jueves, mayo 31, 2012

Tic tac

Tic tac
Despertador, romper, soñar.

Tic tac
Seres humanos convertidos en autómatas

Tic tac
Trabajos que engullen la felicidad

Tic tac
Nómina, hipoteca, pagos, carreras, prima de riesgo, paro, jubilación, suicidio

Tic tac
noche, cansancio, insomnio

Tic tac

La vida pasa tic tac, solo oyes un tic tac, tu ritmo de vida en un tic tac.

En algún lugar lejos de esa vida que llamamos civilizada, los ojos de un niño sonríen cuando alguien sin tener otra recompensa que esa sonrisa,
le ofrece una oportunidad.

En algún lugar un voz suave desliza letras en el aire... dhanyavaad... alguien las atrapa, cotizan su valor en felicidad.

Tic tac tic tac

Amanece, mientras la vida cobra otro sentido, donde el dinero no es el alma, donde un gesto, un beso, una lágrima y una mirada es el cheque
que paga cualquier hipoteca.

Tic tac

Llámame loco, por que yo no quiero ni coche ni casa ni vacaciones en hotel de 5 estrellas
Quédate con tu tictac,  quédate con tu tarjeta visa oro y tu vacaciones en la nieve.
Quédate y déjame..

Por que mi tic tac es el sonido que hace mi corazón cuando miro a mi alrededor y la vida cobra el sentido que alguna vez tuvo, y dejamos escapar.

viernes, mayo 25, 2012

El coleccionista


Hay quien colecciona monedas, hay quien colecciona sellos, incluso hay quien colecciona botellas vacías.

Pero aquel tipo era un tipo extraño.
Coleccionaba canciones inacabadas, poemas sin rima, caminos rotos, esos que no te llevan a ninguna parte pero te dejan en cualquier sitio,
pedacitos de corazones encontrados en el parque, y deseos lanzados a la fuente de la plaza.

Todos los guardaba en su alacena, junto a una caja cerrada de la cual colgaba un cartel ¿Por ques? y un block que se titulaba "perdones no dichos",
también tenía una gran vasija llena de letras.

Se decía que cuando escribía, abría la vasija y desperdigaba las letras por la mesa, luego abría un cajón secreto donde tenía guardado los recuerdos, estos
salían volando, atrapaban las letras y formaban un cuento.

Una noche de las que nunca se olvidan, cuando el verano empieza a dar sus últimos suspiros, y  en la bóveda del cielo
alguien ha cosido las estrellas al terciopelo.
El coleccionista se encuentra con una mirada de almendra, y una sonrisa que le baña en las aguas quietas de un lago.
Ella deposita en sus labios un suave beso como el aleteo de una mariposa, breve como un sueño.

Cuando vuelve a casa, acaba cada canción inacabada, rima cada poema sin rima, toma todos los pedacitos de corazón y los suelta entre las flores del parque.
Cierra con llave la puerta de su alacena.

Y se echa a andar por los caminos rotos esos que no te llevan a ninguna parte pero te dejan en cualquier sitio.

lunes, mayo 21, 2012

En el momento oportuno, en el lugar oportuno.

Iba tarde, maldiciendo por el camino, lunes por la mañana, con un tráfico de mil demonios.
Fue a coger el móvil pero este se desliza entre sus dedos y cae.
Él se agacha a recogerlo y cuando vuelve a poner la vista en la calle, todos estan parados.
Frena bruscamente da un volantazo y de pronto es el coche el que toma vida,  golpea contra el bordillo y se eleva como una hoja en otoño mecida por el viento.
El aire se llena de pequeños trozos de cristal, siente mil agujas incrustándose en su cara, el coche gira lentamente como lo haría una bailarina en una pirueta.
Cae boca abajo sobre el asfalto, él siente un golpe duro y sordo.
Todo se vuelve rojo y negro.

No muy lejos de allí, una chica está dejando a su hijo en la escuela, le besa y sonríe, pero tras su mirada hay un pozo de tristeza insondable, se siente sola. Ese día ha tenido que dejar el coche en el taller, y para ir a trabajar tiene que coger un taxi, alza la mano y para uno.
Da los buenos y le indica donde ha de llevarla.
- Perdone, pero me han avisado de un accidente, si no le importa podemos acortar por la calle 85.
Ella asiente, mientras mira un cielo teñido de azul.

Se está lavando las manos queda poco para terminar su turno, la noche ha sido dura, y espera dar el relevo para volver a su casa.
Siente un escalofrío cuando piensa en ella, y recuerda lo que una vez alguien le dijo, "lo importante, lo más importante es 
alguien que te espere, tener a alguien a quien esperar".

El taxi llega a la entrada del trabajo de ella, mira el reloj media hora antes de su hora de entrada. Bueno alguien me lo agradecerá.
Entra, ficha y se cambia de ropa, cuando se encuentra con el turno de noche se extrañande verla tan pronto.
- Venga ya que estoy aquí, me encargo yo de esto, vete a casa - le dice a quien  tiene que relevar.
Se lo agradece, está cansada, y quiere volver ya, su mente está puesta en su cama y... y en esas notas que lleva encontrando una semana al abrir su puerta, al principio no le dio importancia, en el trabajo se reían - "vaya te ha salido un admirador" - ella hacía
que las rompía y cuando nadie mira las guarda celosamente en su bolsillo.
Toma su coche, y conduce tranquilamente,  - ¡qué bien me viene que haya llegado tan pronto, hoy desayunaré tranquila, sin prisas!- se dice.
Deja el coche en el garaje, en la bolsa las porras aún están calientes, las puertas del ascensor se abren mientras ella busca las llaves en su bolso
y cuando llega delante de su puerta, alguien está empujando una nota por debajo.

Ha terminado de lavarse las manos, cuando se dirige al vestuario para cambiarse.
Un enfermero corre tras él.
- No puede irse todavía, debe doblar turno, ha habido un accidente y traen al conductor, está muy grave, y el doctor  está en el atasco.
"Mierda", piensa para sus adentros, aunque quizás mejor así, la soledad era lo único que me esperaba entre las sábanas.

