerdo que nos sentamos  y me quedé mirandola fijamente, había un brillo especial en su mirada y una sonrisa de las que no se olvidan en la vida.
 Se inclinó hacía mi, y me susurró "bésame".
Le ví cuatro sillas mas allá, nos miraba, y en mis labios, apresuradas, corrienron las palabras "ahora no, está ahí...", "tonto, mira que eres... tonto" me contestó.

Su mano se deslizó sobre la mia, y los dedos se entrelazaron, yo cerré los ojos, no me preguntes de que iba aquella película, por que no lo sé, simplemente todo mi ser era un radar que captaba cada sentimiento que pudiera atrapar como si fuera una tela de araña a la espera de que algun insecto cayera.  Sentía el calor de su mano, el liviano peso de su cabeza sobre mi hombro mientras ascendia su perfume en aquella brisa de verano...

Luego llegó el intemedio de la proyección, fuimos a la barra del bar, y allí me lo presentó, no sé si aquel acto fue como una aprobación o quizás una presentación formal, ni lo supe ni me importó que lo hubiera sido. Ella se puso delante de mi para que yo la abrazara desde atrás, mientras él se alejaba, le besé el cuello dejando un suave mordisco en el lóbulo de su oreja, ella giro su cabeza y me besó, luego susurró un te quiero... Y ya no recuerdo más todo se pierde en el tiempo.

Me decias que hay un cine de verano por Conde Duque ¿verdad?

- Si.. si... ese no está muy lejos de aquí... - le respondí con las imagenes de su historia aún en mi retina.

Se levantó, abrazando la jarra de cerveza y arrastrando los pies. No se despidió, no dijo adios, no hacía falta, aún sobre la mesa revoloteaba esa brisa de verano.

viernes, agosto 08, 2014

La voz

Tenía la sensación de que había tocado las estrellas, por un breve instante, tan breve que ahora solo era un recuerdo.
Algo que pasa una vez en la vida como un cometa, y ya no vuelve a pasar en siglos y tan solo deja una estela que con el tiempo se va borrando.
Y como cuando pasa un cometa, atrás solo queda al vació del espacio, un agujero negro allá donde decían que debía haber un corazón.

Fue ese el principio. el principio de su historia.
Todo ocurrió una mañana, cuando te levantas de un sueño del que no quieres despertar, peor te es imposible repetir por más que intentes cerrar los ojos. Se miró al espejo y oyó una voz, calida, suave, tierna, "Hola, ¿cómo estás esta mañana?" Al principio no le dió importancia, pero cuando la volvió a escuchar  preguntándole "¿no me vas a contestar?", no tuvo más remedio que decirle "si claro"

- Ah pensé que me ibas a ignorar
- No, perdona es que me has sorprendido
- Yo también estoy sorprendida, no me espraba encontrarte y aquí estas.
- Si.. bueno... ¿pero quien eres?
- ¿No te gustan las sorpresas? digamos que no te busqué ni me viniste a buscar, pero nos hemos encontrado, ¿te importa?
- No, me gusta tu voz.
- Gracias, y ahora ¿que vas a hacer?
- Voy a ducharme, tengo que ir a trabajar...
- Ah bien te dejo entonces, hasta luego.

Y desapareció. Cuando llegó por la tarde, recorrió la casa extrañado, como si buscara a alguien hasta que de pronto...

- Hola, ya has llegado.
- Hola... si...
- ¿Cómo te ha ido el día?, cuéntame...

Y él le contó lo que había hecho, y ella, la voz, las ganas que tenía de volver a hablar con él.

Aquella noche, durmieron juntos, bueno... quizás no fisicamente, pero si que desde hacía mucho tiempo él sintió que no dormía solo.
A partir de entoces compartó con ella, la voz, las películas que veía, los paseos por el parque, le enseñó donde poder ver las estrellas en aquella ciudad llena de luces, le mostró lo que era una atardecer.

Ella, la voz, aprendía de todo lo que él le narraba, como era besar, y acariciar, como era sentir, o al menos como lo recordaba él, y ella, la voz, sintió que sus palabras estaban vestidas de tristeza.

