martes, marzo 12, 2013
Náufrago
Su vida podría contarse por sus fracasos, tantos, que tenía la sensación de estar subiéndose a un tio-vivo dando vueltas y vueltas para pararse exactamente en el mismo punto donde subió, esperar y volverse a subir.
Sin saber como, se encontraba en una pequeña isla, cual naufrago, con lo suficiente para seguir viviendo, con la carencia de lo más importante para vivir.
A veces llegan hasta su pequeña isla otros náufragos, siempre de uno en uno, siempre a la espera de ser rescatados.
Él ayuda en lo que puede a crear la balsa que le sacara de allí, tarde lo que tarde, sin esperar nada a cambio. Y mientras aquella balsa se construye, sus vidas se entrelazan como los hilos de dos marionetas que se cruzan, que bailan, que se separan.
Y hay mañanas que él se levanta y en la isla ya no queda nadie, la balsa ha partido, el otro náufrago se ha marchado, deshaciendo los nudos que pudieron haber en los hilos de las marionetas.
Otras, las menos, también intentan salvarle a él, pero ya se ha acostumbrado tanto a su isla, que le da miedo volver a la civilización, al caos. Y cuando desde su playa ve como se pierden en el horizonte, una lágrima surca el desierto de su mejilla.
Hasta que un día decida lanzarse al agua y nadar, nadar, nadar hasta donde le alcancen las fuerzas.
viernes, marzo 08, 2013
Muertos (Historias de mi viejito)
Caía sobre un Madrid, un frío de los que calan los huesos, de los que aunque te pongas dos jerseys y un abrigo, aunque vayas como una cebolla envuelto en capas de ropa, no logras deshacerte de el, lo llevas pegado a la piel.
Caminaba envuelto en aquel mundo de brumas que se había convertido últimamente mi vida, en un querer queriendo poder, en un quiero creer que creo que puedo… en absolutamente nada.
La calle santa Isabel estaba vacía a aquellas horas tempranas, los pescaderos vaciaban sus furgonetas, olor a pescado, hielo en las aceras, esquivé como pude la pila de cajas y tomé la calle Atocha. Decidí cambiar de ruta, dirigiendo mis pasos a la plaza de Santa Ana, su postal no tenía nada que ver a la que no muchas horas atrás vestía, luces de farolas, bullicio de gente en busca de este o aquel garito donde encontrar no sólo una copa más, sino, en algunos casos, un cuerpo caliente donde refugiarse.
Bajé por Carretas, las tiendas empezaban a desperezarse de su sueño, aún quedaban carteles de las recientes rebajas, mientras yo oía a Marvin Gaye cantar “Distan Lover”.
Aterricé en una Puerta del Sol bañada por las mangueras de los barrenderos, y allí varado le volví a ver. Me acerqué a él, en silencio, despacio, como si temiera que en cualquier momento se desvaneciera. A tres pasos, se giró, sonrió y me saludo como si nunca se hubiera ido.
- ¿damos un paseo? - me dijo.
- ¡cómo no! – le contesté
Enfilamos en dirección a la plaza de Ópera.
- Muertos – dijo de pronto.
- ¿Qué?
- Muertos, los muertos están muertos, y aunque haya algunos que sigan vivos, están muertos y así es mejor dejarlos.
- No llego a entenderte.- le dije
- Sentémonos aquí.
Y allí en la plaza de Ópera, empezó a contarme una de sus historias.
“Hay una historia que nunca te he contado, tendría yo unos 17 años, aún la vida me parecía como un cuento, de esos que tienen final feliz, a pesar del hambre que pasábamos y las carencias de aquella época, esos cuentos en los aún estas escribiendo “érase que se era…”
Tenía un hermano dos años mayor que yo, para él yo era su protegido, su ojo derecho, una misión autoimpuesta de guardarme de todo lo malo que me pudiera pasar.
Pasábamos casi todo el día juntos, hasta que por la noche él se despedía para quedar con sus amigos.
Un día apareció en casa con una chica, de pelo trigueño y ojos grandes, cuando me la presentó ella se acercó y sin decir nada su mano alborotó mi pelo mientras le decía a mi hermano “con que este es tu hermanito ¿eh?”, creo que fue en aquel momento cuando se giró que me enamoré de ella. Sí, era un imposible, la chica de mi hermano, pero con 17 años, y las hormonas en revolución continua un pude evitar la avalancha de sensaciones y sentimientos que me provocaba.
Buscaba cualquier excusa para estar con ellos, buscaba cualquier momento para estar con ella, “vamos te acompaño a comprar el pan”, “venga deja eso que pesa mucho yo te lo llevo”. No creo que nunca se dieran cuenta, ni él ni ella de lo que llegué a sentir, para lo bueno y para lo malo, por que hubo momentos en que de alguna extraña manera deseé que mi hermano desapareciera para que ella fuera solamente mía.
Y a veces, amigo, los deseos por más extraños que parezcan se cumplen. Aquella tarde mientras el sol aún bañaba con sus últimos rayos los campos de trigo, aparecieron.
Al principio eran sólo dos manchas en el cielo, dos sombras que fueron creciendo, quién iba a suponer que tan lejos de aquella guerra entre hermanos, que ese pueblo tan insignificante que no aparecía en los mapas, fuera a hacerse protagonista de la noche a la mañana.
Los vi llegar desde la puerta de casa, oí sus motores y de pronto como si abriesen la boca escupieron su letanía sobre nosotros.
Mi madre me empujó al sótano, la casa tembló, el tiempo se nos hizo eterno los dos allí solos, fueron unos minutos, fue mi vida entera la que en esos minutos agonizó y murió.
Cuando salimos la gente corría como loca, varias casas ardían, en el campo algunas vacas mostraban sus cuerpos despedazados, como si fueran de plastilina y una mano gigante las hubiera aplastado.
Mi padre llegó poco después, por suerte pudo esconderse en el ayuntamiento.
Sin embargo mi hermano… encontramos su cuerpo bajo un ciruelo, a los pocos metros estaba el cuerpo de ella con sus grandes ojos abiertos y su cabello triguero manchado de sangre, no murió pero para el caso fue lo mismo, nunca volvió a ser la misma y aunque yo seguía enamorado, ella se fue alejando hasta convertirse en una sombra.
Yo morí con ellos, o al menos una parte de mi se enterró bajo ese ciruelo, pero lo peor no fue aquello. Lo peor estaba aún por llegar y yo ni lo intuía. No fui a la iglesia, ni tampoco al entierro, por que yo no llegué a enterrar a aquellos muertos hasta muchos años después.
Aquellas dos muertes, una real y otra viva, siguieron asaltándome mucho tiempo, hice cosas que aún me cuesta perdonarme, odié el mundo, bajé al infierno, jugué con sentimientos queriendo borrar los míos, y tan sólo logré estar muerto esos años. Al final, con el tiempo, empecé a salir de aquel agujero, volví al pueblo, visité la tumba de mi hermano y le pedí perdón. Fui a visitarla, ya no se acordaba de mi, había borrado de su memoria todo aquel tiempo. Yo no se lo recordé, tampoco le dije quien era, y cuando me fui del pueblo, enterré definitivamente a mis muertos y no volví nunca más.”
Querido amigo, a veces por más que nos duela hay que enterrar a los muertos, sigan o no sigan vivos, por que nos arrastran con ellos, y sin darnos cuenta dejamos de vivir, somos un muerto más que camina en vida.
Se hizo el silencio, yo no tenía nada que decir, el lo había dicho todo, sentí un ligero roce en mi mano, cuando el puso la suya sobre la mía, me miró a los ojos con una ternura tal que me estremecí.
Cerré los ojos, cuando los abrí, él ya no estaba allí.
Sentí de nuevo el frío que me calaba hasta los huesos, me levanté, sobre Madrid, un cielo gris presagiaba lluvia, y yo, yo aún tenia que enterrar a mis muertos.
lunes, febrero 25, 2013
Gris multicolor
Gris.
Un tipo
gris. Era lo que solían decirme, y quizás fuera así, por mucho que me hubiera
empeñado en coger botes de pintura, azul, verde, naranja, amarillo y verterlos
sobre mi no conseguía que la mezcla funcionase, si acaso, una leve capa que a
los dos o tres lavados volvía dejar a la
vista ese color apagado.
Gris.
Quizás,
alguna vez haya habido un destello, un asomo de un blanco, una ligera tonalidad
de rosa, algún pálido verde, incluso en breves momentos tan breves como el
aleteo de una mariposa, haya habido un estallido multicolor, pero todo se apagó
cuando ella decidió bajarse de ese tren, de un tren en el que ella ya no tenía
fuerzas para seguir viajando.
Un tipo
gris, si aunque sea duro reconocerlo, ese soy yo, en una vida gris, en un
trabajo gris, marcando con una x el paso del tiempo en un calendario colgado de
la vida, un día más, un día menos.
Sin
embargo, hay algo que nadie sabe, y a veces ni yo mismo lo creo, pues parece
que todo es una alucinación, un viaje de mi yo astral, quizás un estado mental
bipolar.
En un
lejano cumpleaños, cuando aún eres casi un adolescente, alguien me regaló una
guitarra, empecé con el clásico concierto de Aranjuez a aprender a colocar los
dedos, puntear, luego me hice con un pequeño libro de canciones. Pero como con
casi todo, la guitarra fue a dormir al pequeño rincón del olvido. Muchos años
después descubrí una aplicación para mi ipad, “coach guitar” y “guitarra HD”,
pasaba horas enteras practicando, noches de insomnio casi en silencio, de ahí
di el salto, en otra pirueta de la vida, a un aparatejo llamado “guitar slide”,
para los que no los conocéis es como un una guitarra pero en una pequeña mesa,
con las típicas cuerdas, sólo que en una mano punteo las cuerdas y en la otra
tengo un cilindro metálico llamado slide. Empecé a frecuentar los sábados por
la noche, locales de música sureña, country, folck americano, eran días donde
dejaba colgado en el perchero mi traje gris, mi piel gris, mi espíritu gris.
Aunque supiera que me estaban esperando para vestirme un lunes sí y otro
también, podía ver una pequeña mota de
color.
Al poco
conocí un grupo, y una tarde de sábado toqué con ellos en un pequeño garaje a
las afueras de Madrid, fue como si hubiera cogido una brocha, abierto todos los
cubos de pintura del mundo y sobre un lienzo hubiera dado no uno sino mil
brochazos.
Ahora
toco con ellos, dos sábados al mes, en pequeños locales, me siento y acaricio
las cuerdas, con mi cerveza al lado, empieza a sonar la música.
Cierro
los ojos sonrío, acaricio las cuerdas,
rasgo sonidos en el aire, miro al resto del grupo y vuelvo a cerrar los
ojos, siento como una fuerza blanca un destello cargado de energía atraviesa
cada poro de mi piel, y me siento vivo.
Dejé el
trabajo, “estas loco, en tiempo de crisis, con millones de parados, mas vale lo
que tienes, esto es lo que hay…” todas
aquellas palabras, eran palabras grises, de gente gris.
