domingo, octubre 25, 2009

MI viejito

Hace tiempo...
Hace tiempo que no escribo de él.

Él.
Mi viejito.
Las calles se quedaron vacias, mis paseos se quedaron huecos, la mesa de aquel café Jamaica se quedó vacia... de nuevo.

Y a mis dedos les cuesta escribir sobre él, por que vuelven los miedos, vuelve aquel dolor, vuelve el olor a desinfectante, a silencio de pasillos infinitos, noches eternas que nunca terminan en un amanecer, vigilia en un sofá...

Un día llegó le vi apagado, sus ojos perdidos, su labios se abrieron.

-¿que tal mi amigo?-

Me dijeron un silencio, ese que no trae nada nuevo, roto por un palabra: cancer.

"No vayas a verme, no quiero, dicen que aún están a tiempo, que quizás la quimio me afecte, pero tenemos más cafés pendientes..."

Yo lloraba y él... era él el que me animaba, le miro y suspiro, y veo como vuelven esas noches, rezar cuando ya no queda tiempo, maldecir a un Dios que a veces se olvida de lo que es la justicia, y desear que pese a todo, sólo sea un sueño.

Pero llega el momento, en que la vida se lleva lo que más quieres, y te deja ese vacio que nunca podrás llenar, esa extraña sensación de que lo que parecía eterno ya no está.

El recuerdo de mi padre se cruza con el recuerdo de mi viejito, él aún sigue aquí, cumplí mi promesa y no he ido a verle, aunque algunas tardes como hace años, subía al circular dirección Moncloa, y bajaba frente al hospital Fundación R.Jimenez, alzaba la vista y alli pequeñito veía las habitaciones, desde fuera que distinto parece todo, desde dentro...

Luego alguien con una bata blanca, me decía como se encontraba, y entonces dudaba si subir o no, miraba el ascensor, y daba la vuelta.

Me quedaba el consuelo de pasear por la calle princesa, con mi música, llegar a Plaza de España, cruzarme con miradas y gente que fluye como sombras. Subir hasta Callao, de pronto una mirada, alguien aparta la vista, otro sonrie, y sientes que la vida se abre paso de extraña manera entre la tristeza y el adios, quien sabe si mañana, puede que mañana...

Ayer volví a hacer el camino, bajo el sol de un otoño que ya llegó, visitas de domingo al hospital, y busqué la bata blanca, y por un momento cuando en la pantalla no aparecía su nombre, el tiempo se detuvo, lo suficiente como para sentir un aliento gélido, y luego sus palabras...

"Le han dado el alta, parecer ser que ha tenido suerte, aún tendrá que hacer mucho reposo"

Suerte... buscamos en la palabra "suerte" y a ella nos agarramos como si nos fuera a salvar de un naufragio, "si tengo suerte", " ha tenido suerte", pero tambien la lanzamos la pisoteamos y la odiamos cuando algo no sale bien... "maldita sea mi suerte"

¿Tiene suerte mi viejito? ¿La tuvo mi padre?, no creo, la vida es así, juega entre las esquinas unas veces guiña un ojo, otras se rie, y otras ... desaparece...

Como un juego, unos se mueren cuando mas les gustaría aferrarse a la vida, y otros deseando irse sin que llegue ese tren.

Sólo deseo que un día cualquiera, cuando me asome al viejo café y en su puerta se amontonen los recuerdos, de cafés a toda prisa en mañanas de invierno, de esperas en la boca del metro, una mano me salude, unos ojos me hablen y de sus labios vuelvan a salir aquellas historias que fuí metiendo en mi mochila, como compañeras de viaje, viaje que sólo son paseos por mi Madrid, sin los cuales, quien sabe, problablemente no seria nadie.

viernes, octubre 09, 2009

El coleccionista de rarezas

Había oido hablar de él, pero nunca lo había visto.
Pensaba que era como esas leyendas urbanas, donde alguien dice que le han dicho que un amigo de otro amigo ha visto o vivido algo, pero nunca es el protagonista el que cuenta el suceso.

Y yo escuchaba con atención cuando me contaban cosas de él, pero siempre con incredulidad.

Pero un día...

Iba caminando de vuelta a casa, bajaba por la calle envuelto en mis pensamientos, con los cascos puestos, cuando siento que me agarran del brazo, asustado me giro y ante mi veo a un hombre de unos cuarenta y tantos, con una camisa blanca y unos vaqueros envejecidos. Me sonrie. Me quito los cascos y le saludo.

- Hola, dime..
- Hola. - Me contesta, y acerca a mi cara un botella de cristal vacía, la abre.
- Podrías susurrar algo bonito dentro de la botella, estoy coleccionando frases bonitas.

En ese instante me doy cuenta de que todo lo que había escuchado era real, que aquel personaje al que todos tildaban de loco, existía de verdad, "el coleccionista de rarezas" le llamaban alguno. Su sonrisa me pudo, e inclinandome sobre la botella susurre unas pocas palabras. Él cerró la botella rápidamente, se la puso a la altura de los ojos, la zarandeó un poco, y volvió a sonreir.

- Gracias, ya tengo todo.
- Espera un momento, - le dije - ¿que tienes?
- ¿No lo ves?, susurros, bellos susurros de sueños y nostalgias, te ví y sabía que tú me darías uno, Y aquí esta junto a los que me dieron en la puerta del instituto una chica de bellos rizos morenos, dos chicos, y una mujer con un bebe.

Me quedé mirándole, por un momento quise decirle que la botella estaba vacía, que no había nada dentro de ella, pero ¿quién era yo para romperle sus sueños?, quizás me vendría bien que me diera uno de ellos.

- Y dime, ¿que más cosas coleccionas?, es cierto ¿que tienes cosas que nadie guarda ya?
- Si, siiii, tengo un montón de cosas en mi casa,- parecía un chiquillo excitado - tengo un tarro lleno de besos, una jarrón cerrado para que no rebose de espuma de mar, si acercas el oido puedo oir las olas. Una caja de madera repleta de sueños, en otra botella de cristal tengo un montón de miradas enamoradas, por la noche cuando apago la luz se encienden e iluminan toda mi habitación...
- Pero, ¿ de donde coges esas cosas?
- Uysss, si te fijas hay un monton de sitios de donde cogerlas, las miradas enamoradas las tomo del metro, cuando se miran algunos viajeros que ni se conocen pero coinciden día a día, mes a mes, las tomo del parque del Retiro cuando el sol de otoño aún calienta y deja atrás el verano, del parque donde van los niños a jugar con sus padres y estos los miran para que no se hagan daño... de la estación de Atocha cuando el tren parte y se despiden, de allí cojo muchas cosas. Tengo una jarrita llena de lágrimas de despedida y otra cajita llena de sonrisas de felicidad, tengo una bolsita llena de ritmos de latidos, esa la llené cuando vi a una pareja que fugazmente quedaba en la esquina de una tienda en la estacion de tren, ella llegaba corriendo, él llevaba esperandola un rato, sólo tenían un instante para verse, y yo abría mi bolsa y recogia los latidos de sus corazones, al principio los de él eran rápidos, latidos de espera, y los de ella llegaban cargado de prisas, luego como si existiera un hechizo entre los dos, mientras se besaban, los latidos se acompasaban en uno, mi bolsa se iba llenando de ellos, hasta que ella tenía que salir corriendo de nuevo, él se quedaba mirandola con una sonrisa de felicidad, a él tambien le he cogido para mi colección unas cuantas, y creo que guardé una o dos lágrimas suyas.
Pero no sólo colecciono esas cosas, tengo más, tengo un cajón lleno de hojas de otoño, rojas y doradas, que cuando llega la primavera se visten de verde, guardo gotas de lluvia de los días que hay arco iris, por que cuando las pongo al sol reflejan en mi pared todos los colores.
También tengo guardado bajo llave en un armario, en cajas de zapatos recuerdos, hay recuerdos inolvidables que cuando me siento triste los veo una y otra vez, en otra cajita guardo aquellos recuerdos dolorosos, pero esa caja no la abro, sólo la tengo pra acordarme que también existen.
Y luego una de las cosas que más me gusta es el último cajon de mi cómoda, lo tengo lleno de arena de playa. saco el cajón y esparzo la arena en el suelo suelto un poco de espuma de mar de la jarrita y suelo hacer algún castillo de arena como cuando era niño, luego cojo una pala y vuelvo a guardar la arena en el cajón.
Tengo entre mis libros fotos amarillas de un viaje precioso, a veces cuelgo las fotos de la pared, le pongo su banda sonora y si cierro los ojos estoy allí otra vez.

