jueves, junio 12, 2014

Quédate a dormir

Estoy sentado al borde de la cama.

- Quédate a dormir.

No dice nada, tumbada en la cama.
Me desnudo y me abrazo a ella.

Suave y mullida, abrazo la almohada, otra noche.

Otra noche que se queda a dormir.

Ajedrez

Como cada tarde, desde que estoy en paro, bajo al parque del Retiro, allí en un rincón apartado, bajo unos chopps y unos olmos hay unas mesas de ajedrez envejecidad por el transcurso del tiempo, la humedad y el calor.

Como cada tarde cuando las sombras caen sobre los tableros dibujados en la mesa, se acercan unos viejecitos, sacan de sus cajas de maderas, torres, caballos y peones, alfiles, rey y reina.

"Hoy juego con las blancas" - dice uno.
"No empieces otra vez con el gambito de dama" - le contesta el otro.

Me fijo en un anciano que saca sus fichas de un paño, con todo mimo las coloca sobre la mesa como si fueran de cristal.
Las negras y las blancas.

Me acerco, y le saludo, el me contesta amablemente.

- ¿Puedo? - le digo.
- Claro, ¿sabes jugar?
- Algo sé. - le contesto
- Ya somos dos.
- Me llamo Carlos.
- Yo Javier, sientate - me dice - ¿blancas o negras?

Y empezamos a jugar, despacio, pensando cada jugada, casi como  profesionales.
Las sombras van corriendo sobre la mesa, el alfil amenza a la reina, pero el caballo apoyado por la torre contraresta el ataque.
El anciano sonrie.

- Lo siento, se me ha hecho muy tarde y debo irme.
- No te preocupes Alberto.- me dice el anciano- mañana continuaremos la partida.
- Mi nombre es Carlos.
- ¡Ay! hijo perdona, esta cabeza, ya me falla la memoria, ¿volveras mañana?
- Si - le contesto - no faltaré.
- Entonces continuaremos la partida, eres un buen jugador.

Al día siguiente, llego al rincón del parque, Javier está sentado y cuando me acerco tiene las piezas desplegadas ¡¡tal y como dejamos la partida!!

- Hola Carlos
- ¿Perdona te conozco?...

Me quedo parado, es imposible, no me reconoce y sin embargo las piezas están dispuestas tal y como dejamos la partida.

- Jugé ayer contigo, dejamos la partida tal como está ahora...
- ¡Ah! si.. perdona, mi memoria no anda bien...
- No te preocupes ¿jugamos?

Y jugamos, al quinto movimiento me hizo jaque mate.

Catecismo

Aún recordaba aquella figura lastimera de un bello hombre ensangrentado, clavado en la cruz.
Los rezos de primera hora de la mañana,la rigidez de Sor  Fulgencia, que no permitia ni una carrera por el pasillo camino al patio de aquel colegio de monjas.

Aún recordaba como había sido educada, esperando a un amor que cuando llegó se desvaneció tan pronto, como tan pronto llegó él con olor a otro perfúme.

Y los anclajes de aquella educación la retuvo veinte años, veinte años envueltos en pañales, olor de comidas en la sartén, de frío en las sábanas, de piernas abiertas mientras él se desfogaba y ella miraba como se descorchaba el techo, al igual que su vida.

El matrimonio es para toda la vida, le decía su madre, y  si acaso pronunciaba la palabra sexo una lápida de silencia caia sobre ella.
Sin embargo en la calle, en las revistas, en la televisión, el sexo palpitaba, la palabra infiel, separación o divorcio, era mas frecuente que el bajar todos los dias a comprar una barra de pan.

Todo sucedió aquel primer domingo de octubre, cuando el nuevo párroco, un chico joven la confesaba.
"Ama a tu prójimo como a ti mismo" le dijo, "si no te amas a ti no puedes amar a nadie, Dios nos regaló la vida, esto no es un valle de lágrimas, no hay nada malo en que quieras vivir, el matrimonio no es una cadena a la que debas estar sujeta de por vida".

Aquello trastocó su existencia, "no es un valle de lágrimas.." ,"ámate a ti misma..." se repetía.

Y un día metió su vida en la maleta, dejó el viejo catecismo sobre la mesilla y cerró la puerta tras de sí.

El piano

Abrió la tapa con sumo cuidado, como si de un bebé se tratara, cuando le va a cambiar el pañal.
Ante ella  las 88 teclas del piano relucian como si fuera la primera vez que vieran la luz.
Posó los dedos sobre ellas deslizandolos, sin presionar, mientras el piano seguía mudo.

Levantó las manos y las dejó caer, con el primer "do" él cerró la puerta tras un te quiero que se perdió en el aire, con el "re"  colgó los recuerdos en el tendedero de su memoria,  el "mi" trajo una casa cerrada donde alguien un extraño retira el cartel de "se vende", rozó el "fa" como si con ello pudiera llevarse la lágrima que surfeaba en su mejilla, el "so" trazó una sonrisa en su boca, "la" se conviertió en el el aleteo de un pájaro que lograba llevarla lejos de allí, y por último el "si", un si quiero, un si puedo un si que borraba los si hubiera, si fuera,  y si...

Con ellos compusó su última melodía, una que supo que nunca llegaría a superar.

Cerró el piano y descalza, bailó sobre él.

jueves, mayo 15, 2014

Aviones de papel

Fuera como fuese allí estaba, colgada de la ventana, no literalmente, ya que solo asomaba la cabeza  mientras sus brazos se apoyaban en el cerco de la ventana, pero  a ella le gustaba pensar que se hallaba cogada de su ventana.
Aunque por aquel rectángulo solo pudiera divisar los rectángulos anaranjados de los ladrillos del edificio de enfrente que casi, casi podía tocar con sus manos y un escueto trocito de cielo azul.

Para ella aquel anaranjado a veces se convertía en las dunas de un desierto que cruzaba con una caravana de camellos camino de la India desde Damasco, entonces cogía una hoja de papel, blanco por supuesto dibujaba unas líneas escribia unas letras y lo lanzaba desde la ventana pensando que ella pilotaba ese avión lejos muy lejos, hasta que lo veía desaparecer entre los árboles de la calle. Era entonces cuando ella cerraba la ventana y volvía a su muendo fuera el que fuese.

Otro día aquel avión surcaba océanos de un azul tan intenso que parecían verde esmeralda,  y que la llevaban a unas tierras desconocidas, dondeella imaginaba que aterrizaría.