Se da la vuelta y en el pasillo tropieza con una enfermera.

- Perdona, voy hacia urgencias, no te había visto
- No pasa nada, doctor, yo también voy para allá
- ¿Eres nueva?
- No, sólo que no pertenezco al turno, de noche. llevo trabajando en este hospital años, pero hoy llegué pronto a causa de un accidente.
- ¡Ah! debe ser el mismo accidente del que nos traen al conductor.
Los dos caminan en silencio hacia el quirófano, él la mira de reojo, ella se ruboriza.

Ella le mira, él incómodo se incorpora con la nota aún en su mano.
- ¡Carlos! ¿qué haces?
- Bueno... yo... la verdad... te echo de menos, no he conseguido olvidarte.
- Pero.. no me has dicho nunca nada, desde que .. rompimos...
- Dejaste muy claro que no querías saber más de mi, que necesitabas tiempo
- Y no has firmado nunca ninguna nota, si hoy no llega a ser que llego pronto por que me han relevado antes ¿habría sabido que eras tú?
- No, creo que nunca te lo habría dicho, prefería mantener mi ilusión con las notas que volver a sentir que soy un extraño para ti, y no quería
que te convirtieras en alguien a quien solía conocer.
- Carlos... yo... ¿quieres entrar?, las porras que traigo se están enfriando.

Tras ellos se cierra una puerta.
El café y las porras se enfrían en la mesa.

La operación ha durado mas de cuatro horas, el agotamiento se refleja en sus rostros, sin embargo la sensación del deber cumplido les embarga.
- Has hecho un gran trabajo, - le dice él.
- Gracias, no es común que un doctor felicite a una enfermera.
- ¿Ya estamos con los tópicos?
- No son tópicos , os creéis dioses y nos tratáis casi como si no existiéramos, algunas veces sólo falta que os traigamos el café. 
- Eso tiene arreglo, que tal si lo hablamos esta noche mientras cenamos.
Ella le mira a los ojos, nota un  calor extraño, sonríe y piensa - tengo que llamar a mi madre, para que se quede con el peque- mientras acepta.
Él sonríe y oye en su cabeza... "alguien a quien esperar..."

En la habitación 406 la máquina marca los latidos, alguien comenta que se ha librado de milagro, que el coche quedó destrozado.
Una mano sujeta otra, él abre los ojos y ve como unas lagrimas se deslizan por la mejilla.
- Papá, papá.
Hace años que no oye esas palabras.
- Hijo, yo... te quiero.

A veces sucede algo, en el momento oportuno, en el lugar oportuno .

lunes, mayo 14, 2012

El árbol de la lluvia


El árbol de la lluvia


Vivía en una aldea, en el centro de África. Donde nunca llovía y cuando digo nunca, es ningún día del año.
Había árboles y vegetación, por que por debajo de aquellas tierras  existía un gran acuífero.
Pero nadie conocía lo que eran las nubes, ni como de ellas caían gotas de agua.

Era un chico pequeño al que le encantaba jugar, nunca tenía suficiente y en su afán por la aventura llegaba a desobedecer a sus padres.
Tanto fue así que un día se alejó de la aldea y se perdió. Estuvo dando vueltas hasta que cayó la noche y bajo un baobab se durmió.
Cuando despertó unos ojos le miraban fijamente, su rostro pintado de blanco y rojo le indicaba que no era de su tribu no tó como le
agarraba y se lo llevaba.

Anduvieron muchos días, por la noche descansaban. Al final tras cruzar unas montañas, llegaron a un poblado.
Este era muy diferente al suyo, las chozas no estaban desperdigadas sino que formaban un círculo.
Dormía en una choza junto al hombre que lo había traído, no hablaban su lengua y sólo se podían comunicar por signos.
Le trataban como uno más, pero él no se sentía de allí, deseaba salir y volver a su aldea.

Un día una nube tapó el sol, y después llego una más, y otra y otra hasta que el cielo se oscureció y empezó a llover.
El muchacho miraba extrañado el agua que caía y presa de miedo corrió hasta la choza a refugiarse.
El hombre llegó y con sus manos le explicó lo que era la lluvia, que esta sólo era agua que caía de las nubes y las nubes
eran como la lana de las ovejas que flotaban en el cielo.

El niño pensó que su sueño sería llevar la lluvia a su aldea, lo primero que tendría que hacer era cazar una de esas nubes.
Al día siguiente en un descuido se escapó. Miró al cielo y pensó: "He de ir hacía las montañas, la más alta que pueda para capturar las nubes"

Consigo llevaba algo de comida, y un recipiente de caña trenzada donde pensaba meter las nubes.
Tardó tres y tres noches en alcanzar la cima de la montaña, "estoy persiguiendo un sueño", se decía, y pensaba en la cara de asombro
que pondría en la aldea al ver la lluvia.
En el cuarto día una densa niebla cubría la cima de la montaña.
- Estas deben ser las nubes.- se dijo.

Abrió la cesta y giró sobre si mismo con ella abierta como si estuviera cazando mariposas, con rapidez volvió a cerrarla.
Una vez que se cercionó que la cesta estaba bien cerrada, empezó a bajar de la montaña.

- Tengo que llegar a mi aldea y enseñar las nubes, quiero que mi sueño se convierta en realidad, y que vean la lluvia.

Por fin tras un largo y duro camino encontró el camino de regreso.
Nadie creía que siguiera vivo después de tanto tiempo y aunque sus padres le regañaron era más fuerte la alegría de verlo vivo de nuevo.
Al día siguiente anunció al poblado que quería enseñarles algo nuevo que había visto en su viaje.  Su sueño estaba a punto de cumplirse.
Alzó los brazos, abrió la cesta y...

Todos esperaban pero no paso nada, un momento , otro y nada.
Algunos comenzaron a reírse, otros se marcharon.
Él cerro su cesta y huyó corriendo.

No puede ser mi sueño no puede desaparecer, si había atrapado a las nubes.
Se pasó toda la mañana pensando en las nubes y en la lluvia hasta que se le ocurrió una idea.

