martes, septiembre 15, 2026

Una nueva historia... "Antes de decirte... te quiero"

 Estoy inmerso en una nueva novela, el título creo que va a ser...


"Antes de decirte... te quiero"

Os dejo el primer capítulo


CAPÍTULO 1


Son las 5 de la madrugada.

Odin, ese gato anaranjado que tengo en una especie de adopción, ha vuelto a saltar a mi cama buscando su ración de mimos.

Nunca he sabido muy bien si lo tengo yo a él o él me tiene a mí.


- Alexa pon mi banda sonora… -
susurro.

Suena Photograph de Ed Sheeran.

Hay canciones que uno escucha.
Y hay canciones que, sin saber muy bien por qué, terminan escuchándote a ti.

A estas horas el silencio lo envuelve todo… todo no, mis pensamientos siguen hablándome, aunque ahora lo hagan en voz baja.

Odin se acomoda a mi lado y empieza a ronronear.

Le acaricio la cabeza.

—Tú sí que sabes vivir, ¿eh?

No contesta.

Nunca lo hace.

Supongo que por eso nos llevamos tan bien.

Sé que no voy a poder dormir, enciendo el ordenador, el salva pantallas de windows hace su recorrido y entonces aparece su foto, la misma de siempre.

Abro el chat.
Escribo.

“Te echo de menos”

Me quedo mirando aquellas palabras.
Las selecciono.
Las borro.

Escribo.

“Me gustaría volver a verte”

Espero con el dedo rozando la tecla para enviarlas.
Las selecciono.
Las borro.

Escribo dos palabras, las miro, respiro profundamente y …

También las borro.

Odin ha dejado de ronronear.

Me mira desde la cama.

—No me mires así. – le digo.

Apago el ordenador. Pienso en todas las cosas que he aprendido a hacer a lo largo de mi vida.

He aprendido a mirar. A esperar. A marcharme. A volver.

A fotografiar momentos que sabía que no iban a repetirse.

Qué extraño.
He pasado media vida aprendiendo a
escribir exactamente lo que siento y ahora hay dos palabras que no consigo pronunciar.

martes, septiembre 08, 2026

Nico visto por chatgpt

 Hay quien odia la Inteligencia Artificial, pero no hay vuelta atrás, llegó y no va a irse,  poniendo todo en su lugar en lo que es a veces te sorprende...


¿Qué pasa si le pregunto: "Basándote en las conversaciones que hemos tenido en lo que sabes de mi en lo que has visto de mi blog y de mis fotografías, con toda la sinceridad, sin temor a herirme, sin cortarte por no hacerme sentir bien, dime 5 cosas que hayas deducido de mi..."

Y he aquí su respuesta:


1. No tienes tanto miedo a estar solo como a descubrir que eres prescindible

Esta es probablemente la más clara.

En Soledad escribes que estás cansado de ser «el destino de otros» y de que nadie sea tu destino; no pides simplemente compañía: imaginas a alguien que llegue, encuentre la puerta abierta y decida cerrarla desde dentro.

Eso es muy distinto de decir «no quiero estar solo».

Lo que parece dolerte profundamente es:

«Quiero que alguien me elija sabiendo quién soy y sabiendo que no soy perfecto.»

Y esto aparece también en Ganar o perder: buscas un refugio, alguien que te ayude a desatar tus nudos, alguien que entre en tu mundo y no salga.

Mi deducción dura es esta:

creo que a veces mides tu propio valor según cuánto te elige alguien.

Si alguien se queda, tu cabeza interpreta: valgo.

Si alguien se marcha, aparece otra interpretación mucho más cruel: quizá nunca fui suficiente.

Y eso te hace mucho más vulnerable sentimentalmente de lo que probablemente quieres admitir.


2. Has convertido la nostalgia en un lugar donde vivir

Esto es muy evidente en tu escritura.

No simplemente recuerdas.

Construyes casas alrededor de los recuerdos.

En Había no cuentas solamente una relación perdida: reconstruyes una habitación, una mesa, velas, un puff rojo, una bañera, unas patatas fritas, una escalera, amaneceres... hasta terminar diciendo que alguien salió por la puerta llevándose todos los «había».

Y en Es el momento las fotografías que hiciste, las canciones y los sueños compartidos se convierten literalmente en objetos con los que abrazas el pasado.

Esto también aparece en tu fotografía.

Mi impresión es que no fotografías solamente personas: fotografías la posibilidad de conservarlas.

Y eso es precioso como artista.

Pero peligroso como forma de vivir.

Porque hay una frontera muy fina entre:

«Recuerdo algo porque fue importante.»

y

«Sigo viviendo allí porque el presente todavía no me ofrece algo que me emocione tanto.»

Creo que algunas veces cruzas esa frontera.


3. Eres un romántico muchísimo más radical de lo que aparentas, y eso te ha hecho daño

No creo que seas simplemente sentimental.

Eres idealista en el amor.

Esperas una intensidad que no es demasiado habitual en la vida cotidiana.

