miércoles, septiembre 07, 2005

Sueños Son parte 11

Él me miró, quizas no esperase esa contestación, quizás esperaba un poco de comprensión, una respuesta, que yo tambien me lanzase a descubrirme como lo habia hecho él, pero yo no podía, era demasiado para mi.
No intentó retenerme, me sonrió, asintió, tomó mi abrigo y mi bolso y me acompañó hasta el portal.

- espero verte el martes en el café, cuídate.

Cuando giré la cabeza aún seguía en el portal mirándome, tomé un taxi y regresé a mi casa. Mi cabeza daba vueltas y vueltas, ¿hacía donde me dirigía?, tenia una casa, un hogar, una vida que compartía con alguien a quien quería, y sin embargo aquel cuenta cuentos, casi un desconocido había logrado remover mi interior, había encendido los rescoldos de unos sueños, de mil preguntas sin respuesta, de un reto, un resucitar a una vida olvidada.

Abrí la puerta de mi casa, de mi mundo, me sentía segura en él, aunque aun sentía la llamada latente de lo que había mas allá de la puerta que acababa de cerrar.
Y él estaba allí, ajeno a todo lo que pasaba por mi cabeza, ajeno a mi cena, a mi charla a lo que bullía en mi interior.

- ¿qué tal ha estado la cena con tus compañeras?
- Bien , ya sabes cotilleando un poco, y a ti como te fue el día.
- Agotador, tuvimos un retraso en la entrega de unos trabajos y se complicó todo el día. Menos mal que ya pasó. Hoy ponen una película de las que te gustan Meryl Streep encuentra a Robert deNiro en un tren, ella esta casada, y ya sabes...

¿Es que el universo se encarga de recordarle a uno lo que intenta dejar a un lado o es acaso una señal? Me senté junto a él y vimos la película.
Lloré al final de la misma.

- Pero bueno, si la has visto varias veces aún no comprendo que sabiendo el final sigas llorando, ¿vienes a la cama?
- Me quedaré a leer un rato, ve tú.

La verdad es que no me apetecía leer, ni ver la película, solo desaparecer, no tomar ninguna decisión, - Mierda - pensé, si mi vida era tranquila ¿ por que me la había de complicar ?. Aquella noche vacié mi cajetilla de tabaco, para llegar a la misma conclusión que al principio, no tenía por que complicarme la vida, el hecho de haberle visto o ir a escuchar sus cuentos no tenía por que alterar mi existencia, en cualquier momento podría dejar de hacerlo si sentía que alteraba mi existencia. Cuando empezaba a amanecer me quedé dormida.
Desperté bien entrada la mañana, mi marido ya se había marchado, llamé al trabajo y puse una excusa para no ir ese día, necesitaba tomármelo para mi sola. Quería reflexionar sobre lo que me había ocurrido los últimos días y si dejaría que las cosas siguiesen su curso o tomaría alguna decisión al respecto.
Estaba claro que desde hacía un tiempo me estaba cuestionando como se había encarrilado mi vida, pero lo achacaba a la crisis de los treinta y tantos, alguna amiga me apremiaba para tener un bebe, y yo aún quería disfrutar de mi vida sin el cambio que supone traer al mundo un pequeño. Desde entonces pensaba si era lo que había buscado, lo que todos cuando somos jóvenes soñamos que va a ser nuestra vida, quizás el espíritu y la arrogancia juvenil, que nos hace creer dueños del mundo nos den una visión equivocada de lo que es la vida, o era que nosotros mismos con el paso del tiempo vendíamos nuestros sueños por un coche mejor, por una casa en la playa por un puesto en esta sociedad tan artificial. Me debatía en estos pensamientos y en mis sentimientos encontrados, quería a mi marido, pero era ese querer el sentimiento que surgía de haber estado con la misma persona varios años, un sentimiento de conformidad, de decir, esta bien lo que tengo, es una buena persona conmigo, me quiere y hace que mi vida se mueva en una estabilidad que no me altera. ¿era eso lo que realmente yo deseaba?, ahora que avanzaba en la treintena y me daba la sensación de que mi vida se convertía en una línea plana sin alteraciones.
Y había aparecido el cuenta cuentos, sencillo, sin presunciones, sin intentar seducirme, ni llevarme a la cama, simplemente me ofrecía una amistad, un camino nuevo a recorrer donde explorar todas estas dudas, y yo le había seguido, me había dejado seducir por un mundo nuevo y lo que es peor, empezaba a sentir que algo dormido se despertaba de nuevo.
Intenté olvidar estos pensamientos con una ducha, me desnudé y me miré al espejo, observé mi cuerpo, aún conservaba un buen tipo, pensé que el suficiente como para atraer las miradas de más de uno, mis pechos, mi culo, ¿por cuánto tiempo se mantendrían así?. Dejé que el agua se llevase todas aquellas ideas y me relaje un poco, puse algo de gel en mis manos y lentamente lo esparcí por mi piel, me sentía bien, la certeza de estar sola en casa sin nadie que pudiera molestarme, hacía que me abandonase aún más a mis caricias, sin quererlo vino a mi mente el cuenta cuentos, entraba en la ducha, y me tomaba por detrás, besaba mi nuca mientras sus manos se deslizaban por mis pechos con suavidad, sin prisas, aquella sensación me invadió y terminé masturbándome.

lunes, septiembre 05, 2005

Sueños son parte 10

- Te esperé el jueves aunque sabía que no vendrías, que necesitarías tu tiempo para venir, y me alegro que lo hayas hecho. Ahora no digas nada, sólo escúchame, el jueves libro, pero me gustaría quedar contigo para cenar, si puedes deja esta tarjeta al camarero mañana, yo vendré el jueves al mediodía, te espero en esta dirección a las ocho de la tarde.

Me dio un papel doblado, me besó suavemente en la mejilla y se marchó.
Guardé el papel como si se tratase de una fórmula secreta robada por un espía, y cuando llegué a casa entré en el lavabo cerré la puerta con llave y abrí el papel, en él iba escrito a mano una dirección de un piso, y un “te espero, no faltes”. Me tembló el pulso, guardé el papel y preparé la cena. Cuando él llego yo le esperaba con la cena en la mesa, le besé y le miré a los ojos, ¿sería capaz de traicionarle, de tener una cita con otra persona, serian aquellos deseos una forma de serle infiel? Borré esos pensamientos, y pensé que no me preocuparía, aun quedaban dos días y en todo caso lo que debería hacer era excusarme por llegar tarde y sobre todo controlar mis emociones, iría a cenar con el cuenta cuentos, hablaríamos, disfrutaría de la cena y nunca más volvería a verle. ¿era eso real, o sólo intentaba convencerme a mi misma?.

Llevaba la tarjeta en la mano, toda la mañana pensando si la entregaría o no y si al final iría a la cita. ¿Qué tenía que perder? Y si fuese una oportunidad que nunca más se repetiría, había algo en todo ello que hacía sentirme viva de nuevo, la ilusión de ver que podía pasar, el riesgo de llegar hasta la casa de un desconocido, saber si en el fondo era capaz de dar el paso, o de regresar a mi vida, al fin y al cabo dejar la tarjeta no implicaba que tuviera que ir.

Y entregué la tarjeta.

Y me vi llamando a su puerta, aquel jueves, de un mes de otoño, sin saber si el simple hecho de acudir a la cita significaría dar un giro radical a mi vida, de hecho algo ya había cambiado.
Desde que llamé hasta que me abrió, pasó todo un mundo, iba a cruzar el umbral de una puerta y no sabía que podía encontrarme detrás, y si abusaba de mi, si solo fuera su antojo sexual, como podría decir luego que no quise que sucediera si había acudido a su casa libremente, y en el fondo de mi, ¿no le deseaba físicamente?, mis piernas temblaron y mi cabeza me dijo que me fuera, pero algo me empujaba a esperar a que abriera la puerta.

Y la abrió.

Estaba de pie frente a mi, con su sonrisa, me fijé en sus labios, en sus gafas, me saludo con dos besos y me hizo pasar. Su casa era pequeña, y sin embargo daba la sensación de espaciosa. Tomó mi abrigo y mi bolso, lo llevó hasta una habitación y me indicó que me sentara en el saloncito. Tenía la mesa preparada para la cena con un toque romántico pero sin excederse, me sentía violenta e incomoda, y ahora que ya había llegado hasta allí ¿qué?

- Gracias por haber venido, hubo momentos en los que pensé que no lo harías pero ya estas aquí. ¿quieres una copa de vino?
- Si, gracias.
- Bueno, te preguntaras el motivo de mi invitación, la osadía de traerte hasta mi casa, de invitarte a cenar sin conocernos...
- La verdad es que si, me planteé no venir pero la curiosidad me pudo y aquí estoy.
- En realidad, yo también me pregunto que es lo que me impulsó a sentarme contigo y decirte que vinieras, quizás verte dos días en el café que luego fueses al restaurante, pero el detonante fue que me contestaras cuando dije que había llorado después de hacer el amor, en ese momento supe que tienes una sensibilidad mayor que la del resto de la gente, que quizás en ti haya los mismos interrogantes que yo tengo..
- Quizás, ¿pero crees que se los contaría a un desconocido?
- Si, creo que si, y más si es a un desconocido que ha despertado en ti la curiosidad suficiente para hacerte venir hasta mi casa, pero ahora cenemos, hay tiempo para charlar después.

Cenamos, no cocinaba mal, nuestra charla fue algo intrascendental, ya se sabe, trabajas, que cosas te gustan, lo justo para que ninguna pregunta fuera incomoda o inoportuna. Sin embargo todo cambió cuando dejamos la mesa y nos sentamos en el sofá, puso una música de fondo me miró y me habló, como si me estuviese contando un cuento.

“... hace tiempo fui feliz, quizás no completamente, pero si muy feliz o por lo menos lo que yo entendía por felicidad, pero con el paso de los años, las ilusiones se fueron perdiendo, los sueños quedaron atrás y por unos motivos y por otros entré en una gran depresión, me planteé que la vida había llegado a su fin, y me planteé que la muerte no tenia por que ser un punto final, que no era tan malo, entonces me puse una fecha, la llamé “fecha de caducidad”, la fecha en la que me suicidaría, y desde ese momento los problemas empezaron a ser mas pequeños, pero algo se me había perdido en el camino, dejé de sentir.
Llegó la fecha de caducidad y no junté el valor suficiente, por lo que únicamente me dejé llevar, aún quedaba un instinto de lucha dentro de mi y eso me empujaba a seguir adelante, era como una nave en el vacío del espacio, encendía los motores daba un empuje los apagaba y esa inercia me llevaba hasta otro punto. Aprendí de mi separación, y me di cuenta que todo lo que nos ocurre tiene un motivo y un aprendizaje, quizás no paramos mucho a pensar en ello, sólo nos lamentamos de lo ocurrido, cerramos cicatrices e intentamos seguir adelante hasta caer en el mismo error. Empecé a escribir, a hablar de mi, de mis sentimientos a iniciar una búsqueda del amor de mis ilusiones de mis sueños y aún me encuentro en ello, en ese camino, ser cuenta cuentos me ayuda, por que mis historias reflejan parte de mi mundo y poder compartirlas es como ir a un confesionario. No creas que todo es lindo, sigo con mis depresiones, con mis desfallecimientos, y aún a veces me cuestiono si merece la pena seguir, quizás en el fondo el contar mis historias es un escape a no tener a alguien a quien contárselas. Me acostumbré a escuchar y me olvidé de que yo también necesito que me escuchen, por eso te invité a venir.”

Estaba perpleja, no estaba preparada para escuchar tanta sinceridad de un desconocido, estaba desnudando su alma y esperaba que yo hiciese lo mismo, imaginé una cita donde quizás intentaría seducirme con alguno de sus cuentos, que habláramos de los dos, de banalidades, y allí estaba él, delante de mi, casi llorando, compartiendo conmigo sus miedos y su vida, no sabía que hacer ni que decir, me había descolocado por completo y opte por la salida mas fácil.

- Se me ha hecho tarde, ha sido una cena encantadora y me ha gustado compartir contigo esta noche , pero he de irme ya.

viernes, septiembre 02, 2005

Sueños Son Parte 9

Volví a casa envuelta en su olor, en sus palabras y en mis pensamientos, ¿era realmente consciente de lo que estaba haciendo? Me había introducido en un juego del que sabría salir o por el contrario quería entrar en él a sabiendas de que iba a vivir sensaciones y sentimientos de los cuales podría luego arrepentirme.
Recapacité un poco, y me dije a mi misma que si era capaz de entrar seria capaz de salir en cualquier momento, pero en el fondo de mi, algo vibró como si quisiera decirme que iba a pasar una frontera de la cual me sería imposible volver.