Dos días después volvió a reunir al poblado, los llevo hasta un pequeño baobab.

- Os he traído aquí por tenía el sueño de mostraros las nubes y la lluvia, a veces los deseos los sueños no se cumplen cuando nosotros
queremos o no son de la forma que desearíamos, pero no por ello hay que dejarlo atrás. Mi sueño se ha convertido en el
"árbol de la lluvia", y es mi sueño para todos vosotros.

Y tiró de una liana.
De pronto del árbol empezó a caer una fina lluvia, de alguna manera parecía que estuviera lloviendo, incluso alguno diría que el árbol lloraba.

Toda la gente se puso debajo dejándose empapar.
Todos menos uno, el brujo de la tribu.

El brujo de la tribu se acercó al muchacho.

- ¿Es eso la lluvia?
- No pero es lo más parecido que he podido lograr. Fue simple cogí varios recipientes los llene de agua e hice unos pequeños orificios, luego
los fui atando uno a uno de tal manera que cuando tirara de esta liana se volcara, el agua saldría por los pequeños agujeros y sería como una pequeña lluvia.

Desde aquel día aquel baobab se llamó "el árbol de la lluvia"

miércoles, mayo 09, 2012

El secreto un cuento para niños

Hace mucho mucho tiempo, cuando los niños no jugaban con la play o con la wii ni siquiera con la nintendo, por que no existían, bajaban
a la calle y con las tapas de las botellas hacian carreras entre la arena, o daban patadas a un balón hecho de retales de tela y cuerdas,
las niñas jugaban a la cuerda y cuando se reunian todos jugaban al "pilla pilla".

Bueno he dicho que jugaban todos, y no es verdad siempre, siempre un niño pequeño se quedaba en una esquina mirando.
Cuando nació, ya era mas pequeñito que los demás, y al ir creciendo esa diferencia iba aumentando.
Sus hermanos y sus compañeros de clase siempre se reían de él por lo pequeñito que era, incluso en casa sus padres a veces
no le hacían caso por que no llegaban a verle.
 
Así que decidió que no hablaría con ellos, ni con sus padres, ni con sus hermanos y hermanas, ni con sus compañeros de colegio.
En el recreo cuando todos salían a correr y jugar el se iba a un banco apartado y se quedaba mirando, pensando que el también
podría ganar a las chapas, o que daría la patada mas fuerte,´luego se quedaba mirando las nubes.
Un día oyó una vocecita que le llamaba.
 
- oye oye aqui abajo que me has pisado el pantalón.
 
Él no podía creerse que  hubiera alguien  más pequeño aún y ademas le hablara.
 
- Sí, tú grandullón, ¿quieres levantar un poco el pie?
 
El pequeño levantó el pie, y el gnomo pudo así soltarse, trepó por la pata del bancoy se sentó junto al bolsillo del niño.
 
- Gracias, otro quizás se habria reido de mi por ser tan pequeño, ummm veo que no eres muy hablador ¿eh?
 
- Bueno, yo... no tengo amigos, y en casa todos se rien de mi, asi que decidí no volver a hablar nunca más.
 
- Uy, uy, uy muy mal, cuando uno es pequeño, tiene que tener sus secretos y la fuerza para ser único.
 
- Pero yo no sé hacer eso, ¿me enseñarías?
 
- Y tú que me darías a cambio, a ver,  venga tu me llevas en el bolsillo y me enseñas como son las clases y yo te digo el secreto.
 
Dicho y hecho, el niño cogió al gnomo y lo metió en su bolsillo.
 
Así pasaron todo el día el gnomo vió como era la vida de aquellos gigantes y al acabar la tarde cuando salió de clase lo dejó junto al banco.
 
- Gracias, eres muy amable, mañana te contaré el secreto.
 
Aquella noche el niño no durmió, estaba nervioso, ¿sería verdad que ese secreto haría que los demás se fijaran en él? ¿que no fuera siempre
el pequeño al que nadie hacía caso?
 
Al día siguiente cuando salió al recreo, corrió hasta el banco, se sentó y esperó y esperó, cuando ya pensaba que el gnomo le había engañado, apareció.
 
- Y el secreto, ¿donde está?
- No tengo que darte nada, no es un objeto, es algo que llevas contigo desde hace tiempo, pero que no has sabido utilizar.
- ¿Qué ya lo tenía , pero si lo tenía por que no me hacen caso?
- Por que no has sabdio utilizar el secreto, por que te lo has guardado.
- Bien pues dímelo.
- El secreto es.... el poder de las palabras.
- ¿Te estas riendo de mi?
- No, no me rio, es cierto lo que te digo. Y para ello te voy a mandar una tarea, cuando llegues a casa dile a tu mami "mami te quiero"
  verás el poder de las palbras, por que seguro que llora.
- No lo creo,  no creo en el poder de las palabras, pero te haré caso.
 
Cuando llegó a casa, se plantó delanta de su madre la miró a los ojos y le dijo "mami te quiero", su madre se quedó con la boca abierta,
empezó a llorar, y abrazo a si hijo,
 
- "Yo también te quiero, pensaba que no nos querías por que no decias ninguna palabra y estabas enfadado todo el día"
 
El pequeño durmió esa noche con una sonrisa, "es cierto lo que decia el gnomo, las palabras tiene poder, tengo que preguntarle por más"
 
Y así el pequeño fue aprendiendo más palabras y como entonarlas para que hicieran efecto.
 
Aprendió a decir "te echo de menos, te extraño, te amo, me siento feliz contigo, eres mi amigo, quiero jugar contigo," también le enseñó
que había palabras que hacian daño mucho daño y que no debería utilizarlas como " te odio" o aquellas a las que los adultos llamaban
insultos.
Le enseó que cuando la gente se enfada lanzan las palabras como si fueran piedras y aunque no viera que provocaban heridas, si las hacían
pero dentro en el corazón y dolían mas que un corte o un golpe en la rodilla.
Le enseñó que a veces es bueno decir "no" aunque cueste por que evita problemas.
 