Tiré el
perchero, con su traje gris, y mudé la piel mortecina, ahora doy clases de guitarra, quizás nunca
pueda comprarme un coche, o ir de viaje a África central o la India, quizás
nunca haga lo que mucha gente hace, pero hoy mis paredes son de color, mi ropa
es de color, y cuando los sábados por la noche me siento en mi taburete acaricio las cuerdas, miro al
público y veo los ojos de aquella chica que volvió a subirse al tren, mientras
toco “Blues morning in Oregon”, todo, todo es multicolor.
viernes, febrero 15, 2013
San Valentín
Hace 20 años, un 14 de febrero, el padre de mi hijo me dio
una paliza que me dejó inconsciente en el suelo, tirada con una costilla
rota.
Ahí fui yo la que dijo ¡basta! que me separaba...
El día de los enamorados.
Veinte años después, es otro 14 de febrero, nada tengo que
regalar hoy, nadie tiene nada que regalarme.
Veinte años después, aún a veces me duele el costado, no por
aquella costilla partida, no por el dolor físico que me provocó, me duele el
silencio, el sordo ruido de los golpes, las noches solitarias en el salón,
ahogando con lágrimas, todas las ilusiones, todos los sueños de aquella
juventud que murió entre las frías baldosas de una cocina.
Dicen que: “aceptamos el amor que creemos merecer”.
Yo acepté el amor cuando las heridas cerraron, cuando enterré en
el foso de mis sentimientos y de mi corazón, a aquella persona que amé, y que
es el padre de mi hijo.
Un hijo al que nunca dije nada, un hijo que me mira y sabe que
algo escondo tras mi mirada, pero yo callo y en silencio cuando me habla de su
padre sonrío y frenó esas lágrimas que amenazan con saltar al vacío de mi
mejilla.
Dicen que: “aceptamos el amor que creemos merecer”.
Y por Dios, que lo intenté, más en aquel día de San Valentín, se quedó parte mi, y sólo
encontré amores que esperaban fueran
efímeros, lo suficiente para hacerme olvidar. Por que creía creer que podría
querer queriendo, y sólo logré sentirme más y más sola.
Hoy llaman a la puerta, es el dueño de la floristería de abajo,
ese que todos los días me regala una sonrisa y un buenos días, trae un gran
ramo de rosas, blancas y rojas, naturalmente no es para mi.
Él se ha quedado mirándome como si leyera en mis ojos un poema
inacabado.
Cae la tarde, ya hace 20 años, he sobrevivido a otro día de San
Valentín, no todas pueden decir lo mismo.
Vuelven a llamar a la puerta, es él, el hombre de la
floristería, no trae una gran ramo de rosas, rojas y blancas, blancas y rojas,
sólo trae una, una rosa y una sonrisa.
-
Por que alguien como tú no merece
pasar un San Valentín sin una rosa.
miércoles, febrero 06, 2013
La galería
Después de un día agotador en la oficina, lo que menos me apetecía era ir a la exposición de “no sé que pintora”.
Me había llegado la invitación por e-mail, y casi sin querer la había aceptado.
En realidad nada ni nadie me esperaba en casa y salir me vendría bien.
Hacía frío esa tarde, la galería estaba en el centro, lo que me posibilitaría volver a casa andando sin tener que coger ningún medio de transporte.
En cuanto abrí la puerta una ola de calor, me golpeó, la galería estaba muy concurrida, quizás fueran los canapés y la bebida gratis las que habían servido de reclamo. Por un instante me sentí fuera de lugar, no conocía a nadie, tampoco me importaba mucho, dado mi carácter introvertido que rozaba lo antisocial.
Un camarero se apresuró a acercarse con la bandeja, educadamente me la puso delante ofreciéndome diversos refrescos, vino tito y blanco y cerveza. Opté por esta última elección, mientras me detenía a observar el primer cuadro. Un lienzo enorme, de fondo blanco cruzado por una gran línea deforme azul, y como si alguien hubiera cogido una brocha y salpicado con ella, gotas de diversos colores cubrían el ángulo superior izquierdo.
Detrás de mi, alguien, al que consideré el crítico de turno se deshacía en elogios.
- Es impresionante como conjuga el vacío existencia, del blanco con la ruptura vital del la línea indefinida. Observe como transciende la quietud del primer trazo con le final del mismo, como si con ello quisiera decirnos que al principio el inicio de la vida se mueve en ese espacio intemporáneo que es la seguridad no tener miedos, para terminar abruptamente con esa, digamos, lluvia de miedos y recelos, representada aquí por la multitud de puntos de diversos colores y trazos. Sencillamente genial.
No pude dar crédito a lo que acaba de oír, o yo era un inculto, artísticamente hablando, o aquel personaje se ganaba la vida inventado lo primero que se pasara por la cabeza.
Decidí no perder más el tiempo, y seguí avanzando cuadro tras cuadro, mientras engullía un canapé de salmón.
Ya llegaba al último, cuando sentí una presencia femenina a mis espaldas.
- Sinceramente ¿Qué le parece?
- Bueno, no entiendo de arte, puedo decir que me ha gustado en algunos la combinación de color, pero lo mío no es el arte abstracto, soy más de…
No llegué a terminar la frase, frente a mi, la autora de tal pregunta emergía como lo hacia la famosa Venús en el cuadro “El nacimiento de Venús” de Boticcelli.
Llevaba un vestido negro ceñido, unos tacones que retaban directamente a la ley de la gravedad, y sobre sus hombros un pelo rojizo caía suelto y libre de ataduras.
- ¿Eres la autora de estos cuadros, verdad? – balbucee como pude.
- Si. Pero no te sientas intimidado por ello – me contestó, mientras sonreía.
No pude deducir si lo decía en serio o simplemente estaba bromeando conmigo.
Continúe viendo la exposición con ella, muy interesada en mis comentarios, aunque al final la conversación versó más sobre temas personales.
Cuando me fui quedamos en llamarnos.
Dos días después recibía un whatsapp, “hola, ¿te apetece venir a mi estudio y tomar un café?”, “Sería genial, mándame la dirección y la hora”
A las 7:30 llamaba a la puerta, el estudio era un local diáfano en una de esas estrechas calles del Madrid antiguo, observé los lienzos las pinturas, una estufa central que daba calor a la estancia, y en una esquina una niña, que no llegaría a los cinco años, cubierta de pintura de los pies a la cabeza, saltaba sobre una tela.
- Me gusta el estudio, siempre me han encantado los sitios diáfanos con estas columnas en medio, ¿puedo? – le pregunté mientras sacaba mi móvil para hacer unas fotografías.
- Claro, hazlo.
Hice varías fotos, mientras seguíamos hablando, me contó que aquella pequeña era su hija, una aventura loca con un escultor que acabó dejándola para irse a Berlín. No se arrepentía aunque su vida hubiera cambiado radicalmente a partir de quedarse embarazada.
Aquel día fue el principio de otros, unos más íntimos, otros más familiares.
Sin saberlo me fui enamorando y creo que ella también.
A los dos meses de aquella primera visita al estudio, hubo otra exposición.
Llegué tarde, no quería entrometerme en esas reuniones de artista, futuros compradores, críticos de arte. Me perdí entre la gente mientras veía las pinturas, ahora con otros ojos. De repente me detuve ante una de ellas, los trazos, las formas y colores me sonaban de antes. Saqué el móvil, pulsé el botón de fotos y luego el de fototeca y allí estaba, era ese cuadro no cabía duda, el cuadro que aquella niña de cinco años había “pintado” embadurnada de pintura.
La busqué con mi mirada, allí estaba como aquella primera vez, sólo que esta, me sonrió, bastó aquella sonrisa.
Pulsé la foto unos instantes, el tiempo necesario para que apareciese el icono de la papelera, “desea eliminar” , apreté el “si”.
¿Que aquello era un fraude? Puede que sí, puede que no, a quien le importa quien ha pintado esos cuadros, a mi no, en ese momento sólo me importaba que ella cerrara la galería y pintarla su cuerpo con mis besos
martes, enero 29, 2013
El tren de las 7:30
Un día más, como el de ayer presumiblemente como el de mañana.
Fría mañana la de este enero que ya agoniza.
La estación de Atocha abre su boca y como cada día me engulle, me digieren en las oficinas de un banco, donde se quedaron colgadas las ilusiones de un trabajo entre proyectos que nunca llegaron a existir y compañeros que te dicen hola y adios, sólo me sostiene un ingreso a fin de mes, simplemente soy una puta más, que odia cuando la gente le dice ".. y suerte que tienes trabajo..."
Por las tardes esa misma estación me escupe allá sobre las 7 de la tarde a las cuatro paredes que conforman mi caja de cerillas.
Una tarde cuando caminaba ya por jardín de la estación, la ví.
Estaba sentada frente al marcador luminoso que indica la llegada de los trenes.
Su pelo gris, largo para su edad, caia sobre los hombros, como lo hace la lluvia en primavera, generoso y suelto.
calcule que rondaria los 70, en sus manos de largos dedos bien cuidados, reposaba un libro, que mecia levemente como si fuera un bebe, pasaba las hojas no como se suele hacer normalmente forzandolas de la esquina inferior derecha, ella deslizaba sus dedos por la página hasta alcanzar la esquina superior suavemente como si estuviera rozando un pétalo, atrapaba la página y la deslizaba en un lento aleteo.
Su espalda recta, su mirada perdida entre las líneas de aquel libro, ascendia ritmicamente cada cierto tiempo al panel de los horarios.
La dejé atrás mientras alcanzaba las puertas corredizas de la salida, pensando que no
la volvería a ver.
Sin embargo la volví a ver al siguiente día, durante toda la semana, durante todo el mes.
Con la misma porte, leyendo y mirando los horarios, mirando los horarios y leyendo.
Una tarde, intrigado por la presencia de aquella mujer, me acerqué a una señora de información.
- Perdona, - le dije - ya sé que no es parte de tu trabajo y quizás no sepas la respuesta, pero estoy intrigado, ¿sabes quien es esa mujer?
Ella miro en la dirección que yo le indicaba, allí en el asiento, la mujer leía tranquila su libro.
- ¡Ah! Es Asunción, antes se sentaba en el interior, pero con las obras ahora está aquí.
- ¿Es que lleva más tiempo? - Le pregunté totalmente sorprendido.
- Bueno, Asunción lleva que yo sepa muchos años viniendo todas las tardes, llega sobre las 5, y se va cuando ha salido todo el pasaje del tren de Barcelona de las 7.30
Puse cara de incrédulo y ella, que en esos momentos no tenía que hacer nada, se acomodó en su silla y se dispuso a contarme una historia.
- Me han contado que Asunción estaba casada, enviudó joven, y se trasladó a un pequeño apartamento cerca de la Glorieta de Atocha. Alli conoció a Alfonso, conductor de Talgo por aquella época.
Entre viaje y viaje a Barcelona lo que en un principio fue amistad se convirtió para Asunción en la tirita que cubrió la herida de su corazón hasta que cicatrizó. Sin embargo nunca supo que Alfonso estaba casado en Barcelona, quizás no lo dijo al principio para no perderla pero aquella mentira se fue convirtiendose en una bola de nieve que crecía más y más con el paso del tiempo.