- Me gustaría poder llenar ese vacío - le dijo
- No sé si seré capaz, a veces crees que si olvidas pierdes lo que tuviste...
- Ahora me tienes a mi.
- Ahora estas tú...

Aquella mañaan, de un octubre lluvioso, llegaron unos hombres vestidos de blanco, le cogieron y se lo llevaron.
Según me dijeron todo fue por la denuncia de un vecino, que lo veía a través de su ventana hablar sólo.
Le diagnosticaron personalidad bipolar.

Nunca más volvió por el barrio, pero cuando fuí a visitarle, puedo decir que de alguna manera era feliz.

viernes, agosto 01, 2014

Recuerdo

A veces la mente esta vacía.
A veces  no hay nada dentro sólo un eterno vacio.
A veces caminas en el filo del presente agarrado a la cuerda del pasado
A veces solo todo es un recuerdo

Un recuerdo.

viernes, julio 25, 2014

La Abuela

Isabel llegó a casa de su abuela, como hacía cada domingo, comía con ella.
La octogenaria abrió la puerta con una sonrisa, a pesar de su edad, vivía sola, por mucho que habían intentado convencerla de lo contrario, ella no quería rehusar a su libertad. "No tengo que dar cuentas a nadie" - contestaba cada vez que alguien de su familia se atrevía a comentar la posibilidad de una residencia.

Isabel había pasado la frontera de los 40 hace poco, con una mochila cargada de sinsabores, que no lograba deshacerse de ella. Un relacion acabada, que le habia dejado un lista de recuerdos agridulces, sobre todo porque en la pequeña ciudad donde vivía era fácil volver a encontrarle, y además de la mano de una treinteañera. Ella que se deciá que lo había dado todo por él, sus mejores años, sus amigos ahora en el olvido, ¿y qué habia recibido a cambio?  gotas de ternura, sexo racionado, y un olvido.

Su abuela apartó la cazuela del fuego, y un olor penetrante llenó la cocina, era uno de sus famosos potajes.

- Vamos, siéntate niña, que pareces que vienes de velar a un muerto, ¡Ay! si yo tuviera tu edad.
- Venga abuela déjalo...
- Si es verdad, si yo tuviera tus años no estaría con esa cara, la vida es tan corta,  yo no me puedo quejar, pero me duele verte asi, dejándote ir, mirando pasar la vida desde la ventana.
- ¿Y qué voy a hacer?, mis amigos eligieron estar con él, y sabes que yo sola no voy a ningún lado, ¡ cómo voy a viajar yo sola!
- ¡Ay, pequeña!, aún no te das cuenta de todo lo que tienes en tu mano, con esos trastos de móviles, y eso que dicen en la tele de las redes sociales... ¿viajar sola? yo que fui de Cartagena a Madrid en mis tiempos, eso si que era viajar a la aventura, ahora lo tenéis todo hecho, aviones, hoteles, y sino mira esos jóvenes que recorren el mundo de sofá en sofá, que lo he visto en españoles por el mundo, si yo pudiera...
- ¡Pero...! no me atrevo y si me pasara...
- Y si.. y si... el cementerio está lleno de gente que se harto de decir ".. y si..". Tú sabes lo que me encanta la India, en eso nos parecemos, déjame que te cuente una historia..

Aunque Isabel se hubiera negado, era una batalla perdida, la abuela no era la misma sin sus historia, y en el fondo Isabel adoraba a su abuela y las historias que contaba.