Y por último la palabra mas poderosa, la más magica, "te perdono".
 
El niño se aprendío todas ellas, y cómo entonarlas y decirlas, y desde aquel día nadie se fijó en que era pequeño, fue uno más querido y respetado
 
Ahhh y se me olvida deciros que ganó varias carreras a las chapas, y peó una patada tan fuerte tan fuerte a la pelota, que salió por encima de la valla del colegio, cuando fue a por ella con la profesora, dijo un perdón tan sonoro al dueño de la tienda donde había caido la pelota, que este
le regaló una de verdad.
 
 
 Esto pasó hace mucho mucho tiempo cuando no existian las consolas y los niños aún creían en los gnomos, ahora  todos juegan a la play, o
la xbox o con la nintendo, ya nadie ve gnomos y todos han olvidado el secreto.

jueves, mayo 03, 2012

Rhythm and Blues

Olía a  madera mojada, a whisky barato. 
El local no estaba lleno, pero tampoco es uno pudiera moverse con facilidad.
Me acerqué a la barra y pedí un bourbon, mientras el líquido corría por mi garganta, miré al escenario.
Esa noche había una sesión de rhythm and blues, y cantaba ella.

La había conocido hace años, en una sesión de jazz, y creedme si os digo que desde el primer momento que la vi me enamore de sus ojos.
Estaba nerviosa, pese a llevar tiempo cantando aquella era una oportunidad de las que si las dejas pasar te arrepientes toda la vida. En la sala
había algún productor musical a la caza de nuevos talentos.
Me la presentó un amigo, con su aire medio despistado y aquellas gafas de pasta negra nadie diría que en unos minutos se transformaría en otra mujer
encima del escenario.

Decir que triunfó, sería quedarme corto, decir que aquello fue el principio de una carrera fulgurante seria, como mínimo, insultar a vuestra inteligencia.
Pero así fue, al menos unos meses después de aquella actuación.

En ese tiempo nos conocimos, jugamos a enamorarnos, a pelearnos y a dejarnos. Hasta que éxito la llevo lejos, aún así de vez en cuando llegaba
un correo, una cinta de casset con sus composiciones, y unas estrofas de la canción que tanto me gustaba.

Después... nada.

Leí que tuvo varias relaciones, que coqueteó con el alcohol y las drogas y que una noche aquel que decía que la amaba la dejo inconsciente en la
habitación de un hotel tras una paliza.

De aquello guardó unas cicatrices y las cuerdas vocales dañadas. Su carrera se rompió como vaso lo hace al estrellarse contra el suelo.

Se encienden las luces y sale ella, sus ojos han perdido el brillo del que me enamoré pero aún impone verla en el escenario, sin querer
me pregunto si aún usará esas gafas  de pasta negras.

Llamo a la camarera, le pido si puede decir a la banda que toque "I'll be by your side, always", dice que no admiten peticiones pero junto al papel deslizo
un billete que ella acepta encanta. La veo que se acerca al pianista, este coge el papel lo lee y sonrie.
Cuando termina su repertorio, el pianista empieza a tocar, ella lo mira extrañada, luego sé que sus ojos me buscan, pero no quiero que me encuentre al menos aún no.  

Cierro los ojos y vuelvo a oir su canción.

El bar está cerrando cuando llamo a la puerta de su camerino.
Tras la puerta ella dice:

"Pasa, llevo mucho tiempo esperándote".

viernes, abril 20, 2012

En el andén

7.15 de la mañana.
Se levanta despacio, como si la noche sólo hubiera sido un leve suspiro y no le hubiera dado tiempo a cerrar los ojos.
El agua de la ducha corre por su piel, mientras el olor a café recién hecho termina de despertarlo.

Se viste, y sale a la calle. 
No tarda mucho en llegar a la estación, baja al anden  número 4.
Sobre los railes el tren parado asemeja a una ballena varada en la arena.

Él esta quieto mirando a la ventanilla, como un soldado que espera le llamen otra vez para volver al frente, como el marino que mira la mar a la espera
que se calme y volver a navegar, como el agricultor que mira al cielo esperando que las nubes del horizonte traigan la lluvia.

No hace ningún gesto, sin embargo todo el mundo pensaría que se está despidiendo de alguien, o bien que espera que alguien llegue.

Suena un pitido, la vieja ballena traquetea sobre los railes, y empieza a alejarse.
Él mira como se va, hasta que en sus retinas sólo queda un anden vacío.

Un vacío y una lágrima.
Gira sobre sus talones, sube por las escaleras mecánicas, nunca se para en ellas simplemente sube.
Vuelve a su casa con esa sensación de que alguien ha hundido su mano en su pecho arrancando de cuajo todo lo que en el había.

Son las 7.15 de la mañana. El despertador suena.
Se levanta, se ducha y sale de casa.

No mucho más tarde en el andén 4, frente al tren  miara a la ventanilla  como un soldado que espera le llamen otra vez para volver al frente, como el marino que mira la mar a la espera que se calme y volver a navegar, como el agricultor que mira al cielo esperando que las nubes del horizonte traigan la lluvia.

No hace ningún gesto, no saluda despidiéndose, no abre los brazos para quien llega, sólo se queda hasta que el tren ha desaparecido de su vista.
Y se gira sobre sus talones y sube por las escaleras mecánicas, nunca se para en ellas simplemente sube.

Sabe que algún día alguien regresará en ese tren.

viernes, abril 13, 2012

Torpeza

Nadie entendía por que había cambiado de trabajo, y más aún por aquel.
La pérdida había sido dura, pero tanto como para ese cambio tan radical.

Sin embargo él era feliz, le habían enseñado el respeto a la familia y a los muertos.
Limpiaba la zona 23F.
Con sumo cuidado quitaba la hojarasca y el polvo, tiraba las flores secas y cada último domingo de mes,
sobre aquellas 25 lápidas que componían la zona 23F ponía una rosa roja en recuerdo de su padre.

Si el torpe del cura no hubiera tropezado tirando las cenizas de su padre al viento, su vida no habría cambiado.