Estaba mirándole perplejo, no sabia que pensar, si en realidad era un loco, o era la persona más cuerda que había visto en mi vida, me dejé llevar y le dije:

- Si me esperas aqui un momento tengo algo para tu colección.
- ¿Para mi colección? ¿Estas seguro?
- Si, si, espérame un momento.

Corrí hasta casa, solté la mochila, y metí en una bolsa lo que quería darle.
Volví.
Desde lejos le ví, estaba hablando con un viejito, cuando me acerqué me enseñó su bolsillo.

- Mira, mira lo que tengo del ancianito.
-A ver...
- ¿Lo ves? Son gramos de dulzura y de ternura, de paciencia y de experiencia. pero dime ¿que me traes?
- Bueno, no sé si esto llegará a la altura de todo lo que tu coleccionas, pero te traigo una frasca, es mi "frasca de palabras", está llena a rebosar, y puedes abrirla y desparramarlas por el suelo, con ellas puedes viajar, puedes sentirte un guerrero en busca dde tu princesa, o ser un astronauta en una postal de navidad, puedes ... puedes soñar, ¡¡¡ sí, eso soñar !!!

Se quedó un momento mirándome, por un instante pensé que me iba a llamar loco, pero se abalanzó sobre mi, y me abrazó,

- Gracias, gracias, es de los mejores regalos que me han hecho en mi vida, no se como agradecertelo...
- Ya lo has hecho, contándome las cosas que coleccionas, me has hecho sentir

Le dí la frasca, él la tomo y la guardó en la bolsa con todo lo que llevaba, de nuevo me dió las gracias y sonrió.

- Me voy, tengo que ir a casa a dejar todo esto, y colocarlo.
- Si, llévalo con cuidado ¿vale? y espero volver a verte.
- Seguro que sí, muchas gracias de nuevo. Adios, hasta pronto.

No le volvía ver más, cuando conté lo que me había pasado, mis amigos me tomaron por loco, pero yo estaba seguro de que era real.
Unos meses más tarde me encontré con aquel viejito que había estado charlando con él, le pregunté por el chico, su cara se entristeció.

- Dicen que una mañana le encontraron muerto en su habitación, sobre el suelo había un enorme castillo de arena, todo ello decorado con palabras, de la pared colgaban fotos viejas, y un gran arco iris cruzaba la habitación, me dijerón que había un monton de cajas, botellas y jarras abiertas, pero lo más extraño de todo, era que sus ropas estaban empapadas de agua de mar, y que sonreía, sonreía como un niño. quizás es que siempre fué un niño, pero yo no creo que haya muerto, seguro que sigue escondido en alguna esquina del parque, o de la estación del tren con sus bolsas y sus botellas a la espera de guardar algo más para su colección. ¿Y usted que cree?

Por mi rostro una lágrima caía, la atrapé entre mis dedos.

- ¿Yo? yo ceo como usted, que en algún lugar sigue vivo, recogiendo todas esas cosas que nosotros soñamos.

Y saqué del bolsillo una botellita de cristal, metí aquella lágrima y volví a casa.

Sobre las aceras de Madrid, el sonido del mar rompía contra el asfalto.

lunes, octubre 05, 2009

El juego

Había recibido aquel sobre como el principio de un juego.
Todo por ser aceptada en aquel círculo que todos decían que era un privilegio pertenecer.

No fue muy difícil, ella podía presumir de su belleza, y de su cuidado cuerpo, ya sabía que aquello le habría muchas puertas, lo más extraño de todo fue el cuestionario, preguntas extrañas como aquellas que concernían a su vida privada, ¿Tienes novio? ¿Viven tus padres?...
Pero ella hizo caso a la persona que hacía de cicerone, era la única forma de entrar, ir de la mano de alguien.

Una vez que la aceptaron el siguiente paso era esperar ese sobre que tenía entre sus manos, donde el juego daba comienzo.
Abrió el sobre, en sus manos una hoja pequeña temblaba, como si las letras hubieran empezado a bailar.

Leyó la carta, era una invitación a "su" fiesta, una fiesta de presentación. Todo un misterio, pues sólo indicaba el lugar, la hora y la forma en la que debía vestir.

Aquellos días fueron eternos, en su cabeza sólo estaba ese día, esa presentación ,esa fiesta. Sobre la cama yacía el vestido que le habían mandado. Se lo probó sólo una vez, sobre su piel cayó la gasa blanca como lo hace la nieve sobre la cima de la montaña.

Cuando su cicerone fué a buscarla, no pudo frenar un gesto de sorpresa y aprobación, realmente su belleza llamaba la atención, y ese vestido se ajustaba a su cuerpo haciendolo aún más deseable. Ella sonrió maliciosamente.

Él abrió la puerta de aquel coche negro, y con una leve inclinación de cabeza ordenó al chofer que emprendiesen la marcha.
Sirvió dos copas de champan y brindó por esa noche, la noche de su presentación, ella se ruborizó un poco, los nervios se enredaron en sus manos.

Llegarón. Ante ella una gran mansión se alzaba imponente, por los ventanales podía oir las voces y la música de una fiesta que ya había comenzado. Él tomo su brazo y la acompaño hasta la puerta principal, allí la dejó mientras otra persona que ella desconocía la introdujo en el amplio salón, por un instante se hizo un silencio, algunas miradas la recorrieron, sabía que había causado el efecto deseado.

Le fueron presentando a los invitados, algunos de los cuales conocía por la televisión o la prensa, nunca pensó que podría llegar a alternar con tan selecta gente.

El tiempo fué pasando entre presentaciones, y copas de champán, alguno de los invitados se atrevió a tomarla de las manos y sacarla a bailar, lo que ella aceptó complacida.

Cuando de un gran reloj empezarón a sonar las 12 campanas, la música cesó, todo el mundo se mostraba expectante, justo en la última campanada las puertas se abrieron dando paso a un hombre de porte elegante, ella calculó que pasaría de los cincuenta, pero se conservaba bien.

Se acercó a ella despacio, y cuando estuvo a su altura, extendió sus manos, tomó las suyas y la música volvió a sonar.

