La historia del hombre que salio a buscar el arco iris….
Hace tiempo en un remoto lugar, muy lejos de aquí, tan lejos que se tardaban años en llegar a ese lugar, vivia un hombre solo en una gran casa con su propio campo que cultivaba para alimentarse, no se sentia muy solo por que tenia a sus perros a su bosque por el que paseaba y daba de comer a ciervos y pajaritos, y la mayor parte del dia lo pasaba entre cultivando y leyendo. Tenia una gran biblioteca que habia ido adquiriendo poco a poco en un pueblo cercano cuando iba a vender todo lo que habia recolectado.. al atardecer a la luz de las velas leia y leia libro tras libro, desde los viajes de Marco Polo hasta alguno de suspense, pero sus preferidos eran los de aventuras se imaginaba a el recorriendo caminos peligrosos peleandose con bandidos y al final rescatando a la princesa atrapada en el castillo del malvado… Lo que mas le intrigaba era aquello que leia en los libros, la fuerza del amor, el que hubiera gente capaz de dar toda la vida por amor, él nunca habia sentido nada asi, había amado a sus padres pero un amor asi nunca lo habia sentido.
Siguio trabajando su campo, yendo al bosque a ver a sus amigos los pajaros, a hablar con el rio, y con los arboles, le encantaba sentarse alli respirar profundo y sentir su inmensa soledad y alli sentado oyendo el agua correr, le contaba a los peces que salian a por las migas de pan las historias que habia leido, aquella en la que un valiente caballero habia luchado contra un dragon de dos cabezas, que habia resultado mal herido pero habia dado muerte al dragon y asi destruido el hechizo de la malvada bruja y al final habia llegado al castillo y habia encontrado a su amada.
El hombre suspiraba cada vez que imaginaba la escena, luchando por amor , y se imaginaba a el, aunque solo sabia que eran sueños y que nunca los podria realizar por que en realidad los dragones no existen y menos las princesas….
El tiempo paso y llegaron las primeras lluvias que anunciaban el otoño, por las noches las tormentas empezaban a ser mas continuas lo que hacia que el hombre se refugiara en casa antes y siguiera leyendo, habia comprado mas libros y eso le entusiasmaba. Uno era sobre magia, la piedra filosofal y alquimia, decia que al final del arco iris habia un gran tesoro donde se encontraba la piedra filosofal que convertia en oro las piedras y el metal, y nuestro hombre sintio un cosquilleo en su interior ¿y si fuera verdad? Él habia visto el arco iris algunos dias y no parecia que estuviera tan lejos el final del mismo. A la mañana siguiente cuando partio para el campo una suave lluvia caia pero a lo lejos las nubes empezaron a hacer un huequecito y unos rayitos de sol aparecieron.
Y tras ellos empezo a crearse un arco iris, primero vio el amarillo luego el naranja., el azul….. ohhh dios pensó esta apareciendo ante mi y estaba tan cerca…. Soltó la azada volvio a la casa cogio sus cartera la lleno de comida y tomo el dinero que tenia en la alacena guardado y partio hacia el arco iris, sus pasos eran firmes y rapidos, pensaba: al caer la tarde ya habre llegado, apunto en una hoja mas o menos donde terminaba el arco iris, entre dos montañas, y acelero el paso. Cuando cayó la tarde, no habia llegado y empezó a ver que aquello estaba mas lejos de lo que el creia, pero no se entristecio, si no he llegado hoy llegare mañana. Y echo sus bartulos al suelo, montó la tienda, encendio una hoguera y se dispuso a cenar, habia cogido el libro de alquimia y otro de historias y antes de caer dormido leyó un rato.
Despuntaba el alba, cuando se despertó, recogió todo y siguió su camino… el sol calentaba cuando las primeras casas de una aldea aparecieron ante sus ojos, este es un buen lugar para tomar fuerzas y comer-pensó.
Se sentó en la plaza del pueblo y empezo a comer, al momento se acercaron unos niños curiosos por ver al forastero, a él le encantaban los niños, le recordaban a sus pajaros y ciervos, y empezo a contarles alguna de las historias que habia leido, los niños reian con ellas, eran historias de valientes de guerreros que luchaban por liberar a sus pueblos del tirano y los niños se sobresaltaban cuando aparecia el mago y hechizaba a los soldados y aplaudian cuando el caballero hacia huir a los malvados. Cuando acabó la historia oyó el tintineo de unas monedas, sin darse cuenta se habian acercado varias personas mayores que se habian sentado a oirle contar la historia… Ël no rechazó el dinero por que sabia que su camino podria ser largo y a lo mejor necesitaba esa ayuda, recogió las monedas, saludó y retomó su camino…
Empezó a pensar en el tiempo que había perdido el solo en su casa y lo que le habia gustado las risas de los niños y las caritas de asombro y como se asustaban,, en eso iba pensando cuando no se dio cuenta que dos personas le cerraban el camino.
(Publicación diaria de lunes a viernes)
domingo, octubre 02, 2005
viernes, septiembre 30, 2005
Cuento ... final
Aquel amanecer el día se levanto gris, presagiaba tormenta, y algo en tu pecho te hizo temer lo peor, cuando te acercaste al puerto pudiste ver a la gente arremolinándose en la calle como si te estuvieran esperando. Al estar a la altura de ellos, te rodearon, el silencio pesaba como una losa, nadie te decía nada, solo sus miradas que se clavaban como esquirlas, bajaste la mirada, no te sentías culpable de nada y sin embargo no podías mantenerla ante tanta presión. Al final alguien te gritó:” Sabemos que has estado con ella toda la semana, si al final el informe impide que abran la conservera perderemos mucho dinero, hemos empezado a vender nuestros terrenos y ahora no queremos que tu nos lo estropees.”
Algo se quebró dentro de ti, como un árbol que cae ante el ultimo hachazo del leñador, tus amigos, tus vecinos te habían vuelto la espalda, y aquel sentimiento de soledad y de amargura fue invadientote, hasta atenazarte la garganta, hasta cubrir tus ojos de lagrimas, hasta hacerte correr, y mientras corrías hasta tu barco, podías oir los gritos:”Huye, cobarde, te quedaras aquí solo, al final nada podrá detener la construcción de la conservera, imbecil loco, sigue creyendo en tu mundo de fantasías...”
Y ahora que aun resonaban los gritos, caías en tu sillón de tu camarote, mientras la noche como invitada silenciosa era testigo de tu navegar solitario.
Abriste los ojos y pensaste en ella, te habías ido y no le habías dicho ni siquiera un adiós, ni un beso ni una despedida.
Y volviste a sentir aquella inmensa soledad, ese ansia de ser abrazado como un niño, esa mirada que entraba en ti, esa nostalgia de un beso, del roce de unos labios, de una pasión desenfrenada.
A las tres semanas cuando ya la comida había desaparecido de la alacena, regresaste, enfilaste rumbo al puerto. Lo primero que viste fueron unos camiones y grúas, al final la conservera se estaba construyendo. Atracaste el barco, nadie salió a recibirte, nadie había echado en falta tu ausencia, te resignaste ¿por qué aquella vez iba a ser diferente? Pesadamente descendiste por el camino que llevaba a tu casa con la mirada perdida en la mar, con el corazón perdido en el recuerdo de ella. Los siguientes días los pasaste trasladando las pocas cosas que tenias de tu casa al barco, habían vendido el terreno, allí construirían un parking. Al tercer día de tu vuelta, cuando ya vivías en el barco, fue cuando sonó la campana, fue cuando me volviste a ver, fue cuando te vi llorar por primera vez, y corrí a besarte ante tu sorpresa, y sentí el palpitar de tu corazón en mi pecho.
Desde que te fuiste, había esperado tu regreso, volví a entregar y defender el informe pero la votación en el consistorio fue negativa, se argumentaron los puestos de trabajo y la riqueza que se crearía para la zona.
El resto ya lo sabes, aquella misma noche hicimos el amor y volviste a llorar entre mis brazos. Al amanecer enganchamos tu barco al camión y nos fuimos de allí sin mirar atrás, con toda una vida por delante.
Y ahora te miro, ahí dulcemente dormido mientras escribo, tu historia, mi historia.. te quiero.
Algo se quebró dentro de ti, como un árbol que cae ante el ultimo hachazo del leñador, tus amigos, tus vecinos te habían vuelto la espalda, y aquel sentimiento de soledad y de amargura fue invadientote, hasta atenazarte la garganta, hasta cubrir tus ojos de lagrimas, hasta hacerte correr, y mientras corrías hasta tu barco, podías oir los gritos:”Huye, cobarde, te quedaras aquí solo, al final nada podrá detener la construcción de la conservera, imbecil loco, sigue creyendo en tu mundo de fantasías...”
Y ahora que aun resonaban los gritos, caías en tu sillón de tu camarote, mientras la noche como invitada silenciosa era testigo de tu navegar solitario.
Abriste los ojos y pensaste en ella, te habías ido y no le habías dicho ni siquiera un adiós, ni un beso ni una despedida.
Y volviste a sentir aquella inmensa soledad, ese ansia de ser abrazado como un niño, esa mirada que entraba en ti, esa nostalgia de un beso, del roce de unos labios, de una pasión desenfrenada.
A las tres semanas cuando ya la comida había desaparecido de la alacena, regresaste, enfilaste rumbo al puerto. Lo primero que viste fueron unos camiones y grúas, al final la conservera se estaba construyendo. Atracaste el barco, nadie salió a recibirte, nadie había echado en falta tu ausencia, te resignaste ¿por qué aquella vez iba a ser diferente? Pesadamente descendiste por el camino que llevaba a tu casa con la mirada perdida en la mar, con el corazón perdido en el recuerdo de ella. Los siguientes días los pasaste trasladando las pocas cosas que tenias de tu casa al barco, habían vendido el terreno, allí construirían un parking. Al tercer día de tu vuelta, cuando ya vivías en el barco, fue cuando sonó la campana, fue cuando me volviste a ver, fue cuando te vi llorar por primera vez, y corrí a besarte ante tu sorpresa, y sentí el palpitar de tu corazón en mi pecho.
Desde que te fuiste, había esperado tu regreso, volví a entregar y defender el informe pero la votación en el consistorio fue negativa, se argumentaron los puestos de trabajo y la riqueza que se crearía para la zona.
El resto ya lo sabes, aquella misma noche hicimos el amor y volviste a llorar entre mis brazos. Al amanecer enganchamos tu barco al camión y nos fuimos de allí sin mirar atrás, con toda una vida por delante.
Y ahora te miro, ahí dulcemente dormido mientras escribo, tu historia, mi historia.. te quiero.
jueves, septiembre 29, 2005
Un cuento ... Parte 1
Tenias la cara aplastada contra aquel cristal circular que era la ventana de tu camarote, que era aquel camarote de tu barco, que era tu barco el que era tu mundo.
Todo estaba oscuro, la noche había cubierto, un día mas, como si hubiese vestido de luto la luz del sol, tus ojos intentaban ver mas allá y solo podían percibir el pequeño brillo de las estrellas y el reflejo de la luz del palo mayor sobre las aguas. Estabas solo, te sentías solo, pero eso era algo que siempre habías hecho, no recordabas desde cuando, quizás desde siempre. Te hacías echo a la mar solo y volvías a los dos o tres días, unas veces tu rostro reflejaba el llanto de aquellos días, otros solo era el cansancio.
Cuando volvías, atracabas el barco al amanecer, descendías lentamente y te encerrabas en tu casa hasta el atardecer, luego con paso firme te dirigías a la taberna abrigado por una amplia sonrisa y allí volcabas todo tu interior, reías, charlabas... la gente te quería.
Seguías intentando observar algo a través de aquella ventana, podías oír el zumbido del motor rompiendo las olas, mientras te dirigías a ninguna parte, tus ojos buscaban y buscaban, los cerraste lentamente y te dejaste caer en el sillón, por tu mente fugaces imágenes del pasado pasaban. Recordabas aquel día que te levantaste, cerraste la puerta y dejando las llaves a la señora del hostal del pueblo, le diiste: “Cuide mi casa, algún día volveré”. Te alejaste del pueblo, de su mar y te perdiste en el camino hacia la ciudad. Al principio todo te pareció grande y maravilloso, aquellas luces que iluminaban las calles, esos majestuosos edificios de cristal que se alzaban hasta casi rozar las nubes, te embriagaron y como el alcohol te sumieron en un estado de euforia. Pasabas los días recorriendo las calles, observándolo todo y por primera vez sentiste que habías encontrado lo que tu corazón siempre te había estado demandando.
Siguieron los días, los meses y los años, poco a poco aquel sentimiento se fue cubriendo con un velo de nostalgia y de tristeza.
Habías hecho amigos, si, pero te sentías vacío, habías encontrado el amor, si, pero sentías que este moría en cada amanecer de igual manera que tu ser se iba con cada caída de sol. Y tu sonrisa se fue apagando, aunque se disfrazara de día, tu sabías que al caer la noche tu disfraz quedaría colgado en el perchero hasta el día siguiente, que volverías a vestirte con el.
Así hasta que una mañana, sin decir nada volviste a aparecer por el pueblo, recogiste las llaves con un simple “He vuelto” y retomaste tu vida. Nunca fue lo mismo, seguís siendo aquella persona sonriente que irradiaba un halo de enigmático misterio entre feliz y risueño, sin embargo el que se paraba a mirarte al fondo de los ojos podía ver un lago de añoranza quieto y tranquilo.
Volviste a la mar, salías en tu barco por la mañana, temprano saludando a tus compañeros de faena y al caer la tarde volvías cargado con la pesca de la jornada, a veces vendías toda la mercancía y entonces te emborrachabas en la taberna invitando a todo el mundo, cuando el resto de las embarcaciones volvían mas vacías que tu, les decías donde estaban los bancos de peces, otras, repartías tu pesca entre los demás, quedándote solo con lo suficiente para ti. Tú eras así, y a pesar de que mucha gente intentaba hacerte ver que perdías el tiempo actuando de esa manera, que tu barco envejecía como tu sin cuidarte, simplemente te encogías de hombros y reías.
Un atardecer, al amarrar el barco al puerto viste una figura desconocida en el rompeolas, las calles se encontraban vacías y cuando descargaste los cajones en la lonja nadie se acerco a tomarlos y pesarlos. Fuiste al centro de reunión y al llegar pudiste oír gritos, abucheos, protestas y aplausos. Entraste, el ambiente cargado de humo empaño tus ojos. Todos callaron al verte llegar, pausadamente te dirigiste a la tribuna, te sentaste, no dijiste nada, no preguntaste nada, hasta que alguien se levanto y dirigiéndose a ti te dijo: “ Van a construir una fabrica conservera, es el final de nosotros quieren comprar los terrenos, casa por casa” No pestañeaste, no te inmutaste, con tu tranquilidad habitual te levantaste y dijiste “Y que? Si todos permanecemos aquí nada podrán hacer, hemos vivido desde siempre, nuestros abuelos y sus abuelos ya pescaban aquí, si todos somos uno al final tendrán que marcharse”.
La gente asintió, y por fin en el ambiente se dibujo una sonrisa. Fuisteis a la taberna y allí tácitamente todos brindaron contigo jurando resistir hasta el fin. Cuando esa noche volviste a casa rompiste a llorar, sabias que era el principio del fin, y lloraste desconsoladamente como un niño.
A la mañana siguiente un poso de resaca en tus ojos delataba la larga noche que habías sufrido, recordabas los últimos tiempos en la ciudad y parecía que ahora estos volvían a por ti.
Sonó el timbre de la puerta, abriste y apareció ante ti como si de algo mágico se tratase, aquella mirada te desnudo, atravesándote como un cuchillo atraviesa la mantequilla. Se presentó, era del Consejo de Medio Ambiente y estaba allí para elaborar un informe sobre el impacto medio ambiental de la construcción de la conservera. Le habían dicho que tu eras la persona indicada para mostrarle las playas y la mar.
Pasaste una semana junto ella, la ilustrabas sobre las aves que anidaban en los riscos principalmente Albatros y al atardecer salías a la mar. Poco a poco un brillo empezó a reflejase en tus ojos, te estabas enamorando de nuevo y el temor anidó en ti, el temor a verla marchar, y no dijiste nada y no hiciste nada y callaste, solo te limitabas a sumergirte en su mirada, a buscar un roce, el mínimo contacto. Y por las noches cuando yacías en la cama tu mente volaba a sus brazos y te imaginabas entre ellos, como si fueran un puerto que acogiera tu barco, un abrazo que lo cubriera todo, que te inundara de besos y así hasta que los parpados caían por el peso del sueño. .....
*******************
Mañana la 2 y última parte.
Todo estaba oscuro, la noche había cubierto, un día mas, como si hubiese vestido de luto la luz del sol, tus ojos intentaban ver mas allá y solo podían percibir el pequeño brillo de las estrellas y el reflejo de la luz del palo mayor sobre las aguas. Estabas solo, te sentías solo, pero eso era algo que siempre habías hecho, no recordabas desde cuando, quizás desde siempre. Te hacías echo a la mar solo y volvías a los dos o tres días, unas veces tu rostro reflejaba el llanto de aquellos días, otros solo era el cansancio.
Cuando volvías, atracabas el barco al amanecer, descendías lentamente y te encerrabas en tu casa hasta el atardecer, luego con paso firme te dirigías a la taberna abrigado por una amplia sonrisa y allí volcabas todo tu interior, reías, charlabas... la gente te quería.
Seguías intentando observar algo a través de aquella ventana, podías oír el zumbido del motor rompiendo las olas, mientras te dirigías a ninguna parte, tus ojos buscaban y buscaban, los cerraste lentamente y te dejaste caer en el sillón, por tu mente fugaces imágenes del pasado pasaban. Recordabas aquel día que te levantaste, cerraste la puerta y dejando las llaves a la señora del hostal del pueblo, le diiste: “Cuide mi casa, algún día volveré”. Te alejaste del pueblo, de su mar y te perdiste en el camino hacia la ciudad. Al principio todo te pareció grande y maravilloso, aquellas luces que iluminaban las calles, esos majestuosos edificios de cristal que se alzaban hasta casi rozar las nubes, te embriagaron y como el alcohol te sumieron en un estado de euforia. Pasabas los días recorriendo las calles, observándolo todo y por primera vez sentiste que habías encontrado lo que tu corazón siempre te había estado demandando.
Siguieron los días, los meses y los años, poco a poco aquel sentimiento se fue cubriendo con un velo de nostalgia y de tristeza.
Habías hecho amigos, si, pero te sentías vacío, habías encontrado el amor, si, pero sentías que este moría en cada amanecer de igual manera que tu ser se iba con cada caída de sol. Y tu sonrisa se fue apagando, aunque se disfrazara de día, tu sabías que al caer la noche tu disfraz quedaría colgado en el perchero hasta el día siguiente, que volverías a vestirte con el.
Así hasta que una mañana, sin decir nada volviste a aparecer por el pueblo, recogiste las llaves con un simple “He vuelto” y retomaste tu vida. Nunca fue lo mismo, seguís siendo aquella persona sonriente que irradiaba un halo de enigmático misterio entre feliz y risueño, sin embargo el que se paraba a mirarte al fondo de los ojos podía ver un lago de añoranza quieto y tranquilo.
Volviste a la mar, salías en tu barco por la mañana, temprano saludando a tus compañeros de faena y al caer la tarde volvías cargado con la pesca de la jornada, a veces vendías toda la mercancía y entonces te emborrachabas en la taberna invitando a todo el mundo, cuando el resto de las embarcaciones volvían mas vacías que tu, les decías donde estaban los bancos de peces, otras, repartías tu pesca entre los demás, quedándote solo con lo suficiente para ti. Tú eras así, y a pesar de que mucha gente intentaba hacerte ver que perdías el tiempo actuando de esa manera, que tu barco envejecía como tu sin cuidarte, simplemente te encogías de hombros y reías.
Un atardecer, al amarrar el barco al puerto viste una figura desconocida en el rompeolas, las calles se encontraban vacías y cuando descargaste los cajones en la lonja nadie se acerco a tomarlos y pesarlos. Fuiste al centro de reunión y al llegar pudiste oír gritos, abucheos, protestas y aplausos. Entraste, el ambiente cargado de humo empaño tus ojos. Todos callaron al verte llegar, pausadamente te dirigiste a la tribuna, te sentaste, no dijiste nada, no preguntaste nada, hasta que alguien se levanto y dirigiéndose a ti te dijo: “ Van a construir una fabrica conservera, es el final de nosotros quieren comprar los terrenos, casa por casa” No pestañeaste, no te inmutaste, con tu tranquilidad habitual te levantaste y dijiste “Y que? Si todos permanecemos aquí nada podrán hacer, hemos vivido desde siempre, nuestros abuelos y sus abuelos ya pescaban aquí, si todos somos uno al final tendrán que marcharse”.
La gente asintió, y por fin en el ambiente se dibujo una sonrisa. Fuisteis a la taberna y allí tácitamente todos brindaron contigo jurando resistir hasta el fin. Cuando esa noche volviste a casa rompiste a llorar, sabias que era el principio del fin, y lloraste desconsoladamente como un niño.
A la mañana siguiente un poso de resaca en tus ojos delataba la larga noche que habías sufrido, recordabas los últimos tiempos en la ciudad y parecía que ahora estos volvían a por ti.