- "Hace tiempo, en un rincón de la India vivia Rajendra, con su trabajo había logrado crear una hacienda con ganado, todos los años viajaba a la ciudad a vender las mejores cabezas de su ganado. Aquel año dejó la hacienda a cargo de su hijo Faimidha. "cuida de la hacienda, volveré en tres días" le dijo. Y Rajendra partió par ala ciudad.
A la noche siguiente de su partida, un grupo de bandidos asaltó la hacienda se llevó todo lo que pudieron, quemaron la casa, y al ver a Faimidha lo secuestraron para que venderlo como esclavo.
Cuando llegó Rajendra, quedño desolado, sólo habia cenizas en el lugar donde antes vivía, buscó a Faimidha por todo la hacienda, pero sólo encontró unos restos de huesos calcinados, "mi hijo... mi probre hijo..." se dijo, los limpió y los guardo en una urna. Abandonó la hacienda y buscó una casa donde refugiarse de su dolor.
Pasado unos meses Faimidha pudo escapar de sus captores, volvió al poblado y buscó a su padre, le costó dar con con la casa donde ahora vivía, ya era de noche cuando llamó a su puerta.
- Padre, padre, soy Faimidha, he vuelto, ábreme...
El padre oyó los golpes, y creyó que eran de nuevo los ladrones que intentaban engañarle.
- Mi hijo está muerto, tengo sus huesos  entre mis brazos, iros...
- Padre.. soy yo tu hijo ábreme....
- Iros .. dejadme en paz... mi hijo está muerto.

Al final Faimidha tuvo que irse, su padre nunca le abrió la puerta."
- Pero abuela... - Mira mi niña,  muchas veces nos aferramos  a una idea a una mentira que creemos que es verdad, y nos agarramos tanto a ella que nos cuesta ver otra realidad, otras posibilidades, sólo creemos lo que tenemos en nuestras manos, en nuestra mente, y como Rajendra somos incapaces de abrir la puerta...

Isabel miró a su abuela, se acercó y la besó.

- Me muero por tu potaje abuela.
- Y yo ...

lunes, julio 07, 2014

El hombre que podía escuchar lo que escondían las palabras

Creo que tendría cuatro o cinco años, a esa edad los recuerdos se confunden, pero más o menos fue a esa edad cuando empecé a darme cuenta de eso que algunos llaman "don".
No recuerdo exactamente la edad, pero si el lugar y el momento, mi madre con su delantal blanco estaba pelando patatas, yo detrás intentaba que me hiciera caso, ella se giró, me miró como sólo una madre puede hacerlo y me dijo: "venga ve a correr con tu hermano", yo le contesté " no quiere, dice que soy muy pequeñajo y no me quiere, ¿tú si verdad, mami?" " si hijito, yo te quiero, y no se lo digas a nadie pero eres mi preferido".

Entonces como un fogonazo las palabras que flotaban en el aire se convirtieron en letras pero que nada tenian que ver con lo que había dicho mi madre, pues a duras penas pude leer " te quiero, pero él es mi preferido, anda déjame cocinar". Yo no entendía como es que la voz de mi madre había dicho una cosa pero yo podia sentir que leía su palabras, palabras escondidas.

No le di importancia, sería cosa de mi imaginación, hasta que años después, cuando fuí a reclamar una nota de un examen, el profesor me dijo claramente "te he puesto esa nota por que es exáctamente lo que has sacado" y volvió aquella sensación de que no era cierto que yo podía leer en su voz " has sacado más nota, pero sé que puedes esforzarte más y por eso te pongo un 5".
Cuando salí de la escuela no dejaba de pensar en ello, seguía poniendo en duda que aquello fuera verdad, que no fuera algo producto de mi imaginación entonces vi a mis compañeros de clase jugando al futbol, y quise hacer una prueba.

- ¿Puedo jugar con vosotros? - le dije a uno que sabía que le caía mal.
- ... bueno... vale... - dijo resignado.

Pero yo leí en sus palabras "puf ya está el paquete este espero que vaya con el otro equipo".

Aquello fue el comienzo, empecé a practicar, a concentrarme en la voz y en las palabras y entonces surgían mas nítidas en mi mente, podía escuchar lo que escondían las palabras que me decían.

Algunos lo llaman "don" y en muchos momentos fué así por que me sirvió para saber quien me mentia  o como podía mejorar las cosas, otras veces era una maldición, cuando alguien a quien quieres te dice una cosa y tu lees la contraria, muchos te quiero eran simple palabras vacias que escondían que monotonía, muchos halagos eran simple muros que escondían espero que fracases.

Nunca supe convivir con ello del todo, ni tampoco poder utilizarlo cuando yo quisiera, iba y venía a su antojo, si me preguntasen ahora si con esos cuatro o cinco años pudiera elegir tener o no tener ese don, no sabría que contestar. Aunque ya es tarde para eso.

