Formas de decir "Te extraño"
"Ahora que camino por las calles que recorrimos, mi sombra se pierde en busca de la tuya "
Formas de decir "Me gustas"
"Cada vez que te veo acaricias mi corazón para que lata al compás del tuyo "
Formas de decir "Te extraño"
"Ahora que camino por las calles que recorrimos, mi sombra se pierde en busca de la tuya "
Formas de decir "Me gustas"
"Cada vez que te veo acaricias mi corazón para que lata al compás del tuyo "
El olvido no se cimenta en la distancia, ni siquiera en los silencios que llenan el vacío que deja la persona que se va.
El olvido se hace real en un instante fugaz: cuando te encuentras —o más bien te reencuentras— con quien un día te hizo vibrar, y las miradas se cruzan.
Se cruzan como si tendieran un puente silencioso que ninguno de los dos se atreve a cruzar. Y entonces lo sabes. Si ya no tiembla nada, si no arden las mejillas, si el corazón permanece quieto, quizá aquello sí fue olvido.
Pero yo te vi.
Era un día cualquiera, una de esas mañanas soleadas de Madrid en las que el cielo se pinta de azul; ese azul limpio, inmenso, que parece pertenecer solo a Madrid.
A pesar del tiempo, aún percibí aquel brillo en tus ojos. El mismo brillo que antes me envolvía como papel de regalo. Y en el breve instante en que nuestras miradas chocaron, como una ola contra las rocas, mi alma tembló. Mi corazón latió deprisa. Y algo, dentro de mí, cedió.
Como si alguien hubiera hecho estallar una cerradura oxidada por los años, el arcón de los recuerdos se abrió de golpe. Tu sonrisa. Tu voz. Tus besos. Todo aquello que había intentado encerrar en una habitación remota de mi ser para que no doliera volvió de repente. No llamó a la puerta. Entró.
Y nuestras miradas fueron como trapecistas que se cruzan en el aire. El público contiene la respiración, temiendo la caída. Pero de pronto una mano encuentra a la otra, y los dos quedan suspendidos, flotando, sujetos a algo que nadie más puede ver.
Ahí comprendí que no había olvido. Que nunca lo hubo.
Solo había sido tiempo congelado.
Porque hay personas, hay amores, que no dicen adiós. Solo pronuncian un “hasta que volvamos a vernos” y se quedan dentro de nosotros, dormidos, esperando. Como si una parte de lo vivido permaneciera intacta, encerrada en una cápsula secreta del alma, aguardando la señal exacta para despertar.
En ese breve instante en que el pasado volvió a respirar dentro del presente, tuve la certeza de que lo vivido no muere del todo. Se transforma en recuerdo, sí, pero en un recuerdo vivo. Latente. Capaz de regresar con solo una mirada.
Hay miradas que son como un desfibrilador. No golpean el pecho: acarician el corazón hasta obligarlo a latir de nuevo.
Olvidar es dejar de sentir.
Pero tu mirada sobre la mía —y la mía perdida en la tuya— dejó claro que hay historias que sobreviven al tiempo. Historias que, aunque se detuvieran en un punto de nuestra vida, jamás terminaron del todo.
Cerré los ojos, impregnándome de la cálida sensación de que, por un momento, habías vuelto. Una lágrima, libre como un pájaro que escapa de su jaula, rodó por mi mejilla.
Me giré.
No quería que aquello se convirtiera otra vez en dolor. No quería regresar a la nostalgia, ni abrir de nuevo una herida que había aprendido a cubrir.
Y entonces…
Entonces oí tu voz.
—Nico… espera.
Aún recuerdo la primera vez que llegaste.
Sonreías, como lo has hecho siempre, con esa luz en tus ojos, en esa mañana de primavera, te tumbaste con la espalda pegada a mi tronco.
Mis ramas se inclinaron para verte mejor, las hojas se abrieron para darte sombra, y oí tu voz con ese acento tan particular.
Volviste otros días cuando el verano apretaba buscando el regazo que te ofrecía, escuchando como soñabas en alto, tus ilusiones y tus tristezas, yo procuraba refrescarte en esos días tan cálidos, y cuando te sentía triste mecía mis hojas para que el sonido de su movimiento acunara tus penas.
