Había llegado.
Trás tres años.
Tres largos años de búsqueda.
Ahora estaba cerca, lo presentía, muy cerca.
Subí los peldaños de dos en dos, dejé todo lo metálico en una bandeja de plástico y accedí a las oficinas del registro.
Como
no, tuve que esperar, pero me deleité observando a la chica que
dispensaba los certificados, de pelo castaño claro , ojos oscuros,
vivarachos todo lo contario al estereotipo de funcionario que todos
llevamos en la cabeza.
Cuando llegué al mostrador sentí que en
aquella chica había algo especial que me atraía, no era su hermosura ni
la dulzura de su voz, era algo interior que no sabía interpretar, una
fuerza de atracción que sólo podía comparar con la gravedad.
Me
entregó los certificados, y hubo un leve instante en el que ella se
detuvo, como si lo que yo estaba sintiendo lo hubiera podido leer con
claridad
Aún me quedaban días para poder dar con lo que me había
llevado a aquel pueblo, los certificados eran un paso más en aquel
largo camino que había emprendido desde una triste cama de hospital,
hacia tres años, donde una anciana al borde de la muerte me desveló su
oscuro secreto.
El pueblo era pequeño, y no me fue difícil volver a cruzarme con la chica del registro, esta vez, reuní las fuerzas suficientes para invitarla a cenar.
Ella aceptó.
Tras
la cena, me enseñó el mirador del pueblo, desde donde podía verse toda
la llanura y las ruinas de lo que antaño debió ser el castillo del señor
feudal. Paseamos, ella se paró delante de una gran portón de madera
envejecida. "Vivo aquí" me dijo, no pudo decir más, la atraje hacia mi y
la besé, lejos de mostrarse sorprendida ella abrió su boca y jugó con
mis labios. Lo que ocurrió después fue fugaz, el portón se abrió ella
me empujó hacia dentro,y cerró con un movimiento de cadera. Me llevó
contra la pared mientras no dejaba de besarme, sus manos se apresuraban
en quitarme la ropa mientras yo torpemente intentaba hacer lo mismo con
el cierre de su sujetador.
Desnudos, sobre la tarima, hicimos el amor.
Ya
entre las sábanas blancas, nos contamos un poco nuestras vidas, ella
desde pequeña en aquel pueblo deseando salir de allí, pero presa por no
querer dejar a sus padres, yo le hable un poco de mi vida, de esa
terrible atracción que sentí por ella desde que la ví. Cuando me
preguntó el motivo por el que había recalado en aquel publo perdido, no
le dije la verdad.
Me deslicé entre sus piernas y ella empezó a gemir...
Pasaron
los días, nos seguimos viendo.
Mientras iba avanzando en mi búsqueda,
una sospecha se cernía en mi mente " y si fuera...".
Aquella tarde
cuando ella regresaba a las oficinas del registro y aún su aroma
impregnaba mi habitación, tenía sobre mi mesa la solución a lo que vine
buscando.
Sabía que no debía abrirlo, pero...
Lo que aquella
anciana me desveló antes de morir, era cierto, no era hijo único, aquel
bebe que nació años después que yo, no estaba muerto, se lo habían
arrebatado a mi madre, ese bebé seguía vivo y era.... ¡¡¡ ella!!!, ¡¡¡
era mi hermana!!! la chica del registro, esa atracción extraña... ¡¡¡ mi
hermana!!!
Cientos de pensamientos se cruzaron por mi mente, lo
que sentía por ella, desvelar la verdad, el daño que eso le causaría, a
los que ella pensaba que eran sus padres...
Mi movil vibró, era un mensaje "¿vienes a buscarme y cenamos juntos?"...
Cuando salí de la ducha y terminé de vestirme, ya sabía lo que tenía que hacer.
Al cerrar la puerta de la habitación, aún humeaban las cenizas del informe sobre mi hermana.
lunes, agosto 18, 2014
viernes, agosto 15, 2014
Cine de verano
Estaba sentado en una esquina de aquel viejo y rancio bar, como si, de
alguna manera, pudiera ser invisible y pasar desapercibido al resto de
la gente.
Algo casi imposible puesto que no quedaba ni una mesa libre, el calor de Agosto vaciaba las calles y llenaba los locales que tenian el aire acondicionado funcionando todo el día.
Apareció ante mí, sin apenás percibirlo, con voz queda me pidió permiso para sentarse.
Yo, casi sin levantar la vista asentí, no sé porque lo hice, porque lo último que quería en ese momento era tener compañía.
Le miré de reojo, abrazaba su jarra de cerveza como quien abraza una almohada en una cama vacía.
- ¿Sabes si hay algún cine de verano por aquí cerca?
Su pregunta me sorprendió, no esperaba que él entablara conversación.
- Creo que hay varios por Madrid, uno por Principe Pío y otro en Conde Duque... - le contesté mientrasél apuraba un trago de su jarra.
- Recuerdo aquel cine de verano, corría una brisa fresca, de aquellas que te obligan a ponerte un jersey. El cielo estaba cuajado de estrellas, ella me arrastraba de la mano, no es que yo opusiera resistencia, pero me encantaba dejarme llevar. La sentía feliz, aunque ahora aparezcan en mi mente esas imágenes borrosas y no logre ver su cara. Bajamos las escaleras, al fondo había una barra de bar, y en el centro estaban dispuestas las filas de sillas como en un tablero de ajedrez, solo que todas eran blancas.
Fuimos hacía el fondo.
Cuando ella levantó la mano sentí un nudo en el estómago, y un calor en las mejillas, saludaba a su hermano, él levantó su brazo y le devolvió el saludo, en su mirada leí una pregunta muda "¿es él?", imagino que ella le contestó con un ligero asentimiento de cabeza, pero yo no lo percibí.
A mitad de camino de ese encuentro las luces empezaron a apagarse, ella me soltó y con un movimiento de sus manos le indicó que después nos veríamos. Recuerdo que nos sentamos y me quedé mirandola fijamente, había un brillo especial en su mirada y una sonrisa de las que no se olvidan en la vida.
Se inclinó hacía mi, y me susurró "bésame".
Le ví cuatro sillas mas allá, nos miraba, y en mis labios, apresuradas, corrienron las palabras "ahora no, está ahí...", "tonto, mira que eres... tonto" me contestó.
Su mano se deslizó sobre la mia, y los dedos se entrelazaron, yo cerré los ojos, no me preguntes de que iba aquella película, por que no lo sé, simplemente todo mi ser era un radar que captaba cada sentimiento que pudiera atrapar como si fuera una tela de araña a la espera de que algun insecto cayera. Sentía el calor de su mano, el liviano peso de su cabeza sobre mi hombro mientras ascendia su perfume en aquella brisa de verano...
Luego llegó el intemedio de la proyección, fuimos a la barra del bar, y allí me lo presentó, no sé si aquel acto fue como una aprobación o quizás una presentación formal, ni lo supe ni me importó que lo hubiera sido. Ella se puso delante de mi para que yo la abrazara desde atrás, mientras él se alejaba, le besé el cuello dejando un suave mordisco en el lóbulo de su oreja, ella giro su cabeza y me besó, luego susurró un te quiero... Y ya no recuerdo más todo se pierde en el tiempo.
Me decias que hay un cine de verano por Conde Duque ¿verdad?
- Si.. si... ese no está muy lejos de aquí... - le respondí con las imagenes de su historia aún en mi retina.
Se levantó, abrazando la jarra de cerveza y arrastrando los pies. No se despidió, no dijo adios, no hacía falta, aún sobre la mesa revoloteaba esa brisa de verano.
Algo casi imposible puesto que no quedaba ni una mesa libre, el calor de Agosto vaciaba las calles y llenaba los locales que tenian el aire acondicionado funcionando todo el día.
Apareció ante mí, sin apenás percibirlo, con voz queda me pidió permiso para sentarse.
Yo, casi sin levantar la vista asentí, no sé porque lo hice, porque lo último que quería en ese momento era tener compañía.
Le miré de reojo, abrazaba su jarra de cerveza como quien abraza una almohada en una cama vacía.
- ¿Sabes si hay algún cine de verano por aquí cerca?
Su pregunta me sorprendió, no esperaba que él entablara conversación.
- Creo que hay varios por Madrid, uno por Principe Pío y otro en Conde Duque... - le contesté mientrasél apuraba un trago de su jarra.
- Recuerdo aquel cine de verano, corría una brisa fresca, de aquellas que te obligan a ponerte un jersey. El cielo estaba cuajado de estrellas, ella me arrastraba de la mano, no es que yo opusiera resistencia, pero me encantaba dejarme llevar. La sentía feliz, aunque ahora aparezcan en mi mente esas imágenes borrosas y no logre ver su cara. Bajamos las escaleras, al fondo había una barra de bar, y en el centro estaban dispuestas las filas de sillas como en un tablero de ajedrez, solo que todas eran blancas.
Fuimos hacía el fondo.
Cuando ella levantó la mano sentí un nudo en el estómago, y un calor en las mejillas, saludaba a su hermano, él levantó su brazo y le devolvió el saludo, en su mirada leí una pregunta muda "¿es él?", imagino que ella le contestó con un ligero asentimiento de cabeza, pero yo no lo percibí.
A mitad de camino de ese encuentro las luces empezaron a apagarse, ella me soltó y con un movimiento de sus manos le indicó que después nos veríamos. Recuerdo que nos sentamos y me quedé mirandola fijamente, había un brillo especial en su mirada y una sonrisa de las que no se olvidan en la vida.
Se inclinó hacía mi, y me susurró "bésame".
Le ví cuatro sillas mas allá, nos miraba, y en mis labios, apresuradas, corrienron las palabras "ahora no, está ahí...", "tonto, mira que eres... tonto" me contestó.
Su mano se deslizó sobre la mia, y los dedos se entrelazaron, yo cerré los ojos, no me preguntes de que iba aquella película, por que no lo sé, simplemente todo mi ser era un radar que captaba cada sentimiento que pudiera atrapar como si fuera una tela de araña a la espera de que algun insecto cayera. Sentía el calor de su mano, el liviano peso de su cabeza sobre mi hombro mientras ascendia su perfume en aquella brisa de verano...
Luego llegó el intemedio de la proyección, fuimos a la barra del bar, y allí me lo presentó, no sé si aquel acto fue como una aprobación o quizás una presentación formal, ni lo supe ni me importó que lo hubiera sido. Ella se puso delante de mi para que yo la abrazara desde atrás, mientras él se alejaba, le besé el cuello dejando un suave mordisco en el lóbulo de su oreja, ella giro su cabeza y me besó, luego susurró un te quiero... Y ya no recuerdo más todo se pierde en el tiempo.
Me decias que hay un cine de verano por Conde Duque ¿verdad?
- Si.. si... ese no está muy lejos de aquí... - le respondí con las imagenes de su historia aún en mi retina.
Se levantó, abrazando la jarra de cerveza y arrastrando los pies. No se despidió, no dijo adios, no hacía falta, aún sobre la mesa revoloteaba esa brisa de verano.
viernes, agosto 08, 2014
La voz
Tenía la sensación de que había tocado las estrellas, por un breve instante, tan breve que ahora solo era un recuerdo.
Algo que pasa una vez en la vida como un cometa, y ya no vuelve a pasar en siglos y tan solo deja una estela que con el tiempo se va borrando.
Y como cuando pasa un cometa, atrás solo queda al vació del espacio, un agujero negro allá donde decían que debía haber un corazón.
Fue ese el principio. el principio de su historia.
Todo ocurrió una mañana, cuando te levantas de un sueño del que no quieres despertar, peor te es imposible repetir por más que intentes cerrar los ojos. Se miró al espejo y oyó una voz, calida, suave, tierna, "Hola, ¿cómo estás esta mañana?" Al principio no le dió importancia, pero cuando la volvió a escuchar preguntándole "¿no me vas a contestar?", no tuvo más remedio que decirle "si claro"
- Ah pensé que me ibas a ignorar
- No, perdona es que me has sorprendido
- Yo también estoy sorprendida, no me espraba encontrarte y aquí estas.
