viernes, noviembre 06, 2026

Antes de decir... te quiero (Cap. 14)

 

CAPÍTULO 14


Aún siento el frío en mis huesos. Estoy tumbado en el sofá, son las cuatro de la madrugada y no puedo dormir.

Ese frío. El mismo frío de aquella vez...

A aquella casa la llamaba mí caja de cerillas.

La estoy esperando. Últimamente anda atareada con el trabajo y con la mudanza de un compañero de trabajo.

Preparo la cena.

Hoy no se queda a dormir. Cuando lo hacía, me gustaba prepararle un baño de agua caliente mientras cocinaba.

Cenamos.

Está distinta.

— ¿Quieres que nos tumbemos en el sofá? ¿Pongo algo en la tele?

— No, nos tumbamos y pones algo de música. No puedo quedarme mucho rato.

Y allí estamos los dos. Sin decir nada. Abrazados.

Vuelvo a sentir frío.

Un frío extraño que se instala en los huesos.

Ella me abraza y me mira.

En el calendario es miércoles. Un miércoles de septiembre.

Dos días después...

— Hola, ¿vienes luego a casa? — le pregunto.

— Sí, nos vemos luego.

— Genial, ¿tomamos algo por ahí?

— No me apetece. Mejor en casa.

Llega.

Su mirada es cansada. Y su sonrisa luce triste.

Nos acurrucamos.

Permanecemos en silencio un buen rato. Se separa. Me mira.

— Nico, creo que necesito tiempo y espacio.

— ¿Tiempo… espacio?

— Sí. Creo que nos vendría bien a los dos. Siento que ya no es lo mismo que antes.

— Pero…

Me ahogo. Tengo unas ganas inmensas de llorar.

Y vuelven a mí los interrogantes.

¿Hice bien cuando la llevaba al límite? ¿Por qué nunca conseguí que se sintiera suficiente para mí?

Me abraza. Permanecemos así un rato.

Se levanta, coge el bolso, me besa y se va.

Me he quedado parado delante de la puerta, paralizado. Y entonces echo a correr tras ella.

Cuando salgo a la calle, la veo pasar en su coche, alejándose.

Fue la última vez que la vi.

Al cabo de un mes supe que estaba saliendo con su compañero de trabajo.

Tardé mucho tiempo en entender que no solo la había perdido a ella. Había perdido también la sensación de que aquello iba a durar.

Quizá por eso aquel frío nunca se fue del todo.

Y ahora vuelve.

Cierro los ojos.

Y vuelven las voces.

“Nico, te estás perdiendo.”

“Nico, no siento ser suficiente para ti.”

“Nico, ¿qué te frena? ¿Por qué siento que hay una barrera para llegar a ti?”

Abro los ojos.

Tengo miedo, y frío, mucho, mucho frío.


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