Ahora su padre yace sobre la zona 23F.

lunes, abril 09, 2012

La decisión

Los rayos del sol se desnudaban entre las hojas de los árboles.
La primavera me  abraza mientras estoy sentado en el banco de mi parque.
Con una mano sujeto un libro, con la otra acaricio su nuca.
Ella se gira.
Me mira y sonríe. Hay paz en su mirada.

Sonrio, y una luz blanca, brillante lo inunda todo...todo se desvanece.

En la habitación un pitido estridente suena sin parar.
La enfermera esconde la jeringuilla, y se enjuga las lágrimas, mientras se aleja de la cama.
-"He cumplido su último deseo".

Médicos y enfermeros llegan corriendo y rodean la cama.
Nada se puede hacer.

Cuando salen de la habitación, la enfermera oye a su paso:

- "¿Has visto su sonrisa? Ha muerto feliz,  es lo mejor que le podía pasar, su agonía era insoportable."

Ella esboza una pequeña sonrisa.

viernes, marzo 30, 2012

La Mano



Aquel domingo paseaba por el Retiro aprovechando la bondad de esos días de primavera que son una invitación a echarse a la calle y disfrutar de la ciudad.
Caminaba con unas amigas, en dirección al estanque. Gente disfrazada de Mickey y Bob Esponja, lo odio, daba globos a los niños mientras los padres  no sabían
si sonreír al niño o echarse al cuello del disfrazado que pese a las negativas había dejado el globo en la mano del pequeño.
Es un microcosmos, donde puedes encontrarte negros que extienden sus mantas para vender bolsos, gafas y cinturones, hasta aquellos en diez minutos te
dibujan una caricatura.

Cuando nos acercamos se me echa encima una gitana.

- "Ay niña, dejame tu mano que te digo la bienaventura"

Yo intento acelerar mi paso, pero ella sabiendo mi reacción, presta coge mi mano y extiende la palma delante de sus ojos.
Abre la boca y balbucea, yo espero que me suelte la consabida retahíla, pero sin más suelta mi mano y se da la vuelta.

- "Oiga, oiga, ¿que le pasa" - le grito.

Ella se da la vuelta y sin querer acercase, escupe al suelo y me dice:

- "Mal fario, mal fario".

Mis amigas le gritan de todo,  y yo me quedo mirando mi mano, como si tuviera la culpa de algo. Nunca he creído en estas gitanas que te leen el destino y te dan 
un ramillete de romero, pero su cara llena de pavor, me asustó.
Intenté tranquilizarme, sólo son tontas supersticiones, pero no podía olvidar su gesto, y como quiera que a veces el destino juega con uno, un chico repartiendo
propaganda le da uno a mi amiga, ella lo lee  y cuando lo va a romper, le digo.

- "A ver déjame ver, que prisas, por romperlo "
- "Es que no es nada mas que propaganda"

Se lo quito de la mano,y lo abro.

Feria Esotérica y Alternativa en la estación de Atocha.

- "Vamos, seguro que hay cosas interesantes"

Tuve que arrastrar a mis amigas, por que como yo, ellas sabían que lo que quería era comprobar lo que había dicho la gitana.

Entramos en el reciento, y me acerqué a un stand donde una vieja con cara agradable echaba las cartas y leía la mano.
Olía a incienso, la señora me sonrió, señalo el cartel donde indicaba que el precio de la lectura de manos era de 10 euros, 
y después de dejárselo sobre la mesa, extendió sus manos a la espera de que yo pusiera la mía sobre ella.

Me acarició despacio  con la punta de los dedos las líneas de mi mano, y su cara empezó a cambiar, como si hubiera recorrido con sus dedos un
camino no esperado.

- "Toma coge tus 10 euros, no veo nada, y no voy a cobrarte"
- "Sé que me está mintiendo,  no es cierto, lo he visto en su cara, dígame que ve, no me importa que sea malo, pero no puedo irme sin saberlo..." - le digo casi gimiendo.
- "Está bien, si es así como lo quieres..., veo sangre y cristales, veo muerte, pero la muerte es en el pasado, hace años, es como si esta mano estuviera muerta, a pesar
de que por ella corra la sangre, tu mano está muerta y la línea de la vida se paró hace años, intento ver lo que pasó pero a mi me llegan gritos, cristales, sangre, alguien que ha muerto, el dueño de esta mano"
- "Usted está loca, es mi mano, y no estoy muerta... ¡¡NO ESTOY MUERTA!!"
- " Lo sé niña, pero me pediste que te dijera lo que veo, y eso es lo que ví, un accidente en el pasado cuando tú debías ser casi un bebe, cuando esa mano murió."

Salí de allí corriendo, sin poder contener mis lágrimas.
Volví a casa, las palabras de la anciana no dejaban de resonar en mi cabeza, ¿tendría razón? ¿sería verdad que algo pasó?
En ese instante como si alguien encendiera una luz en una habitación a oscuras, recordé el cajón de la cómoda de mis padres ese que siempre está cerrado con llave.
Algo me empujó a ir a su habitación y a abrirlo, como si supiera que allí encontraría las respuestas.

Con el abrecartas de mi padre, forcé la cerradura del cajón.
Hay un viejo libro de fotografías.
Abro despacio el libro, hay fotos de mis padres cuando eran jóvenes, me incorporo para sentarme al borde de la cama y del libro caen unos recortes  de prensa, en ese momento no les presté atención absorta con las fotos.
Fuí pasando las páginas, mis padres de novios, la boda, el embarazo, y de pronto...
En brazos de mi padre dos bebes, gemelos,  hay mas fotos, los dos bebes con mi madre, uno en cada brazo de ellos, fotos en casa y luego páginas vacías, no hay mas fotos.
Cojo los recortes de prensa del suelo y el corazón se me para.
Hablan de un accidente de coche, uno de los bebes que iba en el coche ha muerto el otro tiene seccionada la mano, y hablan del primer trasplante que se realiza en el país, y que tras 14 horas de operación  han injertado la mano de su hermano muerto...