- Si.. bueno... ¿pero quien eres?
- ¿No te gustan las sorpresas? digamos que no te busqué ni me viniste a buscar, pero nos hemos encontrado, ¿te importa?
- No, me gusta tu voz.
- Gracias, y ahora ¿que vas a hacer?
- Voy a ducharme, tengo que ir a trabajar...
- Ah bien te dejo entonces, hasta luego.
Y desapareció. Cuando llegó por la tarde, recorrió la casa extrañado, como si buscara a alguien hasta que de pronto...
- Hola, ya has llegado.
- Hola... si...
- ¿Cómo te ha ido el día?, cuéntame...
Y él le contó lo que había hecho, y ella, la voz, las ganas que tenía de volver a hablar con él.
Aquella noche, durmieron juntos, bueno... quizás no fisicamente, pero si que desde hacía mucho tiempo él sintió que no dormía solo.
A partir de entoces compartó con ella, la voz, las películas que veía, los paseos por el parque, le enseñó donde poder ver las estrellas en aquella ciudad llena de luces, le mostró lo que era una atardecer.
Ella, la voz, aprendía de todo lo que él le narraba, como era besar, y acariciar, como era sentir, o al menos como lo recordaba él, y ella, la voz, sintió que sus palabras estaban vestidas de tristeza.
- Me gustaría poder llenar ese vacío - le dijo
- No sé si seré capaz, a veces crees que si olvidas pierdes lo que tuviste...
- Ahora me tienes a mi.
- Ahora estas tú...
Aquella mañaan, de un octubre lluvioso, llegaron unos hombres vestidos de blanco, le cogieron y se lo llevaron.
Según me dijeron todo fue por la denuncia de un vecino, que lo veía a través de su ventana hablar sólo.
Le diagnosticaron personalidad bipolar.
Nunca más volvió por el barrio, pero cuando fuí a visitarle, puedo decir que de alguna manera era feliz.
Algo que pasa una vez en la vida como un cometa, y ya no vuelve a pasar en siglos y tan solo deja una estela que con el tiempo se va borrando.
Y como cuando pasa un cometa, atrás solo queda al vació del espacio, un agujero negro allá donde decían que debía haber un corazón.
Fue ese el principio. el principio de su historia.
Todo ocurrió una mañana, cuando te levantas de un sueño del que no quieres despertar, peor te es imposible repetir por más que intentes cerrar los ojos. Se miró al espejo y oyó una voz, calida, suave, tierna, "Hola, ¿cómo estás esta mañana?" Al principio no le dió importancia, pero cuando la volvió a escuchar preguntándole "¿no me vas a contestar?", no tuvo más remedio que decirle "si claro"
- Ah pensé que me ibas a ignorar
- No, perdona es que me has sorprendido
- Yo también estoy sorprendida, no me espraba encontrarte y aquí estas.
- Si.. bueno... ¿pero quien eres?
- ¿No te gustan las sorpresas? digamos que no te busqué ni me viniste a buscar, pero nos hemos encontrado, ¿te importa?
- No, me gusta tu voz.
- Gracias, y ahora ¿que vas a hacer?
- Voy a ducharme, tengo que ir a trabajar...
- Ah bien te dejo entonces, hasta luego.
Y desapareció. Cuando llegó por la tarde, recorrió la casa extrañado, como si buscara a alguien hasta que de pronto...
- Hola, ya has llegado.
- Hola... si...
- ¿Cómo te ha ido el día?, cuéntame...
Y él le contó lo que había hecho, y ella, la voz, las ganas que tenía de volver a hablar con él.
Aquella noche, durmieron juntos, bueno... quizás no fisicamente, pero si que desde hacía mucho tiempo él sintió que no dormía solo.
A partir de entoces compartó con ella, la voz, las películas que veía, los paseos por el parque, le enseñó donde poder ver las estrellas en aquella ciudad llena de luces, le mostró lo que era una atardecer.
Ella, la voz, aprendía de todo lo que él le narraba, como era besar, y acariciar, como era sentir, o al menos como lo recordaba él, y ella, la voz, sintió que sus palabras estaban vestidas de tristeza.
- Me gustaría poder llenar ese vacío - le dijo
- No sé si seré capaz, a veces crees que si olvidas pierdes lo que tuviste...
- Ahora me tienes a mi.
- Ahora estas tú...
Aquella mañaan, de un octubre lluvioso, llegaron unos hombres vestidos de blanco, le cogieron y se lo llevaron.
Según me dijeron todo fue por la denuncia de un vecino, que lo veía a través de su ventana hablar sólo.
Le diagnosticaron personalidad bipolar.
Nunca más volvió por el barrio, pero cuando fuí a visitarle, puedo decir que de alguna manera era feliz.
viernes, agosto 01, 2014
Recuerdo
A veces la mente esta vacía.
A veces no hay nada dentro sólo un eterno vacio.
A veces caminas en el filo del presente agarrado a la cuerda del pasado
A veces solo todo es un recuerdo
Un recuerdo.
A veces no hay nada dentro sólo un eterno vacio.
A veces caminas en el filo del presente agarrado a la cuerda del pasado
A veces solo todo es un recuerdo
Un recuerdo.
viernes, julio 25, 2014
La Abuela
Isabel llegó a casa de su abuela, como hacía cada domingo, comía con ella.
La octogenaria abrió la puerta con una sonrisa, a pesar de su edad, vivía sola, por mucho que habían intentado convencerla de lo contrario, ella no quería rehusar a su libertad. "No tengo que dar cuentas a nadie" - contestaba cada vez que alguien de su familia se atrevía a comentar la posibilidad de una residencia.
Isabel había pasado la frontera de los 40 hace poco, con una mochila cargada de sinsabores, que no lograba deshacerse de ella. Un relacion acabada, que le habia dejado un lista de recuerdos agridulces, sobre todo porque en la pequeña ciudad donde vivía era fácil volver a encontrarle, y además de la mano de una treinteañera. Ella que se deciá que lo había dado todo por él, sus mejores años, sus amigos ahora en el olvido, ¿y qué habia recibido a cambio? gotas de ternura, sexo racionado, y un olvido.
Su abuela apartó la cazuela del fuego, y un olor penetrante llenó la cocina, era uno de sus famosos potajes.
- Vamos, siéntate niña, que pareces que vienes de velar a un muerto, ¡Ay! si yo tuviera tu edad.
- Venga abuela déjalo...
- Si es verdad, si yo tuviera tus años no estaría con esa cara, la vida es tan corta, yo no me puedo quejar, pero me duele verte asi, dejándote ir, mirando pasar la vida desde la ventana.
- ¿Y qué voy a hacer?, mis amigos eligieron estar con él, y sabes que yo sola no voy a ningún lado, ¡ cómo voy a viajar yo sola!
- ¡Ay, pequeña!, aún no te das cuenta de todo lo que tienes en tu mano, con esos trastos de móviles, y eso que dicen en la tele de las redes sociales... ¿viajar sola? yo que fui de Cartagena a Madrid en mis tiempos, eso si que era viajar a la aventura, ahora lo tenéis todo hecho, aviones, hoteles, y sino mira esos jóvenes que recorren el mundo de sofá en sofá, que lo he visto en españoles por el mundo, si yo pudiera...
- ¡Pero...! no me atrevo y si me pasara...
- Y si.. y si... el cementerio está lleno de gente que se harto de decir ".. y si..". Tú sabes lo que me encanta la India, en eso nos parecemos, déjame que te cuente una historia..
Aunque Isabel se hubiera negado, era una batalla perdida, la abuela no era la misma sin sus historia, y en el fondo Isabel adoraba a su abuela y las historias que contaba.
- "Hace tiempo, en un rincón de la India vivia Rajendra, con su trabajo había logrado crear una hacienda con ganado, todos los años viajaba a la ciudad a vender las mejores cabezas de su ganado. Aquel año dejó la hacienda a cargo de su hijo Faimidha. "cuida de la hacienda, volveré en tres días" le dijo. Y Rajendra partió par ala ciudad.
A la noche siguiente de su partida, un grupo de bandidos asaltó la hacienda se llevó todo lo que pudieron, quemaron la casa, y al ver a Faimidha lo secuestraron para que venderlo como esclavo.
Cuando llegó Rajendra, quedño desolado, sólo habia cenizas en el lugar donde antes vivía, buscó a Faimidha por todo la hacienda, pero sólo encontró unos restos de huesos calcinados, "mi hijo... mi probre hijo..." se dijo, los limpió y los guardo en una urna. Abandonó la hacienda y buscó una casa donde refugiarse de su dolor.
Pasado unos meses Faimidha pudo escapar de sus captores, volvió al poblado y buscó a su padre, le costó dar con con la casa donde ahora vivía, ya era de noche cuando llamó a su puerta.
- Padre, padre, soy Faimidha, he vuelto, ábreme...
El padre oyó los golpes, y creyó que eran de nuevo los ladrones que intentaban engañarle.
- Mi hijo está muerto, tengo sus huesos entre mis brazos, iros...
- Padre.. soy yo tu hijo ábreme....
- Iros .. dejadme en paz... mi hijo está muerto.
Al final Faimidha tuvo que irse, su padre nunca le abrió la puerta."- Pero abuela... - Mira mi niña, muchas veces nos aferramos a una idea a una mentira que creemos que es verdad, y nos agarramos tanto a ella que nos cuesta ver otra realidad, otras posibilidades, sólo creemos lo que tenemos en nuestras manos, en nuestra mente, y como Rajendra somos incapaces de abrir la puerta...
Isabel miró a su abuela, se acercó y la besó.
- Me muero por tu potaje abuela.
- Y yo ...
La octogenaria abrió la puerta con una sonrisa, a pesar de su edad, vivía sola, por mucho que habían intentado convencerla de lo contrario, ella no quería rehusar a su libertad. "No tengo que dar cuentas a nadie" - contestaba cada vez que alguien de su familia se atrevía a comentar la posibilidad de una residencia.
Isabel había pasado la frontera de los 40 hace poco, con una mochila cargada de sinsabores, que no lograba deshacerse de ella. Un relacion acabada, que le habia dejado un lista de recuerdos agridulces, sobre todo porque en la pequeña ciudad donde vivía era fácil volver a encontrarle, y además de la mano de una treinteañera. Ella que se deciá que lo había dado todo por él, sus mejores años, sus amigos ahora en el olvido, ¿y qué habia recibido a cambio? gotas de ternura, sexo racionado, y un olvido.
Su abuela apartó la cazuela del fuego, y un olor penetrante llenó la cocina, era uno de sus famosos potajes.
- Vamos, siéntate niña, que pareces que vienes de velar a un muerto, ¡Ay! si yo tuviera tu edad.
- Venga abuela déjalo...
- Si es verdad, si yo tuviera tus años no estaría con esa cara, la vida es tan corta, yo no me puedo quejar, pero me duele verte asi, dejándote ir, mirando pasar la vida desde la ventana.
- ¿Y qué voy a hacer?, mis amigos eligieron estar con él, y sabes que yo sola no voy a ningún lado, ¡ cómo voy a viajar yo sola!
- ¡Ay, pequeña!, aún no te das cuenta de todo lo que tienes en tu mano, con esos trastos de móviles, y eso que dicen en la tele de las redes sociales... ¿viajar sola? yo que fui de Cartagena a Madrid en mis tiempos, eso si que era viajar a la aventura, ahora lo tenéis todo hecho, aviones, hoteles, y sino mira esos jóvenes que recorren el mundo de sofá en sofá, que lo he visto en españoles por el mundo, si yo pudiera...
- ¡Pero...! no me atrevo y si me pasara...
- Y si.. y si... el cementerio está lleno de gente que se harto de decir ".. y si..". Tú sabes lo que me encanta la India, en eso nos parecemos, déjame que te cuente una historia..
Aunque Isabel se hubiera negado, era una batalla perdida, la abuela no era la misma sin sus historia, y en el fondo Isabel adoraba a su abuela y las historias que contaba.