En ese momento decidí no ir el jueves al café, si algo había aprendido de los hombres, es que las cosas fáciles no les atraen, además necesitaba tiempo para pensar si mi decisión de verle iba en serio, todo había pasado demasiado deprisa y yo aún guardaba algo de racionalidad en mi corazón.

Dejé pasar el miércoles sin pensar mucho en él, me centré en mi trabajo y en mi casa, pero el jueves mientras se acercaban las siete de la tarde las dudas me asaltaron y unas ganas irresistibles de ir a verle se adueñaron de mi. ¿Y si es su ultima sesión en el café? Seria capaz de dejar pasar una oportunidad así, quizás podría ser la ultima y además no había hecho nada malo ni nada de lo que arrepentirme, solo ir, verle y concretar una cita, ¿qué hay de malo en ello, en tomar un café y en charlar?. Retrasé el trabajo lo suficiente para salir mas tarde de las siete. Cuando llegué a casa me sentía triunfadora, había logrado controlarme, dominar mis instintos, pero esa sensación pasó cuando sentados ante el televisor miré a mi pareja y le vi como se iba durmiendo, las diez y media y él dormía mientras en la televisión volvía aquel horripilante concurso de unos chicos encerrados en una academia, exprimiendo el éxito de una primera versión hasta hacerlo aborrecible. Fue entonces cuando me di cuenta de mi error, había dejado de vivir y de sentir por el simple hecho de creerme capaz de auto controlarme y ahora me arrepentía de ello, aunque ya era tarde, pero recordé sus palabras y me prometí a mi misma no volver a perder la oportunidad de ser feliz aunque fuera un simple instante.

Llegó el viernes e intenté de nuevo ir a cenar al restaurante del coloquio pero esta vez mi pareja se negó, me dijo que de vez en cuando la experiencia no estaba mal pero que dos veces seguidas eran demasiado además, sus amigos, nuestros amigos, vendrían a cenar, yo ya sabía lo que vendría después, copas y mas copas y algún canuto, todo para acabar borrachos, unas risas y despertarse bien entrada la mañana. Y así fue, solo que aquella vez me sentí mas asqueada que las otras veces, me miré al espejo y no me reconocí, había abierto una puerta y ya no podía cerrarla, ¿deseaba pasar así el resto de mi vida? Y lo que más me podía preocupar, ¿aún quedaban en mi ilusiones por las cuales vivir, o simplemente me resignaba a vivir sin esperar nada mas?

Esperé la llegada del martes de igual manera que un niño espera que llegue el recreo para salir al patio a jugar. Y aunque parecía que nunca llegaría, llegó.

Y dieron las siete, y entré en el café y me senté.
Y él entró, y me miró, y me sonrió... y empezó su cuento.

“... había una vez un hombre, en un pueblo, y en el pueblo una estación de autobuses, y en la estación un café. Y el hombre iba todas las tardes a las 5 a tomar allí su café y a ver la gente bajar del autobús, para veinte minutos después volver a retomar su viaje. Y esos veinte minutos era el tiempo en el que el hombre salía del pueblo y vivía en un mundo lejano, escuchaba el acento de los viajeros, oía sus conversaciones y por un momento era capaz de alejarse de los muros de aquel pueblo.
Una tarde mientras tomaba su café y el local se abarrotaba de gente, alguien le pidió si podía sentarse con él, y al levantar la vista vio una bella chica, y aquellos veinte minutos no pararon de charlar y se sorprendió de las cosas que a aquella desconocida él llegó a contarle, más el tiempo pasó y ella tenía que dejarle. La vio volver a tomar el autobús y cuando oyó como este se marchaba, sintió que algo de él también se iba. Pero una voz repitió ¿ puedo sentarme? Era ella, en realidad no viajaba con un destino, sino que huía de un pasado de una relación acabada, un empezar de nuevo.
Y él se alegro ya que de alguna manera aquella chica representaba todos sus sueños, salir del pueblo.
Pasaron los días y se fueron conociendo, aunque en el fondo había un miedo, mas tarde ella se iría y todo acabaría.
Y el miedo de él impidió decirle lo que llegó a amarla, y el miedo de ella le impidió quedarse en aquel pueblo.
Y un día, antes que él fuera a recogerla a su hotel, se marchó.
Ahora aquel hombre llega al café, pide uno y antes de que den las cinco deja su asiento vacío, y pasea su tristeza por el pueblo....”

No sé si aquel cuento iba dirigido a mi, si él lo había seleccionado para cuando estuviese, o fue simplemente casualidad, pero algo había en aquel relato que me hizo llorar, no sólo a mi. Algunos oyentes se acercaron a él y hablaron del cuento, del miedo a romper con lo que llamamos normalidad y a jugarse el tipo. Cuando acabó con ellos se acercó a mi mesa, me pidió cortésmente si podía sentarse y lo hizo.

miércoles, agosto 31, 2005

Sueños son Parte 8

Empezó su cuento.

“.... en aquel pueblo vivía un pequeño que soñaba con volar, todos los del pueblo se reían de él, más él todas las mañanas iba hasta el acantilado a ver a los albatros y observaba sus giros y sus vuelos lo que hacia acrecentar en el la fe de que un día podría volar. Las risas de sus amigos y del resto de la tribu crecían con el tiempo, todas menos la del mas anciano. Hasta que un día le siguió hasta el acantilado y le vio saltar, y cuando parecía que iba a estrellarse contra las rocas los albatros revolotearon con él y se alejo del poblado volando para no volver nunca mas, y el viejo rió y rió a carcajada...”

Cuando acabó el relato se me quedó mirando, y entonces preguntó:

- ¿Quién de vosotros cree de verdad que el chico voló?

Nadie levantó la mano, pero la mía, como si tuviese vida, se alzó.

- Bien, veo que aún hay alguien que tiene fe en que los sueños se cumplen solo hay que perseguirlos, y por lo que veo el resto ha perdido ese trocito de niño que todos deberíamos guardar y que al crecer dejamos escapar.

La hora había pasado, algunos se acercaron a charlar con él, yo seguí sentada en mi mesa, mirando la taza de café y preguntándome por que habría levantado la mano, si yo misma era incapaz de vivir mis propios sueños.

Oí moverse la silla, alce la mirada y le vi.

- ¿Puedo sentarme?

Asentí con la cabeza. Sentí como mi pulso se aceleraba.

- Te vi en el coloquio, y me gustó lo que me dijiste, en el fondo creo que diste en el clavo, así me sentía.
- Bueno fue una intuición nada más, pero dime, ¿como es que eres cuenta cuentos y participas en ese coloquio?
- Quizás sea que todo va rodado, creo que lo que a uno le sucede, ya sea en hechos o en encuentros con personas no es por casualidad, hay un motivo encerrado, una enseñanza, creo que el universo, Dios o la Energía confluyen de tal manera que lo que sucede es para el crecimiento personal y para el resto que nos rodea. Por ejemplo, que yo ahora esté sentado aquí charlando contigo, y que te haya conocido no es pura casualidad, simplemente es un encuentro que tiene que pasar, sólo que por ahora no sé por que tiene que pasar.
- ¿de verdad crees eso? Y si simplemente soy alguien que entró aquí un día te escuchó y luego abro la puerta de ese café y ya no vuelvo mas.
- Entonces nuestro encuentro no será casual, pero significará que ninguno de los dos tenia nada que enseñar al otro, aunque creo que este no es el caso, llevas tres días viniendo, y el sábado fuiste al coloquio, además he visto un brillo en tu mirada, una forma de escuchar que va más allá del que se sienta pasivamente a oír un cuento, después de tanto tiempo leyendo mis historias, creo que he desarrollado un instinto, sé cuando alguien al escuchar mis historias le transforman, le sacuden el interior o de alguna manera hace que se cuestione su presente, a veces he llegado a identificarlo como una misión divina, pero eso solo es un juego de palabras, con las que también tapo mi necesidad de encontrar un día a alguien que esté en misión divina conmigo.

Me sentí abrumada, intimidada, pero a la vez y de alguna manera seducida. Su sinceridad, ese ir directo a expresar los sentimientos y su capacidad de ver lo que yo sentía me desarmaba por completo.

- En fin, tengo que marcharme, me encantaría volver a verte a ser posible lejos de este café, donde tú y yo podamos hablar, creo que tienes muchas cosas que contarme y que deseas que te las escuche.

Dejó un beso suave, solo un roce en mi mejilla y le vi alejarse.

lunes, agosto 29, 2005

Sueños son Parte 7

Se giró y me miró, sólo fue un momento pero sentí como calvaba su mirada en mi y esta entraba en mi cuerpo.

- Si, realmente así era, creo que en el fondo aunque me sentía a gusto en su compañía, sentía que de alguna manera me estaba traicionando a mi mismo era como si me dejase llevar por la vida por los acontecimientos sin hacer nada.

Me sorprendió su contestación, ¿no era eso lo mismo que yo llevaba sintiendo hace mucho tiempo? En algún punto de mi vida me resigné y me dejar llevar, podría decir que por el destino, pero era mas bien por la inercia de los acontecimientos.
El debate siguió, otros dieron su opinión pero yo ya no estaba allí, estaba en mis sueños cuando pensaba en que la vida seria una serie de acontecimientos de sorpresas que la rutina nunca me alcanzaría que tendría a alguien a mi lado capaz de sorprender cada día y a su vez él seria capaz de sorprenderme, que seriamos como un muelle, acción-reacción y sin embargo ahora me sentía como una pareja más, una del montón, nos queríamos, sí, pero no con esa pasión, ahora todo era dejarse llevar, y si el amor consistía en eso, unos meses de pasión desenfrenada, las mariposas en el estómago, hacer el amor cada día y en los sitios mas insospechados para luego todo decaer, como una fruta madura, dejando paso a un sentimiento sosegado, tranquilo y reposado, ¿era capaz de adaptarme a ello?, o aquel cuenta cuentos estaba encendiendo un fuego que aún era capaz de apagar pero que si lo dejaba un poco mas ya no habría vuelta atrás.¿cómo era posible aquellas parejas de ancianitos que llevaban mas de cincuenta años casados?.

De pronto sentí una mano en mi brazo.

- ¿Nos vamos? Parece que el debate ya se acabó.

Efectivamente la gente se estaba levantado, vi al cuenta cuentos hablando con el moderador, recogí mi bolso y salimos del salón, un instante antes giré la cabeza y vi que el cuentacuentos me miraba, parecía que se despedía de mi.
Ya en el coche, hablamos sobre el coloquio, estaban animados les había gustado y las opiniones eran encontradas, nos tomamos la última copa en casa.
Me sentí embriagada por el alcohol y cuando nos fuimos a la cama, la excitación aumentó, él también se sentía excitado, apagó la luz de la mesilla y me besó, noté las prisas en su piel, sus manos acariciaron mi pelo y se deslizaron por mis pechos, su boca buscaba la mía y sentí el sabor del whisky en mi lengua. Deslizo su boca y se entregó a besar mis pechos, el camisón se deslizó hasta mis tobillos mientras el terminaba de quitarse los pantalones del pijama, deslizo su boca por mi estomago mientras yo acariciaba su sexo con mis manos, estaba preparado. Hicimos el amor, no duró mucho, él estaba muy excitado, en cuanto entró en mi, sintió el calor de mi sexo y empezaron los primeros vaivenes alcanzó el orgasmo. Me volvió a besar, y como una excusa me dijo – “espera tu no has llegado aún”- No importaba mi mente no estaba en ese lugar, aún resonaban las preguntas, las dudas. Le besé dulcemente, el se giró, y se durmió con su brazo rodeando mi pecho.

