miércoles, febrero 06, 2013

La galería


Después de un día agotador en la oficina, lo que menos me apetecía era ir a la exposición de “no sé que pintora”.
Me había llegado la invitación por e-mail, y casi sin querer la había aceptado.
En realidad nada ni nadie me esperaba en casa y salir me vendría bien.

Hacía frío esa tarde, la galería estaba en el centro, lo que me posibilitaría volver a casa andando sin tener que coger ningún medio de transporte.

En cuanto abrí la puerta una ola de calor,  me golpeó, la galería estaba muy concurrida, quizás fueran los canapés y la bebida gratis las que habían servido de reclamo. Por un instante me sentí fuera de lugar, no conocía a nadie, tampoco me importaba mucho, dado mi carácter introvertido que rozaba lo antisocial.

Un camarero se apresuró a acercarse con la bandeja, educadamente me la puso delante ofreciéndome diversos refrescos, vino tito y blanco y cerveza. Opté por esta última elección, mientras me detenía a observar el primer cuadro. Un lienzo enorme, de fondo blanco cruzado por una gran línea deforme azul, y como si alguien hubiera cogido una brocha y salpicado con ella, gotas de diversos colores cubrían el ángulo superior izquierdo.

Detrás de mi, alguien, al que consideré el crítico de turno se deshacía en elogios.

- Es impresionante como conjuga el vacío existencia, del blanco con la ruptura vital del la línea indefinida. Observe como transciende la quietud  del primer trazo con le final del mismo, como si con ello quisiera decirnos que al principio el inicio de la vida se mueve en ese espacio intemporáneo que es la seguridad no tener miedos, para terminar abruptamente con esa, digamos, lluvia de miedos y recelos, representada aquí por la multitud de puntos de diversos colores y trazos. Sencillamente genial.

No pude dar crédito a lo que acaba de oír, o yo era un inculto, artísticamente hablando, o aquel personaje se ganaba la vida inventado lo primero que se pasara por la cabeza.
Decidí no perder más el tiempo, y seguí avanzando cuadro tras cuadro, mientras engullía un canapé de salmón.
Ya  llegaba al último, cuando sentí una presencia femenina a mis espaldas.

- Sinceramente ¿Qué le parece?
- Bueno, no entiendo de arte, puedo decir que me ha gustado en algunos la combinación de color, pero lo mío no es el arte abstracto, soy más de…

No llegué a terminar la frase, frente a mi, la autora de tal pregunta emergía como lo hacia la famosa Venús en el cuadro “El nacimiento de Venús” de Boticcelli.
Llevaba un vestido negro ceñido, unos tacones que retaban directamente a la ley de la gravedad, y sobre sus hombros un pelo rojizo caía suelto y libre de ataduras.


- ¿Eres la autora de estos cuadros, verdad? – balbucee como pude.
- Si. Pero no te sientas intimidado por ello – me contestó, mientras sonreía.

No pude deducir si lo decía en serio o simplemente estaba bromeando conmigo.
Continúe viendo la exposición con ella, muy interesada en mis comentarios, aunque al final la conversación versó más sobre temas personales.

Cuando me fui quedamos en llamarnos.
Dos días después recibía un whatsapp, “hola, ¿te apetece venir a mi estudio y tomar un café?”, “Sería genial, mándame la dirección y la hora”

A las 7:30 llamaba a la puerta, el estudio era un local diáfano en una de esas estrechas calles del Madrid antiguo, observé los lienzos las pinturas, una estufa central que daba calor a la estancia, y en una esquina una niña, que no llegaría a los cinco años, cubierta de pintura de los pies a la cabeza, saltaba sobre una tela.

- Me gusta el estudio, siempre me han encantado los sitios diáfanos con estas columnas en medio, ¿puedo? – le pregunté mientras sacaba mi móvil para hacer unas fotografías.
- Claro, hazlo.

Hice varías fotos, mientras seguíamos hablando, me contó que aquella pequeña era su hija, una aventura loca con un escultor que acabó dejándola para irse a Berlín. No se arrepentía aunque su vida hubiera cambiado radicalmente a partir de quedarse embarazada.

Aquel día fue el principio de otros, unos más íntimos, otros más familiares.
Sin saberlo me fui enamorando y creo que ella también.
A los dos meses de aquella primera visita al estudio, hubo otra exposición.

 Llegué tarde, no quería entrometerme en esas reuniones de artista, futuros compradores, críticos de arte. Me perdí entre la gente mientras veía las pinturas, ahora con otros ojos. De repente me detuve ante una de ellas, los trazos, las formas y colores me sonaban de antes. Saqué el móvil, pulsé el botón de fotos y luego el de fototeca y allí estaba, era ese cuadro no cabía duda, el cuadro que aquella niña de cinco años había “pintado” embadurnada de pintura.

La busqué con mi mirada, allí estaba como aquella primera vez, sólo que esta, me sonrió, bastó aquella sonrisa.

Pulsé la foto unos instantes, el tiempo necesario para que apareciese el icono de la papelera, “desea eliminar” , apreté el “si”.

¿Que aquello era un fraude? Puede que sí, puede que no, a quien le importa quien ha pintado esos cuadros, a mi no, en ese momento sólo me importaba que ella cerrara la galería y pintarla su cuerpo con mis besos

martes, enero 29, 2013

El tren de las 7:30

Un día más, como el de ayer presumiblemente como el de mañana.
Fría mañana la de este enero que ya agoniza.
La estación de Atocha abre su boca y como cada día me engulle, me digieren en las oficinas de un banco, donde se quedaron colgadas las ilusiones de un trabajo entre proyectos que nunca llegaron a existir y compañeros que te dicen hola y adios, sólo me sostiene un ingreso a fin de mes, simplemente soy una puta más, que odia cuando la gente le dice ".. y suerte que tienes trabajo..."
Por las tardes esa misma estación me escupe allá sobre las 7 de la tarde a las cuatro paredes que conforman mi caja de cerillas.

Una tarde cuando caminaba ya por jardín de la estación, la ví.
Estaba sentada frente al marcador luminoso que indica la llegada de los trenes.
Su pelo gris, largo para su edad, caia sobre los hombros, como lo hace la lluvia en primavera, generoso y suelto.
calcule que rondaria los 70, en sus manos de largos dedos bien cuidados, reposaba un libro, que mecia levemente como si fuera un bebe, pasaba las hojas no como se suele hacer normalmente forzandolas de la esquina inferior derecha, ella deslizaba sus dedos por la página hasta alcanzar la esquina superior suavemente como si estuviera rozando un pétalo, atrapaba la página y la deslizaba en un lento aleteo.

Su espalda recta, su mirada perdida entre las líneas de aquel libro, ascendia ritmicamente cada cierto tiempo al panel de los horarios.

La dejé atrás mientras alcanzaba las puertas corredizas de la salida, pensando que no
la volvería a ver.

Sin embargo la volví a ver al siguiente día, durante toda la semana, durante todo el mes.
Con la misma porte, leyendo y mirando los horarios, mirando los horarios y leyendo.

Una tarde, intrigado por la presencia de aquella mujer, me acerqué a una señora de información.
- Perdona, - le dije - ya sé que no es parte de tu trabajo y quizás no sepas la respuesta, pero estoy intrigado, ¿sabes quien es esa mujer?

Ella miro en la dirección que yo le indicaba, allí en el asiento, la mujer leía tranquila su libro.

- ¡Ah! Es Asunción, antes se sentaba en el interior, pero con las obras ahora está aquí.
- ¿Es que lleva más tiempo? - Le pregunté totalmente sorprendido.
- Bueno, Asunción lleva que yo sepa muchos años viniendo todas las tardes, llega sobre las 5, y se va cuando ha salido todo el pasaje del tren de Barcelona de las 7.30

Puse cara de incrédulo y ella, que en esos momentos no tenía que hacer nada, se acomodó en su silla y se dispuso a contarme una historia.

- Me han contado que Asunción estaba casada, enviudó joven, y se trasladó a un pequeño apartamento cerca de la Glorieta de Atocha. Alli conoció a Alfonso, conductor de Talgo por aquella época.
Entre viaje y viaje a Barcelona lo que en un principio fue amistad se convirtió para Asunción en la tirita que  cubrió la herida de su corazón hasta que cicatrizó. Sin embargo nunca supo que Alfonso estaba casado en Barcelona, quizás no lo dijo al principio para no perderla pero aquella mentira se fue convirtiendose en una bola de nieve que crecía más y más con el paso del tiempo.
Hasta que un día ella vino a despedirle a la estación, él conduciría la nueva locomotora Renfe 316, apodada Marylin que alcanzaba la nada despreciable velocidad de 120 km/h. "Volveré en dos días" le dijo mientras acariciaba levenmente sus labios con los suyos.
Asunción se quedó mirando en el andén como subía a la locomotora como la saludaba con le guante puesto, aquel monstruo de color plata y librea verde arrancó lentamente, como las lágrimas  que caían en el rostro de Asunción.
A los dos días vino a esperarle a la estación, pero no bajó de aquel tren, como tampoco lo hizo en los meses siguientes, desde aquel día Asunción viene a esperar la llegada del tren de las 7.30
Yo creo que sabe que nunca volverá, pero en el fondo es lo único que la mantiene con vida.

Miré a Asunción, su porte, la elegancia con la que pasaba las hojas. Decidí quedarme hasta las 7.30.
Justo en ese momento cuando en el panel de información indican la vía por la que llega el tren de Barcelona, ella cierra el libro se pone de pie y mira uno a uno a las personas que van saliendo por la puerta de desembarque. Cuando ya no queda nadie, mete el libro en el bolso, se quita las gafas las guarda en una pequeña carterita y las introduce en el bolsillo de su abrigo color ceniza.
Se da la vuelta cruza por el jardín botánico de la estación, sube por la rampa hasta la glorieta
y lleva sus pasos a la calle Delicias. Alli la pierdo de vista, emocionado aún por la historia que acabo de oir, que acabo de presenciar, atravesado como lo huberia hecho una bala disparada directamente a mi corazón, por el amor de una mujer, y no pude dejar de pensar en el paralelismo de esas historias de algunos perros que cuando mueren sus amos no se despegan del cementerio, como si esperasen que alguna vez volvieran del más allá.

Aquella noche no pude dormir, oía el traqueteo de la locomotora, las silenciosas lágrimas de Asunción, la mano enguantada de Alfonso. ¿Cuando decidió no volver, se despediría ya sabiendo que era su último beso, o fueron aquellos dos dias una tortura para él sin saber que hacer?. Nunca lo podría saber, sólo
quedaba la presencia de una anciana que cada día espera la llegada del tren procedente de Barcelona.

De pronto en la oscuridad de mis cuatro paredes se encendió una luz, Don Antonio, el vecino del 2 E, su mujer había muerto de cáncer haría 3 años, yo le había visto vagar por las escaleras de la corrala,
pasear con la mirada pérdida por la calle de Santa María de la Cabeza, incluso llegué a pensar que
algún día cerraria la puerta de su casa para no volver.