- "Hace tiempo, en un rincón de la India vivia Rajendra, con su trabajo había logrado crear una hacienda con ganado, todos los años viajaba a la ciudad a vender las mejores cabezas de su ganado. Aquel año dejó la hacienda a cargo de su hijo Faimidha. "cuida de la hacienda, volveré en tres días" le dijo. Y Rajendra partió par ala ciudad.
A la noche siguiente de su partida, un grupo de bandidos asaltó la hacienda se llevó todo lo que pudieron, quemaron la casa, y al ver a Faimidha lo secuestraron para que venderlo como esclavo.
Cuando llegó Rajendra, quedño desolado, sólo habia cenizas en el lugar donde antes vivía, buscó a Faimidha por todo la hacienda, pero sólo encontró unos restos de huesos calcinados, "mi hijo... mi probre hijo..." se dijo, los limpió y los guardo en una urna. Abandonó la hacienda y buscó una casa donde refugiarse de su dolor.
Pasado unos meses Faimidha pudo escapar de sus captores, volvió al poblado y buscó a su padre, le costó dar con con la casa donde ahora vivía, ya era de noche cuando llamó a su puerta.
- Padre, padre, soy Faimidha, he vuelto, ábreme...
El padre oyó los golpes, y creyó que eran de nuevo los ladrones que intentaban engañarle.
- Mi hijo está muerto, tengo sus huesos entre mis brazos, iros...
- Padre.. soy yo tu hijo ábreme....
- Iros .. dejadme en paz... mi hijo está muerto.
Al final Faimidha tuvo que irse, su padre nunca le abrió la puerta."- Pero abuela... - Mira mi niña, muchas veces nos aferramos a una idea a una mentira que creemos que es verdad, y nos agarramos tanto a ella que nos cuesta ver otra realidad, otras posibilidades, sólo creemos lo que tenemos en nuestras manos, en nuestra mente, y como Rajendra somos incapaces de abrir la puerta...
Isabel miró a su abuela, se acercó y la besó.
- Me muero por tu potaje abuela.
- Y yo ...
lunes, julio 07, 2014
El hombre que podía escuchar lo que escondían las palabras
Creo que tendría cuatro o cinco años, a esa edad los recuerdos se
confunden, pero más o menos fue a esa edad cuando empecé a darme cuenta
de eso que algunos llaman "don".
No recuerdo exactamente la edad, pero si el lugar y el momento, mi madre con su delantal blanco estaba pelando patatas, yo detrás intentaba que me hiciera caso, ella se giró, me miró como sólo una madre puede hacerlo y me dijo: "venga ve a correr con tu hermano", yo le contesté " no quiere, dice que soy muy pequeñajo y no me quiere, ¿tú si verdad, mami?" " si hijito, yo te quiero, y no se lo digas a nadie pero eres mi preferido".
Entonces como un fogonazo las palabras que flotaban en el aire se convirtieron en letras pero que nada tenian que ver con lo que había dicho mi madre, pues a duras penas pude leer " te quiero, pero él es mi preferido, anda déjame cocinar". Yo no entendía como es que la voz de mi madre había dicho una cosa pero yo podia sentir que leía su palabras, palabras escondidas.
No le di importancia, sería cosa de mi imaginación, hasta que años después, cuando fuí a reclamar una nota de un examen, el profesor me dijo claramente "te he puesto esa nota por que es exáctamente lo que has sacado" y volvió aquella sensación de que no era cierto que yo podía leer en su voz " has sacado más nota, pero sé que puedes esforzarte más y por eso te pongo un 5".
Cuando salí de la escuela no dejaba de pensar en ello, seguía poniendo en duda que aquello fuera verdad, que no fuera algo producto de mi imaginación entonces vi a mis compañeros de clase jugando al futbol, y quise hacer una prueba.
- ¿Puedo jugar con vosotros? - le dije a uno que sabía que le caía mal.
- ... bueno... vale... - dijo resignado.
Pero yo leí en sus palabras "puf ya está el paquete este espero que vaya con el otro equipo".
Aquello fue el comienzo, empecé a practicar, a concentrarme en la voz y en las palabras y entonces surgían mas nítidas en mi mente, podía escuchar lo que escondían las palabras que me decían.
Algunos lo llaman "don" y en muchos momentos fué así por que me sirvió para saber quien me mentia o como podía mejorar las cosas, otras veces era una maldición, cuando alguien a quien quieres te dice una cosa y tu lees la contraria, muchos te quiero eran simple palabras vacias que escondían que monotonía, muchos halagos eran simple muros que escondían espero que fracases.
Nunca supe convivir con ello del todo, ni tampoco poder utilizarlo cuando yo quisiera, iba y venía a su antojo, si me preguntasen ahora si con esos cuatro o cinco años pudiera elegir tener o no tener ese don, no sabría que contestar. Aunque ya es tarde para eso.
Estoy en la cama, mi hijo está sentado mirándome, diciéndome con toda la sinceridad que puede que todo irá bien, que saldré de esta, que soy fuerte, pero yo puedo leer que no es verdad, que lo que tengo no tiene cura.
Y es entonces cuando le empiezo a contar una historia, la historia del hombre que podía escuchar lo que las palabras escondían, por que quizás, quien sabe, el tenga el mismo don.
No recuerdo exactamente la edad, pero si el lugar y el momento, mi madre con su delantal blanco estaba pelando patatas, yo detrás intentaba que me hiciera caso, ella se giró, me miró como sólo una madre puede hacerlo y me dijo: "venga ve a correr con tu hermano", yo le contesté " no quiere, dice que soy muy pequeñajo y no me quiere, ¿tú si verdad, mami?" " si hijito, yo te quiero, y no se lo digas a nadie pero eres mi preferido".
Entonces como un fogonazo las palabras que flotaban en el aire se convirtieron en letras pero que nada tenian que ver con lo que había dicho mi madre, pues a duras penas pude leer " te quiero, pero él es mi preferido, anda déjame cocinar". Yo no entendía como es que la voz de mi madre había dicho una cosa pero yo podia sentir que leía su palabras, palabras escondidas.
No le di importancia, sería cosa de mi imaginación, hasta que años después, cuando fuí a reclamar una nota de un examen, el profesor me dijo claramente "te he puesto esa nota por que es exáctamente lo que has sacado" y volvió aquella sensación de que no era cierto que yo podía leer en su voz " has sacado más nota, pero sé que puedes esforzarte más y por eso te pongo un 5".
Cuando salí de la escuela no dejaba de pensar en ello, seguía poniendo en duda que aquello fuera verdad, que no fuera algo producto de mi imaginación entonces vi a mis compañeros de clase jugando al futbol, y quise hacer una prueba.
- ¿Puedo jugar con vosotros? - le dije a uno que sabía que le caía mal.
- ... bueno... vale... - dijo resignado.
Pero yo leí en sus palabras "puf ya está el paquete este espero que vaya con el otro equipo".
Aquello fue el comienzo, empecé a practicar, a concentrarme en la voz y en las palabras y entonces surgían mas nítidas en mi mente, podía escuchar lo que escondían las palabras que me decían.
Algunos lo llaman "don" y en muchos momentos fué así por que me sirvió para saber quien me mentia o como podía mejorar las cosas, otras veces era una maldición, cuando alguien a quien quieres te dice una cosa y tu lees la contraria, muchos te quiero eran simple palabras vacias que escondían que monotonía, muchos halagos eran simple muros que escondían espero que fracases.
Nunca supe convivir con ello del todo, ni tampoco poder utilizarlo cuando yo quisiera, iba y venía a su antojo, si me preguntasen ahora si con esos cuatro o cinco años pudiera elegir tener o no tener ese don, no sabría que contestar. Aunque ya es tarde para eso.
Estoy en la cama, mi hijo está sentado mirándome, diciéndome con toda la sinceridad que puede que todo irá bien, que saldré de esta, que soy fuerte, pero yo puedo leer que no es verdad, que lo que tengo no tiene cura.
Y es entonces cuando le empiezo a contar una historia, la historia del hombre que podía escuchar lo que las palabras escondían, por que quizás, quien sabe, el tenga el mismo don.
jueves, junio 12, 2014
Quédate a dormir
Estoy sentado al borde de la cama.
- Quédate a dormir.
No dice nada, tumbada en la cama.
Me desnudo y me abrazo a ella.
Suave y mullida, abrazo la almohada, otra noche.
Otra noche que se queda a dormir.
- Quédate a dormir.
No dice nada, tumbada en la cama.
Me desnudo y me abrazo a ella.
Suave y mullida, abrazo la almohada, otra noche.
Otra noche que se queda a dormir.
Ajedrez
Como cada tarde, desde que estoy en paro, bajo al parque del Retiro,
allí en un rincón apartado, bajo unos chopps y unos olmos hay unas mesas
de ajedrez envejecidad por el transcurso del tiempo, la humedad y el
calor.
Como cada tarde cuando las sombras caen sobre los tableros dibujados en la mesa, se acercan unos viejecitos, sacan de sus cajas de maderas, torres, caballos y peones, alfiles, rey y reina.
"Hoy juego con las blancas" - dice uno.
"No empieces otra vez con el gambito de dama" - le contesta el otro.
Me fijo en un anciano que saca sus fichas de un paño, con todo mimo las coloca sobre la mesa como si fueran de cristal.
Las negras y las blancas.
Me acerco, y le saludo, el me contesta amablemente.
- ¿Puedo? - le digo.
- Claro, ¿sabes jugar?
- Algo sé. - le contesto
- Ya somos dos.
- Me llamo Carlos.
- Yo Javier, sientate - me dice - ¿blancas o negras?
Y empezamos a jugar, despacio, pensando cada jugada, casi como profesionales.
Las sombras van corriendo sobre la mesa, el alfil amenza a la reina, pero el caballo apoyado por la torre contraresta el ataque.
El anciano sonrie.
- Lo siento, se me ha hecho muy tarde y debo irme.
- No te preocupes Alberto.- me dice el anciano- mañana continuaremos la partida.
- Mi nombre es Carlos.
- ¡Ay! hijo perdona, esta cabeza, ya me falla la memoria, ¿volveras mañana?
- Si - le contesto - no faltaré.
- Entonces continuaremos la partida, eres un buen jugador.
Al día siguiente, llego al rincón del parque, Javier está sentado y cuando me acerco tiene las piezas desplegadas ¡¡tal y como dejamos la partida!!
- Hola Carlos
- ¿Perdona te conozco?...
Me quedo parado, es imposible, no me reconoce y sin embargo las piezas están dispuestas tal y como dejamos la partida.
- Jugé ayer contigo, dejamos la partida tal como está ahora...
- ¡Ah! si.. perdona, mi memoria no anda bien...
- No te preocupes ¿jugamos?
Y jugamos, al quinto movimiento me hizo jaque mate.
Como cada tarde cuando las sombras caen sobre los tableros dibujados en la mesa, se acercan unos viejecitos, sacan de sus cajas de maderas, torres, caballos y peones, alfiles, rey y reina.
"Hoy juego con las blancas" - dice uno.
"No empieces otra vez con el gambito de dama" - le contesta el otro.
Me fijo en un anciano que saca sus fichas de un paño, con todo mimo las coloca sobre la mesa como si fueran de cristal.
Las negras y las blancas.
Me acerco, y le saludo, el me contesta amablemente.
- ¿Puedo? - le digo.
- Claro, ¿sabes jugar?
- Algo sé. - le contesto
- Ya somos dos.
- Me llamo Carlos.
- Yo Javier, sientate - me dice - ¿blancas o negras?
Y empezamos a jugar, despacio, pensando cada jugada, casi como profesionales.
Las sombras van corriendo sobre la mesa, el alfil amenza a la reina, pero el caballo apoyado por la torre contraresta el ataque.
El anciano sonrie.
- Lo siento, se me ha hecho muy tarde y debo irme.
- No te preocupes Alberto.- me dice el anciano- mañana continuaremos la partida.
- Mi nombre es Carlos.
- ¡Ay! hijo perdona, esta cabeza, ya me falla la memoria, ¿volveras mañana?