La gente se abrió en circulo mientras ellos dos bailaban, ella se dejaba llevar, en su cabeza una suave niebla de alcohol iba cubriendo sus sentidos, las manos de él se deslizarón por su espalda descubierta, ella siente calor, un placer extraño que crece en su interior.

Él tira de los tirantes de su vestido que cae al suelo como una hoja de papel, siente rubor pero la niebla avanza en su cabeza y la adormece, siente como él se pega a ella su manos acarician su piel y sus pechos, bajan, los dedos de él se entrelazan en su tanga y de un tirón se lo arranca.

Ella intenta taparse, negarse, pero la niebla se enrosca en sus muñecas, en su brazos, y estos caen dejando ver su desnudez a todo el mundo.

Él la toma y la lleva hacia una mesa donde la tumba, a lo lejos ella oye unos murmullos, pierde la conciencia del momento y el lugar, percibe que aquel hombre se ha desnudado, sus manos acarician su cuerpo, siente sus dedos en su sexo, pequeñas oleadas de placer la sacuden...

Pierde la noción del tiempo, aunque sigue consciente, él la ha poseido, sobre la mesa, descansa y vuelve hacia ella, siente que le separa las piernas le roza suavemente y entra de nuevo en ella.

Se agita sobre ella, la niebla ahora llega cargada de placer, un placer que la recorre, se muerde los labios intentando no gemir.

Una mano acaricia su cuello y siente que la presión va aumentando, intenta pararle pero no puede, el placer se va perdiendo igual que su aliento,
mira a su alrededor, borrosas figuras aplauden. La mano se cierra sobre su garganta, intenta dar bocanadas de aire, con la esperanza de que sólo sea parte de ese misterioso juego, pero el placer ya ha desaparecido, y todo empieza a oscurecerse, todo se vuelve negro...

y la niebla deja paso a la noche oscura.

jueves, septiembre 24, 2009

Frasquita de palabras

Quería darte algo, algo que no fuera comprado, ni envuelto, ni fabricado.

Quería darte algo y limpié de cosas mi mesa de madera, aquella que se ha vestido de gala algunas noches, y puse sobre ella una hoja blanca como la espuma del mar, y un lápiz.

Quería darte algo cuando me puse a ecribir, quería darte una historia de un viejito por las calles de Madrid, o la historia de la niña del bosque y el niño del árbol, o escribir sobre aquel hombre que se perdió buscando el origen del arco iris.

Pero...

Cuando pensé que quería darte algo, sólo supe escribir palabras.

"tú" "yo" "complicidad" "sol" "nubes" "risas" "sueños" "pueblos" "mar" "luna" "noche" "beso" "volar" "patatas fritas" "bailar"
"niños" "amar"

Intenté ser como la costurera de palabras, y con ellas tejer una bonita historia. Por que quería darte algo.

Quería darte algo y miré aquellas palabras, entonces se me ocurrió una idea, de esas que tan pocas tengo, pero que algunas veces corren y se dejan atrapar.

Y volqué las palabras en una frasquita que tenía en mi alacena.

Quería darte algo y ya lo tengo.

Una frasquita con palabras para que cuando estes alegre la abras y las lances a la hierba mojada, y juegues con ellas escribiendo poemas.

Una frasquita llena de palabras para que cuando tengas ganas de bailar, las ates al hilo de una cometa y las veas volar.

Un frasquita con palabras para que cuando te sientes sola la abras, y escribas historias de sol y lunas, de paseos por la playa buscando pequeñas conchas , de tu y de mi.

Un frasquita llena de palabras para que cuando estes triste y con ganas de llorar, la abras y llores sobre ellas por que no destiñen, y compongas historias que te hagan sonreir.

Quiero darte un frasquita llena de palabras para esas noches de insomio, para que la abras y las desparrames por la sábana y la almohada, para que te susurren historias que te hagan soñar.

Quiero darte una frasquita llena de palabras para cuando yo no esté, para que las cojas y escribas, por que aunque no me veas sigo estando ahí.

Una frasquita llena de palabras para cuando te enfades conmigo, hagas un tirachinas con la "Y" y me las lanzes a la cabeza.

Una frasquita de palabras, para que cuando quieras la abras y cojas algunas, las metas en tu bolsillo y las saques a pasear.

Una frasquita de palabras para que las cuelgues como la ropa de tender.

Una frasquita de palabras para que la pongas una banda sonora.

Quiero darte una frasquita de palabras para que por la noche puedas contar historias a los niños, de castillos embrujados por hadas buenas, de caballeros salvados por princesas guerreras, donde el amor dura, lo que dura el amor.

Quiero darte una frasquita llena de palabras, para que la pongas al lado de la televisión y cuando la apagues, puedas verlas como bailan a la luz de las velas.

Quiero darte una frasquita llena de palabras para cuando te sientas enamorada, la abras y te las pongas encima como un perfume, para que te vistas de belleza y te desnudes de amor.

Una frasquita llena de palabras, para que escribas cartas, o mails, o sms.

Una frasquita llena de palabras, para que vistas la mesa de "manteles blancos" y "patatas fritas" y "lambrusco".

Quiero darte una frasquita llena de palabras para que de vez en cuando bebas de ella, y dejes que en tus labios se prendan las palabras.

Una frasquita llena de palabras, para que escribas mil y una historias o una y media historia,y las leas y las regales.

Quiero darte una frasquita llena de palabras para que cuando te asomes a la ventana a ver las estrellas la abras y dejes que una a una vuelen hasta la luna.

Te quiero dar una frasquita de palabras donde siempre, siempre ,estén "tu", "yo", "complicidad", por que así no tendré que escribirte más historias, que quizás no te gusten por que aparece la palabra "nostalgia", y por que así, sabré que podrás escribir la mas hermosa de las historias el dia que tu quieras.

Una frasquita llena de palabras donde sólo falte la palabra "miedo", para que nunca más la escribas, para que nunca más la digas.

Y por esto y por mucho más, quiero regalarte una frasquita llena de palabras.

Niko
www.albatrosland.es

lunes, septiembre 14, 2009

Mails

Imprimió sus mails, esos mails de amor que mandó y nunca le fueron devueltos.

Los imprimió en color.

Y cada vez que pulsaba la tecla intro, sentía que su corazón dejaba de latir.

Cuando los tuvo todos, hizo aviones de papel.

Ilusiones y sueños con alas.

Abrió la ventana.
Los lanzó.
Uno a uno aquellos email volaron.

Se quedó mirando como planeaban en el aire, suspendidos en el tiempo.
Era un dia azul de un azul tan intenso que se convertia en verde esmeralda.

Nico
www.albatrosland.es

miércoles, septiembre 02, 2009

el anciano

Estaba allí tumbado.
A estas alturas de mi vida, y queriéndome broncear un poco con el sol de Levante.
El sol abrasa. Siento el calor correr por mi piel.
Me doy la vuelta y le veo.

Es un anciano, camina lentamente sobre la arena, llega sin nada, no se baja toalla, o silla o sombrilla, con sus pantalones cortos y una camisa, busca un sitio donde sentarse en la arena.

Lo hace.

Le veo como mira a la gente de su alrededor, detiene su mirada en los niños, les ve como juegan en la orilla, como meten sus pequeños pies en el agua, alguno se atreve a intentar coger esos pececillos que surfean entre el agua y la arena.