Sonó el timbre de la puerta, abriste y apareció ante ti como si de algo mágico se tratase, aquella mirada te desnudo, atravesándote como un cuchillo atraviesa la mantequilla. Se presentó, era del Consejo de Medio Ambiente y estaba allí para elaborar un informe sobre el impacto medio ambiental de la construcción de la conservera. Le habían dicho que tu eras la persona indicada para mostrarle las playas y la mar.
Pasaste una semana junto ella, la ilustrabas sobre las aves que anidaban en los riscos principalmente Albatros y al atardecer salías a la mar. Poco a poco un brillo empezó a reflejase en tus ojos, te estabas enamorando de nuevo y el temor anidó en ti, el temor a verla marchar, y no dijiste nada y no hiciste nada y callaste, solo te limitabas a sumergirte en su mirada, a buscar un roce, el mínimo contacto. Y por las noches cuando yacías en la cama tu mente volaba a sus brazos y te imaginabas entre ellos, como si fueran un puerto que acogiera tu barco, un abrazo que lo cubriera todo, que te inundara de besos y así hasta que los parpados caían por el peso del sueño. .....
*******************
Mañana la 2 y última parte.
miércoles, septiembre 28, 2005
Hoy

Intuyo que habrá mas noches oscuras, negras como el abismo más profundo del océano,
Sé que días de cielo azul, se vuelven grises y lluviosos, caminos que se empinan y se vuelven pedregosos.
A veces me siento como esos viejos boxeadores que han caído a la lona, una , dos tres veces, y ya ninguna fuerza puede lograr que suban de nuevo los guantes, y bajan los brazos, a la espera de la campana.
Y sin embargo, de alguna extraña manera, hay otro asalto, otro ring, otra lona, y te calzas los guantes y vuelves al combate.
Recuerdos de amaneceres, de sábanas calientes, de olor a café recién hecho.
lunes, septiembre 26, 2005
Y alli estaba entre los riscos...
Y alli entre riscos estaba otra vez, otro dia, otra mañana más. Jugueteaba con las rocas iba y venia, las rodeaba y las gotas de mar salado en su romper contra aquellas paredes subian trepaban por mi y volvían a caer en su union con el mar otra vez, una y mil veces más.
Y me cansaba de estar haciendo siempre lo mismo, el sol me calentaba y me hacia ascender y entonces mi predilección era irme a por los albatros y gaviotas, ellos desplegaban sus alas y se dejaban llevar por mi, alli suspendidos en el aire me sentia poderoso, los sostenia los elevaba y luego ellos se dejaban caer en un picado impresionante sobre el mar para atrapar a algun pececillo, pero al cabo de un rato esto tambien me aburria...
Queria algo mas, sabia de mis posibilidades y tenia tanto que dar, tanto que entregar que aquello me parecian banalidades. Cosas de niños....
Me fui hacia Eolo, le pedi algo mas, algo que pudiera satisfacer mis ansias por sentir, por dar, pero me contesto que no estaba en su mano, que las cosas son y a veces vienen y a veces se van.
Y volvi a mis riscos y volvi a mi playa, mas cuando ya caia la tarde vi aparecer un barco con su vela desplegada, rompiendo la mar con el viento a su favor, y quise ser ese viento que llevaba ese barco y no aire entre riscos...
Pero a veces el viento es traicionero, como lo es Eolo, y el barco dio un viraje inesperado, ví como intentaba arriar la vela, pero ya era demasiado tarde, se dirigia a toda velocidad contra los riscos. Salí de mi cobijo y sople y sople intentado alejar aquella frágil barca en manos del gran viento, pero fue imposible y presencie impasible como se fundia contra las rocas como la mar abrazaba cada pedacito de aquella barquita y lo devoraba.
Enfurecido le pregunte a Eolo ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? Pero él solo hizo un gesto como si asi fueran las cosas... y me llené de rabia, y me llené de venganza y de ira, y me fui tornando en viento y me fui tornando en huracán y la rabia contenida y el odio guardado de tanto tiempo se conviertió en una fuerza descomunal y entré en la tierra y arrasé campos y valles, y pasé por montañas y alla por donde iba todos me temian, mas con el paso del tiempo, me dí cuenta de lo inútil de mi acción y todo lo que en mi era furia se convirtió en melancolia y todo lo que en mi era rabia se convirtió en añoranza y me volví tormenta y lloré y mis lagrimas fueron lluvia que regó campos secos campos yermos, e intenté con ello si acaso paliar tanta ira tanta venganza.
Y volvi a mi lugar donde tan protegido me sentia, y Eolo me llamo y me dijo: “Ves? Las cosas son, a veces puedes hacer que cambien, y a veces sólo dejarlas estar” – “Pero yo sé que tengo tanto dentro, tanto que me desborda, que pide salir....” – “Entonces, busca tu camino...”
Y un atardecer cuando revoloteaba con las gaviotas y con los albatros, la vi aparecer en la playa, con la mirada perdida en la mar, con su imagen blanca, con su imagen solitaria . Y deje gaviotas y albatros y me introduje en el mar, y me convertí en brisa llevando conmigo olor a salitre, llevando conmigo mil historias del mar, y me enrede en su pelo y acaricié su rostro y jugué en sus vestidos, y pude ver que esto le gustó, por el brillo de sus ojos por la inmensidad de su sonrisa, y fue feliz y fui feliz, llevando olor a mar, historias de la mar....
Y así de esa manera, cada atardecer vuelo por la playa, llevando conmigo ese olor, esas historias, y revoloteo y me hundo y me precipito y me pierdo y vuelvo y soy, soy lo que siempre quise ser,........ brisa marina.
Y me cansaba de estar haciendo siempre lo mismo, el sol me calentaba y me hacia ascender y entonces mi predilección era irme a por los albatros y gaviotas, ellos desplegaban sus alas y se dejaban llevar por mi, alli suspendidos en el aire me sentia poderoso, los sostenia los elevaba y luego ellos se dejaban caer en un picado impresionante sobre el mar para atrapar a algun pececillo, pero al cabo de un rato esto tambien me aburria...
Queria algo mas, sabia de mis posibilidades y tenia tanto que dar, tanto que entregar que aquello me parecian banalidades. Cosas de niños....
Me fui hacia Eolo, le pedi algo mas, algo que pudiera satisfacer mis ansias por sentir, por dar, pero me contesto que no estaba en su mano, que las cosas son y a veces vienen y a veces se van.
Y volvi a mis riscos y volvi a mi playa, mas cuando ya caia la tarde vi aparecer un barco con su vela desplegada, rompiendo la mar con el viento a su favor, y quise ser ese viento que llevaba ese barco y no aire entre riscos...
Pero a veces el viento es traicionero, como lo es Eolo, y el barco dio un viraje inesperado, ví como intentaba arriar la vela, pero ya era demasiado tarde, se dirigia a toda velocidad contra los riscos. Salí de mi cobijo y sople y sople intentado alejar aquella frágil barca en manos del gran viento, pero fue imposible y presencie impasible como se fundia contra las rocas como la mar abrazaba cada pedacito de aquella barquita y lo devoraba.
Enfurecido le pregunte a Eolo ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? Pero él solo hizo un gesto como si asi fueran las cosas... y me llené de rabia, y me llené de venganza y de ira, y me fui tornando en viento y me fui tornando en huracán y la rabia contenida y el odio guardado de tanto tiempo se conviertió en una fuerza descomunal y entré en la tierra y arrasé campos y valles, y pasé por montañas y alla por donde iba todos me temian, mas con el paso del tiempo, me dí cuenta de lo inútil de mi acción y todo lo que en mi era furia se convirtió en melancolia y todo lo que en mi era rabia se convirtió en añoranza y me volví tormenta y lloré y mis lagrimas fueron lluvia que regó campos secos campos yermos, e intenté con ello si acaso paliar tanta ira tanta venganza.
Y volvi a mi lugar donde tan protegido me sentia, y Eolo me llamo y me dijo: “Ves? Las cosas son, a veces puedes hacer que cambien, y a veces sólo dejarlas estar” – “Pero yo sé que tengo tanto dentro, tanto que me desborda, que pide salir....” – “Entonces, busca tu camino...”
Y un atardecer cuando revoloteaba con las gaviotas y con los albatros, la vi aparecer en la playa, con la mirada perdida en la mar, con su imagen blanca, con su imagen solitaria . Y deje gaviotas y albatros y me introduje en el mar, y me convertí en brisa llevando conmigo olor a salitre, llevando conmigo mil historias del mar, y me enrede en su pelo y acaricié su rostro y jugué en sus vestidos, y pude ver que esto le gustó, por el brillo de sus ojos por la inmensidad de su sonrisa, y fue feliz y fui feliz, llevando olor a mar, historias de la mar....
Y así de esa manera, cada atardecer vuelo por la playa, llevando conmigo ese olor, esas historias, y revoloteo y me hundo y me precipito y me pierdo y vuelvo y soy, soy lo que siempre quise ser,........ brisa marina.
Miedos II parte
- A envejecer.
- A que se borren mis recuerdos.
- A no decir no.
- A sentirme lejos.
- A que las metas que me puse sólo sean una tela de araña.
- A mi mismo.
- A la soledad.
- A llorar.
- A perder la ilusión.
- A que se borren mis recuerdos.
- A no decir no.
- A sentirme lejos.
- A que las metas que me puse sólo sean una tela de araña.
- A mi mismo.
- A la soledad.
- A llorar.
- A perder la ilusión.
domingo, septiembre 25, 2005
Domingo tarde

Cae la tarde, las luces se apagan y es otro domingo, ¿por que los domingos por la tarde suelen ser tan lapidarios? es como si de pronto uno se despertase de un corto sueño, y de bruces te diera la realidad en la cara. Y aún así queda una vaga esperanza, las luces caeran de nuevo y el sueño nos envolverá hasta dejarnos dormir, y en ese viaje, quizas encontremos otros mundo.
PD: despertador mañana por favor suena más tarde, déjame en ese sueño, que aún no quiero despertar.
martes, septiembre 20, 2005
Sueños son ... el final.

Para todos aquellos que aún a sabiendas que mañana es el dia del final del cuento, un regalo .... aqui lo teneis quizas no os guste pero......
De pronto, me ví delante de su puerta, llamando, se tomó un tiempo para abrir, y cuando lo hizo, no vi en su mirada ningún reflejo de sorpresa, era como si me estuviera esperando.
- Hola. Me dijo
- Hola. Le conteste.
Vi una sonrisa en sus ojos. Mientras me indicaba que pasase. Recogió mi abrigo y me acomodé en el sofá.
- ¿por qué tengo la sensación de que nunca llegare a sorprenderte?
- Si que lo haces. Pero intento no esperar nada, así cuando las cosas llegan son mas alegres con una capacidad de ilusionarte mayor, no puedes caer en la vana esperanza de esperar por que si no llega puedes desesperarte. No sabría que vendrías, pero te esperaba.
Sus palabras volvían a abrazarme, a acunarme alejándome de todo el mundo exterior, me narcotizaban.
- ¿No vas a preguntarme por que he venido?
- No, no lo haré, tendrás tus razones, para estar aquí e imagino que me las vas a contar, espera y pongo algo de beber, que quieres
- Ponme un güisqui con hielo, por favor.
Sirvió dos copas, puso una suave música de fondo y se acomodó a mi lado, su rodilla rozaba levemente mi brazo, quizás el no lo sintiera, pero a mi me llenaba de calor.
- ¿Cómo haces para que me sea tan fácil abrirme a ti? No me había pasado con nadie.
- Es fácil, más de lo que la gente cree sólo hay que saber escuchar y yo ahora te escucho.
- Voy a dejar a mi marido.
Esta vez pude percibir un rastro de sorpresa en su rostro, esperé que me lo reprochara pero en cambio:
- ¿Estas segura de ello, lo sabe él?
- No, aún no se lo he dicho, temo hacerle daño, pero nuestra vida en común ha tocado a su fin, pienso que es lo mejor para los dos, él se merece ser feliz, recobrar lo que era antes y yo buscar mi lugar.
Tomó mi mano, suavemente, acariciándola.
- ¿ De verdad crees que no hay solución ?
- No, no la hay. Al menos yo ya lo siento así, le quiero por que es el hombre con el que he vivido muchas cosas bellas, pero la ilusión la he perdido, y no creo que ya fuera capaz de recuperarla, es tiempo de pensar en mi, y buscarme.
- Si es así, hazlo, no lo dejes, háblalo, espero que él comprenda lo que sucede entre los dos.
La imagen de mi marido, mirándome sorprendido por mi decisión, me llenó, le vi desangelado y me eché a llorar.
Él me abrazó. Cerré los ojos mientras le sentía pegado a mi, su calor, giré mi cabeza buscando su boca, la encontré cálida y le besé con furia con rabia contenida, mientras él me devolvía el beso.
Mis manos acariciaban su espalda mi pecho notaba la agitación de su respiración, cuando sentí que lentamente se apartaba de mi,
Abrí los ojos y me encontré con los suyos mirándome fijamente, húmedos.
- No puedo, no podemos, en este momento no, sentiría que me estoy aprovechando de tu situación, y no podría perdonarme jamás que llegaras a tener alguna duda de ello.
- Pero....
- Es mejor así, ardo en deseos de hacer el amor contigo, de abrazarte de besarte de sentir tu cuerpo junto al mío, de despertarme y ver que duermes a mi lado, pero eso ahora no puede ser. A veces creo que estoy maldito, hice cosas que nunca pensé que haría, hice daño quizás sin desearlo sin saberlo pero lo hice y ahora de una manera u otra se me niega el enamorarme, el volver a sentir, el disfrutar de un beso de ir de la mano de un abrazo, y esas cosas son pequeños dardos que van rasgándome el alma, lentamente a jirones, y me envuelvo en mis cuentos y mi mundo, intentado resolver todas mis dudas, en busca quizás de lo que nunca encontraré, ... y tú, tú tienes un camino por delante, unos sueños, unas ilusiones, quizás en algún cruce de caminos nos volvamos a encontrar y ese sea nuestro momento. Ahora debes marcharte... por favor.
Le miré, con toda la desolación que veía en él y a la vez con todo el amor que me estaba ofreciendo, le besé suavemente en los labios, cogí mi abrigo, y cuando salía le dije:
- Te buscaré en el café y hablaremos, esto no puede terminar aquí.
Salí al frió de la noche, el viento azotó mi cara, de alguna extraña manera agradecí no haber hecho el amor con él, quizás eso me hubiera impedido mirar a los ojos a mi marido.
....
Fue duro, hablarle a mi marido, para él su mundo se vino abajo, pero terminó comprendiendo que era la única solución , no podía retenerme y no nos merecíamos hacernos daño.
Volví al café a los pocos días, me senté y cuando llegó la hora del cuenta cuentos, apareció otra persona, lo busqué con la mirada y vi al camarero que me hacía una señal, me acerqué a la barra.
- ¿Esta usted esperando al anterior cuenta cuentos verdad?
- Si
- Creo que esto es para usted.
Era una pequeña hoja, doblada y arrugada tan destartalada como lo era él.
La abrí, me senté y leí:
A veces, solo a veces, un simple rayo de sol entre las nubes te ilumina la razón
A veces, solo a veces, la lluvia empapándote, arrastra las penas y se las lleva.
A veces, solo a veces, una sonrisa se dibuja y lo cambia todo
A veces solo a veces, una simple mirada te desnuda y te enamora
A veces y solo a veces, un simple detalle lo es todo
Y ese todo se convierte en rayo de sol
y ese todo se convierte en lluvia
en sonrisa,
en mirada,
y lo es y será y lo que fue volvió y fue todo.
Gracias por darme más de lo que te imaginas, recuerda, quizás un día en un cruce de caminos...
Lloré. Pero lo que él me había entregado no me lo arrebataría nadie.
- Señorita, perdone aquí ha dejado un CD también.
Lo tomé. Lo puse en mi disc-man, eran sus cuentos, narrados por él.
Dos días después, tomaba mi coche, hacia el norte en busca de un pueblo chiquito al lado del mar, me había despedido de mi trabajo, con el dinero que me dieron podría empezar de nuevo, y mientras el aire daba en mi cara podía escucharle:
“Hoy te voy a contar la existencia de una estrella, una estrella donde iremos esta noche, sólo con cerrar los ojos, podrás ver a la Sra. Bacells, al farero, al águila que no esperara para llevarnos a una laguna donde podrás respirar bajo el agua, al puerto de los piratas donde vara su barco rodeado de sirenas, y quizás sólo quizás llegues a conocer a Ribory el gnomo que cuida el corazón de la estrella.....”
y fin.
Sueños son Final
Sólo recordaros a todos los que habéis seguido este relato que mañana, subiré el final.
Gracias a los que me leeis y a los que dejais aquí un poquito de vuestro tiempo poniendo algún comentario. Me anima a seguir.
Besitos y abrazos.
Gracias a los que me leeis y a los que dejais aquí un poquito de vuestro tiempo poniendo algún comentario. Me anima a seguir.
Besitos y abrazos.
Un paseo desde el metro

Uno de los momentos mas esperados del día es cuando me bajo del metro en la estación de Tribunal, aprovechando los últimos coletazos del verano, es un lujo poder volver a casa andando desde allí.
Sale en mi la faceta mas voyeur, y con mis cascos me sumerjo en un mundo sonoro y visual.
Altos y bajos, guapas y menos guapas, camisetas y camisas, pantalones, faldas, pirsing,ombligos al aire, oscuros, pijos, blancos, negros, mulatos, sonrisas, móviles en la oreja, miradas, sueños e ilusiones, tiendas, discos dvds en el suelo, gentío todo ello en una calle, sólo en una, Fuencarral. Luego como si de un rio se tratase fluyo a la Gran Vía amplias avenidas, donde la riada de gente se diluye aún más, pero no por ello pierde su interés, al final cuando dejo atrás la Plaza mayor y ruedo cuesta abajo por la calle Embajadores, todo se queda en un recuerdo en un leve murmullo, aquí los chinos y sus tiendas abundan, pero ya el paseo se convierte en el deseo de llegar a casa, en el recuerdo de lo visto y sentido en ese trayecto que día a día se convierte en ilusión.
lunes, septiembre 19, 2005
Sueños son ¿final?
Y entonces.....
¿que crees que sucedió?, ¿que pasó cuando se abrió la puertam llegó a entrar, habló con él? ....
Aún no está escrito el final pero quiero saber tu opinión y como te gustaría que fuera este, anímate y escríbemelo.
¿que crees que sucedió?, ¿que pasó cuando se abrió la puertam llegó a entrar, habló con él? ....
Aún no está escrito el final pero quiero saber tu opinión y como te gustaría que fuera este, anímate y escríbemelo.
viernes, septiembre 16, 2005
Sueños son parte 14
- Voy a dejarle.
- ¿de que me estas hablando?
- Voy a dejar a mi marido, mi vida no funciona
- ¿Pero que me estas diciendo, te has vuelto loca? ¿Te engaña?
- No, no es nada de eso, sólo que me he dado cuenta que no me gusta mi vida, siento como me deslizo por una pendiente y creo que es hora de frenar la caída, de levantarme y mirar al frente.
- No digas tonterías, debe ser alguna depresión, ya sabes este tiempo lluvioso nos entristece a todos, ¿algún problema en el trabajo? ¿habéis discutido? Sabes que todo pasa, un mal día lo tiene cualquiera.
- Quisiera que me comprendieras, pero no voy a luchar por ello, he venido a contarte lo que me sucede, puedes entenderlo o no, pero la decisión está tomada, no quiero hacerle daño y sé que más tarde o mas temprano me iría y cuanto mas deje pasar el tiempo peor sería para los dos.
- ¿Cómo se llama él? Por que ahora no me irás a decir que no le dejas por otro.
- Si, es cierto pero no lo dejo por otra persona, simplemente conocí a alguien que me ha abierto los ojos, me ha hecho volver a sentir que la vida no la vive nadie por ti.
- Pero tú estas loca, tirar tus años de matrimonio, por una locura, ¿qué piensas que a veces yo no me siento igual? Pero eso pasa y luego la vida continua, anda déjate de locuras, tómate unas vacaciones con tu marido y verás que todo vuelve a su cauce.
Por un instante odié a mi hermana con toda mi alma, como si ello pudiera borrar toda la sensación de abandono que sentía. La miré y en el fondo me compadecí de ella, ahora veía su vida de otra forma, no iba a juzgarla pero sentí lo lejos que estábamos la una de la otra.
- Déjalo estar así, sólo quería que lo supieras, ahora por favor me gustaría quedarme sola.
Y mi hermana se fue mirándome totalmente sorprendida sin saber que hacer sin saber que decir. Mientras ella desaparecía por el asfalto mojado por la lluvia, descubrí un atisbo de sonrisa en mi cara, empezaba a sentirme más ligera y ese sólo era el primer paso.
Miré a mi alrededor, un hombre leyendo el periódico, dos mujeres charlando, y tres parejas, las observé detenidamente y me hundí en mis hipótesis, me gustaba imaginar la historia de las personas según las veía, una afición que había ejercitado en el metro.
Una de las parejas, se besaban con pasión, denotaban que no llevaban mucho tiempo juntos, las miradas se clavaban el uno en el otro las manos, esa sensación de que no hay nada alrededor de ellos simplemente su mundo. Me hizo recordar, otros tiempos que ahora añoraba. Y sentí la necesidad de volver a verle, de oírle, de sentirle cerca.
De pronto, me ví delante de su puerta, llamando, se tomó un tiempo para abrir, y cuando lo hizo, no vi en su mirada ningún reflejo de sorpresa, era como si me estuviera esperando.