Yo no podía dormir, no era el hecho de no haber alcanzado el orgasmo, no era la primera vez ni la última, aunque él había hecho otras noches que lo alcanzara, pero para mi el sexo también estaba en la mente y esa noche mi mente no estaba precisamente para tener sexo. No me podía quitar de la cabeza la imagen del cuenta cuentos y sus palabras, le veía llorando al lado del cuerpo desnudo de una mujer, ella preguntándose que habría hecho mal y él sintiéndose el hombre mas solitario del mundo, esa imagen me conmovió y sentí una ternura por él como no la había sentido en mucho tiempo.
Aquella noche tuve una pesadilla, era el centro del coloquio, pero los que participaban eran antiguos compañeros de colegio, antiguos amigos de la infancia que no paraban de preguntarme que había hecho con mi vida, donde estaba, donde había llegado y si en el fondo me sentía feliz, yo intentaba justificarme, tengo trabajo, gano dinero, soy independiente, tengo a una persona que me quiere y al que quiero, y sin embargo había algo dentro de mi que les daba la razón. Me desperté preguntándoles cual era la solución, si ellos pudieran responderme.

Odiaba los domingos, y aquel no era distinto, todo lo contrario, pasé el día pensando si iría el martes al café, si en el fondo me arriesgaría a verle de nuevo.

Y llegó el martes, y entré en el café y me senté y me miró y le miré.

viernes, agosto 26, 2005

Abres o cierras

Un rectángulo.
Una ventana abierta.
Abres los ojos.
Y ves un cielo gris, una tierra yerma, árboles sin hojas, un paisaje desolado.
Cierras los ojos.
Y ves un cielo azul, nubes como esponjas, un mar verde-esmeralda, un camino de arena.
Abres los ojos.
Cierras los ojos.
Abres los ojos.
Cierras los ojos.
Y ahora cuando ya no sabes si los tienes abiertos o cerrados, ¿que decidiste ver?

Sueños son Parte 6

El tema estaba derivando, lo que había empezado con el poder, estaba acabando en sexo, quizás lo más buscado y lo más deseado.

- estoy de acuerdo en parte, pero ¿que me tienes que decir de aquellas personas que buscan el sexo fuera de su pareja o de aquellas personas que practican otras variaciones, ya sean tríos o intercambios de pareja?.

Había sido mi pareja la que había entrado en escena, había entablado un debate con el cuenta cuentos y yo le miraba sorprendida, nunca esperaba que mi pareja participase de aquel coloquio, y ahora estaban allí mi pareja y el cuenta cuentos que había logrado despertar en mi una curiosidad dormida.

- Buena reflexión, creo que cada uno vive su sexualidad a su manera, y es del todo respetable que el sexo sea en pareja en trío o una orgía, eso no es lo importante ya que cada cual puede disfrutar de su cuerpo mientras haya respeto como le venga en gana, para mi la cuestión es... por que el hombre o la mujer buscan desesperadamente a la otra persona, por que surge el sexo esporádico sin amor, por que hay tanta gente necesitada de otra? Simplemente por que nos da terror la soledad, por que en el fondo necesitamos a alguien al lado, y el poder viene de ahí, de esa lucha por no estar solos. Del miedo a estarlo, y la gente quiere ese poder para demostrar que no esta solo. A veces la gente confunde la lucha contra la soledad con la lucha por ser admirado por tener mas sexo por ser más rico todo con el mismo fin, no estar solo.
- Estoy de acuerdo, pero que pasa cuando uno ya no esta solo, digamos que ha encontrado el amor, se ha casado y sin embargo como decía la otra persona busca el sexo o el amor fuera de su pareja.
- Sigo pensando que es cuestión de soledad, veamos una pregunta para todos, ¿cuántos de aquí se han sentido solos en un lugar repleto de gente? O para ir mas allá ¿cuántos se han sentido solos estando con su pareja?

Era dura la pregunta, pensé, incluso por un momento estuve tentada de contestarle que yo era una de esas personas, pero miré a mi pareja y pensé en el posible daño que podría hacerle, aunque me asalto la pregunta de si él contestaría lo mismo que yo.

- Yo me he sentido así.- contestó una chica joven – Ahora estoy divorciada pero muchas noches después de hacer el amor, me sentía vacía y la persona mas sola del mundo, el sexo había sido fantástico y lo había disfrutado, sin embargo, no podía quitarme la sensación de estar sola
- No es una sensación única. Mucha gente se siente así, sólo que no tiene el valor de decirlo, yo por ejemplo recuerdo que en una relación que tuve lloraba amargamente después de hacer el amor, como tú, me sentía muy, muy solo.

Aquella franqueza nos asombró a todos, hubo un instante de silencio, nadie se atrevía a decir nada, hasta que yo le dije.

- Quizás no estabas realmente enamorado de ella y lo que te producía esa tristeza era la sensación de que traicionabas tus sueños y los de ella.

miércoles, agosto 24, 2005

Sueños son .. Parte 5

Cenamos, y nuestra conversación giró a los temas de siempre, el trabajo, los niños, deporte, ellos algo de informática, nosotras cotilleamos sobre los programas de la televisión, si aquel famoso tenía un hijo secreto, si la ultima entrevista estaba pagada y sería cierto lo de su presunto amante... ahora aquello me sonaba a vacío, deseaba que empezase el coloquio.
Los chicos se pidieron una copa, le miré y le dije, no bebas mucho, recuerda que tenemos un coloquio por delante, él me miró e ignoró mi comentario, no había desprecio en su actitud, yo sabía que él era así y que haría caso omiso a mi consejo.

Después de dos copas más, apareció en el salón él que debía ser el moderador.

- Por favor los que estén interesados en participar en el coloquio, pueden bajar al salón, pueden llevarse sus copas y está permitido fumar. Gracias.

Nos miramos, esperando a que alguno se levantase, yo lo hice y los demás me siguieron. Bajamos al salón, era un sitio muy acogedor, unos sofás unos sillones dispuestos de manera que pudiéramos vernos todos los asistentes, como el cuenta cuentos me dijo, el aforo era limitado, no habría mas de 15 personas, agradecí la indicación de que reservase asiento.

El moderador volvió a dirigirse a todos.

- Buenas noches, a algunos ya les conozco, otros son nuevos, para ellos haré una breve introducción, para empezar nadie está obligado a quedarse y en cualquier momento puede abandonar el coloquio, eso si sí deciden quedarse solo les ruego que participen en el mismo, libérense de sus prejuicios y de sus miedos a hablar en público, y háganlo como si se dirigiesen a sus amigos, muestren sus opiniones y respeten las de los demás. Pueden beber, para ello hagan una indicación al barman que está al fondo, creo que no me queda más por decir, no hace falta que nos presentemos así evitamos también que alguien pueda sentirse incomodo. El tema del coloquio lo dejo a su elección, yo me limitaré a dar la palabra, a moderar y como no a participar también. ¿Alguien desea proponer un tema?

Hubo un breve silencio, yo miré a mi alrededor, con la esperanza de encontrarme con el cuenta cuentos, en el fondo pensé que ese era uno de los motivos por los que estaba allí, pero no le vi.

- Bien, es normal que nadie quiera dar el primer paso, ¿qué les parece si hablamos para empezar de que cree cada uno que es lo mas importante en la vida, ¿qué es lo que mueve el mundo?

Alguien habló, seguramente no era la primera vez que estaba allí.
- el poder, sin duda alguna, desde siempre el hombre se ha movido para conquistar el poder, ha luchado, ha matado, para conseguir ser poderoso.
- Bien, es un buen principio, pero el poder es muy amplio, poder para que, y como conseguir el poder, ¿alguno de aquí siente que tiene poder?.
Respondió el moderador.
- Bueno el dinero da poder, y el poder da la satisfacción de saber que eres admirado, envidiado.
- Estoy de acuerdo pero yo te haría una pregunta, ¿cuál es el motivo final del poder?, por que hay gente capaz de hacer cosas impensables con tal de tener poder.

El debate había empezado y la gente se desperezaba de sus temores y participaba.

- Bueno yo creo que detrás de un hombre poderoso hay una mujer que lo controla.

Algunas risas al comentario. El moderador apuntó:

- esta bien, es tu opinión, pero no crees que también la mujer desea tener poder, y que de alguna manera lo ejerce como esposa, y desde la liberación de la mujer accediendo a puestos de relevancia que antes le eran inaccesibles.

De pronto desde el fondo una voz que yo conocía, le contestó.

- El poder no es mas que una manera más de intentar encontrar el amor, ya sea por admiración de los demás, ya sea por el poder del dinero para comprar ese amor, en definitiva todo con tal de no sentirse solos, de vencer el terrible miedo que todos tenemos a la soledad.

Era el cuenta cuentos, estaba allí, yo sentí una ligera sensación de nervios y de alegría, ¿era a él al que estaba esperando ver? ¿había venido allí, trayendo a mi marido, y a mis amigos con la excusa del coloquio solo por que no podía esperar al martes?

- Bueno hay gente que quiere el poder para tener sexo.- Le contestaron.
- Si, en efecto, pero no es mas cierto que el sexo es una comunicación entre dos personas que se encuentran. Por lo tanto es una manera de aliviar esa soledad, ya sea por que haces el amor con la persona a la que amas, ya sea por que practicas el sexo libremente y por tanto es mas un escape a no sentirse solo, de hecho quien no ha practicado el sexo solo.

martes, agosto 23, 2005

Los errores nos eligen...

para bien o para mal...

Yo creo que si lo sabemos ver, es para bien, por que de los errores se aprende, por que los que cometemos errores somos personas que hemos arriesgado, que vamos por la vida saltando de charco en charco ( aunque a veces caigamos en él y nos empape). Y cuando nos eligen será por que nos sirve para aprender para llenar nuestras alforjas de diferentes experiencias con las que tomar fuerzas para saltar al próximo charco.

Si, estoy convencido los errores nos eligen para bien que duda cabe... solo hay que ver el lado positivo de las cosas.

lunes, agosto 22, 2005

Te echo de menos... I miss you


Son sólo unas palabras pero creo que me quedo con ellas como las que mas me llegan las que como dardos se me clavan.
Por que echar de menos a alguien supone que esa persona ha dejado huella, que cuando no está queda un hueco, un vacio que ninguna otra persona puede llenar, y sólo uno se da cuenta de ello justamente cuando no está y es ahí cuando florecen en nuestra boca: "te echo de menos", "te extraño".... i miss you.


Si, realmente echo de menos a mucha gente.....

Sueños son Parte 4

Llegué a casa, aún él no había llegado, me puse cómoda, tome un trago, y saqué la tarjeta del bolso. Llamé. Reservé mesa para cuatro, el sábado por la noche, aunque él cuenta cuentos esa noche no era el moderador sentía curiosidad por el lugar.

Cuando él llegó, le conté lo de la reserva, le dije que había llamado a una pareja de amigos y que estaban conformes, simplemente me sonrió, “si eso te gusta, está bien, iremos”, no hubo un asomo de sorpresa, simplemente estaba bien, si así había de ser, que fuera.

Al cerrar los ojos esa noche, pensé en ello, la vida, nuestra vida había llegado a un punto en el que todo era un simple fluir, invariable, quizás algo de alegría o felicidad, pero dosificada de tal forma que no alterase nuestra existencia. Igual que los problemas o las tristezas, todos tenían un punto, el cual no debía traspasarse, un límite soportable, nuestra vida en común, había tenido altibajos como la todo el mundo, al menos yo así creía, y sin embargo esa noche me parecía que estaba todo sujeto a un corsé cerrado, quizás como la burbuja en la que la protagonista del cuento quiso vivir, no había dolor, no había riesgo, pero tampoco había la capacidad de lanzarse al vacío con la incertidumbre de que podías fallar o podías acertar pero sentir en la piel que estabas viva.
Lloré. No sabía si era por impotencia, o por que de alguna manera sentía que todo aquello, me arrastraba a vivir en una rendición a unos sueños que alguna vez tuve. Y sin embargo yo quería a la persona que dormía a mi lado, y yo había elegido libremente la vida que estaba viviendo, nada me obligaba a seguir allí pero esa era mi elección.

Pasó el viernes, y yo seguía viviendo más en el futuro que en el presente, pero ahora algo había cambiado, a veces me sorprendía pensando, meditando en la vida que llevaba, en la gente que me rodeaba, pensando que significaba la felicidad, que significado tenía la muerte.

Y llegó el sábado por la noche, nuestros amigos se mostraron sorprendidos ante la novedad de ir a un local donde el acto principal era un coloquio entre gente desconocida, también eso me dio que pensar, habíamos llegado a un punto, ya no sólo nosotros, sino creo que en general donde la palabra ha perdido su uso, si, hablamos charlamos, nos comunicamos pero realmente ¿escuchabamos?, ¿somos capaces de decir y de expresar lo que sentimos? Creo que no, alguna vez he entrado en un chat y he comprobado lo necesitada que está la gente de comunicarse y de que ser escuchada, quizás por eso nos resultaba tan extraño un restaurante-copas-coloquio.

