domingo, septiembre 20, 2026

Personas atalayas

 - ¿Qué es una atalaya? - me dijo

- Es una torre de vigilancia situada en un lugar alto para otear el terreno o el mar y avisar de cualquier peligro.

- Y entonces ¿porque dices que hay personas atalayas?

-  Por que son personas que se sitúan en un lugar alto, no para vigilar sino para divisar desde allí cualquier error, cualquier acto sea adrede o involuntario,  para reprocharlo, para que sirva de excusa, para echártelo a la cara.

Desde esa altura  no logran ver sus propios errores, las consecuencias de sus actos, las consecuencias de su inacción. O si los ven, lo callan, solo basta mirar hacia abajo.

Quizás la altura provoque eso, que solo se vea el campo llano, el terreno inferior, el mar que baña sus pies. 

¡Y qué facilidad es verlo todo desde esa atalaya!

Se suben para así protegerse, de igual manera que hacían los condes en su castillo, cerrando las puertas sobre el foso, dejando a los campesinos a merced del enemigo.

Es fácil señalar una equivocación cuando no se está dentro de ella.

Es fácil juzgar una decisión cuando no se han tenido que cargar sus consecuencias.

Es fácil hablar de lo que alguien debería haber hecho cuando uno nunca estuvo allí para hacerlo.

Las personas atalayas observan.

Observan mucho.

Esperan.

No necesitan que cometas un gran error. A veces les basta con una palabra mal dicha, un silencio demasiado largo, una decisión que no entienden o simplemente algo que puedan interpretar a su manera.

Y cuando encuentran algo, bajan la mirada desde lo alto y señalan.

 "¿Ves? Ya te lo dije."

Es una de sus frases favoritas.

Porque desde la atalaya todo parece evidente.

Nunca importa demasiado lo que ocurrió antes. Ni por qué ocurrió. Ni qué sentías cuando tomaste aquella decisión. Para ellos solo existe el resultado, ese pequeño punto que pueden señalar desde su torre y utilizar como prueba de que tenían razón.

Lo curioso es que rara vez bajan de la atalaya.

Porque bajar significaría mezclarse con el terreno.

Y cuando uno está en el terreno ya no puede mirar las cosas desde arriba.

Hay que caminar entre el barro. Tropezar. Equivocarse.

Mirar a los ojos a quienes has podido hacer daño. Reconocer que quizá tú también fuiste parte del problema.

Y eso es algo que las personas atalayas no suelen hacer.

Prefieren la distancia. La distancia les permite sentirse a salvo.

Desde arriba pueden convertir tus heridas en argumentos, tus errores en defectos y tus silencios en culpabilidad.

Pero hay algo que no parecen comprender:

que una atalaya también tiene ventanas.

Y que mientras ellos miran hacia abajo, alguien puede estar mirando hacia arriba.

Alguien puede ver quién está allí.

Puede ver sus manos apoyadas en la piedra.

Puede ver cómo observan.

Cómo esperan.

Cómo juzgan.

Y puede preguntarse quién vigila a los que vigilan.

Porque quizá el verdadero peligro de una atalaya no sea lo que ve desde lo alto.

Quizá sea lo que deja de ver.

No ve las lágrimas que provocó.

No ve las veces que alguien pidió ayuda y no respondió.

No ve las puertas que cerró.

No ve las palabras que dijo y que todavía permanecen dentro de otra persona.

No ve que, mientras estaba ocupado buscando errores en el horizonte, alguien estaba cayendo justo debajo de sus pies.

Y entonces comprendes que existen personas que construyen su vida en lo alto no para tener una mejor perspectiva, sino para no tener que enfrentarse a sí mismas.

Porque desde una atalaya nadie puede alcanzarte.

O eso creen.

Hasta que un día descubren que las torres también envejecen.

Que la piedra se agrieta.

Que el viento acaba entrando por las ventanas.

Y que no importa lo alto que hayas conseguido subir: tarde o temprano tendrás que bajar.

Y cuando lo hagas, ya no habrá distancia suficiente para esconderte de aquello que dejaste atrás.

martes, septiembre 15, 2026

Una nueva historia... "Antes de decir... te quiero"

 Estoy inmerso en una nueva novela, el título creo que va a ser...