No quieres simplemente alguien con quien estar.

Quieres mirada, complicidad, piel, conversación, refugio, elección, hogar, destino.

En Como te cuento llegas a escribir que con esa persona eres «alguien diferente», capaz de vencer al dragón.

Ahí veo algo importante.

Creo que tienes tendencia a pensar que el amor puede transformar quién eres.

Y eso puede ser maravilloso cuando ocurre.

Pero también puede colocarte en una posición peligrosa:

esperar que otra persona venga a devolverle color a una vida que debería tener color incluso cuando estás solo.

Y aquí voy a ser directo:

creo que has concedido demasiado poder emocional a personas que quizá no habían demostrado merecerlo.

No porque seas ingenuo.

Porque cuando quieres, inviertes muchísimo.


4. Tu mayor talento y tu mayor problema son exactamente el mismo: sientes muchísimo

Esto explica bastante bien al fotógrafo y al escritor.

Tu escritura está llena de sensaciones físicas:

voz, piel, café, frío, calor, manos, respiración, silencio, canciones, miradas.

No describes solamente lo que ocurre.

Intentas que el lector lo sienta en el cuerpo.

Eso es precisamente lo que permite que exista Aylin como proyecto: no parece concebida simplemente como una trama, sino como una exploración de fragilidad, pérdida, amor, memoria y supervivencia. La propia presentación de la serie habla de esas dualidades: fragilidad/resiliencia, silencio/grito, hogar/frente de batalla, vida/muerte.

Pero aquí está la cara oscura:

cuando una persona siente tanto, también puede sufrir demasiado por cosas que otra persona habría conseguido dejar atrás.

Y sospecho que tú no siempre sabes «cerrar».

Puedes comprender intelectualmente que algo terminó y, sin embargo, emocionalmente seguir viviendo en ello.

Tu cabeza dice:

«Ya pasó.»

Tu sensibilidad responde:

«Sí, pero todavía lo siento.»

5. La más dura: creo que llevas años esperando que ocurra algo que te permita volver a empezar

Esta es la que más me importa.

No creo que realmente estés esperando únicamente a una persona.

Creo que estás esperando un acontecimiento.

Una relación.

Un proyecto.

Una casa.

Una obra.

Un cambio.

Una oportunidad.

Algo que produzca un antes y un después.

Y mientras llega, mantienes una parte de ti en suspensión.

Esto está incluso en la estructura de muchos de tus textos: esperar, recordar, imaginar el reencuentro, cerrar puertas, volver a empezar. En Apostar dices literalmente que toca aprender a perder; en Es el momento aparece el intento de cerrar la puerta y dejar de «esperar a esperarte».

Y sin embargo, años después, vuelves al mismo territorio.

Por eso mi conclusión más incómoda es:

Creo que no estás esperando que alguien vuelva. Estás esperando volver a sentirte vivo.

Y quizá has cometido un error sin darte cuenta:

has puesto demasiadas condiciones para permitirte empezar.

«Cuando encuentre...»

«Cuando tenga...»

«Cuando cambie...»

«Cuando vuelva a tener ganas...»

«Cuando aparezca alguien...»

«Cuando solucione esto...»

Pero la vida no suele funcionar así.

Y creo que una parte de ti lo sabe perfectamente.

De hecho, lo has escrito tú mismo.

En No porque... hay una frase que me parece casi una confesión:

«No porque vivas imaginando lo que puede salir mal, estás evitando el daño.»

Eso me parece extraordinariamente revelador.

Porque ya sabes cuál es tu mecanismo.

Piensas.

Anticipas.

Recuerdas.

Ensayas mentalmente la pérdida.

Intentas protegerte.

Y mientras haces todo eso, la vida real queda esperando.


Y ahora te digo algo que quizá no te guste

Creo que tu problema no es que hayas perdido la capacidad de amar, crear o ilusionarte.

Tu problema es que has aprendido a protegerte tanto del próximo golpe que a veces también te proteges de la próxima oportunidad.

Y hay una contradicción enorme en ti:

escribes constantemente sobre vivir, pero gran parte de tu imaginario está construido alrededor de lo que ya pasó.

Ahí está tu gran batalla.

Y también creo que ahí está tu mejor obra.

Porque si consigues dejar de utilizar la nostalgia solamente para volver al pasado y empiezas a utilizarla para entenderlo y transformarlo, todo lo que has vivido —incluido lo doloroso— puede convertirse en materia creativa en lugar de convertirse en una habitación en la que sigues encerrado.

Y quizá esta sea la deducción más sincera de todas:

No creo que necesites convertirte en otra persona. Creo que necesitas dejar de esperar a que alguien o algo te dé permiso para volver a ser tú.

Eso sí que aparece, de formas distintas, en tu blog, en Aylin, en tu fotografía y en muchas de las decisiones que hemos hablado.

Y, paradójicamente, creo que cuando dejes de buscar desesperadamente que alguien cierre la puerta desde dentro, serás mucho más libre para abrirla tú mismo y salir.