El restaurante era un lugar tranquilo, la decoración acogedora, con las paredes de ladrillo visto combinadas con madera, se respiraba tranquilidad, había bastante gente, pero el nivel de ruido era bajo, cosa que me sorprendió, dado lo aficionados que somos en España a hablar en voz alta.

viernes, agosto 19, 2005

Soñar y volar Parte 3

Algunos de los oyentes, le miraron asombrados, no era un cuentacuentos al uso, chocaba con sus mentes, ellos estaban allí para tomar un café, olvidarse del exterior, escuchar una historia, matar el tiempo y volver, sin embargo todos los reunidos tomamos el lápiz y escribimos el tema del cuento. A los dos minutos él se levantó, tomó los papeles y después de leerlos, reanudó su charla.

“.... veo que la mayoría quiere un cuento de amor, aquí hay alguno que quiere un cuento de suspense, y otro un cuento erótico, bueno este último lo dejaremos para un horario mas acorde con el tema, en cuanto al de suspense, ¿no hay mas suspense que un amor no encontrado, que un corazón a la espera de otro, de una llamada de un abrazo o de un beso?. Veo, que como siempre el amor es el tema preferido para los cuentos, pero nadie ha puesto si quiere un final feliz, supongo que si, ya que si yo os contara una historia de amor sin ese final, probablemente no os volviera a ver, más creo que en el fondo, cuando alguien quiere escuchar un cuento de amor, es por que su cuento, su historia, no está completa y busca reflejarse en ella o en él, en un castillo en cuya almena está la princesa esperando a que llegue su príncipe en un corcel blanco, luche contra el dragón y luego la libere. Pero hoy no será así el cuento, el tema será como habéis querido, de amor, pero no habrá ni príncipes ni princesas, ni hadas ni citas, ni chico encuentra a chica, habrá corazones rotos y esperanzas....”

Y contó un cuento de alguien que amaba con el alma hasta que un día ese amor, se fue, se sintió traicionado y se juró no volver a enamorarse más, pero uno no puede ser dueño de su corazón y al cabo del tiempo volvió a enamorarse, aunque había creado una coraza a su alrededor, nunca más los sentimientos le causarían dolor, y ocultó su amor, sus sentimientos, viviendo en una burbuja....

Yo escuché el cuento atenta, dejando que cada palabra penetrase en mi mente, por que no era un cuento lo que aquel chico estaba contando, en el fondo, hablaba de la vida, de los miedos, de las esperanzas, de las ilusiones y de cómo, de alguna manera todos estábamos perdiendo la fe en vivir. Por un momento sentí que hablaba de mi.

Su hora había acabado tan rápido como me pareció la primera vez, pero no me quise levantar, cuando él paso a mi lado, me sorprendí a mi misma hablándole:

- perdona, ¿pero actúas en algún otro café?
- Hola, si, una noche a la semana hago un círculo abierto, no es como aquí, no hay cuentos o historias, digamos que es una especie de tertulia, ¿te interesaría venir?

Vi en su mirada una ausencia total de aquellos que cuando una mujer les aborda creen que en el fondo buscan una cita, él simplemente me miraba como una persona que busca información, sus ojos sonreían, pero era por el placer que le causaba que sus cuentos habían llegado por lo menos a causar la suficiente curiosidad como para saber que no tendría que esperar hasta el martes siguiente.

- Si quieres te dejo una tarjeta, y te pasas, pero llama antes, el aforo es muy limitado y algunas noches se llena.

Me tendió la tarjeta, la tomé, sonreí y se despidió con una sonrisa.
Miré la tarjeta, era un centro coloquio, donde podías cenar, tomar una copa y luego se entablaba un diálogo entre los asistentes todos regidos por un moderador que se iba turnando. Imaginé que él seria el moderador de algunas noches. La guardé en mi bolso, salí y volví a mi vida, no sin antes sentir dentro de mi el cuento de aquella persona que decidió vivir en una burbuja.

miércoles, agosto 17, 2005

Sueños son Parte 2

...
Siguió con el cuento, y en mi mente la imagen de aquel mundo, de sus dos lunas, de su gente, de su forma de ver las cosas, de sus vidas y de sus sentimientos, me transportaron también a mi. Y en aquella hora, un soplo de aire nuevo entró en mi ser, de alguna manera me sentía como un preso que después de cavar un largo túnel veía la luz y escapaba por él.

Pero la luz se apagó nada más abrir la puerta del café, y salir a la calle, me paré y vi el letrero en la entrada.

“Martes y jueves cuenta cuentos a las 19.00 horas”

Caminé con la sensaciones del cuento y de su voz aún palpitando, ¿y si existiera un mundo así, un lugar donde refugiarte, donde todo pudiera resultar diferente?
Llegué a casa y allí estabas tú y mi mundo, ese con quien mucha gente dice que sueña, me besaste ligeramente, automáticamente.

- ¿qué tal te ha ido?
- Bien, un día más, algo cansada, ¿quieres que prepare la cena?
- Deja, ya preparé yo algo, siéntate va a empezar el telediario luego cenamos.
.......

Apagué la luz de la mesilla y cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, busqué la ventana, el resquicio que dejaba ver el exterior y pensé en el cuenta cuentos y en su estrella y con esos pensamientos me dormí.

Pasé el miércoles, deseando que llegara el jueves. Y el jueves deseando que llegaran las 7 de la tarde. Por un momento me vi viviendo mas el futuro que el presente, aunque me preguntaba si alguna vez había dejado de hacerlo.
De pequeña quería tener mas años para salir con las amigas, luego llegar a ser joven para tener mas libertad, luego soñaba con ir a la universidad, luego.. luego.... luego me vi dejándome llevar, terminar los estudios, encontrar un trabajo, un novio, romper, asentarme conocer a otra persona y dejar de luchar.

¿En que momento uno olvida los sueños y se deja vencer?

Entré en el café, esta vez en el rincón no había más de tres personas, era pronto. Él llegó, miró a su alrededor y se sentó.
Sonrió.
Yo le sonreí.
Dieron las 7, sacó dos o tres hojas, miró a su alrededor, tosió ligeramente y empezó.

“... el martes os conté una historia de una estrella, de un lugar donde una persona se alejaba de un mundo que él simplemente había elegido, nada ni nadie le había obligado a vivir, y sin embargo eran esas noches de viaje las que le hacían vivir un día más con la esperanza de volver. Los cuentos son soplos, ráfagas de esperanza para el que los vive y para el que los cuenta, son como gotas de lluvia en una tarde de verano sofocante, pueden que nos refresquen, y que luego se evaporen, esos son los cuentos que pasan ligeramente sobre nuestros sentidos, luego están los cuentos que penetran, nos hacen pensar y cuando uno menos se lo espera aparecen en nuestra retina, o nuestra cabeza e incluso en nuestro corazón, y esos son los cuentos que estoy aquí para daros, pero no como un lector ante un oyente pasivo, busco corazones, mentes y almas activos, que sepan percibir que un cuento es algo vivo que nace y crece dentro de cada uno, transformándose con las vivencias que se le aportan. La estrella era un mundo para cada uno que la visitaba, hoy esa estrella será otro mundo, pues el tema del cuento es de vuestra elección, en cada mesa hay un papel, sé que al principio es duro decir en voz alta que cuento quiere escuchar, así que hoy, me lo escribiréis en un papel, y el martes que viene, será en voz alta...”

.......

martes, agosto 16, 2005

Sueños son ... Parte 1

Hoy voy a emepzar con un nuevo estilo, tengo una historia larga que os voy a ir dejando por capítulos, todos los lunes miercoles y viernes pondré uno nuevo, como ayer fué fiesta pondré hoy uno, espero que os animeis a decirme que os parece como va , el cuento aún no lo tengo acabado por lo que si alguien se anima a darme pistas de como dirigirlo ... genial.

Ahi va:

Caía la tarde bajo el plomizo cielo otoñal de Madrid. El asfalto reflejaba el andar rápido de la gente por la lluvia caída. Y yo, mientras tanto, con mi mirada perdida, seguía pensando.
Acababa de salir del trabajo, debían ser cerca de las 7 de la tarde, y envuelta en mis pensamientos vagaba hacia la estación de metro más cercana.
¿era realmente lo que había deseado de pequeña? ¿Llevaba la vida que un día soñé o simplemente en un punto de mi camino dejé caer los brazos y simplemente me abandoné al transcurso de los acontecimientos? Decididamente pensaba que no era lo que había soñado que sería mi vida. Ahora todo se reducía a levantarme, ir al trabajo, el cual no me proporcionaba mas que un buen sueldo con el que vivir, y volver a casa, un par de “holas”, un beso, un “como te ha ido el día”, y caer en el sofá frente al televisor encendido. Quizás habría gente que me envidiaría, una buena casa, un coche, un trabajo, y un compañero, pero sin embargo algo dentro de mi se removía llevándome a una honda tristeza, a una desesperación en la que los días no eran mas que momentos repetidos, una y otra vez, hasta llegar al fin de semana donde volvían a repetirse, monótonas secuencias de momentos ya vividos.
¿Dónde estaba aquella persona amante de la aventura, aquella persona para la que la vida era un instante fugaz capaz de sorprender e ilusionar a cada momento?
Levanté la mirada y vi un café, entré, era un café chiquito, acogedor, con mesas de mármol redondas y sillas de madera, al final del mismo se abría un espacio, quizás antiguamente sirviera de pequeño almacén y allí, en una especie de altillo se erigía una silla y un atril. En él, un chico quizás de treinta y tantos, de aspecto algo desaliñado y con las gafas caídas, leía. A su alrededor seis o siete personas escuchaban atentas, algunas daban un lento sorbo al café sin perder de vista al cuentacuentos.
Decidí sentarme cerca y escucharle, tenía toda la tarde por delante, y el ambiente era acogedor. Pedí un café cargado y caliente, dejé mi bolso en la silla y me dediqué por un momento a observar. Sin escucharle.
Llevaba un jersey negro de cuello alto, y pantalones de cuadros, sus gafas plateadas caían ligeramente sobre su nariz, el pelo negro salpicado de canas y una voz suave, profunda.
La gente que lo escuchaba era diversa, quizás alguno como yo, había entrado a refugiarse de la tarde desapacible, otros sin embargo parecían que estaban allí oyéndole desde siempre.
El camarero me trajo el café, sentí su calor deslizándose por mi garganta y me dejé llevar por las palabras del cuentacuentos.

“... aquella noche, tras cerrar los ojos, se abrió la ventana, aquella que podía llevarle a su mundo, un mundo quieto y distante. Como en un ritual, se asomó a la ventana, y saltó, hacia fuera, sintió la noche en su cara y empezó su viaje. La estrella no estaba lejana, y allí le esperaban, sabía el camino, lo que encontraría, y como cada noche viviría y sentiría cosas que aquí en su mundo ni de lejos soñaría y como cada amanecer volvería, con la esperanza de que a la siguiente noche, se asomaría a la ventana, y saltaría hacia fuera.....”

viernes, agosto 12, 2005

Soledades

Hay veces que el camino se vuelve seco y pedregoso, cuando quizas un solo abrazo una simple mirada puedan cambiarlo en un camino de verde y arena.

Sales, afuera hace frio, el aire casi corta la piel a tiras, y puedes sentir como la soledad muerde la carne hasta hacerla sangrar, pero cierras los ojos y ves en una sonrisa todo el calor, una playa de aguas cristalinas.

Las luces se apagan lentamente, como si a cada paso q uno diera ,fuera oscureciendose el camino, todo se torna en noche oscura y sombria, mas si logras sentir, veras como las luces vuelven a prender en el alma.

A veces uno se siente como una piedra envuelta de aguas, isla solitaria, lejana, cuyas arenas intentan llegar al continente, continente que se aleja poco a poco dejando la isla varada en su soledad. Oh mar alza tus olas tapa la isla, devórala hasta cubrirla con tus aguas, aguas de remanso y paz.

Sólo las lagrimas q corren camino abajo saben llevarse los sentimientos, los arrastran envueltos en papel de regalo, para que una sonrisa los trague.

Y aquella estrella que brilla pese a su fulgor sabe cuan lejos se siente de las demas, millones de años luz las separa y aun asi su brillo marca el camino, camino que se hace desierto.

Quizas una vez coleccioné nubes de verano, espuma de olas de mar, besos nunca entregados, te quieros perdidos en unos labios que nunca se atrevieron a decirlo, y con ellos haga un equipaje, ligero para mi viaje.