Otras llegabas entusiasmada y me abrazabas corrías dando vueltas, saltando y yo dejaba caer sobre ti los pétalos de mis flores.
Le diste nombre a nuestro rincón, más te enfadabas cuando alguien más buscaba cobijo y sombra, yo nunca di la mejor sombra, ni el mejor frescor, pues ese lo tenía guardado para ti.
Y un día te vi aparecer con un hacha, "si este árbol no es solo para mi, no lo será para nadie" y sentí el primer corte profundo, la sabia regar la hierba, así un golpe tras otro, hasta que caí a tus pies.
Nunca supiste que mis hojas, mis ramas, y mi sombra eran para ti.
Ahora solo soy unos trozos de madera desperdigados por el campo, y aunque mis raíces siguen clavadas en este campo, ya nada será igual
Ya están a la venta en Amazon la serie de libros que he escrito
- Aylin
En Amazón
Aylin
nació de una pregunta silenciosa:
¿qué haríamos si
supiéramos que el tiempo no es infinito?
Este libro no es solo una historia de amor ni una novela sobre el destino. Es un homenaje a la fragilidad, a las personas que viven con una grieta en el pecho y aun así eligen amar, crear, acompañar y quedarse un rato más. Aylin no es un personaje perfecto: es humana, luminosa y mortal. Y quizá por eso resulta tan real.
Quise escribir sobre la urgencia de vivir sin prisa. Sobre quienes leen el mundo con una sensibilidad distinta, sobre los encuentros que parecen casuales pero nos transforman para siempre. Sobre el miedo a quedarse… y el miedo, aún mayor, a marcharse.
- Aylin Libro II. La brújula del corazón
Escribir esta segunda parte de la historia de Aylin y Nico ha sido un viaje personal hacia las dualidades del alma humana: la fragilidad y la resiliencia, el silencio y el grito, el hogar y el frente de batalla.
En esta obra, he querido explorar cómo los hilos del destino no solo nos unen a quienes amamos, sino también a aquellos que, incluso en la muerte, nos permiten seguir viviendo. La trama se construye sobre la idea de que un corazón trasplantado no es solo un órgano que bombea sangre, sino un archivo de memorias y deudas pendientes que reclaman su lugar en el mundo.
- Aylin Libro III. El corazón de Yaroslav
En Amazón
Escribir
esta historia ha sido, ante todo, un ejercicio de memoria y gratitud.
A través de las páginas de "El Latido de Yaroslav",
he intentado capturar la fragilidad de nuestra existencia, pero sobre
todo, la invencible fuerza que emerge cuando todo parece perdido.
Esta novela es un homenaje a los que ya no están. A los "Yaroslav" que, con su último aliento, permitieron que otros siguieran respirando. Vuestra ausencia es el motor que nos obliga a contar la verdad, a no permitir que el silencio gane la última batalla.
- Aylin. Libro IV. El último rio
En Amazón
Escribir esta historia ha sido, en muchos sentidos, un descenso personal a mis propios búnkeres. A través de Nico, he querido explorar esa herida que muchos cargamos: la de sentirnos espectadores de nuestra propia existencia, protegidos tras una barrera invisible para no ser heridos por la realidad.
La guerra en Ucrania sirve aquí no solo como un escenario de conflicto geopolítico, sino como el espejo de la lucha interna entre la desesperanza y la luz. Personajes como Dmytro o Witch representan a esos héroes anónimos que, en mitad del barro y la nieve, no solo defienden una bandera, sino la idea misma de humanidad.
Esta novela es un homenaje a las víctimas silenciosas, a los niños cuya infancia fue robada en la oscuridad, y a todos aquellos que, como Lev, están dispuestos a convertir su propio cuerpo en un mapa de resistencia por un ideal.
Pero, por encima de todo, es una carta de amor a la esperanza.
Tengo
la cuchilla entre mis dedos, es extraño lo fría que está, algo tan
pequeño puede acabar con algo que debería ser, de alguna manera,
grande.
Siento una sensación agridulce, por un lado las cosas
que se van a perder, la personas, los momentos, los recuerdos, la
música, los libros, lo que podría llegar inesperadamente… y la
otra cara de la moneda, la paz, la tranquilidad, el olvidarse de esa
presión en el pecho constante, de esos amaneceres donde levantarse
cada día supone como si fueras a escalar el Everest. Las ganas
inmensa de llorar, y tener que reprimirlas para que nadie te vea.