Me costó convencerle para que se dejara invitar a unas cervezas en el bar "la Barrila" de la estación, nunca había hecho de celestino, pero tenía un plan premeditado, en mi mochila guardaba el mismo
libro que Asunción estaba leyendo, el problema seria como hacer que Don Antonio se sentase al lado de ella.

Llegamos a la estación Don Antonio andaba despacio, perdido, como si ya no perteneciese a este mundo, cuando llegamos a la altura del banco donde se hallaba Asunción, cogi mi móvil como si me hubieran llamado.

- Hola, si, estoy en la estación de Atocha, aqui tengo el trabajo, ¿que ya llegas?, vale dame 5 minutos.

Le indiqué a Don Antonio que debia acercarme a la parada del cercanías a entregar un trabajo sería cuestión de unos minutos, mientras él podia esperarme sentado y para que no se aburriese le entregué el libro.
Miré de reojo a Asunción que de soslayo nos estaba mirando.

Don Antonio, se sentó y para sorpresa mía se dirigió a Asunción:

- NO le molesta que me siente aquí a su lado  ¿verdad?
- NO, por favor, hágalo.

Asunción reparó en el libro que tenía en sus manos, pero yo debía irme a cumplir con mi cita fantasma.

Volví a las 7 minutos exactos, y allí estaban los dos charlando animadamente, Asunción tenia las dos manos puestas sobre el libro cerrado, ¡¡ y las gafas guardadas en el bolsillo !!

Me acerqué.

- Don Antonio, siento tener que decirle que debo anular nuestra cerveza, he de volver a casa a terminar un trabajo, pero si me permite puedo dejarle pagado...

- Nicolás no te preocupes, no debes dejar nada pagado ya volveré yo a casa, no te preocupes.
- Me siento mal Don Antonio, déjeme al menos que...

Y volviéndome hacia Asunción le dije:

- Perdone que haya sido tan irrespetuoso al cortar su conversación, ¿me honraría si me dejara invitarla a Ud. y a Don Antonio a lo que desee?

Asunción dudó un instante, el mismo instante que tardó su mirada en volver del panel  de información, el tren de Barcelona había llegado al anden numero 7, hacía exactamente 4 minutos, los pasajeros ya estaban saliendo.

- Será un placer para mi... Nicolás.

Y allí los dejé, sentados frente a las palmeras de esa vieja estación que cada día me engulle, que cada día me vomita a mi caja de cerillas.

Y cuando las puertas se cerraban tras de mi, y el aire frio de un enero que ya agoniza roza mi cara, aún les veo sentados, charlando como si la vida empezase justo a las 7.30 cuando ya no hay trenes procedentes de Barcelona a los que esperar.


Fin.

lunes, enero 21, 2013

Empezar


Nací en un pequeño pueblo, de esos de casas blancas y abuelas tejiendo en la puerta.
De padre militar y madre abnegada, donde la familia era el principio y el fin,  la mas pequeña de tres hermanos.
Sin quererlo despunté en los estudios, eso, unido a la posición de mi padre no me granjeó buenas amistades en el colegio, donde la envidia era una asignatura más y la nota media casi siempre era sobresaliente.

Recién cumplidos los 18 y en puertas de la universidad, llegó el verano que cambió mi vida.
Lo recuerdo como si fuera ayer, el chico de ciudad guapo, la novedad, las chicas del pueblo detrás, amor estival calor en el cuerpo, una combinación con un sólo resultado:"embarazo"

Todo se llevo casi en secreto, el honor de la familia, el que dirán pesó más que cualquier otra valoración, y mi traslado a la universidad fue la excusa perfecta.

Nos casamos. O mejor dicho nos casaron, aunque sintiéramos amor, no era lo que los dos hubiéramos deseado.
De aquello conservo unas viejas fotos guardadas en el olvido.
De aquello tengo un hijo y una cicatriz en el corazón.

Fueron tiempos duros, alejada de la familia, y de los amigos en otra ciudad, ajena a mi tierra donde el mar era sólo un lejano recuerdo.
Para él tampoco fue fácil, al principio su familia le negó todo.
Treinta metros cuadrados, una nevera medio vacía la mayoría del tiempo, y muchas matemáticas para llegar a fin de mes, fue nuestro viaje de novios hasta que nació el bebe.

El nacimiento supuso un punto de inflexión, sus padres, ahora abuelos lo recibieron con los brazos abiertos, nos dejaron una casa amplia, y él volvió a ser el chico que yo había conocido en la playa. Respecto a mi, tenían sus dudas, una chica de pueblo.. lo más sencillo era pensar que había querido atrapar a su hijo, por lo que nuestra relación pasó a ser cordial y afectuosa, ni un paso más ni un paso menos, la madre de su nieto.

Me puse a trabajar, largas noches con apuntes de la universidad dibujaron ojeras en mis ojos, decían que no lo necesitaba, que mi marido tenía un buen puesto y con ello era suficiente, pero yo no quería ser la mantenida de nadie.
Echaba de menos a mis amigas, los días de colegio, los sueños dibujados en tardes de Abril.

Cuando volví al pueblo, sé que las envidias resurgieron más fuertes si cabe, volvía casada con un niño en brazos,y un marido, para ellas mi vida había sido un triunfo, había logrado salir del pueblo, y todas las metas que para ellas eran sólo
un sueño yo las tenía en el bolsillo.

Sin embargo que lejos quedaban para mi, entre mi marido y yo se había instalado un simple cariño, el sentimiento de dos personas que conviven bajo el mismo techo, que no se odian pero dejaron de amarse en algun momento en algún lugar, donde el roce de la piel se ha convertido en un suceso  histórico, esporádico y lejano.

Cuando por fin aprobé la carrera, sólo estuvieron mis hermanas, mi madre sufría  de un reumatismo que la dejaba postergada en la cama la mayor parte del día, y mi marido... según él, una reunión ineludible de trabajo, según yo un paso más hacia un destino que no tenía vuelta atrás.

Y así fue como pocos meses despues, con una maleta, un pequeño en brazos, y una herida en el corazón, volví a empezar.

Tiempos duros, noches sin dormir, dos, tres trabajos, poco dinero y muchas horas, algunos encuentros que calentaron las
sábanas que rápidamente volvían a enfriarse. Amigos que se desintegraron lentamente  detras de palabras "nunca estaras sola, cuenta con nosotros". Donde la fuerza cuando no hay fuerzas provienen de una sonrisa, de un abrazo de un "te quiero mami"

Me costó volver al pueblo,aunque sólo fuera a pasar las fiestas,  mi madre había empeorado, mi padre ¡¡ays mi padre!! por fin parecía que volvía a hablarme con calor, lo sentí cuando por teléfono me dijo: "¿Vendrás para las fiestas, mi niña?". Sentí un nudo que ascendía por mi estómago hasta la garganta, las lágrimas explotaron en mis ojos como fuegos artificiales en la noche de fin de año, sólo pude susurrar un "sí, papa" que aún flotaba en el aire cuando colgué el teléfono.

Sentí un vértigo cuando bajé del autobús, sabía que habría miradas que esconderían "mira esta, la que se fue tan feliz, y ahora vuelve con el rabo entre las piernas, divorciada sin más". Intenté que no me dolieran, fingí no verlas, actué con una sonrisa convincente para aquellos que se acercaron para decirme que lo sentían y abracé a mis amigas que nunca me dieron la espalda.
Fue como un dejà vú, volver a la casa vieja de la infancia, al brasero y al tapete de ganchillo, al olor de la cocina de carbón, como si nada hubiera pasado, como si el tiempo se hubiera detenido, como si todo el pasado fuera un extraño sueño que se rompería en mil añicos en cuanto abriera los ojos.
Mi padre me esperaba, mucho más viejo y cansado de lo que recordaba, no puede evitar llorar, cuando me abrazó, y enredó
sus dedos en mi pelo como solía hacerlo.. ¿mil años atrás?. Mi madre sentada en una silla esperaba su turno cuando su nieto se abalanzó sobre ella ¡abuela, abuela!.

Aquella noche, cuando me metía en la cama que habían calentado con aquellas bolsas de agua, cerré los ojos y volví a ver las estrellas, a oír las risas de unas niñas que jugaban a las cocinitas y que hablaban de lo que serían de mayor.

Aquella noche hice las paces con la vida, aquella noche, empecé a vivir.

martes, enero 15, 2013

El escritor


Sabía que el que firmaba el libro lo hacía con un seudónimo, ¿quién sería el autor de
esa serie de libros tan mágicos? ¿Cuanto habría tenido que viajar, ver y conocer para
describir con esa minuciosidad cada detalle, las personas, los lugares?

Aquella creatividad, aquella imaginación, sólo podía venir de alguien muy experimentado,
cuya universidad hubiera sido la vida.

Se levantó, cogió las hojas de papel envueltas y un par de plumas con su tintero.

En las escaleras se cruzó con un hombre que no conocía y que salía de la habitación a
la que él iba a acceder.

- Julio, ¿ quien era ese señor. el de la maleta, que salía a toda prisa?
- No era nadie importante, ya sabes que a mi también me gusta tener mis secretos, aunque no pueda salir de aquí.

Julio tenía esa extraña enfermedad, que le priva de sus defensas, su mundo era  una burbuja que lo aislaba
de los gérmenes pero también de todo el mundo exterior.

- ¿Me has traído las hojas?
- Sí, aquí están, las desinfectó todo lo que pudo antes de meterlo en el receptáculo estanco donde Julio podía
cogerlo sin problemas.

Tomó las hojas, las plumas y el tintero y lo dejó sobre la mesa frente a la ventana desde la que podía divisar el
puerto, los barcos atracando y partiendo a lugares que él nunca podría conocer.

- ¿ Me vas a leer el libro, que te ha parecido?
- Es increible, fascinante como alguien puede describir con tanto detalle esos mundos, ¡cómo me gustaría conocerle!

Julio se sentó,   una sonrisa fugaz cruzó su rostro, mientras miraba el tintero y las hojas de papel aún en blanco.

- Puedes empezar a leer...

martes, enero 08, 2013

La tienda de frascas



Aquel pueblo no estaba muy cerca de la costa, aunque tampoco muy lejos,bastaba un paseo para llegar a la playa.

Aquel pueblo no tenía muchos habitantes, aunque tampoco pocos, los suficientes para que pudieras saludar a los que te cruzabas camino de la plaza.

Aquel pueblo no era un pueblo triste, aunque tampoco alegre, la crisis y la desesperación se habían  hecho sus huespedes.

Y aquel hombre llegó.
Y alquiló una pequeña tienda.
Y la lleno de frascas.

Frascas que al verlas dirías que eran sólo eso, frascas, frascas vacías.

Una mañana alguien se decidió a entrar a la pequeña tienda.
Perplejo se quedó mirando las estanterias y aspiró un extraño olor dulce.

- ¿Que vende, buen amigo, sólo las botellas? - le dijo.
- Hola, no, cada botella tiene un contenido distinto, yo me las sé de memoria, una vez que haya
elegido la que más le convenga, le pongo la etiqueta y se la lleva.
- Pero... pero yo sólo veo frascas vacías.
- Eso es que sólo ve con los ojos de la razón, espere un momento.