Y él se ve reflejado, cuando ya hace años, en ese mismo lugar de pie esperaba a que una pequeña ola, como una mecedora arrastrase a uno de esos pececillos y al llegar el momento de volver al mar, la palma de su mano en un rápido movimiento saca al pez del agua, corriendo lo coge y lo mete en su cubo.

Imagino que piensa que nada cambia, a pesar de los años, todos somos niños.
Sigue mirando, se para en esas familias, que asientan su sombrilla, despliegan las sillas y untan a sus peques de crema protectora. Tengo la sensación de que su mirada brilla y se rompe y unas lágrimas quieren saltar de sus ojos para jugar con las olas.

Toma un puñado de arena entre sus manos, y con los dedos va apartando los granos, es como si tuviera su vida atrapada, llena de granitos que fueron aquellos errores que cometió, unos grandes que fueron marcado el camino,, otros chiquitos, quizás pudo aprender de ellos, y entre esos mismos granos de arena, encuentra unas pequeñas conchas, quien sabe, quizás piense que fueron los regalos que le otorgó la vida.

A veces entre tanta arena uno los pierde y no sabe aprovecharlos.

Ha encontrado una caracola, suelta la arena de sus dedos y con un pañuelo la limpia, sonrie, y en su sonrisa puedo ver el peso del tiempo. Se la acerca al oido y cierra los ojos, me gustaria saber que oye, quizás el rumor de un mar lejano, de otras tierras, quizás el susurro de un te quiero, el suave roce de unos labios.
Yo también cierro los ojos por un momento e intento escuchar, y de mi frasca de cristal saltan voces y sonidos...

Cuando abro los ojos, el anciano ya se ha levantado, lleva la caracola en sus manos, y se acerca a la orilla, creo que va a lanzarla al mar, de regreso a su hogar.... pero no, se detiene pensativo y por un momento duda... se gira, ve a una pareja con una niña pequeña, y se acerca al padre, habla con él, el padre le mira extrañado pero sonrie, veo al anciano agacharse hacia la niña y entregarle la caracola, se la pone en el oido y la pequeña se echa a reir, la madre se acerca, y toca la mano suavemente del anciano dándole las gracias.

Y él la mira, su mirada se posa en los ojos de ella como lo hace el otoño sobre la copa de los árboles, toma la mano de ella en las suyas y le da las gracias.

Se va.
Sin mirar atrás.

No puedo evitar un halo de tristeza, quizás yo tambien me estoy volviendo mayor, quizás no dentro de mucho tiempo, yo visite una playa y sea como ese anciano, que hunde sus manos en la arena para ver entre los granos mi vida.

Nico
www.albatrosland.es

viernes, agosto 07, 2009

La costurera de letras

Hola ¡¡

A los que me leen, a los que me dejan comentarios, a esos anonimos que escriben, a los que no dejan nada, a los que pasan y pasaron por aqui...

os deseo un feliz verano, yo me voy 15 días a la playa a descansar relajarme meditar y pensar...

os dejo mientras regreso mi último cuentito

un besito.

La costurera de letras

Nació pobre.
Entendamos por pobre, que su casa era un espacio reducido para sus tres hermanos y sus padres, pobre cuando su padre trabajaba mas de 10 horas al día por un ínfimo sueldo, y su madre cosía y zurcía para completar ese sueldo, y aún así a duras penas llegaban a fin de mes.

Pobre cuando llegaba la navidad y la mayoría de las veces no la celebraban como los demás, pobre cuando por su cumpleaños recibia algún regalo de segunda mano.

Pero ella supo que eran realmente pobres cuando no pudo asistir al colegio, a cambio recibió un cuaderno, un librito de caligrafía y un lápiz.

Por la noche cuando su padre arrastraba su cuerpo hasta la silla, la llamaba, ella corría, se sentaba junto a él, abría su cuaderno y dibujaba pequeños garabatos, que querían ser letras. Los ojos de su padre a veces brillaban a la luz de las velas, ella se quedaba mirandolos fijamente, y él apretaba sus dientes para no echarse a llorar, cómo le hubiera gustado que pudiera ir al colegio, en ella había algo especial, como un don, pero sólo él lo sabía.
Desde la cocina, su mujer, una noche más, les gritaba: "¿Ya estas con las enseñanzas?, de qué te ha servido a ti, anda, déjala que tiene que aprender otras cosas de más provecho". Su padre la miraba, sonreía y le hacía un gesto como diciendo "no le hagamos caso, tú sigue con las letras"

Y ella agarraba el lápiz como si fuera el hilo de una cometa, e imaginaba aquellos garabatos dibujados sobre el algodón de las nubes, un palito y un redondel, la "b", un puntito y un palito corto la "i"...

Después cerraba su cuaderno, cogía el lápiz y los guardaba en su cajita, junto aquella muñeca que un día su madre cosió, con dos botones por ojos. Entonces se sentaba encima de las piernas de su padre y le pedía que le contará un cuento.

Él empezaba con un "erase que se era..." y ella veía sobre la pared como se dibujaban castillos de princesas olvidadas, dragones que volaban echando fuego por la boca, y un principe a caballo con su reluciente espada luchando contra los hechizos de brujas malvadas.

No todos los días eran el mismo cuento, a veces el padre le contaba como había sido de joven, sus sueños, aquellos prados verdes, correr por el bosque para bañarse en las aguas heladas del rio, cuando aún uno podía atrapar los sueños con las manos...

Aquel invierno fué duro, el frió se instaló en los pulmones de su padre, castigados por el hollin de la mina y el polvo de las pinturas.
Parte del dinero que tenían se lo llevaron las medicinas, tuvo que dejar de trabajar.

Postrado en la cama, la impotencia le devoraba.

Cuando caía la noche y la fiebre le subía, la niña se acercaba a él, miraba a su madre y noche tras noche preguntaba: "¿Se pondrá bueno, verdad mama?". Luego le tomaba la mano y le contaba como habia sido el día, si el sol había jugado al escondite con las nubes, o si por el contrario las nubes habian desfilado por el cielo, cuando terminaba, recordaba los relatos del padre, y ella como si los cosiera uno a uno, montaba su propio cuento.

Con el paso de los días, la situación económica se fué haciendo má precaria, y la madre no tuvo más remedio que coger a sus hijos y ponerlos a trabajar, cuando le llegó el turno a la pequeña, la madre se sentó frente a ella y le dijo:

- "Aún eres muy pequeña para salir a trabajar, asi que tienes que aprender a coser, debes de dejar de perder el tiempo con los dibujos y las letras, por que necesito que aprendas rápido, para que mientras tu zurces las prendas yo pueda cosar las demás"

Y así fué, aquel don para aprender las cosas le ayudó, al poco tiempo la niña zurcia calcetines, cosia remiendos, sentada junto a la cama de su padre, ella enhebraba la aguja mientras le hablaba.

Cuando todos se acostaban, ella encendía una vela, cogía su lápiz su cuaderno y seguía dibujando letras, pronto aprendió todo el alfabeto, así que un día salió a la calle, y entre la basura encontró un periódico. Lo escondió y cuando su madre salió a entregar la ropa, ella le pidió a su padre que la enseñara a leer.