- Si - le contesto - no faltaré.
- Entonces continuaremos la partida, eres un buen jugador.
Al día siguiente, llego al rincón del parque, Javier está sentado y cuando me acerco tiene las piezas desplegadas ¡¡tal y como dejamos la partida!!
- Hola Carlos
- ¿Perdona te conozco?...
Me quedo parado, es imposible, no me reconoce y sin embargo las piezas están dispuestas tal y como dejamos la partida.
- Jugé ayer contigo, dejamos la partida tal como está ahora...
- ¡Ah! si.. perdona, mi memoria no anda bien...
- No te preocupes ¿jugamos?
Y jugamos, al quinto movimiento me hizo jaque mate.
Catecismo
Aún recordaba aquella figura lastimera de un bello hombre ensangrentado, clavado en la cruz.
Los rezos de primera hora de la mañana,la rigidez de Sor Fulgencia, que no permitia ni una carrera por el pasillo camino al patio de aquel colegio de monjas.
Aún recordaba como había sido educada, esperando a un amor que cuando llegó se desvaneció tan pronto, como tan pronto llegó él con olor a otro perfúme.
Y los anclajes de aquella educación la retuvo veinte años, veinte años envueltos en pañales, olor de comidas en la sartén, de frío en las sábanas, de piernas abiertas mientras él se desfogaba y ella miraba como se descorchaba el techo, al igual que su vida.
El matrimonio es para toda la vida, le decía su madre, y si acaso pronunciaba la palabra sexo una lápida de silencia caia sobre ella.
Sin embargo en la calle, en las revistas, en la televisión, el sexo palpitaba, la palabra infiel, separación o divorcio, era mas frecuente que el bajar todos los dias a comprar una barra de pan.
Todo sucedió aquel primer domingo de octubre, cuando el nuevo párroco, un chico joven la confesaba.
"Ama a tu prójimo como a ti mismo" le dijo, "si no te amas a ti no puedes amar a nadie, Dios nos regaló la vida, esto no es un valle de lágrimas, no hay nada malo en que quieras vivir, el matrimonio no es una cadena a la que debas estar sujeta de por vida".
Aquello trastocó su existencia, "no es un valle de lágrimas.." ,"ámate a ti misma..." se repetía.
Y un día metió su vida en la maleta, dejó el viejo catecismo sobre la mesilla y cerró la puerta tras de sí.
Los rezos de primera hora de la mañana,la rigidez de Sor Fulgencia, que no permitia ni una carrera por el pasillo camino al patio de aquel colegio de monjas.
Aún recordaba como había sido educada, esperando a un amor que cuando llegó se desvaneció tan pronto, como tan pronto llegó él con olor a otro perfúme.
Y los anclajes de aquella educación la retuvo veinte años, veinte años envueltos en pañales, olor de comidas en la sartén, de frío en las sábanas, de piernas abiertas mientras él se desfogaba y ella miraba como se descorchaba el techo, al igual que su vida.
El matrimonio es para toda la vida, le decía su madre, y si acaso pronunciaba la palabra sexo una lápida de silencia caia sobre ella.
Sin embargo en la calle, en las revistas, en la televisión, el sexo palpitaba, la palabra infiel, separación o divorcio, era mas frecuente que el bajar todos los dias a comprar una barra de pan.
Todo sucedió aquel primer domingo de octubre, cuando el nuevo párroco, un chico joven la confesaba.
"Ama a tu prójimo como a ti mismo" le dijo, "si no te amas a ti no puedes amar a nadie, Dios nos regaló la vida, esto no es un valle de lágrimas, no hay nada malo en que quieras vivir, el matrimonio no es una cadena a la que debas estar sujeta de por vida".
Aquello trastocó su existencia, "no es un valle de lágrimas.." ,"ámate a ti misma..." se repetía.
Y un día metió su vida en la maleta, dejó el viejo catecismo sobre la mesilla y cerró la puerta tras de sí.
El piano
Abrió la tapa con sumo cuidado, como si de un bebé se tratara, cuando le va a cambiar el pañal.
Ante ella las 88 teclas del piano relucian como si fuera la primera vez que vieran la luz.
Posó los dedos sobre ellas deslizandolos, sin presionar, mientras el piano seguía mudo.
Levantó las manos y las dejó caer, con el primer "do" él cerró la puerta tras un te quiero que se perdió en el aire, con el "re" colgó los recuerdos en el tendedero de su memoria, el "mi" trajo una casa cerrada donde alguien un extraño retira el cartel de "se vende", rozó el "fa" como si con ello pudiera llevarse la lágrima que surfeaba en su mejilla, el "so" trazó una sonrisa en su boca, "la" se conviertió en el el aleteo de un pájaro que lograba llevarla lejos de allí, y por último el "si", un si quiero, un si puedo un si que borraba los si hubiera, si fuera, y si...
Con ellos compusó su última melodía, una que supo que nunca llegaría a superar.
Cerró el piano y descalza, bailó sobre él.
Ante ella las 88 teclas del piano relucian como si fuera la primera vez que vieran la luz.
Posó los dedos sobre ellas deslizandolos, sin presionar, mientras el piano seguía mudo.
Levantó las manos y las dejó caer, con el primer "do" él cerró la puerta tras un te quiero que se perdió en el aire, con el "re" colgó los recuerdos en el tendedero de su memoria, el "mi" trajo una casa cerrada donde alguien un extraño retira el cartel de "se vende", rozó el "fa" como si con ello pudiera llevarse la lágrima que surfeaba en su mejilla, el "so" trazó una sonrisa en su boca, "la" se conviertió en el el aleteo de un pájaro que lograba llevarla lejos de allí, y por último el "si", un si quiero, un si puedo un si que borraba los si hubiera, si fuera, y si...
Con ellos compusó su última melodía, una que supo que nunca llegaría a superar.
Cerró el piano y descalza, bailó sobre él.
jueves, mayo 15, 2014
Aviones de papel
Fuera como fuese allí estaba, colgada de la ventana, no literalmente, ya
que solo asomaba la cabeza mientras sus brazos se apoyaban en el cerco
de la ventana, pero a ella le gustaba pensar que se hallaba cogada de
su ventana.
Aunque por aquel rectángulo solo pudiera divisar los rectángulos anaranjados de los ladrillos del edificio de enfrente que casi, casi podía tocar con sus manos y un escueto trocito de cielo azul.
Para ella aquel anaranjado a veces se convertía en las dunas de un desierto que cruzaba con una caravana de camellos camino de la India desde Damasco, entonces cogía una hoja de papel, blanco por supuesto dibujaba unas líneas escribia unas letras y lo lanzaba desde la ventana pensando que ella pilotaba ese avión lejos muy lejos, hasta que lo veía desaparecer entre los árboles de la calle. Era entonces cuando ella cerraba la ventana y volvía a su muendo fuera el que fuese.
Otro día aquel avión surcaba océanos de un azul tan intenso que parecían verde esmeralda, y que la llevaban a unas tierras desconocidas, dondeella imaginaba que aterrizaría.
Fué con el tercer avión de papel, cuando llegó la primera postal, tal como ella lo habia imaginado, se veia el palacio del Taj Mahal, con su cúpula de mármol blanco, igual que el dibujo que había hecho en el avión.
En el cuarto avión dibujó la torre Eiffel, y en letras grandes "vivre la vie", lo lanzó desde su ventana, el pequeño avión planeo, hizo dos tirabuzones y descendío hasta perderse bajo las ramas del árbol. Aquella misma tarde llegó otra postal, era una fotografía de la torre eiffel de noche iluminada por miles de bombillas, en tinta azul escrito "la vie peut être belle, si vous le souhaitez".
Y a esas le siguieron un quinto, un sexto y un séptimo avión más, todos acompañados de sus postales.
Fue entonces cuando surgió su miedo, su duda,¿ querría saber quien era quien enviaba esas postales, o sería mejor mantener la duda, dejarlo así a la imaginación de alguien que sólo ellla dibujara en su mente?
Aquella tarde hizo volar un avión blanco, a la mañana siguiente recibió una postal en blanco solo surcada por unas letras "píntala con tu imaginación".
Fuera como fuese ella siguió colgada de su ventana lanzando, cada día, un aviónde papel.
Fuera como fuese ella recibia por cada avión una postal.
Aunque por aquel rectángulo solo pudiera divisar los rectángulos anaranjados de los ladrillos del edificio de enfrente que casi, casi podía tocar con sus manos y un escueto trocito de cielo azul.
Para ella aquel anaranjado a veces se convertía en las dunas de un desierto que cruzaba con una caravana de camellos camino de la India desde Damasco, entonces cogía una hoja de papel, blanco por supuesto dibujaba unas líneas escribia unas letras y lo lanzaba desde la ventana pensando que ella pilotaba ese avión lejos muy lejos, hasta que lo veía desaparecer entre los árboles de la calle. Era entonces cuando ella cerraba la ventana y volvía a su muendo fuera el que fuese.
Otro día aquel avión surcaba océanos de un azul tan intenso que parecían verde esmeralda, y que la llevaban a unas tierras desconocidas, dondeella imaginaba que aterrizaría.
Fué con el tercer avión de papel, cuando llegó la primera postal, tal como ella lo habia imaginado, se veia el palacio del Taj Mahal, con su cúpula de mármol blanco, igual que el dibujo que había hecho en el avión.
En el cuarto avión dibujó la torre Eiffel, y en letras grandes "vivre la vie", lo lanzó desde su ventana, el pequeño avión planeo, hizo dos tirabuzones y descendío hasta perderse bajo las ramas del árbol. Aquella misma tarde llegó otra postal, era una fotografía de la torre eiffel de noche iluminada por miles de bombillas, en tinta azul escrito "la vie peut être belle, si vous le souhaitez".
Y a esas le siguieron un quinto, un sexto y un séptimo avión más, todos acompañados de sus postales.
Fue entonces cuando surgió su miedo, su duda,¿ querría saber quien era quien enviaba esas postales, o sería mejor mantener la duda, dejarlo así a la imaginación de alguien que sólo ellla dibujara en su mente?
Aquella tarde hizo volar un avión blanco, a la mañana siguiente recibió una postal en blanco solo surcada por unas letras "píntala con tu imaginación".
Fuera como fuese ella siguió colgada de su ventana lanzando, cada día, un aviónde papel.
Fuera como fuese ella recibia por cada avión una postal.
miércoles, abril 30, 2014
Claro de luna
Leerlo oyendo esta canción:
http://www.youtube.com/watch?v=ja7v4JTsLVw
Lo tenía todo preparado, el mantel blanco sobre la mesa de madera, las copas de vino, la luz de las velas.
Ella llegó como siempre tarde, pero su sonrisa borró cualquier atisbo de malestar.
Dejó una suave marca de carmín en sus labios, él llenó las copas de vino y encendió el equipo de música.
A ella le gustaba ese ambiente, siempre había sido una romántica.
Sus ojos se perlaron.
Él ya lo sabía.
Cuando, ya entre las sábanas el mar buscaba encontrarse con la arena, él se incorporó y desde el mandó a distancia puso una canción.
"Dicen que es una melodia que llega al sentido del placer... siempre me ha gustado oirla mientras hacemos el amor" - le dijo.
Ella sonrió le atrajo hacia sí e hicieron el amor.
Cuando aquel adagio terminaba ella terminó de vestirse, borró el carmín de los labiios de él y cerro la puerta tras de sí.
Nunca más volvieron a verse.
Aunque él cada tarde ponga el "Claro de luna" de Debussy y sienta en su boca el sabor de su carmín.
http://www.youtube.com/watch?v=ja7v4JTsLVw
Lo tenía todo preparado, el mantel blanco sobre la mesa de madera, las copas de vino, la luz de las velas.
Ella llegó como siempre tarde, pero su sonrisa borró cualquier atisbo de malestar.
Dejó una suave marca de carmín en sus labios, él llenó las copas de vino y encendió el equipo de música.
A ella le gustaba ese ambiente, siempre había sido una romántica.
