domingo, octubre 10, 2010

El principe cobarde y el dragón vegetariano

3 parte final

No muy lejos de allí, el príncipe abrió los ojos, en la oscuridad del humo había tropezado con una rama cayendo al suelo. Vio una gran sombra, a unos metros estaba el cuerpo de dragoncito, sintió miedo, pero el fuego pronto le alcanzaría. Se levantó, cogió su espada, y lentamente se acercó al dragón.

-“Está muerto”- se dijo, viendo asomar la flecha, justo cuando se inclinó sobre el cuerpo, dragoncito abrió los ojos, el príncipe pegó un salto y se alejó. Dragoncito le miraba fijamente.

-“¿Porqué me habéis disparado? Yo sólo buscaba mis hierbas, nunca he hecho daño a nadie”- se decía.

El príncipe al ver que el dragón seguía inmóvil, y viendo que el fuego se acercaba más y más, cruzó corriendo a su lado, huyendo de allí. No se había alejado mucho cuando sintió una gran pena.

-“No puedo dejarlo allí, se quemará, está herido”. A pesar del miedo que sentía, regresó.

Dragoncito intentaba moverse, pero tenia el ala rota y una de las patas muy mal herida. Vio llegar al príncipe y aunque hubiera deseado lanzarse sobre él, no tenía fuerzas.

-“No te voy a hacer daño, debemos ayudarnos para salir de aquí, sino moriremos por el fuego”- le decía el príncipe.

Con mucho miedo acercó sus manos al cuerpo, al ver que el dragón no impedía que lo tocara, empezó a empujarlo.

-“Vamos, yo sólo no puedo, tienes que ayudarme a levantarte, deprisa”

Dragoncito entendió lo que intentaba hacer el príncipe, reunió las pocas fuerzas que le quedaban y con la ayuda del príncipe logró ponerse en pie.

Ambos anduvieron hasta que llegaron a la orilla del río, lo cruzaron, y se refugiaron entre las rocas, allí el fuego no llegaría.

El padre de dragoncito estuvo volando en círculos esperando ver salir a su hijo del fuego, el fuego y el humo no le dejaban acercarse más, cuando, por fin el fuego se fue apagando, descendió todo lo que pudo en busca de dragoncito.

Anochecía, y aunque no quería darse por vencido, las heridas y la poca luz, hicieron que el dragón diera la búsqueda por perdida, su hijo había muerto por culpa de los humanos, en cuanto se sintiera con fuerza quemaría todos los pueblos que se le pusieran por delante. Hundido y triste regresó a contar lo que había pasado al resto de los dragones.

Mientras en la cueva el príncipe se acercó a dragoncito.

-“Siento lo que te ha pasado, pero no podemos dejar que devoréis nuestros rebaños, sin ellos nosotros moriríamos.”

Acarició su lomo, sintió frío, y se echó a su lado. Dragoncito cerró los ojos y un profundo sueño le invadió.

El príncipe se despertó cuando el sol le dio en la cara, era ya mediodía, el dragón seguía allí, con los ojos abiertos mirándole fijamente.

-“Vaya estas despierto y no me has atacado, quizás no seas tan malo como pareces, ummm déjame ver, habrá que sacarte la flecha y te dolerá un poco”

Agarró la flecha con las dos manos y tiró fuerte, dragoncito gimió cuando sintió como la flecha salía de su ala.

-“Esto está mejor, ahora iré a por unas hierbas para curarte la herida”.

Al rato volvió con unas cuantas hojas y raíces, las partió con la espada y las trituró con unas piedras haciendo un pasta con la que tapo la herida.

-“¿Te sientes mejor?”

Dragoncito movió la cabeza, le era extraño que aquel ser hubiera intentado matarle y sin embargo ahora lo cuidaba.

-¡Que raros son estos humanos!.- pensó.

De la bolsa el príncipe sacó unas frutas que había encontrado, y se puso a comer, Dragoncito al verlas abrió la boca, con lo que asustó al príncipe.

-“Te curo, y ¿ con estas me pagas?”

Dragoncito gruño ligeramente, y el príncipe adivinó que también debería tener hambre.

-“No tengo fuerzas para cazar, pero si quieres aquí tienes algo de fruta, aunque dudo que te guste”

En cuanto puso la fruta en la boca de dragoncito este se las zampó de un bocado.

-“Bueno, bueno, vaya si tienes hambre”.

-“En cuanto tenga las fuerzas suficientes he de volver al castillo, ahora este dragón está débil, pero no sé lo que me hará cuando se recupere”- Se dijo el príncipe.

Pasaron el día en la cueva, cuando cayó la noche el príncipe encendió una pequeña fogata a la entrada de la cueva.

-“Nos dará calor”- le dijo al dragón.

Era ya medianoche cuando el príncipe oyó unos aullidos, la fogata se había consumido, se asomó y con la luz de la luna pudo ver la silueta una manada de lobos, volvían de cazar, y entre sus presas había varias ovejas.

Una ráfaga de aire llevo el olor del humano hasta los lobos, estos soltaron la caza y se dispusieron en formación de ataque.

El príncipe vio como los lobos se iba acercando, le habían olido, el miedo se apoderó de él, no tenía salvación, cogió su espada y la alzo gritando con todas sus fuerzas con la esperanza que esto asustara a los lobos. Pero lo único que hizo fue despertar a Dragoncito, al ver que los lobos se estaban acercando se levantó, se puso detrás del príncipe y rugió con todas las fuerzas que tenía.

Los lobos sorprendidos de que allí hubiera un dragón huyeron a toda prisa.

El príncipe se asustó, pero al ver que el dragón volvía al interior de la cueva, comprendió que le había salvado la vida.

-“Nunca imaginé que un dragón me salvara de los lobos, eres muy extraño ¿sabes?, pero te estoy agradecido”

Salió de la cueva, fue a recoger algún resto de carne que habían dejado los lobos en muestra de agradecimiento. Se la puso cerca de la boca de Dragoncito, pero este arrugó la nariz y empujó la carne lejos.

-“No puedo creerlo, ¿no te gusta la carne, o es que estas enfermo?

Sacó otra pieza de fruta, le tendió la mano y entonces Dragoncito con toda delicadeza la cogió y se la comió.

-“Un dragón que no come carne, ¡no puedo creérmelo!”

Pasaron los días, en el castillo todos lloraban la muerte del príncipe y clamaban venganza.

-“No esperaremos a la primavera, es hora de atacar, ya sabemos en donde se hallan, iremos preparados, en una semana saldremos en su búsqueda”- Dijo el rey en cuanto Erik narró la muerte de su hijo.

En la montaña también lloraban de tristeza, habían perdido al pequeño dragón, ahora no se atrevían a volar hasta el bosque, y esperaban que en cualquier momento llegaran los humanos.

En aquellos días surgió una profunda amistad entre Dragoncito y el príncipe, jugaban dentro de la cueva, y empezaban a salir con cierto recelo. El príncipe recogía raíces y frutas, mientras el dragón ejercitaba sus alas.

-“Al final los humanos no son tan malos, quizás si nos conociéramos podríamos evitar que estemos en lucha” – pensaba Dragoncito.

Poco le duró ese pensamiento a Dragoncito, a lejos se oía el retumbar del ejercito del rey que se acercaba.

-“Van a atacar vuestro nido”- le dijo el príncipe – “Tendríamos que avisarles, no quiero que haya guerra entre nosotros”

Dragoncito olisqueó el aire, y enseguida entendió las palabras del príncipe, como si supiera lo que tenía que hacer, bajó su cuello y con la cabeza empujó al príncipe, indicándole que subiera a su lomo.

Volaron, el príncipe no podía creer que estuviera sobre aquel dragón. Divisaron el ejercito del rey, que proseguía la marcha sin descanso, y cuando sobrevolaban el bosque, algo les dejó helados de miedo.

Abajo, una gran manada de lobos se dirigía hacia las tropas del rey, se habían reunido lobos de todas las comarcas de alrededor, su fuerza sería imparable, poco tendría que hacer el ejercito si aquella jauría los atacase por la noche.

-“Tenemos que hacer algo, no puedo dejar que mi padre muera sin ayudarle”- dijo el príncipe.

Dragoncito sabía que aunque muriesen muchos lobos, los humanos también sucumbirían, y entonces poca caza les quedaría a los dragones.

Batió con fuerza las alas, y voló con todas sus fuerzas hacía la montaña.

El príncipe sintió miedo, una cosa era estar junto a aquel dragón, pero que sería de él cuando el resto lo vieran.

No tuvo que esperar mucho tiempo, Dragoncito volaba como nunca lo había hecho y se acercaban a las montañas.

Cuando llegaron, Dragoncito dejó al príncipe al pie de las mismas. Estaba claro que no quería llegar con él, no sabía como podría reaccionar su padre.

En el nido, todos los dragones se hallaban reunidos, la caza cada vez era menor, habían visto que los lobos estaban acabando con toda la comida y encima aún temían la llegada de los humanos. El padre de Dragoncito seguía sumido en la tristeza.

-“Creo que lo mejor es que volemos lejos de aquí, busquemos otro lugar”- dijo.

-“Sabes que ahora eso sería imposible, no tenemos muchas fuerzas, además donde iremos, tú lo dices por que con la pérdida de Dragoncito, ya nada te importa”

El gran dragón gruño, y avanzó hacia el que acababa de hablar.

-“Para, no podemos luchar entre nosotros también, además no le falta razón, desde la pérdida de Dragoncito no eres el mismo”- habló el dragón más anciano.

En ese momento se hizo un gran silencio, se oyeron unos pasos, y un bufido de alegría retumbó en la cueva. La madre de Dragoncito no podía creer lo que veía, en la entrada caminando estaba su pequeño hijo.

Se formó un gran revuelo, nadie creía que pudiera seguir vivo después del encuentro con los humanos. Todos querían saber que había pasado.

-“No hay tiempo para que os cuente lo que ha pasado, los humanos están cerca de aquí, y van a ser atacados por la mayor manada de lobos que hayamos visto, hemos de ayudarles”

- “Mejor, así no tendremos que luchar contra ellos”, “Que nos importa a nosotros la suerte de los humanos”. “Estas loco, el ataque te ha dejado sin cordura, o es por que sólo comes vegetales”. Le decían sin parar.

-“Un momento, si aún estoy aquí es gracias a que un humano me salvo la vida, me cuidó y sanó mis heridas, esperad”- Y salió en busca del príncipe.

El príncipe estaba aterrado cuando Dragoncito le depositó dentro de la cueva, podía oír como resoplaban y gruñían y aunque no entendiese el idioma de los dragones, sabía que no estaban muy contentos con su presencia.

-“No todos los humanos son malvados, como no todos los dragones comemos carne”- dijo dragoncito- “Los lobos vana a atacar al ejercito, y siendo tan numerosos, probablemente acaben con ellos, después de eso, que nos quedará a nosotros, acabaran con toda la caza, y quién sabe si encima nos echarán la culpa”

-“Y que propones”- le preguntó su padre.

-“Que les ayudemos a vencer a los lobos, que les demostremos que no tenemos nada contra ellos”- contestó Dragoncito.

-“¿Y si no nos creen?, ¿y si después de ayudarles quieren acabar con nosotros?

-“No os preocupéis por eso, iré junto al hombre y comprenderán”

-“Es un plan arriesgado, pero eso mejor que irnos de aquí”- dijo el anciano dragón.

Dragoncito miró al príncipe, y le ofreció de nuevo su cuello, este no sabía que iba a pasar, pero cuando vio que tras ellos volaban los demás dragones entendió que aún podía haber una solución.

Mientras los lobos se hallaban cerca del ejercito, se habían posicionado detrás y a los lados, a la espera de que cayera la noche para atacar. No querían acercarse mucho para que no les vieran.

Los dragones volaron lo mas alto posible, para que el ejercito no les viera, en cuanto divisaron a los lobos, descendieron, los soldados al verlos dieron la voz de alarma, el rey dio la orden de protegerse bajo los árboles y que los arqueros formaran en línea de ataque.

De pronto sobre un pequeño dragón vio a su hijo, no podía creerlo.

-“General dé la orden de no disparar, mi hijo está sobre un dragón.”- dijo el rey entre lágrimas.

-“Eso es imposible mi rey”

- “Fíjese bien, sobre aquel pequeño dragón”

El general vio que era cierto, el príncipe montaba sobre un dragón, ¿pero eso significaba que no les iban a atacar?

-“¡Arqueros, no disparen hasta nueva orden!. Les gritó.

Todos temían que el príncipe fuera un argucia de los dragones para atacarles, pero estos sobrevolaron al ejercito sin hacer nada.

En cuanto hubieron sobrevolado sobre los humanos, los dragones lanzaron sus llamaradas, los lobos sorprendidos por el ataque comenzaron a huir.

Tal fue la locura de aquel ataque que los lobos corrían de un lado para otro separándose unos de los otros.