Salió a la calle y al ratito volvió con un pequeño niño.

- ¿Podrías decirnos que ves en las frascas? - le dijo el dueño de la tienda.

El niño se quedó extrañado por la pregunta.

- Está claro, en esa de ahí hay nubes de verano, esta otra la azul, espuma de mar, en esa verde
sonrisas al despertar..

- Vale, gracias, toma esta moneda por ser tan amable.

El chico cogío la moneda y salió corriendo.

- ¿de verdad que no me está tomando el pelo?
- No, en serio, hagamos una cosa, yo le digo las frascas que tengo usted me compra una y si no es  de su agrado viene y le devuelvo el dinero.
- está bien, me parece un acuerdo justo.

El hombre le dijo lo que contenía cada una de las frascas, agua de lluvia de felicidad, hilos de seda
fluorecentes para tejer unh jersey contra la depresión, rayos de tormenta para ambientar una cena a la luz de las velas, bolitas de algodón para hacer que nieve bajo techo, pétalos de rosas y margaritas de un jardín encantado para regalar al enamorado, terrones de azucar de valor y osadía... y así una a una hasta que terminó con todas.

- Ummm es una difícil elección.
- Lo es.
- Y si me llevo varias.
- Ah perdone, se me olvidó decirle que sólo hay una regla en la compra, y es que sólo puede comprar una  frasca.
- Entonces me lo pone más dificl todavia.
- Piense que es lo que más le importa, lo que echa en falta en su vida, lo que la frasca que elija
le pueda ofrecer.

Al final se decidió por la frasca de los terrones de azucar.

- Sólo hay tres terrones,  disuelvalos en café y tómeselo.
- Así haré, hay alguien a quien no me atrevo a decirle que la quiero, si es cierto lo de su frasca
lo comprobaré, si no ¿me devolverá el dinero, verdad?
- Es un trato, yo no puedo asegurarle lo que esa persona le dirá pero si que tendrá el valor para
hacerlo.

A los dos días, el hombre volvió a la tienda acompañado de una bella chica.

Al entrar volvieron a aspirar aquel extraño olor.

- Es cierto lo que me dijo, venimos a comprar otra frasca.
- Sabe que usted ya no puede hacerlo- le dijo el dueño de la tienda.
- Si, lo sé y además con una me ha sido suficiente, es ella la que quiere comprobar que no miento.

La chica eligió la frasca que contenía brisas de mar, le encantaba despertarse con el olor a salitre de mar.

La voz corrió por el pueblo y la gente hizo cola para llevarse las frascas.
En poco tiempo la tienda se quedó vacía.
El hombre hizo su maleta, cerró la tienda y se marchó.

Aquel pueblo no fue nunca más un pueblo triste.
Aquel pueblo echó a la desesperación y la desesperanza de sus casas.
Por que aún vacías, en cada casa de aquel pueblo había una frasca.

Dicen que a los pocos días de irse aquel hombre, llegó al pueblo una brigada de la policía.
Enseñaron la fotografia del hombre, al que acusaban de estafa y de drogar a la gente con una 
extraña droga que se aspiraba y que tenía un olor extraño pero dulce, que provocaba alucinaciones.

Nadie de aquel pueblo dijo haberlo visto, y cuando la policía se marchó, abrieron la tienda.
Sobre el mostrado había dos cosas.

Sólo dos. Una frasca y una gran bolsa.

La bolsa contenía las monedas que todos habían pagado por cada frasca.
Y la frasca..

Nunca se supo, nadie quiso abrirla.
Pero aquel niño, el que entró en la tienda, dijo haber visto, dentro de la botella el final del
arco iris.

viernes, enero 04, 2013

Bocados de Navidad

El tapiz azul del cielo se extendia por la bóveda que cubría la ciudad, esa que llaman Madrid.
Era un día de invierno, dentro de la Navidad, entre fin de año y la última bocanada de vacaciones el día de reyes.

Salí del letargo de mi caja de cerillas, a pasear por Madrid, y como uno más, a terminar la interminable lista de regalos, siempre queda algún detalle, un último regalo que hacer.

Decidí perderme por el retiro, a esa temprana hora vacío de gente, es un refugio donde uno puede aislarse con la única compañía del silencio
y de los árboles, en aquel espacio paro mi ipod, y me dejo llenar por los sonidos del silencio.

Apreto mi zamarra, ajusto la mochila, inseparable compañera, y coloco mi gorro ruso, por un momento parezco un soldado en plena marcha solitaria hacía ninguna parte.

Salgo a la calle Velazquez y la calle Goya, es como si traspasase una barrera invisible, el esitlo de la gente, su vestimenta, sus formas, está
claro que es una de las zonas nobles de Madrid, me cansó enseguida de ir esquivando bolsos de loewe y vestidos de doce y gabbana, asi que
camino hacia la Puerta de Alcalá, por la calle Serrano, la milla de oro, la llaman.

Cuando llego al cruce en la esquina del Banco de España, casi me tropiezo con un pequeño bulto apoyado en la pequeña columna que separa la
acera de la calle donde circulan los automóviles.

La gente anda presurosa, el frío, las bolsas de las compras, nadie repara en aquel bulto de ropa vieja del que emerge una mano temblorosa, como
si sostuviera una invisible pandereta que tocara un triste y melancólico villancico, no se ve nada mas entre el amasijo de ropa, sólo esa mano que no
para de temblar.

Y yo tiemblo.

La gente me empuja y me voy alejando de aquel pequeño bulto, nadie se para, nadie se acerca a ver como aquella persona se encuentra,
yo tampoco y me llena una vergüenza de lo que es el ser humano. La imagen se asienta en mi mente mientras recorro la calle Alcala hacia la puerta del Sol, casi en volandas, gente de fuera, extranjeros, madrileños cargados de paquetes, bolsas, consumismo en estado puro.

Y yo sé que esa imagen se irá desvaneciendo, que en poco tiempo estaré mirando yo tambien mis últimas compras,  aunque esa noche pida que este año nos traiga algo mas de conciencia algo más de solidaridad algo más... que tambien serán sólo palabras.

Intento buscar a mi viejito en el viejo cafe, pero no lo encuentro, ni sentado frente al km. 0, imagino que estará con el amor de su vida, tomando
un chocolate caliente con churros, y viendo desde alli, en lo que se va transformando este mundo, y dentro de mi siento una envidia infinita hacia
ese adorable viejito y lo que siente.

Por fin bajo por la calle santa isabel, doy un poco más de volumen a mi ipod,  me espera mi pequeña, vacía y solitaria caja de cerillas.

martes, enero 01, 2013

La lista 2013

Apretó una tecla de su teléfono y apareció el calendario.
Sobre aquella correlación de números uno apareció resalatado era 31 de diciembre.
Aún se preguntaba por qué la gente parecía que de un día a otro iba a cambiar de pensamiento de quehaceres hasta de vida, "año nuevo, vida nueva" se
decían... y él no iba a ser menos.

Pensó en como había sido aquel año, y como se presentaba el último dia.
Recordaba las promesas que siempre se había hecho para aquel dia, año tras año, y que extrañamente nunca se habían cumplido.

Quizás para aquel día ya no podría hacer mucho, pero por delante quedaban 365 de un nuevo año.

Se vistió y salió precipitadamente a la calle.
Cuando volvió llevaba algo enorme que colgó de la pared, extendio sobre su vieja mesa de madrea unas hojas y un bolígrafo al lado.
Abrió la nevera saó una voll-dam y puso algo de música.

Clavó dos "cuelgafácil" y tras unos minutos de no dar con los agujeros al final colocó lo que había comprado.

Sobre la pared se extendia una gran pizarra que casi la ocupaba del todo.
Tomó una tiza y se puso a escribir.

Cuando acabó tomo las hojas de papel y continuó. Luego las cortó en pequeños pedacitos y las guardó en un frasquito de cristal.

Se vistió y antes de salir leyó lo que había escrito en la pizarra.
No una vez sino cientos.

... " he de aprender a decir te quiero", he de aprender a decir te quiero", he de aprender a decir te quiero", he de aprender a decir te quiero"....

cogio el frasquito de cristal lleno de los papelitos y salió a la calle a repartirlos...

Cuando se fué pasé mi mano sobre la mesa, alli estaban los surcos de los que había escrito.. estoy seguro de que quereís saber lo él escribió
bueno quizás vosotros también tengáis unos papelitos para escribir.. pero él lleva en ese frasquito

.. por las veces que debí decir te quiero...
.. por las veces que tenía que haber pedido perdón..
.. por tantas veces que me equivoqué y no supe admitirlo..
.. por las veces que no debí dejarte decir nada y sólo darte un abrazo..
.. por las veces que nunca llegaron..
.. por tantas y tantas veces que me enfurruñé ..
.. por las veces que me perdí pensando y pensando dejé de vivir..

quizás lleve más pero yo sólo pude leer esas,  ahora os dejo tengo que escribir las mias

martes, diciembre 18, 2012

Sueños de Navidad


(Leelo a la par que oyes la música...)
óyelo


Ójala estas navidades y el 2013 sea de ensueño.


SUEÑOS DE NAVIDAD



Hay un azucarero antiguo en la alacena.
Hay una botella de ginebra cubierta de polvo.
Hay unas hojitas con mesajes escritos al pie del teclado.

Hay unas sonrisas guardadas en una cajita llena de recuerdos.
Hay fotos en un disco duro y fotos que amarillean en un cajón.

Hay sueños que cuelgan de un árbol de navidad.
Hay..

Hay ilusiones enmarcadas para decorar la habitación.
Hay un cículo rojo en un calendario de oficina.

Hay dos lágrimas que surcan las mejillas como esas olas que persiguen los surfistas.

Hay una frasca llena de palabras que se vierten sobre la mesa.
Hay una mano que las acaricia y va formando una frase...

Hay un sueño, sueño de Navidad.

lunes, diciembre 10, 2012

Navidades diferentes


Cayó sobre el belén.

Con su cuerpo aplastó el molino, las ovejas y varios pastores.
Su sangré salpicó al niño, y cubió las figuras de la Virgen y San José.
Milagrosamente la mula y el buey se salvaron.

Un regero de sangre corría como si fuera el arroyo de aquel belén.

A su lado ella sostenía un cuchillo de cocina.
Sollozoba.

En el quicio de la puerta dos ojos pequeños observaban la escena, quietos
sin decir nada. Sólo miraba.

Ella mantenía apretado el cuchillo en su mano.

- No quería, no quería... no quería ir a cenar con mis padres por nochebuena
  estoy harta de que todos los años sean sus padres los que vena a casa y
  encima critiquen la cena que hago.
  Asi que este es el último año.

Miró al niño.

- No te preocupes hijo, no pasa nada, aún vendrán Papa NOel y los Reyes Magos y
  te traerán un montón de regalos.

Sobre el belén, el marido se mueve.