Fué con el tercer avión de papel, cuando llegó la primera postal, tal como ella lo habia imaginado, se veia el palacio del Taj Mahal, con su cúpula de mármol blanco, igual que el dibujo que había hecho en el avión.

En el cuarto avión dibujó la torre Eiffel, y en letras grandes "vivre la vie", lo lanzó desde su ventana, el pequeño avión planeo, hizo dos tirabuzones y descendío hasta perderse bajo las ramas del árbol. Aquella misma tarde llegó otra postal, era una fotografía de la torre eiffel de noche iluminada por miles de bombillas, en tinta azul escrito "la vie peut être belle, si vous le souhaitez".

Y a esas le siguieron un quinto, un sexto y un séptimo avión más, todos acompañados de sus postales.

Fue entonces cuando surgió su miedo, su duda,¿ querría saber quien era quien enviaba esas postales, o sería mejor mantener la duda, dejarlo así a la imaginación de alguien que sólo ellla dibujara en su mente?

Aquella tarde hizo volar un avión blanco, a la mañana siguiente recibió una postal en blanco solo surcada por unas letras "píntala con tu imaginación".

Fuera como fuese ella siguió colgada de su ventana lanzando, cada día, un aviónde papel.
Fuera como fuese ella recibia por cada avión una postal.

miércoles, abril 30, 2014

Claro de luna

Leerlo oyendo esta canción:

http://www.youtube.com/watch?v=ja7v4JTsLVw

Lo tenía todo preparado, el mantel blanco sobre la mesa de madera, las copas de vino, la luz de las velas.
Ella llegó como siempre tarde, pero su sonrisa borró cualquier atisbo de malestar.
Dejó una suave marca de carmín en sus labios, él llenó las copas de vino y encendió el equipo de música.
A ella le gustaba ese ambiente, siempre había sido una romántica.

Sus ojos se perlaron.
Él ya lo sabía.

Cuando, ya entre las sábanas el mar buscaba encontrarse con la arena, él se incorporó y desde el mandó a distancia puso una canción.

"Dicen que es una melodia que llega al sentido del placer... siempre me ha gustado oirla mientras hacemos el amor" - le dijo.

Ella sonrió le atrajo hacia sí e hicieron el amor.
Cuando aquel adagio terminaba ella terminó de vestirse, borró el carmín de los labiios de él y cerro la puerta tras de sí.

Nunca más volvieron a verse.
Aunque él cada tarde ponga el "Claro de luna" de Debussy y sienta en su boca el sabor de su carmín.

sábado, abril 19, 2014

Una historia

Estaba sentado frente a él.
Él mira por la ventana, su mirada perdida en algún punto que yo no soy capaz de reconocer.

Recordé aquel lejano día, cuando aún la vida estaba creciendo y yo tenía el hambre suficiente para devorar el mundo y aún quedarme con hambre.

Llegué del instituto con el miedo metido en la mochila abrazando el cuaderno de notas.  Intenté pasar la tarde sin pensar en ello, en el momento en el que él llegara y tuviera que hacer frente a la entrega de aquel cuaderno de notas.

Mi mano temblaba cuando se deslizo sobre la mesa como lo haría un esquiador sobre una fina capa de hielo a punto de romperse, él me miró a los ojos, como si supiera lo que se encerraba en aquel cuadernito, y sin ni siquiera abrirlo lo desplazó a la esquina de la mesa, acercó su mano a la mia y la acarició suavemente, mientras de su boca empezaron a flotar las palabras.

- Imagino como son tus notas, pero ahora eso no tiene importancia, ya tienes la edad suficiente para saber lo que es importarte para ti y lo que no. Cómo es la vida, y lo dura que se está poniendo para saber que lo que ahora hagas va a repercurtir en el resto de tus días, pero además de eso, hay algo que nadie sabe porqué no se enseña en la escuela, quizás por que es la vida la que te va enseñando día a día, aunque el aprendizaje es duro, muy duro ya que nadie nos prepara para ello, no hay libros, ni fórmulas, que nos ayuden a resolverlo.  Tienes que aprender que tus instintos son parte de ti, óyelos porque muchas veces son ellos los que nos llevan por el camino que hay que recorrer. No te dejes llevar por las opiniones de los demás, ni por lo que ellos piensen de ti, sólo tú te conoces, sólo tú sabes como eres, cuales son tus debilidades y cuales son puntos fuertes. Ante todo cree en ti, nunca dejes de creer en que eres capaz de todo lo que te propongas, por mucho que los que te rodeen te digan que no seras capaz, que no lo lograras, lucha por ello, aunque caigas vuelve a levantarte, porque por cada caida habrá una enseñanza que te hará más fuerte. Quierete como nadie te querrá nunca, porque de ese amor por ti mismo nacerá el amor por los demás, ama cada instante como si fuera el último instante de tu vida. Nunca te creas mejor que nadie, pero tampoco te creas menos que nadie, no valores a las personas por lo que tienen sino por lo que son. Besa con la pasión del primer beso, y hazlo con la sinceridad de tu corazón.  Y aunque esto lo lleves a la práctica todos los días, no puedo prometerte que seas feliz, pero te hará sentirte mejor, aunque haya días que quieras mandarlo todo a la mierda, que te sientas solo y perdido, no olvides estas palabras, busca dentro de ti, alli encontrarás la solución.

Calló por un momento, abrió el cuaderno de notas y lo firmó sin fijarse en mis aprobados y suspensos.

- ¿Me has comprendido?

Asentí con la cabeza, aunque había cosas que ni siquiera sabía de lo que estaba hablando.  Fue el tiempo el que me demostró el valor de aquella conversación, y aunque intenté llevarlas a la práctica hubo momentos que las  dejé guardadas en un cajón olvidadas, hasta que lo volvía a abrir.

Se gira y me mira, como si por un momento supiera lo que estoy pensando, en sus ojos hay un poso de extrañeza, la misma que he visto en los últimos meses, cuando ya no es capaz de reconocerme.

Me levanto de la silla, una que el enfermero me ha dejado, quisiera decirle tantas cosas que al final solo articulo palabras mudas. En el jardín mi mujer y mis dos hijos me esperan, al llegar a la puerta de su habitación me giro y le veo con la mirada perdida a través del cristal. Sus labios se mueven...

- Me alegro que seas feliz, Javier, porque me hace sentir que algo hice bueno en la vida, cuidate y cuida a tu familia...