Viaje a un sol lejano y perdido, tan lejano que nunca logré alcanzarlo.

martes, agosto 09, 2005

Aquel verano




Me temblaban las manos.
El tiempo inexorable había hecho mella en mi cuerpo, dolía, pero era un dolor asumible, sabía que era así, y lo aceptaba, ¿cómo no iba a aceptarlo? al fin y al cabo había tenido una vida que cualquiera hubiera envidiado.
Cogí el libro, compañeros de mis días, al abrirlo una foto cayó de él. La cogí, estaba ya amarillenta y envejecida, como a mi, el paso del tiempo también la había marcado.
Me detuve a observarla, no era la primera vez que lo hacia, pero siempre descubría cosas nuevas.
El cielo limpio y azul, como era aquel verano, ese verano en el que nos conocimos, parecía como si el cielo con su azul intenso se alegrara de cobijarnos. Al fondo las montañas aquellas que tanto amabas, que tantas veces fuimos a recorrerlas dando grandes paseos, mientras me pedías que te fuera contando todo lo que veía, sintiendo como te agarrabas a mi brazo, el calor de tu piel en mi piel.

Empecé a recordar, mis ojos se cerraron y las imágenes volvieron a mi, como si no hubiera pasado tantos años.

Aquel verano trabajaba en el puerto, cuando llegaba el ferry, allí estaba yo preparado para descargar los equipajes de los residentes del hotel. Los llevaba hasta el autobús, los colocaba en el maletero y guiaba a la gente hasta estar completamente seguro que no faltaba nadie. Esa mañana el sol apretaba, aún no había llegado el ferry y ya el calor se hacia notar. Me arremangué la camisa, aun recuerdo como iba vestido, aquella camisa azul, unos pantalones vaqueros gastados y unas sandalias cerradas.
Sentado a la espera de la llegada del barco, observaba las montañas, deseaba que llegara la tarde, era mi mejor momento, tomaba mi canoa y remaba río arriba hacia las montañas, disfrutando de la soledad, oyendo el rumor de las olas golpeando la canoa, perdiéndome en aquel paisaje aun virgen de turistas.
El zumbido del motor me despertó de mi ensoñación, levante la vista y allí estaba amarrado el ferry, los empleados se afanaban en colocar la pasarela, las aguas aquel día estaban mas azules que nunca, parecían rivalizar con el cielo.
Bajé las maletas, en un ritmo automático, cuando ya estaba todo preparado, me dirigí a las personas que debían ir al hotel, y fue en ese preciso momento en el que te vi.
Recuerdo la primera impresión y aun siento el calor que ella me provocó, tu camisa negra de tirantes, aquellos pantalones cortos blancos, las alpargatas, tu piel bronceada, tus gafas que protegían tus ojos y sobre todo tu sonrisa una sonrisa cálida que iluminaba, vi como te desplazabas había una gracia sutil en tus movimientos.
Intenté acercarme pero me fue imposible, me resigne y seguí con mi trabajo una vez todos dentro del autobús busque el sitio donde pudiera seguir observándote, habías llegado con tus padres y estos a tu lado te contaban como era el camino hacia el hotel.
Cuando llegamos, te perdí, mientras sacaba las maletas desapareciste entre la gente.

Aquella tarde, mientras remaba río arriba soñaba con tenerte en mi canoa, con poder compartir mis lugares secretos, y sentía nuevas sensaciones desconocidas en mi, a pesar de la brisa sudaba y mi respiración se agitaba cada vez que pensaba en ello.

Habían pasado dos días, desde la primera vez que te había visto y aunque todas las mañanas había ido al hotel, solo pude verte de lejos, siempre con tus padres, pero esa tarde que decidí dejar la canoa y volver a intentar encontrarte, lo conseguí. Estabas sentada en el jardín, con la mirada perdida, me detuve a lo lejos y te mire durante un rato, tu imagen no desentonaba con el jardín, diriase que pertenecías a el, que te integrabas en el, y sentí un rubor que me paralizo las piernas, en mi mente las dudas volaban pero también sabia que quizás seria mi única oportunidad para acercarme.
Lentamente , paso a paso, llegué hasta ti.
- Hola, buenas tardes
Diste un pequeño respingo, imagine que mi presencia te había sacado de tus pensamientos.
- Perdona, no quise asustarte.
- No te preocupes , solo que no esperaba a nadie.
- ¿Puedo sentarme aquí?
- Claro, siéntate, dime ¿cómo te llamas?
- si, perdona me llamo Eliah y trabajo para el hotel, recojo los equipajes y luego hago algunas reparaciones por la mañana, hasta que viene ferry.
- Me llamo Thalía, encantada
Y tendiendo la mano, la cogí, sentí la suavidad de tu piel y me fije en ellas, suaves y cuidadas, empecé a reparar en ti, la fragancia de tu colonia, en la forma en la que te habías recogido el pelo, en la línea de tu boca y de nuevo en aquellas gafas. No pregunté nada.
El silencio llenó los primeros segundos de nuestro encuentro, parecieron interminables, hasta que tu volviste a hablar.
- dime ,¿ hay algo que pueda hacer por aquí? ¿Algún lugar interesante que visitar?
- Si, el pueblo tiene una iglesia antigua muy hermosa, a pocos kilómetros de aquí hay un gran lago donde pasan el verano muchas aves, un poco mas lejos están las montañas desde allí hay grandes paisajes.
Por un leve instante sentí una ráfaga de tristeza en tu rostro.
Oí la voz de tu madre que te llamaba, y te levantaste despidiéndote de mi, antes de irte te pregunte si volvería a verte, y tu me contestaste: “¿Quién sabe?

Desde aquella mañana todo cambió para mi, anhelaba el amanecer, salir corriendo al hotel y buscarte, miraba en el restaurante, en el jardín, en la piscina pero no te encontraba, no podía preguntar en que habitación te hospedabas por que nos tenían prohibido relacionarnos con los huéspedes, sólo podía esperar.
Pasó un día que se me hizo eterno, ni siquiera esa tarde en la canoa pude apartar mis pensamientos de ti, solo soñaba con volver a verte, oír tu voz y sentirte cerca de mi.
Era la primera hora de la mañana, me había acercado a l restaurante a por un poco de agua cuando volví a verte, estabas sentada en una mesa, la taza de café humeante, un vaso de naranjada a tu lado. esta vez hice algo de ruido al acercarme y antes de llegar a ti me saludaste.
- Hola Eliah, que tal? esperaba volver a verte.
Me sorprendió que estando de espaldas me reconocieras, pero la calidez de tus palabras y el que me dijeras que esperabas volver a verme, lleno mi interior.
- Hola Talía, que tal estas?, hace una bonita mañana
- Si, debe hacerla, aunque aquí dentro uno no puede sentirla
- Hoy tengo la mañana libre, te apetece dar un paseo?
- No puedo, de verdad que lo siento, en otro momento ¿vale?
sentí que algo se caía dentro de mi, una punzada de dolor me recorrió.
- Bueno no te molesto mas, nos vemos, adiós.
Cuando me había alejado tres pasos de ella, me llamó.
- Espera, espera, no te vayas, he dicho que ahora no puedo,pero a mediodía si, mis padres tienen que ir al pueblo, yo no iré con ellos, te parece que quedemos aquí mismo?
- si, a mediodía estaré esperándote, gracias
- No faltes eh?
Como iba a faltar, en ese momento hubiera gritado, hubiera saltado, pero me contuve, salí y me fui hasta el río, allí esperé hasta el mediodía, hable con las aguas y con los patos, los nervios sacudían mi cuerpo como un muñeco, ella había aceptado, había dicho que si.
Cuando entré en el restaurante ella ya estaba allí, un vestido estampado ligero, y suave unas sandalias abiertas y el pelo suelto, me detuve contemplándola, era la belleza, me acerque y le dije:
- ¿Preparada?
- si, lo estoy, donde iremos?
- Tengo una sorpresa para ti, ya veras.
De pronto ella se agarro a mi brazo, y lo que suponía se hizo realidad.
- No te importa ¿verdad? será más fácil para mi si me guías.
- No claro que no.
La piel se me erizo por un instante, su olor me lleno y cerré los ojos dejándome inundar por esas sensaciones, dejándolas fluir por el cuerpo.

Aquel día, solo fue el principio, le enseñe el lago, las montañas, bajamos al pueblo y recorrimos sus calles, entrábamos en las tiendas, y yo le iba describiendo cada cosa, cada color, el verde esmeralda de las aguas, el recorte de las montañas sobre el azul del cielo, ella me escuchaba y asentía, yo sabia que en su mente se dibujaba todo lo que yo estaba viendo.
Pasábamos tardes sentados a la orilla del lago, ella me decía como era su vida en la ciudad, como eran sus calles, como las percibías tus sueños tus anhelos, y yo los saboreaba, los vivía contigo.
Una tarde nos cogió por sorpresa una tormenta de verano, dando un paseo por el bosque, yo temí que te asustaras y sin embargo corriste bajo la lluvia dejándote mojar por ella, tu vestido se empapo, y vi la silueta de tu cuerpo dibujado en el, sentí de nuevo un calor en mi cuerpo, cuando nos sentamos bajo el árbol y te pegaste a mi, no pude reprimirme mas y te bese, sentí el calor de tus labios en los míos y cuando abriste tu boca, sentí la humedad de tus besos, tus manos recorriendo mi cuerpo, mis manos deslizándose en tus pechos. Y nos amamos, hicimos el amor, bajo aquel árbol intentando detener el tiempo entre nuestra piel.
Y el tiempo pasó, los días se iba acortando de igual manera que el tiempo que nos quedaba para estar juntos.
La ultima mañana fue en la que te saqué esta foto, el barco “General-Ousian” inmóvil, varado, a la espera de engullirte y alejarte de mi, las banderitas colocadas solo eran sinónimo de lagrimas, y tu de pie entre macetas de grandes flores rojas y rosas, con el sol reflejándose en tu cuerpo, tal como te vi llegar, el pelo recogido, las manos levemente suspendidas en la barandilla, un suave oleaje en el puerto, al fondo el rompeolas y marcando el fondo de la foto, las montañas, nuestras montañas, aquellas que nos vieron tantas veces pasear entre sus caminos, hasta la cabaña donde nos parábamos al calor de un fuego y hablábamos de nuestros sueños.
Solo fue un instante, un clic, y allí en aquel papel quedaba grabado todo un verano, el primer amor, ese que nunca se olvida.
Te acompañe hasta la pasarela, allí tus padres volvieron a mostrar el desagrado que le causaba mi presencia, siempre intentado protegerte, aun a sabiendas que yo nunca te haría daño. Me besaste, fue un suave roce de tus labios pero en ellos estaba encerrado el amor mas hermoso que nunca he sentido.
Y te vi alejarte, subir aquellas escaleras, desaparecer tragada por el barco, sin mirar atrás, sin inclinar la cabeza. Y contigo se fue parte de mi ser.

Pasaron años, décadas, salí con chicas incluso tuve sexo con algunas de ellas pero nunca volví a sentir lo que sentí contigo, y fue entonces, una mañana en la que sentado en el puerto te vi llegar, a pesar del tiempo, aun tenias esa imagen esa luz esa belleza de la que me enamoré.
Me acerqué a ti, y cuando aun estaba a dos pasos, te oí decir
- Hola Eliah, hoy si puedo quedar contigo, ¿me llevaras al lago? ¿iremos a las montañas?
- Si, iremos, pero esta vez no volverás a irte.
- No Eliah, esta vez si quieres, vengo a quedarme.

Salgo al jardín y te veo allí, sentada, no has cambiado mucho quizás tu cabello gris delata el paso del tiempo, pero tu imagen sigue siendo la misma que conocí.
Me siento a tu lado, acerco la foto a tu mano y me dices.
- Eliah me la describes, dime que ves en ella
Y yo empiezo esta historia, la historia de cómo te conocí.

Y todo lo bueno acaba...




Ya estoy de vuelta con algo más de color, con las pilas un poco más recargadas y con el vacio que provoca volver a la rutina... pero no nos quejaremos... al menos por el momento.

Para aquellos que me leen, estuve en la playa, en un lugar llamado Dehesa de Campoamor en Alicante casi en la frontera de Murcia. Allí he veraneado toda mi vida, he pasado mi juventud mis primeros amores las primeras borracheras los amigos, todo ellos forman un grato recuerdo de una parte de mi vida, y con ellos el mar, ese mar que me llama y me posee en el qye me encanta perderme en la noche viendo los puntos de luz de los barquitos de pesca perdidos en la oscuridad de la noche, donde me gustaria perderme con ellos.