Hasta que un día ella vino a despedirle a la estación, él conduciría la nueva locomotora Renfe 316, apodada Marylin que alcanzaba la nada despreciable velocidad de 120 km/h. "Volveré en dos días" le dijo mientras acariciaba levenmente sus labios con los suyos.
Asunción se quedó mirando en el andén como subía a la locomotora como la saludaba con le guante puesto, aquel monstruo de color plata y librea verde arrancó lentamente, como las lágrimas que caían en el rostro de Asunción.
A los dos días vino a esperarle a la estación, pero no bajó de aquel tren, como tampoco lo hizo en los meses siguientes, desde aquel día Asunción viene a esperar la llegada del tren de las 7.30
Yo creo que sabe que nunca volverá, pero en el fondo es lo único que la mantiene con vida.
Miré a Asunción, su porte, la elegancia con la que pasaba las hojas. Decidí quedarme hasta las 7.30.
Justo en ese momento cuando en el panel de información indican la vía por la que llega el tren de Barcelona, ella cierra el libro se pone de pie y mira uno a uno a las personas que van saliendo por la puerta de desembarque. Cuando ya no queda nadie, mete el libro en el bolso, se quita las gafas las guarda en una pequeña carterita y las introduce en el bolsillo de su abrigo color ceniza.
Se da la vuelta cruza por el jardín botánico de la estación, sube por la rampa hasta la glorieta
y lleva sus pasos a la calle Delicias. Alli la pierdo de vista, emocionado aún por la historia que acabo de oir, que acabo de presenciar, atravesado como lo huberia hecho una bala disparada directamente a mi corazón, por el amor de una mujer, y no pude dejar de pensar en el paralelismo de esas historias de algunos perros que cuando mueren sus amos no se despegan del cementerio, como si esperasen que alguna vez volvieran del más allá.
Aquella noche no pude dormir, oía el traqueteo de la locomotora, las silenciosas lágrimas de Asunción, la mano enguantada de Alfonso. ¿Cuando decidió no volver, se despediría ya sabiendo que era su último beso, o fueron aquellos dos dias una tortura para él sin saber que hacer?. Nunca lo podría saber, sólo
quedaba la presencia de una anciana que cada día espera la llegada del tren procedente de Barcelona.
De pronto en la oscuridad de mis cuatro paredes se encendió una luz, Don Antonio, el vecino del 2 E, su mujer había muerto de cáncer haría 3 años, yo le había visto vagar por las escaleras de la corrala,
pasear con la mirada pérdida por la calle de Santa María de la Cabeza, incluso llegué a pensar que
algún día cerraria la puerta de su casa para no volver.
Me costó convencerle para que se dejara invitar a unas cervezas en el bar "la Barrila" de la estación, nunca había hecho de celestino, pero tenía un plan premeditado, en mi mochila guardaba el mismo
libro que Asunción estaba leyendo, el problema seria como hacer que Don Antonio se sentase al lado de ella.
Llegamos a la estación Don Antonio andaba despacio, perdido, como si ya no perteneciese a este mundo, cuando llegamos a la altura del banco donde se hallaba Asunción, cogi mi móvil como si me hubieran llamado.
- Hola, si, estoy en la estación de Atocha, aqui tengo el trabajo, ¿que ya llegas?, vale dame 5 minutos.
Le indiqué a Don Antonio que debia acercarme a la parada del cercanías a entregar un trabajo sería cuestión de unos minutos, mientras él podia esperarme sentado y para que no se aburriese le entregué el libro.
Miré de reojo a Asunción que de soslayo nos estaba mirando.
Don Antonio, se sentó y para sorpresa mía se dirigió a Asunción:
- NO le molesta que me siente aquí a su lado ¿verdad?
- NO, por favor, hágalo.
Asunción reparó en el libro que tenía en sus manos, pero yo debía irme a cumplir con mi cita fantasma.
Volví a las 7 minutos exactos, y allí estaban los dos charlando animadamente, Asunción tenia las dos manos puestas sobre el libro cerrado, ¡¡ y las gafas guardadas en el bolsillo !!
Me acerqué.
- Don Antonio, siento tener que decirle que debo anular nuestra cerveza, he de volver a casa a terminar un trabajo, pero si me permite puedo dejarle pagado...
- Nicolás no te preocupes, no debes dejar nada pagado ya volveré yo a casa, no te preocupes.
- Me siento mal Don Antonio, déjeme al menos que...
Y volviéndome hacia Asunción le dije:
- Perdone que haya sido tan irrespetuoso al cortar su conversación, ¿me honraría si me dejara invitarla a Ud. y a Don Antonio a lo que desee?
Asunción dudó un instante, el mismo instante que tardó su mirada en volver del panel de información, el tren de Barcelona había llegado al anden numero 7, hacía exactamente 4 minutos, los pasajeros ya estaban saliendo.
- Será un placer para mi... Nicolás.
Y allí los dejé, sentados frente a las palmeras de esa vieja estación que cada día me engulle, que cada día me vomita a mi caja de cerillas.
Y cuando las puertas se cerraban tras de mi, y el aire frio de un enero que ya agoniza roza mi cara, aún les veo sentados, charlando como si la vida empezase justo a las 7.30 cuando ya no hay trenes procedentes de Barcelona a los que esperar.
Fin.
Fría mañana la de este enero que ya agoniza.
La estación de Atocha abre su boca y como cada día me engulle, me digieren en las oficinas de un banco, donde se quedaron colgadas las ilusiones de un trabajo entre proyectos que nunca llegaron a existir y compañeros que te dicen hola y adios, sólo me sostiene un ingreso a fin de mes, simplemente soy una puta más, que odia cuando la gente le dice ".. y suerte que tienes trabajo..."
Por las tardes esa misma estación me escupe allá sobre las 7 de la tarde a las cuatro paredes que conforman mi caja de cerillas.
Una tarde cuando caminaba ya por jardín de la estación, la ví.
Estaba sentada frente al marcador luminoso que indica la llegada de los trenes.
Su pelo gris, largo para su edad, caia sobre los hombros, como lo hace la lluvia en primavera, generoso y suelto.
calcule que rondaria los 70, en sus manos de largos dedos bien cuidados, reposaba un libro, que mecia levemente como si fuera un bebe, pasaba las hojas no como se suele hacer normalmente forzandolas de la esquina inferior derecha, ella deslizaba sus dedos por la página hasta alcanzar la esquina superior suavemente como si estuviera rozando un pétalo, atrapaba la página y la deslizaba en un lento aleteo.
Su espalda recta, su mirada perdida entre las líneas de aquel libro, ascendia ritmicamente cada cierto tiempo al panel de los horarios.
La dejé atrás mientras alcanzaba las puertas corredizas de la salida, pensando que no
la volvería a ver.
Sin embargo la volví a ver al siguiente día, durante toda la semana, durante todo el mes.
Con la misma porte, leyendo y mirando los horarios, mirando los horarios y leyendo.
Una tarde, intrigado por la presencia de aquella mujer, me acerqué a una señora de información.
- Perdona, - le dije - ya sé que no es parte de tu trabajo y quizás no sepas la respuesta, pero estoy intrigado, ¿sabes quien es esa mujer?
Ella miro en la dirección que yo le indicaba, allí en el asiento, la mujer leía tranquila su libro.
- ¡Ah! Es Asunción, antes se sentaba en el interior, pero con las obras ahora está aquí.
- ¿Es que lleva más tiempo? - Le pregunté totalmente sorprendido.
- Bueno, Asunción lleva que yo sepa muchos años viniendo todas las tardes, llega sobre las 5, y se va cuando ha salido todo el pasaje del tren de Barcelona de las 7.30
Puse cara de incrédulo y ella, que en esos momentos no tenía que hacer nada, se acomodó en su silla y se dispuso a contarme una historia.
- Me han contado que Asunción estaba casada, enviudó joven, y se trasladó a un pequeño apartamento cerca de la Glorieta de Atocha. Alli conoció a Alfonso, conductor de Talgo por aquella época.
Entre viaje y viaje a Barcelona lo que en un principio fue amistad se convirtió para Asunción en la tirita que cubrió la herida de su corazón hasta que cicatrizó. Sin embargo nunca supo que Alfonso estaba casado en Barcelona, quizás no lo dijo al principio para no perderla pero aquella mentira se fue convirtiendose en una bola de nieve que crecía más y más con el paso del tiempo.
Hasta que un día ella vino a despedirle a la estación, él conduciría la nueva locomotora Renfe 316, apodada Marylin que alcanzaba la nada despreciable velocidad de 120 km/h. "Volveré en dos días" le dijo mientras acariciaba levenmente sus labios con los suyos.
Asunción se quedó mirando en el andén como subía a la locomotora como la saludaba con le guante puesto, aquel monstruo de color plata y librea verde arrancó lentamente, como las lágrimas que caían en el rostro de Asunción.
A los dos días vino a esperarle a la estación, pero no bajó de aquel tren, como tampoco lo hizo en los meses siguientes, desde aquel día Asunción viene a esperar la llegada del tren de las 7.30
Yo creo que sabe que nunca volverá, pero en el fondo es lo único que la mantiene con vida.
Miré a Asunción, su porte, la elegancia con la que pasaba las hojas. Decidí quedarme hasta las 7.30.
Justo en ese momento cuando en el panel de información indican la vía por la que llega el tren de Barcelona, ella cierra el libro se pone de pie y mira uno a uno a las personas que van saliendo por la puerta de desembarque. Cuando ya no queda nadie, mete el libro en el bolso, se quita las gafas las guarda en una pequeña carterita y las introduce en el bolsillo de su abrigo color ceniza.
Se da la vuelta cruza por el jardín botánico de la estación, sube por la rampa hasta la glorieta
y lleva sus pasos a la calle Delicias. Alli la pierdo de vista, emocionado aún por la historia que acabo de oir, que acabo de presenciar, atravesado como lo huberia hecho una bala disparada directamente a mi corazón, por el amor de una mujer, y no pude dejar de pensar en el paralelismo de esas historias de algunos perros que cuando mueren sus amos no se despegan del cementerio, como si esperasen que alguna vez volvieran del más allá.
Aquella noche no pude dormir, oía el traqueteo de la locomotora, las silenciosas lágrimas de Asunción, la mano enguantada de Alfonso. ¿Cuando decidió no volver, se despediría ya sabiendo que era su último beso, o fueron aquellos dos dias una tortura para él sin saber que hacer?. Nunca lo podría saber, sólo
quedaba la presencia de una anciana que cada día espera la llegada del tren procedente de Barcelona.
De pronto en la oscuridad de mis cuatro paredes se encendió una luz, Don Antonio, el vecino del 2 E, su mujer había muerto de cáncer haría 3 años, yo le había visto vagar por las escaleras de la corrala,
pasear con la mirada pérdida por la calle de Santa María de la Cabeza, incluso llegué a pensar que
algún día cerraria la puerta de su casa para no volver.