Sonreír cuando el alma está rota.
Miro
su filo, y en el reflejo veo otros ojos, con una mezcla de lástima e
impotencia. ¿Qué dejas a las personas que te quieren? Un cuerpo
inerte. un cúmulo de preguntas sin responder, y dolor, un dolor que
no se va a curar nunca, que quedará siempre flotando junto a las
preguntas que se harán ¿Por qué? ¿Puede hacer algo más? ¿Porqué
no lo vi venir?
El
dolor se propaga como el fuego si le echas gasolina, yo me libraré
del mío, pero no es librarse del todo por que lo estas transfiriendo,
se lo pasas a las personas que te quieren.
El golpe de la
persona que te encuentra, las llamada telefónicas con la noticia, el
silencio ensordecedor que llena el cuerpo, se pega a cada pliegue de
la piel, y viene grapado con las preguntas ¿Había señales que no
vi? ¿Fue mi culpa?
Y
lo que dejas es la duda eterna, que se convertirá en un fantasma
que va a acompañarles toda la vida… y entonces surge la duda ¿es
mi acto un acto de valentía o es el acto más egoísta que puede
realizar un ser humano?
Es
el acto más egoísta imaginable. Es priorizar mi necesidad de
silencio sobre su necesidad de paz. Es elegir mi alivio a costa de su
tormento. Es dejarles una herida abierta que nunca, jamás, podrá
cicatrizar del todo.
Mi
mano tiembla. La cuchilla ya no es una salvación, es un arma. Un
arma que no solo apunta contra mí, sino contra todos los que alguna
vez me importaron. Y el peso de esa revelación es tan insoportable
como el dolor que me trajo hasta aquí.
El egoísmo. La última barrera. La más difícil de franquear.
Rectificado enlace
Como agradecimiento a los que me leéis... os dejo el volumen 1 de Aylin, os agradecería que si lo leéis, me dejéis alguna reseña GRACIAS
PD: No ha pasado por corrección así que pido perdón por los posibles errores,
AYLIN LIBRO IEl
peso de una madre.
Ante la ausencia de un padre, cuya labor
paternal y como cabeza de familia, era traer el dinero a casa y poco
más. Mi madre tuvo un peso especial en nuestra familia, quizás
excesivo, y no lo que esperábamos.
La parte 5 saldrá en 5 días
PARTE 4
Quiero
dejaros claro una cosa, esto no es una apología sobre el suicidio.
Es mi historia, lo que siento, lo que vivo, lo que he vivido,
busco respuestas, busco porqués, y a veces tampoco llego a saber si
lo que busco puede dar un sentido a todo o una salida.
El
agua se está quedando fría y golpea mi piel.
El eco de mi
respiración.
Mis propios pensamientos, que no hacen más que
torturarme.
La
imagen de la playa se desvanece, arrastrada por el desagüe junto con
los recuerdos.
Me quedo aquí, en la cruda realidad de este
instante. Sentado. Desnudo. Viejo.
En la soledad de un cuarto
de baño que es, a la vez, mi refugio y mi prisión.
Este
no es un refugio para la nostalgia, ni para la tristeza romántica.
Es el espacio más pequeño y honesto de mi vida. Aquí no hay
disfraces, no hay responsabilidades que cumplir, no hay roles que
interpretar para mi hijo, mis hermanas, o el mundo exterior.
Aquí
solo soy yo, con mi piel flácida, mis arrugas, mi falta de pelo en
la coronilla y esta abrumadora sensación de que ya no queda nada.
Hay
un espejo que refleja la realidad, sin caretas, cruda tal como es, no
juzga, no acusa, no halaga, no miente.
El
cuarto de baño es uno
de los
lugares
donde me permito ser vulnerable, donde nadie me ve desmoronarme. El
otro, mi cama, cuando ya la casa duerme, todos duermen.
El
cuarto de baño, un
acto final de mi introversión: incluso para morir, busco el lugar
más íntimo, el más aislado.
Me pregunto cuántas personas
habrán tomado la misma decisión en un espacio así.