Poco tiempo duró aquella lucha tan desigual, cuando acabó los dragones volvieron a su nido, todos menos uno, como había dicho Dragoncito, este volaba hacía donde estaba el rey.

Rápidamente los soldados rodearon al rey para defenderle.

-“Esperad, los dragones nos han salvado de los lobos, esperad un momento.”- dijo el rey.

Dragoncito se posó suavemente, el príncipe descendió de su lomo, y corrió hacia su padre. Los soldados vitorean la valentía del príncipe.

-“Mi rey, padre, os ruego no ataquéis a los dragones, ellos no son los que mataron a las ovejas, ni siquiera han atacado a los humanos, este dragón”- dijo señalando a Dragoncito- “ha salvado mi vida, creo que se merece un respeto”

El Rey escuchó a su hijo, cuando este terminó de hablar le abrazó.

-“Mi hijo, aquel al que muchos a escondidas llamabais el príncipe cobarde, nos ha salvado la vida, él y los dragones. Desde hoy ordeno que en este reino los hombres vivan en paz con los dragones”

Dicho esto, todo fueron gritos y abrazos al príncipe. Este se acercó a Dragoncito, y le abrazó.

-“Gracias, gracias por salvarme la vida, y por salvar nuestro reino”.

Desde aquel día los hombres vivieron en armonía con los dragones, el rey ordenó que dejaran un bosque para que los dragones pudieran cazar en libertad, y los dragones a su vez mantuvieron lejos a los lobos.

Muchos días Dragoncito volaba hasta el castillo, y allí el príncipe montaba sobre él.

Nadie más llamó cobarde al príncipe, ningún dragón volvió a reírse de Dragoncito.

Y fín.

miércoles, octubre 06, 2010

El principe cobarde y el dragón vegetariano

2 parte, el viernes el final de este cuentecito

En el castillo el alcalde informaba al rey.

-“Nos atacaron unos dragones, aquí hemos traído los restos de las ovejas para que vea su majestad que no mentimos. Le pedimos que salga en defensa de su pueblo”.

El rey mira los restos de las ovejas, y piensa que es un buen motivo para salir a dar caza a aquellos dragones que invaden su reino, así su hijo podrá demostrar que no es el príncipe cobarde como le llaman.

-“No debe preocuparse alcalde, ordenaré a mis caballeros para que salgamos a la caza de esos dragones e incluso mi hijo cabalgará a mi lado, no descansaremos hasta que la paz vuelva a su pueblo, mientras tanto, si alguno de sus habitantes quiere venir a vivir a la ciudad, puede hacerlo”

El alcalde se dio por satisfecho, tenía la palabra del rey.

El pequeño príncipe no quiere ir, odia cazar y siente miedo cuando piensa que se adentraran en el bosque que se hará de noche y los dragones le devoraran, pero no puede defraudar a su padre, sabe que le llaman cobarde y ve en su mirada la pena que ello le produce. Muy a su pesar irá.

A la mañana siguiente el rey, los caballeros armados y su hijo salieron en busca de los dragones.

Recorrieron varios pueblos entre los vítores de la gente, el rumor de que el reino estaba siendo atacado por dragones se extendió por cada esquina del territorio, algunos se unían al pequeño ejercito.

Llegaron al bosque donde habían sido atacadas las ovejas, acamparon y pasaron varios días patrullando sin que ningún dragón apareciese. Los soldados empezaban a impacientarse y los aldeanos que se habían unido al ejercito volvieron a sus casas con las manos vacías.

- “Tendremos que cruzar el bosque e ir hacia el sur, hacia las montañas, seguro que allí es donde se refugian” – dijo el rey.

- “Pero Sire eso esta muy lejos del castillo, si algo ocurriese tardaríamos días en volver a defenderlo.”

- “Tienes razón general, por lo la tropa se dividirá, pide voluntarios para ir a la montaña, mi hijo irá con ellos, y yo volveré al castillo”

Cuando los soldados se enteraron que el príncipe sería el que mandase a las tropas en vez del rey, pocos se presentaron voluntarios, temían que con su cobardía les llevara a una muerte segura. Más el mejor amigo del príncipe un caballero que montaba un gran alazán negro se adelantó, mis soldados y yo mismo iremos con el príncipe. El rey sonrió, las tropas gritaron de júbilo, el problema estaba solucionado.

En las montañas del sur, los dragones eran ajenos a todo lo que se les venía encima, habían reducido su campo de caza y no se aventuraban más allá de lo necesario. En el bosque, los lobos al ver que los dragones no cazaban por allí salieron de sus guaridas y empezaron a atacar de noche a los rebaños de los pueblos de alrededor.

Todos creyeron que los dragones estaban más y más cerca, y el pánico se apoderó del reino.

El rey volvió a su castillo, no sin antes dejar en cada pueblo unos cuantos soldados para que los defendieran.

Mientras tanto el príncipe había cruzado el bosque, y siguiendo el curso del río helado, se acercaba a las montañas, nunca nadie había llegado tan lejos.

El camino se hacía lento, los soldados ateridos de frío caminaban muy despacio y cada poco tiempo tenían que parar y calentarse con fogatas, la moral de la tropa caía.

-“Con este frío será imposible que luchemos contra los dragones, las armaduras se hielan y casi nos es imposible andar”

El príncipe comprendió que así nunca vencerían, por lo que los reunió a todos.

-“No quiero que nadie luche en vano, bajo estas condiciones es imposible que lleguemos a las montañas y venzamos a los dragones, mi orden es que el ejercito regrese, Erik el caballero y 5 soldados voluntarios vendrán conmigo hasta encontrar el nido de los dragones, así regresaremos en primavera y les atacaremos”

Todos agradecieron la idea del príncipe, aunque rehuir la batalla pudiera suponer un acto de cobardía, era lo mejor que podían hacer.

Por segunda vez el ejercito se dividió, quedando tan sólo el príncipe, su amigo Erik y los cinco soldados. Siguieron la ruta del río, despacio, en alerta, ya que no estaban lejos de las montañas y en cualquier momento podían ser atacados.

En la montaña, dragoncito no tenía hierbas ni frutos, por lo que se decidió a salir a buscar alimento. Sabiendo que se reirían de él, no dijo nada, y se marchó.

Estaba tan distraído buscando sus hierbas que no se fijó en el grupo de hombres que hacían guardia, estos corrieron a avisar al príncipe, se ocultaron entre los árboles esperando que aquel dragón descendiese un poco.

-“Deberíamos seguirle, seguro que nos llevará hasta el nido”- dijo el príncipe, sintiendo que le miedo le paralizaba todo el cuerpo.

-“Será mejor atraparlo, luego podremos llegar hasta el nido pero así al menos habremos acabado con uno”. – dijo Erik, a la vez que tomaba su arco y apuntaba a dragoncito.

-“¡No!, espera …- le gritó el príncipe, pero ya era demasiado tarde, la flecha surcaba veloz el aire en busca del corazón de dragoncito.

Este oyó el grito del príncipe y en el último momento se giró, la flecha rozó su pecho clavándose en una de sus alas. Sintió un dolor agudo, perdió fuerza y empezó a caer.

-“A por él”. Grito Erik, y todos echaron a correr en la dirección donde estaba cayendo dragoncito.

El pequeño dragón caía y caía, por más que batiera sus alas le era imposible remontar el vuelo, se dejó invadir por el dolor, y cerró los ojos.

Chocó contras unos árboles, rompiendo las ramas, que amortiguaron su caída.

El príncipe, Erik y los soldados, se acercaban al lugar donde yacía dragoncito, cuando una llamarada surgió del cielo, el padre de dragoncito al ver que este no estaba había salido en su busca, desde la altura había visto todo lo sucedido, descendió rápidamente, soltando fuego por su gran boca para que los soldados no llegasen hasta donde se encontraba su hijo.

El fuego separó al príncipe de Erik y el resto de los soldados, estos al ver llegar al otro dragón prepararon sus arcos y sus escudos.

-“Disparad sin parar”- les gritó Erik, el dragón intentó escapar de aquella pequeña nube, lanzó otra llamarada pero no logró quemar las flechas, herido, voló más alto para que no le alcanzaran.

El fuego había prendido en la hojarasca seca, rápidamente creció cercando a los soldados, Erik ante la imposibilidad de cruzarlo decidió retirarse, en el último momento pudo ver entre el humo el cuerpo del príncipe junto al dragón. Cuando llegaron hasta el campamento, el bosque era una inmensa bola de fuego.

-“Nuestro príncipe ha muerto como un valiente, le he visto entre el humo caer muerto junto al dragón, volvamos al castillo, llevemos la mala noticia al rey y volvamos en primavera para acabar con los dragones”

Recogieron las tiendas de campaña, y partieron hacia el castillo.

lunes, octubre 04, 2010

El principe cobarde y el dragon vegetariano

Primera parte, el miércoles la 2 parte

Había una vez un reino lejano, muy lejano, situado al norte donde los inviernos eran fríos y nevados, y el verano corto.

En el reino todos vivían felices, el rey y la reina eran buenas personas, que cuidaban de sus súbditos, les daban tierras para trabajar, recaudaban lo justo y guardaban el grano para los años de mala cosecha.

Los reyes tenían tres hijos, dos hijas y un hijo. Todos recibían la misma educación, pues en aquel reino no había distinción para reinar. Lo único que les diferenciaba era que el chico, era instruido en el arte de las armas.

Al príncipe no le atraía mucho el aprender a luchar, cuando veía a los caballeros con sus increíbles armaduras sentía miedo, mucho miedo.

Por lo que en los torneos que se celebraban siempre quedaba de los últimos, la gente empezó a murmurar sobre la valentía del príncipe y pronto empezaron a llamarle “el príncipe cobarde”.

No muy lejos del reino, en la altas montañas del sur, había un nido de dragones, estos se habían mantenido lejos de los humanos, sabían que en otros países los humanos habían acabado con ellos, creando una leyenda negra sobre ellos, los devoradores de hombres les habían llamado.

Era la época de cría, pero aquel año sólo tres pequeños dragones crecieron. La manada había ido decreciendo con el paso de los años, refugiados en la montaña, su territorio era cada vez más pequeño. Y no había espacio para que la manada creciera, por lo que el número de crías era escaso.

Pronto uno de los pequeños dragones se diferenció del resto, cuando llegaba la hora de comer, dejaba la carne que los dragones encargados de cazar traían y buscaba hierbas y frutos. Todos le miraban extrañados, y temerosos de que con aquella alimentación el dragoncito no creciese, aunque por mucho que se rieran de él, no probaba bocado.

-“Creceré y seré tan fuerte como vosotros, no me hace falta comer carne”.

Y todos los dragones se reían de él, “mira ahí va el dragón vegetariano” le decían.

Aquel invierno fue muy duro, un viento helado adelantó las nevadas a mediados del otoño, cubriendo los campos con un gran manto blanco.

Los reyes abrieron la ciudad amurallada de su castillo, pues muchos poblados se quedaron sin cosecha, los ríos se helaron y era imposible la pesca.

En las montañas los dragones tenían que volar cada vez más lejos para procurarse alimento, aún sabiendo que el peligro de encontrarse con los humanos era cada vez mayor, incluso el pequeño dragón salía con ellos a volar en busca de raíces y algún fruto.

Así fue como les descubrieron.

Sucedió una mañana al amanecer, el pequeño dragón salió junto con su padre en una partida de caza, el padre aún esperaba que su pequeño cambiase la costumbre de comer vegetales y pensaba que yendo con él de caza sería la solución.

Tan concentrado estaba en enseñarle todo lo que sabía de la caza que no se dio cuenta de lo lejos que habían volado, estaban sobre un bosque persiguiendo a unos jabalíes, cuando oyeron los gritos.

Un pastor con sus hijos había salido con las ovejas en busca de algún lugar donde estas pastaran lejos de los campos helados, cuando oyó un fuerte aleteo, levantó la vista y allí en lo alto del cielo vio la sombra del dragón. Empezó a gritar a sus hijos, que alertados por el padre corrieron todos juntos hacia el pueblo dejándose atrás el rebaño de ovejas.

El dragón los vio correr, las ovejas asustadas con tantos gritos se dispersaron por el ladera, hubiera sido fácil cazar a unas cuantas, pero sabía que si lo hacía los hombres irían en su búsqueda y ellos no querían entrar en guerra con los humanos. Atrapó a dos jabalíes mientras el pequeño dragón cogía unas cuantas plantas entre sus garras y unas cuantas moras.

Pero en aquel bosque no estaban solos, el invierno también había sacado a los lobos de sus guaridas y estos, hambrientos, buscaban cualquier presa que fuera fácil. ¡Que presas más fáciles aquellas ovejas asustadas!

Cuando el pastor y sus hijos llegaron al pueblo contaron que habían visto a un dragón, que les iba a atacar y que tuvieron que salir corriendo, nadie les creyó, hacía tanto tiempo que no veían un dragón que pensaban que estos sólo existían en la mente de los guerreros o en la de los trovadores que cantaban sus aventuras. Más cuando fueron a por el rebaño de ovejas y vieron los restos de algunas muertas, el pueblo entero les creyó.