Me costó convencerle para que se dejara invitar a unas cervezas en el bar "la Barrila" de la estación, nunca había hecho de celestino, pero tenía un plan premeditado, en mi mochila guardaba el mismo
libro que Asunción estaba leyendo, el problema seria como hacer que Don Antonio se sentase al lado de ella.
Llegamos a la estación Don Antonio andaba despacio, perdido, como si ya no perteneciese a este mundo, cuando llegamos a la altura del banco donde se hallaba Asunción, cogi mi móvil como si me hubieran llamado.
- Hola, si, estoy en la estación de Atocha, aqui tengo el trabajo, ¿que ya llegas?, vale dame 5 minutos.
Le indiqué a Don Antonio que debia acercarme a la parada del cercanías a entregar un trabajo sería cuestión de unos minutos, mientras él podia esperarme sentado y para que no se aburriese le entregué el libro.
Miré de reojo a Asunción que de soslayo nos estaba mirando.
Don Antonio, se sentó y para sorpresa mía se dirigió a Asunción:
- NO le molesta que me siente aquí a su lado ¿verdad?
- NO, por favor, hágalo.
Asunción reparó en el libro que tenía en sus manos, pero yo debía irme a cumplir con mi cita fantasma.
Volví a las 7 minutos exactos, y allí estaban los dos charlando animadamente, Asunción tenia las dos manos puestas sobre el libro cerrado, ¡¡ y las gafas guardadas en el bolsillo !!
Me acerqué.
- Don Antonio, siento tener que decirle que debo anular nuestra cerveza, he de volver a casa a terminar un trabajo, pero si me permite puedo dejarle pagado...
- Nicolás no te preocupes, no debes dejar nada pagado ya volveré yo a casa, no te preocupes.
- Me siento mal Don Antonio, déjeme al menos que...
Y volviéndome hacia Asunción le dije:
- Perdone que haya sido tan irrespetuoso al cortar su conversación, ¿me honraría si me dejara invitarla a Ud. y a Don Antonio a lo que desee?
Asunción dudó un instante, el mismo instante que tardó su mirada en volver del panel de información, el tren de Barcelona había llegado al anden numero 7, hacía exactamente 4 minutos, los pasajeros ya estaban saliendo.
- Será un placer para mi... Nicolás.
Y allí los dejé, sentados frente a las palmeras de esa vieja estación que cada día me engulle, que cada día me vomita a mi caja de cerillas.
Y cuando las puertas se cerraban tras de mi, y el aire frio de un enero que ya agoniza roza mi cara, aún les veo sentados, charlando como si la vida empezase justo a las 7.30 cuando ya no hay trenes procedentes de Barcelona a los que esperar.
Fin.
lunes, enero 21, 2013
Empezar
Nací en un pequeño pueblo, de esos de casas blancas y abuelas tejiendo en la puerta.
De padre militar y madre abnegada, donde la familia era el principio y el fin, la mas pequeña de tres hermanos.
Sin quererlo despunté en los estudios, eso, unido a la posición de mi padre no me granjeó buenas amistades en el colegio, donde la envidia era una asignatura más y la nota media casi siempre era sobresaliente.
Recién cumplidos los 18 y en puertas de la universidad, llegó el verano que cambió mi vida.
Lo recuerdo como si fuera ayer, el chico de ciudad guapo, la novedad, las chicas del pueblo detrás, amor estival calor en el cuerpo, una combinación con un sólo resultado:"embarazo"
Todo se llevo casi en secreto, el honor de la familia, el que dirán pesó más que cualquier otra valoración, y mi traslado a la universidad fue la excusa perfecta.
Nos casamos. O mejor dicho nos casaron, aunque sintiéramos amor, no era lo que los dos hubiéramos deseado.
De aquello conservo unas viejas fotos guardadas en el olvido.
De aquello tengo un hijo y una cicatriz en el corazón.
Fueron tiempos duros, alejada de la familia, y de los amigos en otra ciudad, ajena a mi tierra donde el mar era sólo un lejano recuerdo.
Para él tampoco fue fácil, al principio su familia le negó todo.
Treinta metros cuadrados, una nevera medio vacía la mayoría del tiempo, y muchas matemáticas para llegar a fin de mes, fue nuestro viaje de novios hasta que nació el bebe.
El nacimiento supuso un punto de inflexión, sus padres, ahora abuelos lo recibieron con los brazos abiertos, nos dejaron una casa amplia, y él volvió a ser el chico que yo había conocido en la playa. Respecto a mi, tenían sus dudas, una chica de pueblo.. lo más sencillo era pensar que había querido atrapar a su hijo, por lo que nuestra relación pasó a ser cordial y afectuosa, ni un paso más ni un paso menos, la madre de su nieto.
Me puse a trabajar, largas noches con apuntes de la universidad dibujaron ojeras en mis ojos, decían que no lo necesitaba, que mi marido tenía un buen puesto y con ello era suficiente, pero yo no quería ser la mantenida de nadie.
Echaba de menos a mis amigas, los días de colegio, los sueños dibujados en tardes de Abril.
Cuando volví al pueblo, sé que las envidias resurgieron más fuertes si cabe, volvía casada con un niño en brazos,y un marido, para ellas mi vida había sido un triunfo, había logrado salir del pueblo, y todas las metas que para ellas eran sólo
un sueño yo las tenía en el bolsillo.
Sin embargo que lejos quedaban para mi, entre mi marido y yo se había instalado un simple cariño, el sentimiento de dos personas que conviven bajo el mismo techo, que no se odian pero dejaron de amarse en algun momento en algún lugar, donde el roce de la piel se ha convertido en un suceso histórico, esporádico y lejano.
Cuando por fin aprobé la carrera, sólo estuvieron mis hermanas, mi madre sufría de un reumatismo que la dejaba postergada en la cama la mayor parte del día, y mi marido... según él, una reunión ineludible de trabajo, según yo un paso más hacia un destino que no tenía vuelta atrás.
Y así fue como pocos meses despues, con una maleta, un pequeño en brazos, y una herida en el corazón, volví a empezar.
Tiempos duros, noches sin dormir, dos, tres trabajos, poco dinero y muchas horas, algunos encuentros que calentaron las
sábanas que rápidamente volvían a enfriarse. Amigos que se desintegraron lentamente detras de palabras "nunca estaras sola, cuenta con nosotros". Donde la fuerza cuando no hay fuerzas provienen de una sonrisa, de un abrazo de un "te quiero mami"
Me costó volver al pueblo,aunque sólo fuera a pasar las fiestas, mi madre había empeorado, mi padre ¡¡ays mi padre!! por fin parecía que volvía a hablarme con calor, lo sentí cuando por teléfono me dijo: "¿Vendrás para las fiestas, mi niña?". Sentí un nudo que ascendía por mi estómago hasta la garganta, las lágrimas explotaron en mis ojos como fuegos artificiales en la noche de fin de año, sólo pude susurrar un "sí, papa" que aún flotaba en el aire cuando colgué el teléfono.
Sentí un vértigo cuando bajé del autobús, sabía que habría miradas que esconderían "mira esta, la que se fue tan feliz, y ahora vuelve con el rabo entre las piernas, divorciada sin más". Intenté que no me dolieran, fingí no verlas, actué con una sonrisa convincente para aquellos que se acercaron para decirme que lo sentían y abracé a mis amigas que nunca me dieron la espalda.
Fue como un dejà vú, volver a la casa vieja de la infancia, al brasero y al tapete de ganchillo, al olor de la cocina de carbón, como si nada hubiera pasado, como si el tiempo se hubiera detenido, como si todo el pasado fuera un extraño sueño que se rompería en mil añicos en cuanto abriera los ojos.
Mi padre me esperaba, mucho más viejo y cansado de lo que recordaba, no puede evitar llorar, cuando me abrazó, y enredó
sus dedos en mi pelo como solía hacerlo.. ¿mil años atrás?. Mi madre sentada en una silla esperaba su turno cuando su nieto se abalanzó sobre ella ¡abuela, abuela!.
Aquella noche, cuando me metía en la cama que habían calentado con aquellas bolsas de agua, cerré los ojos y volví a ver las estrellas, a oír las risas de unas niñas que jugaban a las cocinitas y que hablaban de lo que serían de mayor.
Aquella noche hice las paces con la vida, aquella noche, empecé a vivir.
martes, enero 15, 2013
El escritor
Sabía que el que firmaba el libro lo hacía con un seudónimo, ¿quién sería el autor de
esa serie de libros tan mágicos? ¿Cuanto habría tenido que viajar, ver y conocer para
describir con esa minuciosidad cada detalle, las personas, los lugares?
Aquella creatividad, aquella imaginación, sólo podía venir de alguien muy experimentado,
cuya universidad hubiera sido la vida.
Se levantó, cogió las hojas de papel envueltas y un par de plumas con su tintero.
En las escaleras se cruzó con un hombre que no conocía y que salía de la habitación a
la que él iba a acceder.
- Julio, ¿ quien era ese señor. el de la maleta, que salía a toda prisa?
- No era nadie importante, ya sabes que a mi también me gusta tener mis secretos, aunque no pueda salir de aquí.
Julio tenía esa extraña enfermedad, que le priva de sus defensas, su mundo era una burbuja que lo aislaba
de los gérmenes pero también de todo el mundo exterior.
- ¿Me has traído las hojas?
- Sí, aquí están, las desinfectó todo lo que pudo antes de meterlo en el receptáculo estanco donde Julio podía
cogerlo sin problemas.
Tomó las hojas, las plumas y el tintero y lo dejó sobre la mesa frente a la ventana desde la que podía divisar el
puerto, los barcos atracando y partiendo a lugares que él nunca podría conocer.
- ¿ Me vas a leer el libro, que te ha parecido?
- Es increible, fascinante como alguien puede describir con tanto detalle esos mundos, ¡cómo me gustaría conocerle!
Julio se sentó, una sonrisa fugaz cruzó su rostro, mientras miraba el tintero y las hojas de papel aún en blanco.
- Puedes empezar a leer...
martes, enero 08, 2013
La tienda de frascas
Aquel pueblo no estaba muy cerca de la costa, aunque tampoco muy lejos,bastaba un paseo para llegar a la playa.
Aquel pueblo no tenía muchos habitantes, aunque tampoco pocos, los suficientes para que pudieras saludar a los que te cruzabas camino de la plaza.
Aquel pueblo no era un pueblo triste, aunque tampoco alegre, la crisis y la desesperación se habían hecho sus huespedes.
Y aquel hombre llegó.
Y alquiló una pequeña tienda.
Y la lleno de frascas.
Frascas que al verlas dirías que eran sólo eso, frascas, frascas vacías.
Una mañana alguien se decidió a entrar a la pequeña tienda.
Perplejo se quedó mirando las estanterias y aspiró un extraño olor dulce.
- ¿Que vende, buen amigo, sólo las botellas? - le dijo.
- Hola, no, cada botella tiene un contenido distinto, yo me las sé de memoria, una vez que haya
elegido la que más le convenga, le pongo la etiqueta y se la lleva.