Estos
pequeños rectángulos de baldosas que guardan secretos
inconfesables. Que
me han visto llorar, bailar, reír… incluso caer desmayado.
Ahora
puede convertirse en la
última frontera antes de
mi decisión.
La
vida ha pasado tan rápido, que parece arena escurriéndose entre
los dedos, me gustaría aprovechar cada momento, cada instante, si
algo he aprendido con la edad, es que muchas cosas dejan de importar,
y el presente es lo que vale… pero esa asignatura no la tengo
aprobada.
Y haces balance, entonces te das cuenta de que no es
lo que esperabas, ni lo que habías pensado, no te ves como creías
que te ibas a ver a esta edad… faltan demasiadas cosas…
Y la soledad, esa incansable amiga. No es la soledad buscada del que disfruta de su propio espacio. Es la soledad impuesta por años de no saber conectar, de no atreverse a abrirse, de construir muros en lugar de puentes. La soledad que se te pega a la piel como el frío del suelo de la ducha. La soledad que se convierte en un peso ineludible.
Miro de nuevo la cuchilla. No es una solución. Es el fin de una búsqueda incesante de algo que nunca encontré. O de algo que nunca supe ver. Y en este momento, en este cuarto de baño helado, la distinción ya no importa. Solo queda el acto.
PARTE 3
Tengo
las manos arrugadas por el agua caliente, me pregunto: ¿Cómo he
llegado hasta aquí? ¿Qué es lo que me ha traído hasta este punto,
malas decisiones, la vida…? Y estas preguntas son como una grieta
por donde se cuelan los recuerdos…
Me miro la mano
arrugada por el agua… y veo una mano pequeña también arrugada
pero por el agua de mar, me inunda una de ola de nostalgia, quizás
aquellos momentos fueron los más felices de mi niñez, el
mediterráneo y yo, el mediterráneo y mis hermanas, y mis tios y
mis padres.
Dos meses de vacaciones, cuando uno es niño
no hay futuro en el que pensar, ni pasado que sea un
lastre.
Disfrutaba mucho aquellos días, la piel morena, caminar
por la orilla, “cazar” algún pescadito, las primeras tonterías
con las chicas. Pero ahí ya se labraba sin que yo lo supiera lo que
iba a ser mi vida sentimental.
Mientras mis amigos
“picoteaban”, yo solo quería a alguien a quien querer y que me
quisiera, tímido donde los haya… y claro las chicas no buscaban
ese “romanticismo”.
Supongo
que ahí se empezó a fraguar todo, y llegan los por qué.
Mi
padre, siempre que lo recuerdo, es como una imagen alta, lo veo desde
abajo, marcando distancia, nunca mirando hacía mi, al menos no como
un niño necesita. Ahora intento comprenderlo, el rol de marido, de
padre, de un pasado de padre triunfador y autoritario, demasiada
sombra para una persona como él. Supongo que fue una extensión de
lo que él sintió, y yo no recuerdo un abrazo un beso, una palabra
cariñosa.
Su cariño era una ausencia.
Una
palmadita rara en la cabeza que se sentía más como un trámite que
como un gesto de amor.
Mi cuerpo se acostumbró a su perímetro
de seguridad, a su distancia.
Sin
embargo ahora siento una onda tristeza por él, le veo sentado en su
sillón, e imagino lo vacía que debía sentir su vida. Quizás si me
queda tiempo, pueda contar como era mi vida en casa con mis padres y
su relación.
Estos
recuerdos me hacen temblar, abro la puerta de la ducha, tengo una
cerveza, una voll-dam, como las que tomaba en la terraza de aquel
piso que daba al mar, con Bruce cantando en noches estrelladas.
Ahora
echo un trago, y el frio líquido se desliza por mi garganta
llevándose el sabor amargo de esos recuerdos.
Mi
padre… y mi madre.
Mi madre es otra historia en muchas
historias, por un lado, creo, nunca imagino como sería su vida
cuando conoció aquel “hijo de papá” en Bilbao, imaginaria su
futuro casada con alguien adinerado, ella que venía de una familia
pobre. Un matriarcado vasco, duro, recio, donde tampoco cabría lugar
a una caricia, ni a un te quiero.