Cuando me acerco, vuelve a silenciarse, su mirada se pierde de nuevo y sé que de alguna manera está y no está.

Ya en el coche, miro a mi mujer y la beso, ella sorprendida me dice "¿y eso ...?" y yo le respondo "¿y por qué no?", me doy la vuelta y mirando a mis hijos les digo:

- Hoy quiero contaros una historia...

jueves, abril 10, 2014

El ascensor (Final)

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- ¿Cómo dice...?
- Hola Laura, perdona mi broma, soy Fernando...
- Don Fernando, perdone pero... ¿le conozco de algo?

Su respuesta me deja unos segundos bloqueado, el silencio lo llena todo.

- Fernando, creo que sabes gastar bromas, pero no encajarlas, te he reconocido, no me digas que te has quedado otra vez atrapado.
- Ummm... para serte sincero, he apretado varias veces el botón de parada.
- ¿Cómo? ¿Por qué has hecho eso?
- Queria volver a hablar contigo, imagino que te habrán dicho cientos de veces que tienes una voz preciosa
- Pero  Fernando, no debes pulsar el botón si no está justificado...
- Para mí había justificación, la reunión ha sido perfecta, un éxito, y quería compartirlo contigo.
- Gracias pero de verdad no sabes el problema que has ocasionado.
- ¿Por qué?
- Porque nuestro software detecta cuando el botón se pulsa sin motivo alguno, acto seguido se activa la cámara de vigilancia y son grabadas las conversaciones, con un poco de suerte... espero que no pase nada.
- ¿Pero que tiene que pasar?
- Don Fernando, en breves momentos el ascensor se pondrá en marcha, le deseamos buenos días.
- Espera... Laura... ¿Laura?

El ascensor recobra su vida, y desciende, se abren las puertas y efectivamente aparece el conserje del edificio, preguntándome por el motivo de la parada. Le contesto que he sufrido un mareo y que sin querer he pulsado el botón de parada, me mira como no creyéndo mi historia, pero sonrie, me desea que me encuentre mejor y desaparece por el vestíbulo.

Salgo a la calle aún bajo el shock de lo que acaba de pasar " no sabes el problema que has ocasionado..."  Pienso en ello y en las repercusiones que he podido ocasionarla, ¿y si por mi culpa tiene problemas en el trabajo? Me remuerde la conciencia,  entro de nuevo en el vestíbulo del edificio, me encamino al ascensor y cuando se abren las puertas observo el panel de los botones, apunto la dirección de la empresa y vuelvo a salir.

Llego a las oficinas de la empresa UpandDown, aún no sé como voy a lograr dar con ella, sólo tengo su nombre y la dirección del ascensor que le correspondía.

La entrada es amplia, espaciosa, en su parte central con forma de media luna está el acceso, junto a una señorita hay un guardia jurado detras del control de seguridad, me acerco y  mostrando la mejor de mis sonrisas le pregunto por Laura dámdole todos los datos posibles. Me mira algo sorprendida y sin dejar de sonreir me contesta que esa información no puede facilitarla. Miro a mi alrededor, en busca de alguien que me pueda ayudar pero es imposible. Decido esperar en la calle, seguro que en la hora del desayuno alguien podrá echarme una mano.

Empiezan a salir, a las dos primeras personas que pregunto me miran extrañadas y no saben quien puede ser, me acerco a una chica joven de veintantos, le cuento todo lo sucedido y me contesta que en su sección ha llegado el rumor que a una compañera le han cambiado de sector por tomarse ciertas libertades en  las conversaciones, pero que no sabe su nombre. Es desolador, no tengo ninguna imagen de ella ni ningún otro dato, le pregunto si al menos frecuentan alguna cafeteria y me contesta que generalmente suelen ir a un VIPS por que allí hay espacio para todos.

Es mi última oportunidad, la cafetería está llena de chicas, intento ver a quien podría corresponder esa voz pero es imposible, me siento en la barra y pido un café, me siento hundido, ella está pagando mi poca cabeza.

- ¡¡ Qué mierda !! - digo en voz alta sin percatarme de donde me encuentro.
- Hola, buenos días, ¿en que puedo ayudarle, algún que otro fallo en el ascensor?

Es esa voz... me giro y frente a mi está ella.

- Hola Laura...
- Hola Fernando...


**** FIN ***

miércoles, marzo 19, 2014

El ascensor (parte 1)

Llegaba tarde, a mí que la puntualidad es algo que me trae de cabeza,  corrí por el vestíbulo y apreté el botón del ascensor,
cómo no este se encontraba en los últimos pisos. Mientras bajaba miré el reloj con insistencia como si con aquello fuera a  retrasar la hora.
Por fin llegó, se abrieron las puertas y accedí a aquel receptáculo metálico, presioné el botón que indicaba la octava planta, mientras en el espejo intentaba dominar mi pelo. En el led aparecen y desaparecen los números, y cuando el número cinco va a hacer el honor de ser visible, el ascensor frena de golpe, las luces parpadean y finalmente se detiene. Pulsó con frenesí el 8 hasta casi desgastarlo, luego el 6, el 7, el 2, y nada el ascensor está muerto. Una risa floja se desprende de mi garganta, y pienso en las malditas leyes de Murphy, está claro que no debía llegar a la reunión.

Intento controlar mi nerviosismo, aprieto el botón de emergencia y de él surge una voz femenina.