- ¿de que me estas hablando?
- Voy a dejar a mi marido, mi vida no funciona
- ¿Pero que me estas diciendo, te has vuelto loca? ¿Te engaña?
- No, no es nada de eso, sólo que me he dado cuenta que no me gusta mi vida, siento como me deslizo por una pendiente y creo que es hora de frenar la caída, de levantarme y mirar al frente.
- No digas tonterías, debe ser alguna depresión, ya sabes este tiempo lluvioso nos entristece a todos, ¿algún problema en el trabajo? ¿habéis discutido? Sabes que todo pasa, un mal día lo tiene cualquiera.
- Quisiera que me comprendieras, pero no voy a luchar por ello, he venido a contarte lo que me sucede, puedes entenderlo o no, pero la decisión está tomada, no quiero hacerle daño y sé que más tarde o mas temprano me iría y cuanto mas deje pasar el tiempo peor sería para los dos.
- ¿Cómo se llama él? Por que ahora no me irás a decir que no le dejas por otro.
- Si, es cierto pero no lo dejo por otra persona, simplemente conocí a alguien que me ha abierto los ojos, me ha hecho volver a sentir que la vida no la vive nadie por ti.
- Pero tú estas loca, tirar tus años de matrimonio, por una locura, ¿qué piensas que a veces yo no me siento igual? Pero eso pasa y luego la vida continua, anda déjate de locuras, tómate unas vacaciones con tu marido y verás que todo vuelve a su cauce.
Por un instante odié a mi hermana con toda mi alma, como si ello pudiera borrar toda la sensación de abandono que sentía. La miré y en el fondo me compadecí de ella, ahora veía su vida de otra forma, no iba a juzgarla pero sentí lo lejos que estábamos la una de la otra.
- Déjalo estar así, sólo quería que lo supieras, ahora por favor me gustaría quedarme sola.
Y mi hermana se fue mirándome totalmente sorprendida sin saber que hacer sin saber que decir. Mientras ella desaparecía por el asfalto mojado por la lluvia, descubrí un atisbo de sonrisa en mi cara, empezaba a sentirme más ligera y ese sólo era el primer paso.
Miré a mi alrededor, un hombre leyendo el periódico, dos mujeres charlando, y tres parejas, las observé detenidamente y me hundí en mis hipótesis, me gustaba imaginar la historia de las personas según las veía, una afición que había ejercitado en el metro.
Una de las parejas, se besaban con pasión, denotaban que no llevaban mucho tiempo juntos, las miradas se clavaban el uno en el otro las manos, esa sensación de que no hay nada alrededor de ellos simplemente su mundo. Me hizo recordar, otros tiempos que ahora añoraba. Y sentí la necesidad de volver a verle, de oírle, de sentirle cerca.
De pronto, me ví delante de su puerta, llamando, se tomó un tiempo para abrir, y cuando lo hizo, no vi en su mirada ningún reflejo de sorpresa, era como si me estuviera esperando.
miércoles, septiembre 14, 2005
Sueños Son Parte 13
Lloré por mi, lloré por él, lloré por mi vida.
Y lo hice calladamente, sin que nadie pudiese percatarse de ello, como lloran las personas que se sienten solas, que aún tienen una esperanza.
Mientras seguía hablando, mis ojos se perdieron en él, aquella imagen algo desaliñada, con sus pelos despeinados, con sus gafas caídas, con su voz que dejaba caer las palabras lentamente, aquella imagen que despedía seguridad, a mi me hacía sentir insegura sabiendo que era solo una manera mas de ocultar su interior.
No esperé a que terminara, no me sentía con fuerzas de tenerle a mi lado, salí del café y antes de cruzar la puerta vi su mirada, asentía, no había en ella sorpresa o decepción, sólo conformidad con lo que hacía.
Me alejé paseando, llovía, una fina lluvia mojaba mi cabeza, pero no me importaba, quería sentirla cayendo sobre mi, quiera tener la sensación de volver a ser niña y correr bajo la lluvia saltando en los charcos. Mi paseo me llevó hasta la plaza mayor, la gente corría a los soportales y su imagen me transportó a cualquier plaza mayor de cualquier otra ciudad, cuando uno está viajando, cuando uno observa todos los detalles para impregnarse de ellos, y siente un brazo que te rodea, y sientes una mirada que te dice - ¿Te gusta este lugar?- Y sientes sus labios en los tuyos. Así me sentía yo en esos momentos, mirando la lluvia caer, con el cielo gris sobre mi Madrid, sobre mi corazón.
Dejé pasar dos semanas, el tiempo todo lo cura, me decía a mi misma, y me perdí entre lecturas, en mi trabajo, en reuniones con amigos tan superficiales que terminaba la noche vomitando.
Una noche, en casa, frente al televisor, él me dijo:
- Cariño, te veo distante, lejana desde hace unos días, estas y no estas, no sé que es lo que te ocurre pero me gustaría hablar de ello.
Me cogió de sorpresa, sabía que me había encerrado en mi misma, pero no estaba preparada para afrontar una conversación así, directamente con él.
- Estoy cansada, el trabajo, el otoño, ya sabes como me afecta
la lluvia, me deprime.
El me miró y calló, sabía que no le había dicho la verdad, y eso me hacía sentir mal, pero ¿cómo explicarle que la vida que llevábamos me estaba asfixiando lentamente, que me sentía en una jaula de oro, un pájaro sin alas? Seguramente le dolería, su mundo se vendría abajo, el mío ya lo estaba.
Quizás todo se había mantenido como un castillo de naipes, algo ficticio que yo, ni quería, ni deseaba ver, y ahora un ligero soplo, una brisa había tirado aquella estructura.
¿Qué hacer? ¿Qué camino tomar?
Y recurrí a la solución más fácil, llamé a mi hermana y quedé con ella en un café, no le dije el motivo de nuestra cita, ella tampoco se sorprendió, me sentía algo extraña y esperaba que como hermana mayor fuera corriendo a contarle lo que me sucedía.
Y me senté enfrente de ella, palabras sueltas mil veces dichas corrieron entre las dos, hasta que por fin me decidí.
Y lo hice calladamente, sin que nadie pudiese percatarse de ello, como lloran las personas que se sienten solas, que aún tienen una esperanza.
Mientras seguía hablando, mis ojos se perdieron en él, aquella imagen algo desaliñada, con sus pelos despeinados, con sus gafas caídas, con su voz que dejaba caer las palabras lentamente, aquella imagen que despedía seguridad, a mi me hacía sentir insegura sabiendo que era solo una manera mas de ocultar su interior.
No esperé a que terminara, no me sentía con fuerzas de tenerle a mi lado, salí del café y antes de cruzar la puerta vi su mirada, asentía, no había en ella sorpresa o decepción, sólo conformidad con lo que hacía.
Me alejé paseando, llovía, una fina lluvia mojaba mi cabeza, pero no me importaba, quería sentirla cayendo sobre mi, quiera tener la sensación de volver a ser niña y correr bajo la lluvia saltando en los charcos. Mi paseo me llevó hasta la plaza mayor, la gente corría a los soportales y su imagen me transportó a cualquier plaza mayor de cualquier otra ciudad, cuando uno está viajando, cuando uno observa todos los detalles para impregnarse de ellos, y siente un brazo que te rodea, y sientes una mirada que te dice - ¿Te gusta este lugar?- Y sientes sus labios en los tuyos. Así me sentía yo en esos momentos, mirando la lluvia caer, con el cielo gris sobre mi Madrid, sobre mi corazón.
Dejé pasar dos semanas, el tiempo todo lo cura, me decía a mi misma, y me perdí entre lecturas, en mi trabajo, en reuniones con amigos tan superficiales que terminaba la noche vomitando.
Una noche, en casa, frente al televisor, él me dijo:
- Cariño, te veo distante, lejana desde hace unos días, estas y no estas, no sé que es lo que te ocurre pero me gustaría hablar de ello.
Me cogió de sorpresa, sabía que me había encerrado en mi misma, pero no estaba preparada para afrontar una conversación así, directamente con él.
- Estoy cansada, el trabajo, el otoño, ya sabes como me afecta
la lluvia, me deprime.
El me miró y calló, sabía que no le había dicho la verdad, y eso me hacía sentir mal, pero ¿cómo explicarle que la vida que llevábamos me estaba asfixiando lentamente, que me sentía en una jaula de oro, un pájaro sin alas? Seguramente le dolería, su mundo se vendría abajo, el mío ya lo estaba.
Quizás todo se había mantenido como un castillo de naipes, algo ficticio que yo, ni quería, ni deseaba ver, y ahora un ligero soplo, una brisa había tirado aquella estructura.
¿Qué hacer? ¿Qué camino tomar?
Y recurrí a la solución más fácil, llamé a mi hermana y quedé con ella en un café, no le dije el motivo de nuestra cita, ella tampoco se sorprendió, me sentía algo extraña y esperaba que como hermana mayor fuera corriendo a contarle lo que me sucedía.
Y me senté enfrente de ella, palabras sueltas mil veces dichas corrieron entre las dos, hasta que por fin me decidí.
lunes, septiembre 12, 2005
Sueños son Parte 12
Dejé pasar el fin de semana, bebí más de lo acostumbrado para que mi mente no diera mas vueltas de las necesarias, e intenté dormir el máximo tiempo posible, ¿estaba intentando fugarme de la realidad?, sinceramente, si.
Menos mal que llegó el lunes y me sumergí en el trabajo, la huida fácil, pero aquella noche, en la cama, oyendo como él dormía, pensaba en si ir de nuevo al café, ¿qué historia tendría para contar? ¿intentaría que quedásemos otra vez?. En el fondo, deseaba verle, y escucharle. Y me dormí con mi imagen en la mesa viendo como narraba una de sus historias....
A las siete de aquel martes dejé el trabajo decidida a ir al café, convencida que era dueña de mis actos, y que de igual manera que había decidido ir, podría dejarlo todo en cualquier momento.
Esa tarde el café estaba lleno, no había parado de llover en todo el día y la gente se refugiaba allí. Pensé que quizás aquello fuera una señal, que debería irme sin arriesgarme a jugar un juego del que quizás no era del todo consciente. Pero él me vio y me señaló una mesa reservada. Me senté, pedí mi café, y me dispuse a dejarme ir, a perderme en esa hora que se estaba convirtiendo en mi mundo paralelo.
Le miré a los ojos, me miró. Y su sonrisa sacudió mi corazón. Miré a mi alrededor por si alguien se había percatado de mi rubor y por un momento me sentí como una niña de quince años ante su primer amor.
Y empezó su cuento, y empecé a escucharle.
“...estaba sentado en la playa, era un día como otro cualquiera cuando ya el verano empezaba a acabar. septiembre alzaba sus manos atrapando esos últimos días, y fue entonces cuando le vi. Quizás había estado allí mas días, pero era ahora cuando repare en él, era un chiquillo de unos 5 o 6 añitos, llevaba una caja plateada entre sus manos, daba dos pasos, se detenía, miraba al mar, y se sentaba en la orilla removiendo la arena.
Miré a mi alrededor, parecía que nadie se percataba de su presencia, pero había algo en aquel niño que me atraía, le seguí observando.
Removía la arena como si estuviese buscando alguna cosa, al poco rato abría la caja y depositaba en ella lo que había encontrado. la cerraba, se quedaba mirando pensativo al mar, y se volvía a poner de pie, otros dos pasos y el mismo ritual.
Se me hizo tarde y a pesar de que me intrigaba que era lo que guardaba en su cajita, me marché con la esperanza de volvérmelo a encontrar.
Al día siguiente, nada más llegar a la playa, lo busqué con la mirada pero no estaba, resignado volví a tumbarme para aprovechar los últimos rayos de sol de mis vacaciones.
No tuve noción del tiempo que había pasado pero debía ser tarde, la playa estaba mas desierta que de costumbre, cuando a lo lejos, le vi.
Hacia lo mismo que el día anterior, esta vez me decidí a acercarme, me coloqué detrás de ely asi pude ver como removía la arena y entonces entre sus pequeños dedos apareció una concha tan pequeña que casi no la podía distinguir desde donde estaba, el chiquillo, la lavo quitándole cualquier rastro de arena, abrió su cajita y la guardó. Se quedó mirando el mar unos instantes y volvió a levantarse anduvo dos o tres pasos y se sentó de nuevo, la intriga me pudo y me senté a su lado.
Hola.- le dije.
El contestó a mi saludo, me miró fijamente y sonrió, en sus ojos vi la ternura e inocencia de aquel pequeño, su sonrisa era cálida no había atisbo ninguno de sorpresa o timidez, se diría que me estaba esperando.
Le vi limpiar otra concha y guardarla en la cajita, pero esta solo tenia unas cuantas, cuando si todos los días hacia lo mismo debería estar llena.
- Que haces? - le pregunté
- ¿No lo ve? .- Me dijo.
- Si, ya veo guardas esas conchitas que encuentras en tu caja
- ¿Es eso todo lo que ves?
- ¿Si, hay algo mas?
- Piensa, pero no pienses con tu cerebro piensa desde tu corazón
- No sé que me quieres decir.
- Quizás se te ha olvidado hacerlo, mira, recojo estas conchitas como recuerdo del día que estoy aquí, son el regalo del mar, lo mas hermoso que puedes tener, y eso puede quedarse en el olvido, entonces yo rebusco y rebusco lo que el mar me ofrece y algunos no ven, al limpiarlo de arena quiero reflejar que lo cuido que le presto atención que estoy con la concha y luego lo guardo en el lugar mas preciado para mi, en esta cajita, y allí se que cuando la vuelva abrir estarán. Al final del día devuelvo al mar todas las conchas, en señal de que nada nos pertenece, solo lo tenemos prestado. Y así empiezo el siguiente día hasta que me marche de la playa.
-
Le miré asombrado, y le pregunté:
- ¿Pero si tiras las conchas como te acordaras de ellas?
El me contestó
- ¿Acaso para sentir hay que ver?, ahora tengo que irme, adiós y buena suerte con tu mar.
Desapareció ante mis ojos, no sé por que pero sin quererlo unas lágrimas se deslizaron por mis mejillas, aquel chiquillo había resumido lo que debería ser la vida.
Ahora tumbado en mi cama en el final de mis días, lo recuerdo, recuerdo su mirada, su cálida sonrisa y parece que lo tengo junto a mi, miro en mi mesilla y allí está, me hice mi propia cajita, y al abrirla puedo ver las cosas tan maravillosas y felices que el mar me regaló, nunca me pertenecieron del todo, mas en ella, en esa cajita tienen todas un sitio guardado.
Quizás cuando cierre los ojos, pueda jugar con el niño a coger mas conchas, quizás hasta a chapotear con las olas del mar......”
Yo escuché como iba narrando la historia, y sentía que era él, el niño y el hombre, y dentro de mi, él avanzaba, inexorablemente sin resistencia alguna, como un grito de libertad que surge de las entrañas hasta la garganta.
Y lloré.
Menos mal que llegó el lunes y me sumergí en el trabajo, la huida fácil, pero aquella noche, en la cama, oyendo como él dormía, pensaba en si ir de nuevo al café, ¿qué historia tendría para contar? ¿intentaría que quedásemos otra vez?. En el fondo, deseaba verle, y escucharle. Y me dormí con mi imagen en la mesa viendo como narraba una de sus historias....
A las siete de aquel martes dejé el trabajo decidida a ir al café, convencida que era dueña de mis actos, y que de igual manera que había decidido ir, podría dejarlo todo en cualquier momento.
Esa tarde el café estaba lleno, no había parado de llover en todo el día y la gente se refugiaba allí. Pensé que quizás aquello fuera una señal, que debería irme sin arriesgarme a jugar un juego del que quizás no era del todo consciente. Pero él me vio y me señaló una mesa reservada. Me senté, pedí mi café, y me dispuse a dejarme ir, a perderme en esa hora que se estaba convirtiendo en mi mundo paralelo.
Le miré a los ojos, me miró. Y su sonrisa sacudió mi corazón. Miré a mi alrededor por si alguien se había percatado de mi rubor y por un momento me sentí como una niña de quince años ante su primer amor.
Y empezó su cuento, y empecé a escucharle.
“...estaba sentado en la playa, era un día como otro cualquiera cuando ya el verano empezaba a acabar. septiembre alzaba sus manos atrapando esos últimos días, y fue entonces cuando le vi. Quizás había estado allí mas días, pero era ahora cuando repare en él, era un chiquillo de unos 5 o 6 añitos, llevaba una caja plateada entre sus manos, daba dos pasos, se detenía, miraba al mar, y se sentaba en la orilla removiendo la arena.
Miré a mi alrededor, parecía que nadie se percataba de su presencia, pero había algo en aquel niño que me atraía, le seguí observando.
Removía la arena como si estuviese buscando alguna cosa, al poco rato abría la caja y depositaba en ella lo que había encontrado. la cerraba, se quedaba mirando pensativo al mar, y se volvía a poner de pie, otros dos pasos y el mismo ritual.
Se me hizo tarde y a pesar de que me intrigaba que era lo que guardaba en su cajita, me marché con la esperanza de volvérmelo a encontrar.
Al día siguiente, nada más llegar a la playa, lo busqué con la mirada pero no estaba, resignado volví a tumbarme para aprovechar los últimos rayos de sol de mis vacaciones.
No tuve noción del tiempo que había pasado pero debía ser tarde, la playa estaba mas desierta que de costumbre, cuando a lo lejos, le vi.
Hacia lo mismo que el día anterior, esta vez me decidí a acercarme, me coloqué detrás de ely asi pude ver como removía la arena y entonces entre sus pequeños dedos apareció una concha tan pequeña que casi no la podía distinguir desde donde estaba, el chiquillo, la lavo quitándole cualquier rastro de arena, abrió su cajita y la guardó. Se quedó mirando el mar unos instantes y volvió a levantarse anduvo dos o tres pasos y se sentó de nuevo, la intriga me pudo y me senté a su lado.
Hola.- le dije.
El contestó a mi saludo, me miró fijamente y sonrió, en sus ojos vi la ternura e inocencia de aquel pequeño, su sonrisa era cálida no había atisbo ninguno de sorpresa o timidez, se diría que me estaba esperando.
Le vi limpiar otra concha y guardarla en la cajita, pero esta solo tenia unas cuantas, cuando si todos los días hacia lo mismo debería estar llena.
- Que haces? - le pregunté
- ¿No lo ve? .- Me dijo.
- Si, ya veo guardas esas conchitas que encuentras en tu caja
- ¿Es eso todo lo que ves?
- ¿Si, hay algo mas?
- Piensa, pero no pienses con tu cerebro piensa desde tu corazón
- No sé que me quieres decir.
- Quizás se te ha olvidado hacerlo, mira, recojo estas conchitas como recuerdo del día que estoy aquí, son el regalo del mar, lo mas hermoso que puedes tener, y eso puede quedarse en el olvido, entonces yo rebusco y rebusco lo que el mar me ofrece y algunos no ven, al limpiarlo de arena quiero reflejar que lo cuido que le presto atención que estoy con la concha y luego lo guardo en el lugar mas preciado para mi, en esta cajita, y allí se que cuando la vuelva abrir estarán. Al final del día devuelvo al mar todas las conchas, en señal de que nada nos pertenece, solo lo tenemos prestado. Y así empiezo el siguiente día hasta que me marche de la playa.
-
Le miré asombrado, y le pregunté:
- ¿Pero si tiras las conchas como te acordaras de ellas?
El me contestó
- ¿Acaso para sentir hay que ver?, ahora tengo que irme, adiós y buena suerte con tu mar.
Desapareció ante mis ojos, no sé por que pero sin quererlo unas lágrimas se deslizaron por mis mejillas, aquel chiquillo había resumido lo que debería ser la vida.
Ahora tumbado en mi cama en el final de mis días, lo recuerdo, recuerdo su mirada, su cálida sonrisa y parece que lo tengo junto a mi, miro en mi mesilla y allí está, me hice mi propia cajita, y al abrirla puedo ver las cosas tan maravillosas y felices que el mar me regaló, nunca me pertenecieron del todo, mas en ella, en esa cajita tienen todas un sitio guardado.
Quizás cuando cierre los ojos, pueda jugar con el niño a coger mas conchas, quizás hasta a chapotear con las olas del mar......”
Yo escuché como iba narrando la historia, y sentía que era él, el niño y el hombre, y dentro de mi, él avanzaba, inexorablemente sin resistencia alguna, como un grito de libertad que surge de las entrañas hasta la garganta.
Y lloré.
miércoles, septiembre 07, 2005
Sueños Son parte 11
Él me miró, quizas no esperase esa contestación, quizás esperaba un poco de comprensión, una respuesta, que yo tambien me lanzase a descubrirme como lo habia hecho él, pero yo no podía, era demasiado para mi.
No intentó retenerme, me sonrió, asintió, tomó mi abrigo y mi bolso y me acompañó hasta el portal.
- espero verte el martes en el café, cuídate.
Cuando giré la cabeza aún seguía en el portal mirándome, tomé un taxi y regresé a mi casa. Mi cabeza daba vueltas y vueltas, ¿hacía donde me dirigía?, tenia una casa, un hogar, una vida que compartía con alguien a quien quería, y sin embargo aquel cuenta cuentos, casi un desconocido había logrado remover mi interior, había encendido los rescoldos de unos sueños, de mil preguntas sin respuesta, de un reto, un resucitar a una vida olvidada.