Recuerdo ir a un cine de la
gran vía “Imperial” a ver las películas de Disney, quizás los
momentos más maternales, por que luego estaba su lado oscuro, el que
se asomaba más de lo que debería, todo era una condición, una
comparativa sucesiva “has visto al vecino qué bien se porta”
“mira que notas ha sacado tal y cual” y más tarde “los
estudios de los demás, los trabajos, sus novias…”
Cada
éxito era minimizado, cada fracaso magnificado.
La ilusión se
me desdibujaba al instante, sustituida por la sensación de ser una
eterna copia de un original inalcanzable. Ella nunca nos miró de
verdad; nos miraba a través del prisma de lo que éramos en
comparación con otros.
Quizás
la cuchilla, el suelo de la ducha, la ausencia de ilusión... todo es
una consecuencia directa de un niño que aprendió muy pronto que no
era suficiente.
Un niño que se hizo hombre con el eco constante de "podrías ser más" en la cabeza.
PARTE 2
El
agua sigue cayendo, me mantiene caliente, aunque el sonido se ha
vuelto lejano como cuando me sumergía en el mar Mediterráneo y las
voces se volvían apagadas.
Ahora mi mundo gira en torno a esa
diminuta cuchilla.
¿Merecerá
la pena? ¿Solucionará algo, o simplemente es una huida hacia
delante? Mis dudas rebotan en las baldosas, que por si no os lo había
dicho son de un verde sucio, la separación entre unas y otras que
debería ser de un blanco puro es solo una franja gris oscura, ¿cómo
lo llamó el que vino?… ¡ahh.. si… lechada! Pues ahora esa
lechada es más bien un café con poca leche.
Es raro en
lo que uno se fija cuando todo se reduce a un si lo haré o no lo
haré.
La vida, imagino
que de alguna manera siempre merece la pena… hasta que no, ahora la
vida se ha convertido en una sala de espera incómoda. Me
refiero al acto. A este final sucio, húmedo y patético.
Imaginemos que existe el más allá, y que desde algún punto en otra dimensión pudieran vernos… si, si vernos nuestros seres queridos, pienso que diría mi padre, viéndome aquí como un espantapájaros caído, ¿sentiría tristeza, se compadecería de mi? O quizás me dijera “no tienes los huevos suficientes para hacerlo…” quiero pensar que no, que se echaría a llorar… por mi.
Siempre he pensado en este momento, en el valor que se debe tener, en esas personas que se lanzan desde una ventana o se tiran a las vías de un tren ¿habrán pensado en lo que van a sufrir? ¿habrá dolor? Porque tiene que haber una determinación brutal, sentir que es la única vía de escape, hace poco leí que una chica de catorce años, ¡¡catorce!! se había lanzado desde la ventana por acoso escolar...¿qué debió sentir? ¿qué debió pensar? En el momento breve de abrir una ventana, o subirse a un alféizar, ¿un terror absoluto? O una paz por que todo va a acabar. Siento casi una envidia enfermiza en esa capacidad de decisión. Otros lo llaman cobardía… quizás se así.
Yo, en cambio estoy aquí acurrucado, como un feto viejo, hablando con vosotros, negociando con esa cuchilla. Por qué así, me preguntaríais si estuvierais aquí, no se, creo que es lo menos doloroso, no tengo bañera que sería más fácil, el dolor del corte, siempre en linea con el brazo no en perpendicular, dejando que el agua caliente corra, y lentamente todo se vuelva rojo, poco a poco, me hace gracia… incluso para esto soy introvertido, incapaz de hacer ruido, irse por bambalinas.
Intento imaginar esos momentos de los otros, justo después de saltar, de soltarse, sin oportunidad de una marcha atrás ¿qué pensarán? Se arrepentirán mientras caen, o simplemente cerraran los ojos sintiendo el viento en sus caras hasta el “black out”
PARTE 1
El
rectángulo de la ducha me recuerda a un ataúd pero en
vertical.
Estoy desnudo, el agua de la ducha cae, no he cerrado
del todo el grifo.
Mi espalda apoyada en el frio de las baldosas
de un color verde sucio.
Nunca me gustaron.