- ¡¡¡ Corten !!!, joder cuantas veces he de decirte que no puedes moverte en la escena
  ¡¡¡ tu mujer te ha matado, coño!!!.
 
- Y por favor a ver si echáis más sangre sobre las figuras, esto no se parece en nada a
  un nuevo episodio de "Navidades sangrientas".

lunes, diciembre 03, 2012

Historias de Navidad


Estoy sentado en esta mesa vieja de madera, un pequeña luz ilumina mi portátil.
Tengo abierto el Word,el cursor parpadeaba a la espera de que pulse las teclas.
Una historia.
Una historia de Navidad, con sabor a Navidad, con sentimiento a Navidad.
Un pequeño articulo que escribir, para ir tirando.

¿Coño, y qué sentimiento de Navidad voy a tener yo ?

Me he quedado sin trabajo, tan fácil como una llamada al despacho.
".. ya sabes las cosas van mal, hay que recortar personal y al ser personal subcontratado. has
hecho un buen trabajo pero la crisis.."

No había mucho más que decir. ¿Para qué? 
Ya llevo unos meses así y ahora Navidad...
Dicen que las desgracias no vienen solas, y como no esta no iba a ser una excepción, mi chica
me había dejado por un compañero de trabajo, sin más, de la noche a la mañana.

En la cama se mueve el chico y me llama.

- ¿Me podrías traer un vaso de agua?
- Claro que si, cariño.
- Papá, mañana es Nochebuena, cenaré con mamá ¿lo sabes, no?
- Sí lo sé, no te preocupes, aunque ya eres mayor Papa Noel seguro que también pasa por aquí.
- Bueno no te lo decía por los regalos, era por que me hubiera gustado cenar contigo, ¿que harás?
- Anda sigue durmiendo, no es momento de charlar de esas cosas.

Le arropo y en seguida cae en un plácido sueño.
Si supiera que no tenía con quien cenar esa noche.

Una chispa surge en algún lado, la magia de  ver los regalos de Navidad bajo el árbol, los nervios
de la espera cuando uno se mete en la cama... "vamos a dormir que si no no llegaran los reyes magos..."

La mesa engalanada, todos ayudan, y por un día, un día al año, la familia se reúne, se
intentan olvidar viejas rencillas, " ¿has visto a tu nieto, papá...? (papá cuanto te hecho 
de menos). Todo se para alrededor de esa mesa, una noche, un día al año.

Apago el ordenador, sin una letra que escribir, y lo peor sin ningún sentimiento que transmitir.

A la mañana siguiente, damos un paseo por el centro, antes de que vengan a recogerlo.
Madrid está vestida, pese a los recortes, a Navidad, la gente corre a hacer las últimas compras,
detrás del Corte Ingles de Sol, decenas de personas con sus niños asisten a la enésima representación
del Cortylandia, una llamada más del marketing. 
¡Qué lejos quedan los días donde la Navidad era algo más que comprar!

Volvemos a casa, él aún no ha perdido la candidez de vivir estos días como algo especial, y en el fondo
siento envidia, cuanto sueños e ilusiones se nos desprenden en el camino de hacernos mayores.

Al poco rato llaman al timbre, le abrazo, intento contener las lágrimas, es sólo una noche, pero es
Nochebuena, demasiadas ausencias, demasiadas sillas vacías.

- Mañana vuelvo, yo también creo que vendrá Papa Noel para ti. Estoy seguro.

Se cierra la puerta y como si estuviera escondida tras ella, la soledad se abalanza y me devora.

Son las 8, a través de mis paredes como si de papel se tratasen se filtran los cánticos y las risas de
mis vecinos.

Enciendo el portátil he de escribir el relato, hoy por hoy es la única entrada de dinero que tengo, 
sin embargo mis dedos está fríos y las teclas huyen de su contacto.

Llaman a la puerta.
Es raro, no espero a nadie, quizás sean los chiquillos pidiendo el aguinaldo y cantando algún villancico.
Abro la puerta.

- Hola vecino, acabo de llegar a Madrid, y soy nueva en el edificio, pasaba a desearte feliz navidad
y ya de paso saludarte.

- Vaya.. pues feliz navidad, no es corriente en Madrid, yo casi no conozco a ningún vecino. Pasa.
- Pues de donde yo vengo es lo normal, uyss perdona quizás ibas a irte a cenar.
- No, la verdad es que no voy a salir.
- y.. no tienes nada preparado ¿vas a cenar solo?
- ... bueno... si, si voy a cenar solo.
- De eso nada, yo también voy a cenar sola, así que.. ¿que te parece si cenamos juntos?
- Ummm trato hecho, sólo con una condición.
- A ver con que te descuelgas vecino.
- No es nada, sólo que tengo que escribir un relato sobre el espíritu de la Navidad, y creo que tú
podrías ayudarme.
- Si es eso, cuenta conmigo.

Y sonríen sus ojos, por un momento oigo a mi peque: "yo creo que Papa noel vendrá esta noche para ti"
Y quizás sea así, y acabe de aparecer.

miércoles, noviembre 28, 2012

La i minúscula


Estaba entre dos paréntesis.
Dos paréntesis escritos en mayúsculas
Ella, una i minúscula, imposible escapar, presa en aquel espacio, encerrada por detrás atrapada por delante.


Le habían hablado de un mundo exterior fuera de aquellos paréntesis, un mundo lleno de signos, interrogaciones, admiraciones, y puntos seguidos.
Había intentado escalar el paréntesis pero la curvatura era pronunciada y siempre cuando estaba a punto de llegar y asomar el punto de la i por encima
caía.

Llamó al abecedario para ver si de esa manera podía  saltar por encima, de primeras eliminó a la p, la q, la y, la j, y la z.

- Imposible con ellas poder trepar lo suficiente para saltar por encima.

Puso a la A y aunque tenía más altura no fue suficiente se separaba demasiado del paréntesis con su patas tan abiertas, con la B no podía por que resbalaba en sus curvas. La C se fue sin llegar a probarla, como la D que justo cuando iba a saltar su curva fue como un tobogán y se cayó..

El punto de la i se puso a llorar mojando el palito de la i, "nunca podre salir del paréntesis, siempre tendré que vivir aquí encerrada".
Lo intentó con la F pero era tan delgada la línea superior que con el peso de la i se dobló y casí parecía una P, no pudo tampoco con la G, ni con la H, menos aún
con la K.
En la M se quedó atascada en la mitad y tuvo que estirarse para poder salir de allí.

Llegaron la N, la Q, la R  y nada, la S  saludó pero no hubo forma de poder trepar por ella, la T se inclinaba cada vez que se acercaba al extremo de ella, la U fue descartada y asi  con la V W Y y Z llegó al final del abecedario.

Desconsolada se fue al paréntesis de la izquierda, el que abre paréntesis ,y allí  lloró desconsoladamente.

En eso oyó un ruido detrás suyo, todas las palabras fueron amontonándose hasta formar una pirámide, por la que la i subió. entonces cuando ya era más alta que el paréntesis en mayúsculas y se disponía a saltar, se le ocurrió una cosa...

La pequeña y en minúsculas i se pusó en horizontal el punto se fue pegando al palito que aguantó todo lo que pudo la respiración, y cuando ya no podía más, sopló
fuerte, tan fuerte que el punto de la i salió disparado contra el paréntesis y lo partió en trocitos.

Ya no había un paréntesis de cierre, y todas las letras salieron corriendo de su encierro.

Y allí, allí afuera la i se hizo amiga del guión, sobre el que montaba, jugaba con los círculos del tanto por ciento y saltaba por los puntos seguidos, hasta  dormia sobre la almohadilla.

Y nunca. nunca más se dejó encerrar por unos paréntesis.

viernes, noviembre 23, 2012

Cincuenta y...


Cincuenta y cinco metros cuadrados.
Cincuenta mil euros pendientes.
Cincuenta y cinco llamadas perdidas.
Cincuenta y dos cartas recibidas.

Cinco personas en la puerta.
Cinco veces llaman al timbre.

Cinco metros de altura.
Cincuenta mil pasos entre la vida y la muerte...

Y sólo un salto.

Cinco metros.
Un pensamiento antes de estrellarme contra el suelo.
Un sólo pensamiento: "me he dejado el gas encendido"
Cincuenta y cinco kilos de ser humano se esparcen en el asfalto.

Mientras el gestor del banco afirma: "un desahucio más".
Un cigarrillo que enciende.
Una explosíón.
Cincuenta y cinco metros cuadrados y cinco personas se desintegran con mi hipoteca.

miércoles, noviembre 21, 2012

Un papelito (Una historia ficticia)


Otra mañana más.
El anden se llenaba de gente a la espera del tren de cercanías.
A esas horas tempranas de la mañana, cuando el sol aún
se esta quitando la sábana de la cara, y la luna corre
para que nadie apague sus estrellas, los estudiantes se
arremolinan, vaqueros que casi rozan el suelo, se juntan
con mochilas llenas de apuntes y libros, dedos que se
deslizan en pantallas de cristal, facebook, whasapp..


Subo a uno de los últimos vagones, no cambio nunca, es
como un ritual, mismo vagón, casi la misma gente.
Siempre entro el último es la forma de quedarme apoyado
en la puerta, además me gusta observar a la gente, sus
caras. Intento adivinar cómo son sus vidas, en que están
pensando, intentar ver que hay tras sus miradas.

Ella sube en la parada siguiente, a veces hemos cruzado
la mirada, puede que sea así pero he notado que se sonroja
si la miro fijamente.

Mantenemos una conversación en silencio, donde buscarse
con la mirada es un hola, y también un adios.

Su pelo, teñido de color cae en cascada, sus ojos son
un dulce de leche sumergido en un lago de aguas tranquilas.
Su rostro desprende ternura envuelta en un halo de
miseriosa pasión.

Dos paradas más y esa pequeña película diaria colgará
una vez más su cartel de "the end", sólo que esta vez,
quien sabe, puede que sea un "continuara".

Me acerqué.

- Perdona - le dije - se te ha caido este papel.
- No es mio.
- Si, si es.

Suena el pitido de cierre de las puertas, ella salta al
anden mientras desenvuelve el papel.

El tren avanza, vuelvo a ponerme los cascos, y pienso
ale jacta est.

Han pasado 3 días, no he vuelto a tomar el mismo vagón quizás
por no enfretarme a ella, a veces es preferible
vivir de un sueño, que darte de bruces con la fría realidad.

Sin embargo, al cuarto día recibo un email.

"Hola.

NO tenía pensado escribirte, cuando ví tu direccion de correo en
papel era lo último que me esperaba, pero despues de pensarlo
y no verte en el tren, me he dicho ¿y porqué no?.
Asi que si quieres ya tienes mi dirección de correo.

Un beso"

Sin espera un momento, doy al botón de Responder.

"Hola

Chica sin nombre, me costó entregarte el papel, pero la vida es
de quien se arriesga. ¿Te arriesgas a tomar un café, mañana a
las 7 en "El narizotas"?

Un beso"

Un minuto, dos, tres, y un nuevo correo.