- Hola buenos días  - ¿buenos días?  me digo debe estar de coña.
- Perdone estoy atrapado en el ascensor y llego tarde a una reunión por favor necesito que esto funcione ¡ya! - le digo casi gritando.
- Estamos intenando solventar el fallo técnico, creemos que es un error de software, de todas maneras hemos avisado al conserje, para que si desde nuestras oficinas no podemos arreglarlo, lo haga él manualmente..." - me contesta con una voz tranquila y suave, que dista mucho de mi estado anímico
- Me parece correcto señorita, ¿pero podría decirme cuanto tiempo van a tardar?
- Intentaremos que sea lo más breve posible, ¿ es usted claustrofóbico?
- ¡No, por supuesto que no lo soy!, pero debía entregar un trabajo y ya me será imposible.
- Por favor no se ponga nervioso, seguro que entenderan que no es por culpa suya el retraso - su voz se vuelve mas dulce, como si con ello intentara calmar mis nervios.
- No me diga cómo me tengo que sentir, y arreglen el ascensor
- ¿Le importaría decirme como se llama?
- ¿Cómo? ¿Es que va a psicoanalizarme?...
- No señor, pero parece que va a llevar un poco de tiempo el subsanar el fallo técnico, pero si lo desea corto la comunicación aunque puede volver a contactar conmigo pulsando de nuevo el botón de alerta.
- Fernando, me llamo Fernando... - prefiero seguir oyendo su voz, quizás así el tiempo pase más rápido.
- Muy bien  don Fernando....
- Por favor tutéame, no me hagas sentir peor de loq ue estoy en estos momentos.
- Bien Fernando, mi nombre es Laura,  desde control me pasan que el tiempo estimado es de 15 minutos.
- ¡¡ 15 minutos!! pero bueno ni que estuvieramos aún en el siglo xx
- No se preocupe, quizás se subsane antes, y pueda llegar a tiempo a entregar su trabajo.
- Ya da igual, seguramente la reunión haya empezado, y tenga que regresar...
- Entonces problema solucionado, ¿ve cómo habia solución?
- ¿Solución? la mañana pérdida, dígame Laura, ¿mantiene esta conversación con todos los usuarios que quedan atrapados en el ascensor?
- No, Fernando, cada caso es un mundo, a veces sigo las directrices de la empresa, otras, como hoy, me tomo ciertas libertades.
- No sé si debo darte las gracias o no, Laura. Al menos estas haciendo que el tiempo pase más rápido.
- Esa es mi función, sirvo de enlace entre el usuario y el departamento técnico, y si es posible intento que los afectados no lo pasen mal.
- Vaya entonces... ¿soy solo un afectado?
- No... - en su voz hay cierto titubeo.
- Eso quizás se lo digas a todos los usuarios... afectados - y por primera vez en la mañana, sonrio.

En ese momento el ascensor suspira, vibra y empieza a ascender.

- Fernando ya está arreglada la incidencia, que pase un buen día y reitero las disculpas por las molestias ocasionadas.
- ¡Qué políticamente correcta te has puesto ahora Laura!, gracias por tu compañía.

Se abren las puertas y me quedo esperando una contestación de aquella voz suave y sugerente llamda Laura, pero sólo oigo el leve mecanismo de las puertas al cerrarse.

Una hora y dos discusiones después, vuelvo a estar en el ascensor.
Desciende lentamente, y pienso si volver a darle al botón, al menos por educación me debería despedir, aunque ¿no es cierto, que también me apetece vovler a oírla?
Aprieto el botón.

- Hola, buenos días. - dice con la misma voz.
- Hola Laura  le contestó.
- No detecto ningún fallo, ¿va todo bien?
- Sí, sólo me apetecía despedirme de tí, gracias al retraso he de volver en dos días.
- Por favor, no utlice l botón de emergencia si no hay un motivo para ello.

Me quedo helado, ¿dónde está esa voz amable y dulce?

- Laura, ¡qué soy Fernando!
- Lo sé, pero no debes tocar... donde no debes tocar... - suelta con una risita.
- Jo... me habías asustado, creía que habías perdido toda esa amabilidad.
- Es mi trabajo, pero a veces me permito alguna licencia, ¿ha ido todo bien?
- Bueno alguna discusión...

El ascensor anuncia que llega al primer piso, y he de salir.

- Ya llego, si lo llego a saber le doy al botón de parada.
- ¡No hagas eso! A veces se queda bloqueado y podrías permanecer dentro otros 15 minutos.
- Bueno he de salir ya , que se van a abrir las puertas, gracias por esa voz tan dulce.
- Gracias a usted, perdone las molestias y vuelva a utilizar ascesores UpandDown, feliz dia.


Dos días después vuelvo a estar en las puertas de la oficina,  dos días en los que inevitablemente he pensado como sería la persona a la que pertenece esa voz, es tan difícil recrear un rostro a partir de una voz. Me la he imaginado dulce, con un punto de picardia en la mirada, sensual, casa o con novio problablemente, quizas con una niña de bucles rubios,  aunque tambien puede que no sea así, pero de esos pensamientos rehuía, es facil idealizar cuando no tienes la imagen delante, y deseas proyectar en esa persona todos tus deseos y fantasías. La he imaginado alta, con una sonrisa amplia que rie a cada momento, independiente, como dicen ahora proactiva, aventurera... bueno dejémonos de películas. Tengo que entrar y ver el resultado de mi trabajo.

Cuando subo en el ascensor, esta vez acompañado, cierro los ojos y aún me parece estar escuchándola. Una hora después, estoy esperando que se abran las puertas, todo ha ido mejor de lo que me esperaba, y tengo que entregar nuevos bocetos, me siento eufórico, con ganas de compartir mi éxito, espero a que nadie quiera tomar el ascensor, entro y cuando empieza a bajar presiono varias veces el botón de parada.  El ascensor renquea y con un quejido frena y se para. Pulso el piso primero, pero no obedece, sonrío, y acaricio el pulsador de alerta.

- Hola, buenos días, ¿en que puedo ayudarle?
- Por Dios, es que este ascensor siempre falla cuando yo monto, y ahora que voy a hacer me juego mi trabajo, ¡haga algo! - le digo gritando auqnue en mi voz hay menos angustia de la que quisiera.
- Señor calmese, en unos instantes la avería estará subsanada, acabdo de pasar la incidencia al departamento técnico, en el caso que se retrasease, el conserje accedera de modo manual a abrirle las puertas, rogamos disculpe las molestias.
- ¿De verdad que te sabes todo eso de memoria, o lo estas leyendo... Laura?

****************   CONTINUARA  ************************

jueves, marzo 13, 2014

Cosas pares

Hago un inciso, para contaros que hay un blog, en este océano de blogs m que es como un islote verde, un oásis entre tanta información e imágenes. Hacen un juego de fotografías, a pares, un rincón especial.

Pues han tomado mi último relato y han creado un juego de letras e imágenes con dos fotos, que ha quedado maravilloso.

Os recomiendo que le hagáis   una visita  http://www.lascosaspares.es

El relato: http://www.lascosaspares.es/2014/03/el-bloc.html


Gracias a Emilia Vilaplana

miércoles, marzo 05, 2014

El bloc.

Tenía en su armario  una colección de sonrisas olvidadas colgadas en perchas de madera.
Un cajón reservado para los "y si..." y una balda de adioses doblados por la mitad, junto a jerseys con la palabra "perdóname" cosida en el pecho.