Estoy en la cama, mi hijo está sentado mirándome, diciéndome con toda la sinceridad que puede que todo irá bien, que saldré de esta, que soy fuerte, pero yo puedo leer que no es verdad, que lo que tengo no tiene cura.

Y es entonces cuando le empiezo a contar una historia, la historia del hombre que podía escuchar lo que las palabras escondían, por que quizás, quien sabe, el tenga el mismo don.

jueves, junio 12, 2014

Quédate a dormir

Estoy sentado al borde de la cama.

- Quédate a dormir.

No dice nada, tumbada en la cama.
Me desnudo y me abrazo a ella.

Suave y mullida, abrazo la almohada, otra noche.

Otra noche que se queda a dormir.

Ajedrez

Como cada tarde, desde que estoy en paro, bajo al parque del Retiro, allí en un rincón apartado, bajo unos chopps y unos olmos hay unas mesas de ajedrez envejecidad por el transcurso del tiempo, la humedad y el calor.

Como cada tarde cuando las sombras caen sobre los tableros dibujados en la mesa, se acercan unos viejecitos, sacan de sus cajas de maderas, torres, caballos y peones, alfiles, rey y reina.

"Hoy juego con las blancas" - dice uno.
"No empieces otra vez con el gambito de dama" - le contesta el otro.

Me fijo en un anciano que saca sus fichas de un paño, con todo mimo las coloca sobre la mesa como si fueran de cristal.
Las negras y las blancas.

Me acerco, y le saludo, el me contesta amablemente.

- ¿Puedo? - le digo.
- Claro, ¿sabes jugar?
- Algo sé. - le contesto
- Ya somos dos.
- Me llamo Carlos.
- Yo Javier, sientate - me dice - ¿blancas o negras?

Y empezamos a jugar, despacio, pensando cada jugada, casi como  profesionales.
Las sombras van corriendo sobre la mesa, el alfil amenza a la reina, pero el caballo apoyado por la torre contraresta el ataque.
El anciano sonrie.

- Lo siento, se me ha hecho muy tarde y debo irme.
- No te preocupes Alberto.- me dice el anciano- mañana continuaremos la partida.
- Mi nombre es Carlos.
- ¡Ay! hijo perdona, esta cabeza, ya me falla la memoria, ¿volveras mañana?
- Si - le contesto - no faltaré.
- Entonces continuaremos la partida, eres un buen jugador.

Al día siguiente, llego al rincón del parque, Javier está sentado y cuando me acerco tiene las piezas desplegadas ¡¡tal y como dejamos la partida!!

- Hola Carlos
- ¿Perdona te conozco?...

Me quedo parado, es imposible, no me reconoce y sin embargo las piezas están dispuestas tal y como dejamos la partida.

- Jugé ayer contigo, dejamos la partida tal como está ahora...
- ¡Ah! si.. perdona, mi memoria no anda bien...
- No te preocupes ¿jugamos?

Y jugamos, al quinto movimiento me hizo jaque mate.

Catecismo

Aún recordaba aquella figura lastimera de un bello hombre ensangrentado, clavado en la cruz.
Los rezos de primera hora de la mañana,la rigidez de Sor  Fulgencia, que no permitia ni una carrera por el pasillo camino al patio de aquel colegio de monjas.

Aún recordaba como había sido educada, esperando a un amor que cuando llegó se desvaneció tan pronto, como tan pronto llegó él con olor a otro perfúme.

Y los anclajes de aquella educación la retuvo veinte años, veinte años envueltos en pañales, olor de comidas en la sartén, de frío en las sábanas, de piernas abiertas mientras él se desfogaba y ella miraba como se descorchaba el techo, al igual que su vida.

El matrimonio es para toda la vida, le decía su madre, y  si acaso pronunciaba la palabra sexo una lápida de silencia caia sobre ella.
Sin embargo en la calle, en las revistas, en la televisión, el sexo palpitaba, la palabra infiel, separación o divorcio, era mas frecuente que el bajar todos los dias a comprar una barra de pan.