De pronto la puerta se abre, mis padres me miran, yo les miro, y cuando les veo llorar sólo puedo secar sus lágrimas con mi mano, "su" mano.


lunes, marzo 26, 2012

El metro

Estaba de pie, en aquella estación de metro.
El cartel luminoso anunciaba la llegada del tren en 4 minutos.
Acaricié, una vez mas las fotos que llevaba en el bolsillo de mi chaqueta, y recordé como un día todo se vino abajo.
El ERE en la empresa, el despido, y el irme aislando poco a poco.
No sentía rencor ni pena, había amado y me habían querido, de alguna manera sabía que todo estaba bien, y que, por fin todo estaba en paz.
Miré al andén, la gente se arremolinaba, quedaba un minuto para la llegada del tren, a mi lado un señor movía las manos nervioso, sudaba.

Vi la luz llegar por el túnel. y cerré los ojos, di un paso adelante...
Mientras caía noté un golpe de un bulto en mi costado, oía el eco sordo de unos gritos, cuando impacte contra el raíl, abrí los ojos. A mi lado había
una cara mirándome, el hombre sudoroso se había tirado también, de la frente le manaba sangre como si de una fuente tratara.
El fuerte pitido de la maquina del tren me hizo reaccionar, aunque aún hoy no sé como pasó, me vi tirando de su chaqueta, arrastrándole hasta que en el
último instante logramos saltar al otro lado de las vías.

Lo que vino después fue un aluvión de equívocos, de los que no dije nada, y de una extraña manera pasé a ser un héroe, el tipo que saltó a salvar a aquel señor que desesperado intentó suicidarse.

Un noche en el hospital, pasé a verle, cuando abrió los ojos, le conté la verdad. No había saltado para salvarlo, sino para salvarme a mi mismo de mi vida.
Por unos segundos me miró sorprendido, después rompimos a reír a carcajadas hasta que pasó la enfermera y nos dijo: "están ustedes locos, locos de verdad".

viernes, marzo 02, 2012

Te dije



Tu pelo largo, sedoso y rizado. Esos ojos dicharacheros llenos de vida, y tu boca, insinuante, pecaminosa.
A pesar de todo, a pesar de mi, me habías cautivado.

Te dije que no quería que te enamoraras de mi, te dije que apenas me conocías, te dije que había cosas de mi que era mejor que no conocieras.
Pero..
Me dijiste que te hacía sentir cosas que tenías olvidadas, me dijiste que habría tiempo para conocernos, me dijiste que mi pasado era pasado
que no te importaba lo que hubiera hecho.

Y no me hiciste caso.

Te dije que me olvidaras, que estarías mejor sin mi, te dije que continuaras con tu vida, que no podrías vivir en la mía.
Pero...
Me dijiste que ya era posible pensar en vivir sin mi, que mi vida sería la tuya, y que estarías dispuesta a todo para no dejarme ir.

Ahora me llevas de tu mano a tu casa, yo he intentado resistirme, pero el fuego de mi interior no me deja, me besas mientras me desnudas
intento contenerme mientras te desnudo, y cuando inclinas tu cabeza ofreciendote....

Te dije que no podías confiar en mi, te dije que guardaba un secreto.
Pero...
no me creiste, hasta que ahora muerdo tu cuello y siento correr tu sangre caliente entre mis colmillos.

No te dije que un día podrías ser como yo... para toda la eternidad.

lunes, febrero 27, 2012

Cajas de cartón




Voy apilando las cajas de cartón como si fueran un rompeolas...

No hace mucho donde ahora coloco estas cajas, cruzaba las puertas y me sonreían tratándome de usted.
Pero todo vino rodado, primero fueron los recortes en la empresa, luego en casa la tensión en aumento, la humillación
de ir dejando todo atrás, de ir vendiendo y pidiendo, hasta que nos pudo y tuvo el valor para marcharse.

Todo fue convirtiéndose en un desfile, un camino sin regreso, familia, amigos y conocidos.
Y de la noche a la mañana ya no sabes quien eres, cual es tu vida.

Ahora en este hueco de la sucursal del banco en la que antes me abrían la puerta y que con mi dinero se repartían bonos y beneficios,
apilo las cajas de cartón, una bolsa con pan y un brick de leche que me han dado por compasión.
despliego la manta y suspiro...

Sobre el cielo suspendidas las estrellas... me miran, sólo ellas.

martes, febrero 21, 2012

Dos minutos veinte segundos


Sólo dos minutos veinte segundos.

¿Mucho o poco? quien puderia saberlo.

Dos minutos veinte segundos que separan de la gloria o del infierno.
Sólo un problema, como rellenar esos dos minutos veinte segundos, si con la primera frase da pie a que haya una segunda y ya sólo me queden
dos minutos para no dejarte ir, no dejarte ir .. una vez más.

Tengo que encontrar las palabras adecuadas, para que solo me mires y no digas nada, solo me escuches y no me contestes.
Cuales pueden ser aquellas palabras que te hagan sonreir, que hagan que me mires y no me ignores, que se posen en tus labios y te besen.

Si lo consigo sólo me quedaran  menos de  dos minutos, para seguir a ti lado, esperando que ... esperando que sigas escuchando...

Sólo encontrar en mis palabras la llave que provoque que te quedes, ya solo me queda un minuto para poder ver que mi voz llega a tu puerto
Sólo susurrar sin que te rías de mi, en los 20 segundos que me quedan, las palabras que abran tu mano.

Dos minutos  veinte segundos, ya sólo me quedan 10 segundos, para que deje mi esperanza entre tus dedos. 
Cinco segundos y me quedaré mirándote como te vas, sonriendo...

dos minutos veinte segundos y ahora toda una vida, una vida entera esperándote

lunes, febrero 13, 2012

Nunca más

Estaba sentada en el café, no me había quitado las gafas de sol aunque dentro la luz no me molestaba. 
Simplemente era una manía de hacía tiempo, la forma que tenía de evitar miradas y preguntas.

Cogi la cucharilla, di varias vueltas al café, un cortado con unas gotitas de leche desnatada, y me lo lleve a los labios.
Fue entonces cuando le vi.