Y te diría una sexta, aunque me pediste cinco:

Creo que eres bastante más valiente de lo que te consideras.

No porque no tengas miedo. Precisamente al contrario.

Muchas de las cosas que me has contado últimamente han implicado incertidumbre, dinero, cambios importantes y decisiones que daban bastante miedo. Y aun así has seguido preguntando, comparando y tomando decisiones.

Eso no es ausencia de miedo.

Es seguir adelante con miedo incluido.

Y probablemente tú mismo no le das demasiado valor porque desde dentro no se siente como valentía. Se siente simplemente como «qué remedio, tengo que hacerlo».

Pero desde fuera se ve diferente.


sábado, julio 11, 2026

Soledad

 Es duro acostumbrarse a servir sólo un café por las mañanas, y conversar contigo mismo en silencio, pero aprendes a hacerlo, 

Siento que ya me cansé de ser el destino de otros y que no haya otros que sean mi destino.
Cuando en las noches solo te arropa la soledad y tu piel te pide a gritos la  caricia de otras manos.

Cansado de ser solo una parada más para gente que solo quiere estar de paso, que sus promesas son más breves que un parpadeo.

Porque aún espero que llegue alguien que decida quedarse, no por comodidad, no por cansancio, aunque sepa que no todo será fácil, y se quede por elección.

Que cuando llegue y encuentre la puerta abierta, decida cerrarla desde dentro y que sienta que llegó donde siempre quiso estar.

sábado, julio 04, 2026

Mis frases "Donde solo estemos tú y yo"

 En un mundo de letras perdidas y palabras vacías, intento encontrar esos paréntesis donde estemos solo tú y yo.


Ponme en comentarios la tuya

miércoles, junio 24, 2026

Mis frases "lo que recuerdo de tu voz"

 Lo que recuerdo de tu voz ... 

Era una nana que sabía acunar mi corazón cuando se perdía.

 Era un susurro que desnudaba mi cuerpo sin tocarme.

Eraa una canción que bailaba en mis recuerdos.

Era el sonido más hermoso que hacía que te soñara.


Y para ti? Escríbelo.en comentarios 

domingo, junio 21, 2026

Mis Frases "La distancia entre tú y yo"

 La distancia entre tú y yo es lo que tú imaginas y la realidad


Escríbeme en comentarios cual sería tu frase...

domingo, junio 14, 2026

No porque...

No porque cierres los ojos, las cosas dejan de existir.
No porque metas la cabeza debajo de la tierra, como las avestruces, dejas de sentir.

No porque huyas de lo que te atraviesa, deja de estar dentro de ti.
No porque calles lo que duele, el dolor se vuelve menos verdad.
No porque sonrías cuando quieres romperte, el miedo deja de apretarte el pecho.

No porque imagines finales terribles, significa que vayan a suceder.
No porque tu cabeza invente tormentas, el cielo está necesariamente oscuro.
No porque pienses demasiado, entiendes mejor lo que sientes.

No porque construyas una realidad a tu medida, la realidad se convierta en eso.
No porque repitas una mentira muchas veces, consigues que sea  verdad.
No porque temas perder algo, significa que ya lo hayas perdido.

No porque te escondas detrás de tus dudas, dejas de tener deseo.
No porque pongas distancia, desaparece lo que te importa.
No porque finjas indiferencia, tu corazón aprende a obedecerte.

No porque tengas miedo a sentir, sentir se vuelve peligroso.
No porque alguien te haya herido antes, todo amor viene a romperte.
No porque imagines una caída, debes vivir siempre sentado.

No porque te inventes motivos para no avanzar, el camino deja de llamarte.
No porque te convenzas de que es imposible, deja de existir una posibilidad.
No porque te protejas de todo, estás a salvo de ti mismo.

No porque mires hacia otro lado, desaparece lo que te está mirando de frente.
No porque niegues lo evidente, lo evidente pierda fuerza.
No porque corras lejos, escapas de aquello que llevas dentro.

No porque tengas miedo a la verdad, la verdad va a dejar de esperarte.
No porque no quieras escucharla, tu cuerpo deja de decirla.
No porque cierres la puerta, lo que sientes se queda fuera.

No porque vivas imaginando lo que puede salir mal, estás evitando el daño.
A veces solo estás ensayando una herida que aún no existe.
A veces solo estás fabricando una cárcel con pensamientos que nunca fueron hechos.

No porque te engañes, dejas de saber.
No porque te mientas, dejas de sentir.
No porque huyas, dejo de estar ahí.

NO PORQUE HUYAS, DEJO DE ESTAR A TU LADO.

lunes, junio 08, 2026

Demolición

 Madrid vuelve a ser ese asfalto que arde, ese sol del que huyes buscando una sombra, el griterío de las terrazas cuando cae la tarde.

Madrid se tiñe de verano, con su cielo azul, y sus 40 grados al sol, una ciudad que se esconde, para revivir al amanecer y vivir de  noche.