Abrí la puerta de mi casa, de mi mundo, me sentía segura en él, aunque aun sentía la llamada latente de lo que había mas allá de la puerta que acababa de cerrar.
Y él estaba allí, ajeno a todo lo que pasaba por mi cabeza, ajeno a mi cena, a mi charla a lo que bullía en mi interior.
- ¿qué tal ha estado la cena con tus compañeras?
- Bien , ya sabes cotilleando un poco, y a ti como te fue el día.
- Agotador, tuvimos un retraso en la entrega de unos trabajos y se complicó todo el día. Menos mal que ya pasó. Hoy ponen una película de las que te gustan Meryl Streep encuentra a Robert deNiro en un tren, ella esta casada, y ya sabes...
¿Es que el universo se encarga de recordarle a uno lo que intenta dejar a un lado o es acaso una señal? Me senté junto a él y vimos la película.
Lloré al final de la misma.
- Pero bueno, si la has visto varias veces aún no comprendo que sabiendo el final sigas llorando, ¿vienes a la cama?
- Me quedaré a leer un rato, ve tú.
La verdad es que no me apetecía leer, ni ver la película, solo desaparecer, no tomar ninguna decisión, - Mierda - pensé, si mi vida era tranquila ¿ por que me la había de complicar ?. Aquella noche vacié mi cajetilla de tabaco, para llegar a la misma conclusión que al principio, no tenía por que complicarme la vida, el hecho de haberle visto o ir a escuchar sus cuentos no tenía por que alterar mi existencia, en cualquier momento podría dejar de hacerlo si sentía que alteraba mi existencia. Cuando empezaba a amanecer me quedé dormida.
Desperté bien entrada la mañana, mi marido ya se había marchado, llamé al trabajo y puse una excusa para no ir ese día, necesitaba tomármelo para mi sola. Quería reflexionar sobre lo que me había ocurrido los últimos días y si dejaría que las cosas siguiesen su curso o tomaría alguna decisión al respecto.
Estaba claro que desde hacía un tiempo me estaba cuestionando como se había encarrilado mi vida, pero lo achacaba a la crisis de los treinta y tantos, alguna amiga me apremiaba para tener un bebe, y yo aún quería disfrutar de mi vida sin el cambio que supone traer al mundo un pequeño. Desde entonces pensaba si era lo que había buscado, lo que todos cuando somos jóvenes soñamos que va a ser nuestra vida, quizás el espíritu y la arrogancia juvenil, que nos hace creer dueños del mundo nos den una visión equivocada de lo que es la vida, o era que nosotros mismos con el paso del tiempo vendíamos nuestros sueños por un coche mejor, por una casa en la playa por un puesto en esta sociedad tan artificial. Me debatía en estos pensamientos y en mis sentimientos encontrados, quería a mi marido, pero era ese querer el sentimiento que surgía de haber estado con la misma persona varios años, un sentimiento de conformidad, de decir, esta bien lo que tengo, es una buena persona conmigo, me quiere y hace que mi vida se mueva en una estabilidad que no me altera. ¿era eso lo que realmente yo deseaba?, ahora que avanzaba en la treintena y me daba la sensación de que mi vida se convertía en una línea plana sin alteraciones.
Y había aparecido el cuenta cuentos, sencillo, sin presunciones, sin intentar seducirme, ni llevarme a la cama, simplemente me ofrecía una amistad, un camino nuevo a recorrer donde explorar todas estas dudas, y yo le había seguido, me había dejado seducir por un mundo nuevo y lo que es peor, empezaba a sentir que algo dormido se despertaba de nuevo.
Intenté olvidar estos pensamientos con una ducha, me desnudé y me miré al espejo, observé mi cuerpo, aún conservaba un buen tipo, pensé que el suficiente como para atraer las miradas de más de uno, mis pechos, mi culo, ¿por cuánto tiempo se mantendrían así?. Dejé que el agua se llevase todas aquellas ideas y me relaje un poco, puse algo de gel en mis manos y lentamente lo esparcí por mi piel, me sentía bien, la certeza de estar sola en casa sin nadie que pudiera molestarme, hacía que me abandonase aún más a mis caricias, sin quererlo vino a mi mente el cuenta cuentos, entraba en la ducha, y me tomaba por detrás, besaba mi nuca mientras sus manos se deslizaban por mis pechos con suavidad, sin prisas, aquella sensación me invadió y terminé masturbándome.
No intentó retenerme, me sonrió, asintió, tomó mi abrigo y mi bolso y me acompañó hasta el portal.
- espero verte el martes en el café, cuídate.
Cuando giré la cabeza aún seguía en el portal mirándome, tomé un taxi y regresé a mi casa. Mi cabeza daba vueltas y vueltas, ¿hacía donde me dirigía?, tenia una casa, un hogar, una vida que compartía con alguien a quien quería, y sin embargo aquel cuenta cuentos, casi un desconocido había logrado remover mi interior, había encendido los rescoldos de unos sueños, de mil preguntas sin respuesta, de un reto, un resucitar a una vida olvidada.
Abrí la puerta de mi casa, de mi mundo, me sentía segura en él, aunque aun sentía la llamada latente de lo que había mas allá de la puerta que acababa de cerrar.
Y él estaba allí, ajeno a todo lo que pasaba por mi cabeza, ajeno a mi cena, a mi charla a lo que bullía en mi interior.
- ¿qué tal ha estado la cena con tus compañeras?
- Bien , ya sabes cotilleando un poco, y a ti como te fue el día.
- Agotador, tuvimos un retraso en la entrega de unos trabajos y se complicó todo el día. Menos mal que ya pasó. Hoy ponen una película de las que te gustan Meryl Streep encuentra a Robert deNiro en un tren, ella esta casada, y ya sabes...
¿Es que el universo se encarga de recordarle a uno lo que intenta dejar a un lado o es acaso una señal? Me senté junto a él y vimos la película.
Lloré al final de la misma.
- Pero bueno, si la has visto varias veces aún no comprendo que sabiendo el final sigas llorando, ¿vienes a la cama?
- Me quedaré a leer un rato, ve tú.
La verdad es que no me apetecía leer, ni ver la película, solo desaparecer, no tomar ninguna decisión, - Mierda - pensé, si mi vida era tranquila ¿ por que me la había de complicar ?. Aquella noche vacié mi cajetilla de tabaco, para llegar a la misma conclusión que al principio, no tenía por que complicarme la vida, el hecho de haberle visto o ir a escuchar sus cuentos no tenía por que alterar mi existencia, en cualquier momento podría dejar de hacerlo si sentía que alteraba mi existencia. Cuando empezaba a amanecer me quedé dormida.
Desperté bien entrada la mañana, mi marido ya se había marchado, llamé al trabajo y puse una excusa para no ir ese día, necesitaba tomármelo para mi sola. Quería reflexionar sobre lo que me había ocurrido los últimos días y si dejaría que las cosas siguiesen su curso o tomaría alguna decisión al respecto.
Estaba claro que desde hacía un tiempo me estaba cuestionando como se había encarrilado mi vida, pero lo achacaba a la crisis de los treinta y tantos, alguna amiga me apremiaba para tener un bebe, y yo aún quería disfrutar de mi vida sin el cambio que supone traer al mundo un pequeño. Desde entonces pensaba si era lo que había buscado, lo que todos cuando somos jóvenes soñamos que va a ser nuestra vida, quizás el espíritu y la arrogancia juvenil, que nos hace creer dueños del mundo nos den una visión equivocada de lo que es la vida, o era que nosotros mismos con el paso del tiempo vendíamos nuestros sueños por un coche mejor, por una casa en la playa por un puesto en esta sociedad tan artificial. Me debatía en estos pensamientos y en mis sentimientos encontrados, quería a mi marido, pero era ese querer el sentimiento que surgía de haber estado con la misma persona varios años, un sentimiento de conformidad, de decir, esta bien lo que tengo, es una buena persona conmigo, me quiere y hace que mi vida se mueva en una estabilidad que no me altera. ¿era eso lo que realmente yo deseaba?, ahora que avanzaba en la treintena y me daba la sensación de que mi vida se convertía en una línea plana sin alteraciones.
Y había aparecido el cuenta cuentos, sencillo, sin presunciones, sin intentar seducirme, ni llevarme a la cama, simplemente me ofrecía una amistad, un camino nuevo a recorrer donde explorar todas estas dudas, y yo le había seguido, me había dejado seducir por un mundo nuevo y lo que es peor, empezaba a sentir que algo dormido se despertaba de nuevo.
Intenté olvidar estos pensamientos con una ducha, me desnudé y me miré al espejo, observé mi cuerpo, aún conservaba un buen tipo, pensé que el suficiente como para atraer las miradas de más de uno, mis pechos, mi culo, ¿por cuánto tiempo se mantendrían así?. Dejé que el agua se llevase todas aquellas ideas y me relaje un poco, puse algo de gel en mis manos y lentamente lo esparcí por mi piel, me sentía bien, la certeza de estar sola en casa sin nadie que pudiera molestarme, hacía que me abandonase aún más a mis caricias, sin quererlo vino a mi mente el cuenta cuentos, entraba en la ducha, y me tomaba por detrás, besaba mi nuca mientras sus manos se deslizaban por mis pechos con suavidad, sin prisas, aquella sensación me invadió y terminé masturbándome.
lunes, septiembre 05, 2005
Sueños son parte 10
- Te esperé el jueves aunque sabía que no vendrías, que necesitarías tu tiempo para venir, y me alegro que lo hayas hecho. Ahora no digas nada, sólo escúchame, el jueves libro, pero me gustaría quedar contigo para cenar, si puedes deja esta tarjeta al camarero mañana, yo vendré el jueves al mediodía, te espero en esta dirección a las ocho de la tarde.
Me dio un papel doblado, me besó suavemente en la mejilla y se marchó.
Guardé el papel como si se tratase de una fórmula secreta robada por un espía, y cuando llegué a casa entré en el lavabo cerré la puerta con llave y abrí el papel, en él iba escrito a mano una dirección de un piso, y un “te espero, no faltes”. Me tembló el pulso, guardé el papel y preparé la cena. Cuando él llego yo le esperaba con la cena en la mesa, le besé y le miré a los ojos, ¿sería capaz de traicionarle, de tener una cita con otra persona, serian aquellos deseos una forma de serle infiel? Borré esos pensamientos, y pensé que no me preocuparía, aun quedaban dos días y en todo caso lo que debería hacer era excusarme por llegar tarde y sobre todo controlar mis emociones, iría a cenar con el cuenta cuentos, hablaríamos, disfrutaría de la cena y nunca más volvería a verle. ¿era eso real, o sólo intentaba convencerme a mi misma?.
Llevaba la tarjeta en la mano, toda la mañana pensando si la entregaría o no y si al final iría a la cita. ¿Qué tenía que perder? Y si fuese una oportunidad que nunca más se repetiría, había algo en todo ello que hacía sentirme viva de nuevo, la ilusión de ver que podía pasar, el riesgo de llegar hasta la casa de un desconocido, saber si en el fondo era capaz de dar el paso, o de regresar a mi vida, al fin y al cabo dejar la tarjeta no implicaba que tuviera que ir.
Y entregué la tarjeta.
Y me vi llamando a su puerta, aquel jueves, de un mes de otoño, sin saber si el simple hecho de acudir a la cita significaría dar un giro radical a mi vida, de hecho algo ya había cambiado.
Desde que llamé hasta que me abrió, pasó todo un mundo, iba a cruzar el umbral de una puerta y no sabía que podía encontrarme detrás, y si abusaba de mi, si solo fuera su antojo sexual, como podría decir luego que no quise que sucediera si había acudido a su casa libremente, y en el fondo de mi, ¿no le deseaba físicamente?, mis piernas temblaron y mi cabeza me dijo que me fuera, pero algo me empujaba a esperar a que abriera la puerta.
Y la abrió.
Estaba de pie frente a mi, con su sonrisa, me fijé en sus labios, en sus gafas, me saludo con dos besos y me hizo pasar. Su casa era pequeña, y sin embargo daba la sensación de espaciosa. Tomó mi abrigo y mi bolso, lo llevó hasta una habitación y me indicó que me sentara en el saloncito. Tenía la mesa preparada para la cena con un toque romántico pero sin excederse, me sentía violenta e incomoda, y ahora que ya había llegado hasta allí ¿qué?
- Gracias por haber venido, hubo momentos en los que pensé que no lo harías pero ya estas aquí. ¿quieres una copa de vino?
- Si, gracias.
- Bueno, te preguntaras el motivo de mi invitación, la osadía de traerte hasta mi casa, de invitarte a cenar sin conocernos...
- La verdad es que si, me planteé no venir pero la curiosidad me pudo y aquí estoy.
- En realidad, yo también me pregunto que es lo que me impulsó a sentarme contigo y decirte que vinieras, quizás verte dos días en el café que luego fueses al restaurante, pero el detonante fue que me contestaras cuando dije que había llorado después de hacer el amor, en ese momento supe que tienes una sensibilidad mayor que la del resto de la gente, que quizás en ti haya los mismos interrogantes que yo tengo..
- Quizás, ¿pero crees que se los contaría a un desconocido?
- Si, creo que si, y más si es a un desconocido que ha despertado en ti la curiosidad suficiente para hacerte venir hasta mi casa, pero ahora cenemos, hay tiempo para charlar después.
Cenamos, no cocinaba mal, nuestra charla fue algo intrascendental, ya se sabe, trabajas, que cosas te gustan, lo justo para que ninguna pregunta fuera incomoda o inoportuna. Sin embargo todo cambió cuando dejamos la mesa y nos sentamos en el sofá, puso una música de fondo me miró y me habló, como si me estuviese contando un cuento.
“... hace tiempo fui feliz, quizás no completamente, pero si muy feliz o por lo menos lo que yo entendía por felicidad, pero con el paso de los años, las ilusiones se fueron perdiendo, los sueños quedaron atrás y por unos motivos y por otros entré en una gran depresión, me planteé que la vida había llegado a su fin, y me planteé que la muerte no tenia por que ser un punto final, que no era tan malo, entonces me puse una fecha, la llamé “fecha de caducidad”, la fecha en la que me suicidaría, y desde ese momento los problemas empezaron a ser mas pequeños, pero algo se me había perdido en el camino, dejé de sentir.
Llegó la fecha de caducidad y no junté el valor suficiente, por lo que únicamente me dejé llevar, aún quedaba un instinto de lucha dentro de mi y eso me empujaba a seguir adelante, era como una nave en el vacío del espacio, encendía los motores daba un empuje los apagaba y esa inercia me llevaba hasta otro punto. Aprendí de mi separación, y me di cuenta que todo lo que nos ocurre tiene un motivo y un aprendizaje, quizás no paramos mucho a pensar en ello, sólo nos lamentamos de lo ocurrido, cerramos cicatrices e intentamos seguir adelante hasta caer en el mismo error. Empecé a escribir, a hablar de mi, de mis sentimientos a iniciar una búsqueda del amor de mis ilusiones de mis sueños y aún me encuentro en ello, en ese camino, ser cuenta cuentos me ayuda, por que mis historias reflejan parte de mi mundo y poder compartirlas es como ir a un confesionario. No creas que todo es lindo, sigo con mis depresiones, con mis desfallecimientos, y aún a veces me cuestiono si merece la pena seguir, quizás en el fondo el contar mis historias es un escape a no tener a alguien a quien contárselas. Me acostumbré a escuchar y me olvidé de que yo también necesito que me escuchen, por eso te invité a venir.”
Estaba perpleja, no estaba preparada para escuchar tanta sinceridad de un desconocido, estaba desnudando su alma y esperaba que yo hiciese lo mismo, imaginé una cita donde quizás intentaría seducirme con alguno de sus cuentos, que habláramos de los dos, de banalidades, y allí estaba él, delante de mi, casi llorando, compartiendo conmigo sus miedos y su vida, no sabía que hacer ni que decir, me había descolocado por completo y opte por la salida mas fácil.
- Se me ha hecho tarde, ha sido una cena encantadora y me ha gustado compartir contigo esta noche , pero he de irme ya.
Me dio un papel doblado, me besó suavemente en la mejilla y se marchó.
Guardé el papel como si se tratase de una fórmula secreta robada por un espía, y cuando llegué a casa entré en el lavabo cerré la puerta con llave y abrí el papel, en él iba escrito a mano una dirección de un piso, y un “te espero, no faltes”. Me tembló el pulso, guardé el papel y preparé la cena. Cuando él llego yo le esperaba con la cena en la mesa, le besé y le miré a los ojos, ¿sería capaz de traicionarle, de tener una cita con otra persona, serian aquellos deseos una forma de serle infiel? Borré esos pensamientos, y pensé que no me preocuparía, aun quedaban dos días y en todo caso lo que debería hacer era excusarme por llegar tarde y sobre todo controlar mis emociones, iría a cenar con el cuenta cuentos, hablaríamos, disfrutaría de la cena y nunca más volvería a verle. ¿era eso real, o sólo intentaba convencerme a mi misma?.
Llevaba la tarjeta en la mano, toda la mañana pensando si la entregaría o no y si al final iría a la cita. ¿Qué tenía que perder? Y si fuese una oportunidad que nunca más se repetiría, había algo en todo ello que hacía sentirme viva de nuevo, la ilusión de ver que podía pasar, el riesgo de llegar hasta la casa de un desconocido, saber si en el fondo era capaz de dar el paso, o de regresar a mi vida, al fin y al cabo dejar la tarjeta no implicaba que tuviera que ir.
Y entregué la tarjeta.
Y me vi llamando a su puerta, aquel jueves, de un mes de otoño, sin saber si el simple hecho de acudir a la cita significaría dar un giro radical a mi vida, de hecho algo ya había cambiado.
Desde que llamé hasta que me abrió, pasó todo un mundo, iba a cruzar el umbral de una puerta y no sabía que podía encontrarme detrás, y si abusaba de mi, si solo fuera su antojo sexual, como podría decir luego que no quise que sucediera si había acudido a su casa libremente, y en el fondo de mi, ¿no le deseaba físicamente?, mis piernas temblaron y mi cabeza me dijo que me fuera, pero algo me empujaba a esperar a que abriera la puerta.
Y la abrió.
Estaba de pie frente a mi, con su sonrisa, me fijé en sus labios, en sus gafas, me saludo con dos besos y me hizo pasar. Su casa era pequeña, y sin embargo daba la sensación de espaciosa. Tomó mi abrigo y mi bolso, lo llevó hasta una habitación y me indicó que me sentara en el saloncito. Tenía la mesa preparada para la cena con un toque romántico pero sin excederse, me sentía violenta e incomoda, y ahora que ya había llegado hasta allí ¿qué?
- Gracias por haber venido, hubo momentos en los que pensé que no lo harías pero ya estas aquí. ¿quieres una copa de vino?
- Si, gracias.
- Bueno, te preguntaras el motivo de mi invitación, la osadía de traerte hasta mi casa, de invitarte a cenar sin conocernos...
- La verdad es que si, me planteé no venir pero la curiosidad me pudo y aquí estoy.
- En realidad, yo también me pregunto que es lo que me impulsó a sentarme contigo y decirte que vinieras, quizás verte dos días en el café que luego fueses al restaurante, pero el detonante fue que me contestaras cuando dije que había llorado después de hacer el amor, en ese momento supe que tienes una sensibilidad mayor que la del resto de la gente, que quizás en ti haya los mismos interrogantes que yo tengo..
- Quizás, ¿pero crees que se los contaría a un desconocido?
- Si, creo que si, y más si es a un desconocido que ha despertado en ti la curiosidad suficiente para hacerte venir hasta mi casa, pero ahora cenemos, hay tiempo para charlar después.
Cenamos, no cocinaba mal, nuestra charla fue algo intrascendental, ya se sabe, trabajas, que cosas te gustan, lo justo para que ninguna pregunta fuera incomoda o inoportuna. Sin embargo todo cambió cuando dejamos la mesa y nos sentamos en el sofá, puso una música de fondo me miró y me habló, como si me estuviese contando un cuento.
“... hace tiempo fui feliz, quizás no completamente, pero si muy feliz o por lo menos lo que yo entendía por felicidad, pero con el paso de los años, las ilusiones se fueron perdiendo, los sueños quedaron atrás y por unos motivos y por otros entré en una gran depresión, me planteé que la vida había llegado a su fin, y me planteé que la muerte no tenia por que ser un punto final, que no era tan malo, entonces me puse una fecha, la llamé “fecha de caducidad”, la fecha en la que me suicidaría, y desde ese momento los problemas empezaron a ser mas pequeños, pero algo se me había perdido en el camino, dejé de sentir.
Llegó la fecha de caducidad y no junté el valor suficiente, por lo que únicamente me dejé llevar, aún quedaba un instinto de lucha dentro de mi y eso me empujaba a seguir adelante, era como una nave en el vacío del espacio, encendía los motores daba un empuje los apagaba y esa inercia me llevaba hasta otro punto. Aprendí de mi separación, y me di cuenta que todo lo que nos ocurre tiene un motivo y un aprendizaje, quizás no paramos mucho a pensar en ello, sólo nos lamentamos de lo ocurrido, cerramos cicatrices e intentamos seguir adelante hasta caer en el mismo error. Empecé a escribir, a hablar de mi, de mis sentimientos a iniciar una búsqueda del amor de mis ilusiones de mis sueños y aún me encuentro en ello, en ese camino, ser cuenta cuentos me ayuda, por que mis historias reflejan parte de mi mundo y poder compartirlas es como ir a un confesionario. No creas que todo es lindo, sigo con mis depresiones, con mis desfallecimientos, y aún a veces me cuestiono si merece la pena seguir, quizás en el fondo el contar mis historias es un escape a no tener a alguien a quien contárselas. Me acostumbré a escuchar y me olvidé de que yo también necesito que me escuchen, por eso te invité a venir.”