Y llegan los sentimientos, dicen que en el lugar donde has sido feliz no has de volver, y quizas tenga razón la canción, allá tumbado en la playa se forma un cúmulo de sensaciones, ves caras envejecidas por el tiempo de antiguas amistades o conocidos, y ahora ajeno a aquellas personas que pasaron levemente los miro y los observo veo a sus hijos su transformación , y siento que ando a traspies en la vida, como un escalón detras de todo, quizas sea por que mi imagen no esté acorde con los años que tengo o mi espiritu pero algo me hace sentirme muy lejos de ellos, y aún así siento un poco de envidia de una estabilidad de una familia "permanente" pero la vida es aventura y ahí andamos enzarzados en la aventura a punto de abrir una nueva temporada, echado el telón abramoslo de nuevo"the show must go on" con nuevas ilusiones y fuerzas.

Besitos y a vivir...

viernes, julio 22, 2005

Cierre por vacaciones


Y por fin llegaron. Y me voy , me voy, me voy...
Sólo son 15 días pero espero se me hagan eternos largos y sin fin, disfrutaré de la playa, ese océano verde esmeralda de un azul tan intenso que se diría.....
Y disfrutare de la compañía de mi peque, 15 días para mi solito, sin tener que esperar a los fines de semana alternos, sin tener que soportar esos domingos de despedida...

Y a vosotros, los que habéis pasado por aquí, algunos dejando vuestra huella, otros silenciosamente como voyeurs, espero veros por aquí ala vuelta, y deseo que mis letras alguna vez os hayan acompañado, os hayan hecho reír o sentir, o volar o perderse un poco de este mundo que nos absorbe y devora...

Para algunos mis disculpas si en algo que hice o dije les pudo hacer sentir mal, para los que me conocen que sigan teniendo paciencia conmigo, ser extraño donde los haya, en proceso de recuperación, quien sabe si algún día—

Para los que piensan que callo, para los que piensan que soy especial, para los que piensan que “vaya coñazo de tio”, para todos mis mejores deseos que este verano suponga algo más que arena y playa, algo mas que unos días de vacaciones, es el cierre de una temporada, como en las series, y cuando septiembre nos reciba, que se abra el telón, que empiece el espectáculo, que lleguen días de vino y rosas...

Hasta Pronto.

miércoles, julio 20, 2005

el hada del lago

Aquel bosque era frondoso, verde, sus árboles cubrían todo el paraje, lo hacían hermoso. Después de haber recorrido diferentes lugares, ese bosque era mi hogar, me hacía sentir bien, pero no podía hacerme olvidar el mar. Aquellas noches en las que el mar se funde con el universo, cuando sólo deseas perderte entre los puntos de los barcos que se ven en el horizonte negro, allá donde la soledad de la noche recorre cada alma, cada madero, cada corazón.
Allí perdido en la oscuridad del bosque, sólo me unía con mi pasado, la soledad que vivía cerca del mar.
Vagaba en aquel bosque, echando de menos las estrellas y la mar, acompañantes silenciosas, mudas, pero fieles.
Fue a la vuelta de un recodo, cuando apareció un pequeño lago. Me acerqué absorto por aquella imagen, la noche iluminada por la luna lo hacía aún más bello, y cuando me senté al borde del lago pude ver su imagen reflejada en el agua. Dulce, pura, y sonriente, sus pequeños ojos se clavaron en mi, y sentí una paz inmensa. Rocé el agua con mis manos intentado atrapar esa imagen, pero con las ondas su rostro desapareció.
Entonces una voz, el duende del bosque, me habló:

- Has visto al hada del lago, difícil es verla, sólo aquellos destinados a vagar pueden ver su hermosura. Más es un arma de doble filo, por que de igual manera que podrás ver su belleza cada vez que te acerques al lago, y sentir lo que nunca los mortales son capaces de sentir, no podrás ser suyo ni ella tuya, es el pago por llegar a verla. Ahora en ti está la decisión, seguir tu camino o quedarte en el lago.


Pasé días pensando, y al final tomé una decisión, me lancé al lago nadé hasta lo más profundo y.......




y fui feliz.

Cuento de una sirena

….. en un mar lejano donde el agua rompía contra unos riscos, Vivian allí unas sirenas… había una en especial a la que le encantaba nadar sola perderse por las profundidades y de vez en cuando salir a la superficie cerca de los barcos de pesca, cosa totalmente prohibida, si su padre se enterara e eso seguramente no podría volver a hacerlo, pero ella era feliz así disfrutaba de poder nadar en plena libertad. Un día se acerco mucho a uno de esos barcos y vio un chico joven como ella tirando de unos amarres pudo ver su mirada y cuando por un instante le pareció que el clavaba sus ojos en ella una sacudida recorrió su cuerpo, nunca había sentido algo así, y pos si la veía se zambulló rápidamente en las profundidades.

Estuvo varios días dándole vueltas a lo que había visto y sentido, no podía contárselo a nadie si alguien se enteraba de que había estado tan cerca de los humanos seria la ultima vez que podría hacerlo… pero siguió nadando al lado del barco… Una tarde vio al chico que tomaba una barca de remos y se alejaba el solo del gran barco, le siguió y cuando se quiso dar cuenta había desaparecido, empezó a dar vueltas buscándole pero no le encontraba y entonces cuando emergió de nuevo apareció ante sus ojos, él sorprendido de tal aparición soltó los remos asustado, pero ella le sonrió y él sintió una tranquilidad se sentó al borde de la barca y empezaron a hablar….. ella le contaba cosas de las profundidades como Vivian y él le hablaba de bailes y de viajes.. y así tarde tras tarde se enamoraron…..

Un día, al comienzo del otoño, tras una noche de espantosa tormenta, la sirena se acercó al lugar donde se reunían pero el marinero no apareció y así pasaron varios días, ella seguía yendo todas las tardes y cuando empezaba a anochecer regresaba llorando…..
Y así pasó el tiempo, ya no le divertía salir a nadar ya no le hacia gracia perseguir a los delfines o hacer de rabiar a los caballitos de mar, solo se acercaba a los riscos y cantaba por su amor perdido,.
Un amanecer en el que el mar andaba revuelto vio unas extrañas cosas entre las piedras, cuando se acercó y las cogió pudo ver que eran restos del barco de su amor allí estaban maderas del barco, ropa y algunas cosas mas, entonces recordó la noche de la gran tormenta, el día siguiente había sido el primer día que ya no lo había vuelto a ver… y en su corazón supo que su amor había muerto…
Un honda tristeza le embargo ya no tenia sentido el esperar ya no tenia sentido el mar y las estrellas y nado hacia donde los grandes balleneros buscan sus presas… y cuando estuvo allí se pego a una gran ballena … se oyó un ligero zumbido cruzar el aire y un silbido callado desgarraba la tarde y el arpón se hundió en su pecho y la sirena se dejo ir al fondo del mar al encuentro de su marinero….

Dicen los pescadores que allí e el golfo de Vizcaya cuando las galeras impiden a los barcos salir a pescar, cuando la tarde se torna en oscuridad si fijas la mirada a lo lejos puedes oír los cánticos alegres de una sirena y las olas parecen que brincan felices por que en su interior nadan el alma del marinero y de la sirena…..

jueves, julio 14, 2005

El café


Aquel pueblo era su hogar, pero también era su cárcel. Las casas, la gente, y su forma de vida se habían convertido en muros infranqueables.
Todo había construido una enredadera en si interior, tan espesa que ya era incapaz de ver la luz, y se acostumbró, y se dejó ir.
Empezó a ver su vida pasar a través de la ventana, sin mojarse, como el que ve llover debajo de un soportal.
Sólo había un momento de ilusión en su vida, todas las tardes a las 5 en punto, entraba en el café, se sentaba en la tercera mesa, al lado del gran ventanal, pedía un cafe con leche fría, dos sobres de azúcar, y el café en vaso, por supuesto. Cogía la cucharilla, la ponía en el platito, mientras vertía los dos sobres, tres vueltas con la cucharilla, y su mirada se perdía en el remolino del café.
Lentamente y sorbo a sorbo, esperaba la llegada del autobús, este, diariamente a las 17.30 paraba enfrente del ventanal, los viajeros tenían 20 minutos para estirar las piernas, ir al lavabo o tomar algún bocadillo. Eran los 20 minutos en los que su vida tenía un aliciente. Desde donde estaba podía ver como bajaban del autobús, luego los seguía con la mirada mientras entraban en el café. En esos momentos era capaz de vivir 20 vidas, sus ojos iban de grupo en grupo, sus oídos captaban todas las conversaciones y por ese tiempo él era de otra cuidad, o viajaba a otros lugares, veía sus ropas sus andares, y vivía en ellos.
Nunca se había relacionado con ninguno, le aterrorizaba la idea. Tan dentro de sí tenia los muros que ya no quería ver lo que había detrás de ellos.
Aquella tarde, mientras daba uno de sus reposados tragos al café, el autobús llegó con cinco minutos de adelanto como si quisiera traer algo nuevo y no pudiera esperar mas.
Llegaba repleto de pasajeros que salieron corriendo para tomar sitio en el café. Cuando parecía que todos habían bajado, y ya buscaba con sus ojos en que grupo fijarse, la vio descender, pausadamente, como si a cada paso que diera ella supiera que la estaban observando, el pelo largo, recogido, una cazadora vaquera con el cuello alzado, los pantalones ajustados y una especie de zuecos. No pudo apartar la mirada de ella, quizás por que aun no había podido distinguir su rostro, la siguió mirando fijamente, hasta que en la entrada la perdió entre tanta gente.
Bajó la mirada de nuevo al café, cuando oyó una voz dulce:
- Perdona, podría sentarme aquí?
Levantó la mirada, y vio unos ojos grisáceos que se clavaban en el, sonriéndole
Dudó un instante.
- Si, claro, siéntate.
- Gracias, perdona es que está todo lleno
Llamo al camarero y le sonrió.
- eres de aquí?
Intento esquivar la conversación mirando a través del cristal, pero sintió su mirada penetrándole.
- Si soy de aquí, de este pueblo, de toda la vida
Se podía notar un acento de amargura en sus palabras.
Sin quererlo empezó una conversación, primero fueron las típicas preguntas para romper el hielo, luego cuando se quiso dar cuenta, estaba hablando de si mismo, de cosas guardadas dentro por tanto tiempo que parecían olvidadas.
Ella le miraba atenta, y por un momento él sonrió, sintiéndose el centro de aquel café, de aquel pueblo, de su pueblo.
- Perdona tengo que hacer una llamada.
Algo creció dentro de él, al principio fue un sentimiento de ansiedad, luego fue un vacío enorme, miró el reloj, en 10 minutos el mundo volvería a ser el mismo a atraparle, incluso temió que ella no regresara.
Y volvió.
- Perdona
Te dijo y volvió a sonreírte.
- Bueno y hacia donde te diriges?
En ese instante la miraste a los ojos y viste una profunda tristeza, parecía que había estado llorando.
- La verdad es que cogí el primer autobús que salió, necesitaba alejarme, quizás es una huida no lo sé. O quizás simplemente me estoy buscando a mi misma pero no quiero agobiarte con mis cosas.
- Por favor, no lo haces, continua si quieres contármelo....
- Es algo que se ha quedado dentro de mi como los posos de café, poco a poco todo lo ha ido llenando y ahora me ahoga. No me deja ser yo misma ni sentir, creo que el miedo a sentir me ha vencido por eso espero encontrar de nuevo el camino a casa.
- Pero por lo menos has tenido el valor de hacerlo y eso es el principio
El tiempo iba pasando y cada vez te sentías más a gusto, como si la conociera de hace muchísimo tiempo.
Tembló, de reojo vio que era la hora de partida, el café se estaba vaciando de viajeros, de la misma manera que se iba sintiendo mas y mas solo.
Ella se levantó, te dio dos besos.
- Gracias por el rato que hemos pasado, te deseo que todo te vaya muy bien, chao
Cuando llegó a la puerta se volvió, él vio su sonrisa por ultima vez y sus ojos.
Desde el ventanal la vio subir al autobús, algo se había roto en él, bajó la mirada al vaso, vació como él se sentía, y empezó a dar vueltas a la cucharilla como si aun tuviese café.