- "Por favor, papa, enséñame a leer, pero para que no se enfade mamá hazlo cuando ella no esté en casa"

Y así entre hueco y hueco, el padre le fué leyendo el periódico y enseñádola a leer.
Al poco tiempo la niña se lo aprendió de memoria, por lo que el padre a pesar de sus pocas fuerzas, dijo que tenía que salir a pasear, que allí dentro se le estaba olvidando como era el azul del cielo.

La mujer refunfuñó lo suyo, pero él no le hizo caso y salió.

Regresó tres horas después, ni la bronca que le echó su mujer pudo calentar su piel.

Cuando la niña se sentó a su lado para empezar a coser, el padre sacó debajo del colchón, un libro.
La niña lo miró.

- "Pero, papá , ¿de donde lo has sacado? "
- Ya no puedo fumar, mis pulmones no dan más de sí, asi que he cambiado mi pipa por el libro, no se lo digas a tu madre o tendremos una buena.

La niña abrazó a su padre, emocionada mojó las mejillas de él, y él la apretó contra su pecho, "ójala, ójala pudiera haberte dado más", aquellas palabras nacidas en su mente se fueron clavando en su alma.

Así fué como la niña aprendió a leer, y a amar los libros, aquel primer libro, donde un hombre debía recorrer el mundo en globo en solamente 80 días.

Ya no sólo sabía escribir a duras penas, sino había aprendido a leer. Y necesitaba más.

Una tarde mientras cosía, le contó a su padre lo que había soñado.

"Estaba en aquella habitación, él le pedía que le contase un cuento, pero no un cuento remezcla de lo que ella había oido, tenía que ser un cuento inventado, que le naciera del interior. Y de pronto, entre sus manos las agujas se convirteron en lápices y el hilo en letras, empezó a coser pero no cosía tela, sino que eran letras que se convertian en palabras, las palabras en frases y así tejió uno de los más bellos cuentos que el padre había escuchado."

El padre maravillado, le dijo que si se acordaba del cuento, ella dijo que no, que sólo recordaba lo que le había contado, y lo más maravilloso de todo, que podía tejer con palabras.

Entonces el padre le pidió que cogiera las agujas que las enhebrase y que pensase que el hilo eran letras.

Ella lo hizo y cuando junto la aguja, el hilo se convirtió en una larga lista de letras, que ella empezó a tejer, el padre tomó el lápiz y el cuaderno de ella y las fué escribiendo.


Asi la niña hizo su primer libro, tejió la historia de un espantapájaros, que vivía junto a un árbol, donde había un niño, un niño que vivái en el árbol y al que el espantapájaros llamana "el niño del árbol".


Al entrar en la habitación la madre se enfureció, allí estaban las agujas, más la pequeña no habia cosido nada, como castigo tendría que llevar la ropa cosida, entregarla y cobrar por ello.

Al salir la madre, el padre le dió el cuaderno.

-Guardalo, mañana volverás a tejer otro cuento para mi, ¿prometido?
- Si papa, prometido.


Pero la madre regresó demasiado pronto con la ropa, la niña tuvo que ocultar el cuaderno entre ella y salió corriendo.


- ¿Cómo se te ocurre darle alas a su imaginación? No ves que con tu enfermedad casi no tenemos para comer, he tenido que vender algunos muebles y aún así no se lo que va a pasar, no quiero que te mueras, pero para ello debes alimentarte y si sigues distrayendo a la pequeña ¿cómo va a hacer su trabajo?

- Pero... pero es que sólo es una niña.

- Yo también lo era cuando empecé a trabajar, a veces la vida es dura, por favor ya se que no queríamos esto para nuestros hijos, pero no nos queda otro remedio.


Los dos se abrazaron.

Las paredes de la habitación se pintaron con las mudas lágrimas de la desesperación.


La niña entregó la ropa, cobró por ella y regresó a casa lo más pronto que pudo, pero al llegar se dió cuenta que no tenía el libro, ya caía la noche y no podía salir a buscarlo.


Entró en la habitación del padre y se lo contó.


- "No te preocupes, mañana a primera hora salimos a buscarlo, ya verás que lo encontramos"

- "Pero papá tu no puede salir..."

- "Si que puedo, iremos los dos juntos"


No terminaba de decir esto, cuando llamaron a la puerta, la madre abrió, pero desde allí no podian oir lo que decía, de pronto, entró en la habitación.


- "Es mejor que vengas conmigo, pequeña, y tu haz un esfuerzo y levantate, tambien debes venir."


Sobre la mesa estaba el cuaderno de la niña, y sentados el matrimonio donde la niña habia llevado la ropa.

La madre preguntó:


-"¿es este tu cuaderno?"

La niña miró al padre, luego a la madre.

- "Sí, mama"

- "¿Has escrito tu esto?"

- "Bueno yo.. no... en realidad..."

- "Lo he escrito yo, pero ella fué la que contó la historia, yo sólo la puse sobre el cuaderno."- dijo el padre.


- "Queremos comprarle el cuaderno" - dijo el señor.
- "Es un cuento tan hermoso..." - dijo la señora.

Fué así como la niña escribió y vendió su primer cuento.

Y escribió más libros, y su familia dejó de ser pobres, lo que nosotros entendemos por pobres, ella acudió al colegio, aprendió a leer y escribir con facilidad, leyó y leyó, y cada tarde se sentaba al lado de su padre cogía las agujas, el hilo, y por extraño que pueda parecer este se convertia en letras, letras que ella tejia en hermosos cuentos.

Y fín.

martes, agosto 04, 2009



"Tengo unas letras encendidas que por la noche se apagan, algunas noches me despierto buscando el interruptor para volverlas a encender"


Hay una puerta tras mi puerta, una que sólo se abre a veces, y tras ella otro mundo.
Donde nada existe, dónde sólo el día tiene un valor, el valor de vivirlo.
No hay lastres, no hay ataduras ni desos de tener mas que aquello que el simple ser humano anhela, una sonrisa un abrazo... vivir.

Verde y negro.
Tubai, minti, pen.

Sentirse privilegiado y a la vez mezquino, porqué yo y no él. Y sin embargo con sólo mirar y con sólo sonreir, pintan el mundo de un color que nunca ví.

Hay una puerta tras mi puerta, una que invita a ser abierta, dónde puedes encontrar lo peor de la raza humana y también lo mejor. Un mundo que uno cree que sólo existe en 625 líneas.. cruza la puerta, está allí, palpitando...

Hay una puerta tras mi puerta.. sólo tienes que cruzarla... tubai. minti..

y unos ojos negros y una sonrisa...

PD: Dedicado a Luis "elnota" de la Taberna del Nta en Gambia, sólo por personas como él uno vuelve a creer.

miércoles, julio 15, 2009

La hoja y la estrella

Un árbol.
Unas ramas.
Y en las ramas unas hojas.

Una estación.
Otoño.

Y las hojas caen.

Con una ligera brisa, llevándoselas lejos de allí.

Lejos. Muy lejos.

Sólo una hoja.
Una hoja sólo.
Que se aferra al árbol.
Árbol que tiene sus raices clavadas en la tierra y no se mueve.

Pero al final la hoja cae, amarilla, en un leve balanceo hasta al suelo, lo mas cerca del tronco, abandonando la rama, sin dejar el árbol.

Arriba.
Un poco más arriba.
Más aún.

Una estrella cae.
Simplemente cae, por que si, da igual el porqué, pero cae.

Y cae al lado de la hoja.
No mas allá, justo al lado.

miércoles, julio 08, 2009

unas letras antiguas...