"Si"

Son las 7, ella llega sólo 5 minutos tarde, me sonrie, le sonrio
entramos, el bar es de dos plantas, subimos, dejamos los abrigos
nos sentamos, el camareo llega pedimos dos cervezas, y cuando se
va un silencio se hace entre los dos.

Como si quisieramos cortarlo, hablamos a la vez

- Tú primero
- NO tú primero.

Y asi empieza un manantial de palabras, a veces es un suave murmullo
de fondo, por que me pierdo en sus ojos, en como mueve las manos, como
sonrie, y hasta como llega a ruborizarse.

Y como un lector con un libro viejo, nos leemos, nos empapamos de
nuestras historias, descubriendonos poco a poco.

El tiempo corre, llega el momento, en la puerta del bar ella espera mi
pregunta, en mis labios las palabras se a amontonan con miedo a abrir
la puerta y no encontrar la luz. POr fin salen a borbotones

- ¿Quieres que volvamos a quedar?
- Si, por supuesto que si.

Cuando llego a casa, tengo un correo:

"Hola, soy yo, sólo quería escribirte unas líneas:

Abre la puerta
No digas nada
Deja que entre el sol
Deja de lado
Los contratiempos
Tanta fatalidad

Abre tus alas
Al pensamiento
Y déjate llevar
Vive y disfruta
Cada momento
Con toda intensidad

Y tú
Que vives tan ajeno
Nunca ves más allá
De un duro y largo invierno

Abre la puerta
No digas nada

Es una canción de Luz Casal que me encanta, espero que sepas leer entrelineas"

De pronto siento un ligero empujón.

- Perdone,- me dice una persona.

Abro los ojos, siento el traqueteo del tren, ella está alli, me mira
y cuando se cruzan las miradas ella baja la cabeza.
En mi mano llevo un papel.
El tren para.
Se abren las puertas, ella se detiene un instante frente a mi,
yo me quedo quieto y cuando se cierran las puertas miro el papel en mi mano.

Mañana, mañana si que se lo doy, y todo lo que he imaginado se hará realidad.

martes, noviembre 13, 2012

Historias del viejito


Subo por la calle Atocha hasta la plaza de Jacinto Benavente, aquí cambia el paisaje, chicos y chicas jóvenes se alternan
con extranjeros plano en mano, algunas prostitutas buscando su parné lejos de la competencia de la calle Montera, pasean
por la esquina de la plaza.

Bajo hasta la Puerta de Sol, y por un breve instante me paro a la entrada-salida de la boca de metro. Evoco algunas tardes
de frío invierno donde esperaba para que no me esperasen, sonrisas envueltas en abrigo.

Llego al café, a la vieja mesa de madera que me recuerda aquellos cafés con leche, testigos mudos de encuentros
con prisas.

Voy a la barra, una chica joven, latinoamericana se desplaza con lentitud, me exaspera, pero entiendo que por la miseria
que le pagan no va a correr más.

Llevo mi café a la mesa, me siento en dirección a la puerta, la gente pasa deprisa, en esta ciudad se ha perdido el encanto
de andar, de pasear, sólo basta mirar hacia arriba para descubrir otro Madrid diferente.

En ese momento, lo presiento, sé que está aquí otra vez, aunque hace ya mucho tiempo que no volvía.

- Hola, ¡qué frío hace ya!

Le miro, no puedo dejar de sonreír aunque sepa que ya no está, que quizás sea sólo un proceso de mi mente, en mi mente.

- Hola, ¿cómo te va?.. ya sabes.. por ahí arriba.
- Bien, bien mejor que a ti por que lo veo.
- Vaya, veo que sigues sin perder una.
- Digamos que más que verlo lo siento, tengo la impresión de que estas agotado, agotado de vivir, agotado de eso que tu llamas bucle,
  agotado de que no haya un tren donde subirse, una ilusión que te empuje, agotado de pensar en aquellas oportunidades que tú mismo
  dejaste pasar.

Le miro, y creo que sabe más de mi que yo mismo.

- Sí, podría decirse que es así, pero también sigo en pie, mantengo la esperanza, sonrío en cuanto puedo...
- Ya, ya.. ¿quieres que te cuente una historia?
- ¡Cómo no!

Y empezó:

"Eran tiempos duros después de la guerra civil, había que tener picardía para conseguir algo de comer, y ni te quiero contar para encontrar un trabajo,
unas veces recogías trigo, otras una obra daba sustento entre semana, y mientras yo intentaba estudiar de noche, había poco tiempo para la diversión,
y menos para conocer chicas.
Sin embargo, como suelen suceder ciertas cosas, cuando no las esperas son cuando llegan. Y un día, camino de una obra la vi, créeme, fue amor a primera vista.
No fue fácil, eran tiempos tristes, pero al final, aquello fue como dicen en las películas, sentir mariposas en el estómago, vivir en una nube, con el paso del
tiempo todo ese torrente de sentimientos se fue serenando, navegó hacia una calma tranquila.
Al principio comprendí que así deberían ser las cosas, no se podía vivir siempre en esa hermosa "tensión", pero aquella calma...

Veía otras parejas, y esa calma parecía que la vivieran como una paz interior, mientras yo la vivía como un eterno estancamiento, un día era igual a otro,
no eran malos, pero...
Y dejé que aquel espacio que ella ocupaba y que pintaba de colores, se fuera llenando de sombras, de grises y oscuros, aquellos que en sus alforjas llevaban
los días donde no había cabida para la ilusión.

Llegó un momento que echaba tanto de menos aquel torrente, que la calma que me daba no me bastaba y me alejé, para terminar al final.
El tiempo pasó, los recuerdos salían cada noche a bailar en el saloncito de mi cabeza, mientras la soledad extendía su tienda de campaña, como lo haría
cualquier ocupa en una casa abandonada.

No dejaba de pensar en la frase: "Unos viven la calma como una paz interior, otros como un eterno estancamiento". Estaba claro que yo era de los segundos,
pero ¿como vivirlo?, ¿cómo cambiar ese sentimiento?, ¿como saber que no estaba equivocado, otra vez?"

De pronto se calló, y me miró fijamente a los ojos.

- Y al final ¿qué hizo, que pasó, volvió con ella? - le pregunté.
- No puedo, ni debo decírtelo.  Cada uno debe  encontrar "su" respuesta. Quizás la respuesta no sea ni uno ni otro, sino que esté encerrada en la misma
frase, en  encontrar una calma alterada que nunca lleve a un estancamiento. Y ahora he de irme, ya sabes...

Se levantó, puso su mano sobre mi hombro y me sonrió, quise levantarme y abrazarle, pero...

Aquella tarde hacía frío, mucho frío, el cielo azul engañaba a los ojos que lo miraban detrás de los cristales.
Abotoné mi abrigo, pagué el café, sólo un café, y volví a mi caja de cerillas.

jueves, noviembre 08, 2012

Venganza 2 parte


A los pocos días, volví a entrar a la página de contactos, tenía 6 mensajes,
fuí viendo los perfiles de cada uno, y les escribí con un corto, "hola, tengo
un correo tuyo, ¿te apetece que charlemos?"

Dos horas después recibía un correo, esta vez era casado, decía que se sentía
aburrido de su pareja,que buscaba sensaciones nuevas para darle emoción a su
vida.

No me costó mucho decidir qué tipo de emoción le iba a dar.

Había alquilado una habitación en un apartahotel, seguramente con nombre falso
y pagada al contado para que su mujer no pudiera pillarle.
Cuando llegué, tenía preparada dos copas, como si realmente quisiera seducirme
para llevarme a la cama, aunque nuestro encuentro fuera de lo más explícito.

Esta vez no utilizaría la bolsa, trabajando en una farmacía, me es fácil
preparar una droga que simule un ataque cardíaco.

Realmente fue penoso. como amante no me extrañó nada que su mujer no le diera
cancha, casi fué como si me follase un conejo, sin previos, me tumbo se puso
encima y se fue al momento.
Incluso me dió pena matarlo, sólo pensaba en su mujer, engañada, cuando abrí
su cartera y vi la foto de ella, pensé en cómo la había liberado.

Pasó un tiempo en el que olvidé aquella página, intenté recomponer mi vida, salir
ir con amigos, la familia, pero cada dos por tres alguien me sugeria que me echara
novio, o que conocía a la persona adecuada para mi, o lo peor, "no dejes pasar
mucho tiempo o se te pasará el arroz".

Así que encendí el portatil, y volví a quedar, ya no recuerdo si dos o tres veces
más, en el fondo sentía que limpiaba de mierda este mundo.

Hombres que no tenían escrúpulos, que para ellos la mujer era un agujero donde
meter.

Hoy he quedado con uno al que le gusta disfrazarse de niña, pero según él es muy hombre,
sólo que tiene esa fantasía, me cuenta de sus viajes sexuales a tailandia. No quiero oir más
me imagino lo que puede venir y le digo que conmigo tendrá más que suficiente.

Voy a su casa, y aparece pintado los labios con una falda tableada, casi me muero de
risa al verlo, no dejo que me bese, me desnuda despacio acariciandome los pezones
dejando el rastro de carmin por mi pecho.

Le propongo un juego, le pido un pañuelo de seda y ato sus manos a la cabecera de la
cama abro sus piernas y las ato separadas. Pongo una cámara de vídeo en la mesilla.

- "Vamos a tener un bonito recuerdo"

Él rie sin imaginar lo que le espera.
Pero en cuanto ve como me coloco el arnés con una enmorme polla negra, desaparece la risa
de sus labios.

- NO te preocupes he traido vaselina, tanto que querias ser mujer, ahora sabras lo que es
que te la metan.

Tapo su boca, apoyo la polla de latex contra su ano y lo voy penetrando, veo como se le
saltan las lágrimas, mientras balanceo mis caderas entrando y saliendo,
Cuando creo que ya es suficiente, voy a su baño me ducho recojo mis cosas, y le suelto.
El pobre no tiene fuerzas, solloza. Me acerco y le susurro: "si me entero que haces algo
a alguna niña, niño volvere te cortaré los huevos y te los metere en la boca hasta que te ahogues,
no lo olvides, estaré vigilando cada paso que des."

Esta vez no lo mato, quiero que cada segundo de su vida piense que estoy detrás de él, a la espera
de cortarle los testículos.

Ese fue el último. Han pasado más de 4 meses desde aquello.
He vuelto a entrar en la página, me escribió un chico, y aunque intenté provocarlo e incitarlo para
quedar, él se negó, me dijo que quería hablar, irnos conociendo poco a poco, que pasasemos de esa
páginaa charlar por el whatsapp.

Creo que me he enganchado a él, aunque no me fio. Pero sé que aún no he terminado, que ahí afuera
quedan muchos que tienen que pagar por lo que hacen.

Al final quedamos, me invitó a cenar, estuvo muy atento, me sentí cómoda con él, como si pudiera
contarle todo.... bueno todo no, mi secreto no.
Me agarró de la mano cuando salimos del restaurante y me acompaño a casa, le propuse que subiera
pero me dijo que todo a su momento, me beso en los labios, suavemente sin ninguna otra intención,
no abrió la boca, sólo fue un suave roce, el suficiente para que algo dentro de mi vibrara de nuevo.