-“Hay que ir al castillo del rey y avisarle”- dijeron algunos.

-“El rey saldrá en nuestra defensa, vendrá con sus caballeros y les darán caza”- dijo otro.

Así que el alcalde y unos cuantos habitantes del pueblo montaron a caballo para informar al rey de que los dragones habían llegado a su reino y habían devorado a las ovejas.

Mientras, en la montaña el padre del dragoncito reunió al consejo de dragones.

- “Los humanos me han visto, pero no ataqué a su rebaño de ovejas, no creo que nos busquen , aunque debemos estar alerta”

Todos asintieron y pusieron unas normas a la hora de salir de caza y de la distancia a la que debían alejarse, así evitarían otro encuentro con los humanos.

continuará...

martes, septiembre 28, 2010

Te fuiste

Te fuiste sin avisar, cuando la noche apaga las luces, y es difícil adivinar que se esconde en la mirada.
Quizás fué el cansancio, quizás bajaste los brazos y ya no quisiste luchar más.
Te fuiste dejándo todo atrás.

¡Cómo me hubiera gustado cogerte del brazo y detenerte!
¡Cómo me hubiera gustado gritarte: "No te vayas, no me dejes solo"!

Pero te fuiste.

Y aunque ha pasado el tiempo, te sigo echando de menos, siento el vacio que dejaste, ese mismo que a veces intento llenar en una lucha conmigo mismo, por que sé que es imposible lograrlo.

¡Cuantas palabras se quedaron si decir, cuantos "te quiero" prendidos en los labios, mudos, sin decidirse a saltar!
Ahora sería capaz de decirtelo, de gritártelo, de escribirtelo, cuando ya es demasiado tarde.

Mis recuerdos se convierten en recuerdos, y aún así recorro las calles que tantas veces tu y yo caminamos, sigo oyéndote cantar, sigo viéndote sonreir, sigo sintiéndote aunque ya no estes.

Te fuiste, y uno debe aprender a vivir con tu ausencia, conviviendo con el fantasma de tu sombra, de tu presencia, de todo aquello que sentiste y que me hiciste sentir. Aprendiendo día a día a convivir sin tu presencia.

Sé que allá donde estas, eres feliz, o al menos eso me gusta pensar, que mereció la pena tu marcha, que fuiste feliz, en los buenos momentos y quien sabe también en los malos.
Que el tiempo que te tuve, el tiempo que me tuviste, nada ni nadie lo podrá borrar, ni siquiera el olvido.

Por todo eso, cuando cada noche, me asomo a la ventana y miro al cielo, me gusta pensar que aún te acuerdas de mi, aunque yo no pueda saberlo.

Te echo tanto de menos, te quiero papá.

jueves, septiembre 16, 2010

El final del verano

Desnudo la mesa, como lo haría con el cuerpo de una mujer, despacio, lentamente, dejando que cada esquina vaya apareciendo ante mis ojos.
Sólo quedan algunas velas, lunares en la piel.
Sus sombras se alargan lentamente, mientras el sol va cerrando su actuación, cada día mas temprano.

Desparramo mi frasca de letras, aquella que lleva tiempo olvidada en la alacena, coloco en una esquina la vasija con mi lágrimas y en la otra la cajita llena de sonrisas.
Un lápiz, un papel, trocitos de un corazón unido con tiritas. Una botella llena de slencios, que vacio en un vaso de cristal azul.
Atadas con un lazo de seda verde, hay un montón de cartas empezadas, sin terminar, no llevan remitente, no está escrito el destinatario.
Enciendo una barrita de sándalo, cierro los ojos y su olor me envuelve. Los últimos rayos de sol bailan sobre una cajita olvidada en un lado de la mesa, es mi colección de “lo siento” aquellos que he ido guardando cada vez que me los he dicho a mi mismo, colección interminable de errores.
Me giro y enciendo los altavoces del ipod, como si este fuera aquella lámpara mágica del desierto, no aparece un genio para darme tres deseos, y sin embargo me ofrece un caudal de sentimientos empaquetados en canciones.
Y aquí estoy, un día más, una vez más, intentado encadenar palabras, bañando el papel en la vasija de lágrimas, poniendo al lapiz la mina de mis sonrisas para escribir con ellas.
Quizás empiece una nueva carta, que seguramente no llegue a terminar, sin destinatario, sin escribir el remitente, luego desharé el nudo del lazo de seda verde y la pondré junto a las otras.
El sol ha bajado el telón, el verano se retira corriendo. Acaricio la mesa, igual que si lo hiciera en el cuerpo desnudo de una mujer, sintiendo cada poro, evocando las veces que la vestí de blanco, virgen e inmaculada. Y con cada caricia siento que la mesa palpita bajo mis manos.

Es hora de recoger la mesa, despacio vuelvo a vestir su piel desnuda, como si acabasemos de hacer el amor, mientras Dire Straits canta: “Y que tienes al final del día, una botella de whisky y un nuevo conjunto de mentiras…”

lunes, agosto 30, 2010

Muerte

Se ha muerto, o quizas agoniza, pero dando sus últimas bocanadas.
Hay tiempos en que se va acompañado, y uno siente esa fé en el ser humano, en que todavia hay gente que vale la pena, la pena partirse la espalda por ella, esperar...
por que hay gente que espera, sin saber que con el tiempo se llega a desesperar y al final sólo la sombra de la decepción es lo que queda.

Pero brindemos por aquellos momentos, aquellos donde hubo risas y lágrimas, donde se disfrutarón de muchas cosas, y no dejemos el mínimo espacio al resentimiento.

La vida sigue, de todo se aprende, y desde aqui deseo lo mejor, que sigas tu camino, ójala lleno de todo aquello que sueñas y si alguna vez esta experiencia te sirvió de algo, que sea para que tengas un buen recuerdo y una mejor enseñanza.

¡¡ Brindo por la vida !!

miércoles, julio 21, 2010

Una historia

Prendió la pantalla, como dicen mas allá del Atlantico, como diriamos nosotros encendió la tevisión.
Las luces iluminaron la habitación, haciendo compañía a las dos velas, ella entornó un poco los ojos hasta que sus pupilas se acostumbraron al refflejo de la tv.

"Una pareja camina, sus manos entrelazadas, ella tira un poco de él, él aminora el paso, como si estuviera degustando una copa de vino y teme que esta se acabe.

- Vamos, - dice ella.- seguro que lo pasaremos bien, además mi hermano es muy simpático, ya lo verás.
Él siente sus mejillas arder,- parece mentira se dice -, pero no puede evitar sentirse azorado, ¿le caeré bien?, ¿de que voy a hablarle?

Ella lee sus pensamientos- - No le des más vueltas, ya verás que todo sale bien. Se acerca y sus labios rozan los de él como si quisiera trasmitirle las fuerzas que a él le faltan.

En la puerta del recinto donde van a ver una proyección, ella encuentra a unas amigas, él intenta pasar desapercibido, da dos pasos atrás y deja que ella hable.

Una mirada. Una mano que se tiende y un nombre que pronuncia.

Se acerca y las saluda, ella le aprieta la mano, como los niños que aferran una cometa, para que el viento no se la lleve, para que él no se vaya.

Y entran.

Hay mucha gente, ella sonrie feliz por que él está alli, él sonrie feliz por que ella se siente feliz.

Caen unas palabras.

- Mira está alli.- Y lo lleva en volandas.

Se besan, y de pronto él esta enfrente. decimas de segundo que parecen una eternidad, el tiempo en el que va a ser ajusticiado, a la espera de oir "disparen".

Sus manos se estrechan. -¿Debo apretar mas fuerte?- se pregunta él.
Sonrie. - Tiene pinta de ser muy majete- se dice, mientras ella mira a su hermano como si esperase una aprobación.

Las luces se apagan. La gente toma asiento, ellos también.
El reciento es abierto, y es de esas noches que regala el verano, con una suave brisa y un cielo por el que asoman las estrellas y cuajan el techo de puntitos de brillantes.

Ella inclina un poco la cabeza sobre su hombre y le susurra, - ¿Ves? No pasa nada, anda bésame.- -. ¡No! está ahi tu hermano...- . Pero mira que eres tonto, que más dara- y su sonrisa se vuelve pícara.

Él mira a la pantalla, cierra los ojos y suspira, cuando los abre ve un cielo brillante, su mano acaricia la de ella, por un instante su mente grita al tiempo, a ese concepto que tenemos de tiempo, - ¡Párate, detente!- quizás nadie le explicó que el tiempo padece de sordera permanente.

Las luces se encienden, la gente se levanta, - Vamos a la barra tomemos algo- dice ella. Su hermano levanta la mano, - ahora voy, tengo que saludar.-

Buscan una esquina. - ¿Lo estas pasando bien? - pregunta ella- - "Mejor es imposible" - contesta él mientras desde atrás la abraza, ella gira la cabeza, sonrie, sus miradas se cruzan ,se detienen, y surge un tango entre ellas, pasional, seductor.

Él se inclina, y cae rendido. La besa.

Un beso dulce, lento en un intento de que sus labios escriban todo lo que la quiere.

El hermano llega, ellos terminan de besarse, y él no puede evitar sonrojarse."

De pronto esa imagen da paso a los anuncios, la chica tiene los ojos húmedos, y piensa "cómo me gustaría que me mirasen asi, que me besasen así".

Se levanta, apaga la televisión. Y ya entre las sábanas se dice. "es sólo una película"

Pero como decimos aqui, como dicen mas allá del Atlantico, el amor ha prendido en su corazón.


--- FINAL ALTERNATIVO -----

De pronto esa imagen da paso a los anuncios, la chica tiene los ojos húmedos, y piensa "cómo me gustaría que me mirasen asi, que me besasen así".

Siente un brazo deslizarse por encima de sus hombros.

- Me encanta lo tierna que eres, cada vez que ves esta película terminas llorando, me encantas..." No le da tiempo a terminar la frase, sus labios atrapan los de ella. Un beso cálido, lleno de sensualidad.

Cuando termina de besarla ella abre los ojos, y ve como la está mirando.

"Que tonta soy"- y se tira encima de él, mientras en la televisión siguen los anuncios.

sábado, julio 03, 2010

La espera

Dicen que le vieron entrar un día.
Dicen que cada día entraba y allí se quedaba hasta que caía la tarde.
Dicen que llegaba con las manos en los bolsillos y de la misma manera se iba.

Me contaron que alguna vez dijo el por qué estaba allí todos los dias, quien sabe si fué cierto o no.
UN dia alguien me contó esta historia.
No seré yo quien os diga si debeis creerlo, allá vosotros, yo sólo contaré aquello que me contaron.

Y me contaron, que era un hombre que se sentía como un árbol, había crecido frondoso, sus ramas eran fuertes pobladas de hojas que bailaban con la brisa de la primavera. Nunca fué consciente de que el tiempo pasaba y le llegó el otoño, silencioso de puntillas, simplemente sin esperarlo, sin conocerlo. Sus hojas primero amarillearon, luego se secaron y fueron cayendo una a una, hasta que sus ramas se desnudaron.

Dejó de sentir. Se emocionaba, lloraba, pero su interior se sentía seco, como un árbol en otoño.
Hablaba de sueños enmarcados en cuadros sin lienzo, de ilusiones que se habian ahogado camino del sumidero. de un corazón cubierto de escarcha.

Y dicen que le vieron entrar un dia. Un día entro en el aeropuerto, se dirigió a la terminal, pasó por delante de las ventanillas de facturación, bajó por las escaleras mecánicas, entró en la sala de llegadas, y se puso delante de las puertas.
Por megafonía anunciaron la llegada de un avión, la gente se arremolinó delante de las puertas, alguno con un cartel, todos con una sonrisa.

Las puertas se abren. La gente mira, la gente que sale tambien mira. Y sus miradas se cruzan, hay algún grito, brazos en alto, carreras y abrazos, lágrimas de alegría y emoción.

Él está allí. No espera a nadie, nadie hay que espere que él está esperando.
Y recoge todos los estallidos de felicidad y sentimientos que como esquirlas vuelan aquí y allá.

La sala se vacía.
Al cabo de un rato llega gente, suena la megafonía. Otro avión, el mismo ritual.
Él esta allí.

Y dicen que al caer la tarde le veían marchar. Dicen que cada día le veían entrar.


Un día como cualquier otro. La gente llegaba y había gente que esperaba. Y cuando la puerta va a cerrarse, aparece ella, envuelta en su uniforme, la sala está vacía, vacía con él, nadie hay esperandola, se miran, un instante. Después sólo queda él.

Y otro avión, así hasta que caé la tarde.

Cada día estaba alli, y cada día esperaba a verla llegar, esperaba a que hubiera alguien para recibirla, pero la sala se quedaba vaciá, vacía con él, se miraban un instante. Después sólo queda él.

