Tengo
la cuchilla entre mis dedos, es extraño lo fría que está, algo tan
pequeño puede acabar con algo que debería ser, de alguna manera,
grande.
Siento una sensación agridulce, por un lado las cosas
que se van a perder, la personas, los momentos, los recuerdos, la
música, los libros, lo que podría llegar inesperadamente… y la
otra cara de la moneda, la paz, la tranquilidad, el olvidarse de esa
presión en el pecho constante, de esos amaneceres donde levantarse
cada día supone como si fueras a escalar el Everest. Las ganas
inmensa de llorar, y tener que reprimirlas para que nadie te vea.
Sonreír cuando el alma está rota.
Miro
su filo, y en el reflejo veo otros ojos, con una mezcla de lástima e
impotencia. ¿Qué dejas a las personas que te quieren? Un cuerpo
inerte. un cúmulo de preguntas sin responder, y dolor, un dolor que
no se va a curar nunca, que quedará siempre flotando junto a las
preguntas que se harán ¿Por qué? ¿Puede hacer algo más? ¿Porqué
no lo vi venir?
El
dolor se propaga como el fuego si le echas gasolina, yo me libraré
del mío, pero no es librarse del todo por que lo estas transfiriendo,
se lo pasas a las personas que te quieren.
El golpe de la
persona que te encuentra, las llamada telefónicas con la noticia, el
silencio ensordecedor que llena el cuerpo, se pega a cada pliegue de
la piel, y viene grapado con las preguntas ¿Había señales que no
vi? ¿Fue mi culpa?
Y
lo que dejas es la duda eterna, que se convertirá en un fantasma
que va a acompañarles toda la vida… y entonces surge la duda ¿es
mi acto un acto de valentía o es el acto más egoísta que puede
realizar un ser humano?
Es
el acto más egoísta imaginable. Es priorizar mi necesidad de
silencio sobre su necesidad de paz. Es elegir mi alivio a costa de su
tormento. Es dejarles una herida abierta que nunca, jamás, podrá
cicatrizar del todo.
Mi
mano tiembla. La cuchilla ya no es una salvación, es un arma. Un
arma que no solo apunta contra mí, sino contra todos los que alguna
vez me importaron. Y el peso de esa revelación es tan insoportable
como el dolor que me trajo hasta aquí.
El egoísmo. La última barrera. La más difícil de franquear.
No hay comentarios:
Publicar un comentario