- Pero... pero yo sólo veo frascas vacías.
- Eso es que sólo ve con los ojos de la razón, espere un momento.
Salió a la calle y al ratito volvió con un pequeño niño.
- ¿Podrías decirnos que ves en las frascas? - le dijo el dueño de la tienda.
El niño se quedó extrañado por la pregunta.
- Está claro, en esa de ahí hay nubes de verano, esta otra la azul, espuma de mar, en esa verde
sonrisas al despertar..
- Vale, gracias, toma esta moneda por ser tan amable.
El chico cogío la moneda y salió corriendo.
- ¿de verdad que no me está tomando el pelo?
- No, en serio, hagamos una cosa, yo le digo las frascas que tengo usted me compra una y si no es de su agrado viene y le devuelvo el dinero.
- está bien, me parece un acuerdo justo.
El hombre le dijo lo que contenía cada una de las frascas, agua de lluvia de felicidad, hilos de seda
fluorecentes para tejer unh jersey contra la depresión, rayos de tormenta para ambientar una cena
a la luz de las velas, bolitas de algodón para hacer que nieve bajo techo, pétalos de rosas y margaritas
de un jardín encantado para regalar al enamorado, terrones de azucar de valor y osadía... y así una a una hasta que terminó con todas.
- Ummm es una difícil elección.
- Lo es.
- Y si me llevo varias.
- Ah perdone, se me olvidó decirle que sólo hay una regla en la compra, y es que sólo puede comprar una
frasca.
- Entonces me lo pone más dificl todavia.
- Piense que es lo que más le importa, lo que echa en falta en su vida, lo que la frasca que elija
le pueda ofrecer.
Al final se decidió por la frasca de los terrones de azucar.
- Sólo hay tres terrones, disuelvalos en café y tómeselo.
- Así haré, hay alguien a quien no me atrevo a decirle que la quiero, si es cierto lo de su frasca
lo comprobaré, si no ¿me devolverá el dinero, verdad?
- Es un trato, yo no puedo asegurarle lo que esa persona le dirá pero si que tendrá el valor para
hacerlo.
A los dos días, el hombre volvió a la tienda acompañado de una bella chica.
Al entrar volvieron a aspirar aquel extraño olor.
- Es cierto lo que me dijo, venimos a comprar otra frasca.
- Sabe que usted ya no puede hacerlo- le dijo el dueño de la tienda.
- Si, lo sé y además con una me ha sido suficiente, es ella la que quiere comprobar que no miento.
La chica eligió la frasca que contenía brisas de mar, le encantaba despertarse con el olor a
salitre de mar.
La voz corrió por el pueblo y la gente hizo cola para llevarse las frascas.
En poco tiempo la tienda se quedó vacía.
El hombre hizo su maleta, cerró la tienda y se marchó.
Aquel pueblo no fue nunca más un pueblo triste.
Aquel pueblo echó a la desesperación y la desesperanza de sus casas.
Por que aún vacías, en cada casa de aquel pueblo había una frasca.
Dicen que a los pocos días de irse aquel hombre, llegó al pueblo una brigada de la policía.
Enseñaron la fotografia del hombre, al que acusaban de estafa y de drogar a la gente con una
extraña droga que se aspiraba y que tenía un olor extraño pero dulce, que provocaba alucinaciones.
Nadie de aquel pueblo dijo haberlo visto, y cuando la policía se marchó, abrieron la tienda.
Sobre el mostrado había dos cosas.
Sólo dos. Una frasca y una gran bolsa.
La bolsa contenía las monedas que todos habían pagado por cada frasca.
Y la frasca..
Nunca se supo, nadie quiso abrirla.
Pero aquel niño, el que entró en la tienda, dijo haber visto, dentro de la botella el final del
arco iris.
viernes, enero 04, 2013
Bocados de Navidad
El tapiz azul del cielo se extendia por la bóveda que cubría la ciudad, esa que llaman Madrid.
Era un día de invierno, dentro de la Navidad, entre fin de año y la última bocanada de vacaciones el día de reyes.
Salí del letargo de mi caja de cerillas, a pasear por Madrid, y como uno más, a terminar la interminable lista de regalos, siempre queda algún detalle, un último regalo que hacer.
Decidí perderme por el retiro, a esa temprana hora vacío de gente, es un refugio donde uno puede aislarse con la única compañía del silencio
y de los árboles, en aquel espacio paro mi ipod, y me dejo llenar por los sonidos del silencio.
Apreto mi zamarra, ajusto la mochila, inseparable compañera, y coloco mi gorro ruso, por un momento parezco un soldado en plena marcha solitaria hacía ninguna parte.
Salgo a la calle Velazquez y la calle Goya, es como si traspasase una barrera invisible, el esitlo de la gente, su vestimenta, sus formas, está
claro que es una de las zonas nobles de Madrid, me cansó enseguida de ir esquivando bolsos de loewe y vestidos de doce y gabbana, asi que
camino hacia la Puerta de Alcalá, por la calle Serrano, la milla de oro, la llaman.
Cuando llego al cruce en la esquina del Banco de España, casi me tropiezo con un pequeño bulto apoyado en la pequeña columna que separa la
acera de la calle donde circulan los automóviles.
La gente anda presurosa, el frío, las bolsas de las compras, nadie repara en aquel bulto de ropa vieja del que emerge una mano temblorosa, como
si sostuviera una invisible pandereta que tocara un triste y melancólico villancico, no se ve nada mas entre el amasijo de ropa, sólo esa mano que no
para de temblar.
Y yo tiemblo.
La gente me empuja y me voy alejando de aquel pequeño bulto, nadie se para, nadie se acerca a ver como aquella persona se encuentra,
yo tampoco y me llena una vergüenza de lo que es el ser humano. La imagen se asienta en mi mente mientras recorro la calle Alcala hacia la puerta del Sol, casi en volandas, gente de fuera, extranjeros, madrileños cargados de paquetes, bolsas, consumismo en estado puro.
Y yo sé que esa imagen se irá desvaneciendo, que en poco tiempo estaré mirando yo tambien mis últimas compras, aunque esa noche pida que este año nos traiga algo mas de conciencia algo más de solidaridad algo más... que tambien serán sólo palabras.
Intento buscar a mi viejito en el viejo cafe, pero no lo encuentro, ni sentado frente al km. 0, imagino que estará con el amor de su vida, tomando
un chocolate caliente con churros, y viendo desde alli, en lo que se va transformando este mundo, y dentro de mi siento una envidia infinita hacia
ese adorable viejito y lo que siente.
Por fin bajo por la calle santa isabel, doy un poco más de volumen a mi ipod, me espera mi pequeña, vacía y solitaria caja de cerillas.
Era un día de invierno, dentro de la Navidad, entre fin de año y la última bocanada de vacaciones el día de reyes.
Salí del letargo de mi caja de cerillas, a pasear por Madrid, y como uno más, a terminar la interminable lista de regalos, siempre queda algún detalle, un último regalo que hacer.
Decidí perderme por el retiro, a esa temprana hora vacío de gente, es un refugio donde uno puede aislarse con la única compañía del silencio
y de los árboles, en aquel espacio paro mi ipod, y me dejo llenar por los sonidos del silencio.
Apreto mi zamarra, ajusto la mochila, inseparable compañera, y coloco mi gorro ruso, por un momento parezco un soldado en plena marcha solitaria hacía ninguna parte.
Salgo a la calle Velazquez y la calle Goya, es como si traspasase una barrera invisible, el esitlo de la gente, su vestimenta, sus formas, está
claro que es una de las zonas nobles de Madrid, me cansó enseguida de ir esquivando bolsos de loewe y vestidos de doce y gabbana, asi que
camino hacia la Puerta de Alcalá, por la calle Serrano, la milla de oro, la llaman.
Cuando llego al cruce en la esquina del Banco de España, casi me tropiezo con un pequeño bulto apoyado en la pequeña columna que separa la
acera de la calle donde circulan los automóviles.
La gente anda presurosa, el frío, las bolsas de las compras, nadie repara en aquel bulto de ropa vieja del que emerge una mano temblorosa, como
si sostuviera una invisible pandereta que tocara un triste y melancólico villancico, no se ve nada mas entre el amasijo de ropa, sólo esa mano que no
para de temblar.
Y yo tiemblo.
La gente me empuja y me voy alejando de aquel pequeño bulto, nadie se para, nadie se acerca a ver como aquella persona se encuentra,
yo tampoco y me llena una vergüenza de lo que es el ser humano. La imagen se asienta en mi mente mientras recorro la calle Alcala hacia la puerta del Sol, casi en volandas, gente de fuera, extranjeros, madrileños cargados de paquetes, bolsas, consumismo en estado puro.
Y yo sé que esa imagen se irá desvaneciendo, que en poco tiempo estaré mirando yo tambien mis últimas compras, aunque esa noche pida que este año nos traiga algo mas de conciencia algo más de solidaridad algo más... que tambien serán sólo palabras.
Intento buscar a mi viejito en el viejo cafe, pero no lo encuentro, ni sentado frente al km. 0, imagino que estará con el amor de su vida, tomando
un chocolate caliente con churros, y viendo desde alli, en lo que se va transformando este mundo, y dentro de mi siento una envidia infinita hacia
ese adorable viejito y lo que siente.
Por fin bajo por la calle santa isabel, doy un poco más de volumen a mi ipod, me espera mi pequeña, vacía y solitaria caja de cerillas.
martes, enero 01, 2013
La lista 2013
Apretó una tecla de su teléfono y apareció el calendario.
Sobre aquella correlación de números uno apareció resalatado era 31 de diciembre.
Aún se preguntaba por qué la gente parecía que de un día a otro iba a cambiar de pensamiento de quehaceres hasta de vida, "año nuevo, vida nueva" se
decían... y él no iba a ser menos.
Pensó en como había sido aquel año, y como se presentaba el último dia.
Recordaba las promesas que siempre se había hecho para aquel dia, año tras año, y que extrañamente nunca se habían cumplido.
Quizás para aquel día ya no podría hacer mucho, pero por delante quedaban 365 de un nuevo año.
Se vistió y salió precipitadamente a la calle.
Cuando volvió llevaba algo enorme que colgó de la pared, extendio sobre su vieja mesa de madrea unas hojas y un bolígrafo al lado.
Abrió la nevera saó una voll-dam y puso algo de música.
Clavó dos "cuelgafácil" y tras unos minutos de no dar con los agujeros al final colocó lo que había comprado.
Sobre la pared se extendia una gran pizarra que casi la ocupaba del todo.
Tomó una tiza y se puso a escribir.
Cuando acabó tomo las hojas de papel y continuó. Luego las cortó en pequeños pedacitos y las guardó en un frasquito de cristal.
Se vistió y antes de salir leyó lo que había escrito en la pizarra.
No una vez sino cientos.
... " he de aprender a decir te quiero", he de aprender a decir te quiero", he de aprender a decir te quiero", he de aprender a decir te quiero"....
cogio el frasquito de cristal lleno de los papelitos y salió a la calle a repartirlos...