Recorro el Retiro, una vez más, a primera hora de la mañana, y ya hay gente, las casetas de la feria de libro están cerradas, hay reuniones de dueños de perros mientras estos corretean felices, corredores, turistas... y él.

Él está, como siempre, como antes y como lo hará cada vez que lo busque.

No saludamos, esta vez caminamos entre los árboles camino del Ángel Caído.

Me mira.

- Hay algo en tu mirada que no quieres enseñar - me dice.
- No puedo ocultarte nada... aunque lo intente.
- Es lo que tiene llegar a viejo, "sabe más el diablo por viejo que por diablo"
- ¿Sabes...?

Me siento como esos edificios que ahora renuevan, dejan la fachada exterior intacta, como si detrás nada sucediera, pero si te asomas, no queda nada, la fachada mantiene esa imagen, sin enseñar que detrás hay un vacío...

Hay días en los que uno aprende a sonreír como quien se pone una máscara. Sales a la calle, saludas, respondes que estás bien, incluso haces bromas. 

Cumples con el mundo. Das la apariencia correcta. La de alguien entero. La de alguien que sigue. La de alguien que no se ha quedado detenido en un instante que los demás ya olvidaron.
Pero por dentro no hay ruido. Hay derrumbe. Por dentro eres un edificio después del impacto.

Sigues de pie, sí, pero solo porque nadie se ha acercado lo suficiente para ver las grietas.
Algunas personas llegan a tu vida como una bola de demolición: no llaman, no avisan, no piden permiso. Entran, arrasan, rompen muros que tardaste años en levantar y, cuando se marchan, dejan polvo donde antes había hogar.

Y tú te quedas ahí. Vacío. Invisible.

Con la sensación amarga de haber dado ya el último abrazo sin saber que era el último.
El último beso.
La última vez que tu mano buscó la suya.
La última mirada antes del silencio.

Y duele más lo que no se dijo.
Ese te quiero que se quedó atrapado en la garganta.
Esa frase que parecía poder esperar a mañana, hasta que mañana ya no llegó.

Porque a veces uno cree que el amor tiene tiempo, que las personas permanecen, que los caminos no se rompen tan deprisa. Y luego descubres que hay despedidas que no hacen ruido, pero te parten igual. Hay personas que se pierden en mundos que solo existen dentro de su cabeza. Mundos llenos de miedos, dudas, fantasmas, heridas antiguas.

Y mientras miran hacia dentro, no ven lo que tienen delante.
No ven ese gesto pequeño que vale más que mil palabras. No ven al que está siempre. Al de los buenos días y los felices sueños. Al que escucha aunque esté cansado. Al que apoya aunque también esté roto. Al que busca, insiste y elige una y otra vez, incluso cuando no recibe lo mismo.

Y aun así, un día, esa persona se va.

Se va como las aves cuando llega el invierno.
Sin odio.
Sin estruendo.
Sin mirar demasiado atrás.

Solo se va.

Y tú te quedas con el frío.
Te quedas con un dolor que no se apaga del todo, con una cicatriz que parece cerrada hasta que cualquier canción la abre de nuevo.
Te quedas con ese nudo feroz de lo que pudo ser. Con la costumbre absurda de buscar su sombra en cada calle, en cada baldosa de aquellos paseos, en cada esquina donde alguna vez fuiste feliz sin saber que estabas guardando recuerdos para sobrevivir después.

La buscas en una canción.
En el olor del café con porras.
En el hueco frío de la cama.
En el calor que tuvo una piel entre las sábanas.
En una risa parecida.
En una mirada que no es la suya.
En todo.

Porque hay pérdidas que no solo te quitan a una persona.
Te quitan una versión de ti mismo.
Te quitan la ilusión con la que despertabas.
La calma de saber que alguien estaba ahí.
La sonrisa por la que merecía la pena vivir un día más. Esa mirada que decía todo sin necesidad de palabras.
Ese refugio que uno no supo nombrar hasta que se quedó sin él.

Y entonces entiendes algo terrible: no siempre se llora por quien se fue.
A veces se llora por quien eras cuando esa persona estaba. Por la fe que tenías. Por la ternura que entregaste. Por la esperanza que pusiste en unas manos que no supieron sostenerla.
Pero incluso roto, incluso vacío, incluso invisible, sigues aquí. Y aunque ahora no lo parezca, eso también dice algo de ti. Que hubo derrumbe, sí. Pero todavía queda alguien entre los escombros respirando.

Pero yo ya no se si quiero respirar.

El viejo me mira, se para, me abraza, y no dice nada, sabe que no hay palabras que curen.

Y así, sin decir nada solo la compañía de mi viejo, nos perdemos por el Retiro


miércoles, junio 03, 2026

Mis Frases "Un café contigo"

 

Un café contigo...

Es ese momento infinito de aquella canción que nunca quieres que acabe,
que oyes en bucle una y otra vez.

Ese momento donde dos almas se encuentran, desnudas, entre silencios y palabras no dichas.

Es un viaje a lo desconocido, donde el mundo se para, la gente no importa, solo tú y y yo... y dos tazas de café


Escríbeme en comentarios cual sería tu frase...