- ¿Podría volver a sentarme?
-
Levantó la mirada, asombrado la viste allí delante de ti.

- Pero, pero no te ibas, y tu autobús....
- Se marchó, hay más, me gustaría quedarme por aquí algunos días, ¿sabes de algún lugar barato para dormir?
-
La acompañó a la pensión y luego quedó con ella para cenar.

Pasaron los días, y la veía a menudo, dentro de él fue creciendo sentimientos enterrados en el tiempo, aquel pueblo ahora le parecía incluso mas hermoso, aun cuando a veces temblaba de miedo al pensar que un día ella se marcharía.
Fueron aprendiendo el uno del otro, las cosas que tenían en común, las que les diferenciaban. Los dos tenían miedo en su interior. El, a cualquier cambio que supusiera empezar de nuevo, conocer gente nueva, quizás por ese motivo aun seguía anclado en aquel pueblo, aunque sintiera que era una cárcel, se sentía mas seguro dentro de ella, que descubrir el exterior.
Ella, por su lado, prefería olvidar lo que era confiar , lo que era volver a amar, antes que sufrir de nuevo ese dolor insoportable que la había desgarrado el alma.

Y los miedos se conocieron y salieron a la luz, unas veces parecían desaparecer con la luz del sol, otras resurgían para recordar el daño que aun podían sufrir.
Era como si al estar los dos juntos, cada uno pudiera vencer el miedo con la ayuda del otro miedo.

Y a pesar de que las paredes que él había formado eran altas, estas empezaron a agrietarse, dejando entrar la luz y la ilusión, pero a su vez también dejaba paso al sentimiento de perdida.
Desde el momento en que ella le pidió sentarse en el café, su mundo cambió, y ya no había marcha atrás, él lo sabia, nunca nada seria igual que antes.
La incertidumbre de no saber que pensaba ella, de cómo podría reaccionar ante su miedo, le carcomía.
Y él volvía al café, algunas tardes, cuando veía en los ojos de ella la soledad, el deseo de estar sola, cuando asomaba la cercanía de su marcha.
Y allí los autobuses ya no eran los mismos, ni la gente que bajaba, ni sus mundos, solo los sueños que corrían por su mente eran lo que daban vida a ese café.

Una mañana, fue a buscarla a la pensión, pero allí le dijeron que ella había partido a primera hora, el corazón se le acelero mientras un frió helado corría por sus venas. Llegó al café y allí estaba... una nota

- Gracias. Me hubiera gustado poder decírtelo pero me da miedo, me das miedo, Tengo que vencer lo que siento y creo que debo hacerlo yo sola. Adiós, un beso muy fuerte y gracias.

Todo se desmoronó ante sus ojos.

Y los días volvieron a ser los mismo, y la cárcel volvía a ser la misma con las paredes mas altas aun.

Y a las 5 en punto, entraba en el café

Y se sentaba en la tercera mesa, al lado del gran ventanal, pedía un café con leche fría, dos sobres de azúcar, el café en vaso, por supuesto. Cogía la cucharilla, la ponía en el platito, mientras vertía los dos sobres, y al dar las tres vueltas con la cucharilla, lloraba.
A las 17.30 cuando la viajeros empezaban a entrar en el café, se le podía ver saliendo de el, caminando hacia ninguna parte.

Volar


Estaba al borde del precipicio y..........

Sonreia.

Alli se sentia libre y feliz, lejos del poblado, se dejaba llevar por la brisa del mar, en sus ojos brillaba la ilusión de ver como los albatros se dejaban caer para luego remontar el vuelo, una y otra vez, una y otra vez...

Soñaba.

Entonces le llamaban, salia de su ensoñación y sintiendo que alli se quedaba parte de su alma, volvia al poblado.
Al principio nadie le preguntaba nada, pero un dia, lo que él habia esperado tanto tiempo, surgió como un golpe frío:

-¿Pero que haces todas la mañanas alli, perdiendo el tiempo?
- Estoy aprendiendo a volar. Contesto simplemente

Las risas de la muchacha que le habia preguntado, inundaban todo su ser, y aunque al principio se llenó de rabia, esta dejó paso a la indiferencia.

- Riete si quieres, pero un dia volaré

Cada dia pasaba mas tiempo en el acantilado, y cada dia eran mas las burlas que le hacian. Ya no sólo era la chica, casi todo el poblado se reia de él, unos incluso se apartaban, no fuera a ser contagioso, y cuanto mas sentía el desprecio, más crecian en él los sueños de volar.

Unicamente habia una persona que no se burlaba, el hombre mas viejo del poblado, sólo le miraba, sin decirle nada, le escuchaba cuando contaba como los albatros abrian sus alas y tomando el aire caliente bajo sus alas, se dejaban arrastrar por el sin mover una pluma.
Cuando terminaba de contarlo, el viejo se levantaba, se le quedaba mirando, le sonreia, y murmuraba unas palabras.

El nunca las oyo.

Era un dia claro, el sol iluminaba las aguas, convirtiendo su azul en un verde esmeralda que invitaba a sumergirse en ellas.
Avanzó hasta el borde, allá abajo el mar rompia entre las rocas, finas gotas mojaban su cara y entonces saltó.

Al principio se mantuvo en el aire unos instantes y luego empezó a caer, caer y caer....

Sólo estaba el viejo, apoyado en una roca, cerca del mar, como si presintiera lo que iba a suceder, le vió, le vió caer, caer y caer...y al llegar a ras de agua, remontó el vuelo.
Y se alejó de allí para siempre, volando. Volando como habia soñado.

Y el viejo regresó al poblado riendo a carcajadas

miércoles, julio 13, 2005

Callas...



Hay quien me pregunta, quien incluso afirma o asevera, eres callado, reservado, ocultas algo o simplemente callas.
Y realmente me doy cuenta que es así. Muchas veces por que me gusta más escuchar que hablar quizás por que escuchando ejercito algo que me encanta y que es intentar comprender ponerme en la piel del que me habla y si así me lo pide aconsejarle o simplemente estar atento a lo que me dice. Pero a la vez es un arma defensiva por que mientras me hablan yo callo, no por vergüenza o timidez, no, quizás sea por que es una forma de protegerme de no dejar al descubierto excesivos flancos de llegar a ser vulnerable, y otras callo por que en mi eso se convirtió en costumbre. Una forma de pensar en como reaccionará mi interlocutor y entonces vuelvo a callar a no contar las cosas y así es como creen que engaño u oculto cosas, y nada mas lejos de mi intención solo que me acostumbre a pensar en como pensarían si dijera esto y aquello y he ahí mi error por que yo pienso desde mi perspectiva y no desde la del otro, y por tanto yerro de pleno.
Intento evitarlo, aunque no me crean, pero en serio es algo que llevo muy en serio intentar que no vuelva a ser.
Para empezar lo expongo aquí, que ya es un paso.

lunes, julio 11, 2005

Oscuridad




Amanecía.
Aquel poblado cerca del mar empezaba a ponerse en movimiento, los hombres se preparaban para otro día de pesca, mientras las mujeres ya hacia tiempo que estaban ocupadas en preparar el desayuno, leche de cabra, y una pasta hecha con harina, miel e hierbas, todo bien machacado para dar fuerza y vigor con los que afrontar el día.
Mientras, los niños correteaban ajenos a los que los mayores hacían, todos menos uno, este seguía dentro de su choza, escuchando las risas, los cánticos de las mujeres y el quehacer de los hombres.

Uno de sus amigos entró a buscarle.
- Vamos es hora de desayunar no te hagas la remolona.

Y la llevó hasta el resto de pequeños que esperaban su ración de desayuno.
Era un día mas, y como tal, sabia lo que vendría después, daría un paseo hasta el mar, llevada por los pescadores, allí estaría cerca de unas cuantas mujeres que se dedicaban a reparar las redes, era su momento, pocas veces la dejaban sola, quizás en la cabaña alguna vez, el resto siempre había alguien a su lado.
No le molestaba, pero necesitaba sentirse sola, poder concentrar todos su sentidos en cada cosa que la envolvía, y simplemente la presencia de alguien la desconcentraba.
Adoraba ese momento, como el momento cuando con las primeras sombras de la noche se reunían todos alrededor del fuego y escuchaba como contaban la jornada de pesca, o como habían salido a la selva a por mas especies, o a algún viejo contar historias de su tribu, cuando no estaban apartados y la jungla era suya, amiga y enemiga a la vez. Imaginaba las caras del resto escuchando como ella, pero no como lo sabia hacer ella, cada palabra cada letra susurrada era una imagen que se formaba como humo en su mente, que se dibujaba en la arena y tomaba forma, vida.
Así imaginaba los primeros rayos del sol reflejándose en la arena, cuando los cuerpos ya sudorosos de los hombres empujaban las barcas, arenas doradas que besaban los pies, aguas verde esmeralda que se tornaban de un azul intenso en la lejanía perdiéndose con el horizonte, confundiéndose con el azul de un cielo inmenso coronado por una gran bola de fuego, ese mismo fuego que la acariciaba la piel.
Recreaba en su mente el verde oscuro de la selva, y tomando las frangancias las convertia en un sin fin de colores, rosas, amarillos y turquesas bailaban en su mente formando las mas extrañas flores.
Y luego lo que mas amaba. la noche, repleta de sonidos, ella podía separar cualquier sonido que procedia del interior de la jungla y saborearlo, un grito de un macaco, el crujido de las hojas cuando la serpiente pasaba por encima, las pisadas de un felino en búsqueda de cena, el aletear de un murciélago cruzando la noche, que como ella, percibia, sentia donde se hallaba su presa.

Era su mundo, donde realmente vivía, donde se sumergía cada vez que la manta oscura de la tristeza la cubría. Muchas veces la habían visto con la cabeza entre sus manos, llorando desconsoladamente, y aunque se habían acercado dándole el calor que solo una mano una caricia puede dar, ella se sentía sola, sentía la pesada carga de la soledad de sentirse diferente al resto, el sabor amargo en su boca de la inutilidad.

Empezó a aislarse, primero sus palabras se hicieron mudas, luego sus ojos perdieron brillo y por ultimo pedía que la acompañaran a los lugares mas extraños y la dejasen allí durante horas.
Y así aquel mundo interior se fue adueñando del real, ahora las imágenes recreadas, los sonidos, sustituían a las caricias, la imagen de una cascada con el fragor de las aguas chocando una contra otra reemplazo la compañía de sus amigos.

Sus amigos se preocuparon, veían como cada día ella se iba desvaneciendo en su mundo, alejándose de ellos sin poder hacer nada.

Recurrieron al mas viejo de la tribu.

Tras dos noches de oraciones y plegarias, de hechizos y canticos, el chaman reunió a todos.
- La solucion es dificil, pasaremos por una dura prueba, pero si todos la amamos con el corazón ella volverá a nosotros.

Todos guardaron silencio durante unos momentos, las miradas se cruzaban, el fuego se refelejaba en aquellos ojos negros danzando, de repente uno de los mas pequeños con lágrimas en los ojos gritó:
- Hacedla volver, es mi mejor amiga.

El chaman volvió a hablar:

- Esta será la prueba. ella se ha alejado de nosotros por que no se siente util, por lo tanto estaremos tres dias como si fueran tres noches, el sol no aparecerá mañana, se ocultará y no habrá luna, dependeremos de ella, como ella depende de nosotros.

Al dia siguiente el sol no apareció, las mujeres empezaron a entonar canticos al sol, los hombres danzaban alrededor, ella preguntó que es lo que sucedia y se lo contaron.
A media mañana el sol seguia sin aparecer, los canticos cesaron y el jefe se aproximó a la chica.

- El sol se ha ocultado, nuestro chaman dice que no volvera, los dioses estan enfadados con nosotros, asi no podremos sobrevivir, nadie se atreve a salir del poblado, sin ver no quieren ir a pescar no encuentran el camino, por favor ayúdanos.

Su cuerpo se estremeció, un ligero temblor le sacudió su pecho, sintió una oleada de calor, ella tan pequeña, tan insignificante, y ahora toda la tribu dependía de lo que pudiera hacer.