Aunque es un relato corto y antiguo, a veces está bien recuperarlo....


La miró.
Mientras dormía.
Mientras dormía a su lado.

Y sus miedos, sus recuerdos y el dolor, se alojaron en sus pupilas.
Se sentía cansado y roto, demasiado dolor en aquel corazón desgastado pr el polvo del camino.

Abrió los ojos y vió en los de ella un mar a punto de desbordarse.
Su mano acarició la mejilla.

- No puedo prometerte la luna, pero si intentar bañarte con su luz, no puedo prometerte cogerte una estrella pero si acompañarte en su búsqueda, no puedo prometerte amarte toda la vida por que mi vida se hace diía a día, pero sí que mis días seran los tuyos, no puedo prometerte que todo los momentos serán azules pero si que estaré a tu lado los dias que sean grises.
No seré el mejor compañero, ni quizás el mejor amigo, ni siquiera la mejor pareja, ni el mejor amante, pero sé que a tu lado podría aprender a serlo.

Ella le miró por un instante, el suficiente para dejarse llevar de nuevo acercar sus labios a los suyos y dejar un simple beso.

lunes, junio 29, 2009

Gente

Hay gente que es y gente que no es.
Hay gente que jode y gente jodida.
Hay gente que sueña, y gente que no cierra los ojos.
Hay gente que se para y te mira, y gente que sigue sin verte.
Hay gente que nace para amar y gente que vive para que la amen.
Hay gente que mira y gente que ve.
Hay gente que escucha y gente que oye.
Hay gente que habla y gente que calla.
Hay gente que acompaña y gente que abandona.
hay gente que te de la mano, y gente que te la quita.
Hay gente que recuerda y gente que olvida.
Hay gente que es amiga, y gente desaparecida.
Hay gente que llega, se queda y se va, pero nunca se marchan y gente que llegan pero nunca se quedan.
Hay gente tonta que enamora, y gente que enamora tontamente.
Hay gente que tiembla y gente que hace temblar.
Hay gente que duele, y gente que calma.
Hay gente que sonrie y hay gente que llora.
Hay gente que vive y hay gente que muere en vida.

Hay gente que es simplemente es, y sin ellas el mundo no seria nada.

viernes, junio 19, 2009

Mandaré todo al carajo

Hay momentos en que uno mira atrás, a un lado o al otro, y siente que no está tan mal, que no tiene motivo de queja.
Sin embargo esa sensación amarga en la boca del estómago, esas ganas de darse de ostias con la vida, es algo irrefrenable, podría romper a llorar en cualquier momento, tanto como pegar un puñetazo en la mesa y mandarlo todo al carajo.

Y sin embargo ... no lo hago.

Veo esos rostros cansados todos los días en el cercanias, empujones de cuerpos muertos, olor a sudor, una pareja a lo lejos se come a besos, amor sobre sueños, y tengo envidia, ¡los envido joder, ¿y qué?! alguien en esos momentos diría "les quedan dos años" .... (¿verdad mi amigo?)
¿Será cierto?, tan breve es el sentimiento, o en este tiempo que nos toca vivir, ya no sabemos querer, somos como niños que nos casamos pronto del nuevo "juguete".

Sin embargo, me sigue encantando encontrarme con esa mirada, con esa sonrisa, con esa sensación de que todo está por llegar...

Pero hay momentos que me daría de ostias con la vida, mandaría todo al carajo.

Y sin embargo ... no lo hago.


Quizás sea por que de pequeño guardaba mis dientes bajo la almohada a la espera del ratoncito Pérez, y ahora guardo bajo ella los sueños, a la espera de que suene el timbre de mi puerta, y sean los sueños los que la abran.

Algún día os juro, que me daré de ostias con la vida, y mandaré todo al carajo.

miércoles, junio 10, 2009

Alas

Recuerdo de pequeño aquellos grabados de angeles blancos e inmaculados, donde lo que m.as me impactaba eran las alas que tenían.

Un niño con alas.

"los niños que mueren se convierten en angeles, en pequeños querubines"
"hay un angel con alas, con arco y con flechas, si te alcanza conoceras el amor"

Recuerdo aquellas noches de verano con la ventana abierta, el cielo estrellado, donde sólo puede ser asi, al lado del mar.
Soñando con esas alas, en poder saltar por la ventana y volar como un pequeño angel.

Nunca reparé en su bondad, en que los angeles debían ser inmaculados, los niños no piensan en esas cosas, más aún cuando ya se tiene la edad suficiente para ver la longuitud de la falda de las chicas, y el calor que produce un beso.

Pero yo seguía soñando con las alas, que más me daba ser un angel o no serlo, si de al menos pudiera tener esas alas y echarme a volar.

En algún momento alguien me robaba mis sueños, y mis alas se quedaban en la pintura de aquellos grabados, en la retina de mis ojos.

Pero incrédulo de mi, pensaba que las alas serían como los rabos de lagartija que de pequeño cortaba, "no te preocupes le volverá a crecer"

Y así crecí yo, pensando que por mucho que la vida me arrancara los sueños de tener alas, estas volverían a crecer.
Una y otra vez.

miércoles, mayo 27, 2009

Decían

Decían de él que era el último romántico.
Decían de él que era uno de los últimos caballeros.
Y quizás fuera así.

Gustaba de prepararse la ropa que iba a ponerse, desplagándola sobre la cama.
Era capaz de esperar en una esquina con tal de verla pasar, simplemente para cruzarse con su mirada.

Saludaba con un "buenos días" y una sonrisa, aunque fuera lunes por la mañana.
Siempre dejaba pasar primero y siempre cedía su asiento.

No cruzaba en el calendario los días de los cumpleaños, porque cualquier fecha le parecía perfecta para hacer un regalo.

Y sin embargo.
Sin embargo...

Su corazón se había roto demasiadas veces, ...tantas veces...
Que ahora sólo era un amasijo de pequeños trocitos.

Y él...

Él buscaba el pegamento que uniese aquellos trozos.

Lo buscaba,
en la comisura de unos labios,
en la silueta de una sonrisa,
en la espuma de las olas de un mar, de un mar verde esmeralda.

Decían de él que era el último romántico.
Decía de él que estaba loco.

Todo esto decían de él cuando recogieron los trocitos de su corazón de la arena.
Cuando él decidió perderse entre la espuma de las olas de un mar.
De un mar verde esmeralda.

viernes, mayo 08, 2009

Una historia...

Al píe de mi cama hay un gran arcón de madera envejecida por el tiempo.
Abro uno de sus cajones, e inspiro el aroma a nenuco, no sé como, pero nunca logré deshacerme de esa fragancia.

Entre mi ropa interior un lazo rojo abraza unas cartas, el tiempo se desliza entre sus letras, las palabras juegan entre los recuerdos, y una nube deja su lluvia en mi cabeza, gotas de abrazos, besos, promesas, que como la lluvia empapó mi corazón...

A su lado unas fotos antiguas amarillean, como lo hacen las hojas al saludar el otoño, Barcelona asoma en ellas, un puerto de mar, una sonrisa....

En otra una niña recorre la playa, tras de sí deja la huella de sus piececitos en la arena, busca caracolas que acercarse al oido para robarle al mar algo de su música...Mira a lo lejos, y en la arena con sus pequeños dedos escribe un "te echo de menos"...