Estaba perpleja, no estaba preparada para escuchar tanta sinceridad de un desconocido, estaba desnudando su alma y esperaba que yo hiciese lo mismo, imaginé una cita donde quizás intentaría seducirme con alguno de sus cuentos, que habláramos de los dos, de banalidades, y allí estaba él, delante de mi, casi llorando, compartiendo conmigo sus miedos y su vida, no sabía que hacer ni que decir, me había descolocado por completo y opte por la salida mas fácil.
- Se me ha hecho tarde, ha sido una cena encantadora y me ha gustado compartir contigo esta noche , pero he de irme ya.
viernes, septiembre 02, 2005
Sueños Son Parte 9
Volví a casa envuelta en su olor, en sus palabras y en mis pensamientos, ¿era realmente consciente de lo que estaba haciendo? Me había introducido en un juego del que sabría salir o por el contrario quería entrar en él a sabiendas de que iba a vivir sensaciones y sentimientos de los cuales podría luego arrepentirme.
Recapacité un poco, y me dije a mi misma que si era capaz de entrar seria capaz de salir en cualquier momento, pero en el fondo de mi, algo vibró como si quisiera decirme que iba a pasar una frontera de la cual me sería imposible volver.
En ese momento decidí no ir el jueves al café, si algo había aprendido de los hombres, es que las cosas fáciles no les atraen, además necesitaba tiempo para pensar si mi decisión de verle iba en serio, todo había pasado demasiado deprisa y yo aún guardaba algo de racionalidad en mi corazón.
Dejé pasar el miércoles sin pensar mucho en él, me centré en mi trabajo y en mi casa, pero el jueves mientras se acercaban las siete de la tarde las dudas me asaltaron y unas ganas irresistibles de ir a verle se adueñaron de mi. ¿Y si es su ultima sesión en el café? Seria capaz de dejar pasar una oportunidad así, quizás podría ser la ultima y además no había hecho nada malo ni nada de lo que arrepentirme, solo ir, verle y concretar una cita, ¿qué hay de malo en ello, en tomar un café y en charlar?. Retrasé el trabajo lo suficiente para salir mas tarde de las siete. Cuando llegué a casa me sentía triunfadora, había logrado controlarme, dominar mis instintos, pero esa sensación pasó cuando sentados ante el televisor miré a mi pareja y le vi como se iba durmiendo, las diez y media y él dormía mientras en la televisión volvía aquel horripilante concurso de unos chicos encerrados en una academia, exprimiendo el éxito de una primera versión hasta hacerlo aborrecible. Fue entonces cuando me di cuenta de mi error, había dejado de vivir y de sentir por el simple hecho de creerme capaz de auto controlarme y ahora me arrepentía de ello, aunque ya era tarde, pero recordé sus palabras y me prometí a mi misma no volver a perder la oportunidad de ser feliz aunque fuera un simple instante.
Llegó el viernes e intenté de nuevo ir a cenar al restaurante del coloquio pero esta vez mi pareja se negó, me dijo que de vez en cuando la experiencia no estaba mal pero que dos veces seguidas eran demasiado además, sus amigos, nuestros amigos, vendrían a cenar, yo ya sabía lo que vendría después, copas y mas copas y algún canuto, todo para acabar borrachos, unas risas y despertarse bien entrada la mañana. Y así fue, solo que aquella vez me sentí mas asqueada que las otras veces, me miré al espejo y no me reconocí, había abierto una puerta y ya no podía cerrarla, ¿deseaba pasar así el resto de mi vida? Y lo que más me podía preocupar, ¿aún quedaban en mi ilusiones por las cuales vivir, o simplemente me resignaba a vivir sin esperar nada mas?
Esperé la llegada del martes de igual manera que un niño espera que llegue el recreo para salir al patio a jugar. Y aunque parecía que nunca llegaría, llegó.
Y dieron las siete, y entré en el café y me senté.
Y él entró, y me miró, y me sonrió... y empezó su cuento.
“... había una vez un hombre, en un pueblo, y en el pueblo una estación de autobuses, y en la estación un café. Y el hombre iba todas las tardes a las 5 a tomar allí su café y a ver la gente bajar del autobús, para veinte minutos después volver a retomar su viaje. Y esos veinte minutos era el tiempo en el que el hombre salía del pueblo y vivía en un mundo lejano, escuchaba el acento de los viajeros, oía sus conversaciones y por un momento era capaz de alejarse de los muros de aquel pueblo.
Una tarde mientras tomaba su café y el local se abarrotaba de gente, alguien le pidió si podía sentarse con él, y al levantar la vista vio una bella chica, y aquellos veinte minutos no pararon de charlar y se sorprendió de las cosas que a aquella desconocida él llegó a contarle, más el tiempo pasó y ella tenía que dejarle. La vio volver a tomar el autobús y cuando oyó como este se marchaba, sintió que algo de él también se iba. Pero una voz repitió ¿ puedo sentarme? Era ella, en realidad no viajaba con un destino, sino que huía de un pasado de una relación acabada, un empezar de nuevo.
Y él se alegro ya que de alguna manera aquella chica representaba todos sus sueños, salir del pueblo.
Pasaron los días y se fueron conociendo, aunque en el fondo había un miedo, mas tarde ella se iría y todo acabaría.
Y el miedo de él impidió decirle lo que llegó a amarla, y el miedo de ella le impidió quedarse en aquel pueblo.
Y un día, antes que él fuera a recogerla a su hotel, se marchó.
Ahora aquel hombre llega al café, pide uno y antes de que den las cinco deja su asiento vacío, y pasea su tristeza por el pueblo....”
No sé si aquel cuento iba dirigido a mi, si él lo había seleccionado para cuando estuviese, o fue simplemente casualidad, pero algo había en aquel relato que me hizo llorar, no sólo a mi. Algunos oyentes se acercaron a él y hablaron del cuento, del miedo a romper con lo que llamamos normalidad y a jugarse el tipo. Cuando acabó con ellos se acercó a mi mesa, me pidió cortésmente si podía sentarse y lo hizo.
Recapacité un poco, y me dije a mi misma que si era capaz de entrar seria capaz de salir en cualquier momento, pero en el fondo de mi, algo vibró como si quisiera decirme que iba a pasar una frontera de la cual me sería imposible volver.
En ese momento decidí no ir el jueves al café, si algo había aprendido de los hombres, es que las cosas fáciles no les atraen, además necesitaba tiempo para pensar si mi decisión de verle iba en serio, todo había pasado demasiado deprisa y yo aún guardaba algo de racionalidad en mi corazón.
Dejé pasar el miércoles sin pensar mucho en él, me centré en mi trabajo y en mi casa, pero el jueves mientras se acercaban las siete de la tarde las dudas me asaltaron y unas ganas irresistibles de ir a verle se adueñaron de mi. ¿Y si es su ultima sesión en el café? Seria capaz de dejar pasar una oportunidad así, quizás podría ser la ultima y además no había hecho nada malo ni nada de lo que arrepentirme, solo ir, verle y concretar una cita, ¿qué hay de malo en ello, en tomar un café y en charlar?. Retrasé el trabajo lo suficiente para salir mas tarde de las siete. Cuando llegué a casa me sentía triunfadora, había logrado controlarme, dominar mis instintos, pero esa sensación pasó cuando sentados ante el televisor miré a mi pareja y le vi como se iba durmiendo, las diez y media y él dormía mientras en la televisión volvía aquel horripilante concurso de unos chicos encerrados en una academia, exprimiendo el éxito de una primera versión hasta hacerlo aborrecible. Fue entonces cuando me di cuenta de mi error, había dejado de vivir y de sentir por el simple hecho de creerme capaz de auto controlarme y ahora me arrepentía de ello, aunque ya era tarde, pero recordé sus palabras y me prometí a mi misma no volver a perder la oportunidad de ser feliz aunque fuera un simple instante.
Llegó el viernes e intenté de nuevo ir a cenar al restaurante del coloquio pero esta vez mi pareja se negó, me dijo que de vez en cuando la experiencia no estaba mal pero que dos veces seguidas eran demasiado además, sus amigos, nuestros amigos, vendrían a cenar, yo ya sabía lo que vendría después, copas y mas copas y algún canuto, todo para acabar borrachos, unas risas y despertarse bien entrada la mañana. Y así fue, solo que aquella vez me sentí mas asqueada que las otras veces, me miré al espejo y no me reconocí, había abierto una puerta y ya no podía cerrarla, ¿deseaba pasar así el resto de mi vida? Y lo que más me podía preocupar, ¿aún quedaban en mi ilusiones por las cuales vivir, o simplemente me resignaba a vivir sin esperar nada mas?
Esperé la llegada del martes de igual manera que un niño espera que llegue el recreo para salir al patio a jugar. Y aunque parecía que nunca llegaría, llegó.
Y dieron las siete, y entré en el café y me senté.
Y él entró, y me miró, y me sonrió... y empezó su cuento.
“... había una vez un hombre, en un pueblo, y en el pueblo una estación de autobuses, y en la estación un café. Y el hombre iba todas las tardes a las 5 a tomar allí su café y a ver la gente bajar del autobús, para veinte minutos después volver a retomar su viaje. Y esos veinte minutos era el tiempo en el que el hombre salía del pueblo y vivía en un mundo lejano, escuchaba el acento de los viajeros, oía sus conversaciones y por un momento era capaz de alejarse de los muros de aquel pueblo.
Una tarde mientras tomaba su café y el local se abarrotaba de gente, alguien le pidió si podía sentarse con él, y al levantar la vista vio una bella chica, y aquellos veinte minutos no pararon de charlar y se sorprendió de las cosas que a aquella desconocida él llegó a contarle, más el tiempo pasó y ella tenía que dejarle. La vio volver a tomar el autobús y cuando oyó como este se marchaba, sintió que algo de él también se iba. Pero una voz repitió ¿ puedo sentarme? Era ella, en realidad no viajaba con un destino, sino que huía de un pasado de una relación acabada, un empezar de nuevo.
Y él se alegro ya que de alguna manera aquella chica representaba todos sus sueños, salir del pueblo.
Pasaron los días y se fueron conociendo, aunque en el fondo había un miedo, mas tarde ella se iría y todo acabaría.
Y el miedo de él impidió decirle lo que llegó a amarla, y el miedo de ella le impidió quedarse en aquel pueblo.
Y un día, antes que él fuera a recogerla a su hotel, se marchó.
Ahora aquel hombre llega al café, pide uno y antes de que den las cinco deja su asiento vacío, y pasea su tristeza por el pueblo....”
No sé si aquel cuento iba dirigido a mi, si él lo había seleccionado para cuando estuviese, o fue simplemente casualidad, pero algo había en aquel relato que me hizo llorar, no sólo a mi. Algunos oyentes se acercaron a él y hablaron del cuento, del miedo a romper con lo que llamamos normalidad y a jugarse el tipo. Cuando acabó con ellos se acercó a mi mesa, me pidió cortésmente si podía sentarse y lo hizo.
miércoles, agosto 31, 2005
Sueños son Parte 8
Empezó su cuento.
“.... en aquel pueblo vivía un pequeño que soñaba con volar, todos los del pueblo se reían de él, más él todas las mañanas iba hasta el acantilado a ver a los albatros y observaba sus giros y sus vuelos lo que hacia acrecentar en el la fe de que un día podría volar. Las risas de sus amigos y del resto de la tribu crecían con el tiempo, todas menos la del mas anciano. Hasta que un día le siguió hasta el acantilado y le vio saltar, y cuando parecía que iba a estrellarse contra las rocas los albatros revolotearon con él y se alejo del poblado volando para no volver nunca mas, y el viejo rió y rió a carcajada...”
Cuando acabó el relato se me quedó mirando, y entonces preguntó:
- ¿Quién de vosotros cree de verdad que el chico voló?
Nadie levantó la mano, pero la mía, como si tuviese vida, se alzó.
- Bien, veo que aún hay alguien que tiene fe en que los sueños se cumplen solo hay que perseguirlos, y por lo que veo el resto ha perdido ese trocito de niño que todos deberíamos guardar y que al crecer dejamos escapar.
La hora había pasado, algunos se acercaron a charlar con él, yo seguí sentada en mi mesa, mirando la taza de café y preguntándome por que habría levantado la mano, si yo misma era incapaz de vivir mis propios sueños.
Oí moverse la silla, alce la mirada y le vi.
- ¿Puedo sentarme?
Asentí con la cabeza. Sentí como mi pulso se aceleraba.
- Te vi en el coloquio, y me gustó lo que me dijiste, en el fondo creo que diste en el clavo, así me sentía.
- Bueno fue una intuición nada más, pero dime, ¿como es que eres cuenta cuentos y participas en ese coloquio?
- Quizás sea que todo va rodado, creo que lo que a uno le sucede, ya sea en hechos o en encuentros con personas no es por casualidad, hay un motivo encerrado, una enseñanza, creo que el universo, Dios o la Energía confluyen de tal manera que lo que sucede es para el crecimiento personal y para el resto que nos rodea. Por ejemplo, que yo ahora esté sentado aquí charlando contigo, y que te haya conocido no es pura casualidad, simplemente es un encuentro que tiene que pasar, sólo que por ahora no sé por que tiene que pasar.
- ¿de verdad crees eso? Y si simplemente soy alguien que entró aquí un día te escuchó y luego abro la puerta de ese café y ya no vuelvo mas.
- Entonces nuestro encuentro no será casual, pero significará que ninguno de los dos tenia nada que enseñar al otro, aunque creo que este no es el caso, llevas tres días viniendo, y el sábado fuiste al coloquio, además he visto un brillo en tu mirada, una forma de escuchar que va más allá del que se sienta pasivamente a oír un cuento, después de tanto tiempo leyendo mis historias, creo que he desarrollado un instinto, sé cuando alguien al escuchar mis historias le transforman, le sacuden el interior o de alguna manera hace que se cuestione su presente, a veces he llegado a identificarlo como una misión divina, pero eso solo es un juego de palabras, con las que también tapo mi necesidad de encontrar un día a alguien que esté en misión divina conmigo.
Me sentí abrumada, intimidada, pero a la vez y de alguna manera seducida. Su sinceridad, ese ir directo a expresar los sentimientos y su capacidad de ver lo que yo sentía me desarmaba por completo.
- En fin, tengo que marcharme, me encantaría volver a verte a ser posible lejos de este café, donde tú y yo podamos hablar, creo que tienes muchas cosas que contarme y que deseas que te las escuche.
Dejó un beso suave, solo un roce en mi mejilla y le vi alejarse.
“.... en aquel pueblo vivía un pequeño que soñaba con volar, todos los del pueblo se reían de él, más él todas las mañanas iba hasta el acantilado a ver a los albatros y observaba sus giros y sus vuelos lo que hacia acrecentar en el la fe de que un día podría volar. Las risas de sus amigos y del resto de la tribu crecían con el tiempo, todas menos la del mas anciano. Hasta que un día le siguió hasta el acantilado y le vio saltar, y cuando parecía que iba a estrellarse contra las rocas los albatros revolotearon con él y se alejo del poblado volando para no volver nunca mas, y el viejo rió y rió a carcajada...”
Cuando acabó el relato se me quedó mirando, y entonces preguntó:
- ¿Quién de vosotros cree de verdad que el chico voló?
Nadie levantó la mano, pero la mía, como si tuviese vida, se alzó.
- Bien, veo que aún hay alguien que tiene fe en que los sueños se cumplen solo hay que perseguirlos, y por lo que veo el resto ha perdido ese trocito de niño que todos deberíamos guardar y que al crecer dejamos escapar.
La hora había pasado, algunos se acercaron a charlar con él, yo seguí sentada en mi mesa, mirando la taza de café y preguntándome por que habría levantado la mano, si yo misma era incapaz de vivir mis propios sueños.
Oí moverse la silla, alce la mirada y le vi.
- ¿Puedo sentarme?
Asentí con la cabeza. Sentí como mi pulso se aceleraba.
- Te vi en el coloquio, y me gustó lo que me dijiste, en el fondo creo que diste en el clavo, así me sentía.
- Bueno fue una intuición nada más, pero dime, ¿como es que eres cuenta cuentos y participas en ese coloquio?
- Quizás sea que todo va rodado, creo que lo que a uno le sucede, ya sea en hechos o en encuentros con personas no es por casualidad, hay un motivo encerrado, una enseñanza, creo que el universo, Dios o la Energía confluyen de tal manera que lo que sucede es para el crecimiento personal y para el resto que nos rodea. Por ejemplo, que yo ahora esté sentado aquí charlando contigo, y que te haya conocido no es pura casualidad, simplemente es un encuentro que tiene que pasar, sólo que por ahora no sé por que tiene que pasar.
- ¿de verdad crees eso? Y si simplemente soy alguien que entró aquí un día te escuchó y luego abro la puerta de ese café y ya no vuelvo mas.
- Entonces nuestro encuentro no será casual, pero significará que ninguno de los dos tenia nada que enseñar al otro, aunque creo que este no es el caso, llevas tres días viniendo, y el sábado fuiste al coloquio, además he visto un brillo en tu mirada, una forma de escuchar que va más allá del que se sienta pasivamente a oír un cuento, después de tanto tiempo leyendo mis historias, creo que he desarrollado un instinto, sé cuando alguien al escuchar mis historias le transforman, le sacuden el interior o de alguna manera hace que se cuestione su presente, a veces he llegado a identificarlo como una misión divina, pero eso solo es un juego de palabras, con las que también tapo mi necesidad de encontrar un día a alguien que esté en misión divina conmigo.
Me sentí abrumada, intimidada, pero a la vez y de alguna manera seducida. Su sinceridad, ese ir directo a expresar los sentimientos y su capacidad de ver lo que yo sentía me desarmaba por completo.
- En fin, tengo que marcharme, me encantaría volver a verte a ser posible lejos de este café, donde tú y yo podamos hablar, creo que tienes muchas cosas que contarme y que deseas que te las escuche.
Dejó un beso suave, solo un roce en mi mejilla y le vi alejarse.
lunes, agosto 29, 2005
Sueños son Parte 7
Se giró y me miró, sólo fue un momento pero sentí como calvaba su mirada en mi y esta entraba en mi cuerpo.
- Si, realmente así era, creo que en el fondo aunque me sentía a gusto en su compañía, sentía que de alguna manera me estaba traicionando a mi mismo era como si me dejase llevar por la vida por los acontecimientos sin hacer nada.
Me sorprendió su contestación, ¿no era eso lo mismo que yo llevaba sintiendo hace mucho tiempo? En algún punto de mi vida me resigné y me dejar llevar, podría decir que por el destino, pero era mas bien por la inercia de los acontecimientos.
El debate siguió, otros dieron su opinión pero yo ya no estaba allí, estaba en mis sueños cuando pensaba en que la vida seria una serie de acontecimientos de sorpresas que la rutina nunca me alcanzaría que tendría a alguien a mi lado capaz de sorprender cada día y a su vez él seria capaz de sorprenderme, que seriamos como un muelle, acción-reacción y sin embargo ahora me sentía como una pareja más, una del montón, nos queríamos, sí, pero no con esa pasión, ahora todo era dejarse llevar, y si el amor consistía en eso, unos meses de pasión desenfrenada, las mariposas en el estómago, hacer el amor cada día y en los sitios mas insospechados para luego todo decaer, como una fruta madura, dejando paso a un sentimiento sosegado, tranquilo y reposado, ¿era capaz de adaptarme a ello?, o aquel cuenta cuentos estaba encendiendo un fuego que aún era capaz de apagar pero que si lo dejaba un poco mas ya no habría vuelta atrás.¿cómo era posible aquellas parejas de ancianitos que llevaban mas de cincuenta años casados?.
De pronto sentí una mano en mi brazo.
- ¿Nos vamos? Parece que el debate ya se acabó.
Efectivamente la gente se estaba levantado, vi al cuenta cuentos hablando con el moderador, recogí mi bolso y salimos del salón, un instante antes giré la cabeza y vi que el cuentacuentos me miraba, parecía que se despedía de mi.
Ya en el coche, hablamos sobre el coloquio, estaban animados les había gustado y las opiniones eran encontradas, nos tomamos la última copa en casa.
Me sentí embriagada por el alcohol y cuando nos fuimos a la cama, la excitación aumentó, él también se sentía excitado, apagó la luz de la mesilla y me besó, noté las prisas en su piel, sus manos acariciaron mi pelo y se deslizaron por mis pechos, su boca buscaba la mía y sentí el sabor del whisky en mi lengua. Deslizo su boca y se entregó a besar mis pechos, el camisón se deslizó hasta mis tobillos mientras el terminaba de quitarse los pantalones del pijama, deslizo su boca por mi estomago mientras yo acariciaba su sexo con mis manos, estaba preparado. Hicimos el amor, no duró mucho, él estaba muy excitado, en cuanto entró en mi, sintió el calor de mi sexo y empezaron los primeros vaivenes alcanzó el orgasmo. Me volvió a besar, y como una excusa me dijo – “espera tu no has llegado aún”- No importaba mi mente no estaba en ese lugar, aún resonaban las preguntas, las dudas. Le besé dulcemente, el se giró, y se durmió con su brazo rodeando mi pecho.