Sus ojos se perlaron.
Él ya lo sabía.
Cuando, ya entre las sábanas el mar buscaba encontrarse con la arena, él se incorporó y desde el mandó a distancia puso una canción.
"Dicen que es una melodia que llega al sentido del placer... siempre me ha gustado oirla mientras hacemos el amor" - le dijo.
Ella sonrió le atrajo hacia sí e hicieron el amor.
Cuando aquel adagio terminaba ella terminó de vestirse, borró el carmín de los labiios de él y cerro la puerta tras de sí.
Nunca más volvieron a verse.
Aunque él cada tarde ponga el "Claro de luna" de Debussy y sienta en su boca el sabor de su carmín.
sábado, abril 19, 2014
Una historia
Estaba sentado frente a él.
Él mira por la ventana, su mirada perdida en algún punto que yo no soy capaz de reconocer.
Recordé aquel lejano día, cuando aún la vida estaba creciendo y yo tenía el hambre suficiente para devorar el mundo y aún quedarme con hambre.
Llegué del instituto con el miedo metido en la mochila abrazando el cuaderno de notas. Intenté pasar la tarde sin pensar en ello, en el momento en el que él llegara y tuviera que hacer frente a la entrega de aquel cuaderno de notas.
Mi mano temblaba cuando se deslizo sobre la mesa como lo haría un esquiador sobre una fina capa de hielo a punto de romperse, él me miró a los ojos, como si supiera lo que se encerraba en aquel cuadernito, y sin ni siquiera abrirlo lo desplazó a la esquina de la mesa, acercó su mano a la mia y la acarició suavemente, mientras de su boca empezaron a flotar las palabras.
- Imagino como son tus notas, pero ahora eso no tiene importancia, ya tienes la edad suficiente para saber lo que es importarte para ti y lo que no. Cómo es la vida, y lo dura que se está poniendo para saber que lo que ahora hagas va a repercurtir en el resto de tus días, pero además de eso, hay algo que nadie sabe porqué no se enseña en la escuela, quizás por que es la vida la que te va enseñando día a día, aunque el aprendizaje es duro, muy duro ya que nadie nos prepara para ello, no hay libros, ni fórmulas, que nos ayuden a resolverlo. Tienes que aprender que tus instintos son parte de ti, óyelos porque muchas veces son ellos los que nos llevan por el camino que hay que recorrer. No te dejes llevar por las opiniones de los demás, ni por lo que ellos piensen de ti, sólo tú te conoces, sólo tú sabes como eres, cuales son tus debilidades y cuales son puntos fuertes. Ante todo cree en ti, nunca dejes de creer en que eres capaz de todo lo que te propongas, por mucho que los que te rodeen te digan que no seras capaz, que no lo lograras, lucha por ello, aunque caigas vuelve a levantarte, porque por cada caida habrá una enseñanza que te hará más fuerte. Quierete como nadie te querrá nunca, porque de ese amor por ti mismo nacerá el amor por los demás, ama cada instante como si fuera el último instante de tu vida. Nunca te creas mejor que nadie, pero tampoco te creas menos que nadie, no valores a las personas por lo que tienen sino por lo que son. Besa con la pasión del primer beso, y hazlo con la sinceridad de tu corazón. Y aunque esto lo lleves a la práctica todos los días, no puedo prometerte que seas feliz, pero te hará sentirte mejor, aunque haya días que quieras mandarlo todo a la mierda, que te sientas solo y perdido, no olvides estas palabras, busca dentro de ti, alli encontrarás la solución.
Calló por un momento, abrió el cuaderno de notas y lo firmó sin fijarse en mis aprobados y suspensos.
- ¿Me has comprendido?
Asentí con la cabeza, aunque había cosas que ni siquiera sabía de lo que estaba hablando. Fue el tiempo el que me demostró el valor de aquella conversación, y aunque intenté llevarlas a la práctica hubo momentos que las dejé guardadas en un cajón olvidadas, hasta que lo volvía a abrir.
Se gira y me mira, como si por un momento supiera lo que estoy pensando, en sus ojos hay un poso de extrañeza, la misma que he visto en los últimos meses, cuando ya no es capaz de reconocerme.
Me levanto de la silla, una que el enfermero me ha dejado, quisiera decirle tantas cosas que al final solo articulo palabras mudas. En el jardín mi mujer y mis dos hijos me esperan, al llegar a la puerta de su habitación me giro y le veo con la mirada perdida a través del cristal. Sus labios se mueven...
- Me alegro que seas feliz, Javier, porque me hace sentir que algo hice bueno en la vida, cuidate y cuida a tu familia...
Cuando me acerco, vuelve a silenciarse, su mirada se pierde de nuevo y sé que de alguna manera está y no está.
Ya en el coche, miro a mi mujer y la beso, ella sorprendida me dice "¿y eso ...?" y yo le respondo "¿y por qué no?", me doy la vuelta y mirando a mis hijos les digo:
- Hoy quiero contaros una historia...
Él mira por la ventana, su mirada perdida en algún punto que yo no soy capaz de reconocer.
Recordé aquel lejano día, cuando aún la vida estaba creciendo y yo tenía el hambre suficiente para devorar el mundo y aún quedarme con hambre.
Llegué del instituto con el miedo metido en la mochila abrazando el cuaderno de notas. Intenté pasar la tarde sin pensar en ello, en el momento en el que él llegara y tuviera que hacer frente a la entrega de aquel cuaderno de notas.
Mi mano temblaba cuando se deslizo sobre la mesa como lo haría un esquiador sobre una fina capa de hielo a punto de romperse, él me miró a los ojos, como si supiera lo que se encerraba en aquel cuadernito, y sin ni siquiera abrirlo lo desplazó a la esquina de la mesa, acercó su mano a la mia y la acarició suavemente, mientras de su boca empezaron a flotar las palabras.
- Imagino como son tus notas, pero ahora eso no tiene importancia, ya tienes la edad suficiente para saber lo que es importarte para ti y lo que no. Cómo es la vida, y lo dura que se está poniendo para saber que lo que ahora hagas va a repercurtir en el resto de tus días, pero además de eso, hay algo que nadie sabe porqué no se enseña en la escuela, quizás por que es la vida la que te va enseñando día a día, aunque el aprendizaje es duro, muy duro ya que nadie nos prepara para ello, no hay libros, ni fórmulas, que nos ayuden a resolverlo. Tienes que aprender que tus instintos son parte de ti, óyelos porque muchas veces son ellos los que nos llevan por el camino que hay que recorrer. No te dejes llevar por las opiniones de los demás, ni por lo que ellos piensen de ti, sólo tú te conoces, sólo tú sabes como eres, cuales son tus debilidades y cuales son puntos fuertes. Ante todo cree en ti, nunca dejes de creer en que eres capaz de todo lo que te propongas, por mucho que los que te rodeen te digan que no seras capaz, que no lo lograras, lucha por ello, aunque caigas vuelve a levantarte, porque por cada caida habrá una enseñanza que te hará más fuerte. Quierete como nadie te querrá nunca, porque de ese amor por ti mismo nacerá el amor por los demás, ama cada instante como si fuera el último instante de tu vida. Nunca te creas mejor que nadie, pero tampoco te creas menos que nadie, no valores a las personas por lo que tienen sino por lo que son. Besa con la pasión del primer beso, y hazlo con la sinceridad de tu corazón. Y aunque esto lo lleves a la práctica todos los días, no puedo prometerte que seas feliz, pero te hará sentirte mejor, aunque haya días que quieras mandarlo todo a la mierda, que te sientas solo y perdido, no olvides estas palabras, busca dentro de ti, alli encontrarás la solución.
Calló por un momento, abrió el cuaderno de notas y lo firmó sin fijarse en mis aprobados y suspensos.
- ¿Me has comprendido?
Asentí con la cabeza, aunque había cosas que ni siquiera sabía de lo que estaba hablando. Fue el tiempo el que me demostró el valor de aquella conversación, y aunque intenté llevarlas a la práctica hubo momentos que las dejé guardadas en un cajón olvidadas, hasta que lo volvía a abrir.
Se gira y me mira, como si por un momento supiera lo que estoy pensando, en sus ojos hay un poso de extrañeza, la misma que he visto en los últimos meses, cuando ya no es capaz de reconocerme.
Me levanto de la silla, una que el enfermero me ha dejado, quisiera decirle tantas cosas que al final solo articulo palabras mudas. En el jardín mi mujer y mis dos hijos me esperan, al llegar a la puerta de su habitación me giro y le veo con la mirada perdida a través del cristal. Sus labios se mueven...
- Me alegro que seas feliz, Javier, porque me hace sentir que algo hice bueno en la vida, cuidate y cuida a tu familia...
Cuando me acerco, vuelve a silenciarse, su mirada se pierde de nuevo y sé que de alguna manera está y no está.
Ya en el coche, miro a mi mujer y la beso, ella sorprendida me dice "¿y eso ...?" y yo le respondo "¿y por qué no?", me doy la vuelta y mirando a mis hijos les digo:
- Hoy quiero contaros una historia...
jueves, abril 10, 2014
El ascensor (Final)
*******************************************
- ¿Cómo dice...?
- Hola Laura, perdona mi broma, soy Fernando...
- Don Fernando, perdone pero... ¿le conozco de algo?
Su respuesta me deja unos segundos bloqueado, el silencio lo llena todo.
- Fernando, creo que sabes gastar bromas, pero no encajarlas, te he reconocido, no me digas que te has quedado otra vez atrapado.
- Ummm... para serte sincero, he apretado varias veces el botón de parada.
- ¿Cómo? ¿Por qué has hecho eso?
- Queria volver a hablar contigo, imagino que te habrán dicho cientos de veces que tienes una voz preciosa
- Pero Fernando, no debes pulsar el botón si no está justificado...
- Para mí había justificación, la reunión ha sido perfecta, un éxito, y quería compartirlo contigo.
- Gracias pero de verdad no sabes el problema que has ocasionado.
- ¿Por qué?
- Porque nuestro software detecta cuando el botón se pulsa sin motivo alguno, acto seguido se activa la cámara de vigilancia y son grabadas las conversaciones, con un poco de suerte... espero que no pase nada.
- ¿Pero que tiene que pasar?
- Don Fernando, en breves momentos el ascensor se pondrá en marcha, le deseamos buenos días.
- Espera... Laura... ¿Laura?
El ascensor recobra su vida, y desciende, se abren las puertas y efectivamente aparece el conserje del edificio, preguntándome por el motivo de la parada. Le contesto que he sufrido un mareo y que sin querer he pulsado el botón de parada, me mira como no creyéndo mi historia, pero sonrie, me desea que me encuentre mejor y desaparece por el vestíbulo.
Salgo a la calle aún bajo el shock de lo que acaba de pasar " no sabes el problema que has ocasionado..." Pienso en ello y en las repercusiones que he podido ocasionarla, ¿y si por mi culpa tiene problemas en el trabajo? Me remuerde la conciencia, entro de nuevo en el vestíbulo del edificio, me encamino al ascensor y cuando se abren las puertas observo el panel de los botones, apunto la dirección de la empresa y vuelvo a salir.
Llego a las oficinas de la empresa UpandDown, aún no sé como voy a lograr dar con ella, sólo tengo su nombre y la dirección del ascensor que le correspondía.
La entrada es amplia, espaciosa, en su parte central con forma de media luna está el acceso, junto a una señorita hay un guardia jurado detras del control de seguridad, me acerco y mostrando la mejor de mis sonrisas le pregunto por Laura dámdole todos los datos posibles. Me mira algo sorprendida y sin dejar de sonreir me contesta que esa información no puede facilitarla. Miro a mi alrededor, en busca de alguien que me pueda ayudar pero es imposible. Decido esperar en la calle, seguro que en la hora del desayuno alguien podrá echarme una mano.
