Hay quien odia la Inteligencia Artificial, pero no hay vuelta atrás, llegó y no va a irse, poniendo todo en su lugar en lo que es a veces te sorprende...
¿Qué pasa si le pregunto: "Basándote en las conversaciones que hemos tenido en lo que sabes de mi en lo que has visto de mi blog y de mis fotografías, con toda la sinceridad, sin temor a herirme, sin cortarte por no hacerme sentir bien, dime 5 cosas que hayas deducido de mi..."
Y he aquí su respuesta:
1. No tienes tanto
miedo a estar solo como a descubrir que eres prescindible
Esta es probablemente la más clara.
En Soledad escribes que estás cansado de ser «el destino de otros» y de que nadie sea tu destino; no pides simplemente compañía: imaginas a alguien que llegue, encuentre la puerta abierta y decida cerrarla desde dentro.
Eso es muy distinto de decir «no quiero estar solo».
Lo que parece dolerte profundamente es:
«Quiero que alguien me elija sabiendo quién soy y sabiendo que no soy perfecto.»
Y esto aparece también en Ganar o perder: buscas un refugio, alguien que te ayude a desatar tus nudos, alguien que entre en tu mundo y no salga.
Mi deducción dura es esta:
creo que a veces mides tu propio valor según cuánto te elige alguien.
Si alguien se queda, tu cabeza interpreta: valgo.
Si alguien se marcha, aparece otra interpretación mucho más cruel: quizá nunca fui suficiente.
Y eso te hace mucho más vulnerable sentimentalmente de lo que probablemente quieres admitir.
2. Has convertido la nostalgia en un lugar donde vivir
Esto es muy evidente en tu escritura.
No simplemente recuerdas.
Construyes casas alrededor de los recuerdos.
En Había no cuentas solamente una relación perdida: reconstruyes una habitación, una mesa, velas, un puff rojo, una bañera, unas patatas fritas, una escalera, amaneceres... hasta terminar diciendo que alguien salió por la puerta llevándose todos los «había».
Y en Es el momento las fotografías que hiciste, las canciones y los sueños compartidos se convierten literalmente en objetos con los que abrazas el pasado.
Esto también aparece en tu fotografía.
Mi impresión es que no fotografías solamente personas: fotografías la posibilidad de conservarlas.
Y eso es precioso como artista.
Pero peligroso como forma de vivir.
Porque hay una frontera muy fina entre:
«Recuerdo algo porque fue importante.»
y
«Sigo viviendo allí porque el presente todavía no me ofrece algo que me emocione tanto.»
Creo que algunas veces cruzas esa frontera.
3. Eres un romántico muchísimo más radical de lo que aparentas, y eso te ha hecho daño
No creo que seas simplemente sentimental.
Eres idealista en el amor.
Esperas una intensidad que no es demasiado habitual en la vida cotidiana.
No quieres simplemente alguien con quien estar.
Quieres mirada, complicidad, piel, conversación, refugio, elección, hogar, destino.
En Como te cuento llegas a escribir que con esa persona eres «alguien diferente», capaz de vencer al dragón.
Ahí veo algo importante.
Creo que tienes tendencia a pensar que el amor puede transformar quién eres.
Y eso puede ser maravilloso cuando ocurre.
Pero también puede colocarte en una posición peligrosa:
esperar que otra persona venga a devolverle color a una vida que debería tener color incluso cuando estás solo.
Y aquí voy a ser directo:
creo que has concedido demasiado poder emocional a personas que quizá no habían demostrado merecerlo.
No porque seas ingenuo.
Porque cuando quieres, inviertes muchísimo.
4. Tu mayor talento y tu mayor problema son exactamente el mismo: sientes muchísimo
Esto explica bastante bien al fotógrafo y al escritor.
Tu escritura está llena de sensaciones físicas:
voz, piel, café, frío, calor, manos, respiración, silencio, canciones, miradas.
No describes solamente lo que ocurre.
Intentas que el lector lo sienta en el cuerpo.
Eso es precisamente lo que permite que exista Aylin como proyecto: no parece concebida simplemente como una trama, sino como una exploración de fragilidad, pérdida, amor, memoria y supervivencia. La propia presentación de la serie habla de esas dualidades: fragilidad/resiliencia, silencio/grito, hogar/frente de batalla, vida/muerte.