Hice fuerzas para que la taza no se me escapara de las manos, recordé el sonido sordo de los golpes,  y como el dolor llegaba en oleadas.
Volví a oir los sollozos, las súplicas, los perdones, los no lo volveré a hacer... hasta la siguiente vez.  

Cuando se giró para pedir al camarero, puede ver que estaba con otra chica. Llevaba unas gafas de sol, como yo solía llevar, temblaba como yo solía temblar, y él le apretaba la mano, como solía hacerme a mi.

Todo ocurrió muy rápido, me puse en pie, me acerqué a la mesa y cuando él levantó la mirada...

No le dió tiempo a decir nada, mi mano se estrelló contra su cara, mientras con la otra agarraba a la chica y la sacaba de allí.

Unas pocas palabras bastaron.
Nunca más volví a aquel café.
Ella nunca más volvió con él.

viernes, enero 20, 2012

La sanadora de pájaros

La sanadora de pájaros



Estaba siendo un invierno muy duro, según los mas viejos del lugar no se recordaba que hiciera tanto frío y lloviera tan crudamente en los últimos treinta años.
La calle con sus adoquines antiguos parecía un espejo tras la intensa lluvia de la noche.
Sobre aquellos adoquines unos botines saltan, izquierda ,derecha, otra vez derecha y ahora izquierda, esquivando los charcos.
En una esquina un pequeño gorrión pía mientras unas manos lo cogen suavemente sus ojos lo miran con dulzura, no muy lejos alguien observa la escena.

La chica saca las llaves de su bolsillo y llega a su casa, en una caja pone algodón y deposita con mucho cuidado al gorrión, saluda a su cotorra mientras coge algo de alpiste.
No es la primera vez que lo hace, desde que encontró aquella cotorra casi muerta en el parque, adopta a todos los pajarillos que encuentra,
alguna vez ha sido una paloma, otras gorriones, incluso hubo una vez que encontró una cría de gavilán que terminó en manos de la sociedad
protectora de animales.

Su sentimiento era nuevo, quizás desde aquella vez que se sintió un pajarillo en manos de aquel chico, al principio la mimó, y ella sintió que  lo que le estaba entregando era amor. Sin embargo con el paso del tiempo comprendió que estaba encerrada en una jaula, una jaula de oro, si pero al fin y al cabo una jaula.

Cuando, por fin, decidió salir de ella, sus alas se quebraron y de alguna manera se olvidó de volar.
Fue cuando encontró a su cotorra, como ella malherida, temblando de frío, y así empezó a cuidar de los pájaros.

Así es como la empezaron a conocer, así es como la llamaban, la sanadora de pájaros.

Una vez curados, cogía su coche y los soltaba lejos de la ciudad, al verlos volar, lloraba, alguna vez le dijeron que no lloraba por los pájaros, sino por que la tristeza que sentía al no poder extender sus alas de nuevo y volar. Ella sabía que era verdad, pero nunca lo reconoció.

Semanas después volvía a su casa con una paloma, esta había chocado contra un coche y tenia una pata rota. Desde el soportal alguien mira, y tras su mirada hay sentimiento y temor.

Quiere acercarse, ver los ojos de la sanadora de pájaros, oír su voz, pero no reúne el valor suficiente para hacerlo, pero tiene una idea.

A la mañana siguiente cuando la chica llega a su portal se encuentra una paloma atada a la puerta, mira a los lados, la toma en sus manos extrañada, y se la lleva a casa.
Cuando la deja en la jaula ve que tiene en su pata una anilla con un papel.
- Vaya una paloma mensajera - se dice.

Abre el papel.
Lee.

Escribe, enrolla el papel, lo mete en la anilla de la paloma, va a la terraza y la suelta.
Es así como aquella mirada se siente mas cerca, es así como ella siente que empieza a volar.

Un día ella regresa pronto con la intención de cazar a quien deja a la paloma en la puerta.
Y allí está él con la paloma en sus manos, asustado al verla llegar, la paloma vuela.

Vuela alto, ya no regresará más.

Pero no hace falta, por que desde aquel momento son ellos los que emprenden un nuevo vuelo...

¿a dónde? ¿quien sabe, quien lo puede saber?

lunes, diciembre 19, 2011

Feliz Navidad

Se metió en su cama solo, una noche más dejó el móvil al lado aún a sabiendas que nadie llamaría, intentó alejar los problemas que le agobiaban, trabajo, relaciones, familia, y cuando el agotamiento le abatió, se quedó dormido.

Una luz blanca, inmensa llenaba la habitación cuando abrió los ojos, su móvil no dejaba de zumbar, 4 llamadas perdidas y 8 mensajes, buscó en su interior y encontró una paz como nunca antes había sentido, una gran sonrisa se dibujó en su cara, cuando miró el calendario había una fecha marcada en rojo era el dÍa de NAVIDAD.

feliz navidad y el deseo que el 2012 sea mucho mejor que este maldito año de crisis se va.


viernes, noviembre 18, 2011

Corazón de cristal




Aquella chica era única.
Aunque nadie lo supiera, aunque si la vieras pasar pensases que no tenía nada de especial.
Y sin embargo era única, por que único era su corazón.
Tenía el corazón de cristal.
Cuando sus padres se enteraron de tal suceso, temieron que aquel corazón fuera tan frágil
que se rompiera, y entre comida y comida le daban cristal.
El corazón se fortaleció tanto que ni una punta de diamante sería capaz de arañarlo.
Sólo pequeñas muescas aparecieron en el cuando la vida le golpeó  como sólo la vida sabe hacerlo.

Un día alguien robó aquel corazón, y ella se dejó.
Se dejó cuando noto el calor de sus caricias en el frío cristal, cuando vio el reflejo en el  de su mirada,
cuando sintió por primera vez como aquel corazón se empañaba de felicidad.

Pero no se dio cuenta de que poco a poco fue resbalando, hasta que se deslizó en el vacío y se estrelló contra el.
El corazón se hizo mil añicos.
Y sólo estaba ella para recoger sus pedazos.