Dicen que un día ella llegó, nadie la estaba esperando, se miraron y entonces él corrió a abrazarla. De sus labios nace una palabra "Bienvenida", de los ojos de ella surgen unas lágrimas que dicen "te estaba esperando".

Dicen que se dijeron. "Ya tengo quien me espere", "ya tengo a quien esperar".


Y todo esto fué lo que me contó, un día que fuí al aeropuerto, un día que un vuelo se retrasó, un tipo que estaba esperando a una chica envuelta en su uniforme.

viernes, junio 25, 2010

Tres Historias de Chicos - el Final -

Hay una barra de bar, que parece una playa bajo el sol de un neón azul.
Hay tres chicos que han desplegado sus toallas, que se bañan en alcohol.
Hay tres historias calladas, silenciosas, que flotan sobre cubitos de hielo.

El local empieza a llenarse, alguien asoma por la puerta, sus ojos negros y su sonrisa lo dicen todo. Él la mira, ella le mira, No hay más que decir, sus ojos hablan, ese leguaje llamado amor.

Se acerca, sus labios rozan los de él, y él se gira, hace una señal y el barman pone una canción.

- Es para ti. - Le dice.
Ella le sonrie, como sólo saben sonreir los enamorados.

Y la música fluye, "for once in my life" (http://www.youtube.com/watch?v=D4i_BYCn5ZM).
y él sin saber por que, deja la timidez en el taburte, la sujeta por la cintura y baila con ella.

- ¿Sabes?, te quiero desde la primera vez que te vi, con aquella botella de agua, con aquella canción sonando en los cascos.
Ella no contesta, él nunca sabrá que estaba perdida en la música, en los recuerdos y no le oyó, pero no hizo falta, sabía cual era la respuesta.

Junto a la timidez sentada en el taburete, hay otro chico, con un papel en la mano, lo mira y lo lee.
Lo lee... y escucha la canción que está sonando.

"Por una vez en mi vida tengo alguien que me necesita,
Alguien que necesité por tanto tiempo.
Por una vez no tengo miedo de ir donde la vida me lleva,
Y de alguna manera se que voy a ser fuerte.
Por una vez puedo tocar lo que mi corazon solia soñar.
Hace tiempo sabia que alguien calida como vos podria hacer
mis sueños realidad
Por una vez en mi vida no voy a dejar que el dolor me lastime,
como me lastimó una vez.
Por una vez tengo a alguien que se que no
Va a abandonarme, ya no estoy solo.
Por una vez puedo decir: “esto es mio y no podes tomarlo”
Mientras tenga amor se que puedo lograrlo
Por una vez en mi vida tengo alguien que me necesita."

Pone el papel en el cenicero, saca una cerilla y lo quema...
Se levanta, tararea: "Por una vez en mi vida..." y enfila la puerta, mientras sale, una sonrisa se desliza en sus labios.

Junto a la timidez sentada en el tabuerte, queda un asiento vacio, y junto a este, un chico se remueve, no logra sentarse bien sin sentir dolor, dolor físico y uno peor, su orgullo malherido.

Levanta la vista, y ve entrar a su amigo, y con él.. a Laura, ella lo abraza y lo besa. Su amigo se acerca.

- ¿que tal, como te va? - le dice.
- Bien - intenta que no se note el rictus de dolor - pero ya me iba.
- ¿No te quedas a tomar algo con nosotros?
- No, en serio he de irme.
- Bueno como quieras. - le contesta mientras con la mano hace un gesto a Laura.- Nos vemos.
- Nos vemos.

Su amigo corre al lado de Laura, la mira y se besan.
Siente envidia, quizás su amigo en el fondo tenía razón, y esté más solo de lo que pensaba, solo y con un gran dolor en sus posaderas.

viernes, junio 18, 2010

Tres historias de chicos - Historia 3 -

Sobre la barra de un bar, bajo el el sol de una luz de neón.

Está alli, bebiendo, su orgullo flota dentro de ese vaso. Se remueve en su asiento, el dolor ha ido cediendo en intensidad, pero es persistente.
Fija la mirada en algún punto lejano, no puede contarlo, ¿cómo iba a hacerlo? él, eso no podía pasarle a él, y sin embargo había ocurrido, dicen que cada cerdo tiene su san Martín, y sin duda a él le había llegado.

... unos meses antes...

Se mira al espejo, y se gusta, abre el cajón, ese mismo dodne en una esquina guarda las braguitas de algunas de sus conquistas. Sonrie.
Y se imagina como aquellos vaqueros que hacían muescas en sus rifles, sólo que ha cambiado las muescas por esas prendas íntimas.
Que más da que alguna se ilusionara, o que se sintiera humillada por él, soy joven se dice, tengo que vivir la vida, aprovechar el momento, yo no me aprovecho de ellas, no fuerzo a que se acuesten conmigo ni les hago promesas. Que luego ellas se enamoren de mi o se sientas usadas, bueno... es su problema no el mio.

Suena el móvil, le estan esperando sus amigos, vovleran a tomarse unos cuantos cubatas, quien sabe si caerá algo más, y despues a la disco, "a cazar" como lo llaman ellos. Y esa noche tiene ganas de caza mayor.

Alli en la puerta están sus amigos, camaradas de batalla, unos mas que otros, se acerca y echa el brazo sobre los hombros de su mejor amigo.

- ¿preparado para una gran noche? - le dice.
- sabes que estaran algunos de tus ligues, el otro día me llamó Laura y se echó a llorar, aún te quiere.
- Bueno así es la vida, esa historia acabó, asi que deja de joderme y vamos a tomarnos algo.
- No te digo nada, tú sabrás lo que haces, pero al final lograrás quedarte solo.
- Tú si que te vas a quedar solo, si sigues tocandome los huevos con esas historias.

Y entran, se acercan a la barra piden sus cubatas y él se da la vuelta para ver el ambiente. Su mirada como la de un depredador busca una pieza, frágil que no le de problemas.
Como su amigo anticipó Laura pasa por allí.

- Mira hi la tienes, si tanto te preocupas por ella, ¿por que no vas a consolarla?
Su amigo no dice nada se aleja, y se acerca a Laura, ella le mira, y luego intentado contener sus lágrimas mira al otro.
- "¿por que me tenía q enamorar de semejante individuo?"- piensa.

Mientras él esta mirando a otro lado, una chica se acerca, apoya el brazo en la barra pegado a él. Viste un generoso escote, y una mini que muchos llamarian cinturón. Él se gira y le hace un rápido control, le gusta lo que ve y despliega sus armas de conquista.
No sabe que esta vez el cazador se convertirá en cazado.

Unas horas más tarde está en casa de ella, se cree el dueño y señor, allí tumbado en la cama esperando que ella aparezca... y aparece.
Envuelta en leceria negra, enfundada de altos tacones y unos guantes negros.

- ¿Te gusta lo que ves?
- Me encanta
- Te atreves a probar cosas nuevas, o sólo eres un gallito de corral

Siente que le ofende su orgullo.

-Me atrevo a todo.

Entonces ella saca una cinta de cuero, coge sus muñecas y las ata al cabecero de la cama, lo mismo hace con sus tobillos.

- Ummm esto nunca me lo habían hecho.
- Espera esto sólo es el principio.

De debajo de la cama saca una bola con dos pequeñas cintas, le hace abrir la boca y se la introduce.

- Ahora como te sientes, ¿Has probado alguna vez el sadomasoquismo? seguro que te va a encantar, y ademas guardo una sorpresa más para ti.

Él abre desmesuradamente los ojos, y balbucea con la bola en su boca, la excitación desaparece cuando la ve aparecer con un latigo de cuero.

Siente su piel arde, en su torso y en su espalda tiene cortes, definitivamente el dolor no le produce placer, ella lo desata, el agotado no puede ofrecer ninguna resitencia. lo gira poniendolo frente al espejo, y vuelve a atarlo, esta vez sin la bola en la boca.

- ¿Que tal, te gusta lo nuevo?

No dice nada, llora de rabia y de dolor.

- Pues aún queda lo mejor- le agarra del pelo y le gira la cabeza, hace que la mire. Ve en la cintura de ella un arnes, y del arnes u ngran pene.
- Que .. que vas a hacer con eso...
- Parece que te gusta dar por culo a las chicas, que las usas y luego pasas de ellas ¿no?, bueno parece que ellas han tomado sus medidas, o creías que un mamarracho como tu podía ligarme.. ahora vas a saber lo que es realmente dar por culo, y por si se te ocurre llamar a tus amigos o tomar alguna represalia yo que tu no lo haría, no sabes que tipo de gente conozco, y como se las gastan, ,lo que te voy a hacer sería una simple carícia con lo que te harían ellos.

...(continuara)...

lunes, junio 14, 2010

Tres historias de chicos - Historia 2 -

Sobre la barra del bar, bajo un sol de neón azul, tres chicos despliegan sus toallas, y se bañan en vasos de alcohol.

El segundo chico tiene un papel en sus manos, amarillento ya, la tinta en algunas letras está diluida por el paso del tiempo, y sin embargo él lo guarda como esos recordatorios de comuniones o bodas.

Y en el papel unas letras:

" Sé que nadie me pidió ir de salvadora por el mundo, pero me apetecía hacerlo, porque te quería. Lo único que veía era una
persona centrada en sí misma que no quería salir de su agujero porque en el fondo es lo malo conocido.

Es agotador estar al lado de una persona que se siente víctima de todo y no saber qué hacer porque nada de lo que haga vale. Es
así, nunca he sentido que mis palabras de aliento, que mis intentos para animarte sirvieran de nada. Que mi forma de quererte te
llegara.

Me he intentado acercar a ti y nunca lo he conseguido.

Lo que me ocurría es que yo llegaba a verte llena de energía y me iba con la sensación de no haberte llegado en nada, de no
poder compartir nada, no sé por qué razón. Son las sensaciones lo que cuentan.

Te quedas en tu rincón esperando un milagro. Y mientras no ves la realidad.

ese victimismo que gobierna tu vida y tanto daño te hace a ti y a los demás..."

... unos meses antes ...

Hay una caja de cerillas, hay alguien que vive en ella, hay una soledad que prende cada noche, hay alguien que busca sin saber lo que buscar.

Se habían conocido, cada uno con su mochila llena de piedras, unas más pesadas que otras, unas que se pueden soltar, otras que echaron raices imposibles de cortar.

Él había leido en algún libro el cuento del niño que va al circo con su padre, antes de entrar ven a un gran elefante atado a una pequeña estaca clavada en el suelo. El niño mira al elefante, enorme y fuerte, y ve que la estaca es pequeña.
- Papá ¿por que el elefante no tira de la cadena? con lo grande que es seguro que arrancaría la estca del suelo con facilidad.
El padre mira al hijo, y le cuenta:
- Cuando el elefante era tan chiquito como tú, le ataron con una cadena a una estaca como esa, el elefantito tiró y tiró todo lo fuerte que podía, pero la estaca no cedió ni un poquito. Asi se pasó días, tirando y tirando, y cuanto más intentaba arrcanar la estaca más se grababa en su mente que no podía con ella. Hasta que ya no pudo más y decidió no volver a intentarlo. Y ahora cuando es grande y le sería fácil tirar de la estaca y arrancarla su mente le recuerda todo lo que grabó y por eso ni lo intenta.

Tenía sus propias estacas clavadas en el alma, desde pequeño, desde que un dia ya de mayor su mundo se viniera abajo, aquel que él creía era su vida, sus creencias, como si a un palacio le quitas sus pilares, todo se le vino abajo.

Quizás demasiadas historias con final feliz, demasiadas películas, demasiados cuentos. La vida de por si es un cuento, pero no es ese cuento que alguien al borde de la cama te va narrando mientras tu concilias el sueño, la vida es un cuento que vas escribiendo y que muchas veces tiene las líneas torcidas.

Lo peor de todo es cuando llegas a casa y te encuentras tus sueños esparcidos por la sábana y los pedazos de tu corazón estrellados contra la pared. Cuesta tiempo coger el hilo e ir cosiendolo poco a poco, y ese hilo muchas veces se fabrica con miedo , miedo a volver a encontrartelo esparcido en cualquier rincón,miedo a que no puedas ni encuentres fuerzas para recomponerlo una vez más.

Y las piedras de la mochila empiezan a echar raices, y las racies se convierten en muros que crecen alrededor, pero no protegen , sólo consiguen aislarte más y más del mundo exterior, hasta que los sentimientos se cubren de escarcha, y se letargan e hibernan.

Él mueve con el dedo los hielos de su vaso, y estos se diluyen, siente que su vida se ha ido diluyendo poco a poco como esos hielos, aprieta con fuerza el papel en su mano, por su mejilla una lágrima se desliza. Y vuelve a leerlo una vez más, dejando que las palabras caigan de su boca y se estrellen en la barra del bar.

... (continuara)...

lunes, junio 07, 2010

Tres historias - de chicos - Historia 1

Hay una barra de barra, se extiende como una playa iluminada bajo un sol de neón azul.