Se levantó, e hizo que la llevarán ante los pescadores, los formó en una hilera dándose la mano uno a otro, colocándose la primera.
Sabia que camino tomar, en que momento debía girar a la derecha, tomar la suave pendiente y luego volver a girar a la izquierda, cuando sus plantas de los pies notasen el terreno mas arenoso.
Asi los llevo hasta la playa, alli la sentaron en una de las barcas y guió al resto, dejó que sus sentimientos percibieran el olor del aire, la temperatura del agua, el sonido del mar susurrándole donde estaba la pesca.
Volvieron con las redes llenas, recorrieron el camino de nuevo y como si el sol estuviera iluminando sus pasos, llegaron a la aldea.
A tientas preparon algo para comer, ella enseñó a las mujeres como podían ver con sus manos, la suavidad de una hoja, la rugosidad de una piel, la dureza de la roca contra la que preparar la masa.
Después de la comida, y como no podian hacer nada, le pidieron que contase como habia logrado llegar hasta el mar, encontrar la pesca, poder hacer la comida y ella les narró como los sonidos le hablaban, como los olores le susurraban, y dibujo para ellos los paisajes mas coloridos, el mar más bello que nunca habian visto y su mundo se abrió como una flor ante el resto de la tribu.
Al tercer día el sol brilló con más fuerza que nunca, cuando oyó la alegria de todos, pensó que aquel maravilloso sueño habia terminado, que ahora todo seria como antes, mas cuando el desayuno finalizó, el jefe de los pescadores fue a buscarla.

- ¿Vamos a que esperas, no sabes que el mar nos espera? Sin ti ya no podemos volver a salir a pescar, eres nuestra mejor guia, vamos.

Sintió el calor de las lagrimas correr por su cara, mientras su amiga le decia.
- No te olvides de contármelo todo esta noche, ¿lo haras?

Y en su interior su corazon brincó de felicidad.

Una tarde LOMO




El viernes participe en una reunión LOMO, para todo aquellos que no lo sepais Lomo es un tipo de cámaras fotográficas, www.lomospain.com, las hay con flash de colores, con 8 diafragmas, etc.
En esta ocasión era una camara de ojo de pez, nos daban una a cada uno y hacian un pic-nic en el Retiro de Madrid.
Cuando llegamos sobre el cesped un mantel de hule unas tortillas jamon sandwiches, coca colas y un vino (Villa Cohelo) que para que contaros, entraba de una manera... Lo cierto es que hacía tiempo que no disfrutaba tanto, la gente encantadora, fotografias de aqui y de alla, cada uno buscando el ángulo mas dificil, mas extraño y entre foto y foto un vasito de vino.
Lo disfrute, si, quizas por que me encanta la fotografia, por la gente y por el vino, que hizo que volviera a encontrarme como yo pienso que realmente soy.

Agradezco a mi amigo Emilio, www.ek10.com, la gran idea que tuvo de invitarme y hacerme pasar una gran tarde de viernes.

Al resto os animo a que entreis en la web y os apunteis por que hacen más actividades y seguro que vereis que estas cámaras son una pequeña maravilla.
Cunado tenga las fotos os las pondre.

El poder del volumen




Unos las llaman pechos otros tetas, peras, globos, melones etc...
Cuando llega el verano y las calles se llenan de camisetas, blusas y escotes, volvemos a saber del gran poder que tienen estos dos volúmnes esféricos, con ese poder de atracción como si de un iman se tratase es el objeto de todas las miradas, de todos los deseos y fantasias. ¿Pero que llegan a tener que tanto atrae a los hombres e incluso a las mujeres? Algo mágico e hipnotico, pero mientras nos hacemos estas preguntas seguiremos disfrutando de esa vision tan maravillosa.


¿Y tú que opinas?

jueves, julio 07, 2005

¡¡¡¡ BASTA YA !!!!

¡¡¡¡¡¡ BASTA YA !!!!

No sé quien leera este blog, pero desde esta ciudad, Madrid, que sufre el castigo de unos miserables terroristas (ETA, TERRORISMO ISLAMICO) quiero unirme al dolor del pueblo londinense en estos dificiles momentos ANIMO, nunca esos mal nacidos nos venceran y exigo como español que nuestro gobierno deje de bajarse los pantalones ante el terrorismo de cualquier signo.
¡¡¡¡¡ BASTA YA ¡¡¡¡


Un abrazo desde el corazón para todos los que sufren.

martes, julio 05, 2005

El accidente

El aire entraba por las ventanillas del coche.
Día de sol, música en la radio, risas del peque desde el asiento de atrás.
Las líneas discontinuas volaban sobre el asfalto, el auto parecía deslizarse suavemente.

Y ella...

Ella, conducía con vista fija en la carretera, primer día de vacaciones, el mar nos esperaba. Me giré, el pequeño juega con dinosaurios... ¡¡ Aurghh, aurghhh !!

Me recosté en el asiento y dejé vagar mi mente, cerré los ojos, aquella grata sensación de relax me invadió y me sumergí en ella. De pronto ya no oía la radio del coche, ni las risas del peque, solo la imagen de ella conduciendo dulcemente con su vestido de lino meciéndose al compás del aire...

Un estruendo.
Una sacudida.
Un fuerte impacto.

Mi cabeza se estrella contra un muro y siento como este estalla en mil esquirlas que impactan y arañan mi rostro.
El mundo gira, recibo golpes por todo el cuerpo y sin más... silencio.

Abro los ojos, estoy tendido en el asfalto, a mi alrededor todo son cristales y restos metálicos, no muy lejos una masa de hierro sobresale entre el humo.

Intento gritar, ni un grito sale de mi garganta.
Intento hablar, ni una palabra se desprende.
Y llega la noche a mis ojos...

Silencio.

Vuelve la luz, ahora veo la escena , los restos del coche, volcado, están a unos metros de la carretera, otro vehículo entre el humo, pero mi perspectiva es desde.... ¡¡ ARRIBA ¡!

¿ Qué me está pasando ?

A mi lado veo a un desconocido, también él flota, me sonríe y es absorbido por el espacio, así aparecen ante mí dos personas más, las veo como pasan a mi lado y en el mismo instante desaparecen.
Y el peque, y ella ,¿dónde están?. ¡ Por Dios, que sigan vivos !

Veo sus cuerpos en el coche, pero desde aquí no puedo saber si aún viven, ... parecen tan dormidos.

Oigo su voz. Es ella.

Tiene al peque en sus brazos y me sonríe, me siento aliviado. Se acercan a mi, flotando, suspendidos como lo estoy yo y sin embargo la distancia sigue siendo la misma.
Detrás de ellos aparecen otras personas, no las reconozco, pero puedo sentir quienes son, sí, son sus padres, su hermano... pero.... si ellos... están muertos... entonces....

¡¡ No, nooooooooooooo , no es posible...!!

Se alejan, ella y el peque, se alejan con ellos. Grito, intento moverme pero me es imposible. Y me miran y sonríen.
Y les miro... como se van.

Sin hacer nada, sin poder hacer nada.

Ahora me veo tirado de nuevo en el asfalto, veo llegar gente corriendo hacia mi, les oigo, gritan: “... aquí, sigue vivo, está vivo...” pero yo sólo quiero morir.

Algo cae sobre mis piernas y abro los ojos.

Es un dinosaurio.
¡¡ Aurghhhh ¡!
Miro.
Y allí estan, ella y el peque, el peque y ella.

- “Cariño, te quedaste dormido”.

Veo el cruce y le digo:

- “Rápido párate en el arcén”

Nos adelanta un coche velozmente.
Frena y empieza a dar vueltas de campana, cuando para, entre el humo veo salir a las tres personas.
Flotan y desaparecen.

Ella me mira y pregunta:

- “¿¿ Cómo, cómo lo has sabido...?? “


Y yo... ¿ que puedo contestarle ? ....

lunes, julio 04, 2005

Uno de esos mails...

No soy muy dado a reenviar los tipicos mails de ayuda o relatos pseudo religioso, pero este me ha gustado, a veces es bueno leerlo y pensar un poco. Por que con mucha facilidad nos dejamos llevar por la autocompasión y el victimismo, cuando quizas no estemos tan mal como pensamos...


-¿"Qué es lo más importante que ha hecho en su vida"?.

Considerando el auditorio profesional el disertante consideró que los asistentes deseaban escuchar anécdotas sobre su trabajo, entonces respondió:

-"Lo más importante que he hecho en la vida, tuvo lugar el 8 de octubre de 2004.

Comencé el día jugando al golf con un amigo mío al que no había visto en mucho tiempo. Entre jugada y jugada me contó que su esposa y él acababan de tener un bebé. Mientras jugábamos, llegó el padre de mi amigo,que consternado, le dijo que al bebé se lo habían llevado de urgencia al hospital.
En un instante, mi amigo se subió al auto de su padre y se marchó.

Yo, por un momento, me quedé donde estaba, sin saber qué debía hacer.
¿Seguir a mi amigo al hospital?.

Mi presencia allí, me dije, no iba a servir de nada, pues la criatura estará al cuidado de médicos y enfermeras, y nada de lo que yo hiciera o dijera iba a cambiar las cosas.

¿Brindarle mi apoyo moral?. Eso, quizás, pero tanto él como su esposa provenían de familias numerosas, y sin duda estarían rodeados de parientes, que les ofrecerían el apoyo necesario. Lo único que haría yo sería estorbar.

Así que decidí ir más tarde al hospital a visitar a mi amigo.

Al poner en marcha mi auto, me percaté que mi amigo había dejado su camioneta con las llaves puestas, estacionada junto a las canchas. Decidí pues, cerrar el auto e ir al hospital a entregarle las llaves.

Como supuse, la sala de espera estaba llena de familiares.
No tardó en presentarse un médico, que se acerca a la pareja y, en voz baja les comunica que su bebe había fallecido.

Los padres se abrazaron y lloraron, mientras todos los demás los rodeamos en medio del silencio y el dolor.

Al verme mi amigo, se refugió en mis brazos y me dijo: "Gracias por estar
aquí".

Durante el resto de la mañana, permanecí sentado en la sala de urgencias del
hospital, viendo a mi amigo y a su esposa sostener en brazos a su bebe y despedirse de él.

Esto, es lo más importante que he hecho en mi vida", y aquella experiencia
me dejó tres enseñanzas:

· Primera: lo más importante que he hecho en la vida, ocurrió cuando no había absolutamente nada que yo pudiera hacer.
Nada de lo racional que aprendí en la universidad, ni en el ejercicio de mi profesión, me sirvió en tales circunstancias.
A dos personas les sobrevino una desgracia y lo único que pude hacer fue acompañarlos y esperar. Pero estar allí, era lo principal.

· Segunda: aprendí que al aprender a pensar, casi me olvido de sentir.

· Tercera: aprendí que la vida puede cambiar en un instante.

Así pues, hacemos planes y concebimos nuestro futuro como algo real, y
olvidamos que perder el empleo, sufrir una enfermedad grave o un accidente y muchas de otras cosas más, pueden alterar ese futuro en un abrir y cerrar de ojos.

Desde aquel día, busqué un equilibrio entre el trabajo y la vida; aprendí
que ningún empleo compensa perderse unas vacaciones, romper con la pareja o pasar un día festivo lejos de la familia.

Y aprendí que lo más importante en la vida, no es ganar dinero, ni ascender
en la escala social, ni recibir honores.

Lo más importante en la vida, es el tiempo que dedicamos a cultivar una
relación.

· POR ESO AGRADEZCO:

a) Por mis hijos que NO limpian sus cuartos, pero están viendo la tele, porque significa que están en casa y no en las calles.

b) Por los descuentos en mi sueldo/honorarios, porque significa que estoy
trabajando.

c) Por el desorden que tengo que limpiar después de una fiesta, porque
significa que estuvimos rodeados de seres queridos.

d) Por las ropas que me quedan un poco ajustadas, porque significa que tengo más que suficiente para comer.

e) Por mi sombra que me ve trabajar, porque significa que puedo salir al
sol.

f) Por el césped que tengo que cortar, ventanas que necesito limpiar,
cañerías que arreglar, porque significa que tengo una casa.

g) Por las quejas que escucho acerca del gobierno, porque significa que
tenemos libertad de expresión.

h) Por que no encuentro estacionamiento, porque significa que tengo auto.

i) Por los gritos de los chicos, porque significa que puedo oír.

j) Por la ropa que tengo que ordenar, porque significa que me puedo vestir.

k) Por el cansancio al final del día, porque significa que fui capaz de trabajar duro.

l) Por el despertador que suena temprano todas las mañanas, porque significa
que ¡¡estoy vivo!!.

Y finalmente, por la cantidad de mensajes que recibo, porque significa
que tengo amigas y amigos que piensan en mí.