Me miro en el espejo y sonrio, la vida no me ha tratado tan mal, he sentido el calor de sus besos, las caricias que me ha regalado entre mis piernas, me ha dejado el optimismo por vestido, y la soledad por compañera. Pero miro hacía atrás y siento el frió de las tardes que mueren en la luz de una bombilla y el eco mudo de una casa vacía, "como estas , que tal te ha ido el dia" sólo son frases escritas en el vaho del cristal cuando salgo de la ducha.

He salido corriendo, intentando huir de mis lágrimas en la arena, me he arropado con mis amigas, con besos furtivos en camas desconocidas, donde la ternura se esconde debajo de la cama y los amaneceres se apagan tras el cierre de una puerta.

Acaricio mis arrugas de los ojos, el tiempo corre por mi piel, pero en mi interior una niña salta de charco en charco, se columpia y persigue sueños como si fueran mariposas en un jardín de margaritas.

Siempre pensé que las prisas no son buenas, y ahora corro tras el tiempo para atraparlo entre mis manos, como si con ello pudiera reternerlo.

Guardo las fotos al lado de las cartas y cuando cierro el cajón sus letras caen al suelo, y forman castillos, castillos de arena como los que de pequeña construía en la playa hasta que una ola de mar los devoraba... Sueños devorados... devorados por el tiempo

Busco en los reflejos de mi espejo mundos lejanos, donde cuando se crece uno no deja de ser niño, donde la gente no te esquiva la mirada, donde no existen puertas que se cierran y si ventanas que se abren, donde si saltas con la suficiente fuerza logras volar sin que nadie te llame loco, donde mis lágrimas no se pierdan en el olvido, donde haya alguien que las recoja en la palma de sus manos.

Busco en mi armario y me visto con la mejor de mis sonrisas, me calzo con la fuerza de la ilusión, a pesar de que muchas veces haya gente que sólo vea mi vestido, y no lo que cubre, espejismos en desiertos de soledad.

Cruzo la calle, en mi bolsillo estan las caracolas que de niña robé a la arena, mudas, la música del mar perdió su compás. En el otro bolsillo llevo escrita una carta, palabras que jugaron al escondite un dia con mis labios, y se convirtieron en susurros no dichos.

Y llego a la playa, me descalzo, quiero sentir la arena bajo mis pies, dejo las huellas tras de mi como en la vieja foto de mi arcón.

Camino despacio y siento que el tiempo se detiene, y las agujas del reloj marcan el paso hacia atrás, y me regresan en un viaje sin maletas.

Saco las caracolas y las acerco a mi oido, la música ha vuelto a ellas, primero como un rumor que va convirtiendose en suave melodia. Sin pensarlo las lanzo al agua, donde quizas nunca debieron salir.

Y sonrio.

Camino mirando la arena, como si buscase entre ella las lágrimas que un dia dejé, acaricio la carta y la saco de mi bolsillo, la leo, leo sus palabras una vez más, palabras inacabadas, palabras que buscan otras palabras.

Carta sin remite, para que nunca sepas que fuí yo quién la escribió.

Como un naufrago, introduzco la carta en una botella, y la cierro en ella, me acerco a las olas que como en un diapasón van y vienen, vienen y van... la botella se queja entre mis manos deseando el abrazo de las olas, como si de alguna extraña manera regresase a su hogar.

Y la veo partir.
Perdiendose lentamente.

Me vuelvo, he recogido mis lágrimas de la arena y las he metido en mi bolsillo.

Ahora sé que un día volveré a encontrarte.

martes, abril 28, 2009

Nunca

Nunca...
es un pensamiento que se borra
cuando todo empieza.

Nunca...
es la palabra que se pinta en los labios
cuando todo acaba.

jueves, abril 23, 2009

Sueños

Sábanas desplegadas sobre una cama vacía, entre sus arrugas palabras que se cubren con el edredón.
Párpados que cierran el día como el telón que cae al acabar la función.

Horas, días, semanas, cruces en el calendario que se convierten en el relleno de mi almohada.

Y...

Hace tiempo, mucho tiempo, soñé un sueño... soñé con...

Pero los sueños se desvanecieron en el reloj, sin usarse, sin vivirse.
Aún sueño que mis sueños un diá volverán, y conmigo se quedaran, mientras en mis ojos todo perdurará.
Tengo la certeza que habrá sueños que nunca se cumplirán, y esos momentos me derrotarán.
Una vez soñé que mis sueños mi vida serían, más nunca llegué a pensar en lo lejos que de ellos me podría encontrar.

Esta noche soñaré que volveré a soñar.

martes, abril 14, 2009

El espantapajaros

Estaba alli clavado, sobre aquel campo de trigo y girasoles.

Estirado.
Inerte.
Con las brazos extendidos en perpendicular a su cuerpo.

La mirada... al infinito.

Echaba de menos en esa vision del "infinito" al "otro", un día amaneció y ya no estaba, asi sin más, y ese silencio le cubría del todo.

Un día, como otro cualquiera, mientras veía aquellos girasoles, una pequeña hada apareció ante sus ojos.

- Hola,hola

La miró fijamente y como no podia hablar, movió ligeramente la cabeza.

- Ya sé que no puedes hablar, que permaneces ahi todo el dia clavado, sin moverte, pero esta vez será distinto, voy a darte.... vida.

Y soplando insufló vida a aquel espantapajaros.

- Gracias.- contestó el espantapajaros.
- Ahora, podras hacer con ella lo que mas desees.

El espantapajaros sonrió, se sentia extraño, notaba que algo dentro de su pecho de paja hacia boom boom.
Sintio en sus brazos el posar ligero de unos gorriones, giró la cabeza y por primera vez en su vida sonrió.

Los gorriones, al ver que el espantapajaros se movia, salieron volando

Ahora ya no sólo miraba hacia el frente, pudo ver a los lados, pudo sentir que el mundo era mas grande.

A mediodia, unos niños se acercaron a él, y empezaron a dar vueltas, él escuchaba sus risas, miraba el brillo de sus ojos,y se sentia feliz, temía moverse no fuera a ser como los gorriones, que los niños se asustasen y salieran corriendo.
Y también, por primera vez, le dolió estar vivo.

Cuando los niños se marcharon, se quedo pensando, era un gran invento sentirse vivo, podia sentir el calor del sol en su cuerpo de paja, ver a los niños correr, y disfrutar del momento, pero también estaba aprendiendo lo que era la soledad, la nostalgia, el añorar, y en el fondo se preguntaba si todo aquello merecia la pena.

Un mañana, como otra cualquiera, cuando el creía que los niños se habian marchado, se movio un poco, se estiró y giró la cabeza para verlos desaparecer por el camino, y entonces alli abajo una pequeña niña de pequeños ojos,y pelo negro como el azabache, sonreia.

- Hola, señor espantapajaros
- Hola, vaya no te asustaste
- ¿Por que me iba a asustar?

Y ella sólo con su mirada, alejó un poco sus miedos.

Transcurrió la tarde, la niñita le contaba cosas de su cole, de su casa, de sus amigos, y él le hablaba del campo, de las clases de pájaros, de los dias de cosecha.

Y cuando se iba, sentía su ausencia, pero su corazon aún era de paja, y le costaba latir.

