No había fantasmas atravesando las paredes,
ni había recuerdos escondidos en los armarios.
No había muertos vivientes debajo de la cama,
ni había zombis que volvían del pasado.
No había nadie excepto tú.
Pero te volviste cual "Don Quijote" sin Sancho
viendo gigantes donde únicamente había molinos.
Y arremetiste con tal virulencia,
que arrasaste todo lo que se había construido.
Sin saber que... No había nadie excepto tú.
Ya solo quedan los fantasmas de "Que tengas un buen día", aquellos "escríbeme cuando llegues a casa" o "ten dulces sueños"
Y en mi mente circulan palabras como zombis: "se lo tengo que contar", " qué bonito le quedaría ese vestido..."
Porque no había nadie excepto tú.
Ahora los molinos son frases escritas en el vaho de un cristal:
"esto le habría gustado" "esto le habría hecho feliz"
Y ya no queda nadie... ni tú.
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