El cuarto de
baño no es muy grande, la luz, blanca lo inunda como si derramara un
vaso de leche sobre el. En una esquina hay una bandeja de arena,
limpia, aún Odín no ha venido a estrenarla.
Tengo una radio de
aliexpress en el lavabo, suena Bruce Springsteen “One Step Up”…
“Somos
la misma triste historia, eso es un hecho,
un
paso adelante y dos hacia atrás.
“
En
la repisa, los botes parecen soldaditos de plástico alineados uno
tras otro, dos botes de champú, uno que, según dicen prevé la
caída del pelo, el otro para alguien que no lo necesita, hay uno que
es un suavizante y los demás son jabón de ducha, miro el de color
rosa, de forma octogonal, marca Moussel, no es que sea mejor o peor,
pero es el mismo que usábamos en la casa de la playa, y su olor,
siempre su olor me lleva a aquel lugar donde fui feliz… hace ya
tantos años.
También
hay una maquinilla de afeitar, abierta, le falta la cuchilla.
La
cuchilla, frio metal, afilado.
Y esa cuchilla esta en el suelo
de la ducha, entre mis piernas, desnuda como yo.
El
agua cae despacio.
No es una ducha, es una lluvia mansa,
artificial.
Cae
sobre mí, resbala por la piel cansada de mis sesenta y tres años.
Dicen que la lluvia limpia.
Mentira.
Esta lluvia
solo moja. Hace tiempo que se llevó la ilusión por el desagüe,
dejando atrás solo un mecanismo roto que sigue respirando por
inercia.
Vuelvo a mirar la cuchilla, fijamente, parece
tan poca cosa.
Y me pregunto, si ahí, en ese trozo de metal
barato, está la solución que llevo esperando y buscando toda la
vida.
Aylin Libro I - Un corazón que no es solo mío
Aylin Libro II - Claro de Luna la resistencia
Aylin Libro III - La sombra del corazón - la guerra
Aylin Libro IV - Llantos bajo tierra
Ha costado, y ahora que llega el punto final, es duro despedirse de los que han sido mis compañeros de noches de insomnio, de soledad, de pensamientos...
Como agradecimiento a los que me leéis... os dejo el volumen 1 de Aylin, os agradecería que si lo leéis, me dejéis alguna reseña GRACIAS
PD: No ha pasado por corrección así que pido perdón por los posibles errores, estoy con AYLIN LIBRO 4
Llevo tiempo sin publicar... a veces ocurren cosas... inexplicables.
La vida es un simple soplo, algo tan breve que cuando queremos darnos cuenta ha pasado, y lo peor es que nos obcecamos en ponerle trabas, en poner palos a las ruedas, en ver gigantes allá donde solo hay molinos, y se nos van momentos hermosos como si fuera arena entre los dedos.
En estos ultimas semanas con todo el tiempo del mundo, para pensar, para abrazarse a la soledad, me he dedicado a escribir... estoy en la tercera parte de una trilogia titulada AYLIN.
Seguramente nunca verá la luz, pero estas semanas he vivido en una librería llamada Claro de Luna, por la calle de Embajadores, los avatares de Aylin.
Escribir debe ser algo cercano a ser actor o actriz, te sumerges, al menos yo, en la piel de otros, vives, sufres, creas, imaginas...
Os adelanto como empieza AYLIN
"Os voy a contar una historia.
Pero antes de empezar, quiero presentaros a Aylin, ella es la protagonista de mi historia.
Su
nombre es de origen Mapuche/Turco, significa “Claridad” “Luz de
luna”, algo libre, etéreo.
Aylin es bajita, de 1,65, su voz
es envolvente, serena, amable y cálida, transmite paz, como si nada
fuera capaz de alterarla.
Su mirada es urgente, y sus ojos
grandes, de un verde ámbar con pequeñas motas doradas, profundos,
llenos de prisa y misterio. Parecen saber más de lo que dicen como
si hubiera leído todas las páginas que el destino le tiene
escritas. Su mirada es lenta, penetrante, como si pudiera ver mas
allá de lo evidente.
Y es que Aylin cuando mira, mira de
verdad.
De pelo largo y oscuro con hebras rebeldes que el
viento mueve creando una imagen de libertad. Cuando lo lleva suelto
cae como una cortina sobre sus hombros, cuando se lo recoge recuerda
a una colegiala desenfadada.