Mis Frases "Me encantas"

Cómo decir "Me encantas"

- No supe conjugar el verbo "vivir" hasta que te conocí.


Escríbeme en comentarios cual sería tu frase...

domingo, mayo 24, 2026

No había nadie excepto tú

No había fantasmas atravesando las paredes,
ni había recuerdos escondidos en los armarios.

No había muertos vivientes debajo de la cama,
ni había zombis que volvían del pasado.

No había nadie excepto tú.

Pero te volviste cual "Don Quijote" sin Sancho
viendo gigantes donde únicamente había molinos.

Y arremetiste con tal virulencia,
que arrasaste todo lo que se había construido.

Sin saber que... No había nadie excepto tú.

Ya solo quedan los fantasmas de "Que tengas un buen día", aquellos "escríbeme cuando llegues a casa" o "ten dulces sueños"

Y en mi mente circulan palabras como zombis: "se lo tengo que contar", " qué bonito le quedaría ese vestido..."

Porque no había nadie excepto tú.

Ahora los molinos son frases escritas en el vaho de un cristal:
"esto le habría gustado" "esto le habría hecho feliz"

Y ya no queda nadie... ni tú.

martes, mayo 19, 2026

Mis frases "Te extraño" "Me gustas"

Formas de decir "Te extraño"


"Ahora que camino por las calles que recorrimos, mi sombra se pierde en busca de la tuya "

Formas de decir "Me gustas"

"Cada vez que te veo acaricias mi corazón para que lata al compás del tuyo "


Escríbeme en comentarios cual sería tu frase...

lunes, mayo 18, 2026

El olvido

El olvido no se cimenta en la distancia, ni siquiera en los silencios que llenan el vacío que deja la persona que se va.

El olvido se hace real en un instante fugaz: cuando te encuentras —o más bien te reencuentras— con quien un día te hizo vibrar, y las miradas se cruzan.

Se cruzan como si tendieran un puente silencioso que ninguno de los dos se atreve a cruzar. Y entonces lo sabes. Si ya no tiembla nada, si no arden las mejillas, si el corazón permanece quieto, quizá aquello sí fue olvido.

Pero yo te vi.

Era un día cualquiera, una de esas mañanas soleadas de Madrid en las que el cielo se pinta de azul; ese azul limpio, inmenso, que parece pertenecer solo a Madrid.

A pesar del tiempo, aún percibí aquel brillo en tus ojos. El mismo brillo que antes me envolvía como papel de regalo. Y en el breve instante en que nuestras miradas chocaron, como una ola contra las rocas, mi alma tembló. Mi corazón latió deprisa. Y algo, dentro de mí, cedió.

Como si alguien hubiera hecho estallar una cerradura oxidada por los años, el arcón de los recuerdos se abrió de golpe. Tu sonrisa. Tu voz. Tus besos. Todo aquello que había intentado encerrar en una habitación remota de mi ser para que no doliera volvió de repente. No llamó a la puerta. Entró.

Y nuestras miradas fueron como trapecistas que se cruzan en el aire. El público contiene la respiración, temiendo la caída. Pero de pronto una mano encuentra a la otra, y los dos quedan suspendidos, flotando, sujetos a algo que nadie más puede ver.

Ahí comprendí que no había olvido. Que nunca lo hubo.

Solo había sido tiempo congelado.

Porque hay personas, hay amores, que no dicen adiós. Solo pronuncian un “hasta que volvamos a vernos” y se quedan dentro de nosotros, dormidos, esperando. Como si una parte de lo vivido permaneciera intacta, encerrada en una cápsula secreta del alma, aguardando la señal exacta para despertar.

En ese breve instante en que el pasado volvió a respirar dentro del presente, tuve la certeza de que lo vivido no muere del todo. Se transforma en recuerdo, sí, pero en un recuerdo vivo. Latente. Capaz de regresar con solo una mirada.

Hay miradas que son como un desfibrilador. No golpean el pecho: acarician el corazón hasta obligarlo a latir de nuevo.

Olvidar es dejar de sentir.

Pero tu mirada sobre la mía —y la mía perdida en la tuya— dejó claro que hay historias que sobreviven al tiempo. Historias que, aunque se detuvieran en un punto de nuestra vida, jamás terminaron del todo.

Cerré los ojos, impregnándome de la cálida sensación de que, por un momento, habías vuelto. Una lágrima, libre como un pájaro que escapa de su jaula, rodó por mi mejilla.

Me giré.

No quería que aquello se convirtiera otra vez en dolor. No quería regresar a la nostalgia, ni abrir de nuevo una herida que había aprendido a cubrir.

Y entonces…

Entonces oí tu voz.

—Nico… espera.




jueves, abril 02, 2026

El árbol

Aún recuerdo la primera vez que llegaste.

Sonreías, como lo has hecho siempre, con esa luz en tus ojos, en esa mañana de primavera, te tumbaste con la espalda pegada a mi tronco.