Sobre esa playa tres chicos han extendido sus toallas.
No se conocen de nada.
Tres navegantes de ese mar que algunos llaman vida.

Y hoy han llegado a esta playa, esta barra de bar iluminada bajo un sol de neón.

...unos meses antes....

Uno de los tres. (historia 1)

Hay dias que parece que todo sale al contrario, no ha sonado el despertador, y para colmo la línea 4 del metro está averiada.
Coge la mochila su mp3 e intentando poner la mejor cara a ese dia que empieza mal, se sienta un instante en su portatil. Suena esa musiquita del windows, espera y tras unos instantes aparece su fondo de pantalla, se cerciona que el wifi funciona y pincha dos veces sobre el icono del navegador, entra en su correo, teclea la dirección un compañero de trabajo y adjunta la dirección desu jefe, solo dos líneas suficientes para una excusa. Ha decidido que hoy se tomará el día libre.

En otro punto de la misma ciudad, una chica sale de la ducha, lo hace sin prisas, disfrutando de ese momento plácido. Se enrosca la toalla ciñéndola a las curvas de su cuerpo. Entra en su cuarto, en una esquina hay un marco sin foto, vacio, sólo un papel blanco, lo mira un instante, y recuerda la foto que allí había, una pareja mirando a la cámara mientras el disparador automático se prepara para abrir el diafragma, ellos sonrien cogidos por la cintura.
Desvía la mirada, esquivando los recuerdos que llegan a la carrera, antes de que estos la dejen esa sensación de vacío.Deja caer la toalla y se mira al espejo mientras se viste, sonrie, le gusta lo que ve.

Mientras echa la leche sobre sus cereales, su móvil recibe un mensaje, ella canturrea y no lo oye, no puede imaginar que aquel descuido va a cambiar su vida.

Él acaba de hacer click en el botón de enviar, el mail ya se ha perdido entre la red. Apaga el portatil, pone su reproductor en modo aleatorio y sale a la calle. Un sol de primavera lo saluda, mira a izquierda y derecha y deja que seas sus pies los que decidan el camino.
Camina despacio, mirandolo todo, la gente que se cruza, la fachada de los edificios, los escaparates de la tienda, como si fuera un turista, respira hondo, por un momento piensa que en esos momentos estaría encerrado en la oficina, entre cuatro paredes, y sin embargo ¡cuanta vida hay fuera!. Suena en sus cascos la canción de "Sara" de Fleetwood Mac, la tararea por lo bajo, sonrie.

Ella termina sus cereales, echa un poco de agua sobre el bol, acaricia a su gato.

- Deséame suerte ¿vale?

El gato, no entiende las palabras, pero ronronea y ella lo acepta como un si. Coge su bolso, la falda describe un vuelo perfecto por encima de sus rodillas cuando ella se gira y cierra la puerta.
Sale a la calle, camina hacia la boca del metro, entra y cuando se dispone a introducir el billete, oye por megafonía que la linea 4 está averiada. Maldice.

. Menos mal que he salido con tiempo - piensa. Mira el plano del metro, y decide coger el autobús.

Es su medio de transporte favorito sobre todo cuando hace un dia como hoy, si puede se sienta al lado de la ventana y va mirando la gente en los coches, los que pasean o los que van a toda prisa de un lado a otro. Pero esta vez no tiene suerte, la avería del metro hace que el autobús vaya lleno, ella se agarra al pasamanos e intenta no sentirse como en una lata de sardinas.

Mientras él camina, sin destino, dejando que sus pasos le guien, le descubran nuevas calles, aunque para él por mucho que haya recorrido las mismas calles una y otra vez siempre le pareceran nuevas, nueva gente nuevas miradas. No tiene prisa, nadie le espera al volver a casa y no quiere pensar en ello, aunque su mp3 se obstine con alguna canción en recordarle su pasado. Y él se sorprende de esas casualidades, llegas a una calle y de pronto suena una canción como si una mano invisible la hubiera buscado adrede. Tengo más de 1.500 canciones y tiene que sonar esa precisamente, no hay casualidades, todo ocurre por algún motivo.

Alguien la empuja por detrás, ella se gira, oye un "lo siento" e instintivamente mira su bolso, la luz del móvil parpadea, se hace un hueco lo saca, abre la tapa, sobre la foto de su gato hay un sobre cerrado, mueve sus dedos acariciando las teclas hasta que el mensaje aparece en pantalla.

- "La entrevista se retrasa 2 horas. sentimos las molestias."

- "Lo que me faltaba, dos horas y ahora ¿que hago?"- Instintivamente aprieta el botón para solicitar parada. cuando llega, se baja, mira la calle ,en su mente aparece el plano, tiene que girar a la derecha. Echa a andar.

No muy lejos de allí, él camina envuelto en sus ensoñaciones, piensa en la vida, en como ha ido todo, hasta llegar a ese punto. Recuerda una película en la que unos pueden viajar al pasado y se les ofrece la opción de cambiar las cosas.

- Si así fuera ¿que cambiaría? ufss quizás muchas... - se dice. Y vuelve esa sensación de haber perdido cosas en el camino, de esrtar siempre buscando algo sin saber el que, de esa soledad cosida en su piel como la sombra de Peter Pan.


El sol calienta, por fin parece que llega un verano anticipado. Ella entra en una tienda de alimentación, quiere comprar una botella de agua. Ve la máquina refrigeradora, coge una pequeña, y se acerca al mostrador abre el bolso y saca un billete de 5 euros.

Él anda perdido en sus pensamientos, camina pegado a los escaparates, una canción termina, otra empieza, y oye la inconfundible voz de Serrat...

"Fue sin querer...
Es caprichoso el azar.
No te busqué
ni me viniste a buscar.
Tú estabas donde
no tenías que estar;
y yo pasé,
pasé sin querer pasar...."

Entonces mira tras el cristal, hay una chica que saca 5 euros de su bolso, con una botella de agua en su mano, el chino le devuelve el cambio, ella no levanta la mirada y sale de la tienda intentado guardar el cambio en el bolso no se da cuenta que él estaba allí parado y chocan.

Cae la botella de agua al suelo, la carpeta con sus fotos, los cascos de él....

Ella levanta la vista, y se encuentra la de él.

La canción sigue sonando

"Y me viste y te vi
entre la gente que
iba y venía con
prisa en la tarde que
anunciaba chaparrón.

Tanto tiempo esperándote..."

Recoge sus cosas, ella se excusa, las toma y se queda mirandole un instante que parece una eternidad.
Le da sus cascos.

Y la ve como se marcha. Él se pone de nuevo la música y escucha:

"Tanto tiempo esperándote...

Fue sin querer...
Es caprichoso el azar.
No te busqué,
ni me viniste a buscar."


Entonces sin pensarlo corre tras ella.
La para.
Se miran.

- "Podria pedirte un favor" - le dice.
- Bueno - sonrie ella - depende de lo que me quieras pedir.
- Sólo quiero que oigas una canción. - y le pone los cascos.

Y ella, sin dejar de mirarle escucha:

"Fue sin querer...
Es caprichoso el azar.
No te busqué
ni me viniste a buscar.
Tú estabas donde
no tenías que estar;
y yo pasé,
pasé sin querer pasar.
Y me viste y te vi
entre la gente que
iba y venía con
prisa en la tarde que
anunciaba chaparrón.

Tanto tiempo esperándote...

Fue sin querer...
Es caprichoso el azar.
No te busqué
ni me viniste a buscar.
Yo estaba donde
no tenía que estar
y pasaste tú,
como sin querer pasar.
Pero prendió el azar
semáforos carmín,
detuvo el autobús
y el aguacero hasta
que me miraste tú.

Tanto tiempo esperándote...

Fue sin querer...
Es caprichoso el azar.
No te busqué,
ni me viniste a buscar."


.... (continuara)

miércoles, mayo 26, 2010

Carta desde la trinchera

Querida hermana:

Perdona por escribirte a ti, pero no quería que mamá sufriera más de lo que ya sufre por mi ausencia. Estoy en una trinchera en algún lugar perdido de este país. Aún me pregunto que estoy haciendo aquí y cómo he llegado a esto. Nadie sabe lo que es esto, hasta que lo vives.

Tengo miedo, no a morir, creo que he asumido que no volveré, no llores por favor, quizás sea mejor así, o quien sabe, pero tengo miedo a que si vuelvo ya no sea el mismo, que mi mirada se convierta en esa que he visto tanto por aquí, una mirada vacía, sin vida, que esto llegue a convertirse en un motivo para seguir vivo, que no sepa vivir sin estar aquí.

Te echo de menos, echo de menos aquellos días donde nos reíamos por cualquier cosa, mientras papá estaba al acecho, regañándonos por todo.

Aquí las sonrisas suelen ser nerviosas, o sonríes al caer el día por que no te ha tocado a ti esa bala, o ese mortero.

Nos intentan asustar con el infierno, pero yo ya estoy en él, intento cerrar los ojos y no ver cuerpos despedazados, niños y mujeres mutilados. Al principio no miraba, ahora se ha convertido en una rutina que me produce náuseas. He visto cosas que no creerías, nosotros que nos llamamos civilizados. He visto matar por placer, jugar a ser Dios y decidir quién debe morir y quien se salva. He visto partidas nocturnas sólo por vengar la muerte de un compañero, sin importar quién o quienes iban a morir. He visto al hombre convertirse en el peor de los depredadores. Y ellos no son diferentes a nosotros, matan y disfrutan con ello, aunque sea gente de su mismo pueblo. Niños envueltos en explosivos, niñas que se acercan a nuestro convoy y bajo su ropa cuelgan granadas.

La razón de la sin razón.

Pienso en cómo podré vivir de nuevo allí después de estar aquí. Creo que se me ha olvidado perdonar.

Y dentro de toda esta inmundicia, como si fuera de un campo lleno de barro, también crecen flores. He visto correr entre la metralla para poder coger a un herido y sacarle del fuego de las metralletas. He visto jugarse la vida por personas que no conoces, y quizás nunca más vuelvas a ver. He visto caer heridos a compañeros por llevar un poco de consuelo a esta gente, sin saber si detrás de ellos pueden encontrar la muerte.

Sí, aquí convive el infierno con el cielo, lo peor de cada uno de nosotros con la mayor de las generosidades.

Suenan los cañones, no muy lejos de aquí arde otra ciudad, y los gritos y el olor a carne quemada te empapa la ropa y los sentidos hasta que los embota.

Ya no soy el mismo, aquel al que llamabas cuando tenías algún problema.

Tengo miedo, miedo a que me mires y no veas dentro de mí al que despediste no hace mucho.

Perdóname por contarte esto, pero necesito decírselo a alguien, necesito que si un día vuelvo, me abraces aunque ya no sea el mismo.

Y ahora he de irme, salimos de patrulla.

No, no llores, no te preocupes, no quiero morir aquí.

Te quiero, tu hermano

jueves, mayo 20, 2010

El viaje

Es un día más, ya he perdido la cuenta de cuantos y de cuál es, qué más da. Sólo tengo una cosa que hacer en lo que me queda de vida.

Una cosa y esperar.
Esperar y una cosa.

Como cada mañana tomo el cercanías. Atocha a esas horas es como un hormiguero en ebullición, gente que va y viene, sólo se paran a que llegue el tren, mientras tanto sus ojos se pierden entre el periódico de la mañana o el reloj. Bajo las escaleras despacio, me gusta mirar a los ojos de la gente, aunque en ellos sólo encuentre prisas y cansancio, pero a veces una mirada se cruza y me esboza una sonrisa, sé que eso tiene la edad, aún queda alguien a quien los ancianos despertamos ternura.

Llega el tren, se abren las puertas como si de una presa se tratara y suelta sobre el andén toda su agua, sólo que no es agua lo que desciende de sus entrañas, sino personas.

A veces me dejan un asiento libre, pero la mayoría de los viajes los hago de pié, me gusta apoyarme en las puertas e ir viendo a mi alrededor, imagino la vida de los demás, sus roces, sus pensamientos… No son muchas paradas, y el viaje se ha tornado para mí en un en uno de los momentos agradables del día.

Llego.
Me bajo.
Camino hasta el hospital.

La enfermera me saluda.

- Buenos días, ¿qué tal está Usted esta mañana?

- Bien, bien gracias.

- Hoy se ha levantado pronto, ha desayunado y está en el jardín, ¿quiere que le acompañe?

- Gracias, pero no hace falta.

La veo, sentada bajo el árbol y evoca en mí un recuerdo, cuando ella sentada en un banco me miraba y sonreía al verme con la cámara de fotos apuntándola. ¡click! Y su sonrisa quedó inmortalizada.

- Hola, querida.

Ella levanta la vista y me mira, no dice nada, sólo calla, vuelve la cabeza y sigue perdida en sus pensamientos.