Yo no podía dormir, no era el hecho de no haber alcanzado el orgasmo, no era la primera vez ni la última, aunque él había hecho otras noches que lo alcanzara, pero para mi el sexo también estaba en la mente y esa noche mi mente no estaba precisamente para tener sexo. No me podía quitar de la cabeza la imagen del cuenta cuentos y sus palabras, le veía llorando al lado del cuerpo desnudo de una mujer, ella preguntándose que habría hecho mal y él sintiéndose el hombre mas solitario del mundo, esa imagen me conmovió y sentí una ternura por él como no la había sentido en mucho tiempo.
Aquella noche tuve una pesadilla, era el centro del coloquio, pero los que participaban eran antiguos compañeros de colegio, antiguos amigos de la infancia que no paraban de preguntarme que había hecho con mi vida, donde estaba, donde había llegado y si en el fondo me sentía feliz, yo intentaba justificarme, tengo trabajo, gano dinero, soy independiente, tengo a una persona que me quiere y al que quiero, y sin embargo había algo dentro de mi que les daba la razón. Me desperté preguntándoles cual era la solución, si ellos pudieran responderme.
Odiaba los domingos, y aquel no era distinto, todo lo contrario, pasé el día pensando si iría el martes al café, si en el fondo me arriesgaría a verle de nuevo.
Y llegó el martes, y entré en el café y me senté y me miró y le miré.
- Si, realmente así era, creo que en el fondo aunque me sentía a gusto en su compañía, sentía que de alguna manera me estaba traicionando a mi mismo era como si me dejase llevar por la vida por los acontecimientos sin hacer nada.
Me sorprendió su contestación, ¿no era eso lo mismo que yo llevaba sintiendo hace mucho tiempo? En algún punto de mi vida me resigné y me dejar llevar, podría decir que por el destino, pero era mas bien por la inercia de los acontecimientos.
El debate siguió, otros dieron su opinión pero yo ya no estaba allí, estaba en mis sueños cuando pensaba en que la vida seria una serie de acontecimientos de sorpresas que la rutina nunca me alcanzaría que tendría a alguien a mi lado capaz de sorprender cada día y a su vez él seria capaz de sorprenderme, que seriamos como un muelle, acción-reacción y sin embargo ahora me sentía como una pareja más, una del montón, nos queríamos, sí, pero no con esa pasión, ahora todo era dejarse llevar, y si el amor consistía en eso, unos meses de pasión desenfrenada, las mariposas en el estómago, hacer el amor cada día y en los sitios mas insospechados para luego todo decaer, como una fruta madura, dejando paso a un sentimiento sosegado, tranquilo y reposado, ¿era capaz de adaptarme a ello?, o aquel cuenta cuentos estaba encendiendo un fuego que aún era capaz de apagar pero que si lo dejaba un poco mas ya no habría vuelta atrás.¿cómo era posible aquellas parejas de ancianitos que llevaban mas de cincuenta años casados?.
De pronto sentí una mano en mi brazo.
- ¿Nos vamos? Parece que el debate ya se acabó.
Efectivamente la gente se estaba levantado, vi al cuenta cuentos hablando con el moderador, recogí mi bolso y salimos del salón, un instante antes giré la cabeza y vi que el cuentacuentos me miraba, parecía que se despedía de mi.
Ya en el coche, hablamos sobre el coloquio, estaban animados les había gustado y las opiniones eran encontradas, nos tomamos la última copa en casa.
Me sentí embriagada por el alcohol y cuando nos fuimos a la cama, la excitación aumentó, él también se sentía excitado, apagó la luz de la mesilla y me besó, noté las prisas en su piel, sus manos acariciaron mi pelo y se deslizaron por mis pechos, su boca buscaba la mía y sentí el sabor del whisky en mi lengua. Deslizo su boca y se entregó a besar mis pechos, el camisón se deslizó hasta mis tobillos mientras el terminaba de quitarse los pantalones del pijama, deslizo su boca por mi estomago mientras yo acariciaba su sexo con mis manos, estaba preparado. Hicimos el amor, no duró mucho, él estaba muy excitado, en cuanto entró en mi, sintió el calor de mi sexo y empezaron los primeros vaivenes alcanzó el orgasmo. Me volvió a besar, y como una excusa me dijo – “espera tu no has llegado aún”- No importaba mi mente no estaba en ese lugar, aún resonaban las preguntas, las dudas. Le besé dulcemente, el se giró, y se durmió con su brazo rodeando mi pecho.
Yo no podía dormir, no era el hecho de no haber alcanzado el orgasmo, no era la primera vez ni la última, aunque él había hecho otras noches que lo alcanzara, pero para mi el sexo también estaba en la mente y esa noche mi mente no estaba precisamente para tener sexo. No me podía quitar de la cabeza la imagen del cuenta cuentos y sus palabras, le veía llorando al lado del cuerpo desnudo de una mujer, ella preguntándose que habría hecho mal y él sintiéndose el hombre mas solitario del mundo, esa imagen me conmovió y sentí una ternura por él como no la había sentido en mucho tiempo.
Aquella noche tuve una pesadilla, era el centro del coloquio, pero los que participaban eran antiguos compañeros de colegio, antiguos amigos de la infancia que no paraban de preguntarme que había hecho con mi vida, donde estaba, donde había llegado y si en el fondo me sentía feliz, yo intentaba justificarme, tengo trabajo, gano dinero, soy independiente, tengo a una persona que me quiere y al que quiero, y sin embargo había algo dentro de mi que les daba la razón. Me desperté preguntándoles cual era la solución, si ellos pudieran responderme.
Odiaba los domingos, y aquel no era distinto, todo lo contrario, pasé el día pensando si iría el martes al café, si en el fondo me arriesgaría a verle de nuevo.
Y llegó el martes, y entré en el café y me senté y me miró y le miré.
viernes, agosto 26, 2005
Abres o cierras
Un rectángulo.
Una ventana abierta.
Abres los ojos.
Y ves un cielo gris, una tierra yerma, árboles sin hojas, un paisaje desolado.
Cierras los ojos.
Y ves un cielo azul, nubes como esponjas, un mar verde-esmeralda, un camino de arena.
Abres los ojos.
Cierras los ojos.
Abres los ojos.
Cierras los ojos.
Y ahora cuando ya no sabes si los tienes abiertos o cerrados, ¿que decidiste ver?
Una ventana abierta.
Abres los ojos.
Y ves un cielo gris, una tierra yerma, árboles sin hojas, un paisaje desolado.
Cierras los ojos.
Y ves un cielo azul, nubes como esponjas, un mar verde-esmeralda, un camino de arena.
Abres los ojos.
Cierras los ojos.
Abres los ojos.
Cierras los ojos.
Y ahora cuando ya no sabes si los tienes abiertos o cerrados, ¿que decidiste ver?
Sueños son Parte 6
El tema estaba derivando, lo que había empezado con el poder, estaba acabando en sexo, quizás lo más buscado y lo más deseado.
- estoy de acuerdo en parte, pero ¿que me tienes que decir de aquellas personas que buscan el sexo fuera de su pareja o de aquellas personas que practican otras variaciones, ya sean tríos o intercambios de pareja?.
Había sido mi pareja la que había entrado en escena, había entablado un debate con el cuenta cuentos y yo le miraba sorprendida, nunca esperaba que mi pareja participase de aquel coloquio, y ahora estaban allí mi pareja y el cuenta cuentos que había logrado despertar en mi una curiosidad dormida.
- Buena reflexión, creo que cada uno vive su sexualidad a su manera, y es del todo respetable que el sexo sea en pareja en trío o una orgía, eso no es lo importante ya que cada cual puede disfrutar de su cuerpo mientras haya respeto como le venga en gana, para mi la cuestión es... por que el hombre o la mujer buscan desesperadamente a la otra persona, por que surge el sexo esporádico sin amor, por que hay tanta gente necesitada de otra? Simplemente por que nos da terror la soledad, por que en el fondo necesitamos a alguien al lado, y el poder viene de ahí, de esa lucha por no estar solos. Del miedo a estarlo, y la gente quiere ese poder para demostrar que no esta solo. A veces la gente confunde la lucha contra la soledad con la lucha por ser admirado por tener mas sexo por ser más rico todo con el mismo fin, no estar solo.
- Estoy de acuerdo, pero que pasa cuando uno ya no esta solo, digamos que ha encontrado el amor, se ha casado y sin embargo como decía la otra persona busca el sexo o el amor fuera de su pareja.
- Sigo pensando que es cuestión de soledad, veamos una pregunta para todos, ¿cuántos de aquí se han sentido solos en un lugar repleto de gente? O para ir mas allá ¿cuántos se han sentido solos estando con su pareja?
Era dura la pregunta, pensé, incluso por un momento estuve tentada de contestarle que yo era una de esas personas, pero miré a mi pareja y pensé en el posible daño que podría hacerle, aunque me asalto la pregunta de si él contestaría lo mismo que yo.
- Yo me he sentido así.- contestó una chica joven – Ahora estoy divorciada pero muchas noches después de hacer el amor, me sentía vacía y la persona mas sola del mundo, el sexo había sido fantástico y lo había disfrutado, sin embargo, no podía quitarme la sensación de estar sola
- No es una sensación única. Mucha gente se siente así, sólo que no tiene el valor de decirlo, yo por ejemplo recuerdo que en una relación que tuve lloraba amargamente después de hacer el amor, como tú, me sentía muy, muy solo.
Aquella franqueza nos asombró a todos, hubo un instante de silencio, nadie se atrevía a decir nada, hasta que yo le dije.
- Quizás no estabas realmente enamorado de ella y lo que te producía esa tristeza era la sensación de que traicionabas tus sueños y los de ella.
- estoy de acuerdo en parte, pero ¿que me tienes que decir de aquellas personas que buscan el sexo fuera de su pareja o de aquellas personas que practican otras variaciones, ya sean tríos o intercambios de pareja?.
Había sido mi pareja la que había entrado en escena, había entablado un debate con el cuenta cuentos y yo le miraba sorprendida, nunca esperaba que mi pareja participase de aquel coloquio, y ahora estaban allí mi pareja y el cuenta cuentos que había logrado despertar en mi una curiosidad dormida.
- Buena reflexión, creo que cada uno vive su sexualidad a su manera, y es del todo respetable que el sexo sea en pareja en trío o una orgía, eso no es lo importante ya que cada cual puede disfrutar de su cuerpo mientras haya respeto como le venga en gana, para mi la cuestión es... por que el hombre o la mujer buscan desesperadamente a la otra persona, por que surge el sexo esporádico sin amor, por que hay tanta gente necesitada de otra? Simplemente por que nos da terror la soledad, por que en el fondo necesitamos a alguien al lado, y el poder viene de ahí, de esa lucha por no estar solos. Del miedo a estarlo, y la gente quiere ese poder para demostrar que no esta solo. A veces la gente confunde la lucha contra la soledad con la lucha por ser admirado por tener mas sexo por ser más rico todo con el mismo fin, no estar solo.
- Estoy de acuerdo, pero que pasa cuando uno ya no esta solo, digamos que ha encontrado el amor, se ha casado y sin embargo como decía la otra persona busca el sexo o el amor fuera de su pareja.
- Sigo pensando que es cuestión de soledad, veamos una pregunta para todos, ¿cuántos de aquí se han sentido solos en un lugar repleto de gente? O para ir mas allá ¿cuántos se han sentido solos estando con su pareja?
Era dura la pregunta, pensé, incluso por un momento estuve tentada de contestarle que yo era una de esas personas, pero miré a mi pareja y pensé en el posible daño que podría hacerle, aunque me asalto la pregunta de si él contestaría lo mismo que yo.
- Yo me he sentido así.- contestó una chica joven – Ahora estoy divorciada pero muchas noches después de hacer el amor, me sentía vacía y la persona mas sola del mundo, el sexo había sido fantástico y lo había disfrutado, sin embargo, no podía quitarme la sensación de estar sola
- No es una sensación única. Mucha gente se siente así, sólo que no tiene el valor de decirlo, yo por ejemplo recuerdo que en una relación que tuve lloraba amargamente después de hacer el amor, como tú, me sentía muy, muy solo.
Aquella franqueza nos asombró a todos, hubo un instante de silencio, nadie se atrevía a decir nada, hasta que yo le dije.
- Quizás no estabas realmente enamorado de ella y lo que te producía esa tristeza era la sensación de que traicionabas tus sueños y los de ella.
miércoles, agosto 24, 2005
Sueños son .. Parte 5
Cenamos, y nuestra conversación giró a los temas de siempre, el trabajo, los niños, deporte, ellos algo de informática, nosotras cotilleamos sobre los programas de la televisión, si aquel famoso tenía un hijo secreto, si la ultima entrevista estaba pagada y sería cierto lo de su presunto amante... ahora aquello me sonaba a vacío, deseaba que empezase el coloquio.
Los chicos se pidieron una copa, le miré y le dije, no bebas mucho, recuerda que tenemos un coloquio por delante, él me miró e ignoró mi comentario, no había desprecio en su actitud, yo sabía que él era así y que haría caso omiso a mi consejo.
Después de dos copas más, apareció en el salón él que debía ser el moderador.
- Por favor los que estén interesados en participar en el coloquio, pueden bajar al salón, pueden llevarse sus copas y está permitido fumar. Gracias.
Nos miramos, esperando a que alguno se levantase, yo lo hice y los demás me siguieron. Bajamos al salón, era un sitio muy acogedor, unos sofás unos sillones dispuestos de manera que pudiéramos vernos todos los asistentes, como el cuenta cuentos me dijo, el aforo era limitado, no habría mas de 15 personas, agradecí la indicación de que reservase asiento.
El moderador volvió a dirigirse a todos.
- Buenas noches, a algunos ya les conozco, otros son nuevos, para ellos haré una breve introducción, para empezar nadie está obligado a quedarse y en cualquier momento puede abandonar el coloquio, eso si sí deciden quedarse solo les ruego que participen en el mismo, libérense de sus prejuicios y de sus miedos a hablar en público, y háganlo como si se dirigiesen a sus amigos, muestren sus opiniones y respeten las de los demás. Pueden beber, para ello hagan una indicación al barman que está al fondo, creo que no me queda más por decir, no hace falta que nos presentemos así evitamos también que alguien pueda sentirse incomodo. El tema del coloquio lo dejo a su elección, yo me limitaré a dar la palabra, a moderar y como no a participar también. ¿Alguien desea proponer un tema?
Hubo un breve silencio, yo miré a mi alrededor, con la esperanza de encontrarme con el cuenta cuentos, en el fondo pensé que ese era uno de los motivos por los que estaba allí, pero no le vi.
- Bien, es normal que nadie quiera dar el primer paso, ¿qué les parece si hablamos para empezar de que cree cada uno que es lo mas importante en la vida, ¿qué es lo que mueve el mundo?
Alguien habló, seguramente no era la primera vez que estaba allí.
- el poder, sin duda alguna, desde siempre el hombre se ha movido para conquistar el poder, ha luchado, ha matado, para conseguir ser poderoso.
- Bien, es un buen principio, pero el poder es muy amplio, poder para que, y como conseguir el poder, ¿alguno de aquí siente que tiene poder?.
Respondió el moderador.
- Bueno el dinero da poder, y el poder da la satisfacción de saber que eres admirado, envidiado.
- Estoy de acuerdo pero yo te haría una pregunta, ¿cuál es el motivo final del poder?, por que hay gente capaz de hacer cosas impensables con tal de tener poder.
El debate había empezado y la gente se desperezaba de sus temores y participaba.
- Bueno yo creo que detrás de un hombre poderoso hay una mujer que lo controla.
Algunas risas al comentario. El moderador apuntó:
- esta bien, es tu opinión, pero no crees que también la mujer desea tener poder, y que de alguna manera lo ejerce como esposa, y desde la liberación de la mujer accediendo a puestos de relevancia que antes le eran inaccesibles.
De pronto desde el fondo una voz que yo conocía, le contestó.
- El poder no es mas que una manera más de intentar encontrar el amor, ya sea por admiración de los demás, ya sea por el poder del dinero para comprar ese amor, en definitiva todo con tal de no sentirse solos, de vencer el terrible miedo que todos tenemos a la soledad.
Era el cuenta cuentos, estaba allí, yo sentí una ligera sensación de nervios y de alegría, ¿era a él al que estaba esperando ver? ¿había venido allí, trayendo a mi marido, y a mis amigos con la excusa del coloquio solo por que no podía esperar al martes?
- Bueno hay gente que quiere el poder para tener sexo.- Le contestaron.
- Si, en efecto, pero no es mas cierto que el sexo es una comunicación entre dos personas que se encuentran. Por lo tanto es una manera de aliviar esa soledad, ya sea por que haces el amor con la persona a la que amas, ya sea por que practicas el sexo libremente y por tanto es mas un escape a no sentirse solo, de hecho quien no ha practicado el sexo solo.
Los chicos se pidieron una copa, le miré y le dije, no bebas mucho, recuerda que tenemos un coloquio por delante, él me miró e ignoró mi comentario, no había desprecio en su actitud, yo sabía que él era así y que haría caso omiso a mi consejo.
Después de dos copas más, apareció en el salón él que debía ser el moderador.
- Por favor los que estén interesados en participar en el coloquio, pueden bajar al salón, pueden llevarse sus copas y está permitido fumar. Gracias.
Nos miramos, esperando a que alguno se levantase, yo lo hice y los demás me siguieron. Bajamos al salón, era un sitio muy acogedor, unos sofás unos sillones dispuestos de manera que pudiéramos vernos todos los asistentes, como el cuenta cuentos me dijo, el aforo era limitado, no habría mas de 15 personas, agradecí la indicación de que reservase asiento.
El moderador volvió a dirigirse a todos.
- Buenas noches, a algunos ya les conozco, otros son nuevos, para ellos haré una breve introducción, para empezar nadie está obligado a quedarse y en cualquier momento puede abandonar el coloquio, eso si sí deciden quedarse solo les ruego que participen en el mismo, libérense de sus prejuicios y de sus miedos a hablar en público, y háganlo como si se dirigiesen a sus amigos, muestren sus opiniones y respeten las de los demás. Pueden beber, para ello hagan una indicación al barman que está al fondo, creo que no me queda más por decir, no hace falta que nos presentemos así evitamos también que alguien pueda sentirse incomodo. El tema del coloquio lo dejo a su elección, yo me limitaré a dar la palabra, a moderar y como no a participar también. ¿Alguien desea proponer un tema?
Hubo un breve silencio, yo miré a mi alrededor, con la esperanza de encontrarme con el cuenta cuentos, en el fondo pensé que ese era uno de los motivos por los que estaba allí, pero no le vi.
- Bien, es normal que nadie quiera dar el primer paso, ¿qué les parece si hablamos para empezar de que cree cada uno que es lo mas importante en la vida, ¿qué es lo que mueve el mundo?
Alguien habló, seguramente no era la primera vez que estaba allí.
- el poder, sin duda alguna, desde siempre el hombre se ha movido para conquistar el poder, ha luchado, ha matado, para conseguir ser poderoso.
- Bien, es un buen principio, pero el poder es muy amplio, poder para que, y como conseguir el poder, ¿alguno de aquí siente que tiene poder?.
Respondió el moderador.
- Bueno el dinero da poder, y el poder da la satisfacción de saber que eres admirado, envidiado.
- Estoy de acuerdo pero yo te haría una pregunta, ¿cuál es el motivo final del poder?, por que hay gente capaz de hacer cosas impensables con tal de tener poder.
El debate había empezado y la gente se desperezaba de sus temores y participaba.
- Bueno yo creo que detrás de un hombre poderoso hay una mujer que lo controla.
Algunas risas al comentario. El moderador apuntó:
- esta bien, es tu opinión, pero no crees que también la mujer desea tener poder, y que de alguna manera lo ejerce como esposa, y desde la liberación de la mujer accediendo a puestos de relevancia que antes le eran inaccesibles.
De pronto desde el fondo una voz que yo conocía, le contestó.
- El poder no es mas que una manera más de intentar encontrar el amor, ya sea por admiración de los demás, ya sea por el poder del dinero para comprar ese amor, en definitiva todo con tal de no sentirse solos, de vencer el terrible miedo que todos tenemos a la soledad.
Era el cuenta cuentos, estaba allí, yo sentí una ligera sensación de nervios y de alegría, ¿era a él al que estaba esperando ver? ¿había venido allí, trayendo a mi marido, y a mis amigos con la excusa del coloquio solo por que no podía esperar al martes?
- Bueno hay gente que quiere el poder para tener sexo.- Le contestaron.
- Si, en efecto, pero no es mas cierto que el sexo es una comunicación entre dos personas que se encuentran. Por lo tanto es una manera de aliviar esa soledad, ya sea por que haces el amor con la persona a la que amas, ya sea por que practicas el sexo libremente y por tanto es mas un escape a no sentirse solo, de hecho quien no ha practicado el sexo solo.
martes, agosto 23, 2005
Los errores nos eligen...
para bien o para mal...
Yo creo que si lo sabemos ver, es para bien, por que de los errores se aprende, por que los que cometemos errores somos personas que hemos arriesgado, que vamos por la vida saltando de charco en charco ( aunque a veces caigamos en él y nos empape). Y cuando nos eligen será por que nos sirve para aprender para llenar nuestras alforjas de diferentes experiencias con las que tomar fuerzas para saltar al próximo charco.
Si, estoy convencido los errores nos eligen para bien que duda cabe... solo hay que ver el lado positivo de las cosas.