Mis ramas se inclinaron para verte mejor, las hojas se abrieron para darte sombra, y oí tu voz con ese acento tan particular.
Volviste otros días cuando el verano apretaba buscando el regazo que te ofrecía, escuchando como soñabas en alto, tus ilusiones y tus tristezas, yo procuraba refrescarte en esos días tan cálidos, y cuando te sentía triste mecía mis hojas para que el sonido de su movimiento acunara tus penas.

Otras, llegabas entusiasmada y me abrazabas, corrías dando vueltas, saltando y yo dejaba caer sobre ti los pétalos de mis flores.

Le diste nombre a nuestro rincón, más te enfadabas cuando alguien más buscaba cobijo y sombra,  yo nunca di la mejor sombra, ni el mejor frescor, pues ese lo tenía guardado para ti.

Y un día te vi aparecer con un hacha, "si este árbol no es solo para mi, no lo será para nadie" y sentí el primer corte profundo, la sabia regar la hierba, así un golpe tras otro, hasta que caí a tus pies.

Nunca supiste que mis hojas, mis ramas, y mi sombra eran para ti.

Ahora solo soy unos trozos de madera desperdigados por el campo, y aunque mis raíces siguen clavadas en este campo, ya nada será igual

martes, febrero 03, 2026

Serie de Libros AYLIN

 


Ya están a la venta en Amazon la serie de libros que he escrito


- Aylin

En Amazón

Aylin nació de una pregunta silenciosa:
¿qué haríamos si supiéramos que el tiempo no es infinito?

Este libro no es solo una historia de amor ni una novela sobre el destino. Es un homenaje a la fragilidad, a las personas que viven con una grieta en el pecho y aun así eligen amar, crear, acompañar y quedarse un rato más. Aylin no es un personaje perfecto: es humana, luminosa y mortal. Y quizá por eso resulta tan real.

Quise escribir sobre la urgencia de vivir sin prisa. Sobre quienes leen el mundo con una sensibilidad distinta, sobre los encuentros que parecen casuales pero nos transforman para siempre. Sobre el miedo a quedarse… y el miedo, aún mayor, a marcharse.

- Aylin Libro II. La brújula del corazón

En Amazón

Escribir esta segunda parte de la historia de Aylin y Nico ha sido un viaje personal hacia las dualidades del alma humana: la fragilidad y la resiliencia, el silencio y el grito, el hogar y el frente de batalla.

En esta obra, he querido explorar cómo los hilos del destino no solo nos unen a quienes amamos, sino también a aquellos que, incluso en la muerte, nos permiten seguir viviendo. La trama se construye sobre la idea de que un corazón trasplantado no es solo un órgano que bombea sangre, sino un archivo de memorias y deudas pendientes que reclaman su lugar en el mundo.

- Aylin Libro III. El corazón de Yaroslav

En Amazón

Escribir esta historia ha sido, ante todo, un ejercicio de memoria y gratitud. A través de las páginas de "El Latido de Yaroslav", he intentado capturar la fragilidad de nuestra existencia, pero sobre todo, la invencible fuerza que emerge cuando todo parece perdido.

Esta novela es un homenaje a los que ya no están. A los "Yaroslav" que, con su último aliento, permitieron que otros siguieran respirando. Vuestra ausencia es el motor que nos obliga a contar la verdad, a no permitir que el silencio gane la última batalla.

- Aylin. Libro IV. El último rio

En Amazón

Escribir esta historia ha sido, en muchos sentidos, un descenso personal a mis propios búnkeres. A través de Nico, he querido explorar esa herida que muchos cargamos: la de sentirnos espectadores de nuestra propia existencia, protegidos tras una barrera invisible para no ser heridos por la realidad.

La guerra en Ucrania sirve aquí no solo como un escenario de conflicto geopolítico, sino como el espejo de la lucha interna entre la desesperanza y la luz. Personajes como Dmytro o Witch representan a esos héroes anónimos que, en mitad del barro y la nieve, no solo defienden una bandera, sino la idea misma de humanidad.

Esta novela es un homenaje a las víctimas silenciosas, a los niños cuya infancia fue robada en la oscuridad, y a todos aquellos que, como Lev, están dispuestos a convertir su propio cuerpo en un mapa de resistencia por un ideal.

Pero, por encima de todo, es una carta de amor a la esperanza.

sábado, enero 31, 2026

Cuarenta y seis estrellas más


A través del invierno
bajo el cielo oscuro de Enero
hay cuarenta y seis luces camino del infinito.

Nadie lo sabe, nadie lo siente
pero en esa noche maldita
cuarenta y seis estrellas más prenden en el cielo

Todos se echan la culpa, a ver a quien le toca
uno dice: "solo he dormido tres horas"
y al que llaman el galgo de Paiporta ni aparece

Pero en esa noche maldita
hay cuarenta y seis estrellas más en el cielo
cuarenta y seis familias que lloran buscando consuelo

Nadie lo sabe, nadie lo siente
pero en esa noche maldita
cuarenta y seis estrellas más prenden en el cielo

Sacan sus armas escritas, llamando bulos a la verdad
porque uno solo ha dormido tres horas,
el otro se esconde y se lava las manos
pero tú eres un facha si no les dices a todo amén

Contra sus mentiras ya no bastan las lágrimas falsas
ni las promesas que se pierden en el tiempo
hay un corazon unido
un pueblo que no olvidará.