Hoy me ha propuesto ir a cenar a su casa, me he puesto nerviosa, me he pasado casi una hora decidiendo
que ropa ponerme, unos zapatos de tacon, medias negras una flada de tubo y una blusa negra con gran
escote, no deja ver nada pero insinua. Un ligero toque de maquillaje, una suave capa de carmín en los
labios y unas gotas de mi perfume favorito.
No puedo reprimirme pero quiero que me bese, quiero que me abrace, me desnude, quiero dormir con él,
quiero follar con él, quiero despertarme con él.

Tiene una casa pequeña pero acogedora, ha puesto una música suave de su cantante negro favorito, la luz
tenue juega con las dos velas del centro de la mesa, me quita el abrigo mientras sonrie, "¿quieres vino?"
"Si" le contesto, llena a medias mi copa y se sienta a mi lado, cerca, pero dejando el espacio sufiente
para que no me sienta agobiada.
Le miro a los ojos, sus labios y siento la necesidad de morderlos de besarlos.
Me mira y en un leve susurro me dice: "No puedo dejar de pensar en besarte". Y se acerca y me besa, primero
despacio, esperando mi reacción.
Sus labios rozan los mios, su boca se entreabre y su lengua busca la mia sin prisas como si por un momento
estuviera pidiendo permiso para entrar, su mano se desliza por mi nuca mientras la otra se aferra a mi cintura
atrayendome hacia él.

Lo que en un momento empezó siendo un beso suave se ha tornado en pasión, siento su lengua enredándose en la mia
como me muerde dulcemente los labios, como se separa un instante saca la lengua y recorre mis labios provocandome
Se para y me mira a los ojos, entonces su boca se desliza por mi cuello mordiendome despacio, provocando que
mi cuerpo tiemble mientras sus manos acarician mi espalda y me aprietan contra el.

Me desnuda muy lentamente, cubriendo de besos cada centímetro de mi piel que queda al descubierto.
Me apoya contra la pared, mientras deja caer mi blusa, mi sujetador negro no es obstaculo, lo desabrocha y mis
pechos se alzan desafiantes su boca atrapa golosa mis pezones, su lentitud me provoca aun mas, separa un
poco mis piernas lo suficiente para que su mano se deslice hacia mi sexo, que encuentra húmedo y caliente.
Se me entrecorta la respiracion y gimo cuando noto las yemas de sus dedos acariciar mi sexo, separa mis
labios mojados y los acaricia despacio con suavidad como si fueran de cristal.
Inclino la cabeza hacia atras mientras el sigue besandome los pechos jugando con la punta de su lengua en mis
pezones, sus manos deslizan mi falda y mis braguitas se enredan en los tacones de mis zapatos.
Se arrodilla mientras acerca mi cabeza a mi sexo me mira desde abajo y sonrie , hay una mirada de pillos en
sus ojos cuando un lametazo en mi sexo me provoca un espasmo de placer.
Me besa la parte interna de los muslos siento su dedo deslizarse en mi interior rozandome, casi no puedo
mantenerme en pie, mientras pega su boca en mi sexo y me chupa con deleite, Tengo mis manos en su
cabeza y la aprieto fuerte contra mi coño, y el lame como si fuera un helado, mientras su dedo entra y sale
no aguanto la tension sexual y rompo en un orgasmo mientras tiro de su pelo.

El sigue rozando con la punta de su lengua mi clitoris provocando descargas contínuas. Le pongo de pie,
le llevo hasta la cama y lo tumbo, dej que me vea desnuda, sólo con las medias y los zapatos de tacón, y noto
como su polla se endurece en sus pantalones.
Le quito la ropa y atrapo la polla entre mis manos, subo y bajo despacio notando como se endurece, me la llevo
a la boca haciendo que de un gritito de placer.
Sé que lo estoy poniendo a mi, pero no quiero que acabe, paro, y le beso en la boca. Me aprieto contra él noto
el calor de su piel en la mía, cierro los ojos y dejo que me invada esa sensación, un momento, sólo un instante.
Me separo agarro su polla y me la meto, se desliza dura dentro de mi y siento como entra, muevo mis caderas
mientras en con sus manos no deja me levante, mis movimientos hace que mi pelvis roce con la suya y eso
me excita, no puedo parar y continuo hasta que me corro de nuevo.
Él aún no ha llegado, y de alguna manera agradezco que no lo haya hecho, se lo recompenso con mi boca,
sin parar hasta que siento el calor de su orgasmo.
Me tumbo a su lado, esperando que él se levante al baño a limpiarse, sin embargo enreda sus dedos en mi mano
mientras con la otra me acaricia la mejilla y me besa dulcemente, no dice nada pero siento que en ese momento
me atraviesa algo que podría llamar felicidad. Nos abrazamos y asi seguimos hasta que el me hace cosquillas y rie
como dos chiquillos, desnudos nos peleamos con las almohadas, hasta que caemos uno encima del otro y la excitación
comienza de nuevo.

Amanecí con él, con el olor a café recien hecho a tostadas y zumo de naranja.

Han pasado algunos meses, seguimos juntos compartiendo momentos, sexo, tardes de cien en casa, sms calientes,
paseos llenos de ternura, y sin embargo...

Sin embargo no he podido olvidarme de la página de contactos, y aunque ahora es espóradicamente, he quedado
alguna vez, no he vuelto a tener sexo con mis citas, las desnudo dejo que me toquen que se ilusionen pero rápidamente
los ato a la cama, es raro a todos los hombres les pone que les aten, y entonces  dulcemente les mato, les quito la vida.

No dejo rastro, sólo este diario que llevo conmigo.

Nota a pie de página: Acabo de leer tu diario, no, no te enfades, lo dejaste abierto la otra tarde y no pude evitarlo.
no te juzgo, no te reprocho nada, te amo tal como eres, y no quiero perderte.
¿Solo quisiera hacerte una pregunta....

....podría yo también participar en tus "cacerias"

miércoles, octubre 31, 2012

Venganza (Parte 1)


 (Una historia para adultos)
** No recomendado para menores

Sobre la mesa había un charco de sangre espesa con trozos de lo que alguna
vez había sido un corazón.

No era del todo cierto, aquel charco sólo estaba en mi imaginación, pero si
tenía el corazón hecho añicos. En el momento en que se lo dí a él y este al
poco tiempo lo estrelló contra la pared el día que me dijo que todo había
acabado.

Sonó un tintineo, procedía de mi portatil un HP de 17", que compré en un acto
impulsivo para intentar olvidarle, recibía un mensaje de aquella página de
contactos para buscar pareja, sin embargo resultaba al final como todos
los chats, un fiasco.

"Hola, me ha gustado tu perfil, estoy conectado, ¿me pinchas?", rezaba el
mensaje.

Dí al enlace del chat, después de ver su breve descripción: "... amigo de mis
amigos.." que chorrada más grande- pensé - ¿quien no es amigo de sus amigos?

Se abrió la ventana del chat y escribí un escueto "Hola".
En breves segundos, vi aparecer el icono que indicaba que en el otro lado
estaba escribiendo.

"Hola, estoy solo en casa, he visto tu perfil y seguro que podria hacerte
pasar una tarde inolvidable, que tal si vienes y follamos, te follaré como
nadie te lo ha hecho hasta ahora"

Estuve tentada en no contestarle, pero despues de ver su foto, intuí que era
un tipo más de aquellos a los que les encanta usar a las mujeres.

"Dudo mucho que tu puedas satisfacerme"
"Seguro que el poca picha de tu novio no sabe follarte,¿ has probado alguna vez
por el culo?"

¿Qué sabría él si tenia novio o no?, eso me enardeció más y decidí llevar el
juego hasta el final.

"Mira chato seguro que he follado más y  con más de lo que pudieras imaginar"
"Ummm una buena puta como tú es lo que necesito, sobre todo si sabes chuparla
bien, vamos te doy la dirección y te animas..."
"Venga a ver si es verdad que hay en ti tanto machito suelto"

La conversación no dió para mucho más que unas cuantas groserias, y vulgaridades,
lo suficiente para saber que en el fondo era un misógeno.
Me dió su número de móvil y su dirección, yo no le di ningun dato, no quería
que supiera de mi más de lo necesario.

Me vestí de lo más provocativa, tapandome con una gabardina, cogí el metro hasta
su casa.

Cuando me abrió la puerta sólo llevaba una toalla atada a la cintura.

-"Vaya, ni siquera esperas a saber como soy y ya estas lanzado"
- "Para que esperar si los dos sabemos a lo que vamos, ¿verdad putita?"

Se me pego y metió su lengua en mi boca mientras su nano manoseaba mi culo,
y notaba su erección entre mis piernas.

- "vamos a la cama alli estaremos mas cómodos, además te traigo una sorpresa"
- "La sorpresa te la voy a dar yo con mis 20 cm"

Lo tumbé en la cama mientras intentaba quitarme el minusculo jersey que llevaba
y que dejaba parte de mi estomago al aire mostrando el pircing de mi ombligo.

Saqué del bolso unas esposas recubiertas de piel.

- "¿Te gusta jugar eh? vamos a ver que tal eres si te esposo a la cama"

Lo espose a la cama mientras el me decia de todo, aproveché que no podia
moverse para quitarme las braguitas sin desnudarme, le puse un condón y
comencé a follarmelo.

Él se resistia.


- dejame que me ponga encima,dame tu culito que te lo voy a reventar,
 quiero que me la comas...

Saque una bolsa de plástico, él la miro incrédulo.

- ¿Sabes? - le dije - dicen que en el momento del orgasmo si te falta el oxígeno
se acrecienta el placer hasta límites insospechados... debe ser una dulce
manera de morir ¿no crees?

Le coloqué la bolsa y me moví encima de él más y más deprisa, ví como abría
la boca intentado coger la última bocanada de aire, hasta que dejó de respirar.

Limpié la habitación, y dejé la bolsa en su cabeza para que pareciera que
había fallecido masturbándose, encendí su ordenador, el muy imbécil lo tenia
sin contraseña, borré el historial y me marché.

- "un cabrón menos que no hará sufrir más a ninguna mujer".

Al llegar a casa, volví a ver las fotos, intenté no llorar, pero me fué imposible

Continuará....

miércoles, octubre 24, 2012

Tenía miedo


Tenía miedo...
    de ver el mundo desde lo alto por lo que llenó sus paredes de postales.
Tenía miedo...
    de que sus sueños se volvieran realidad por lo que los ató con un lazo de colores a un globo.
Tenía miedo...
    de  que el tiempo borrar el nombre escrito en ese lazo y lo cubrió de celofan.
Tenía miedo...
    de tener miedo por lo que dejó de sentir.
Tenía miedo...
    de olvidar que los recuerdos se pueden volatilizar, por lo que llenó su mochila de tantos que ya no pudo levantarla.
Tenía miedo...
    de que su cama se cubriera de rocío y lo tapara, por lo que tiró una manta al suelo y ya no volvió a dormir en su cama.
Tenía miedo...
    de que cada rincón de las calles por las que pasó, cada esquina donde esperó, cada parque donde paseó le doliera tanto que no
    pudiera soportarlo, que se encerró y no quiso salir más.
Tenía miedo...
    de abrir un día los ojos y descubrir que ya no estaba por lo que apagó las luces para no ver más-

Tenía miedo...
    tanto miedo...
        que cuando vio su sonrisa, vio sus ojos ...