"Antes de decir... te quiero"

Os dejo el primer capítulo


CAPÍTULO 1


Son las 5 de la madrugada.

Odin, ese gato anaranjado que tengo en una especie de adopción, ha vuelto a saltar a mi cama buscando su ración de mimos.

Nunca he sabido muy bien si lo tengo yo a él o él me tiene a mí.


- Alexa pon mi banda sonora… -
susurro.

Suena Photograph de Ed Sheeran.

Hay canciones que uno escucha.
Y hay canciones que, sin saber muy bien por qué, terminan escuchándote a ti.

A estas horas el silencio lo envuelve todo… todo no, mis pensamientos siguen hablándome, aunque ahora lo hagan en voz baja.

Odin se acomoda a mi lado y empieza a ronronear.

Le acaricio la cabeza.

—Tú sí que sabes vivir, ¿eh?

No contesta.

Nunca lo hace.

Supongo que por eso nos llevamos tan bien.

Sé que no voy a poder dormir, enciendo el ordenador, el salva pantallas de windows hace su recorrido y entonces aparece su foto, la misma de siempre.

Abro el chat.
Escribo.

“Te echo de menos”

Me quedo mirando aquellas palabras.
Las selecciono.
Las borro.

Escribo.

“Me gustaría volver a verte”

Espero con el dedo rozando la tecla para enviarlas.
Las selecciono.
Las borro.

Escribo dos palabras, las miro, respiro profundamente y …

También las borro.

Odin ha dejado de ronronear.

Me mira desde la cama.

—No me mires así. – le digo.

Apago el ordenador. Pienso en todas las cosas que he aprendido a hacer a lo largo de mi vida.

He aprendido a mirar. A esperar. A marcharme. A volver.

A fotografiar momentos que sabía que no iban a repetirse.

Qué extraño.
He pasado media vida aprendiendo a
escribir exactamente lo que siento y ahora hay dos palabras que no consigo pronunciar.

martes, septiembre 08, 2026

Nico visto por chatgpt

 Hay quien odia la Inteligencia Artificial, pero no hay vuelta atrás, llegó y no va a irse,  poniendo todo en su lugar en lo que es a veces te sorprende...


¿Qué pasa si le pregunto: "Basándote en las conversaciones que hemos tenido en lo que sabes de mi en lo que has visto de mi blog y de mis fotografías, con toda la sinceridad, sin temor a herirme, sin cortarte por no hacerme sentir bien, dime 5 cosas que hayas deducido de mi..."

Y he aquí su respuesta:


1. No tienes tanto miedo a estar solo como a descubrir que eres prescindible

Esta es probablemente la más clara.

En Soledad escribes que estás cansado de ser «el destino de otros» y de que nadie sea tu destino; no pides simplemente compañía: imaginas a alguien que llegue, encuentre la puerta abierta y decida cerrarla desde dentro.

Eso es muy distinto de decir «no quiero estar solo».

Lo que parece dolerte profundamente es:

«Quiero que alguien me elija sabiendo quién soy y sabiendo que no soy perfecto.»

Y esto aparece también en Ganar o perder: buscas un refugio, alguien que te ayude a desatar tus nudos, alguien que entre en tu mundo y no salga.

Mi deducción dura es esta:

creo que a veces mides tu propio valor según cuánto te elige alguien.

Si alguien se queda, tu cabeza interpreta: valgo.

Si alguien se marcha, aparece otra interpretación mucho más cruel: quizá nunca fui suficiente.

Y eso te hace mucho más vulnerable sentimentalmente de lo que probablemente quieres admitir.


2. Has convertido la nostalgia en un lugar donde vivir

Esto es muy evidente en tu escritura.

No simplemente recuerdas.

Construyes casas alrededor de los recuerdos.

En Había no cuentas solamente una relación perdida: reconstruyes una habitación, una mesa, velas, un puff rojo, una bañera, unas patatas fritas, una escalera, amaneceres... hasta terminar diciendo que alguien salió por la puerta llevándose todos los «había».