Fueron pasando los dias, él disfrutaba de cada pequeña cosa, y esperaba cada mediodia a que llegaran los niños y esperaba que estos se marcharan para quedarse con la niña un poco mas.

- ¿Por que no bajas un dia y juegas con nosotros?. Le preguntó
- No puedo, soy un espantapajaros, debo estar aqui, asi soy, y esta es mi labor.
- Pues no lo entiendo, por que si te apetece y quieres, deberias.

Y así, con esa duda, le dejó toda la noche pensando. ¿Sería su miedo, sería que había sido demasiado tiempo un espantapajaros inerte, sería que le faltaba valor para lanzarse y saltar del palo?

A veces pensaba en ello, en saltar de su palo, y correr con los niños, en sentarse al lado del rio y hablar con la niña, en visitar otros campos, pero y si lo hiciera, ¿como podría volver a ser espantapajaros?, si tuviera que volver a su palo, quizás ya no podría...
Y aquello le clavaba mas en la tierra.

Pasaron los días, él cada vez tenía más la necesidad de bajar, las risas de los niños, los ojos de la niña le invadian y ganaban terreno en la lucha contra su miedo.

Hasta que un amanecer, desprendió primero un brazo y luego el otro, agarró el palo y lo desenterró de suelo, lanzándolo muy lejos, corrió y corrío sintiendo el aire en su cara, el suelo en sus pies.

Cuando llegó al borde del camino, se encontró con el hada, esta batia las alas cerca de su cara.

- Enhorabuena, al final has sabido lo que tenias que hacer con el regalo que te hice, ahora mi misión ya esta cumplida.

Y desapareció.

Al final del camino los niños, como cada mañana venían saltando, pero esta vez él no les espero entre el trigal y los girasoles, sino que bajó al encuentro de ellos, donde una niña le esperaba con los brazos abiertos.

jueves, abril 02, 2009

MI web

Ya se que no tiene nada que ver con este blog ...
pero os presento mi web, espero que os guste y si quereis dejar algún comentario, crítica...

<< albatrosland.es >>

martes, marzo 31, 2009

Otro encuentro con el viejito

Hoy ha hecho uno de eso dias que Madrid, renace, el sol se desviste de sus nubes, y el cielo enseña su camison azul, las calles llaman, las chicas vacian sus armarios, y la gente abandona sus guaridas.

Y subi en un paseo interminable hacia el rastro, me encanta ver las ventanas abiertas de par en par como si invitaran a miradas indiscretas, como si invitaran a que la vida se siente en la mesa.

En la plaza, tenderetes que huelen a marruecos, a la india, sandalo y cuero, collares, camisetas, plantas, brazaletes, y gente, gente de fuera mezclando lenguajes, miradas curiosas. ¿cuanto vale? lo piensas y sigues buscando...

Y sigo mi camino, me pierdo, ahora hacia la plaza Mayor y alli la venta cambia, ahora son sellos y monedas, preparativos para el dos de mayo, ...parate, quieto, y alguien inmortaliza la fachada con una sonrisa.

Me gusta el ambiente, la gente se sienta en la plaza, estatuas vivas, un tango, un vaquero, una bruja que cambian sueños por monedas.

Bajo hasta la Puerta del Sol y como un guiri más, me acerco al oso y el madroño y allí me lo encuentro, mi viejito, en sus arrugas se nota el paso por el hospital, su tez mas blanca de lo normal, pero en sus ojos se refleja esa alegria por la vida.

- Hola, ¡¡ cuanto me alegro de verle de nuevo por aqui!! ¿qué tal está?
. Bien ya me encuentro mejor, algo cansando aún pero disfrutando de este sol.
- Si, hace un dia precioso, ¿quiere que nos sentemos?
. Si sentemos nos por aqui, me gusta esta algarabia de la gente, parecen que salen de invernar, y bueno uno a pesar de ser viejo sigue admirando la belleza, y las mujeres nos muestran un poco mas de ellas.

Su sonrisa se vuelve algo pícara, y un brillo especial aparece en sus ojos.

- Y cuenteme que tal esta, ya no tendra que volver al hospital todo esta bien?
- Si,solo fué un pequeño susto, y alli uno se da cuenta del valor de la vida, y del peso del miedo.
- ¿del peso del miedo?
- Si, ese que nos impide vivir, allí en el hospital pude darme cuenta de que la gente no vive por que sienten miedo, a cada paso que dan, el miedo les atenaza. el miedo anticipa cosas que uno solo las tiene en su mente.
Miedo a perder el trabajo, y no disfrutas de los momentos que alli vives, miedo a no llegar a fin de mes, y no disfrutas de un pequeño capricho, miedo a perder a tu pareja, y anticipas todo lo malo, todo lo negativo y al final abandonas lo dejas, tiras la toalla, miedo a no levantar la mirada y ver que no hay que pensar en el futuro lejano ,quizas en mañana pero no mas alla, y entonces dejas de disfrutar de las cosas del presente anticipando las del futuro. Miedo de uno mismo, que solo atenaza y ata a esa persona que somos, y nos paraliza e inmoviliza.
Hoy no hacen falta cuentos, solo tienes mirar alrededor de ti, ¡cuantas personas viven en el miedo! y, o huyen o se paralizan, no ven que hay muchas mas cosas y prefieren aferrarse, anclarse, otros corren sin mirar atras, sin pelear, prefiriendo dejar todo sin pensar como si nada de ello hubiera existido.

Todas sus palabras iban cargadas de verdad, de esa verdad que cae por su propio peso. Le miré por unos instantes , y él siguió.

- Hay un miedo atroz a la muerte, y yo la espero, por que cuando uno llega a una edad, cuando los seres mas queridos te han ido abandonando sabes que mas tarde o mas temprano, llegara tu momento y te encontraras con ellos, sin miedo, es solo un transito una nueva sensación.
te contare el caso de un hombre, que un dia abrió la puerta al miedo, salía con una bella chica, diferente a él, y empezó a tener miedo, miedo,a que los sentimientos le vencieran y antes de que eso pasara el miedo anticípó las diferencias, anticipó problemas que solo existian en el propio miedo, y huyó de aquella situación sin mas, como quien pasa la pagina de un libro y ya no recuerda lo leido.
Y ese miedo anego los campos de la amistad, y tuvo miedo de perder a sus amigos y que esto le hiciera daño, que le conocieran mas alla. que se convirtiera en una persona vulnerable y el miedo anticipo la soledad, y al final se alejó y sus amigos fueron desapareciendo.
Y le entró miedo a que la muerte viniera a buscarle, y cerró ventanas por donde pudiera colarse, y cerró puertas por donde pudiera entrar, y el miedo anticipo la llegada de la muerte, que no lo tenía en su lista, pero tanto miedo le entró, que cuando pensó que la parca estaba buscandole, salió corriendo, cayó por las escaleras y se partió el cuello. Cuando la muerte lo recogió, mostró su sorpresa,
"no te tenia en mi lista hasta dentro de muchos años, tu solo te anticipaste"

Y sentí que yo tambien habia tenido miedo, miedo a no sentir, miedo a no aprender a lanzarme, a vivir sin pensar si hay red o no.

Y cuando me despedí de mi entrañable viejo, llené mi mochila con una enseñanza mas. Me puse mi ipod, disfruté del calor ya del mediodía y baje por la calle Huertas hasta Atocha, mientras dentro de mi conducia una excavadora que se llevase mis miedos bien lejos.