Cuando se fué pasé mi mano sobre la mesa, alli estaban los surcos de los que había escrito.. estoy seguro de que quereís saber lo él escribió
bueno quizás vosotros también tengáis unos papelitos para escribir.. pero él lleva en ese frasquito
.. por las veces que debí decir te quiero...
.. por las veces que tenía que haber pedido perdón..
.. por tantas veces que me equivoqué y no supe admitirlo..
.. por las veces que no debí dejarte decir nada y sólo darte un abrazo..
.. por las veces que nunca llegaron..
.. por tantas y tantas veces que me enfurruñé ..
.. por las veces que me perdí pensando y pensando dejé de vivir..
quizás lleve más pero yo sólo pude leer esas, ahora os dejo tengo que escribir las mias
Sobre aquella correlación de números uno apareció resalatado era 31 de diciembre.
Aún se preguntaba por qué la gente parecía que de un día a otro iba a cambiar de pensamiento de quehaceres hasta de vida, "año nuevo, vida nueva" se
decían... y él no iba a ser menos.
Pensó en como había sido aquel año, y como se presentaba el último dia.
Recordaba las promesas que siempre se había hecho para aquel dia, año tras año, y que extrañamente nunca se habían cumplido.
Quizás para aquel día ya no podría hacer mucho, pero por delante quedaban 365 de un nuevo año.
Se vistió y salió precipitadamente a la calle.
Cuando volvió llevaba algo enorme que colgó de la pared, extendio sobre su vieja mesa de madrea unas hojas y un bolígrafo al lado.
Abrió la nevera saó una voll-dam y puso algo de música.
Clavó dos "cuelgafácil" y tras unos minutos de no dar con los agujeros al final colocó lo que había comprado.
Sobre la pared se extendia una gran pizarra que casi la ocupaba del todo.
Tomó una tiza y se puso a escribir.
Cuando acabó tomo las hojas de papel y continuó. Luego las cortó en pequeños pedacitos y las guardó en un frasquito de cristal.
Se vistió y antes de salir leyó lo que había escrito en la pizarra.
No una vez sino cientos.
... " he de aprender a decir te quiero", he de aprender a decir te quiero", he de aprender a decir te quiero", he de aprender a decir te quiero"....
cogio el frasquito de cristal lleno de los papelitos y salió a la calle a repartirlos...
Cuando se fué pasé mi mano sobre la mesa, alli estaban los surcos de los que había escrito.. estoy seguro de que quereís saber lo él escribió
bueno quizás vosotros también tengáis unos papelitos para escribir.. pero él lleva en ese frasquito
.. por las veces que debí decir te quiero...
.. por las veces que tenía que haber pedido perdón..
.. por tantas veces que me equivoqué y no supe admitirlo..
.. por las veces que no debí dejarte decir nada y sólo darte un abrazo..
.. por las veces que nunca llegaron..
.. por tantas y tantas veces que me enfurruñé ..
.. por las veces que me perdí pensando y pensando dejé de vivir..
quizás lleve más pero yo sólo pude leer esas, ahora os dejo tengo que escribir las mias
martes, diciembre 18, 2012
Sueños de Navidad
(Leelo a la par que oyes la música...)
óyelo
Ójala estas navidades y el 2013 sea de ensueño.
SUEÑOS DE NAVIDAD
Hay un azucarero antiguo en la alacena.
Hay una botella de ginebra cubierta de polvo.
Hay unas hojitas con mesajes escritos al pie del teclado.
Hay unas sonrisas guardadas en una cajita llena de recuerdos.
Hay fotos en un disco duro y fotos que amarillean en un cajón.
Hay sueños que cuelgan de un árbol de navidad.
Hay..
Hay ilusiones enmarcadas para decorar la habitación.
Hay un cículo rojo en un calendario de oficina.
Hay dos lágrimas que surcan las mejillas como esas olas que persiguen los surfistas.
Hay una frasca llena de palabras que se vierten sobre la mesa.
Hay una mano que las acaricia y va formando una frase...
Hay un sueño, sueño de Navidad.
lunes, diciembre 10, 2012
Navidades diferentes
Cayó sobre el belén.
Con su cuerpo aplastó el molino, las ovejas y varios pastores.
Su sangré salpicó al niño, y cubió las figuras de la Virgen y San José.
Milagrosamente la mula y el buey se salvaron.
Un regero de sangre corría como si fuera el arroyo de aquel belén.
A su lado ella sostenía un cuchillo de cocina.
Sollozoba.
En el quicio de la puerta dos ojos pequeños observaban la escena, quietos
sin decir nada. Sólo miraba.
Ella mantenía apretado el cuchillo en su mano.
- No quería, no quería... no quería ir a cenar con mis padres por nochebuena
estoy harta de que todos los años sean sus padres los que vena a casa y
encima critiquen la cena que hago.
Asi que este es el último año.
Miró al niño.
- No te preocupes hijo, no pasa nada, aún vendrán Papa NOel y los Reyes Magos y
te traerán un montón de regalos.
Sobre el belén, el marido se mueve.
- ¡¡¡ Corten !!!, joder cuantas veces he de decirte que no puedes moverte en la escena
¡¡¡ tu mujer te ha matado, coño!!!.
- Y por favor a ver si echáis más sangre sobre las figuras, esto no se parece en nada a
un nuevo episodio de "Navidades sangrientas".
lunes, diciembre 03, 2012
Historias de Navidad
Estoy sentado en esta mesa vieja de madera, un pequeña luz ilumina mi portátil.
Tengo abierto el Word,el cursor parpadeaba a la espera de que pulse las teclas.
Una historia.
Una historia de Navidad, con sabor a Navidad, con sentimiento a Navidad.
Un pequeño articulo que escribir, para ir tirando.
¿Coño, y qué sentimiento de Navidad voy a tener yo ?
Me he quedado sin trabajo, tan fácil como una llamada al despacho.
".. ya sabes las cosas van mal, hay que recortar personal y al ser personal subcontratado. has
hecho un buen trabajo pero la crisis.."
No había mucho más que decir. ¿Para qué?
Ya llevo unos meses así y ahora Navidad...
Dicen que las desgracias no vienen solas, y como no esta no iba a ser una excepción, mi chica
me había dejado por un compañero de trabajo, sin más, de la noche a la mañana.
En la cama se mueve el chico y me llama.
- ¿Me podrías traer un vaso de agua?
- Claro que si, cariño.
- Papá, mañana es Nochebuena, cenaré con mamá ¿lo sabes, no?
- Sí lo sé, no te preocupes, aunque ya eres mayor Papa Noel seguro que también pasa por aquí.
- Bueno no te lo decía por los regalos, era por que me hubiera gustado cenar contigo, ¿que harás?
- Anda sigue durmiendo, no es momento de charlar de esas cosas.
Le arropo y en seguida cae en un plácido sueño.
Si supiera que no tenía con quien cenar esa noche.
Una chispa surge en algún lado, la magia de ver los regalos de Navidad bajo el árbol, los nervios
de la espera cuando uno se mete en la cama... "vamos a dormir que si no no llegaran los reyes magos..."
La mesa engalanada, todos ayudan, y por un día, un día al año, la familia se reúne, se
intentan olvidar viejas rencillas, " ¿has visto a tu nieto, papá...? (papá cuanto te hecho
de menos). Todo se para alrededor de esa mesa, una noche, un día al año.
Apago el ordenador, sin una letra que escribir, y lo peor sin ningún sentimiento que transmitir.
A la mañana siguiente, damos un paseo por el centro, antes de que vengan a recogerlo.
Madrid está vestida, pese a los recortes, a Navidad, la gente corre a hacer las últimas compras,
detrás del Corte Ingles de Sol, decenas de personas con sus niños asisten a la enésima representación
del Cortylandia, una llamada más del marketing.
¡Qué lejos quedan los días donde la Navidad era algo más que comprar!
Volvemos a casa, él aún no ha perdido la candidez de vivir estos días como algo especial, y en el fondo
siento envidia, cuanto sueños e ilusiones se nos desprenden en el camino de hacernos mayores.
Al poco rato llaman al timbre, le abrazo, intento contener las lágrimas, es sólo una noche, pero es
Nochebuena, demasiadas ausencias, demasiadas sillas vacías.
- Mañana vuelvo, yo también creo que vendrá Papa Noel para ti. Estoy seguro.
Se cierra la puerta y como si estuviera escondida tras ella, la soledad se abalanza y me devora.
Son las 8, a través de mis paredes como si de papel se tratasen se filtran los cánticos y las risas de
mis vecinos.
Enciendo el portátil he de escribir el relato, hoy por hoy es la única entrada de dinero que tengo,
sin embargo mis dedos está fríos y las teclas huyen de su contacto.
Llaman a la puerta.
Es raro, no espero a nadie, quizás sean los chiquillos pidiendo el aguinaldo y cantando algún villancico.
Abro la puerta.
- Hola vecino, acabo de llegar a Madrid, y soy nueva en el edificio, pasaba a desearte feliz navidad
y ya de paso saludarte.
- Vaya.. pues feliz navidad, no es corriente en Madrid, yo casi no conozco a ningún vecino. Pasa.
- Pues de donde yo vengo es lo normal, uyss perdona quizás ibas a irte a cenar.
- No, la verdad es que no voy a salir.
- y.. no tienes nada preparado ¿vas a cenar solo?
- ... bueno... si, si voy a cenar solo.
- De eso nada, yo también voy a cenar sola, así que.. ¿que te parece si cenamos juntos?
- Ummm trato hecho, sólo con una condición.
- A ver con que te descuelgas vecino.
- No es nada, sólo que tengo que escribir un relato sobre el espíritu de la Navidad, y creo que tú
podrías ayudarme.
- Si es eso, cuenta conmigo.
Y sonríen sus ojos, por un momento oigo a mi peque: "yo creo que Papa noel vendrá esta noche para ti"
Y quizás sea así, y acabe de aparecer.
miércoles, noviembre 28, 2012
La i minúscula
Estaba entre dos paréntesis.
Dos paréntesis escritos en mayúsculas
Ella, una i minúscula, imposible escapar, presa en aquel espacio, encerrada por detrás atrapada por delante.
Le habían hablado de un mundo exterior fuera de aquellos paréntesis, un mundo lleno de signos, interrogaciones, admiraciones, y puntos seguidos.
Había intentado escalar el paréntesis pero la curvatura era pronunciada y siempre cuando estaba a punto de llegar y asomar el punto de la i por encima
caía.
Llamó al abecedario para ver si de esa manera podía saltar por encima, de primeras eliminó a la p, la q, la y, la j, y la z.
- Imposible con ellas poder trepar lo suficiente para saltar por encima.
Puso a la A y aunque tenía más altura no fue suficiente se separaba demasiado del paréntesis con su patas tan abiertas, con la B no podía por que resbalaba en sus curvas. La C se fue sin llegar a probarla, como la D que justo cuando iba a saltar su curva fue como un tobogán y se cayó..