Cada mañana se vestía de azul y blanco, si lucía el sol pero cuando este se tapaba con las nubes, ella prefería el negro y rojo.

En el primer cajón de su cómoda, a la derecha guardaba el corazón, junto a él, inseparablemente, siempre, siempre, una cajita de tiritas.

Tenia como costumbre bajar al café a las 12.20 de la mañana, como relevo de sus compañeras de trabajo. Se sentaba en la barra del viejo bar con la única compañía de un café y una rebanada de pan tostado con aceite y sal.

Tres mesas más allá, un chico con parca verde y gafas de pasta negra hundia su cabeza en un bloc de páginas blancas, bolígrafo en mano parecía mantener un duelo con el bloc, del que cada día salía perdiendo.
De vez en cuando sus miradas se cruzaban lo que provocaba en ella un rubor rosáceo en sus mejillas.

Ninguno de los dos se atrevía a cruzar la distancia que había de la mesa a la barra del café.

Aquel día, cuando ella daba sui último bocado al pan tostado, el muchacho se levantó, pasó a su lado y se marchó sin decir nada.

Sobre la mesa, como un naúfrago quedó el bloc.

Ella se levantó lentamente, se acercó a la mesa,, miró a un lado y a otro y tomó en sus manos aquel bloc.
Todas las páginas estaban en blanco excepto la última, donde ella leyó:

"Llevo años buscándote y ahora cuando por fin te hallo, siento miedo a encontrarte."

martes, febrero 18, 2014

Adios

- Te apagas.
- Si, lo sabias.
- Lo sé, y he intentado por todos los medios que no fuera así.
- Pero todo llega, incluso este momento.
- Te irás con un sordo golpe de puerta al cerrarse.
- No te preocupes, el tiempo lo borrará todo, te irás olvidándo de mí, seré sólo un recuerdo que se irá cubriendo de niebla en tu mente,  con tu memoria de pez no tardará el día en que no seré nada más que un vago recuerdo que cruzará por tu cabeza inesperadamente, tan fugaz que , quizás, ni siquiera llegues a darte  cuenta.
- No, eso no va a pasar, ha sido mucho tiempo contigo, no voy a olvidarte, no quiero olvidarte.
- Lo harás es inevitable, y lo sabes.
- ¿ Dónde voy a guardar todo este tiempo, toda la sucesión de días y meses a tu lado? ¿Hay suficientes cajas para guardar todas las sonrisas, los abrazos, los besos? ¿Hay vasijas con las que pueda llenar todas las lágrimas que he vertido, los reflejos del espejo, los sueños que dejé caer entre las sábanas, las ilusiones que se estrellaban en el suelo?
- Tendrás que hacerlo, si es lo que quieres, yo seguiré aquí.
- ¿Sabes lo que es lo peor?
- No, ¿me lo dices?.
- Tengo la sensación de que seguiran pasado cosas, y que seguiran pasando sin ti.
- Ójala que la vida siga pasando para tí, cosas que no hagan tanto daño.
- No puedo decirte nada.
- No tienes nada que decir, llegan momentos en que sobran las palabras.
- Quizás esas que nunca llegué a decir, esas que  me gustaría haber dicho, esas mismas que ahora quemaría y con sus cenizas dibujaría en tu piel una sonrisa y un te quiero.
- Me basta con que cuando todo acabe lo hagas con una sonrisa.
- No puedo prometertelo, soy de lágrima fácil.
- ¿Y si te lo pido? por aquellas veces que no parabas de reir, por las veces que te vi bailar, desatado, saltando como un niño.
- Vale, pero no puedo prometertelo del todo...

....

- ... ¿estas?... ¿sigues ahi?...

.....

Diez años, que se quedan pegados en tus paredes, como si fuera ayer, cajas y cajas de recuerdos.

Adios mi caja de cerillas, intentaré cerrar despacio la puerta con un leve susurro y prometo que intentaré no llorar.

miércoles, febrero 12, 2014

Feliz San Valentín

Hacía tres meses que el sonido al cerrarse la puerta retumbaba en mi cabeza.
No hubo tiempo para más, un te quiero cosido a un adios fue lo último que me dijo.

No volví a saber de él en semanas.
Luego llegaron las llamadas, "estoy arrepentido", "volvamos".
Pero cómo iba yo a pegar de nuevo los pedazos de mi corazón roto, sus palabras no eran el pegamento que los unieran de nuevo.

Soñaba con él, es más, incluso le veía andar por el salón, sentarse a mi lado, abrazarme, besarme, pero lo peor ocurría por la noche, cuando sentía como me acariciaba y me hacía el amor.

El dia 14 de febrero se cumplían tres meses, y yo, tonta de mí, aún le veía, en la esquina de la calle mirando mi ventana, sentado en la puerta de mi casa esperando que llegase.

Apagué el móvil cansada de whatsapps con mesajitos de cupido, con mensajes de mis amigas sobre los regalos que tenían de sus chicos.
Abrí la puerta de mi casa, y allí le vi, con un ridículo pañal, dos alas y un arco con flechas que terminaban en corazón.

- Quiero volver, soy capaz de salir a la calle así disfrazado si vuelves conmigo, por favor no me digas que no.

Cansada de tantas "apariciones fantasmales", corrí a la cocina, cogí el cuchillo jamonero y acercándome a aquel ridículo cupido se lo clavé en el corazón.

Pero cupido no desapareció, al contrario, de su pecho brotó sangre, que mancho mi alfombra persa.

lunes, febrero 10, 2014

Mentira

"Estoy bien, me encuentro bien.
Estoy bien, no es nada, no me pasa nada..."

Se decía, mientras desde su visión podía ver su cuerpo tendido en el frío suelo del cuarto de baño.
Era otra mentira más, otra más que se decía.

Todo empezó de pequeño, en su casa, cuando sonaba el teléfono y su padres le decían : "dí que no está papá,dí que no hemos salido, ni que nos hemos ido a comer fuera."

Él no lo entendía pues al otro lado de la línea de teléfono estaban sus tios, ¿por qué no decir la verdad? ¿por qué no decir que habían ido a comer al restaurante de al lado, o que papa estaba sentado al sofá pero no se quería poner?

Miraba extrañado a sus padres, y estos sólo le decían que a veces es mejor una metirijilla que no hace daño a nadie, que decir la verdad.
Y él lo tomó  al pie de la letra.