Así transcurre la mañana, le cuento que anoche quite por fín la manta, ya entra el sol en casa, a pesar de que sigue fría con su ausencia. Le hablo de los paseos que dábamos por aquellas calles llenas de tiendas que tanto le gustaban a ella, pararnos en los escaparates, entrar y probarnos, en juego de niños, un montón de ropa, y luego irnos sin comprar nada. De cuando cogidos de la mano dejábamos que la lluvia nos empapase sobre el adoquinado de la Plaza Mayor… y su sonrisa aquella eterna sonrisa que lo era todo.

Ella escucha, y yo quiero creer que algo dentro de su interior se despierta con mis palabras y le hace evocar aquel tiempo. Pero ese momento es fugaz, ella me mira y de sus labios caen unas palabras que se estrellan contra mis recuerdos, desparramándolos en el olvido.

- ¿Quién es usted? ¿Sabe que ahora vendrá mi marido?, me llevará a casa, no me gustaría que se sintiera incomodo, ya sabe, usted dándome conversación…

- No se preocupe cuando llegue su marido, yo ya me habré ido.

Y guardo silencio, ella vuelve a mirar al infinito, y pienso si los recuerdos empiezan a convertirse en recuerdos de recuerdos.

Es la hora de la comida, vienen a buscarla.

- Puede pasar al comedor, si quiere, ya sabe que no hay ningún problema.

La enfermera se muestra amable, pero no quiero comprometerla.

- No se preocupe, he traído aquí mi comida.

Y me quedo en el jardín, luego ella se irá a dormir la siesta. Tengo que esperar dos horas, cuando hace mal tiempo me dejan pasar al salón de la televisión, las primeras veces intenté dormir con ella, pero a veces se ponía a gritar diciendo que había un extraño en su habitación.
Otras veces espero a que esté dormida y entro despacio, me quedo mirándola, como solía hacer en aquellas mañanas que me despertaba antes que ella. Sus ojos cerrados, su respirar tranquilo…

Cuando se despiertan de la siesta, suelo merendar a su lado, le pido que me invite y ella se encoge de hombros. Es ahí cuando le hablo de esos viajes que hicimos juntos, de aquella ciudad vestida de primavera, de países con los que soñábamos ir, y ella sonríe.

- Yo he ido a muchos sitios, he estado en la India, en América, y también en África.

Sé que no es cierto, que quizás en su cabeza se mezclen las imágenes de los documentales con una realidad que ha dejado de serlo.

Más tarde les dejan un tiempo libre, y algunas veces paseamos por el jardín, otras vamos a la gran sala, y me dejan poner algún cd, aunque siempre sea el mismo, aquel del cantante de boleros.

Y me pongo delante de ella y canto, y me mira.

- No me gusta ese cantante, no cante más.

Pero no le hago caso, y la saco a bailar, ella se niega un poco, pero tan débilmente que sé que al final cederá.

Bailamos.
Cierro los ojos, y por un momento todo se detiene como hace mucho, mucho tiempo.

Y entonces.
Sólo unas pocas veces.
Muy pocas veces.

Ella se pega a mí, y me susurra:

- Sabes que odio a Luis Miguel, pero me encanta bailar contigo, te quiero.

Y nadie escucha sus palabras, sólo yo.

Es hora de irse, se va sin más, como si yo no hubiera pasado el día con ella, ni siquiera mira atrás.

Espero a que desaparezca por la puerta, la enfermera me ve marchar.

- Es duro el Alzheimer, no debería venir todos los días, ella no lo reconoce, ¿Por qué sigue intentándolo?

- Porque yo sí sé quién es ella.

Camino.
Llega el tren.
Miro a la gente.

Mañana será otro día. Qué más da que día, ella estará allí y yo iré a verla.

martes, mayo 11, 2010

El Viejito

Estoy frente del ordenador, una pantalla en blanco y un teclado. Ultimamente mis dedos parecen agarrotados, les cuesta danzar sobre las teclas, como si la música que les hiciera bailar se hubiera detenedo en el espacio, espacio y tiempo.

Tiempo sin danzar...

Pero hoy despues de que han pasado suficientes dias, creo que ha llegado el momento de intentar escribir...

Fué el Viernes Santo, el día había amanecido vestido de azul, como si él no quisiera estropear ninguna celebración.

La casa está fría, y hay el silencio de una ciudad en vacaciones.

Salgo.

En las calles hay poca gente, quizás demasiado temprano para los que aún remolonean entre las sábanas, y sin embargo el día invita salir.

Subo por la calle Embajadores, hasta la Ribera de Curtidores, unos cuantos puestos del Rastro quieren aprovechar que los turistas, con la cámara en mano, han dejado temprano sus habitaciones y curiosean entre la ropa, los cuadros, algo que llevar como recuerdo de que una vez estuvieron aquí.

Me acerco a la Colegiata de San Isidro, y en el camino me encuentro con grupos de mujeres, vestidas de negro, susurran, lucen peineta y tocado, entre sus manos pequeños bolsos, negros también, caminan despacio, y en ellas hay algo de ritual y de sentimiento, ese que distingue a esta España, a su lado pasan varias chicas, no tendrán mas de 17 años, ellas lo viven de otra manera, aún hay rastros en sus caras del pintalabios y rimel, los dos grupos se cruzan, se miran. Dos formas de entender la Semana Santa, las chicas siguen su camino, alegres ajenas al día que es, para ellas es viernes, y la fiesta del jueves aun se prolonga. El grupo de mujeres entran en la iglesia, hay un silencio en su interior, que se mezcla con el olor a incienso.

Por un momento me pregunto que tendrá todo aquello de ritual y de sentimiento, probablemente cuando lleguen a casa y dejen la ropa negra colgada del armario, también quedará colgado todo lo que ello significa... hasta el año que viene.

Llego a la Puerta del Sol, con las reformas ahora parece que hay más gente, se ha ganado espacio, aunque ha perdido algo de su sabor de antaño.

Ahora gente de todo tipo, viejos, chicas y chicos, curiosos y turistas se sientan alrededor de una de las fuentes, y allí entre ellos, le veo.

Su figura me sigue pareciendo altiva para sus años, sin embargo le siento más apagado, me acerco, y cuando me ve alza la mano. Hay un hueco a su lado y me hace señas para que me siente. Me quito el ipod y lo guardo en mi mochila.

Nos estrechamos la mano, sonrie y las arrugas de su cara se dibujan como surcos de un campo que ha sido trillado muchas veces.

Hablamos de cuanto tiempo hacía que no nos veíamos, él ha estado fuera, y volvió hace excasamente unas semanas, le cuento que mis paseos se han vuelto mas esporádicos, aunque he extrañado verle y tener nuestras charlas.

De pronto su cara se torna seria, me mira fijamente.

Por unos instantes hay un silencio entre los dos, y sin más de sus labios cae un lacónico. "Me muero, Nicolás".

Siento un frío que me recorre todo la espalda, intento frenar las lágrimas en mis ojos, y aunque abro la boca no soy capaz de soltar una palabra.

"He vuelto por que tenía la revisión en el hospital, no ha habido suerte, y se ha reproducido, ahora es sólo cuestioón de tiempo. A mi edad esa palabra tiene un significado tan diferente, pero no quiero verte triste, ya hablamos de ello una vez. No tengo queja de la vida que Dios me ha dado la oportunidad de vivir. He pasado por cosas que tú ni siquiera imaginarias, cuando se vive una guerra puedes ver lo peor del ser humano y también lo mas bello. He tenido la suerte de conocer el amor de mi vida, un amor que me acompañó muchos años, años de pobreza pero cargados de ilusión, con sus tiempos malos pero siempre con la esperanza de que los superariamos. Años que se pasaron como un soplo.

Luego me fué, calladamente, como si en ese último adios no quisera hacerme daño. Como si la muerte fuera algo que viene y te lleva, y no duele.

Aprendí a vivir sin ella, fisicamente, por que no ha habido dia que no la haya sentido a mi lado, que no haya hablado con ella, que no haya recordado todo aquello que haciamos, nuestro primer viaje a la playa, cuando nos mudamos a Madrid. Ahora tengo prisa, mucha prisa por encontrarme otra vez con ella, y no creas que con ello no ame la vida, la amo quizás aún más que tú, por que cada segundo, cada momento, tiene un valor que sólo conocemos aquellos que vamos a partir.

Déjame que te diga algo, algo que sólo se aprende con los años, no te arrepientas nunca de lo que hayas hecho, cuando pasa el tiempo las cosas tienden a verse de diferente manera, pero seguro que cuando las hicistes tendrías un motivo, cuando se toman decisiones uno no sabe si serán acertadas o no, y de eso hay que ir aprendiendo, de los errores de nuestras decisiones, pero no arrepentirse de ello. Ir aprendiendo. Yo he cometido muchos errores en mi vida, espero y creo que tambien he acertado con algunas decisiones, e intenté aprender de cada error, aunque algunas veces volviera cometerlo. Me llevo algún dolor, el pensar que dentro de mis limitaciones he intentado hacer bien las cosas, y aún así ha habido gente que

ni con el paso del tiempo ha dejado atrás su amargura, su rabia. Me hubiera gustado sentarme como lo hemos hecho tu y yo en ese café de aqui al lado, y hablarlo... pero la vida tiene sus cosas.

Me llevo el dolor, de que esta vida, tan ajetreada, tan rápida nos fuera separando a mis hermanos y a mi, y ahora en la vejez es cuando más nos hemos visto, como en un intento de recuperar ese tiempo que se perdió en la distancia. El dolor de aquellas personas en las que una vez depositas toda la ilusión y te decepcionas, no es culpa de ellas, la vida sigue y tristemente ahora es un "sálvese el que pueda" sin mirar atrás, sin acordarse de nadie.

Pero me llevo tantas cosas buenas, tanto amor, tantas personas que he conocido que han pasado por mi vida, unas para quedarse otras sólo un tramo, que sólo puedo estar agradecido."

Yo sólo puedo callar y escucharle. entonces él me toma de la mano y la aprieta con una dulzura que hacia tiempo que no sentía.

"Nunca dejes de vivir, aunque la vida te de palos, siempre te guardará la más hermosa de sus sonrisas. Guardate esos momentos, los otros tíralos, no dejes que sean un lastre para seguir adelante. Y recuerda, tomes las decisiones que tomes no te arrepientas de ellas, intenta hacer el menos daño posible y sigue a tu corazón, a pesar de que puedas errar, también de eso se aprende. Me pareces una buena persona, no dejes de ser tú, nunca."

Levanta la vista y la pierde en el reloj de la Puerta del Sol, y sin más me susurra:

"Cuantas veces he visto caer la bola, un nuevo año... He de irme, he quedado con mis hijos, hoy comemos todos juntos, no hay nada como estar enfermo para que cada uno aparque sus quehaceres. Pero no quiero ser una carga, me voy a a Marruecos, y luego quien sabe, con fuerzas quiero conocer otros sitios. No sé si nos volveremos a ver, ha sido un placer conocerte y compartir contigo todo este tiempo. Sólo quiero pedirte una cosa más, no estes triste por mi, soy feliz, muy feliz, ¿que si tengo miedo a la muete? si, quizás si, pero entonces pienso en ella, y la veo esperandome y el miedo desaparece..."

Estamos de pie, y me abraza de la misma manera que lo hubiera hecho mi padre.

"Piensa. - me dice- esto sólo es un hasta luego..."

Y echa andar, calle Arenal, despacio, pero con la altivez de esas personas que han sabido vivir, a pesar de que les tocase una época difícil.

Le miro y pienso en lo mucho que le echaré de menos, pero yo como él estoy convencido de que sólo es un paso más y allá donde vaya ella le estará esperando.

Vuelvo a casa, esta vez no quiero ponerme los cascos, quiero oir el bullicio de la gente, las risas de los niños, el ruido de los coches, el silencio de este Viernes Santo, por que todo, todo ello, es vida.

jueves, abril 29, 2010

Susana

Hola.

Me llamo Susana, Nicolás escribió una historia sobre mi, y quería agradecerle la forma en que lo hizo, y esta oportunidad que me da para poder escribir yo misma algo más.

No sé quien lee este blog, ni sé que pinto escribiendo esto, quizás haría mejor contándelos a Nicolás y que él lo escribiera, pero me ha dicho que no, que intente poner en palabras lo que siento que puede ayudarme. Asi que intentaré expresarme lo mejor posible.

Quizás lo primero que deberia decir es por qué quiero escribir, creo que necesito ponerlo en palabras, puede que haya alguién que esté pasando lo mismo que yo, y puede que haya alguien que lo lea y sepa lo que se pasa cuando de la noche a la mañana te encuentras en el paro, o puede que a nadie le importe.

El caso, es que como os contó Nicolás, de pronto un dia alguien decide que tu vida pegue un cambio radical, y te ves en casa, buscando los papeles para acercarte al INEM. Y allí empiezas a sentirte como un ciudadano de segunda clase, incluso como si uno tuviera la culpa de estar en paro y te hicieran un favor por ir a pedir una prestación que es tuya por derecho. Pero eso no es lo peor, es esa sensación de que has pasado de ser útil a ver el tiempo pasar lentamente, una sensación que se apodera de tu autoestima, y poco a poco acaba con ella.