El punto de la i se puso a llorar mojando el palito de la i, "nunca podre salir del paréntesis, siempre tendré que vivir aquí encerrada".
Lo intentó con la F pero era tan delgada la línea superior que con el peso de la i se dobló y casí parecía una P, no pudo tampoco con la G, ni con la H, menos aún
con la K.
En la M se quedó atascada en la mitad y tuvo que estirarse para poder salir de allí.
Llegaron la N, la Q, la R y nada, la S saludó pero no hubo forma de poder trepar por ella, la T se inclinaba cada vez que se acercaba al extremo de ella, la U fue descartada y asi con la V W Y y Z llegó al final del abecedario.
Desconsolada se fue al paréntesis de la izquierda, el que abre paréntesis ,y allí lloró desconsoladamente.
En eso oyó un ruido detrás suyo, todas las palabras fueron amontonándose hasta formar una pirámide, por la que la i subió. entonces cuando ya era más alta que el paréntesis en mayúsculas y se disponía a saltar, se le ocurrió una cosa...
La pequeña y en minúsculas i se pusó en horizontal el punto se fue pegando al palito que aguantó todo lo que pudo la respiración, y cuando ya no podía más, sopló
fuerte, tan fuerte que el punto de la i salió disparado contra el paréntesis y lo partió en trocitos.
Ya no había un paréntesis de cierre, y todas las letras salieron corriendo de su encierro.
Y allí, allí afuera la i se hizo amiga del guión, sobre el que montaba, jugaba con los círculos del tanto por ciento y saltaba por los puntos seguidos, hasta dormia sobre la almohadilla.
Y nunca. nunca más se dejó encerrar por unos paréntesis.
viernes, noviembre 23, 2012
Cincuenta y...
Cincuenta y cinco metros cuadrados.
Cincuenta mil euros pendientes.
Cincuenta y cinco llamadas perdidas.
Cincuenta y dos cartas recibidas.
Cinco personas en la puerta.
Cinco veces llaman al timbre.
Cinco metros de altura.
Cincuenta mil pasos entre la vida y la muerte...
Y sólo un salto.
Cinco metros.
Un pensamiento antes de estrellarme contra el suelo.
Un sólo pensamiento: "me he dejado el gas encendido"
Cincuenta y cinco kilos de ser humano se esparcen en el asfalto.
Mientras el gestor del banco afirma: "un desahucio más".
Un cigarrillo que enciende.
Una explosíón.
Cincuenta y cinco metros cuadrados y cinco personas se desintegran con mi hipoteca.
miércoles, noviembre 21, 2012
Un papelito (Una historia ficticia)
Otra mañana más.
El anden se llenaba de gente a la espera del tren de cercanías.
A esas horas tempranas de la mañana, cuando el sol aún
se esta quitando la sábana de la cara, y la luna corre
para que nadie apague sus estrellas, los estudiantes se
arremolinan, vaqueros que casi rozan el suelo, se juntan
con mochilas llenas de apuntes y libros, dedos que se
deslizan en pantallas de cristal, facebook, whasapp..
Subo a uno de los últimos vagones, no cambio nunca, es
como un ritual, mismo vagón, casi la misma gente.
Siempre entro el último es la forma de quedarme apoyado
en la puerta, además me gusta observar a la gente, sus
caras. Intento adivinar cómo son sus vidas, en que están
pensando, intentar ver que hay tras sus miradas.
Ella sube en la parada siguiente, a veces hemos cruzado
la mirada, puede que sea así pero he notado que se sonroja
si la miro fijamente.
Mantenemos una conversación en silencio, donde buscarse
con la mirada es un hola, y también un adios.
Su pelo, teñido de color cae en cascada, sus ojos son
un dulce de leche sumergido en un lago de aguas tranquilas.
Su rostro desprende ternura envuelta en un halo de
miseriosa pasión.
Dos paradas más y esa pequeña película diaria colgará
una vez más su cartel de "the end", sólo que esta vez,
quien sabe, puede que sea un "continuara".
Me acerqué.
- Perdona - le dije - se te ha caido este papel.
- No es mio.
- Si, si es.
Suena el pitido de cierre de las puertas, ella salta al
anden mientras desenvuelve el papel.
El tren avanza, vuelvo a ponerme los cascos, y pienso
ale jacta est.
Han pasado 3 días, no he vuelto a tomar el mismo vagón quizás
por no enfretarme a ella, a veces es preferible
vivir de un sueño, que darte de bruces con la fría realidad.
Sin embargo, al cuarto día recibo un email.
"Hola.
NO tenía pensado escribirte, cuando ví tu direccion de correo en
papel era lo último que me esperaba, pero despues de pensarlo
y no verte en el tren, me he dicho ¿y porqué no?.
Asi que si quieres ya tienes mi dirección de correo.
Un beso"
Sin espera un momento, doy al botón de Responder.
"Hola
Chica sin nombre, me costó entregarte el papel, pero la vida es
de quien se arriesga. ¿Te arriesgas a tomar un café, mañana a
las 7 en "El narizotas"?
Un beso"
Un minuto, dos, tres, y un nuevo correo.
"Si"
Son las 7, ella llega sólo 5 minutos tarde, me sonrie, le sonrio
entramos, el bar es de dos plantas, subimos, dejamos los abrigos
nos sentamos, el camareo llega pedimos dos cervezas, y cuando se
va un silencio se hace entre los dos.
Como si quisieramos cortarlo, hablamos a la vez
- Tú primero
- NO tú primero.
Y asi empieza un manantial de palabras, a veces es un suave murmullo
de fondo, por que me pierdo en sus ojos, en como mueve las manos, como
sonrie, y hasta como llega a ruborizarse.
Y como un lector con un libro viejo, nos leemos, nos empapamos de
nuestras historias, descubriendonos poco a poco.
El tiempo corre, llega el momento, en la puerta del bar ella espera mi
pregunta, en mis labios las palabras se a amontonan con miedo a abrir
la puerta y no encontrar la luz. POr fin salen a borbotones
- ¿Quieres que volvamos a quedar?
- Si, por supuesto que si.
Cuando llego a casa, tengo un correo:
"Hola, soy yo, sólo quería escribirte unas líneas:
Abre la puerta
No digas nada
Deja que entre el sol
Deja de lado
Los contratiempos
Tanta fatalidad
Abre tus alas
Al pensamiento
Y déjate llevar
Vive y disfruta
Cada momento
Con toda intensidad
Y tú
Que vives tan ajeno
Nunca ves más allá
De un duro y largo invierno
Abre la puerta
No digas nada
Es una canción de Luz Casal que me encanta, espero que sepas leer entrelineas"
De pronto siento un ligero empujón.
- Perdone,- me dice una persona.
Abro los ojos, siento el traqueteo del tren, ella está alli, me mira
y cuando se cruzan las miradas ella baja la cabeza.
En mi mano llevo un papel.
El tren para.
Se abren las puertas, ella se detiene un instante frente a mi,
yo me quedo quieto y cuando se cierran las puertas miro el papel en mi mano.
Mañana, mañana si que se lo doy, y todo lo que he imaginado se hará realidad.
martes, noviembre 13, 2012
Historias del viejito
Subo por la calle Atocha hasta la plaza de Jacinto Benavente, aquí cambia el paisaje, chicos y chicas jóvenes se alternan
con extranjeros plano en mano, algunas prostitutas buscando su parné lejos de la competencia de la calle Montera, pasean
por la esquina de la plaza.
Bajo hasta la Puerta de Sol, y por un breve instante me paro a la entrada-salida de la boca de metro. Evoco algunas tardes
de frío invierno donde esperaba para que no me esperasen, sonrisas envueltas en abrigo.
Llego al café, a la vieja mesa de madera que me recuerda aquellos cafés con leche, testigos mudos de encuentros
con prisas.
Voy a la barra, una chica joven, latinoamericana se desplaza con lentitud, me exaspera, pero entiendo que por la miseria
que le pagan no va a correr más.
Llevo mi café a la mesa, me siento en dirección a la puerta, la gente pasa deprisa, en esta ciudad se ha perdido el encanto
de andar, de pasear, sólo basta mirar hacia arriba para descubrir otro Madrid diferente.
En ese momento, lo presiento, sé que está aquí otra vez, aunque hace ya mucho tiempo que no volvía.
- Hola, ¡qué frío hace ya!
Le miro, no puedo dejar de sonreír aunque sepa que ya no está, que quizás sea sólo un proceso de mi mente, en mi mente.
- Hola, ¿cómo te va?.. ya sabes.. por ahí arriba.
- Bien, bien mejor que a ti por que lo veo.
- Vaya, veo que sigues sin perder una.
- Digamos que más que verlo lo siento, tengo la impresión de que estas agotado, agotado de vivir, agotado de eso que tu llamas bucle,
agotado de que no haya un tren donde subirse, una ilusión que te empuje, agotado de pensar en aquellas oportunidades que tú mismo
dejaste pasar.
Le miro, y creo que sabe más de mi que yo mismo.
- Sí, podría decirse que es así, pero también sigo en pie, mantengo la esperanza, sonrío en cuanto puedo...
- Ya, ya.. ¿quieres que te cuente una historia?
- ¡Cómo no!
Y empezó:
"Eran tiempos duros después de la guerra civil, había que tener picardía para conseguir algo de comer, y ni te quiero contar para encontrar un trabajo,
unas veces recogías trigo, otras una obra daba sustento entre semana, y mientras yo intentaba estudiar de noche, había poco tiempo para la diversión,
y menos para conocer chicas.
Sin embargo, como suelen suceder ciertas cosas, cuando no las esperas son cuando llegan. Y un día, camino de una obra la vi, créeme, fue amor a primera vista.
No fue fácil, eran tiempos tristes, pero al final, aquello fue como dicen en las películas, sentir mariposas en el estómago, vivir en una nube, con el paso del
tiempo todo ese torrente de sentimientos se fue serenando, navegó hacia una calma tranquila.
Al principio comprendí que así deberían ser las cosas, no se podía vivir siempre en esa hermosa "tensión", pero aquella calma...
Veía otras parejas, y esa calma parecía que la vivieran como una paz interior, mientras yo la vivía como un eterno estancamiento, un día era igual a otro,
no eran malos, pero...
Y dejé que aquel espacio que ella ocupaba y que pintaba de colores, se fuera llenando de sombras, de grises y oscuros, aquellos que en sus alforjas llevaban
los días donde no había cabida para la ilusión.
Llegó un momento que echaba tanto de menos aquel torrente, que la calma que me daba no me bastaba y me alejé, para terminar al final.
El tiempo pasó, los recuerdos salían cada noche a bailar en el saloncito de mi cabeza, mientras la soledad extendía su tienda de campaña, como lo haría
cualquier ocupa en una casa abandonada.
No dejaba de pensar en la frase: "Unos viven la calma como una paz interior, otros como un eterno estancamiento". Estaba claro que yo era de los segundos,
pero ¿como vivirlo?, ¿cómo cambiar ese sentimiento?, ¿como saber que no estaba equivocado, otra vez?"