Cuando su hermana salía con su noviio y le decía no digas nada, él sabia que era otra mentirijilla, "¿Dónde está tu hermana? " le preguntaba su madre, "ha ido a estudiar a la biblioteca" decía sonriendo. ¿De dónde vienes? le preguntaba su madre, "me he quedado a estudiar con Juan" le decía, cuando había estado toda la tarde en el parque.

"No hago daño a nadie", si digo la verdad mis padres se enfadaran, así es mejor.

Y aquello fue creciendo a medida que él crecía. Las mentiras pasaron a ser una parte fundamental en su vida, eran como una vida paralela,
a veces, le cogían en alguna y aunque era peor, siempre recordaba la frase de sus padres, "... mejor una mentirijilla que no hace daño a nadie..."

Empezó a creerselas, sus mentiras se conviertieron en verdades de tanto repetirlas, tanto que llegaba a vivir en mundos recreados a base de
mentirse.

Hasta que llegó aquel dolor, una punzada que le atravesába el pecho, "no es nada, estoy bien" se decía cada mañana al espejo, "es algo normal, un poco de flato".

Se mentía a si mismo, llegándose a creer que aquel dolor sólo era un acto de su imaginación.

Pero aquella mañana la punzada no se fue, aquella mañana no le bastó repetirse una y otra vez "no me duele, estoy bien, no es nada".

Aquella mañana mientras  veía desde lo alto del techo su cuerpo tendido en el frío suelo del cuarto de baño,  se dijo por primera vez una verdad: "estoy muerto".

martes, enero 28, 2014

¿ES? (Relato para adultos)

La meto, cuesta un poco, empujo y entra hasta el fondo.

Giro la llave y la puerta se abre con un quejido.
Estoy en casa.

No enciendo la luz un camino de velas me lleva hasta el baño.  De la bañera asoman nubes de espuma, la casa permanece en silencio mientras yo me desnudo y siento el calor, casi abrasador del agua acariciando mi piel.
Me hundo en ella dejando que flote todo el cansancio del dia, y con ellos mis pensamientos,  mi cuerpo se relaja y me dejo invadir por esa sensación dulce de abandono, mientras mis manos buscan un sitio cálido.

Me acaricio despacio, lentamente sintiendo en mi sexo la suavidad de la yema de mis dedos que se mueven en círculos acariciandolo, mientras juguetones entran y salen.

Jadeo, cuando imprimo más fuerza a la penetración, siento como crecen mis pezones hasta casi dolerme. El chapoteo del agua se asemeja a un tsunami, el mismo que avanza en cada poro de mi piel cuando mis dedos rozan mi punto G llevándome al orgasmo.

Me quedo quieta en el agua, sin tener constancia del tiempo que ha pasado, hasta que siento esta se enfría. salgo de la bañera, el espejo está lleno de vaho, me envuelvo en la toalla cuando noto que un cuerpo se pega al mio por la espalda, no puedo verlo en el espejo pero siento sus manos que me llevan hacia él. Su boca recorre mi nuca lentamente en ligeros mordiscos que me hacen estremecer.

Dejo caer la toalla,  sus manos abarcan mis pechos, sabe lo que me gusta que me acaricie de esa manera, siento su sexo pegado a mi culo como crece de ansiedad. Bajo mi mano hasta alcanzarlo, lo envuelvo, palpita cuando lo masajeo despacio, oigo como suspira, su respiración se hace mas violenta, y él en contrapartida desciende su mano hasta mi sexo, depilado, como a él le gusta, y me acaricia presionando la parte superior. Aguanto unos segundos en esa posición, hasta que me giro y en cuclillas me llevo su pene a mi boca. Está duro, rozo con mi lengua su punta y despacio muy despacio me lo intrduzco, siento como tiemblan sus piernas cada vez que lo saco y vuelvo a metermelo mientras mi mano lo aprieta y se mueve. Me excitasentir el poder que tengo sobre él.

De repente me levanta, me coge por la cintura y me aprieta a su cuerpo, me besda con pasión salvajemente, mi boca es sólo una extensión de la suya, nuestras lenguas se unen, se buscan, salen y entran mientras sus manos aprietan mi culo para pegarme más, si cabe a él, yo casi de puntilla noto la dureza de su sexo buscandome que se unen a mis ansias por sentirla dentro de mi, como se abre y entra, pero él lo sabe y para torturarme se mantiene a la distancia suficiente para evitarlo.

Me arrastra hasta el salón, sin dejar de besarnos se deja caer en el sofa de cuero, y yo caigo sobre él, sentado me coge de nuevo de la cintura mientras clava sus dientes en mi hombro, me hace estremecer, pongo mis pies sobre sus piernas, y esta vez mi mano atrapa su pene y lo llevo hasta la entrada de mi sexo, ahora soy yo la que quiero que sufra, moviendo mi mano lo llevo arriba y abajo recorriendo todo mi sexo, que está mojado esperando que entre, él mueve su cintura buscando penetrarme, dejo su punta se deslice hasta que haya el lugar pero solo dejo que entre un poco, y moviendome en círculos voy introduciéndomela lentamente, siento el calor dentro de mi como me llena,  como me invade y me inunda, Me quedo quieta un instante para sentirme llena de él, y entonces mi cintura empieza un baile frenético y ritmico, siento como la presiono, como cuando parece que va a dejarme vacia vuelve a rozarme haciendo que sacudidas electricas recorran todo mi cuerpo.

Él coge mi nuca, atrae mi cabeza a la suya y me besa mientras yo no paro de moverme encima de él, sus manos acarician mi sexo, su boca se desliza y atrapa entre sus labios mis pezones que responden a su lengua poniendose duros.