Hay personas que logran tomarselo como unas vacaciones como un tiempo en el que te pagan por estar "haciendo nada". Pero yo no puedo, no logro sentirlo así, los días pasan y pienso en como va todo, como va cambiando todo, los amigos, la concepción de las cosas.

Ahora intento ocupar mi tiempo en cualquier cosa para no pensar en estar en casa, para no pensar en la soledad que provoca estar sin trabajo.

Y no puedo quejarme tengo paro, tengo algún ahorrillo y puedo ir tirando, cuando pienso en esas familias donde todos están en el paro, siento escalofríos, tantos que el otro día en casa de una amiga, alguien sacó el tema de la política de como todo iba mal y nadie hacia nada, mi amiga sin más soltó que bueno que la culpa es también de los otors por no echar una mano, una ayuda. No pude más que quedarme mirándola, como alguien puede ser tan frívolo, como en este país existe ese fanatismo político donde que importa lo que pase si hay dos bandos y la culpa nunca es de mi bando, por un momento desse que fuera ella la que estuviera en el paro. Ya sé que no es de buena persona, pero no pude aguantarme, cogí mi bolso y me fuí.

Algunas mañanas cojo el metro, simplemente por cogerlo y me acerco al centro, en el vagón veo a la gente, y mi cabeza se pierde entre sus historias, una madre con su niño, dos jóvenes que comparten unos cascos, inmigrantes que seguramenten llegaron pensado que esto era la panacea, y ves en sus miradas perdidas que solo han cambiado una pobreza por unas promesas rotas. Imagino que si alguien me mirase, quizas viera que mi mirada tambien se pierde a menudo.

Y cuando llegas a casa, y se hace de noche es cuando quizás llega el peor momento del día, como diria Nicolás las palabras se cuelgan de las paredes, los sueños quedan colgados en esos hilos, y todo enmudece en ese silencio frio que cala hasta los huesos.

Bueno no quiero ser lúgubre, por que pienso que siempre habrá gente que esté peor que yo, en momentos así uno se aferra a la esperanza, y quien sabe como escribió Nicolás, quizás sea una puerta a un nuevo camino.

PD: gracias por dejarme escribir en tu blog, por desahogarme un poco.

Un saludo a todos. Susana.

jueves, abril 15, 2010

Susana's history

Aquella sala permanecía en silencio, no era un silencio total, sólo que el ruido de las teclas de los ordenadores se había convertido en algo tan monótono que pasaba desapercibido, se había disuelto en el ambiente de aquella empresa.

Miro a mi alrededor, y me sorprendo de que a pesar de ser 8 personas, se pueda oir el vuelo de una mosca.
"Que asco de empresa"- pienso para mis adentros. Y para colmo he tenido que aguantar a mi jefecillo una hora, esas reuniones tediosas semanales, todo para ponerse una medalla, el muy trepa, y lo que más me ha indignado eran esas miradas perdidas que me ha echado a mis piernas.
Mi falda de vuelo se habia posado algo más arriba de las rodillas y mi jefe no había dejado de observarla.
"Si hubiera sido otro, hasta me habria gustado provocarle un poco subiendome algo más la falda, pero a ese imbecil...". Mioó las hojas de la reunión, versan sobre la macro y la microeconomía, un powerpoint impreso en 14 páginas que seguro se habrábajado de internet.

Alguien llama al teléfono y me saca de mis ensoñaciones.

- "¿Susana, puede venir a mi despacho".

Es raro que me llamen a estas horas. Siento las miradas de is compañeros, y un mal presagio empieza a invadirme.

- "Hola Susana, sientate por favor, tenemos que hablar".

El presagio ha pasado a ser una certeza, busco en sus ojos una seña, mientras el desgrana el consabido discurso. "Son tiempos difíciles, la crisis, el reajuste, eres muy buena en tu trabajo pero..."

Me levanto sin más y corto aquella fuente de excusas para ir al grano.

"Quieres decirme que estoy despedida ?no?, pues déjate de remilgos, dáme mis papeles, y no hablemos más, nada de lo que puedas decir va a dulcificar vuestra decisión, como siempre echaís a la gente sin tener en cuenta su valía, somo piezas, peones que elimináis del tablero como os viene en gana, no perdona diría que mejor eliminarlos para no hacer sombra a tanto incompetente que hay aquí.."

No le dejo que diga nada más, cierro la puerta tras de mi, oigo como balbucea algo, palabras que se estrellan contra el cristal de su despacho.

Recojo las cosas de mi mesa, me siento observada, en algunas miradas hay lástima, y eso hace que subleve más aún, me acerco a los pocos compañeros a los que estimo, y les comento que ya hablaremos, no es el momento.
Por un instante estoy tentada de darme la vuelta y mandarles a todos a tomar por... pero en el último momento me freno, mejor salir con la cabeza alta, no se merecen nada más.

Salgo a la calle, el aire de la primavera tardía se enreda en mi pelo, echo a andar, necesito alejarme lo suficiente, entro en una cafeteria, me pido un café y mientras me lo ponen voy al lavabo. Cierro la puerta con llave, y entonces... el mundo se me cae encima, como si todo ese tiempo hubiera estado colgando de un hilo de seda que ha ido disolviendose. Y mi mundo cae sobre las baldosas frías y sucias de ese lavabo haciéndose añicos, el trabajo, los amigos, los sentimientos, la soledad, todo salpica aquel pequeño rectángulo, y yo sin fuerzas para resisitir echo a llorar.


No sé cuanto tiempo ha pasado, abro la puerta y me miro al espejo, esta descascarillado, y me siento un poco como el, descascarillada, un enorme vacio se ha apoderado de mi interior. Arreglo un poco la pintura de mis ojos, y salgo.
Mi café esta esperandome, el camarero me mira, y yo intento no pagar mi frustración con él, cuando le digo si hace el favor de echar un chorrito de coñac en la taza.

Dejo el café, siento el calor del coñac, y vuelvo a casa.

Abro la puerta, silencio, el mismo silencio de hace ya.. cuanto tiempo, dejo caer el bolso encima del sofa, y miro mi pequeño apartamento, el mismo que ha recogido entre sus paredes, los sueños cuando empecé a decorarlo, cada cuadro, cada maceta, cada detalle, llevaba un trocito de mis ilusiones. Aquellas paredes han sido testigos mudos de tantos besos, abrazos, susurros y enredos de sabanas... que algunas veces me hacen enrojecer, sin embargo, cuando las miro solo las veo colgadas como si de cuadros se trataran y como aquella canción de Los Secretos, yo me quedo colgada a ellos.


Ahora, como si de un diminuto desierto se tratase, todo permanece en silencio, y sin quererlo enciendo mi portatil, y en aquella carpeta olvidada releo viejos escritos, fotos que si fueran de papel estarían amarillentas en el fondo de algún cajón.

En algún lugar...

Años, ¿por que ahora pienso en ello?, quizas por que el volver a estar en el paro, hace que uno recapacite sobre su vida, es como una vuelta a empezar, quizás si mi dosis de optimismo fuera otra, podría verlo como una nueva oportunidad, pero me siento cansada, y a mi llegan palabras como "mira otra vez sola" "anda si vienes sin compañia" "hija que se te va a pasar el arroz"... he dejado de ir a reuniones, a fiestas por que por mas que he intentado que no me afectase, siempre, como la lluvia de otoño, terminaba calada hasta los huesos.

Y él, donde estará, tener a alguien como si no lo tuvieras, es como invitar a tu casa a un fantasma, ¿puedes llegar a soñar,a creer, a ilusionarte con un fantasma?, por que lo tangible se convierte en intangible cuando mas lo necesitas, quien sino puede mirarse al espejo cada noche y hablar con uno mismo, sólo aquel que convive con uno de ellos.
Al final cualquier cosa se convierte en algo etéreo, llamadas, breves encuentros, todo son como aquellos espejismos que suelen verse en los desiertos...

Y este es mi desierto, mis cuatro paredes, con mi fantasma y mis espejismos.

Llaman al teléfono, no sé como demonios se ha enterado, dicen que las malas noticias vuelan, y sus palabras me suenan a huevas y vacias, "ánimo, todo saldrá bien, ya verás que pronto encontrarás otra cosa..." sé que lo hace con todo el caruiño del mundo, pero a mi me recuerda cuando estas en un entierro y se acercan desconocidos para darte el pésame "lo siento mucho, qué pérdida..." qué coño sabrán ellos lo que yo siento, cómo me siento...

No quiero pelearme con el mundo, aunque ganas y excusas no me faltan. Tengo que apuntar las cosas, empezar a recopilar los papeles para el paro, y sobre todo, avisar que mi madre no tiene que enterarse, lo que me faltaría es aguantarla, que estuviera encima, además para qué darla un disgusto, tengo fé tengo la esperanza de que esta situación es pasajera, pasajera, pasajera....

Cae la noche, es el peor momento, ya ha pasado una semana desde que ... desde que estoy sin trabajo, y los atardeceres las noches son como esas montañas que desafian a los ciclistas, pendientes del 20%, rompepiernas, a veces creo que llego a comprender a los suicidas, llega un momento que dejar de sufrir es lo mas sencillo, la única cuestión es el como.

Por fin han pasado las llamadas de los conocidos que al enterarse no pierden el tiempo en saber como estas, no debo juzgarles por que yo he hecho lo mismo, pero todo vuelve a su cauce y como en los telediarios lo que hoy es primera plana al cuarto día sólo ocupa unos segundos.

Me siento sola, muy sola, pero ¿cuando no ha sido asi?, quizas en algún momento levanté un muro que no he sabido deriibar, y esta soledad ha sido una soledad merecida. Extraño demiasadas cosas, al menos ... mi querido fantasma... mi fantasma que me acompaña a estar solo.


La cama se convierte en un mar embravecido y solitario, donde yo soy como una pequeña cáscara de nuez, al merced de sus corrientes, y sólo, cuando el sueño me vence, es cuando llego a puerto y descanso, por que en ese cerrar de ojos, la tierra se convierte en un jardín, las nubes grises en algodón de azucar, y aunque parezcan cosas de cria, hay hadas a las que pedir deseos, y castillos, y principes que no piensan en llevarte a la cama a la primera de cambio, pero si te llevan el desayuno, olor a café recien hecho.

Y mañana el dia se vestirá de primavera, y yo escribiré mis sueños en papel, los meteré en un sobre y no pondré remite, para no dejar mis huellas, y quizás me de cuenta que la vida, el destino no ha cerrado una puerta, sino que ha puesto delante de mi un nuevo camino...

¿En que dirección?

Eso sólo lo sabes cuando echas a andar.

lunes, abril 05, 2010

Colgados



Alguien ha cogado las zapatillas de baile.
Quedan suspendidas de una puerta. como si la música hubiese quedado en suspenso.

Silencio.

Se cuelgan los sueños en hilos transparentes.
Se cuelgan las sonrisas, aquellas que se deslizaban entre las sábanas.

Quedan colgadas las fotografías, que con el paso del tiempo amarillean y cuartean.

Cuelgan del techo como lamparas de cristal apagadas, las aceras mojadas, en cuyos reflejos las sombras bailan...

Bailan sin sus zapatillas de baile.

Cuelgan del techo, puertas cerradas.
Cuelgan de hilos todos los abrazos de bienvenida que miran de reojo a cada adios.
Cuelgan de lazos, las esperanzas, con etiquetas de poemas olvidados.


Quedan colgados los sentimientos, como si fueran bolas de navidad en un abeto de plástico.

Los miro y me quedo colgado.


Y me subo a una escalera, y cuelgo un hilo, y del hilo cuelga un principio, que termina colgando en un final.

Y me bajo de la escalera, y veo en el techo, blanco, todos aquellos hilos colgando.

Y los miro y me quedo colgado.

martes, marzo 09, 2010

El contador de historias

Sobre la mesa de madera un vaso.
En el vaso dos hielos nadan.
Nadan en un lago de whisky.

Crepita una vela.
Las palabras esparcidas sobre la hoja del cuaderno alargan sus sombras. A su lado un viejo y cansado bolígrafo, duerme.

El contador de historias observa las sombras de las palabras. Parecen que bailasen al ritmo de la llama.
¡Cuantas historias...!, sueños incompletos, deseos en tinta, recuerdos, princesas y dragones, playas y estrellas, amores y desencuentros.

Toma el vaso y bebe.
Los hielos chocan contra el cristal, tintinean.

En el cuaderno, se esconden los metros de tinta del contador de historias, si alguien no supiese leer, diría que los trazos bailan sobre una tela blanca, palpitan.
Sin embargo él sabe que llevan su piel, sus lágrimas y sus sonrisas, jirones de su alma.