Nadie lo sabe, nadie lo siente
pero en esa noche maldita
cuarenta y seis estrellas más prenden en el cielo

Ahora dicen que no volverá a pasar
ahora nadie se hace responsable
pero hay un alma rota
de un pueblo que no olvida

Por que cada vez que miren al cielo
verán cuarenta y seis estrellas brillar


jueves, diciembre 25, 2025

EN EL FILO (Parte 7 Final)

 


La ducha ha parado, hace frió, las baldosas que antes estaban empañadas ahora parecen llorar.

Ya no hay vapor.

El frío exterior ahora coincide con el frío interior.
Mis dedos están entumecidos alrededor del metal.

Es ahora o nunca. El tiempo se acaba.
Cierro los ojos, intento visualizar una balanza, una hoja en blanco PROS y CONTRAS, SI y NO.

El platillo del SI pesa una tonelada, el fin al cansancio, el silencio absoluto de mi mente, el final de la lucha diaria por levantarme, por tragarme las lágrimas. El final de las decepciones, de darlo todo para no recibir nada, de la frialdad de la gente, del ghosting, de que te echen en cara cosas que nunca hiciste, entregarte a personas que luego te ignoran, o en el peor de los casos te utilizan.

El final de sentirse un fracaso, de que tu vida ha sido un fraude para ti mismo, de la incapacidad de amar o ser amado como corresponde. El SI a que ese dolor se detendrá, que todo parará, la anestesia final. La seducción de la nada es poderosa, hipnótica. Me susurra que ya he sufrido suficiente, que merezco descansar.

En el otro platillo está el NO, en un principio no pesa, pero tras este rato en la ducha, solo con mis pensamientos, con la cuchilla jugando entre mis dedos, he ido llenando este lado. La devastación que puedo causar a las personas que me quieren, pongo la culpa y el platillo de esta balanza cruje con su peso, su peso no me alivia pero me aplasta, comprender que para mi puede ser un punto final pero para los otros será un punto de inicio sin retorno a ese lado oscuro del dolor y del porqué.

Si lo hago, no estoy matando al monstruo de la depresión; simplemente le estoy abriendo la puerta para que pase a otros. Les estoy pasando la antorcha de la tragedia.


Mi mente grita que continúe, que pare con ese centrifugado eterno, pero mi corazón ese músculo lleno de tiritas, se contrae ante la imagen del daño que voy a causar.
Estoy atrapado entre el egoísmo supremo del suicida y el sufrimiento insoportable del que se queda vivo por los demás. Ambas opciones duelen. Ambas parecen imposibles.

Y la decisión queda tambaleándose en el filo.

En el filo de una cuchilla de afeitar.

sábado, diciembre 20, 2025

EN EL FILO ( Parte 6)

 

Tengo la cuchilla entre mis dedos, es extraño lo fría que está, algo tan pequeño puede acabar con algo que debería ser, de alguna manera, grande.

Siento una sensación agridulce, por un lado las cosas que se van a perder, la personas, los momentos, los recuerdos, la música, los libros, lo que podría llegar inesperadamente… y la otra cara de la moneda, la paz, la tranquilidad, el olvidarse de esa presión en el pecho constante, de esos amaneceres donde levantarse cada día supone como si fueras a escalar el Everest. Las ganas inmensa de llorar, y tener que reprimirlas para que nadie te vea.

Sonreír cuando el alma está rota.

Miro su filo, y en el reflejo veo otros ojos, con una mezcla de lástima e impotencia. ¿Qué dejas a las personas que te quieren? Un cuerpo inerte. un cúmulo de preguntas sin responder, y dolor, un dolor que no se va a curar nunca, que quedará siempre flotando junto a las preguntas que se harán ¿Por qué? ¿Puede hacer algo más? ¿Porqué no lo vi venir?

El dolor se propaga como el fuego si le echas gasolina, yo me libraré del mío, pero no es librarse del todo por que lo estas transfiriendo, se lo pasas a las personas que te quieren.
El golpe de la persona que te encuentra, las llamada telefónicas con la noticia, el silencio ensordecedor que llena el cuerpo, se pega a cada pliegue de la piel, y viene grapado con las preguntas ¿Había señales que no vi? ¿Fue mi culpa?

Y lo que dejas es la duda eterna, que se convertirá en un fantasma que va a acompañarles toda la vida… y entonces surge la duda ¿es mi acto un acto de valentía o es el acto más egoísta que puede realizar un ser humano?

Es el acto más egoísta imaginable. Es priorizar mi necesidad de silencio sobre su necesidad de paz. Es elegir mi alivio a costa de su tormento. Es dejarles una herida abierta que nunca, jamás, podrá cicatrizar del todo.