Todo sucedió aquel primer domingo de octubre, cuando el nuevo párroco, un chico joven la confesaba.
"Ama a tu prójimo como a ti mismo" le dijo, "si no te amas a ti no puedes amar a nadie, Dios nos regaló la vida, esto no es un valle de lágrimas, no hay nada malo en que quieras vivir, el matrimonio no es una cadena a la que debas estar sujeta de por vida".

Aquello trastocó su existencia, "no es un valle de lágrimas.." ,"ámate a ti misma..." se repetía.

Y un día metió su vida en la maleta, dejó el viejo catecismo sobre la mesilla y cerró la puerta tras de sí.

El piano

Abrió la tapa con sumo cuidado, como si de un bebé se tratara, cuando le va a cambiar el pañal.
Ante ella  las 88 teclas del piano relucian como si fuera la primera vez que vieran la luz.
Posó los dedos sobre ellas deslizandolos, sin presionar, mientras el piano seguía mudo.

Levantó las manos y las dejó caer, con el primer "do" él cerró la puerta tras un te quiero que se perdió en el aire, con el "re"  colgó los recuerdos en el tendedero de su memoria,  el "mi" trajo una casa cerrada donde alguien un extraño retira el cartel de "se vende", rozó el "fa" como si con ello pudiera llevarse la lágrima que surfeaba en su mejilla, el "so" trazó una sonrisa en su boca, "la" se conviertió en el el aleteo de un pájaro que lograba llevarla lejos de allí, y por último el "si", un si quiero, un si puedo un si que borraba los si hubiera, si fuera,  y si...

Con ellos compusó su última melodía, una que supo que nunca llegaría a superar.

Cerró el piano y descalza, bailó sobre él.

jueves, mayo 15, 2014

Aviones de papel

Fuera como fuese allí estaba, colgada de la ventana, no literalmente, ya que solo asomaba la cabeza  mientras sus brazos se apoyaban en el cerco de la ventana, pero  a ella le gustaba pensar que se hallaba cogada de su ventana.
Aunque por aquel rectángulo solo pudiera divisar los rectángulos anaranjados de los ladrillos del edificio de enfrente que casi, casi podía tocar con sus manos y un escueto trocito de cielo azul.

Para ella aquel anaranjado a veces se convertía en las dunas de un desierto que cruzaba con una caravana de camellos camino de la India desde Damasco, entonces cogía una hoja de papel, blanco por supuesto dibujaba unas líneas escribia unas letras y lo lanzaba desde la ventana pensando que ella pilotaba ese avión lejos muy lejos, hasta que lo veía desaparecer entre los árboles de la calle. Era entonces cuando ella cerraba la ventana y volvía a su muendo fuera el que fuese.

Otro día aquel avión surcaba océanos de un azul tan intenso que parecían verde esmeralda,  y que la llevaban a unas tierras desconocidas, dondeella imaginaba que aterrizaría.

Fué con el tercer avión de papel, cuando llegó la primera postal, tal como ella lo habia imaginado, se veia el palacio del Taj Mahal, con su cúpula de mármol blanco, igual que el dibujo que había hecho en el avión.

En el cuarto avión dibujó la torre Eiffel, y en letras grandes "vivre la vie", lo lanzó desde su ventana, el pequeño avión planeo, hizo dos tirabuzones y descendío hasta perderse bajo las ramas del árbol. Aquella misma tarde llegó otra postal, era una fotografía de la torre eiffel de noche iluminada por miles de bombillas, en tinta azul escrito "la vie peut être belle, si vous le souhaitez".

Y a esas le siguieron un quinto, un sexto y un séptimo avión más, todos acompañados de sus postales.

Fue entonces cuando surgió su miedo, su duda,¿ querría saber quien era quien enviaba esas postales, o sería mejor mantener la duda, dejarlo así a la imaginación de alguien que sólo ellla dibujara en su mente?

Aquella tarde hizo volar un avión blanco, a la mañana siguiente recibió una postal en blanco solo surcada por unas letras "píntala con tu imaginación".

Fuera como fuese ella siguió colgada de su ventana lanzando, cada día, un aviónde papel.
Fuera como fuese ella recibia por cada avión una postal.