Yo creo que si lo sabemos ver, es para bien, por que de los errores se aprende, por que los que cometemos errores somos personas que hemos arriesgado, que vamos por la vida saltando de charco en charco ( aunque a veces caigamos en él y nos empape). Y cuando nos eligen será por que nos sirve para aprender para llenar nuestras alforjas de diferentes experiencias con las que tomar fuerzas para saltar al próximo charco.
Si, estoy convencido los errores nos eligen para bien que duda cabe... solo hay que ver el lado positivo de las cosas.
lunes, agosto 22, 2005
Te echo de menos... I miss you

Son sólo unas palabras pero creo que me quedo con ellas como las que mas me llegan las que como dardos se me clavan.
Por que echar de menos a alguien supone que esa persona ha dejado huella, que cuando no está queda un hueco, un vacio que ninguna otra persona puede llenar, y sólo uno se da cuenta de ello justamente cuando no está y es ahí cuando florecen en nuestra boca: "te echo de menos", "te extraño".... i miss you.
Si, realmente echo de menos a mucha gente.....
Sueños son Parte 4
Llegué a casa, aún él no había llegado, me puse cómoda, tome un trago, y saqué la tarjeta del bolso. Llamé. Reservé mesa para cuatro, el sábado por la noche, aunque él cuenta cuentos esa noche no era el moderador sentía curiosidad por el lugar.
Cuando él llegó, le conté lo de la reserva, le dije que había llamado a una pareja de amigos y que estaban conformes, simplemente me sonrió, “si eso te gusta, está bien, iremos”, no hubo un asomo de sorpresa, simplemente estaba bien, si así había de ser, que fuera.
Al cerrar los ojos esa noche, pensé en ello, la vida, nuestra vida había llegado a un punto en el que todo era un simple fluir, invariable, quizás algo de alegría o felicidad, pero dosificada de tal forma que no alterase nuestra existencia. Igual que los problemas o las tristezas, todos tenían un punto, el cual no debía traspasarse, un límite soportable, nuestra vida en común, había tenido altibajos como la todo el mundo, al menos yo así creía, y sin embargo esa noche me parecía que estaba todo sujeto a un corsé cerrado, quizás como la burbuja en la que la protagonista del cuento quiso vivir, no había dolor, no había riesgo, pero tampoco había la capacidad de lanzarse al vacío con la incertidumbre de que podías fallar o podías acertar pero sentir en la piel que estabas viva.
Lloré. No sabía si era por impotencia, o por que de alguna manera sentía que todo aquello, me arrastraba a vivir en una rendición a unos sueños que alguna vez tuve. Y sin embargo yo quería a la persona que dormía a mi lado, y yo había elegido libremente la vida que estaba viviendo, nada me obligaba a seguir allí pero esa era mi elección.
Pasó el viernes, y yo seguía viviendo más en el futuro que en el presente, pero ahora algo había cambiado, a veces me sorprendía pensando, meditando en la vida que llevaba, en la gente que me rodeaba, pensando que significaba la felicidad, que significado tenía la muerte.
Y llegó el sábado por la noche, nuestros amigos se mostraron sorprendidos ante la novedad de ir a un local donde el acto principal era un coloquio entre gente desconocida, también eso me dio que pensar, habíamos llegado a un punto, ya no sólo nosotros, sino creo que en general donde la palabra ha perdido su uso, si, hablamos charlamos, nos comunicamos pero realmente ¿escuchabamos?, ¿somos capaces de decir y de expresar lo que sentimos? Creo que no, alguna vez he entrado en un chat y he comprobado lo necesitada que está la gente de comunicarse y de que ser escuchada, quizás por eso nos resultaba tan extraño un restaurante-copas-coloquio.
El restaurante era un lugar tranquilo, la decoración acogedora, con las paredes de ladrillo visto combinadas con madera, se respiraba tranquilidad, había bastante gente, pero el nivel de ruido era bajo, cosa que me sorprendió, dado lo aficionados que somos en España a hablar en voz alta.
Cuando él llegó, le conté lo de la reserva, le dije que había llamado a una pareja de amigos y que estaban conformes, simplemente me sonrió, “si eso te gusta, está bien, iremos”, no hubo un asomo de sorpresa, simplemente estaba bien, si así había de ser, que fuera.
Al cerrar los ojos esa noche, pensé en ello, la vida, nuestra vida había llegado a un punto en el que todo era un simple fluir, invariable, quizás algo de alegría o felicidad, pero dosificada de tal forma que no alterase nuestra existencia. Igual que los problemas o las tristezas, todos tenían un punto, el cual no debía traspasarse, un límite soportable, nuestra vida en común, había tenido altibajos como la todo el mundo, al menos yo así creía, y sin embargo esa noche me parecía que estaba todo sujeto a un corsé cerrado, quizás como la burbuja en la que la protagonista del cuento quiso vivir, no había dolor, no había riesgo, pero tampoco había la capacidad de lanzarse al vacío con la incertidumbre de que podías fallar o podías acertar pero sentir en la piel que estabas viva.
Lloré. No sabía si era por impotencia, o por que de alguna manera sentía que todo aquello, me arrastraba a vivir en una rendición a unos sueños que alguna vez tuve. Y sin embargo yo quería a la persona que dormía a mi lado, y yo había elegido libremente la vida que estaba viviendo, nada me obligaba a seguir allí pero esa era mi elección.
Pasó el viernes, y yo seguía viviendo más en el futuro que en el presente, pero ahora algo había cambiado, a veces me sorprendía pensando, meditando en la vida que llevaba, en la gente que me rodeaba, pensando que significaba la felicidad, que significado tenía la muerte.
Y llegó el sábado por la noche, nuestros amigos se mostraron sorprendidos ante la novedad de ir a un local donde el acto principal era un coloquio entre gente desconocida, también eso me dio que pensar, habíamos llegado a un punto, ya no sólo nosotros, sino creo que en general donde la palabra ha perdido su uso, si, hablamos charlamos, nos comunicamos pero realmente ¿escuchabamos?, ¿somos capaces de decir y de expresar lo que sentimos? Creo que no, alguna vez he entrado en un chat y he comprobado lo necesitada que está la gente de comunicarse y de que ser escuchada, quizás por eso nos resultaba tan extraño un restaurante-copas-coloquio.
El restaurante era un lugar tranquilo, la decoración acogedora, con las paredes de ladrillo visto combinadas con madera, se respiraba tranquilidad, había bastante gente, pero el nivel de ruido era bajo, cosa que me sorprendió, dado lo aficionados que somos en España a hablar en voz alta.
viernes, agosto 19, 2005
Soñar y volar Parte 3
Algunos de los oyentes, le miraron asombrados, no era un cuentacuentos al uso, chocaba con sus mentes, ellos estaban allí para tomar un café, olvidarse del exterior, escuchar una historia, matar el tiempo y volver, sin embargo todos los reunidos tomamos el lápiz y escribimos el tema del cuento. A los dos minutos él se levantó, tomó los papeles y después de leerlos, reanudó su charla.
“.... veo que la mayoría quiere un cuento de amor, aquí hay alguno que quiere un cuento de suspense, y otro un cuento erótico, bueno este último lo dejaremos para un horario mas acorde con el tema, en cuanto al de suspense, ¿no hay mas suspense que un amor no encontrado, que un corazón a la espera de otro, de una llamada de un abrazo o de un beso?. Veo, que como siempre el amor es el tema preferido para los cuentos, pero nadie ha puesto si quiere un final feliz, supongo que si, ya que si yo os contara una historia de amor sin ese final, probablemente no os volviera a ver, más creo que en el fondo, cuando alguien quiere escuchar un cuento de amor, es por que su cuento, su historia, no está completa y busca reflejarse en ella o en él, en un castillo en cuya almena está la princesa esperando a que llegue su príncipe en un corcel blanco, luche contra el dragón y luego la libere. Pero hoy no será así el cuento, el tema será como habéis querido, de amor, pero no habrá ni príncipes ni princesas, ni hadas ni citas, ni chico encuentra a chica, habrá corazones rotos y esperanzas....”
Y contó un cuento de alguien que amaba con el alma hasta que un día ese amor, se fue, se sintió traicionado y se juró no volver a enamorarse más, pero uno no puede ser dueño de su corazón y al cabo del tiempo volvió a enamorarse, aunque había creado una coraza a su alrededor, nunca más los sentimientos le causarían dolor, y ocultó su amor, sus sentimientos, viviendo en una burbuja....
Yo escuché el cuento atenta, dejando que cada palabra penetrase en mi mente, por que no era un cuento lo que aquel chico estaba contando, en el fondo, hablaba de la vida, de los miedos, de las esperanzas, de las ilusiones y de cómo, de alguna manera todos estábamos perdiendo la fe en vivir. Por un momento sentí que hablaba de mi.
Su hora había acabado tan rápido como me pareció la primera vez, pero no me quise levantar, cuando él paso a mi lado, me sorprendí a mi misma hablándole:
- perdona, ¿pero actúas en algún otro café?
- Hola, si, una noche a la semana hago un círculo abierto, no es como aquí, no hay cuentos o historias, digamos que es una especie de tertulia, ¿te interesaría venir?
Vi en su mirada una ausencia total de aquellos que cuando una mujer les aborda creen que en el fondo buscan una cita, él simplemente me miraba como una persona que busca información, sus ojos sonreían, pero era por el placer que le causaba que sus cuentos habían llegado por lo menos a causar la suficiente curiosidad como para saber que no tendría que esperar hasta el martes siguiente.
- Si quieres te dejo una tarjeta, y te pasas, pero llama antes, el aforo es muy limitado y algunas noches se llena.
Me tendió la tarjeta, la tomé, sonreí y se despidió con una sonrisa.
Miré la tarjeta, era un centro coloquio, donde podías cenar, tomar una copa y luego se entablaba un diálogo entre los asistentes todos regidos por un moderador que se iba turnando. Imaginé que él seria el moderador de algunas noches. La guardé en mi bolso, salí y volví a mi vida, no sin antes sentir dentro de mi el cuento de aquella persona que decidió vivir en una burbuja.
“.... veo que la mayoría quiere un cuento de amor, aquí hay alguno que quiere un cuento de suspense, y otro un cuento erótico, bueno este último lo dejaremos para un horario mas acorde con el tema, en cuanto al de suspense, ¿no hay mas suspense que un amor no encontrado, que un corazón a la espera de otro, de una llamada de un abrazo o de un beso?. Veo, que como siempre el amor es el tema preferido para los cuentos, pero nadie ha puesto si quiere un final feliz, supongo que si, ya que si yo os contara una historia de amor sin ese final, probablemente no os volviera a ver, más creo que en el fondo, cuando alguien quiere escuchar un cuento de amor, es por que su cuento, su historia, no está completa y busca reflejarse en ella o en él, en un castillo en cuya almena está la princesa esperando a que llegue su príncipe en un corcel blanco, luche contra el dragón y luego la libere. Pero hoy no será así el cuento, el tema será como habéis querido, de amor, pero no habrá ni príncipes ni princesas, ni hadas ni citas, ni chico encuentra a chica, habrá corazones rotos y esperanzas....”
Y contó un cuento de alguien que amaba con el alma hasta que un día ese amor, se fue, se sintió traicionado y se juró no volver a enamorarse más, pero uno no puede ser dueño de su corazón y al cabo del tiempo volvió a enamorarse, aunque había creado una coraza a su alrededor, nunca más los sentimientos le causarían dolor, y ocultó su amor, sus sentimientos, viviendo en una burbuja....
Yo escuché el cuento atenta, dejando que cada palabra penetrase en mi mente, por que no era un cuento lo que aquel chico estaba contando, en el fondo, hablaba de la vida, de los miedos, de las esperanzas, de las ilusiones y de cómo, de alguna manera todos estábamos perdiendo la fe en vivir. Por un momento sentí que hablaba de mi.
Su hora había acabado tan rápido como me pareció la primera vez, pero no me quise levantar, cuando él paso a mi lado, me sorprendí a mi misma hablándole:
- perdona, ¿pero actúas en algún otro café?
- Hola, si, una noche a la semana hago un círculo abierto, no es como aquí, no hay cuentos o historias, digamos que es una especie de tertulia, ¿te interesaría venir?
Vi en su mirada una ausencia total de aquellos que cuando una mujer les aborda creen que en el fondo buscan una cita, él simplemente me miraba como una persona que busca información, sus ojos sonreían, pero era por el placer que le causaba que sus cuentos habían llegado por lo menos a causar la suficiente curiosidad como para saber que no tendría que esperar hasta el martes siguiente.
- Si quieres te dejo una tarjeta, y te pasas, pero llama antes, el aforo es muy limitado y algunas noches se llena.
Me tendió la tarjeta, la tomé, sonreí y se despidió con una sonrisa.
Miré la tarjeta, era un centro coloquio, donde podías cenar, tomar una copa y luego se entablaba un diálogo entre los asistentes todos regidos por un moderador que se iba turnando. Imaginé que él seria el moderador de algunas noches. La guardé en mi bolso, salí y volví a mi vida, no sin antes sentir dentro de mi el cuento de aquella persona que decidió vivir en una burbuja.
miércoles, agosto 17, 2005
Sueños son Parte 2
...
Siguió con el cuento, y en mi mente la imagen de aquel mundo, de sus dos lunas, de su gente, de su forma de ver las cosas, de sus vidas y de sus sentimientos, me transportaron también a mi. Y en aquella hora, un soplo de aire nuevo entró en mi ser, de alguna manera me sentía como un preso que después de cavar un largo túnel veía la luz y escapaba por él.
Pero la luz se apagó nada más abrir la puerta del café, y salir a la calle, me paré y vi el letrero en la entrada.
“Martes y jueves cuenta cuentos a las 19.00 horas”
Caminé con la sensaciones del cuento y de su voz aún palpitando, ¿y si existiera un mundo así, un lugar donde refugiarte, donde todo pudiera resultar diferente?
Llegué a casa y allí estabas tú y mi mundo, ese con quien mucha gente dice que sueña, me besaste ligeramente, automáticamente.
- ¿qué tal te ha ido?
- Bien, un día más, algo cansada, ¿quieres que prepare la cena?
- Deja, ya preparé yo algo, siéntate va a empezar el telediario luego cenamos.
.......
Apagué la luz de la mesilla y cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, busqué la ventana, el resquicio que dejaba ver el exterior y pensé en el cuenta cuentos y en su estrella y con esos pensamientos me dormí.
Pasé el miércoles, deseando que llegara el jueves. Y el jueves deseando que llegaran las 7 de la tarde. Por un momento me vi viviendo mas el futuro que el presente, aunque me preguntaba si alguna vez había dejado de hacerlo.
De pequeña quería tener mas años para salir con las amigas, luego llegar a ser joven para tener mas libertad, luego soñaba con ir a la universidad, luego.. luego.... luego me vi dejándome llevar, terminar los estudios, encontrar un trabajo, un novio, romper, asentarme conocer a otra persona y dejar de luchar.
¿En que momento uno olvida los sueños y se deja vencer?
Entré en el café, esta vez en el rincón no había más de tres personas, era pronto. Él llegó, miró a su alrededor y se sentó.
Sonrió.
Yo le sonreí.
Dieron las 7, sacó dos o tres hojas, miró a su alrededor, tosió ligeramente y empezó.
“... el martes os conté una historia de una estrella, de un lugar donde una persona se alejaba de un mundo que él simplemente había elegido, nada ni nadie le había obligado a vivir, y sin embargo eran esas noches de viaje las que le hacían vivir un día más con la esperanza de volver. Los cuentos son soplos, ráfagas de esperanza para el que los vive y para el que los cuenta, son como gotas de lluvia en una tarde de verano sofocante, pueden que nos refresquen, y que luego se evaporen, esos son los cuentos que pasan ligeramente sobre nuestros sentidos, luego están los cuentos que penetran, nos hacen pensar y cuando uno menos se lo espera aparecen en nuestra retina, o nuestra cabeza e incluso en nuestro corazón, y esos son los cuentos que estoy aquí para daros, pero no como un lector ante un oyente pasivo, busco corazones, mentes y almas activos, que sepan percibir que un cuento es algo vivo que nace y crece dentro de cada uno, transformándose con las vivencias que se le aportan. La estrella era un mundo para cada uno que la visitaba, hoy esa estrella será otro mundo, pues el tema del cuento es de vuestra elección, en cada mesa hay un papel, sé que al principio es duro decir en voz alta que cuento quiere escuchar, así que hoy, me lo escribiréis en un papel, y el martes que viene, será en voz alta...”
.......
Siguió con el cuento, y en mi mente la imagen de aquel mundo, de sus dos lunas, de su gente, de su forma de ver las cosas, de sus vidas y de sus sentimientos, me transportaron también a mi. Y en aquella hora, un soplo de aire nuevo entró en mi ser, de alguna manera me sentía como un preso que después de cavar un largo túnel veía la luz y escapaba por él.
Pero la luz se apagó nada más abrir la puerta del café, y salir a la calle, me paré y vi el letrero en la entrada.
“Martes y jueves cuenta cuentos a las 19.00 horas”
Caminé con la sensaciones del cuento y de su voz aún palpitando, ¿y si existiera un mundo así, un lugar donde refugiarte, donde todo pudiera resultar diferente?
Llegué a casa y allí estabas tú y mi mundo, ese con quien mucha gente dice que sueña, me besaste ligeramente, automáticamente.
- ¿qué tal te ha ido?
- Bien, un día más, algo cansada, ¿quieres que prepare la cena?
- Deja, ya preparé yo algo, siéntate va a empezar el telediario luego cenamos.
.......
Apagué la luz de la mesilla y cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, busqué la ventana, el resquicio que dejaba ver el exterior y pensé en el cuenta cuentos y en su estrella y con esos pensamientos me dormí.
Pasé el miércoles, deseando que llegara el jueves. Y el jueves deseando que llegaran las 7 de la tarde. Por un momento me vi viviendo mas el futuro que el presente, aunque me preguntaba si alguna vez había dejado de hacerlo.
De pequeña quería tener mas años para salir con las amigas, luego llegar a ser joven para tener mas libertad, luego soñaba con ir a la universidad, luego.. luego.... luego me vi dejándome llevar, terminar los estudios, encontrar un trabajo, un novio, romper, asentarme conocer a otra persona y dejar de luchar.
¿En que momento uno olvida los sueños y se deja vencer?
Entré en el café, esta vez en el rincón no había más de tres personas, era pronto. Él llegó, miró a su alrededor y se sentó.
Sonrió.
Yo le sonreí.
Dieron las 7, sacó dos o tres hojas, miró a su alrededor, tosió ligeramente y empezó.
“... el martes os conté una historia de una estrella, de un lugar donde una persona se alejaba de un mundo que él simplemente había elegido, nada ni nadie le había obligado a vivir, y sin embargo eran esas noches de viaje las que le hacían vivir un día más con la esperanza de volver. Los cuentos son soplos, ráfagas de esperanza para el que los vive y para el que los cuenta, son como gotas de lluvia en una tarde de verano sofocante, pueden que nos refresquen, y que luego se evaporen, esos son los cuentos que pasan ligeramente sobre nuestros sentidos, luego están los cuentos que penetran, nos hacen pensar y cuando uno menos se lo espera aparecen en nuestra retina, o nuestra cabeza e incluso en nuestro corazón, y esos son los cuentos que estoy aquí para daros, pero no como un lector ante un oyente pasivo, busco corazones, mentes y almas activos, que sepan percibir que un cuento es algo vivo que nace y crece dentro de cada uno, transformándose con las vivencias que se le aportan. La estrella era un mundo para cada uno que la visitaba, hoy esa estrella será otro mundo, pues el tema del cuento es de vuestra elección, en cada mesa hay un papel, sé que al principio es duro decir en voz alta que cuento quiere escuchar, así que hoy, me lo escribiréis en un papel, y el martes que viene, será en voz alta...”
.......
martes, agosto 16, 2005
Sueños son ... Parte 1
Hoy voy a emepzar con un nuevo estilo, tengo una historia larga que os voy a ir dejando por capítulos, todos los lunes miercoles y viernes pondré uno nuevo, como ayer fué fiesta pondré hoy uno, espero que os animeis a decirme que os parece como va , el cuento aún no lo tengo acabado por lo que si alguien se anima a darme pistas de como dirigirlo ... genial.
Ahi va:
Caía la tarde bajo el plomizo cielo otoñal de Madrid. El asfalto reflejaba el andar rápido de la gente por la lluvia caída. Y yo, mientras tanto, con mi mirada perdida, seguía pensando.
Acababa de salir del trabajo, debían ser cerca de las 7 de la tarde, y envuelta en mis pensamientos vagaba hacia la estación de metro más cercana.
¿era realmente lo que había deseado de pequeña? ¿Llevaba la vida que un día soñé o simplemente en un punto de mi camino dejé caer los brazos y simplemente me abandoné al transcurso de los acontecimientos? Decididamente pensaba que no era lo que había soñado que sería mi vida. Ahora todo se reducía a levantarme, ir al trabajo, el cual no me proporcionaba mas que un buen sueldo con el que vivir, y volver a casa, un par de “holas”, un beso, un “como te ha ido el día”, y caer en el sofá frente al televisor encendido. Quizás habría gente que me envidiaría, una buena casa, un coche, un trabajo, y un compañero, pero sin embargo algo dentro de mi se removía llevándome a una honda tristeza, a una desesperación en la que los días no eran mas que momentos repetidos, una y otra vez, hasta llegar al fin de semana donde volvían a repetirse, monótonas secuencias de momentos ya vividos.