Me agarra fuerte y me levanta, llevándome a la cama, literalmente me tira encima, y cae sobre mi, me agarra con sus manos mis muñecas, me besa muerde mis labios, desciende por el cuello, mordiendolo igual que mis hombros, yo me estremezco, mientras él sige descendiendo hasta llegar a mi sexo, ha soltado mis manos, con una acaricio su pelo, con la otra me pellizco suavemente mi pezón mientras noto su lengua jugar en mi sexo, sabe lo que hace por que no puedo frenar las sacudidas de mi cuerpo, noto dura la punta de su lengua presionando, cambia y ahora lo lame, se mueve en círculos  desciende y sube hasta que vuelvo a estallar en otro orgasmo y le pido que pare, sin embargo él no lo hace, solo que ahora me lo besa despacio, su lengua simplemente se desliza sobre mi sexo acariciandolo, dejando que descanse con suaves besos.
Sube lentamente hasta que se pone encima, separo mis piernas y abarco su cintura, con un movimiento entra en mi, me penetra de nuevo y empieza a moverse, noto como golpea su pene en mi interior, exhausta sigo sus moviemientos, mi cuerpo reacciona de nuevo, calvo mis uñas en su espalda mientras le ordeno que no pare, el se mueve más rapido, y de pronto para, grito, le agarro y le empujo mientras siento que sonrie, la luz de las velas no me deja verle la cara, pero se que se recrea mientras empieza a moverse de nuevo.
Repite la misma operación varias veces, llevándome casi hasta la locura, y sin entender como es posible que no llegue a correrse, se para  y deja caer todo su cuerpo sobre el mio, me besa despacio, tiernamente mientras me siento poseida y llena, me encanta sentirle dentro sin que se mueva esa sensaciçon me embarga. estamos un largo rato asi besandonos, él me muerde los labios reocrre con su lengua mi boca. el perfil de mis labios, hasta que de un movimiento me gira y me pone boca abajo, yo me levanto en posición de  a cuatro patas, pero el suvemente me empuja para que me tumbe del todo, sabe que esa posición me vuelve loca, cierro las piernas y el encima de mi me busca hasta que lo gra penetrarme de nuevo, arqueo mi cintura lo suficiente para introducir mi mano y acariciarme mientras el no para de moverse en mi interior, noto como gime como jadea, como su pene esta a punto de explotar, y yo, de nuevo también, "no pares, por favor esta vez no pares" - le suplico - y él me hace caso y cuando siento que vamos a llegar, oigo un zumbido, un extraño zumbido que me hace abrir los ojos.

Él no está, yo estoy sudorosa, la cama está vacía, miro hacia el extraño ruido, el despertador no para de zumbar, son las 7.00 de la mañana.

Ha sido un sueño.

lunes, enero 20, 2014

Más allá

Sobre la mesa una vela en forma de número se ha deshecho.

En su casa ya no suena el despertador.  Siempre abre los ojos una hora antes, silenciosamente, para no despertar a nadie, lo apaga, entra en el baño y se mira al espejo.

"Me siento joven" - se dice - "pero soy ya tan viejo para algunos..."

Imagina, mientras ve su rostro, que alguien con una enorme goma de borrar marca "milan" ha hecho desaparecer su sonrisa, como si la hubieran dibujado con un lápiz.
Tan fácil de borrar.

Prepara el café, unas tostadas, un beso triste y lacónico que deja caer en una mejilla, sonidos de alguien que se viste, de alguien que se ducha,de una puerta que se cierra y que unicamente deja tras de sí un silencio que se le aferra a la garganta y aprieta... y aprieta....

Recoge las cosas, las lava despacio,  tiene todo el tiempo del mundo, contra el que lucha en una batalla que tiene perdida.

Se viste en silencio, y sus zapatos le miran sabiendo que recorrerá el camino una vez más, el mismo camino que ya hace meses recorre, cada mañana.

Echa andar, cruza la calle y se sumerge en el parque, su mirada perdida cruza los árboles, cruza las nubes, que ese dia tapan su Madrid, porque más allá, se dice, seguro que hay un cielo azul...

Más allá...

Se sienta en el banco, dentro de poco llegarán los que lo habitan de 11 a 1 de la tarde.
Una chica de cuarenta y pocos, licenciada, un señor de cincuenta que desde los dieciseis no dejó de trabajar.

Se saludan, hablan poco, quizás porque no saben que decirse, aunque tengan tanto en común, el señor saca de su bolsillo un bolsa llena de migas de pan, y las lanza mientras los gorriones y las palomas se pelean por el trofeo.
Ella abre el periódico, con la vista cansada, como si su esperanza también la hubiera echado a las palomas. Y recorre, bolígrafo en mano, las ofertas de empleo.

Les mira, hasta hace unos meses eran extraños, en una situación ajena.
Ahora es uno más, es como ellos.

Y sobre Madrid empieza a llover.

viernes, enero 10, 2014

Hay

Hay cajas de cartón abiertas por las esquinas.
Hay paredes que se van desnudando, poco a poco, pero carentes de todo erotismo.
Que se desnudan como los árboles en el otoño.

Hay huecos vacios, marcas de cuadros, estanterias desiertas.
Hay una mirada limpia como la lluvia en abril, llena de esperanza, que brilla.

Hay una frasca con letras de promesas que se quedaron en el aire, y otra cargada de adios.

Hay reflejos en el espejo lascivos, reflejos de noches inacabadas, de noches donde el alba sólo era algo que nunca debería haber llegado.

Hay una mesa de madera, sobre la cual yacen mudos recuerdos de copas brindando.

Hay sobre el suelo, dias que pasaron sin pena ni gloria, y otros que se cogieron en las manos.
Hay pisadas de aqui para allá cuando uno se mueve como un león enjaulado, pero tambíen hay pasos de baile, de saltos, de cuerpos que yacen en el suelo.

Hay cajas de cartón que se van llenando,

Hay fantasmas  en el corazón.

Hay recuerdos de un tu y yo, que se volvió en un yo solitario.
Hay saltos de un niño sobre la cama, que el tiempo lo ha convertido en adulto.

Hay velas consumidas, y hay algunas que aún esperan encenderse.
Hay una puerta por abrir y una puerta por cerrar.

Hay una casa vacia.

Y ahora hay un nuevo camino por andar.

jueves, enero 02, 2014

Desprenderse



"Hay algo.." - pensó mientras doblaba el jersey para meterlo en el segundo cajón de su armario, que olia a jabón de marsella - " hay algo que cuesta soltar, como si te arrancases una parte de ti, algo tan pegado que llega a ser parte de la esencia de uno, y sin embargo aunque te resistas en el fondo sabes que debes soltarlo, como si fuera un lastre que impide que el globo aerostático se eleve, pero como deshacerte de ello, si a veces es lo que de alguna extraña manera te hace recordar lo que es sentir."

Se sienta en la cama y mira tras la ventana el árbol desnudo, y asi se siente, desnudo, "por que no hay mas ciego que el que no quiere ver", se dice.  Y aunque alguien le dijo alguna vez que sus historias tenían un final sin peso, apresurado como si todo lo contado hubiera formado un nudo gordiano que ya no había forma de desenredarlo y lo acabase de un solo tajo, él sabía que un final es un final, a pesar de los pesares, a pesar de todo.