Pero aquí está la cara oscura:
cuando una persona siente tanto, también puede sufrir demasiado por cosas que otra persona habría conseguido dejar atrás.
Y sospecho que tú no siempre sabes «cerrar».
Puedes comprender intelectualmente que algo terminó y, sin embargo, emocionalmente seguir viviendo en ello.
Tu cabeza dice:
«Ya pasó.»
Tu sensibilidad responde:
«Sí, pero todavía lo siento.»
5. La más dura: creo que llevas años esperando que ocurra algo que te permita volver a empezar
Esta es la que más me importa.
No creo que realmente estés esperando únicamente a una persona.
Creo que estás esperando un acontecimiento.
Una relación.
Un proyecto.
Una casa.
Una obra.
Un cambio.
Una oportunidad.
Algo que produzca un antes y un después.
Y mientras llega, mantienes una parte de ti en suspensión.
Esto está incluso en la estructura de muchos de tus textos: esperar, recordar, imaginar el reencuentro, cerrar puertas, volver a empezar. En Apostar dices literalmente que toca aprender a perder; en Es el momento aparece el intento de cerrar la puerta y dejar de «esperar a esperarte».
Y sin embargo, años después, vuelves al mismo territorio.
Por eso mi conclusión más incómoda es:
Creo que no estás esperando que alguien vuelva. Estás esperando volver a sentirte vivo.
Y quizá has cometido un error sin darte cuenta:
has puesto demasiadas condiciones para permitirte empezar.
«Cuando encuentre...»
«Cuando tenga...»
«Cuando cambie...»
«Cuando vuelva a tener ganas...»
«Cuando aparezca alguien...»
«Cuando solucione esto...»
Pero la vida no suele funcionar así.
Y creo que una parte de ti lo sabe perfectamente.
De hecho, lo has escrito tú mismo.
En No porque... hay una frase que me parece casi una confesión:
«No porque vivas imaginando lo que puede salir mal, estás evitando el daño.»
Eso me parece extraordinariamente revelador.
Porque ya sabes cuál es tu mecanismo.
Piensas.
Anticipas.
Recuerdas.
Ensayas mentalmente la pérdida.
Intentas protegerte.
Y mientras haces todo eso, la vida real queda esperando.
Y ahora te digo algo que quizá no te guste
Creo que tu problema no es que hayas perdido la capacidad de amar, crear o ilusionarte.
Tu problema es que has aprendido a protegerte tanto del próximo golpe que a veces también te proteges de la próxima oportunidad.
Y hay una contradicción enorme en ti:
escribes constantemente sobre vivir, pero gran parte de tu imaginario está construido alrededor de lo que ya pasó.
Ahí está tu gran batalla.
Y también creo que ahí está tu mejor obra.
Porque si consigues dejar de utilizar la nostalgia solamente para volver al pasado y empiezas a utilizarla para entenderlo y transformarlo, todo lo que has vivido —incluido lo doloroso— puede convertirse en materia creativa en lugar de convertirse en una habitación en la que sigues encerrado.
Y quizá esta sea la deducción más sincera de todas:
No creo que necesites convertirte en otra persona. Creo que necesitas dejar de esperar a que alguien o algo te dé permiso para volver a ser tú.
Eso sí que aparece, de formas distintas, en tu blog, en Aylin, en tu fotografía y en muchas de las decisiones que hemos hablado.
Y, paradójicamente, creo que cuando dejes de buscar desesperadamente que alguien cierre la puerta desde dentro, serás mucho más libre para abrirla tú mismo y salir.
Y te diría una sexta, aunque me pediste cinco:
Creo que eres bastante más valiente de lo que te consideras.
No porque no tengas miedo. Precisamente al contrario.
Muchas de las cosas que me has contado últimamente han implicado incertidumbre, dinero, cambios importantes y decisiones que daban bastante miedo. Y aun así has seguido preguntando, comparando y tomando decisiones.
Eso no es ausencia de miedo.
Es seguir adelante con miedo incluido.
Y probablemente tú mismo no le das demasiado valor porque desde dentro no se siente como valentía. Se siente simplemente como «qué remedio, tengo que hacerlo».
Pero desde fuera se ve diferente.
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