Y ahora el bolígrafo se siente viejo y cansado, quizás por que detrás ha dejado un largo camino de tinta, un largo recorrido sin regreso.

La vela se va apagando, el baile se acaba, las letras yacen una tras otra, como si en el fondo supiesen que ese es su destino.
Y el contador de historias apura su vaso, cierra los ojos, y espera ... espera a que lleguen los sueños... y se lo lleven.

jueves, febrero 25, 2010

Tres historias

Uno.

Gira la cuchara de madera.
Sobre la mesa de la cocina un libro de recetas.
El vapor de la cacerola impregna todo de un aroma apetitoso.

Ella llora.
Y no es por la cebolla picada que espera a ser echada en la sartén para el sofrito.

Suelta la cuchara, reduce la potencia de la vitrocerámica, y se deja caer en la silla.

¿Cuando, cuando pasó? se pregunta. No hace mucho adoraba cocinar para él, algunas noches cuando la cena estaba casi lista, la dejaba a un lado, se desvestía y le esperaba sólo con un delantal puesto, como el título de aquella película, "el cielo puede esperar", ella le decia:"la cena puede esperar", y hacían en el amor sobre la mesa de esa misma cocina.

Ahora, ni siquiera recuerda cuando fué la última vez que hicieron el amor, ¿es posible casarse enamorada, sentir que la vida te llena y con el paso del tiempo todo se convierte en un vacio, en un dejarse llevar?
Recordó otra película "El graduado", cuando Dustin Hoffman, está en la piscina sobre un flotador y contesta: "voy a la deriva, es tan fácil ir a la deriva..."

De pronto siente un frío que le recorre la espalda, no puede dejar de llorar cuando recuerda el brillo de aquellos ojos, cómo buscaban cualquier rincón oscuro y los cristales del coche se empeñaban, sus cuerpos uno sobre el otro, riendo, con esa sensacion de placer que da el morbo de poder ser descubiertos. Luego aquellos viajes inesperados, fines de semana donde se abría una puerta, se juntaban unos labios, y una mano tiraba de otra para salir corriendo sin destino, simplemente por que el lunes estaba demasiado lejos y había todo un mundo por comerse.

Y siente que el mundo se la ha comido.

Ahora viene a su mente aquella frase de Jim Morrison "A veces basta un instante para olvidar una vida, pero a veces no basta una vida para olvidar un instante"

Se seca las lágrimas, y vuelve a tomar la cuchara, remueve un poco, y prepara el sofrito, piensa en lo que tiene, en que duerme acompañada, en que los tiempos pasados siempre fueron los mejores, y quizás, sólo quizás mañana tenga el valor para decirle como se siente.

Por que basta un instante para olvidar una vida.


Dos.

Habia escrito en su agenda aquella frase de Jim Morrison "A veces basta un instante para olvidar una vida, pero a veces no basta una vida para olvidar un instante"...

Nunca pensó que fuera tan real, menos aún cuando había dejado los restos de su corazón en una casa que ahora le parecía tan lejana. Nadie la había entendido, nadie salió en su defensa, ni siquiera sus amigos, cuantas veces tuvo que oir "si sois la pareja perfecta", cuantas veces tuvo que callarse "... sí, la pareja perfecta de puertas hacia fuera..."
Sintío que se había adentrado en un gélido invierno, que la vida sería sólo un desgranar de días, de semanas, de meses, como si la mirase tras una ventana, ver la vida pasar...

Y sin embargo quién se lo iba a decir, una cita sin más, a regañadientes, por que ¡que coño pinto yo con un tio que no conzco de nada! será como los demás, una copa y a ver si puede llevarme a la cama. Sin embargo, él era diferente, le noté tímido, me llevó a un bar, a un rincón con unos sofás en una planta desde donde se podia ver la barra y el resto del local, supuse que buscaba un lugar intimo donde él se convertiría en el cazador y yo su presa, pero no, sólo quería un lugar tranquilo para charlar, como él me dijo: "para irnos conociendo". Note a veces que su voz temblaba, me habló de sus miedos, de cómo tenia el corazón cosido a navajazos, se abrió ante mi como si estuviera leyendo un libro, al final de la noche, cuando tenía que irme por que pasaba el último autobús sentí el miedo en sus labios, yo espera ansiosa la pregunta, él temía mi respuesta.

"¿Te apetece quedar otro día?", no hubo vacilaciones, "mañana sería genial", y se le iluminó la cara. No sabe que cuando me fuí esa noche, me giré tras una columna, y le ví saltar de alegría, le ví coger su movil y mandar un sms, sóno el mio y leí: "eres un cielo, me lo he pasado genial, dulces sueños un besito"...

Ahora ella se tiene que ir, deja apuntado el trabajo que tiene que hacer a primera hora de la mañana, se acerca a la ventana de su pequeño despacho y y la abre, le ve allí esperandola con la sonrisa de pillo, ella le sonrie, su corazón brinca en su pecho.

Por que el amor es sencillo, sin trabas, sin miedos, y los atrapa cuando uno menos se lo espera, sin que ellos sepan lo que la vida les deparará, por que como decía un aprendiz de escritor, "el amor dura lo que dura el amor"

Tres.

Regresa un día más del trabajo, sube los escalones, mete la llave y se queda parado en el umbral de la puerta. Aquella pequeña estancia es toda su casa, un lugar acogedor.
Enciende la luz, y piensa en la frase que un día oyó en una canción: "las luces siempre encienden en el alma", y rompe a reir cuando añade para sí, las mias deben de ser de bajo consumo...

Cuelga el abrigo en el armario, recoge el vaso del café que se dejó por la mañana y pone algo de música. Se deja caer en el sillón que tiene frente a la televisión, y ese sonido rompe el silencio. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? se pregunta, se siente anclado, como un árbol entre los carriles de una autopista, ve pasar los coches veloces, y el permanece allí, parado quieto, un día y otro y otro y otro más.

Toma su agenda moleskine, un regalo, y lee lo que ha escrito esa mañana en el tren, " A veces basta un instante para olvidar una vida, pero a veces no basta una vida para olvidar un instante", sabe que lo ha leido en alguna parte, pero no recuerda donde, ni de quien es la frase. Pero esa cita lo dice todo, mira las fotos que tiene distribuidas por la habitación, y piensa que sí, que a veces basta un instante para tirar por la borda toda una vida, para perderse lo más hermoso que puede tenerse. ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Todo lo que me he perdido de vivir! En ese momento suena una canción "Sin preocupacion" del Duo Reyli... "me voy en paz si Dios me llama ahora mismo, no pasa nada confieso que me voy tranquilo, no, no existen enemigos ni cuentas que saldar..." y piensa porqué Dios llama a unos y no a él, pero ve las fotos y los pensamientos se borran de un soplo.

Sonrie.
Mañana será otro día.
Y recuerda la frase. "A veces basta un instante para olvidar una vida, pero a veces no basta una vida para olvidar un instante." Y sabe que tiene unos cuantos instantes que nunca olvidará, aunque tambien haya otros por los que olvidaria la vida.

Se levanta, cambia la música, ahora suena algo alegre, se abre una lata de voldamm doble malta, levanta la lata hacia el vacio de la casa y brinda.. brinda por la vida.

jueves, febrero 18, 2010

Palabras

Era un viernes cualquiera de esos en que la tarde muere plácidamente.
Sonaba una balada de Meat Loaf, y una lata de cerveza dejaba un surco de agua bajo ella.

Cerré los ojos y recordé aquella terraza que daba al mar, cuando la noche lo inundaba todo, cuando sobre una túnica azul oscura las estrellas prendian de ella, con todo los sueños por realizar, por que aún había tanto tiempo para hacerlos. realidad.

Llaman a la puerta.
Se abre.
Es él.
Me mira y entra.

En sus ojos hay rastro de lágrimas, en sus manos, como en un nido, se refugian trocitos de su corazón.

Los recuerdos vienen a mi como si fueran de ayer mismo, y sin embargo todo fué hace tiempo y queda ya tan lejano.

Lo abrazo, y él se pierde, corre, huye, intenta desaparecer entre mis brazos, pero no puede, la vida es así, a veces te alza como en una montaña rusa para dejarte caer un instante después.

Y le hablo:

"Nadie nos prepara para cuando alguien nos rompe el corazón, nadie nos enseña como nos va a doler, cuanto nos va a doler, y por muchas palabras que te pueda decir el dolor es tuyo y tú solo lo sientes.
La vida a veces es una línea delgada, como un camino estrecho en un barranco en el cual sólo por desplazar un poco el pie puedes caer, como un coche que entra sólo un poco mas rápido en una curva y cuando quiere darse cuenta ya no puede volver a la carretera, hay errores que se cometen una vez y se pagan toda una vida.
No hay escuelas que nos lo enseñe, no hay hospitales que te cosan tus pedacitos de corazón, ni pastillas que borren tus recuerdos.
Quizás la vida sea un retazo de recuerdos, de vivirlos hasta que duren, como alguna vez leí: "el amor dura lo que dura el amor".
Quizas la vida sea vivir, sentir y recordar.
Podrás disfrutar de tus recuerdos cuando dejen de doler, y aún asi seguiran escociendo un poco, sólo te queda apretar los dientes y seguir.


Eres joven quizas no me entiendas, tienes tanto que aprender, pero mírame a mi, soy ya viejo, he vivido y he sufrido, pero soy feliz.

Ahora el mundo está en tus manos, sientes que puedes con él y nada ni nadie puede enseñarte más, no hagas caso, piensa en los que te quieren y ya han vivido lo que tú ahora vives, todo se calmará y la vida sigue, aunque queden cicatrices en el alma, muchas noches podrás acariciarlas y recordar ese tiempo, quizás dentro de años estes donde yo estoy, diciendo estas mismas palabras... sintiendote feliz.

NO, no me digas que es tu dolor y que no te entiendo, puedo enseñarte mi pecho y como está este viejo y roto corazón.

Pero no te refugies en el dolor, por que vendrán mas amaneceres, y volverás a sentir y creeras que el mundo se detiene, y los sueños dejan su mundo irreal para dejarse atrapar por tus manos, y debes creer que es así , por que los sueños son de aquellos que creen en ellos."

Ha dejado de llorar, sus labios esbozan una pequeña sonrisa y se desprende un callado gracias.
No hay mas que decir, su dolor es sólo suyo, por más que pudiera contarle, nada le haría sentirse mejor.

Le acuno entre mis brazos, la tarde ha muerto ya, y en aquella habitaciñon la vida pasa.

Cierro los ojos, y los recuerdos vienen a mi como si fueran de ayer mismo, y sin embargo todo fué hace tiempo y queda ya tan lejano.

Y Meat Loaf canta: "...si la vida es sólo una autopista,entonces el alma es sólo un coche.Y los objetos en el espejo retrovisor pueden aparecer más cerca de lo que están..."

miércoles, febrero 10, 2010

El mar

Recordaba cuando de pequeño, a la luz de su lamparita que proyectaba peces girando, su padre se sentaba en la cama.
Él le daba un libro, siempre el mismo, y le decía: "léeme"

Aunque hubiera noches que a su padre se le cerraran los ojos, no paraba de leer hasta que el pequeño dormia.

Siempre el mismo libro.
Un libro del mar y de piratas.

- "Papá ¿tú has visto el mar?
- Si hijo, una vez.
- Y ¿cómo es?
- Es bello... es inmenso, podrías estar días y días mirándolo y nunca sería lo mismo.

El pequeño se quedaba observando el reflejo de los peces en el techo, soñando que un día vería el mar.


Ahora recordaba aquellos tiempos y los echaba de menos, hacía tiempo que no necesitaba que le leyeran para dormir, y sin embargo cuanto le gustaría que así fuera.

Echaba de menos a su padre.

El tiempo había pasado, aún no había podido ir a ver el mar, los estudios, la familia, su vida... cada vez que lo había intentado algo se había interpuesto, y le había dejado con las ilusiones rotas.

Pero él no perdía la esperanza, de vez en cuando abría aquel libro, el libro del mar y los piratas. Y entonces surcaba las aguas, de ese mar que cada noche soñaba.

Un día alguien surgió, oyó hablar de sus sueños, los acarició entre sus palabras, les dibujó alas con sus dedos y él sucumbió.

Tomó su mano...

- Es el momento.- le dijo.
- Tengo miedo.
- Lo sé, pero el miedo sólo debe ser como niebla que se disipa en la mañana.
- He intentado ir más de una vez, ver el mar, pero siempre me encontraba con algo que me detenía, que estrellaba mis sueños contra un muro.
- Hoy lo verás...conmigo.- y le tomó de la mano.
- No me sueltes.
- No lo haré. Cierra los ojos.

Él los cerró, en el fondo de su corazón oyó la voz de su padre: "... es bello... es inmenso, podrías estar días y días mirándolo y nunca sería lo mismo"

- Ahora ya puedes abrirlos.

Y él los abrió, delante de un mar océano, de un azul tan intenso que diríase verde esmeralda.