Empiezan a salir, a las dos primeras personas que pregunto me miran extrañadas y no saben quien puede ser, me acerco a una chica joven de veintantos, le cuento todo lo sucedido y me contesta que en su sección ha llegado el rumor que a una compañera le han cambiado de sector por tomarse ciertas libertades en las conversaciones, pero que no sabe su nombre. Es desolador, no tengo ninguna imagen de ella ni ningún otro dato, le pregunto si al menos frecuentan alguna cafeteria y me contesta que generalmente suelen ir a un VIPS por que allí hay espacio para todos.
Es mi última oportunidad, la cafetería está llena de chicas, intento ver a quien podría corresponder esa voz pero es imposible, me siento en la barra y pido un café, me siento hundido, ella está pagando mi poca cabeza.
- ¡¡ Qué mierda !! - digo en voz alta sin percatarme de donde me encuentro.
- Hola, buenos días, ¿en que puedo ayudarle, algún que otro fallo en el ascensor?
Es esa voz... me giro y frente a mi está ella.
- Hola Laura...
- Hola Fernando...
**** FIN ***
- ¿Cómo dice...?
- Hola Laura, perdona mi broma, soy Fernando...
- Don Fernando, perdone pero... ¿le conozco de algo?
Su respuesta me deja unos segundos bloqueado, el silencio lo llena todo.
- Fernando, creo que sabes gastar bromas, pero no encajarlas, te he reconocido, no me digas que te has quedado otra vez atrapado.
- Ummm... para serte sincero, he apretado varias veces el botón de parada.
- ¿Cómo? ¿Por qué has hecho eso?
- Queria volver a hablar contigo, imagino que te habrán dicho cientos de veces que tienes una voz preciosa
- Pero Fernando, no debes pulsar el botón si no está justificado...
- Para mí había justificación, la reunión ha sido perfecta, un éxito, y quería compartirlo contigo.
- Gracias pero de verdad no sabes el problema que has ocasionado.
- ¿Por qué?
- Porque nuestro software detecta cuando el botón se pulsa sin motivo alguno, acto seguido se activa la cámara de vigilancia y son grabadas las conversaciones, con un poco de suerte... espero que no pase nada.
- ¿Pero que tiene que pasar?
- Don Fernando, en breves momentos el ascensor se pondrá en marcha, le deseamos buenos días.
- Espera... Laura... ¿Laura?
El ascensor recobra su vida, y desciende, se abren las puertas y efectivamente aparece el conserje del edificio, preguntándome por el motivo de la parada. Le contesto que he sufrido un mareo y que sin querer he pulsado el botón de parada, me mira como no creyéndo mi historia, pero sonrie, me desea que me encuentre mejor y desaparece por el vestíbulo.
Salgo a la calle aún bajo el shock de lo que acaba de pasar " no sabes el problema que has ocasionado..." Pienso en ello y en las repercusiones que he podido ocasionarla, ¿y si por mi culpa tiene problemas en el trabajo? Me remuerde la conciencia, entro de nuevo en el vestíbulo del edificio, me encamino al ascensor y cuando se abren las puertas observo el panel de los botones, apunto la dirección de la empresa y vuelvo a salir.
Llego a las oficinas de la empresa UpandDown, aún no sé como voy a lograr dar con ella, sólo tengo su nombre y la dirección del ascensor que le correspondía.
La entrada es amplia, espaciosa, en su parte central con forma de media luna está el acceso, junto a una señorita hay un guardia jurado detras del control de seguridad, me acerco y mostrando la mejor de mis sonrisas le pregunto por Laura dámdole todos los datos posibles. Me mira algo sorprendida y sin dejar de sonreir me contesta que esa información no puede facilitarla. Miro a mi alrededor, en busca de alguien que me pueda ayudar pero es imposible. Decido esperar en la calle, seguro que en la hora del desayuno alguien podrá echarme una mano.
Empiezan a salir, a las dos primeras personas que pregunto me miran extrañadas y no saben quien puede ser, me acerco a una chica joven de veintantos, le cuento todo lo sucedido y me contesta que en su sección ha llegado el rumor que a una compañera le han cambiado de sector por tomarse ciertas libertades en las conversaciones, pero que no sabe su nombre. Es desolador, no tengo ninguna imagen de ella ni ningún otro dato, le pregunto si al menos frecuentan alguna cafeteria y me contesta que generalmente suelen ir a un VIPS por que allí hay espacio para todos.
Es mi última oportunidad, la cafetería está llena de chicas, intento ver a quien podría corresponder esa voz pero es imposible, me siento en la barra y pido un café, me siento hundido, ella está pagando mi poca cabeza.
- ¡¡ Qué mierda !! - digo en voz alta sin percatarme de donde me encuentro.
- Hola, buenos días, ¿en que puedo ayudarle, algún que otro fallo en el ascensor?
Es esa voz... me giro y frente a mi está ella.
- Hola Laura...
- Hola Fernando...
**** FIN ***
miércoles, marzo 19, 2014
El ascensor (parte 1)
Llegaba tarde, a mí que la puntualidad es algo que me trae de cabeza, corrí por el vestíbulo y apreté el botón del ascensor,
cómo no este se encontraba en los últimos pisos. Mientras bajaba miré el reloj con insistencia como si con aquello fuera a retrasar la hora.
Por fin llegó, se abrieron las puertas y accedí a aquel receptáculo metálico, presioné el botón que indicaba la octava planta, mientras en el espejo intentaba dominar mi pelo. En el led aparecen y desaparecen los números, y cuando el número cinco va a hacer el honor de ser visible, el ascensor frena de golpe, las luces parpadean y finalmente se detiene. Pulsó con frenesí el 8 hasta casi desgastarlo, luego el 6, el 7, el 2, y nada el ascensor está muerto. Una risa floja se desprende de mi garganta, y pienso en las malditas leyes de Murphy, está claro que no debía llegar a la reunión.
Intento controlar mi nerviosismo, aprieto el botón de emergencia y de él surge una voz femenina.
- Hola buenos días - ¿buenos días? me digo debe estar de coña.
- Perdone estoy atrapado en el ascensor y llego tarde a una reunión por favor necesito que esto funcione ¡ya! - le digo casi gritando.
- Estamos intenando solventar el fallo técnico, creemos que es un error de software, de todas maneras hemos avisado al conserje, para que si desde nuestras oficinas no podemos arreglarlo, lo haga él manualmente..." - me contesta con una voz tranquila y suave, que dista mucho de mi estado anímico
- Me parece correcto señorita, ¿pero podría decirme cuanto tiempo van a tardar?
- Intentaremos que sea lo más breve posible, ¿ es usted claustrofóbico?
- ¡No, por supuesto que no lo soy!, pero debía entregar un trabajo y ya me será imposible.
- Por favor no se ponga nervioso, seguro que entenderan que no es por culpa suya el retraso - su voz se vuelve mas dulce, como si con ello intentara calmar mis nervios.
- No me diga cómo me tengo que sentir, y arreglen el ascensor
- ¿Le importaría decirme como se llama?
- ¿Cómo? ¿Es que va a psicoanalizarme?...
- No señor, pero parece que va a llevar un poco de tiempo el subsanar el fallo técnico, pero si lo desea corto la comunicación aunque puede volver a contactar conmigo pulsando de nuevo el botón de alerta.
- Fernando, me llamo Fernando... - prefiero seguir oyendo su voz, quizás así el tiempo pase más rápido.
- Muy bien don Fernando....
- Por favor tutéame, no me hagas sentir peor de loq ue estoy en estos momentos.
- Bien Fernando, mi nombre es Laura, desde control me pasan que el tiempo estimado es de 15 minutos.
- ¡¡ 15 minutos!! pero bueno ni que estuvieramos aún en el siglo xx
- No se preocupe, quizás se subsane antes, y pueda llegar a tiempo a entregar su trabajo.
- Ya da igual, seguramente la reunión haya empezado, y tenga que regresar...
- Entonces problema solucionado, ¿ve cómo habia solución?
- ¿Solución? la mañana pérdida, dígame Laura, ¿mantiene esta conversación con todos los usuarios que quedan atrapados en el ascensor?
- No, Fernando, cada caso es un mundo, a veces sigo las directrices de la empresa, otras, como hoy, me tomo ciertas libertades.
- No sé si debo darte las gracias o no, Laura. Al menos estas haciendo que el tiempo pase más rápido.
- Esa es mi función, sirvo de enlace entre el usuario y el departamento técnico, y si es posible intento que los afectados no lo pasen mal.
- Vaya entonces... ¿soy solo un afectado?
- No... - en su voz hay cierto titubeo.
- Eso quizás se lo digas a todos los usuarios... afectados - y por primera vez en la mañana, sonrio.
En ese momento el ascensor suspira, vibra y empieza a ascender.
- Fernando ya está arreglada la incidencia, que pase un buen día y reitero las disculpas por las molestias ocasionadas.
- ¡Qué políticamente correcta te has puesto ahora Laura!, gracias por tu compañía.
Se abren las puertas y me quedo esperando una contestación de aquella voz suave y sugerente llamda Laura, pero sólo oigo el leve mecanismo de las puertas al cerrarse.
Una hora y dos discusiones después, vuelvo a estar en el ascensor.
Desciende lentamente, y pienso si volver a darle al botón, al menos por educación me debería despedir, aunque ¿no es cierto, que también me apetece vovler a oírla?
Aprieto el botón.
- Hola, buenos días. - dice con la misma voz.
- Hola Laura le contestó.
- No detecto ningún fallo, ¿va todo bien?
- Sí, sólo me apetecía despedirme de tí, gracias al retraso he de volver en dos días.
- Por favor, no utlice l botón de emergencia si no hay un motivo para ello.
Me quedo helado, ¿dónde está esa voz amable y dulce?
- Laura, ¡qué soy Fernando!
- Lo sé, pero no debes tocar... donde no debes tocar... - suelta con una risita.
- Jo... me habías asustado, creía que habías perdido toda esa amabilidad.
- Es mi trabajo, pero a veces me permito alguna licencia, ¿ha ido todo bien?
- Bueno alguna discusión...
El ascensor anuncia que llega al primer piso, y he de salir.
- Ya llego, si lo llego a saber le doy al botón de parada.
- ¡No hagas eso! A veces se queda bloqueado y podrías permanecer dentro otros 15 minutos.
- Bueno he de salir ya , que se van a abrir las puertas, gracias por esa voz tan dulce.
- Gracias a usted, perdone las molestias y vuelva a utilizar ascesores UpandDown, feliz dia.
Dos días después vuelvo a estar en las puertas de la oficina, dos días en los que inevitablemente he pensado como sería la persona a la que pertenece esa voz, es tan difícil recrear un rostro a partir de una voz. Me la he imaginado dulce, con un punto de picardia en la mirada, sensual, casa o con novio problablemente, quizas con una niña de bucles rubios, aunque tambien puede que no sea así, pero de esos pensamientos rehuía, es facil idealizar cuando no tienes la imagen delante, y deseas proyectar en esa persona todos tus deseos y fantasías. La he imaginado alta, con una sonrisa amplia que rie a cada momento, independiente, como dicen ahora proactiva, aventurera... bueno dejémonos de películas. Tengo que entrar y ver el resultado de mi trabajo.
Cuando subo en el ascensor, esta vez acompañado, cierro los ojos y aún me parece estar escuchándola. Una hora después, estoy esperando que se abran las puertas, todo ha ido mejor de lo que me esperaba, y tengo que entregar nuevos bocetos, me siento eufórico, con ganas de compartir mi éxito, espero a que nadie quiera tomar el ascensor, entro y cuando empieza a bajar presiono varias veces el botón de parada. El ascensor renquea y con un quejido frena y se para. Pulso el piso primero, pero no obedece, sonrío, y acaricio el pulsador de alerta.
- Hola, buenos días, ¿en que puedo ayudarle?
- Por Dios, es que este ascensor siempre falla cuando yo monto, y ahora que voy a hacer me juego mi trabajo, ¡haga algo! - le digo gritando auqnue en mi voz hay menos angustia de la que quisiera.
- Señor calmese, en unos instantes la avería estará subsanada, acabdo de pasar la incidencia al departamento técnico, en el caso que se retrasease, el conserje accedera de modo manual a abrirle las puertas, rogamos disculpe las molestias.