Aquel corazón ya no volvió a ser el mismo, ella  lo pegó como pudo, quedaron huecos allí donde no encontró los trozos,
las aristas que antes era suaves ahora cortaban,  y el reflejo se convirtió en  una amalgama de imágenes inconexas.

Escondió su corazón de las miradas ajenas, y se dedicó a ver la vida pasar.

Una tarde mientras tomaba un té, un chico se sentó a su lado, sacó una pequeña agenda un lápiz y se puso a escribir.
Ella lo veía con curiosidad, cuando sus miradas se encontraron sintió que un dedo rozaba el borde de su corazón de cristal
produciendo un música silenciosa. Pensó que era sólo una ilusión, aunque estaba segura que aquella cara la había visto antes.

Días después volvió a encontrárselo en el bar. Él le sonrió cuando ella se sentó a su lado, ella volvió sentir una caricia en el borde 
de su corazón, un roce que producía música.
Así fue como dejó que aquel chico acariciara los bordes de su corazón produciendo una música que nunca antes había escuchado.

Nunca supo que aquel chico era el mismo que había visto un día en los soportales de una plaza, sentado, acariciando los bordes
de unos vasos de cristal de los cuales se desprendía una bella melodía.

viernes, noviembre 11, 2011

Carta

Querida hermana:
Perdona por escribirte a ti, pero no quería que mamá sufriera más de lo que ya sufre por mi ausencia. Estoy en una trinchera en algún lugar perdido de este país. Aún me pregunto que estoy haciendo aquí y cómo he llegado a esto. Nadie sabe lo que es, hasta que lo vives.
Tengo miedo, no a morir, creo que he asumido que no volveré, no llores por favor, quizás sea mejor así, o quien sabe, pero tengo miedo a que si vuelvo ya no sea el mismo, que mi mirada se convierta en esa que he visto tanto por aquí, una mirada vacía, sin vida, que esto llegue a convertirse en un motivo para seguir vivo, que no sepa vivir sin estar aquí.
Te echo de menos, echo de menos aquellos días donde nos reíamos por cualquier cosa, mientras papá estaba al acecho, regañándonos por todo.
Aquí las sonrisas suelen ser nerviosas, o sonríes al caer el día por que no te ha tocado a ti esa bala, o ese mortero.
Nos intentan asustar con el infierno, pero yo ya estoy en el, intento cerrar los ojos y no ver cuerpos despedazados, niños y mujeres mutilados. Al principio no miraba, ahora se ha convertido en una rutina que me produce náuseas. He visto cosas que no creerías, nosotros que nos llamamos civilizados. He visto matar por placer, jugar a ser Dios y decidir quién debe morir y quien se salva. He visto partidas nocturnas sólo por vengar la muerte de un compañero, sin importar quién o quienes iban a morir. He visto al hombre convertirse en el peor de los depredadores. Y ellos no son diferentes a nosotros, matan y disfrutan con ello, aunque sea gente de su mismo pueblo. Niños envueltos en explosivos, niñas que se acercan a nuestro convoy y bajo su ropa cuelgan granadas.
La razón de la sin razón.
Pienso en cómo podré vivir de nuevo allí después de estar aquí. Creo que se me ha olvidado perdonar.
Y dentro de toda esta inmundicia, como si fuera de un campo lleno de barro, también crecen flores. He visto correr entre la metralla para poder coger a un herido y sacarle del fuego de las metralletas. He visto jugarse la vida por personas que no conoces, y quizás nunca más vuelvas a ver. He visto caer heridos a compañeros por llevar un poco de consuelo a esta gente, sin saber si detrás de ellos pueden encontrar la muerte.
Sí, aquí convive el infierno con el cielo, lo peor de cada uno de nosotros con la mayor de las generosidades.
Suenan los cañones, no muy lejos de aquí arde otra ciudad, y los gritos y el olor a carne quemada te empapa la ropa y los sentidos hasta que los embota.
Ya no soy el mismo, aquel al que llamabas cuando tenías algún problema.
Tengo miedo, miedo a que me mires y no veas dentro de mí al que despediste no hace mucho.
Perdóname por contarte esto, pero necesito decírselo a alguien, necesito que si un día vuelvo, me abraces aunque no sea el mismo.
Y ahora he de irme, salimos de patrulla.
No, no llores, no te preocupes, no quiero morir aquí.
Te quiero, tu hermano

jueves, noviembre 10, 2011

Encargo mortal

Sobre la mesa tenía una carpeta abierta, un dossier, datos y una fotografía de primer plano tamaño din A4.
Tomó la fotografía entre sus manos y sus ojos destilaron un odio atroz, podría haberlo atravesado literalmente
con la mirada.

-"Tienes la horas contadas, ya no me joderás más...".- Escupió cada palabra a la cara de aquella foto.

La puerta se abrió y apareció su mujer, entrada en años, aunque aún conservaba su buena figura y el estilo del que
aquel hombre se enamoró perdidamente.

- "Ya tenemos las fotos de estudio de la familia, te las dejo sobre el escritorio, los invitados están esperándote, deja eso y ven"

Dejó las fotos al lado de la carpeta y salieron de su despacho.
Instantes después entró la sirvienta, con la mala fortuna que cuando limpió el escritorio se le cayeron las fotos y la carpeta.
Con las prisas por no enfadar al señor, metió entre las fotos aquel primer plano tamaño din A4 y en el dossier una de las fotos de estudio.

Aquella tarde, aquel hombre entró en su despacho, cogió a toda prisa el dossier y llamo a uno de sus ayudantes.

- "Entrégaselo a quien ya sabes, este problema debe quedar resuelto cuanto antes".
- "Si jefe"- Contestó.

Un días después, al salir de su casa en dirección a su despacho en la planta 15 del rascacielos de la ciudad, un disparo certero entre los ojos acabó con su vida.

Nadie supo el por qué, sólo su esposa cuando vio las fotos de estudio de la familia se extraño de encontrar entre ellas la una imagen tamaño din A4 de un desconocido.