Y en Es el momento las fotografías que hiciste, las canciones y los sueños compartidos se convierten literalmente en objetos con los que abrazas el pasado.

Esto también aparece en tu fotografía.

Mi impresión es que no fotografías solamente personas: fotografías la posibilidad de conservarlas.

Y eso es precioso como artista.

Pero peligroso como forma de vivir.

Porque hay una frontera muy fina entre:

«Recuerdo algo porque fue importante.»

y

«Sigo viviendo allí porque el presente todavía no me ofrece algo que me emocione tanto.»

Creo que algunas veces cruzas esa frontera.


3. Eres un romántico muchísimo más radical de lo que aparentas, y eso te ha hecho daño

No creo que seas simplemente sentimental.

Eres idealista en el amor.

Esperas una intensidad que no es demasiado habitual en la vida cotidiana.

No quieres simplemente alguien con quien estar.

Quieres mirada, complicidad, piel, conversación, refugio, elección, hogar, destino.

En Como te cuento llegas a escribir que con esa persona eres «alguien diferente», capaz de vencer al dragón.

Ahí veo algo importante.

Creo que tienes tendencia a pensar que el amor puede transformar quién eres.

Y eso puede ser maravilloso cuando ocurre.

Pero también puede colocarte en una posición peligrosa:

esperar que otra persona venga a devolverle color a una vida que debería tener color incluso cuando estás solo.

Y aquí voy a ser directo:

creo que has concedido demasiado poder emocional a personas que quizá no habían demostrado merecerlo.

No porque seas ingenuo.

Porque cuando quieres, inviertes muchísimo.


4. Tu mayor talento y tu mayor problema son exactamente el mismo: sientes muchísimo

Esto explica bastante bien al fotógrafo y al escritor.

Tu escritura está llena de sensaciones físicas:

voz, piel, café, frío, calor, manos, respiración, silencio, canciones, miradas.

No describes solamente lo que ocurre.

Intentas que el lector lo sienta en el cuerpo.

Eso es precisamente lo que permite que exista Aylin como proyecto: no parece concebida simplemente como una trama, sino como una exploración de fragilidad, pérdida, amor, memoria y supervivencia. La propia presentación de la serie habla de esas dualidades: fragilidad/resiliencia, silencio/grito, hogar/frente de batalla, vida/muerte.

Pero aquí está la cara oscura:

cuando una persona siente tanto, también puede sufrir demasiado por cosas que otra persona habría conseguido dejar atrás.

Y sospecho que tú no siempre sabes «cerrar».

Puedes comprender intelectualmente que algo terminó y, sin embargo, emocionalmente seguir viviendo en ello.

Tu cabeza dice:

«Ya pasó.»

Tu sensibilidad responde:

«Sí, pero todavía lo siento.»

5. La más dura: creo que llevas años esperando que ocurra algo que te permita volver a empezar

Esta es la que más me importa.

No creo que realmente estés esperando únicamente a una persona.

Creo que estás esperando un acontecimiento.

Una relación.

Un proyecto.

Una casa.

Una obra.

Un cambio.

Una oportunidad.

Algo que produzca un antes y un después.

Y mientras llega, mantienes una parte de ti en suspensión.

Esto está incluso en la estructura de muchos de tus textos: esperar, recordar, imaginar el reencuentro, cerrar puertas, volver a empezar. En Apostar dices literalmente que toca aprender a perder; en Es el momento aparece el intento de cerrar la puerta y dejar de «esperar a esperarte».

Y sin embargo, años después, vuelves al mismo territorio.

Por eso mi conclusión más incómoda es:

Creo que no estás esperando que alguien vuelva. Estás esperando volver a sentirte vivo.

Y quizá has cometido un error sin darte cuenta:

has puesto demasiadas condiciones para permitirte empezar.

«Cuando encuentre...»

«Cuando tenga...»

«Cuando cambie...»

«Cuando vuelva a tener ganas...»

«Cuando aparezca alguien...»

«Cuando solucione esto...»

Pero la vida no suele funcionar así.

Y creo que una parte de ti lo sabe perfectamente.