- ¿De verdad que te sabes todo eso de memoria, o lo estas leyendo... Laura?
**************** CONTINUARA ************************
cómo no este se encontraba en los últimos pisos. Mientras bajaba miré el reloj con insistencia como si con aquello fuera a retrasar la hora.
Por fin llegó, se abrieron las puertas y accedí a aquel receptáculo metálico, presioné el botón que indicaba la octava planta, mientras en el espejo intentaba dominar mi pelo. En el led aparecen y desaparecen los números, y cuando el número cinco va a hacer el honor de ser visible, el ascensor frena de golpe, las luces parpadean y finalmente se detiene. Pulsó con frenesí el 8 hasta casi desgastarlo, luego el 6, el 7, el 2, y nada el ascensor está muerto. Una risa floja se desprende de mi garganta, y pienso en las malditas leyes de Murphy, está claro que no debía llegar a la reunión.
Intento controlar mi nerviosismo, aprieto el botón de emergencia y de él surge una voz femenina.
- Hola buenos días - ¿buenos días? me digo debe estar de coña.
- Perdone estoy atrapado en el ascensor y llego tarde a una reunión por favor necesito que esto funcione ¡ya! - le digo casi gritando.
- Estamos intenando solventar el fallo técnico, creemos que es un error de software, de todas maneras hemos avisado al conserje, para que si desde nuestras oficinas no podemos arreglarlo, lo haga él manualmente..." - me contesta con una voz tranquila y suave, que dista mucho de mi estado anímico
- Me parece correcto señorita, ¿pero podría decirme cuanto tiempo van a tardar?
- Intentaremos que sea lo más breve posible, ¿ es usted claustrofóbico?
- ¡No, por supuesto que no lo soy!, pero debía entregar un trabajo y ya me será imposible.
- Por favor no se ponga nervioso, seguro que entenderan que no es por culpa suya el retraso - su voz se vuelve mas dulce, como si con ello intentara calmar mis nervios.
- No me diga cómo me tengo que sentir, y arreglen el ascensor
- ¿Le importaría decirme como se llama?
- ¿Cómo? ¿Es que va a psicoanalizarme?...
- No señor, pero parece que va a llevar un poco de tiempo el subsanar el fallo técnico, pero si lo desea corto la comunicación aunque puede volver a contactar conmigo pulsando de nuevo el botón de alerta.
- Fernando, me llamo Fernando... - prefiero seguir oyendo su voz, quizás así el tiempo pase más rápido.
- Muy bien don Fernando....
- Por favor tutéame, no me hagas sentir peor de loq ue estoy en estos momentos.
- Bien Fernando, mi nombre es Laura, desde control me pasan que el tiempo estimado es de 15 minutos.
- ¡¡ 15 minutos!! pero bueno ni que estuvieramos aún en el siglo xx
- No se preocupe, quizás se subsane antes, y pueda llegar a tiempo a entregar su trabajo.
- Ya da igual, seguramente la reunión haya empezado, y tenga que regresar...
- Entonces problema solucionado, ¿ve cómo habia solución?
- ¿Solución? la mañana pérdida, dígame Laura, ¿mantiene esta conversación con todos los usuarios que quedan atrapados en el ascensor?
- No, Fernando, cada caso es un mundo, a veces sigo las directrices de la empresa, otras, como hoy, me tomo ciertas libertades.
- No sé si debo darte las gracias o no, Laura. Al menos estas haciendo que el tiempo pase más rápido.
- Esa es mi función, sirvo de enlace entre el usuario y el departamento técnico, y si es posible intento que los afectados no lo pasen mal.
- Vaya entonces... ¿soy solo un afectado?
- No... - en su voz hay cierto titubeo.
- Eso quizás se lo digas a todos los usuarios... afectados - y por primera vez en la mañana, sonrio.
En ese momento el ascensor suspira, vibra y empieza a ascender.
- Fernando ya está arreglada la incidencia, que pase un buen día y reitero las disculpas por las molestias ocasionadas.
- ¡Qué políticamente correcta te has puesto ahora Laura!, gracias por tu compañía.
Se abren las puertas y me quedo esperando una contestación de aquella voz suave y sugerente llamda Laura, pero sólo oigo el leve mecanismo de las puertas al cerrarse.
Una hora y dos discusiones después, vuelvo a estar en el ascensor.
Desciende lentamente, y pienso si volver a darle al botón, al menos por educación me debería despedir, aunque ¿no es cierto, que también me apetece vovler a oírla?
Aprieto el botón.
- Hola, buenos días. - dice con la misma voz.
- Hola Laura le contestó.
- No detecto ningún fallo, ¿va todo bien?
- Sí, sólo me apetecía despedirme de tí, gracias al retraso he de volver en dos días.
- Por favor, no utlice l botón de emergencia si no hay un motivo para ello.
Me quedo helado, ¿dónde está esa voz amable y dulce?
- Laura, ¡qué soy Fernando!
- Lo sé, pero no debes tocar... donde no debes tocar... - suelta con una risita.
- Jo... me habías asustado, creía que habías perdido toda esa amabilidad.
- Es mi trabajo, pero a veces me permito alguna licencia, ¿ha ido todo bien?
- Bueno alguna discusión...
El ascensor anuncia que llega al primer piso, y he de salir.
- Ya llego, si lo llego a saber le doy al botón de parada.
- ¡No hagas eso! A veces se queda bloqueado y podrías permanecer dentro otros 15 minutos.
- Bueno he de salir ya , que se van a abrir las puertas, gracias por esa voz tan dulce.
- Gracias a usted, perdone las molestias y vuelva a utilizar ascesores UpandDown, feliz dia.
Dos días después vuelvo a estar en las puertas de la oficina, dos días en los que inevitablemente he pensado como sería la persona a la que pertenece esa voz, es tan difícil recrear un rostro a partir de una voz. Me la he imaginado dulce, con un punto de picardia en la mirada, sensual, casa o con novio problablemente, quizas con una niña de bucles rubios, aunque tambien puede que no sea así, pero de esos pensamientos rehuía, es facil idealizar cuando no tienes la imagen delante, y deseas proyectar en esa persona todos tus deseos y fantasías. La he imaginado alta, con una sonrisa amplia que rie a cada momento, independiente, como dicen ahora proactiva, aventurera... bueno dejémonos de películas. Tengo que entrar y ver el resultado de mi trabajo.
Cuando subo en el ascensor, esta vez acompañado, cierro los ojos y aún me parece estar escuchándola. Una hora después, estoy esperando que se abran las puertas, todo ha ido mejor de lo que me esperaba, y tengo que entregar nuevos bocetos, me siento eufórico, con ganas de compartir mi éxito, espero a que nadie quiera tomar el ascensor, entro y cuando empieza a bajar presiono varias veces el botón de parada. El ascensor renquea y con un quejido frena y se para. Pulso el piso primero, pero no obedece, sonrío, y acaricio el pulsador de alerta.
- Hola, buenos días, ¿en que puedo ayudarle?
- Por Dios, es que este ascensor siempre falla cuando yo monto, y ahora que voy a hacer me juego mi trabajo, ¡haga algo! - le digo gritando auqnue en mi voz hay menos angustia de la que quisiera.
- Señor calmese, en unos instantes la avería estará subsanada, acabdo de pasar la incidencia al departamento técnico, en el caso que se retrasease, el conserje accedera de modo manual a abrirle las puertas, rogamos disculpe las molestias.
- ¿De verdad que te sabes todo eso de memoria, o lo estas leyendo... Laura?
**************** CONTINUARA ************************
jueves, marzo 13, 2014
Cosas pares
Hago un inciso, para contaros que hay un blog, en este océano de blogs m que es como un islote verde, un oásis entre tanta información e imágenes. Hacen un juego de fotografías, a pares, un rincón especial.
Pues han tomado mi último relato y han creado un juego de letras e imágenes con dos fotos, que ha quedado maravilloso.
Os recomiendo que le hagáis una visita http://www.lascosaspares.es
El relato: http://www.lascosaspares.es/2014/03/el-bloc.html
Gracias a Emilia Vilaplana
Pues han tomado mi último relato y han creado un juego de letras e imágenes con dos fotos, que ha quedado maravilloso.
Os recomiendo que le hagáis una visita http://www.lascosaspares.es
El relato: http://www.lascosaspares.es/2014/03/el-bloc.html
Gracias a Emilia Vilaplana
miércoles, marzo 05, 2014
El bloc.
Tenía en su armario una colección de sonrisas olvidadas colgadas en perchas de madera.
Un cajón reservado para los "y si..." y una balda de adioses doblados por la mitad, junto a jerseys con la palabra "perdóname" cosida en el pecho.
Cada mañana se vestía de azul y blanco, si lucía el sol pero cuando este se tapaba con las nubes, ella prefería el negro y rojo.
En el primer cajón de su cómoda, a la derecha guardaba el corazón, junto a él, inseparablemente, siempre, siempre, una cajita de tiritas.
Tenia como costumbre bajar al café a las 12.20 de la mañana, como relevo de sus compañeras de trabajo. Se sentaba en la barra del viejo bar con la única compañía de un café y una rebanada de pan tostado con aceite y sal.
Tres mesas más allá, un chico con parca verde y gafas de pasta negra hundia su cabeza en un bloc de páginas blancas, bolígrafo en mano parecía mantener un duelo con el bloc, del que cada día salía perdiendo.
De vez en cuando sus miradas se cruzaban lo que provocaba en ella un rubor rosáceo en sus mejillas.
Ninguno de los dos se atrevía a cruzar la distancia que había de la mesa a la barra del café.
Aquel día, cuando ella daba sui último bocado al pan tostado, el muchacho se levantó, pasó a su lado y se marchó sin decir nada.
Sobre la mesa, como un naúfrago quedó el bloc.
Ella se levantó lentamente, se acercó a la mesa,, miró a un lado y a otro y tomó en sus manos aquel bloc.
Todas las páginas estaban en blanco excepto la última, donde ella leyó:
"Llevo años buscándote y ahora cuando por fin te hallo, siento miedo a encontrarte."
Un cajón reservado para los "y si..." y una balda de adioses doblados por la mitad, junto a jerseys con la palabra "perdóname" cosida en el pecho.
Cada mañana se vestía de azul y blanco, si lucía el sol pero cuando este se tapaba con las nubes, ella prefería el negro y rojo.
En el primer cajón de su cómoda, a la derecha guardaba el corazón, junto a él, inseparablemente, siempre, siempre, una cajita de tiritas.
Tenia como costumbre bajar al café a las 12.20 de la mañana, como relevo de sus compañeras de trabajo. Se sentaba en la barra del viejo bar con la única compañía de un café y una rebanada de pan tostado con aceite y sal.
Tres mesas más allá, un chico con parca verde y gafas de pasta negra hundia su cabeza en un bloc de páginas blancas, bolígrafo en mano parecía mantener un duelo con el bloc, del que cada día salía perdiendo.
De vez en cuando sus miradas se cruzaban lo que provocaba en ella un rubor rosáceo en sus mejillas.
Ninguno de los dos se atrevía a cruzar la distancia que había de la mesa a la barra del café.
Aquel día, cuando ella daba sui último bocado al pan tostado, el muchacho se levantó, pasó a su lado y se marchó sin decir nada.
Sobre la mesa, como un naúfrago quedó el bloc.
Ella se levantó lentamente, se acercó a la mesa,, miró a un lado y a otro y tomó en sus manos aquel bloc.
Todas las páginas estaban en blanco excepto la última, donde ella leyó:
"Llevo años buscándote y ahora cuando por fin te hallo, siento miedo a encontrarte."
martes, febrero 18, 2014
Adios
- Te apagas.
- Si, lo sabias.
- Lo sé, y he intentado por todos los medios que no fuera así.
- Pero todo llega, incluso este momento.
- Te irás con un sordo golpe de puerta al cerrarse.