Su rostro es ovalado de facciones suaves, expresión serena, parece que escuchara cosas que los demás no percibimos.
De piel clara, con un suave toque dorado por el sol, dos hoyuelos en sus mejillas le dan un aire gracioso cuando sonríe, Apenas unas pecas suaves en la nariz y en los pómulos.
Sus cejas están bien definidas, curvas y suaves, sus labios llenos, de color frambuesa con una sonrisa clara, que solo la muestra cuando está segura.
Su cuerpo es delgado, de una feminidad tranquila, hombros estrechos, manos finas coronadas por dedos largos, perfectos para barajar sus cartas de tarot.
Aylin desprende una sensación de paz y gravedad al mismo tiempo y un aura de secreto inconfesable.
Cuando entra en una habitación no llama la atención, pero al segundo todos la buscan.
Suele vestir con tonos tierra o negro, pero cuando se siente feliz busca vestidos largos y vaporosos o faldas fluidas de colores, que encajan con sus botas altas. Suele llevar algún collar con alguna piedra y un anillo viejo, regalo de su abuela.
En la muñeca derecha en la parte interna tiene tatuada la silueta de su gato de nombre Tilo, un gato atigrado gris.
Aylin es bella, no la más bella, pero sobre todo es inolvidable, su atractivo nace de los ojos, la energía y el silencio que deja detrás.
Aylin es tarotista, entre otras muchas cosas, echa las cartas con una sensibilidad especial. No adivina el futuro, lo interpreta, como quien descifra símbolos, emociones, caminos imposibles.
Nunca
huye de las cartas difíciles, podría mirar un Arcano XIII “La
Muerte” sin miedo, porque para ella no es el final sino una
transición.
Ella nunca se echa las cartas, nunca consultaría
las cartas sobre su muerte, no por que no pueda, sino por que ya lo
sabe.
Y ella lo sabe desde pequeña, su corazón es un reloj con fecha de caducidad, aunque no sepa cuando se parará, un defecto congénito en el corazón.
Esto a muchos nos rompería el alma pero a ella no.
Esta
fragilidad la convierte en alguien muy viva, vive con urgencia que no
es vivir con prisa, cada momento es un regalo, una urgencia por
vivir.
Aylin en vez de oscurecerse, ama la vida con ferocidad
como si esta fuera su mayor religión.
Porque es su secreto, sabe que su corazón se detendrá algún día, pero no lo proclama, no lo dice, no quiere compasión, y el día que se detenga, sin aviso, ya habrá hecho las paces con el destino.
Su misión, me dice sentirlo así, es encender una luz en otros que sin saberlo la tiene apagada. Y lo logra en cada lectura de cartas, en cada consejo, en cada libro recomendado, en cada una de sus sonrisas.
Yo sé, porque la he visto alguna noche, en la trastienda de su librería, cuando cree que nadie la ve, como dos lágrimas se deslizan por su mejilla y no es por miedo a morir sino por la nostalgia anticipada de las cosas que no le dará tiempo a vivir. Se seca las lágrimas, respira hondo, acaricia a su gato Tilo y vuelve a la vida como si nada le sucediese.
Aylin es libre, luminosa, intensa… mortal… por eso Aylin es inolvidable.
Y ahora que la conocéis un poco, voy a empezar mi historia, y esta empieza una tarde cualquiera, de un día cualquiera, el aire de Mayo trae olores a verano..."
Me gustaría quedarme en la cama todo el día...
Me gustaría oler el café recién hecho por la mañana...
Me gustaría enredarme entre las sábanas...
SI ES CONTIGO.
Me gustaría un paseo por el parque...
Me gustaría bailar bajo la lluvia...
Me gustaría cantar en la ducha...
SI ES CONTIGO
Me gustaría preparar una cena...
Me gustaría poner una canción...
Me gustaría que anocheciera siempre...
SI ES CONTIGO
Me gustaría enredarme en una piel...
Me gustaría tener el sabor de unos labios...
Me gustaría tener sexo...
SI ES CONTIGO
y si no lo es... Si no lo fuera
YA NO ME GUSTARÍA.
Si quieres oir la canción : "Fue un hermoso viaje"
Fue un hermoso viaje.