Mi mano tiembla. La cuchilla ya no es una salvación, es un arma. Un arma que no solo apunta contra mí, sino contra todos los que alguna vez me importaron. Y el peso de esa revelación es tan insoportable como el dolor que me trajo hasta aquí.

El egoísmo. La última barrera. La más difícil de franquear.

miércoles, diciembre 17, 2025

AYLIN LIBRO I

 Rectificado enlace


Como agradecimiento a los que me leéis... os dejo el volumen 1 de Aylin, os agradecería que si lo leéis, me dejéis alguna reseña GRACIAS

PD:  No ha pasado por corrección así que pido perdón por los posibles errores,

AYLIN LIBRO I

lunes, diciembre 15, 2025

EN EL FILO (Parte 5)

 
PARTE 5

El peso de una madre.
Ante la ausencia de un padre, cuya labor paternal y como cabeza de familia, era traer el dinero a casa y poco más. Mi madre tuvo un peso especial en nuestra familia, quizás excesivo, y no lo que esperábamos.


Porque ahora cuando uno puede pensar las cosas en la distancia, en este refugio que es la ducha, ante el frío y pequeño metal, surge la pregunta, la más antigua de todas, y se clava en mi pecho: ¿Es esto mío? ¿Este peso, esta losa, esta falta de aire, es el resultado de la vida que he vivido, de mis fracasos, de mis miedos, de mis decisiones...? ¿O es algo más profundo, algo innato, algo químico que corre por mis venas, heredado de ella?

Es complicado hasta de contároslo, una madre que es capaz de echarse a sus hijos a la espalda de cuidarlos, llevaros al cine a ver las películas de Disney pero un momento después esa mirada fría, esa mano que surca el aire y te cruza la cara, esa duda ¿Qué he hecho… que te pasa?, los gritos desmedidos, rasgando el papel pintado de aquella casa de cincuenta metros cuadrados, su depresión, su bipolaridad, vivir con el miedo de abrir la puerta y no saber si te vas a encontrar con una sonrisa, un silencio sepulcral, o un estallido de rabia.

En mi infancia, solo era "mamá", y ese nombre venía con el terror de una moneda lanzada al aire, sin saber de qué lado caería.

Recuerdo su sonrisa, grande, luminosa, contagiosa, y sus locuras, que solo ella podía hacer. Esos momentos en los que nos reíamos juntos, los cuatro, como una familia normal. Momentos de efímera felicidad que se sentían como oro puro. Era la calma antes de la tormenta. Porque la otra cara de la moneda nunca tardaba en aparecer.
De repente, un ceño fruncido, una palabra mal interpretada, un tono de voz que cambia por completo el ambiente. El cristal se rompe. Y la niebla. Esa niebla que la envolvía, que transformaba su rostro en una máscara de ira y desesperación. Los gritos. Las palabras lanzadas como cuchillos. Y luego, la mano, la zapatilla, el palo de la escoba, pero los golpes no eran lo peor, por que el dolor físico se pasa, lo peor era el miedo, ese miedo psicológico de nunca saber cual va a ser el momento en que la espita de la bomba va a hacer clic y todo estalla.

Miedo a no saber qué versión de mi madre me esperaría al volver del colegio, al cruzar la puerta del salón, al preguntarle cualquier cosa.

Aprendí a anticiparlo. A leer las microexpresiones. A saber cuándo era el momento de correr, de esconderme bajo la cama, en el armario, o en cualquier rincón oscuro donde sus gritos no pudieran alcanzarme. De cuando los tres teníamos que escondernos... de nuestra mandre.

Mi casa no era un hogar, era un campo de minas emocional.

Y si ese germen, el de la depresión, esa tristeza pegada al alma, se hereda, se transmite, o simplemente es la ausencia de un entorno, de sentirse querido y valorado, es lo que te marca a fuego, y lo arrastras toda tu vida, buscando en cada rincón, en cada mirada, un abrazo y una palabra, el sentirse querido, una eterna búsqueda que te lleva a despojarte de ti mismo, a que no seas tú tu propia prioridad sino a mendigar un poco de cariño con el miedo, siempre el miedo a que si no lo tienes, si lo pierdes, volverás a esa infancia, y lo peor es saber que ese miedo a querer y que no te quieran, o a que te quieran y te dejen, te lleva a la derrota una y otra vez.

Me pregunto si todo este tiempo he estado huyendo de un fantasma que llevo dentro. ¿Es esta mi herencia? ¿Este vacío, esta ausencia de alegría, este agotamiento vital, es solo la depresión crónica de mi madre que ha mutado y se ha manifestado en mí?

Si es así, entonces no hay salida.

Si es una condena genética, un error químico, una cadena que se ha transmitido de generación en generación, entonces nada de lo que he hecho, ni lo que he dejado de hacer, importaba realmente. 
Significa que siempre estuve destinado a terminar así, en el suelo de una ducha, mirando un filo de metal.

Y si no hay salida para el alma, quizás solo quede una salida para el cuerpo.