CAPÍTULO 2
Miro la hora, las 5:55.
Pienso en esas horas que aparecen por casualidad, las 10:10, las 14:14, las 23:23…
Pero sólo es una hora más en mi insomnio.
Me muevo en el espacio izquierdo de la cama. Una cama de matrimonio y, sin embargo, he creado un fortín en ese lado, como si todavía reservara el lado derecho para ella. Para cuando viene, aunque no venga muy a menudo.
Odin levanta la cabeza y me mira, duda si saltar a mí cama, o bajar para que le dé sus golosinas, un ritual que empezó hace unas semanas y que ya no puedo negarle.
Tomo el móvil, abro el chat y busco la última conversación que tuvimos.
—
Hola, espero que tengas un buen día —le digo.
— Hola, eso
espero que mejore. Tú también pasa un buen día.
— Vaya…
Eso que mejore no me suena muy bien…
— No, no me he
levantado muy animada.
— Espero que se te pase pronto. ¿Me
paso luego a verte?
— Gracias, pero no soy la mejor compañía.
¿Y tú?
— Como siempre… Un día más…
— Pues qué
bien.
— Se me pasará.
— Ya me imagino.
— Pero
estar así todo el día tampoco es la ilusión de mi vida. .
—
Ya…
— Sabes que son cosas mías. Anímate.
— Hoy, al
menos, está difícil.
— ¿Por algún motivo en especial?
—
No sé. Creo que es por las últimas conversaciones que hemos tenido.
Tengo la sensación de que a veces te pierdo y no haces nada para
evitarlo. Siempre terminas perdiéndote…
Me quedo
mirando la pantalla.
— No me has perdido…
— No hay
problema. También se me pasará. Siento que las cosas sucedan así.
—
Pero expresaste lo que sientes. No es tuya la culpa.
— Tengo
que dejarte. Va a venir el instalador de la compañía de teléfono.
—
Ok. Espero que te animes.
— Sí. Un beso.
No
contesté a ese beso.
Entran los primeros rayos de sol por la persiana y flotan en el aire.
Y con ellos vuelve su frase:
“Siempre terminas perdiéndote...”
Hay frases que uno lee y sigue adelante.
Y hay otras que se quedan un rato más.
No
es la primera vez que me lo dicen. La primera vez fue hace
veinticinco años.
Yo todavía no sabía que algunas
personas no se van cuando cierran una puerta. Sé quedan contigo. En
los lugares donde no miras.

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