Un viaje con el que cruzamos caminos de piedra pero también circulamos por autopista,
Y aunque tú no lo sepas, fue un hermoso viaje
Aunque a veces no te gustara la música que ponía, aunque a veces no me gustara la tuya.
Fue un hermoso viaje
cuando bajabas la ventanilla y dejabas volar tu sonrisa
Fue un hermoso viaje
Aunque tu no lo sepas,
dibujé en la piel de tu espalda
caminos de arena
tracé mapas de tesoros con la punta de mi lengua.
Si, fue un hermoso viaje
Aunque te empeñaras en ver
que el cristal estaba empañado,
Aunque tú no lo sepas
se empañaba por el calor de mi piel en tu piel
Fue un hermoso viaje
cuando parábamos por momentos
cuando nos quedábamos sin palabras
pero esos vacíos los llenábamos con besos
Lo fue, aunque tú no lo sepas
y creas que en aquel vehículo
viajaba más gente
y aunque tú no lo sepas
solo estábamos tú y yo.
Fue un hermoso viaje
y ahora que te bajaste
aún suena tú música, aunque no me gustara
con las ventanillas bajadas
y la brisa del verano.
Quizás en cualquier parada
en cualquier hostal
en cualquier esquina
vuelva ese viaje... aunque tú no lo sepas
Si quieres oir la canción NO PUEDO
Todas aquellas palabras
todas aquellas caricias
todas aquellas miradas
Todos aquellos años...
Quiero guardármelos
para las noches que vendrán
quiero quedarmelos
para no olvidar lo que fue
Porque no puedo quererte
de la forma que eres
porque no puedo quedarme
en tu mundo sino es el mio
No me mires así
sabes que no es la primera vez
y si lo haces no tendré el valor
para marcharme
Crees que estoy loca
que nunca me comprendes
pero las dudas crecieron en mi
y ya nada es como debería ser
Porque no puedo quererte
de la forma que eres
porque no puedo quedarme
en tu mundo sino es el mio
No me escribas pidiendo que vuelva
he dado el paso
y me ha costado tanto
que aún no se si podré seguir en pie
Eras mi mundo
y por más que te dije
sentí que nunca me hiciste caso
Porque no puedo quererte
de la forma que eres
porque no puedo quedarme
en tu mundo sino es el mio
Y te echo de menos
en cada noche
y te echo de menos
en cada espacio que no estas
Pero ahora no quiero volver atrás
no me llames más
hay un mundo que nos separa
y no tengo mas fuerzas
Me dices que todo está bien
me dices que después de tanto tiempo
pero ya no lo siento
ya no te veo
Porque no puedo quererte
de la forma que eres
porque no puedo quedarme
en tu mundo sino es el mio
No quiero hacerte daño
fuiste lo que siempre soñé
pero ya no puedo seguir
no quiero sentirme derrotada
Porque no puedo quererte
de la forma que eres
porque no puedo quedarme
en tu mundo sino es el mio
Porque no puedo quererte, por que no puedo quedarme.
porque ya no puedo, no puedo.
Cuando el tiempo haya pasado
y las calles de Madrid hayan envejecido
Cuando las primaveras sean solo otoños perdidos
y las navidades un mero recuerdo
Cuando los árboles del parque hayan perdido sus hojas
y los recuerdos solo sean unas fotos amarillas
Seguro que nos encontraremos en aquel bar
con las sonrisas apagadas
y la mirada perdida
Me acercaré a verte
y quizás ya ni me reconocerás
en aquel bar
Cuando el tiempo que perdimos
sea irrecuperable
sin que nadie lo tome
seguro que nos encontraremos en aquel bar
Dejaremos las promesas que nos hicimos
en tazas de café rotas
y los sueños con olor a cerveza
en aquel bar
Cuando las arrugas surquen mi piel
y tu sonrisa sea una mueca cansada
Cuando nadie nos recuerde
y las despedidas sean el gesto de amor
Seguro que nos encontraremos en aquel bar
con la sonrisas apagadas
y la mirada pérdida
Y sonará nuestra canción
que nunca la bailamos
pero siempre era nuestra canción
en aquel bar
en aquel bar
en aquel bar, aquel viejo bar
Oyela CANCIÓN