   Dejó de tener miedo.

viernes, octubre 19, 2012

El cazador de dragones


Le habían contratado para lo que era. Un cazador de dragones.
había demostrado al rey y la nobleza de lo que era capaz. Diestro con la espada y el arco, ágil montando a caballo,
valiente para enfrentarse con lo desconocido.

Allí se hallaba el cazador de dragones, en el castillo, entrenándose, cuando el rey y la nobleza le citaron.

- Creemos oportuno que como los dragones son muy fieros, haya alguien más para la caza.

El cazador de dragones, no puso objeción, ¡ quien era él para contradecir una orden del rey !

El tiempo pasaba y el nuevo y supuesto cazador de dragones se hizo con los favores del rey y de la nobleza, tenía algo
de bufón y simpatía que congenió con ellos. Mientras el cazador de dragones, seguía con su trabajo, ya que sabía que
más tarde o temprano debía estar preparado.

Pero el día de la caza se retrasaba, y mientras el cazador seguía siendo eso un cazador de dragones, el recién llegado
se instaló en el castillo gozando de los favores del rey.

Así pasaba el tiempo, el cazador de dragones se sentía apartado e incluso llegaba a dudar de su capacidad de soldado.

Para colmo llegó al castillo un nuevo soldado, y desde el primer momento todo lo que le habían encargado al cazador de dragones,
seguir las huellas del dragón, inspeccionar cuevas... fue encargado al nuevo soldado, y él se quedó en el castillo sólo para las
cosas que los demás guardias no querían hacer.

Se sintió triste, e incluso pensaba que todo aquello era por que no valía como soldado, pero aún así sabía que si en otros reinos
le habían conocido.

Así que un día decidió abandonar el castillo, como era un buen  rastreador siguió las huellas de  gran dragón hasta que llegó a su
cueva.

Cuando desenvainó la espada y el dragón salió, se dio cuenta de lo inútil que es matar a un animal sin más, el gran dragón tenía
la capacidad de poder comunicar con los humanos, y como recompensa por no cazarle le otorgó un deseo al cazador de dragones.

Este le pidió un deseo.

A los pocos días, un soldado de la guardia dio el aviso de que alguien se acercaba al castillo.

El rey y la nobleza salieron al encuentro del que llegaba. Asombrados vieron que era el cazador de dragones, y que en un gran
carromato traía muerto al gran dragón.

- He aquí, el gran dragón, me contratasteis para su captura y pese a que nunca creísteis en mi, trajisteis a otros que ocuparon
mi lugar, yo he hecho mi trabajo.

El rey y la nobleza comprendieron el mal trato que habían dado al cazador.

- Por favor quédate con nosotros.
- No, no merecéis que me quede, espero que aprendáis la lección, y sepáis respetar un trato.

El cazador de dragones dio la vuelta y nunca más volvió al castillo.

Cuando se hubo alejado lo suficiente, bajó del caballo y tocó al gran dragón, este se levantó y miró al cazador.

- Gracias por lo que has hecho por mi, te prometo que nunca más cazaré dragones.
- Eso espero, ahora somos amigos.
- Si - contestó el que ya no era cazador de dragones - y he aprendido que uno debe creer en sí mismo no en lo que los demás piensen de uno.

Y así fue como el ex cazador de dragones se convirtió en lo que él siempre había querido y no en lo que los demás querían.

Ahh... y fue el único hombre que pudo decir que tenía un dragón como amigo.

miércoles, octubre 10, 2012

Ella y Él


Ella trabaja en un bar, su salario en Sanidad no da para más.
Él baja todas las tardes se sienta en la mesa de la esquina con sus gafas su libreta y la mirada cansada.

Ella sirve los cafés y las copas pensando en el hijo que deja en casa con sus libros y deberes a la espera de que regrese.
Él pide su cerveza con su platito de patatas fritas y abre la libreta mientras escribe historias sobre el pozo negro que son los ojos de ella.

Ella lo mira a escondidas cuando no recuerda los cardenales que le dejó el padre de su hijo.
Él ahoga sus pensamientos en la espuma de cerveza mientras juega al tetris con los trozos de su corazón.

Ella no se atreve a decirle nada cuando le cobra y le deja algo de propina.
Él escribe palabras para ella que sus labios no se atreven a pronunciar.

Ella recoge y cierra el bar, exactamente 15 minutos después que él se va.
Él mete todo en su mochila y cuelga sus sueños del calendario un día más.

Ella vuelve a casa, recoge la cena arropa a su hijo y en silencio llora una noche más.
Él apaga la luz, y sueña que algún día tenderá del arco iris un corazón completo.

Ella espera que él le diga algo.
Él espera que un día tenga el valor para invitarla a bailar.

Ella recoge el café, limpia las mesas y ve que se ha dejado su libreta.
Él vacía su mochila en casa, no ecuentra su libreta y sale corriendo al café.

Ella le está esperando en la puerta.
Él llega, se para, la ve y no dice nada.

Ella  lo coge de la mano, le entrega la libreta y le dice:

     "Es tiempo de hablar,de presentarte a alguien más"

Él la toma de la mano y la aprieta dulcemente, sus labios susurran:

     "Si"

Ahora ya son él y ella, ella y él ...

viernes, octubre 05, 2012

Eras tú (El autobusero )


Llevaba sentado tres horas, y lo peor aún no había llegado.
La hora punta y eso que me gusta conducir, pero en Madrid, en
un Madrid en el que su cielo se llena de nubes y llueve no es,
digamos, lo que más me apasiona.

Y encima soportal al personal, ya sé que la crisis está alterando
los nervios de todos, pero no  hay día que alguien no se intente
colar en el autobús o bien creyendo que yo soy tonto o bien con
algún bono metro falsificado.

Delante de mi un ciclista se me cruza, maldigo mientras intento
no frenar bruscamente.

- Oye que no somos vacas - me grita algún viajero, ya me gustaría
a mi verle aquí sentado 8 horas intentado sortear taxistas, motos
y peatones.

Me guardo la contestación y sonrió a la ancianita que esta sentada
a mi derecha.

Me acerco a la parada.

Eres tú, la que busca en el bolso su metrobus, eres tú la que con
sus trenzas enreda mi imaginación, y sin más una imagen se me cruza,
y te veo desnuda solo con las trenzas corriendo como si fueras Pipi
Lamstrum, aunque no tengas el pelo rojo, y yo aquel mono odioso intentando
atraparte.

Eres tú, la que me pone nervioso y me dan ganas de abrir la puerta
de mi estrecho compartimento y ponerme a cantar como Mocedades:

"Eres tú como el agua de mi fuente (algo así eres tú)
Eres tú el fuego de mi hogar
Eres tú como el fuego de mi hoguera
Eres tú el trigo de mi pan."

Y yo añadiría eres tú la que tendria que apagar el fuego de mi fragua...

Ya sé que no te vas a fijar en un pobre autobusero, casado, con tres hijos,
con mi barriga cervecera y un culo que casi no me entra en el asiento, y para
colmo con una mujer que para abrazar su cintura necesitaria los brazos
de Gasol.

Pero eres tú la que en esta parada y me alegra el viaje.

Freno despacio, como si estuviera bajando la cremallera de tu falda
sin prisas pero sin pausas.
Y miro hacía atrás esperando que la viejecita, a la que le quedan menos
de dos telediarios, de esos que dan entre los partidos de futbol y duran
menos que el sexo con mi parienta, deje el asiento vacio, y te sientes y
se levante tu falda lo suficiente.

Eres tú quien sube, y me sonrie con un - "hola" - aunque hoy me suene
triste y lejano, picas el metrobus y te sientas donde antes estaba la
viejita y lo que pienso es que seguro que te habrá dejado caliente el asiento.

Te veo mirar por el cristal, como si buscaras algo o quizás a alguien.

Y oigo el claxon del taxista e instintivamente me llevo las manos a los
huevos y pienso "tocame el pito, mamóm".

Eres tú, otro pasajero, no un pasajero cualquiera, por que simplemente..

Eres tú.

Y en Madrid las nubes grisis terminaron de vestir al cielo azul.

lunes, octubre 01, 2012

Eras tú ( Él )

A aquellas horas el metro era un hervidero de gente, y prefería ver
las calles de mi Madrid desde el autobús.
Me coloque frente al gran ventanal, el cielo se cuajaba de nubes, y
deje vagar mi mirada más allá de los coches y del asfalto.

Como un ejercito se lanza sobre las tropas enemigas, dentro de mi
volvió a crecer aquella amarga sensación de vacío.

Como un madero que va a la deriva sobre las aguas de un rio, por
mucho que intentará guiar mi camino me sentía atrapado, llevado por
la corriente con las manos atadas a la espalda.

Recordaba las palabras del anciano. "Lo importante en la vida no es las
veces que caes, sino las veces que eres capaz de levantarte".
Pero cada vez me costaba más levantarme.

Alcé la vista y te vi.

Eras tú.
Por un instante mi mirada se quedó prendida entre tus trenzas, como si las uniera
un fino hilo por el que me deslizaba como un funambulista.

Del viejo baúl se proyectaron los recuerdos, los primeros besos que arrancaron
el polvo que cubría a un viejo corazón.

Eras tú, la que de pie buscaba algo en el bolso, la que me había regalado
el disfraz de niño, quitándome la armadura oxidada de nostalgia.

Eras tú la que podía llevarme a pensar que aún se puede atrapar el arco iris,
eras tú la que me hizo sentir que siempre estaba flotando entre el que soy y el
que tú esperabas que llegase.

Levantaste los ojos, y nuestras miradas se encontraron a mitad de camino,
entre tu parada y mi autobús. Alcé la mano y la pegué al cristal, esperando
que la vieras, deseando que aquel gesto sirviera para llamar al pasado
y detenerlo en el presente.

Eras tú, la que desnudaba mi cuerpo por las noches, y era yo el que lo cubría
por el día con mi traje de melancolía.
Eras tú la que llevaba las pinturas para dibujar mares turquesas en mi lienzo,
pero nunca dejé que acabarás el cuadro.

Eras tú, y sólo tú, cuando yo nunca llegué a ser yo.

Y de pronto, mientras me alejaba pensando en bajarme, vi llegar a tu autobús,
vi como subiste, y te sentaste, sin entender que el gesto de mi mano en
el cristal te llamaba.

Te hiciste pequeña mientras te alejabas, como grande se hacía  el lago donde empezaban
a bañarse mis pupilas.

Eras tú.