Se levanta y se enfrenta a aquello que en el fondo desea y  sin embargo aún le aterra, levanta despacio su mano, y acaricia suavemente el filo.

El filo de la hoja,  hoja de calendario, calendario que dibuja un mes, mes de diciembre, diciembre del 2013, para ser exactos 31.

Y él lo arranca, a la vez que siente que algo dentro de él también se desprende quizás para siempre.

 A lo lejos se oyen las doce campanadas, sonidos de petardos y gritos.
Un año nuevo comienza.

lunes, diciembre 23, 2013

La cajita

Encendió la lamparita de aquella mesita redonda, una luz cálida inundó su pequeña estancia.
Miró las paredes de color amarillo, ya habían perdido el brillo de antaño, diez años hacía que por primera vez cruzó el umbral de esa casa.

Las paredes, mudas, a veces parecia que le sonreían,  sin embargo, ella sabia que no era así, que simplemente eran testigos del paso del tiempo, que en su interior guardaban las sonrisas, los sueños , los gemidos y las ilusiones que un tiempo atrás se dibujaban en su cara, en su piel y que ella, a su vez, había dibujado en  una cara ,en una piel, la misma que tras esa puerta había dicho adios.

Junto a la cajita de madera, como si fuesen dos bailarines de vals, una copa de vino proyectaba una sombra carmesí sobre la mesita. Ella tomó la copa, como lo haría con un bebe que coges de su cuna, y dejó que el calor del vino inundara su boca. Por un momento quiso que esa dulce sensación traspasara cada poro de piel, que le llenara la cabeza ahogando todos los pensamientos, de tal manera que estos solo flotasen inertes en un mar rojo.

Despacio acarició la cajita, con un suave click giró la llave, el resorte cedió y el muelle alzó la tapita.

En su interior mil pedazitos de un corazón roto yacían dormidos, ella acarició uno a uno, con la yema de sus dedos, suavemente, casi sin llegar a tocarlos, como si temiera que fueran a convertirse en polvo.

Con cada toque, un rio de recuerdos recorria una autopista de sensaciones, proyectando en su retina imágenes añejas que incluso sin ser de papel ya amarilleaban como las viejas fotografías.

Había ciudades lejanas con aires de Oriente, sudores tropicales con ritmos Africanos, mariposas en forma de besos que rozaban sus labios el tiempo suficiente para sentirlos, pero no tanto como para que anidaran en ellos. Miradas de ojos alegres, que chisporroteaban como el fuego de una chimenea.

Había sábanas blancas que envolvián cuerpos enredados en lascivos besos de sudor, en jeroglificos de brazos y piernas, donde el humo de un cigarillo pone un punto y seguido, donde alguien desnudo dispara una foto.

Había una colección de días sin voz, sin luz, simples tachaduras en un calendario. Y había una colección de días envueltos en cintas de colores, donde desparramados entre hojas se garabatean  un "boom" "boom", latidos de corazones que laten al unísono.

Había pedacitos con sonrisas de niño, con juegos, con saltos en la cama, con manchas de tinta en los dedos.

Todo esto y más, había en aquellos mil pedazos de un corazón roto, a los que ella no quería despertar.

Cuando al fin, la copa se quedó vacía, ella cerró la cajita, una lágrima y sólo una,  recorrió su mejilla, saltó al vacío y se perdio entre los poros de la madera de su cajita.

Apagó la luz, desnuda se metió en la cama sintiendo el frio de aquel invierno pegado al edredón.

Cerró los ojos y se durmió.

NOCHEBUENA


23 de Diciembre.

En una casa pequeña del centro de  Madrid, dos hermanas están sentadas a la mesa, las arrugas y su pelo gris marcan el largo camino de su vida.
Sobre una pequeña hoja escriben el menú para la cena de Nochebuena.

- ¿ Invitaremos a un indigente, no? - le pregunta una a la otra.
- Si, como todos los años, si quieres este año lo elijo yo - le contesta dulcemente.

Su hermana asiente, mientras le indica: "si tu lo elijes, yo preparo la cena".
Sonríen mientras lo piensan.

Todo está dispuesta, tres cubiertos, en una mesa de madera vestida con el mejor mantel que tienen.
El mendigo mira incrédulo a sus anfitrionas, mientras ellas terminan de decorar la mesa.

Aún no se cree la suerte que tiene, dos ancianitas que le invitan a cenar al abrigo de una  noche fría y lluviosa. Sus ojos recorren el enorme salón de esa vieja casa, sobre un arcón hay una bandeja de plata con un juego de té.

Brilla, como los ojos del indigente al pensar cuanto le podrían dar por ella.

- "Puedes cenar lo que quieras, y si lo decides, te hemos preparado una habitación, para que puedas dormir caliente"

El mendigo sonrie enseñando los huecos que ha dejado una dentadura perdida ya hace tiempo.

En la cocina una de las hermanas sirve un consomé caliente, la otra mira desde atrás y le pregunta: "¿Ya está listo el consome? recuerda que debes poner la cantidad justa, acuerdate lo que nos pasó el año pasado..." La otra la mira molesta, y le señala el plato que debe poner al invitado.

Ha sido una cena perfecta, cansados todos se retiran a sus habitaciones. El mendigo se pone un pijama antiguo que le han prestado, escucha como las hermanas apagan la luz, él permance despierto aunque siente que el sueño se va apoderando de su cuerpo.

Va a la cocina, abre un cajón y acaricia con su mano el mango de un cuchillo, sus dedos se cierran e intenta aguantar el peso del mismo , sin embargo el cansancio le vence, "puede esperar, estoy muy cansado, mi estómago no está acostumbrado a tanta cena, mejor será que duerma un poco, ya tendré tiempo para..."

A la mañana siguiente las hermanitas abren la puerta de la habitación, el mendigo está tumbado en la cama, parece dormido.

- Bueno, una Nochebuena  más, seguro que estará mejor en el cielo que en la calle.
- Seguro - le contesta -  ahora vendrá nuestro sobrino, dejémos que él se encargue.
- A ver si este año no se enfanda tanto como el pasado, ¿desayunamos, hermana?
- Si, un vasito de leche caliente me vendrá genial - le contesta cerrando la puerta de la habitación.