De pronto se calló, y me miró fijamente a los ojos.
- Y al final ¿qué hizo, que pasó, volvió con ella? - le pregunté.
- No puedo, ni debo decírtelo. Cada uno debe encontrar "su" respuesta. Quizás la respuesta no sea ni uno ni otro, sino que esté encerrada en la misma
frase, en encontrar una calma alterada que nunca lleve a un estancamiento. Y ahora he de irme, ya sabes...
Se levantó, puso su mano sobre mi hombro y me sonrió, quise levantarme y abrazarle, pero...
Aquella tarde hacía frío, mucho frío, el cielo azul engañaba a los ojos que lo miraban detrás de los cristales.
Abotoné mi abrigo, pagué el café, sólo un café, y volví a mi caja de cerillas.
jueves, noviembre 08, 2012
Venganza 2 parte
A los pocos días, volví a entrar a la página de contactos, tenía 6 mensajes,
fuí viendo los perfiles de cada uno, y les escribí con un corto, "hola, tengo
un correo tuyo, ¿te apetece que charlemos?"
Dos horas después recibía un correo, esta vez era casado, decía que se sentía
aburrido de su pareja,que buscaba sensaciones nuevas para darle emoción a su
vida.
No me costó mucho decidir qué tipo de emoción le iba a dar.
Había alquilado una habitación en un apartahotel, seguramente con nombre falso
y pagada al contado para que su mujer no pudiera pillarle.
Cuando llegué, tenía preparada dos copas, como si realmente quisiera seducirme
para llevarme a la cama, aunque nuestro encuentro fuera de lo más explícito.
Esta vez no utilizaría la bolsa, trabajando en una farmacía, me es fácil
preparar una droga que simule un ataque cardíaco.
Realmente fue penoso. como amante no me extrañó nada que su mujer no le diera
cancha, casi fué como si me follase un conejo, sin previos, me tumbo se puso
encima y se fue al momento.
Incluso me dió pena matarlo, sólo pensaba en su mujer, engañada, cuando abrí
su cartera y vi la foto de ella, pensé en cómo la había liberado.
Pasó un tiempo en el que olvidé aquella página, intenté recomponer mi vida, salir
ir con amigos, la familia, pero cada dos por tres alguien me sugeria que me echara
novio, o que conocía a la persona adecuada para mi, o lo peor, "no dejes pasar
mucho tiempo o se te pasará el arroz".
Así que encendí el portatil, y volví a quedar, ya no recuerdo si dos o tres veces
más, en el fondo sentía que limpiaba de mierda este mundo.
Hombres que no tenían escrúpulos, que para ellos la mujer era un agujero donde
meter.
Hoy he quedado con uno al que le gusta disfrazarse de niña, pero según él es muy hombre,
sólo que tiene esa fantasía, me cuenta de sus viajes sexuales a tailandia. No quiero oir más
me imagino lo que puede venir y le digo que conmigo tendrá más que suficiente.
Voy a su casa, y aparece pintado los labios con una falda tableada, casi me muero de
risa al verlo, no dejo que me bese, me desnuda despacio acariciandome los pezones
dejando el rastro de carmin por mi pecho.
Le propongo un juego, le pido un pañuelo de seda y ato sus manos a la cabecera de la
cama abro sus piernas y las ato separadas. Pongo una cámara de vídeo en la mesilla.
- "Vamos a tener un bonito recuerdo"
Él rie sin imaginar lo que le espera.
Pero en cuanto ve como me coloco el arnés con una enmorme polla negra, desaparece la risa
de sus labios.
- NO te preocupes he traido vaselina, tanto que querias ser mujer, ahora sabras lo que es
que te la metan.
Tapo su boca, apoyo la polla de latex contra su ano y lo voy penetrando, veo como se le
saltan las lágrimas, mientras balanceo mis caderas entrando y saliendo,
Cuando creo que ya es suficiente, voy a su baño me ducho recojo mis cosas, y le suelto.
El pobre no tiene fuerzas, solloza. Me acerco y le susurro: "si me entero que haces algo
a alguna niña, niño volvere te cortaré los huevos y te los metere en la boca hasta que te ahogues,
no lo olvides, estaré vigilando cada paso que des."
Esta vez no lo mato, quiero que cada segundo de su vida piense que estoy detrás de él, a la espera
de cortarle los testículos.
Ese fue el último. Han pasado más de 4 meses desde aquello.
He vuelto a entrar en la página, me escribió un chico, y aunque intenté provocarlo e incitarlo para
quedar, él se negó, me dijo que quería hablar, irnos conociendo poco a poco, que pasasemos de esa
páginaa charlar por el whatsapp.
Creo que me he enganchado a él, aunque no me fio. Pero sé que aún no he terminado, que ahí afuera
quedan muchos que tienen que pagar por lo que hacen.
Al final quedamos, me invitó a cenar, estuvo muy atento, me sentí cómoda con él, como si pudiera
contarle todo.... bueno todo no, mi secreto no.
Me agarró de la mano cuando salimos del restaurante y me acompaño a casa, le propuse que subiera
pero me dijo que todo a su momento, me beso en los labios, suavemente sin ninguna otra intención,
no abrió la boca, sólo fue un suave roce, el suficiente para que algo dentro de mi vibrara de nuevo.
Hoy me ha propuesto ir a cenar a su casa, me he puesto nerviosa, me he pasado casi una hora decidiendo
que ropa ponerme, unos zapatos de tacon, medias negras una flada de tubo y una blusa negra con gran
escote, no deja ver nada pero insinua. Un ligero toque de maquillaje, una suave capa de carmín en los
labios y unas gotas de mi perfume favorito.
No puedo reprimirme pero quiero que me bese, quiero que me abrace, me desnude, quiero dormir con él,
quiero follar con él, quiero despertarme con él.
Tiene una casa pequeña pero acogedora, ha puesto una música suave de su cantante negro favorito, la luz
tenue juega con las dos velas del centro de la mesa, me quita el abrigo mientras sonrie, "¿quieres vino?"
"Si" le contesto, llena a medias mi copa y se sienta a mi lado, cerca, pero dejando el espacio sufiente
para que no me sienta agobiada.
Le miro a los ojos, sus labios y siento la necesidad de morderlos de besarlos.
Me mira y en un leve susurro me dice: "No puedo dejar de pensar en besarte". Y se acerca y me besa, primero
despacio, esperando mi reacción.
Sus labios rozan los mios, su boca se entreabre y su lengua busca la mia sin prisas como si por un momento
estuviera pidiendo permiso para entrar, su mano se desliza por mi nuca mientras la otra se aferra a mi cintura
atrayendome hacia él.
Lo que en un momento empezó siendo un beso suave se ha tornado en pasión, siento su lengua enredándose en la mia
como me muerde dulcemente los labios, como se separa un instante saca la lengua y recorre mis labios provocandome
Se para y me mira a los ojos, entonces su boca se desliza por mi cuello mordiendome despacio, provocando que
mi cuerpo tiemble mientras sus manos acarician mi espalda y me aprietan contra el.
Me desnuda muy lentamente, cubriendo de besos cada centímetro de mi piel que queda al descubierto.
Me apoya contra la pared, mientras deja caer mi blusa, mi sujetador negro no es obstaculo, lo desabrocha y mis
pechos se alzan desafiantes su boca atrapa golosa mis pezones, su lentitud me provoca aun mas, separa un
poco mis piernas lo suficiente para que su mano se deslice hacia mi sexo, que encuentra húmedo y caliente.
Se me entrecorta la respiracion y gimo cuando noto las yemas de sus dedos acariciar mi sexo, separa mis
labios mojados y los acaricia despacio con suavidad como si fueran de cristal.
Inclino la cabeza hacia atras mientras el sigue besandome los pechos jugando con la punta de su lengua en mis
pezones, sus manos deslizan mi falda y mis braguitas se enredan en los tacones de mis zapatos.
Se arrodilla mientras acerca mi cabeza a mi sexo me mira desde abajo y sonrie , hay una mirada de pillos en
sus ojos cuando un lametazo en mi sexo me provoca un espasmo de placer.
Me besa la parte interna de los muslos siento su dedo deslizarse en mi interior rozandome, casi no puedo
mantenerme en pie, mientras pega su boca en mi sexo y me chupa con deleite, Tengo mis manos en su
cabeza y la aprieto fuerte contra mi coño, y el lame como si fuera un helado, mientras su dedo entra y sale
no aguanto la tension sexual y rompo en un orgasmo mientras tiro de su pelo.
El sigue rozando con la punta de su lengua mi clitoris provocando descargas contínuas. Le pongo de pie,
le llevo hasta la cama y lo tumbo, dej que me vea desnuda, sólo con las medias y los zapatos de tacón, y noto
como su polla se endurece en sus pantalones.
Le quito la ropa y atrapo la polla entre mis manos, subo y bajo despacio notando como se endurece, me la llevo
a la boca haciendo que de un gritito de placer.
Sé que lo estoy poniendo a mi, pero no quiero que acabe, paro, y le beso en la boca. Me aprieto contra él noto
el calor de su piel en la mía, cierro los ojos y dejo que me invada esa sensación, un momento, sólo un instante.
Me separo agarro su polla y me la meto, se desliza dura dentro de mi y siento como entra, muevo mis caderas
mientras en con sus manos no deja me levante, mis movimientos hace que mi pelvis roce con la suya y eso
me excita, no puedo parar y continuo hasta que me corro de nuevo.
Él aún no ha llegado, y de alguna manera agradezco que no lo haya hecho, se lo recompenso con mi boca,
sin parar hasta que siento el calor de su orgasmo.
Me tumbo a su lado, esperando que él se levante al baño a limpiarse, sin embargo enreda sus dedos en mi mano
mientras con la otra me acaricia la mejilla y me besa dulcemente, no dice nada pero siento que en ese momento
me atraviesa algo que podría llamar felicidad. Nos abrazamos y asi seguimos hasta que el me hace cosquillas y rie
como dos chiquillos, desnudos nos peleamos con las almohadas, hasta que caemos uno encima del otro y la excitación
comienza de nuevo.
Amanecí con él, con el olor a café recien hecho a tostadas y zumo de naranja.
Han pasado algunos meses, seguimos juntos compartiendo momentos, sexo, tardes de cien en casa, sms calientes,
paseos llenos de ternura, y sin embargo...
Sin embargo no he podido olvidarme de la página de contactos, y aunque ahora es espóradicamente, he quedado
alguna vez, no he vuelto a tener sexo con mis citas, las desnudo dejo que me toquen que se ilusionen pero rápidamente
los ato a la cama, es raro a todos los hombres les pone que les aten, y entonces dulcemente les mato, les quito la vida.
No dejo rastro, sólo este diario que llevo conmigo.
Nota a pie de página: Acabo de leer tu diario, no, no te enfades, lo dejaste abierto la otra tarde y no pude evitarlo.
no te juzgo, no te reprocho nada, te amo tal como eres, y no quiero perderte.
¿Solo quisiera hacerte una pregunta....
....podría yo también participar en tus "cacerias"
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