Y en Madrid las nubes grises terminaron de vestir al cielo azul.

miércoles, septiembre 26, 2012

Eras tú. ( Ella )



Llevaba las trenzas, y aquella falda tipo Custo.
Sobre Madrid, las nubes vestían el cielo azul de gris.
Yo caminaba perdida en mis pensamientos, miraba el asfalto cuajado
de charcos, por un momento estuve tentada de saltar sobre uno como
cuando lo hacía de pequeña. 
Donde se habrá quedado aquella inocencia y todas las ilusiones, cuando
piensas en como será la vida cuando hayas crecido, marido, hijos...
normas no escritas pero que te las han grabado tan profundamente que
cuando no son así parece que algo has hecho mail.

Busqué en  mi bolso el abono transportes y cuando levanté la vista, te ví.

Ibas de pie pegado a la ventana de aquel autobus, con la mirada perdida. Por un momento
me quedé sin respiración, hacía meses que no te habia vuelto a ver, aún  
dolían las costuras con las que había tenido que coser mi corazón.

Eras tú, quizás en algún momento te tuve como las olas besan la orilla,
por ese breve instante que parece que será una eternidad.
Eras tú, con tu gabán de  melancolía, el que algunas veces desnudé pero que 
dejabas colgado del perchero para vestirte por la mañana.
Yo sabía que en el fondo quizás no querías que te quisieran pero si que te abrazaran
y yo te abracé queriendote como nunca antes había hecho.
Eras tú y yo acepte que tras el sol hay dias grises, que tras mi puerta
a veces traías empaquetados mis sueños con lazos de espuma de mar.

Eras tú, el que tras el cristal iba en el autobús.

Sonreí, con la sonrisa cansada de tantos amaneceres con el lado de mi cama
vacia. Cuando descalza recorría el pasillo abrazada a tu almohada.

Entonces me viste, y pegaste la mano al cristal, tus ojos se quedaron pegados a
mi mirada.
Moviste tu mano. 
Nunca supe si fue en un gesto de saludo o de despedida.
Un beso se ahogó en mis labios mientras te fuiste haciendo pequeño en la distancia.


Y llegó mi autobus, me quedé colgada de tu mirada, mientras me sentaba junto
a la ventana.

Eras tú.

Y en Madrid las nubes grisis terminaron de vestir al cielo azul.

sábado, septiembre 22, 2012

Aún sueño

Son las 8 de la mañana.
Mes de mayo.
Un dia gris que parece mas finales de Octubre.

Y llueve. Llueve sobre Madrid.

En mis  manos tengo un cafe, 1,40 euros, un poco de calor para afrontar la mañana, bajo esta esquina del cine, espero, espero a un cliente.
Por mi garganta se desliza un sorbo de ese café y dejo que su calor me llene, cierro los ojos y recuerdo...

"Vivía en una ciudad hermosa, con un mar hermoso, y una tranquilidad hermosa, eres feliz, todo lo que una niña pequeña puede llegar a serlo, hasta aquel octubre del 91 cuando todo se rompió, como cuando un vaso cae al suelo y se hace añicos.

Mi padre fue reclutado a la fuerza, las fuerzas serbias no tuvieron ningún tipo de piedad, era la limpieza racial, en la Europa moderna, esa misma Europa que miraba a otro lado, mientras mi madre y mis hermanas junto a miles de personas eramos desplazados.
De mi padre nunca mas supimos, ahora le imagino enterrado en algun bosque no muy lejano a mi querida Dubrovnik.
Mi madre desapareció una noche del campamento de refugiados, cuando los soldados hacian sus incursiones en busca de lo que ellos llamaban "tiempo de entretenimiento".
Luego leí todo lo que les hacian, interminables violaciones en grupo, tratadas como esclavas, encerradas de dia, para sacarlas de noche como si de perras en celo se trataran.

Lloré, lloré muchos días, hasta que se me secaron las lagrimas, hasta que el corazón se me seco y se convirtió en una dura piedra."

Bebo otro trago de café, mientras la gente pasa a mi lado y veo como me miran, algunos con reproche como si estuviera aquí por mi gusto, en su Europa moderna, el paraíso de la prosperidad, ¡ja! ellos cierran los ojos, como los cerraron cuando los francotiradores, jugaban al tiro al blanco con ancianos y niños, un punto de mira, y son Dios, eligen quien debe vivir quien debe morir, un ligero zumbido y la muerte viaja encorsetada en metal que viene de Estados Unidos, o de esta vuestra maldita Europa.

Alguien se acerca, le sonrío, establecemos un precio y vamos al hostal de siempre, la habitación huele a tabaco, le indico el baño para que se lave, mientras despacio me desnudo, el sale, establezco mis normas nada de besos en la boca, ni por detras, obligatorio  condón.

Se tumba y noto su peso sobre mi, mientras vacia sus prisas en mi piel, yo sueño con la arena caliente de mi playa, con volver a ser esa niña que corria por las calles, a las 7 de la tarde cuando mi padre volvía del trabajo. Sueño con volver alli donde mi hermana vive aún con mis abuelos.

Deja los 30 euros tirados sobre la unica mesa de la habitacíon, se viste y sin mirar atrás cierra la puerta.

Voy al lavabo, me lavo, me enjuago la boca y me miro al espejo, algunas arrugas cruzan ya mi cara, a pesar de ser tan joven, recompongo el carmín de mis labios, y guardo los 30 euros, esos que me van acercando a mi sueño, sueño con volver, y mientras me acerco a mi sueño mi corazon se endurece un poco más....

****

Hoy subia al trabajo alli bajo una esquina al lado de la puerta de los cine Acteón una hermosa chica de veintipocos años con rasgos yugoslavos, apuraba un trago de café, mi mira y la miró, y en sus pupilas leo esta historia ¿verídica? quien sabe puede ser...

lunes, septiembre 10, 2012

El álbum de cromos (historias de mi viejito)


Hacía calor.
A pesar de que el calendario corría raudo en la pista de Septiembre, el verano
se negaba a irse.

Sin embargo, las tormentas presagiaban que aquello eran los últimos coletazos
antes de que las hojas empezaran a vestirse de pardo.

Me coloqué la mochila, los cascos y salí.
Las calles de Madrid me abrían sus brazos una tarde más, con sus casas antiguas,
las ventanas abiertas como ojos, yo te miro tu me miras.

Subo por la calle santa isabel, esquivo las obras, y algún cubi de basura,
revuelto, son sintomas de cómo muerde la crisis a todo tipo de personas.

Intento parar la centrifugadora de mi cabeza y me dejo acariciar por una
ligera brisa que huele a lluvia.

Paso por el cine Doré, y sin querer me recuerda a la película 'Cinema
paradiso' recuerdos se agolpan en el baúl, lo golpean queriendo salir, pero
esta vez no lo logran.

LLego a la calle Atocha, ahora la gente cambia, hay mas extranjeros algunos
perdidos buscando el camino a la Plaza Mayor, otros con el plano en la
mano se orientan, señalan y sonrien quizás para sus adentros crean que son
una especie de Indiana Jones del asfalto.

Por fín bajo por la calle Carretas, y aunque no quiero al llegar a la Puerta
del Sol giro un poco a la derecha y me asomo al café.

La mesa sigue alli, hoy vacía, y por un instante fotogramas se proyectan en
un cine mental. Café, miradas y una sonrisa.

Justo en ese momento de mis cascos surge una canción...

"And how can you mend a broken heart?
How can you stop the rain from falling down?
How can you stop the sun from shining?
What makes the world go round?
How can you mend a this broken man?
How can a loser ever win?
Please help me mend my broken heart and let me live again."

Ligeramente mis ojos se mojan.

Vuelvo hacia el centro de la PUerta del Sol y me siento en una de las fuentes centrales.
No hay mucho espacio, pero extrañamente a mi lado hay un hueco vacio, que
yo siento que se ocupa.

Se ocupa, pero no hay nadie.
Y lo siento
Lo presiento.
Y él está alli, ha vuelto.

- Hola. - le digo.
- Hola, ¿cómo estas?
- Cuanto tiempo ¿verdad?, pero no te he olvidado, he pasado muchas veces por
aquí buscándote, pero no llegué a verte.
- Bueno, he estado muy ocupado, ya sabes, después de tanto tiempo, allí te
reencuentras con tanta gente que hacía tiempo no veía que no pude volver.
- Es lógico, ya sé que no puedo preguntarte nada, pero por lo que veo estás muy bien.
- Sí, realmente bien, me gustaría contarte pero... ¿y tú que tal?
- ¿Yo? bueno vivo, que a estas alturas no es poco.
- Algo sé, es un privilegio que tenemos, desde tan alto se ven tantas cosas..
  ¿quieres que te cuente una historia?
- Por supuesto, sabes que las amo.

... "cuando era pequeño, uno de nuestros sueños era rellenar un albúm con
los cromos de los futbolistas de aquella época, en la plaza del pueblo nos
reuníamos todos los críos los domingos e intercambiabamos cromos, "le te,
le te, no le, le te, no le..." Luego llegaba la negociación, yo te doy 2 por
este, no, me das al portero de Atletic de aviación y tres más.
Era una carrera por ver quien completaba el albúm antes, haciamos pequeñas
tareas para ganarnos unas perras y comprar los sobres.
Al final siempre había dos chicos que  completaban los albunes. Un año llegó
una chica al pueblo para pasar el verano y los chicos se enamoraron de ella. Hacían todo lo posible
por llamar su atención. Recuerdo cuando trajeron sus albunes completos, como
dos gallitos se pavoneaban enseñando las colecciones completas.
Cuando el verano acabó, la chica al despedirse dió un suave beso a uno de los
chicos, junto a un papel con su dirección.
El oro se quedó mirando y a pesar de que rabiaba, soltó. "soy fuerte, me da igual
seguiré hacia delante".

Unas semanas mñas tarde, le pregunté al chico cómo había conseguido que la
chica le besase, él me enseñó su album, en aquellas hojas faltaban cromos,
había huecos vacíos. Le miré a los ojos, no encontré ningún atisbo de arrepentimiento
de su boca cayeron unas palabras que nunca olvidaré:

"se que me ha roto la colección, sé que me nunca volveré a ternerla entera,
pero cuando vea estos huecos vacíos, siempre siempre me acordaré de ella y
de lo que me hizo sentir".

A veces la gente mirá su corazón, y aquellos huecos vacios lo rellenan con
otras historias o lo tapan, y se convencen de que es mejor sacudirse y seguir
adelante sin más. Otros dejan esos huecos vacios, cosen la herida lo mejor
posible para que no sangre más, pero cuando se miran el corazon y ven esos
agujeros recuerdan lo que sintieron.

Ahora he de dejarte, ya sabes alli arriba no nos dejan estar aquí por mucho tiempo.


Le abracé. Y de pronto el sitio que había a mi lado estaba vacío.
Miré mi corazón y vi aquellos huecos, pocos, alguno mas grande que otro.
El último aún sangraba, pero me alegré por que como me había dicho mi viejito
nunca lo taparia.

El cielo se cuajaba de estrellas, el verano terminaba y yo volvía a mi caja
de cerillas.