¿Dónde estaba aquella persona amante de la aventura, aquella persona para la que la vida era un instante fugaz capaz de sorprender e ilusionar a cada momento?
Levanté la mirada y vi un café, entré, era un café chiquito, acogedor, con mesas de mármol redondas y sillas de madera, al final del mismo se abría un espacio, quizás antiguamente sirviera de pequeño almacén y allí, en una especie de altillo se erigía una silla y un atril. En él, un chico quizás de treinta y tantos, de aspecto algo desaliñado y con las gafas caídas, leía. A su alrededor seis o siete personas escuchaban atentas, algunas daban un lento sorbo al café sin perder de vista al cuentacuentos.
Decidí sentarme cerca y escucharle, tenía toda la tarde por delante, y el ambiente era acogedor. Pedí un café cargado y caliente, dejé mi bolso en la silla y me dediqué por un momento a observar. Sin escucharle.
Llevaba un jersey negro de cuello alto, y pantalones de cuadros, sus gafas plateadas caían ligeramente sobre su nariz, el pelo negro salpicado de canas y una voz suave, profunda.
La gente que lo escuchaba era diversa, quizás alguno como yo, había entrado a refugiarse de la tarde desapacible, otros sin embargo parecían que estaban allí oyéndole desde siempre.
El camarero me trajo el café, sentí su calor deslizándose por mi garganta y me dejé llevar por las palabras del cuentacuentos.
“... aquella noche, tras cerrar los ojos, se abrió la ventana, aquella que podía llevarle a su mundo, un mundo quieto y distante. Como en un ritual, se asomó a la ventana, y saltó, hacia fuera, sintió la noche en su cara y empezó su viaje. La estrella no estaba lejana, y allí le esperaban, sabía el camino, lo que encontraría, y como cada noche viviría y sentiría cosas que aquí en su mundo ni de lejos soñaría y como cada amanecer volvería, con la esperanza de que a la siguiente noche, se asomaría a la ventana, y saltaría hacia fuera.....”
Ahi va:
Caía la tarde bajo el plomizo cielo otoñal de Madrid. El asfalto reflejaba el andar rápido de la gente por la lluvia caída. Y yo, mientras tanto, con mi mirada perdida, seguía pensando.
Acababa de salir del trabajo, debían ser cerca de las 7 de la tarde, y envuelta en mis pensamientos vagaba hacia la estación de metro más cercana.
¿era realmente lo que había deseado de pequeña? ¿Llevaba la vida que un día soñé o simplemente en un punto de mi camino dejé caer los brazos y simplemente me abandoné al transcurso de los acontecimientos? Decididamente pensaba que no era lo que había soñado que sería mi vida. Ahora todo se reducía a levantarme, ir al trabajo, el cual no me proporcionaba mas que un buen sueldo con el que vivir, y volver a casa, un par de “holas”, un beso, un “como te ha ido el día”, y caer en el sofá frente al televisor encendido. Quizás habría gente que me envidiaría, una buena casa, un coche, un trabajo, y un compañero, pero sin embargo algo dentro de mi se removía llevándome a una honda tristeza, a una desesperación en la que los días no eran mas que momentos repetidos, una y otra vez, hasta llegar al fin de semana donde volvían a repetirse, monótonas secuencias de momentos ya vividos.
¿Dónde estaba aquella persona amante de la aventura, aquella persona para la que la vida era un instante fugaz capaz de sorprender e ilusionar a cada momento?
Levanté la mirada y vi un café, entré, era un café chiquito, acogedor, con mesas de mármol redondas y sillas de madera, al final del mismo se abría un espacio, quizás antiguamente sirviera de pequeño almacén y allí, en una especie de altillo se erigía una silla y un atril. En él, un chico quizás de treinta y tantos, de aspecto algo desaliñado y con las gafas caídas, leía. A su alrededor seis o siete personas escuchaban atentas, algunas daban un lento sorbo al café sin perder de vista al cuentacuentos.
Decidí sentarme cerca y escucharle, tenía toda la tarde por delante, y el ambiente era acogedor. Pedí un café cargado y caliente, dejé mi bolso en la silla y me dediqué por un momento a observar. Sin escucharle.
Llevaba un jersey negro de cuello alto, y pantalones de cuadros, sus gafas plateadas caían ligeramente sobre su nariz, el pelo negro salpicado de canas y una voz suave, profunda.
La gente que lo escuchaba era diversa, quizás alguno como yo, había entrado a refugiarse de la tarde desapacible, otros sin embargo parecían que estaban allí oyéndole desde siempre.
El camarero me trajo el café, sentí su calor deslizándose por mi garganta y me dejé llevar por las palabras del cuentacuentos.
“... aquella noche, tras cerrar los ojos, se abrió la ventana, aquella que podía llevarle a su mundo, un mundo quieto y distante. Como en un ritual, se asomó a la ventana, y saltó, hacia fuera, sintió la noche en su cara y empezó su viaje. La estrella no estaba lejana, y allí le esperaban, sabía el camino, lo que encontraría, y como cada noche viviría y sentiría cosas que aquí en su mundo ni de lejos soñaría y como cada amanecer volvería, con la esperanza de que a la siguiente noche, se asomaría a la ventana, y saltaría hacia fuera.....”
viernes, agosto 12, 2005
Soledades
Hay veces que el camino se vuelve seco y pedregoso, cuando quizas un solo abrazo una simple mirada puedan cambiarlo en un camino de verde y arena.
Sales, afuera hace frio, el aire casi corta la piel a tiras, y puedes sentir como la soledad muerde la carne hasta hacerla sangrar, pero cierras los ojos y ves en una sonrisa todo el calor, una playa de aguas cristalinas.
Las luces se apagan lentamente, como si a cada paso q uno diera ,fuera oscureciendose el camino, todo se torna en noche oscura y sombria, mas si logras sentir, veras como las luces vuelven a prender en el alma.
A veces uno se siente como una piedra envuelta de aguas, isla solitaria, lejana, cuyas arenas intentan llegar al continente, continente que se aleja poco a poco dejando la isla varada en su soledad. Oh mar alza tus olas tapa la isla, devórala hasta cubrirla con tus aguas, aguas de remanso y paz.
Sólo las lagrimas q corren camino abajo saben llevarse los sentimientos, los arrastran envueltos en papel de regalo, para que una sonrisa los trague.
Y aquella estrella que brilla pese a su fulgor sabe cuan lejos se siente de las demas, millones de años luz las separa y aun asi su brillo marca el camino, camino que se hace desierto.
Quizas una vez coleccioné nubes de verano, espuma de olas de mar, besos nunca entregados, te quieros perdidos en unos labios que nunca se atrevieron a decirlo, y con ellos haga un equipaje, ligero para mi viaje.
Viaje a un sol lejano y perdido, tan lejano que nunca logré alcanzarlo.
Sales, afuera hace frio, el aire casi corta la piel a tiras, y puedes sentir como la soledad muerde la carne hasta hacerla sangrar, pero cierras los ojos y ves en una sonrisa todo el calor, una playa de aguas cristalinas.
Las luces se apagan lentamente, como si a cada paso q uno diera ,fuera oscureciendose el camino, todo se torna en noche oscura y sombria, mas si logras sentir, veras como las luces vuelven a prender en el alma.
A veces uno se siente como una piedra envuelta de aguas, isla solitaria, lejana, cuyas arenas intentan llegar al continente, continente que se aleja poco a poco dejando la isla varada en su soledad. Oh mar alza tus olas tapa la isla, devórala hasta cubrirla con tus aguas, aguas de remanso y paz.
Sólo las lagrimas q corren camino abajo saben llevarse los sentimientos, los arrastran envueltos en papel de regalo, para que una sonrisa los trague.
Y aquella estrella que brilla pese a su fulgor sabe cuan lejos se siente de las demas, millones de años luz las separa y aun asi su brillo marca el camino, camino que se hace desierto.
Quizas una vez coleccioné nubes de verano, espuma de olas de mar, besos nunca entregados, te quieros perdidos en unos labios que nunca se atrevieron a decirlo, y con ellos haga un equipaje, ligero para mi viaje.
Viaje a un sol lejano y perdido, tan lejano que nunca logré alcanzarlo.
martes, agosto 09, 2005
Aquel verano

Me temblaban las manos.
El tiempo inexorable había hecho mella en mi cuerpo, dolía, pero era un dolor asumible, sabía que era así, y lo aceptaba, ¿cómo no iba a aceptarlo? al fin y al cabo había tenido una vida que cualquiera hubiera envidiado.
Cogí el libro, compañeros de mis días, al abrirlo una foto cayó de él. La cogí, estaba ya amarillenta y envejecida, como a mi, el paso del tiempo también la había marcado.
Me detuve a observarla, no era la primera vez que lo hacia, pero siempre descubría cosas nuevas.
El cielo limpio y azul, como era aquel verano, ese verano en el que nos conocimos, parecía como si el cielo con su azul intenso se alegrara de cobijarnos. Al fondo las montañas aquellas que tanto amabas, que tantas veces fuimos a recorrerlas dando grandes paseos, mientras me pedías que te fuera contando todo lo que veía, sintiendo como te agarrabas a mi brazo, el calor de tu piel en mi piel.
Empecé a recordar, mis ojos se cerraron y las imágenes volvieron a mi, como si no hubiera pasado tantos años.
Aquel verano trabajaba en el puerto, cuando llegaba el ferry, allí estaba yo preparado para descargar los equipajes de los residentes del hotel. Los llevaba hasta el autobús, los colocaba en el maletero y guiaba a la gente hasta estar completamente seguro que no faltaba nadie. Esa mañana el sol apretaba, aún no había llegado el ferry y ya el calor se hacia notar. Me arremangué la camisa, aun recuerdo como iba vestido, aquella camisa azul, unos pantalones vaqueros gastados y unas sandalias cerradas.
Sentado a la espera de la llegada del barco, observaba las montañas, deseaba que llegara la tarde, era mi mejor momento, tomaba mi canoa y remaba río arriba hacia las montañas, disfrutando de la soledad, oyendo el rumor de las olas golpeando la canoa, perdiéndome en aquel paisaje aun virgen de turistas.
El zumbido del motor me despertó de mi ensoñación, levante la vista y allí estaba amarrado el ferry, los empleados se afanaban en colocar la pasarela, las aguas aquel día estaban mas azules que nunca, parecían rivalizar con el cielo.
Bajé las maletas, en un ritmo automático, cuando ya estaba todo preparado, me dirigí a las personas que debían ir al hotel, y fue en ese preciso momento en el que te vi.
Recuerdo la primera impresión y aun siento el calor que ella me provocó, tu camisa negra de tirantes, aquellos pantalones cortos blancos, las alpargatas, tu piel bronceada, tus gafas que protegían tus ojos y sobre todo tu sonrisa una sonrisa cálida que iluminaba, vi como te desplazabas había una gracia sutil en tus movimientos.
Intenté acercarme pero me fue imposible, me resigne y seguí con mi trabajo una vez todos dentro del autobús busque el sitio donde pudiera seguir observándote, habías llegado con tus padres y estos a tu lado te contaban como era el camino hacia el hotel.
Cuando llegamos, te perdí, mientras sacaba las maletas desapareciste entre la gente.
Aquella tarde, mientras remaba río arriba soñaba con tenerte en mi canoa, con poder compartir mis lugares secretos, y sentía nuevas sensaciones desconocidas en mi, a pesar de la brisa sudaba y mi respiración se agitaba cada vez que pensaba en ello.
Habían pasado dos días, desde la primera vez que te había visto y aunque todas las mañanas había ido al hotel, solo pude verte de lejos, siempre con tus padres, pero esa tarde que decidí dejar la canoa y volver a intentar encontrarte, lo conseguí. Estabas sentada en el jardín, con la mirada perdida, me detuve a lo lejos y te mire durante un rato, tu imagen no desentonaba con el jardín, diriase que pertenecías a el, que te integrabas en el, y sentí un rubor que me paralizo las piernas, en mi mente las dudas volaban pero también sabia que quizás seria mi única oportunidad para acercarme.
Lentamente , paso a paso, llegué hasta ti.
- Hola, buenas tardes
Diste un pequeño respingo, imagine que mi presencia te había sacado de tus pensamientos.
- Perdona, no quise asustarte.
- No te preocupes , solo que no esperaba a nadie.
- ¿Puedo sentarme aquí?
- Claro, siéntate, dime ¿cómo te llamas?
- si, perdona me llamo Eliah y trabajo para el hotel, recojo los equipajes y luego hago algunas reparaciones por la mañana, hasta que viene ferry.
- Me llamo Thalía, encantada
Y tendiendo la mano, la cogí, sentí la suavidad de tu piel y me fije en ellas, suaves y cuidadas, empecé a reparar en ti, la fragancia de tu colonia, en la forma en la que te habías recogido el pelo, en la línea de tu boca y de nuevo en aquellas gafas. No pregunté nada.
El silencio llenó los primeros segundos de nuestro encuentro, parecieron interminables, hasta que tu volviste a hablar.
- dime ,¿ hay algo que pueda hacer por aquí? ¿Algún lugar interesante que visitar?
- Si, el pueblo tiene una iglesia antigua muy hermosa, a pocos kilómetros de aquí hay un gran lago donde pasan el verano muchas aves, un poco mas lejos están las montañas desde allí hay grandes paisajes.
Por un leve instante sentí una ráfaga de tristeza en tu rostro.
Oí la voz de tu madre que te llamaba, y te levantaste despidiéndote de mi, antes de irte te pregunte si volvería a verte, y tu me contestaste: “¿Quién sabe?
Desde aquella mañana todo cambió para mi, anhelaba el amanecer, salir corriendo al hotel y buscarte, miraba en el restaurante, en el jardín, en la piscina pero no te encontraba, no podía preguntar en que habitación te hospedabas por que nos tenían prohibido relacionarnos con los huéspedes, sólo podía esperar.
Pasó un día que se me hizo eterno, ni siquiera esa tarde en la canoa pude apartar mis pensamientos de ti, solo soñaba con volver a verte, oír tu voz y sentirte cerca de mi.
Era la primera hora de la mañana, me había acercado a l restaurante a por un poco de agua cuando volví a verte, estabas sentada en una mesa, la taza de café humeante, un vaso de naranjada a tu lado. esta vez hice algo de ruido al acercarme y antes de llegar a ti me saludaste.
- Hola Eliah, que tal? esperaba volver a verte.
Me sorprendió que estando de espaldas me reconocieras, pero la calidez de tus palabras y el que me dijeras que esperabas volver a verme, lleno mi interior.
- Hola Talía, que tal estas?, hace una bonita mañana
- Si, debe hacerla, aunque aquí dentro uno no puede sentirla
- Hoy tengo la mañana libre, te apetece dar un paseo?
- No puedo, de verdad que lo siento, en otro momento ¿vale?
sentí que algo se caía dentro de mi, una punzada de dolor me recorrió.
- Bueno no te molesto mas, nos vemos, adiós.
Cuando me había alejado tres pasos de ella, me llamó.
- Espera, espera, no te vayas, he dicho que ahora no puedo,pero a mediodía si, mis padres tienen que ir al pueblo, yo no iré con ellos, te parece que quedemos aquí mismo?
- si, a mediodía estaré esperándote, gracias
- No faltes eh?
Como iba a faltar, en ese momento hubiera gritado, hubiera saltado, pero me contuve, salí y me fui hasta el río, allí esperé hasta el mediodía, hable con las aguas y con los patos, los nervios sacudían mi cuerpo como un muñeco, ella había aceptado, había dicho que si.
Cuando entré en el restaurante ella ya estaba allí, un vestido estampado ligero, y suave unas sandalias abiertas y el pelo suelto, me detuve contemplándola, era la belleza, me acerque y le dije:
- ¿Preparada?
- si, lo estoy, donde iremos?
- Tengo una sorpresa para ti, ya veras.
De pronto ella se agarro a mi brazo, y lo que suponía se hizo realidad.
- No te importa ¿verdad? será más fácil para mi si me guías.
- No claro que no.
La piel se me erizo por un instante, su olor me lleno y cerré los ojos dejándome inundar por esas sensaciones, dejándolas fluir por el cuerpo.
Aquel día, solo fue el principio, le enseñe el lago, las montañas, bajamos al pueblo y recorrimos sus calles, entrábamos en las tiendas, y yo le iba describiendo cada cosa, cada color, el verde esmeralda de las aguas, el recorte de las montañas sobre el azul del cielo, ella me escuchaba y asentía, yo sabia que en su mente se dibujaba todo lo que yo estaba viendo.
Pasábamos tardes sentados a la orilla del lago, ella me decía como era su vida en la ciudad, como eran sus calles, como las percibías tus sueños tus anhelos, y yo los saboreaba, los vivía contigo.
Una tarde nos cogió por sorpresa una tormenta de verano, dando un paseo por el bosque, yo temí que te asustaras y sin embargo corriste bajo la lluvia dejándote mojar por ella, tu vestido se empapo, y vi la silueta de tu cuerpo dibujado en el, sentí de nuevo un calor en mi cuerpo, cuando nos sentamos bajo el árbol y te pegaste a mi, no pude reprimirme mas y te bese, sentí el calor de tus labios en los míos y cuando abriste tu boca, sentí la humedad de tus besos, tus manos recorriendo mi cuerpo, mis manos deslizándose en tus pechos. Y nos amamos, hicimos el amor, bajo aquel árbol intentando detener el tiempo entre nuestra piel.
Y el tiempo pasó, los días se iba acortando de igual manera que el tiempo que nos quedaba para estar juntos.
La ultima mañana fue en la que te saqué esta foto, el barco “General-Ousian” inmóvil, varado, a la espera de engullirte y alejarte de mi, las banderitas colocadas solo eran sinónimo de lagrimas, y tu de pie entre macetas de grandes flores rojas y rosas, con el sol reflejándose en tu cuerpo, tal como te vi llegar, el pelo recogido, las manos levemente suspendidas en la barandilla, un suave oleaje en el puerto, al fondo el rompeolas y marcando el fondo de la foto, las montañas, nuestras montañas, aquellas que nos vieron tantas veces pasear entre sus caminos, hasta la cabaña donde nos parábamos al calor de un fuego y hablábamos de nuestros sueños.
Solo fue un instante, un clic, y allí en aquel papel quedaba grabado todo un verano, el primer amor, ese que nunca se olvida.
Te acompañe hasta la pasarela, allí tus padres volvieron a mostrar el desagrado que le causaba mi presencia, siempre intentado protegerte, aun a sabiendas que yo nunca te haría daño. Me besaste, fue un suave roce de tus labios pero en ellos estaba encerrado el amor mas hermoso que nunca he sentido.
Y te vi alejarte, subir aquellas escaleras, desaparecer tragada por el barco, sin mirar atrás, sin inclinar la cabeza. Y contigo se fue parte de mi ser.
Pasaron años, décadas, salí con chicas incluso tuve sexo con algunas de ellas pero nunca volví a sentir lo que sentí contigo, y fue entonces, una mañana en la que sentado en el puerto te vi llegar, a pesar del tiempo, aun tenias esa imagen esa luz esa belleza de la que me enamoré.
Me acerqué a ti, y cuando aun estaba a dos pasos, te oí decir
- Hola Eliah, hoy si puedo quedar contigo, ¿me llevaras al lago? ¿iremos a las montañas?
- Si, iremos, pero esta vez no volverás a irte.
- No Eliah, esta vez si quieres, vengo a quedarme.
Salgo al jardín y te veo allí, sentada, no has cambiado mucho quizás tu cabello gris delata el paso del tiempo, pero tu imagen sigue siendo la misma que conocí.
Me siento a tu lado, acerco la foto a tu mano y me dices.
- Eliah me la describes, dime que ves en ella
Y yo empiezo esta historia, la historia de cómo te conocí.
Y todo lo bueno acaba...

Ya estoy de vuelta con algo más de color, con las pilas un poco más recargadas y con el vacio que provoca volver a la rutina... pero no nos quejaremos... al menos por el momento.
Para aquellos que me leen, estuve en la playa, en un lugar llamado Dehesa de Campoamor en Alicante casi en la frontera de Murcia. Allí he veraneado toda mi vida, he pasado mi juventud mis primeros amores las primeras borracheras los amigos, todo ellos forman un grato recuerdo de una parte de mi vida, y con ellos el mar, ese mar que me llama y me posee en el qye me encanta perderme en la noche viendo los puntos de luz de los barquitos de pesca perdidos en la oscuridad de la noche, donde me gustaria perderme con ellos.
Y llegan los sentimientos, dicen que en el lugar donde has sido feliz no has de volver, y quizas tenga razón la canción, allá tumbado en la playa se forma un cúmulo de sensaciones, ves caras envejecidas por el tiempo de antiguas amistades o conocidos, y ahora ajeno a aquellas personas que pasaron levemente los miro y los observo veo a sus hijos su transformación , y siento que ando a traspies en la vida, como un escalón detras de todo, quizas sea por que mi imagen no esté acorde con los años que tengo o mi espiritu pero algo me hace sentirme muy lejos de ellos, y aún así siento un poco de envidia de una estabilidad de una familia "permanente" pero la vida es aventura y ahí andamos enzarzados en la aventura a punto de abrir una nueva temporada, echado el telón abramoslo de nuevo"the show must go on" con nuevas ilusiones y fuerzas.
Besitos y a vivir...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)