- No te preocupes, el tiempo lo borrará todo, te irás olvidándo de mí, seré sólo un recuerdo que se irá cubriendo de niebla en tu mente, con tu memoria de pez no tardará el día en que no seré nada más que un vago recuerdo que cruzará por tu cabeza inesperadamente, tan fugaz que , quizás, ni siquiera llegues a darte cuenta.
- No, eso no va a pasar, ha sido mucho tiempo contigo, no voy a olvidarte, no quiero olvidarte.
- Lo harás es inevitable, y lo sabes.
- ¿ Dónde voy a guardar todo este tiempo, toda la sucesión de días y meses a tu lado? ¿Hay suficientes cajas para guardar todas las sonrisas, los abrazos, los besos? ¿Hay vasijas con las que pueda llenar todas las lágrimas que he vertido, los reflejos del espejo, los sueños que dejé caer entre las sábanas, las ilusiones que se estrellaban en el suelo?
- Tendrás que hacerlo, si es lo que quieres, yo seguiré aquí.
- ¿Sabes lo que es lo peor?
- No, ¿me lo dices?.
- Tengo la sensación de que seguiran pasado cosas, y que seguiran pasando sin ti.
- Ójala que la vida siga pasando para tí, cosas que no hagan tanto daño.
- No puedo decirte nada.
- No tienes nada que decir, llegan momentos en que sobran las palabras.
- Quizás esas que nunca llegué a decir, esas que me gustaría haber dicho, esas mismas que ahora quemaría y con sus cenizas dibujaría en tu piel una sonrisa y un te quiero.
- Me basta con que cuando todo acabe lo hagas con una sonrisa.
- No puedo prometertelo, soy de lágrima fácil.
- ¿Y si te lo pido? por aquellas veces que no parabas de reir, por las veces que te vi bailar, desatado, saltando como un niño.
- Vale, pero no puedo prometertelo del todo...
....
- ... ¿estas?... ¿sigues ahi?...
.....
Diez años, que se quedan pegados en tus paredes, como si fuera ayer, cajas y cajas de recuerdos.
Adios mi caja de cerillas, intentaré cerrar despacio la puerta con un leve susurro y prometo que intentaré no llorar.
- Si, lo sabias.
- Lo sé, y he intentado por todos los medios que no fuera así.
- Pero todo llega, incluso este momento.
- Te irás con un sordo golpe de puerta al cerrarse.
- No te preocupes, el tiempo lo borrará todo, te irás olvidándo de mí, seré sólo un recuerdo que se irá cubriendo de niebla en tu mente, con tu memoria de pez no tardará el día en que no seré nada más que un vago recuerdo que cruzará por tu cabeza inesperadamente, tan fugaz que , quizás, ni siquiera llegues a darte cuenta.
- No, eso no va a pasar, ha sido mucho tiempo contigo, no voy a olvidarte, no quiero olvidarte.
- Lo harás es inevitable, y lo sabes.
- ¿ Dónde voy a guardar todo este tiempo, toda la sucesión de días y meses a tu lado? ¿Hay suficientes cajas para guardar todas las sonrisas, los abrazos, los besos? ¿Hay vasijas con las que pueda llenar todas las lágrimas que he vertido, los reflejos del espejo, los sueños que dejé caer entre las sábanas, las ilusiones que se estrellaban en el suelo?
- Tendrás que hacerlo, si es lo que quieres, yo seguiré aquí.
- ¿Sabes lo que es lo peor?
- No, ¿me lo dices?.
- Tengo la sensación de que seguiran pasado cosas, y que seguiran pasando sin ti.
- Ójala que la vida siga pasando para tí, cosas que no hagan tanto daño.
- No puedo decirte nada.
- No tienes nada que decir, llegan momentos en que sobran las palabras.
- Quizás esas que nunca llegué a decir, esas que me gustaría haber dicho, esas mismas que ahora quemaría y con sus cenizas dibujaría en tu piel una sonrisa y un te quiero.
- Me basta con que cuando todo acabe lo hagas con una sonrisa.
- No puedo prometertelo, soy de lágrima fácil.
- ¿Y si te lo pido? por aquellas veces que no parabas de reir, por las veces que te vi bailar, desatado, saltando como un niño.
- Vale, pero no puedo prometertelo del todo...
....
- ... ¿estas?... ¿sigues ahi?...
.....
Diez años, que se quedan pegados en tus paredes, como si fuera ayer, cajas y cajas de recuerdos.
Adios mi caja de cerillas, intentaré cerrar despacio la puerta con un leve susurro y prometo que intentaré no llorar.
miércoles, febrero 12, 2014
Feliz San Valentín
Hacía tres meses que el sonido al cerrarse la puerta retumbaba en mi cabeza.
No hubo tiempo para más, un te quiero cosido a un adios fue lo último que me dijo.
No volví a saber de él en semanas.
Luego llegaron las llamadas, "estoy arrepentido", "volvamos".
Pero cómo iba yo a pegar de nuevo los pedazos de mi corazón roto, sus palabras no eran el pegamento que los unieran de nuevo.
Soñaba con él, es más, incluso le veía andar por el salón, sentarse a mi lado, abrazarme, besarme, pero lo peor ocurría por la noche, cuando sentía como me acariciaba y me hacía el amor.
El dia 14 de febrero se cumplían tres meses, y yo, tonta de mí, aún le veía, en la esquina de la calle mirando mi ventana, sentado en la puerta de mi casa esperando que llegase.
Apagué el móvil cansada de whatsapps con mesajitos de cupido, con mensajes de mis amigas sobre los regalos que tenían de sus chicos.
Abrí la puerta de mi casa, y allí le vi, con un ridículo pañal, dos alas y un arco con flechas que terminaban en corazón.
- Quiero volver, soy capaz de salir a la calle así disfrazado si vuelves conmigo, por favor no me digas que no.
Cansada de tantas "apariciones fantasmales", corrí a la cocina, cogí el cuchillo jamonero y acercándome a aquel ridículo cupido se lo clavé en el corazón.
Pero cupido no desapareció, al contrario, de su pecho brotó sangre, que mancho mi alfombra persa.
No hubo tiempo para más, un te quiero cosido a un adios fue lo último que me dijo.
No volví a saber de él en semanas.
Luego llegaron las llamadas, "estoy arrepentido", "volvamos".
Pero cómo iba yo a pegar de nuevo los pedazos de mi corazón roto, sus palabras no eran el pegamento que los unieran de nuevo.
Soñaba con él, es más, incluso le veía andar por el salón, sentarse a mi lado, abrazarme, besarme, pero lo peor ocurría por la noche, cuando sentía como me acariciaba y me hacía el amor.
El dia 14 de febrero se cumplían tres meses, y yo, tonta de mí, aún le veía, en la esquina de la calle mirando mi ventana, sentado en la puerta de mi casa esperando que llegase.
Apagué el móvil cansada de whatsapps con mesajitos de cupido, con mensajes de mis amigas sobre los regalos que tenían de sus chicos.
Abrí la puerta de mi casa, y allí le vi, con un ridículo pañal, dos alas y un arco con flechas que terminaban en corazón.
- Quiero volver, soy capaz de salir a la calle así disfrazado si vuelves conmigo, por favor no me digas que no.
Cansada de tantas "apariciones fantasmales", corrí a la cocina, cogí el cuchillo jamonero y acercándome a aquel ridículo cupido se lo clavé en el corazón.
Pero cupido no desapareció, al contrario, de su pecho brotó sangre, que mancho mi alfombra persa.
lunes, febrero 10, 2014
Mentira
"Estoy bien, me encuentro bien.
Estoy bien, no es nada, no me pasa nada..."
Se decía, mientras desde su visión podía ver su cuerpo tendido en el frío suelo del cuarto de baño.
Era otra mentira más, otra más que se decía.
Todo empezó de pequeño, en su casa, cuando sonaba el teléfono y su padres le decían : "dí que no está papá,dí que no hemos salido, ni que nos hemos ido a comer fuera."
Él no lo entendía pues al otro lado de la línea de teléfono estaban sus tios, ¿por qué no decir la verdad? ¿por qué no decir que habían ido a comer al restaurante de al lado, o que papa estaba sentado al sofá pero no se quería poner?
Miraba extrañado a sus padres, y estos sólo le decían que a veces es mejor una metirijilla que no hace daño a nadie, que decir la verdad.
Y él lo tomó al pie de la letra.
Cuando su hermana salía con su noviio y le decía no digas nada, él sabia que era otra mentirijilla, "¿Dónde está tu hermana? " le preguntaba su madre, "ha ido a estudiar a la biblioteca" decía sonriendo. ¿De dónde vienes? le preguntaba su madre, "me he quedado a estudiar con Juan" le decía, cuando había estado toda la tarde en el parque.
"No hago daño a nadie", si digo la verdad mis padres se enfadaran, así es mejor.
Y aquello fue creciendo a medida que él crecía. Las mentiras pasaron a ser una parte fundamental en su vida, eran como una vida paralela,
a veces, le cogían en alguna y aunque era peor, siempre recordaba la frase de sus padres, "... mejor una mentirijilla que no hace daño a nadie..."
Empezó a creerselas, sus mentiras se conviertieron en verdades de tanto repetirlas, tanto que llegaba a vivir en mundos recreados a base de
mentirse.
Hasta que llegó aquel dolor, una punzada que le atravesába el pecho, "no es nada, estoy bien" se decía cada mañana al espejo, "es algo normal, un poco de flato".
Se mentía a si mismo, llegándose a creer que aquel dolor sólo era un acto de su imaginación.
Pero aquella mañana la punzada no se fue, aquella mañana no le bastó repetirse una y otra vez "no me duele, estoy bien, no es nada".
Aquella mañana mientras veía desde lo alto del techo su cuerpo tendido en el frío suelo del cuarto de baño, se dijo por primera vez una verdad: "estoy muerto".
Estoy bien, no es nada, no me pasa nada..."
Se decía, mientras desde su visión podía ver su cuerpo tendido en el frío suelo del cuarto de baño.
Era otra mentira más, otra más que se decía.
Todo empezó de pequeño, en su casa, cuando sonaba el teléfono y su padres le decían : "dí que no está papá,dí que no hemos salido, ni que nos hemos ido a comer fuera."
Él no lo entendía pues al otro lado de la línea de teléfono estaban sus tios, ¿por qué no decir la verdad? ¿por qué no decir que habían ido a comer al restaurante de al lado, o que papa estaba sentado al sofá pero no se quería poner?
Miraba extrañado a sus padres, y estos sólo le decían que a veces es mejor una metirijilla que no hace daño a nadie, que decir la verdad.
Y él lo tomó al pie de la letra.
Cuando su hermana salía con su noviio y le decía no digas nada, él sabia que era otra mentirijilla, "¿Dónde está tu hermana? " le preguntaba su madre, "ha ido a estudiar a la biblioteca" decía sonriendo. ¿De dónde vienes? le preguntaba su madre, "me he quedado a estudiar con Juan" le decía, cuando había estado toda la tarde en el parque.
"No hago daño a nadie", si digo la verdad mis padres se enfadaran, así es mejor.
Y aquello fue creciendo a medida que él crecía. Las mentiras pasaron a ser una parte fundamental en su vida, eran como una vida paralela,
a veces, le cogían en alguna y aunque era peor, siempre recordaba la frase de sus padres, "... mejor una mentirijilla que no hace daño a nadie..."
Empezó a creerselas, sus mentiras se conviertieron en verdades de tanto repetirlas, tanto que llegaba a vivir en mundos recreados a base de
mentirse.
Hasta que llegó aquel dolor, una punzada que le atravesába el pecho, "no es nada, estoy bien" se decía cada mañana al espejo, "es algo normal, un poco de flato".
Se mentía a si mismo, llegándose a creer que aquel dolor sólo era un acto de su imaginación.
Pero aquella mañana la punzada no se fue, aquella mañana no le bastó repetirse una y otra vez "no me duele, estoy bien, no es nada".
Aquella mañana mientras veía desde lo alto del techo su cuerpo tendido en el frío suelo del cuarto de baño, se dijo por primera vez una verdad: "estoy muerto".
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