De hecho, lo has escrito tú mismo.

En No porque... hay una frase que me parece casi una confesión:

«No porque vivas imaginando lo que puede salir mal, estás evitando el daño.»

Eso me parece extraordinariamente revelador.

Porque ya sabes cuál es tu mecanismo.

Piensas.

Anticipas.

Recuerdas.

Ensayas mentalmente la pérdida.

Intentas protegerte.

Y mientras haces todo eso, la vida real queda esperando.


Y ahora te digo algo que quizá no te guste

Creo que tu problema no es que hayas perdido la capacidad de amar, crear o ilusionarte.

Tu problema es que has aprendido a protegerte tanto del próximo golpe que a veces también te proteges de la próxima oportunidad.

Y hay una contradicción enorme en ti:

escribes constantemente sobre vivir, pero gran parte de tu imaginario está construido alrededor de lo que ya pasó.

Ahí está tu gran batalla.

Y también creo que ahí está tu mejor obra.

Porque si consigues dejar de utilizar la nostalgia solamente para volver al pasado y empiezas a utilizarla para entenderlo y transformarlo, todo lo que has vivido —incluido lo doloroso— puede convertirse en materia creativa en lugar de convertirse en una habitación en la que sigues encerrado.

Y quizá esta sea la deducción más sincera de todas:

No creo que necesites convertirte en otra persona. Creo que necesitas dejar de esperar a que alguien o algo te dé permiso para volver a ser tú.

Eso sí que aparece, de formas distintas, en tu blog, en Aylin, en tu fotografía y en muchas de las decisiones que hemos hablado.

Y, paradójicamente, creo que cuando dejes de buscar desesperadamente que alguien cierre la puerta desde dentro, serás mucho más libre para abrirla tú mismo y salir.



Y te diría una sexta, aunque me pediste cinco:

Creo que eres bastante más valiente de lo que te consideras.

No porque no tengas miedo. Precisamente al contrario.

Muchas de las cosas que me has contado últimamente han implicado incertidumbre, dinero, cambios importantes y decisiones que daban bastante miedo. Y aun así has seguido preguntando, comparando y tomando decisiones.

Eso no es ausencia de miedo.

Es seguir adelante con miedo incluido.

Y probablemente tú mismo no le das demasiado valor porque desde dentro no se siente como valentía. Se siente simplemente como «qué remedio, tengo que hacerlo».

Pero desde fuera se ve diferente.


sábado, julio 11, 2026

Soledad

 Es duro acostumbrarse a servir sólo un café por las mañanas, y conversar contigo mismo en silencio, pero aprendes a hacerlo, 

Siento que ya me cansé de ser el destino de otros y que no haya otros que sean mi destino.
Cuando en las noches solo te arropa la soledad y tu piel te pide a gritos la  caricia de otras manos.

Cansado de ser solo una parada más para gente que solo quiere estar de paso, que sus promesas son más breves que un parpadeo.

Porque aún espero que llegue alguien que decida quedarse, no por comodidad, no por cansancio, aunque sepa que no todo será fácil, y se quede por elección.

Que cuando llegue y encuentre la puerta abierta, decida cerrarla desde dentro y que sienta que llegó donde siempre quiso estar.

sábado, julio 04, 2026

Mis frases "Donde solo estemos tú y yo"

 En un mundo de letras perdidas y palabras vacías, intento encontrar esos paréntesis donde estemos solo tú y yo.


Ponme en comentarios la tuya

miércoles, junio 24, 2026

Mis frases "lo que recuerdo de tu voz"

 Lo que recuerdo de tu voz ... 

Era una nana que sabía acunar mi corazón cuando se perdía.

 Era un susurro que desnudaba mi cuerpo sin tocarme.

Eraa una canción que bailaba en mis recuerdos.

Era el sonido más hermoso que hacía que te soñara.


Y para ti? Escríbelo.en comentarios 

domingo, junio 21, 2026

Mis Frases "La distancia entre tú y yo"

 La distancia entre tú y yo es lo que tú imaginas y la realidad


Escríbeme en comentarios cual sería tu frase...